Historias infinitas, relatos únicos, curso online con la EICTV de Cuba

Lo que un guionista debería saber y casi nunca le enseñan

Durante un curso online reciente

Se acaba de abrir la convocatoria para un curso online que impartiré en colaboración con la Escuela de Cine y Televisión de Cuba (EICTV).

Aunque la Escuela ha tenido que cerrar temporalmente (no os preocupéis: ¡regresaremos en 2021!) su espíritu se mantendrá vivo a través de internet. Sabemos que la experiencia de vivir en la Escuela de San Antonio de los Baños es única, pero mientras tanto algunos profesores impartiremos cursos online diseñados especialmente para este medio. Es decir, aprovechando las posibilidades que ofrecen sistemas de conexión a distancia. 

El que yo os propongo se llama HISTORIAS INFINITAS, RELATOS ÚNICOS: “Lo que un guionista debería saber y casi nunca le enseñan”. Creo que es una buena introducción al mundo del guionista y las inmensas posibilidades del arte audiovisual. también es un aperitivo perfecto, barato y espero que muy entretenido, para más adelante degustar uno de los talleres en la Escuela (yo mismo tengo previsto impartir el mío habitual, Guionistas del siglo 21 en febrero de 2021).

Así que si no has escrito nunca un guión o quieres conocer una manera de acercarse a la escritura radicalmente distinta de la que recomiendan otros profesores y teóricos del guión, este curso te gustará: Historias infinitas, relatos únicos.

Ya te puedes inscribir: las plazas son limitadas para que el curso se desarrolle de la mejor manera posible: 15 alumnos.

Historias infinitas, relatos únicos.

Propuesta y Objetivos

Que los alumnos descubran la verdadera naturaleza de la narrativa audiovisual y sus inmensas posibilidades. Que aprendan a pensar y a escribir como guionistas (y no como novelistas o dramaturgos), aprovechando las características del sonido, la imagen y la secuencialidad, no limitándose a contarlo todo con diálogos y acciones simples.

Comprender que el arte del guionista es también un arte del montaje, tanto como lo es el del montador o editor. Descubrir la importancia y el poder de la sugerencia, de la elipsis, del manejo del tiempo (flashback, flashforward), del orden y el desorden y otros recursos de la narrativa audiovisual clásica y moderna.

Comprender la importancia del relato frente a la historia y entender el poderoso efecto que las buenas narraciones pueden y deben causar en los espectadores.

Plan de estudios:

  1. La naturaleza del medio audiovisual: por qué un guión no es un texto literario.
  2. De la historia imaginada al relato contado: cómo convertir una idea abstracta en una realidad audiovisual.
  3. Diez operaciones para despertar el interés del espectador.
  4. El manejo y el reparto de la información entre los personajes y los espectadores.
  5. La estructura de la historia y la del guión: dos mundos casi siempre en conflicto
  6. La secuencialidad y la elipsis como claves del relato audiovisual.
  7. La teoría de la iluminación y otras herramientas narrativas.
  8. Cómo convertir una buena historia en un relato excelente (y cómo lograrlo incluso con una mala historia).
  9. Lo que debemos contar y lo que debemos ocultar.
  10. Diez maneras de hacer más interesante un guión.
  11. Las múltiples capas narrativas del relato audiovisual.
  12. Trabajar con el sonido y con la imagen ya desde el guión.

INSCRIPCIÓN

 

 

 

Manly Hall

El símbolo perdido  de Dan Brown se inicia con una cita:

Vivir en el mundo sin percatarse del significado del mismo es como deambular por una gran biblioteca sin tocar sus libros. (Las enseñanzas secretas de todas las épocas)

El autor de la cita es un personaje muy interesante llamado Manly P(almer) Hall.

A los 27 años, Manly Hall, publicó el libro citado por Brown, Las enseñanzas secretas de todos los tiempos, un libro en el que recopilaba la sabiduría secreta de todas las culturas, que asombró al mundo del ocultismo por su erudición en una persona tan joven. El subtítulo del libro expresa claramente su tema: Una enciclopedia de la filosofía masónica, hermética, cabalística y simbólico-rosacruciana.

Manly Hall (que es más conocido sin su primer apellido) nació en Ontario (Canadá) en 1901 y murió en 1990.

Hall escribió muchos otros libros, entre ellos El destino secreto de América (1944), que sin duda tiene mucha relación con El símbolo perdido. Además, Hall alcanzó el grado 33 de la masonería y en la portada del libro de Brown se puede apreciar el número 33 junto al símbolo masónico. No es casualidad.


2020

La frase de Hall es sin duda hermosa, pero eso no quiere decir que sea cierta, incluso como simple metáfora. Los libros de una biblioteca tienen significado porque alguien los escribió con la intención de que, en efecto, tuvieran significado.

En lo que se refiere al universo, no tenemos por qué creer que una mente consciente lo creó para que tuviera significado. Puede que sí, puede que no. No hay indicios firmes de esa intención.

Por otra parte, los libros de una biblioteca no tienen todos el mismo significado, sino muchos, y a menudo contradictorios. Resumirlos en una única interpretación sería una simplificación que los destruiría por completo. No es extraño, en cualquier caso, que Manly Hall creyera que el universo tiene un único significado, puesto que lo que él hizo en Las enseñanzas secretas de todas las épocas consistió en reducir la multiplicidad del pensamiento humano a unas cuantas claves secretas. Una vez hecha esta primera labor de simplificación, Hall intentó trasladarla al universo entero con su metáfora.


La verdadera historia de las Sociedades Secretas

La verdadera historia de las Sociedades Secretas

Editorial Daiyan

La SEGUNDA EDICIÓN de La verdadera historia de las Sociedades Secretas se publicó el 22 de mayo de 2020 por la editorial DAIYAN. Es una edición ampliada y revisada de la primera edición que se publicó en 2008 en la editorial Alba.

Ahora ya puedes encontrar la versión ebook de La verdadera historia de las Sociedades Secretas.


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Herejías medievales

Es muy comprensible que hubiera herejías en la Edad Media: la doctrina la predicaba un sacerdote que tenía una Biblia que él interpretaba como Dios le daba a entender, es decir, de cualquier manera. En el pueblo de al lado, otro cura tenía otra Biblia y la interpretaba también a su modo. Pocos sabían cuál era exactamente el dogma oficial y casi nadie (hasta la invención de la imprenta) podía comprobar si en la Biblia se decía realmente lo que decían los curas.

(Este comentario no apareció en la versión definitiva de La verdadera historia de las sociedades secretas en 2008)

 


La verdadera historia de las Sociedades Secretas

Editorial Daiyan

La SEGUNDA EDICIÓN de La verdadera historia de las Sociedades Secretas se publicó el 22 de mayo de 2020 por la editorial DAIYAN. Es una edición ampliada y revisada de la primera edición que se publicó en 2008 en la editorial Alba.

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Epicuro

El ilustre enfermo

Epicuro es uno de los ilustres enfermos más famosos de todos los tiempos.

Nació en el año 341 antes de nuestra era en Samos. Estudio con Nausífanes, seguidor de Demócrito, y acabo estableciéndose en Atenas.

Allí, cuando ya Alejandro había dejado su vida en el Palacio de Nabucodonosor, crea su propia escuela, a semejanza del Liceo de Aristóteles y la Academia de Platón. La suya se llamó el Jardín.

Escribió muchísimas obras, en cuyos títulos se adivina que le interesaron todos los asuntos, aunque está muy difundido el tópico que asegura que despreciaba todos los conocimientos que no fueran el de la búsqueda de la felicidad. A él y a su escuela se les acusó de buscar ciegamente del placer y de intentar satisfacer los más bajos instintos del ser humano.

Sus doctrinas inspiraron el poema quizá más extraordinario de todas las épocas: De rerum natura  (De la naturaleza). Lucrecio se suicidó.

La filosofía epicúrea y la estoica fueron durante muchos años las dos escuelas principales en Roma, y el ruido sus combates todavía debe estar viajando entre las estrellas. Séneca, el estoico más célebre admiraba, sin embargo, a Epicuro y no se dejaba llevar por algunas simplezas de la escuela estoica acerca de este pensador.

En cuanto Epicuro, las informaciones sobre su carácter son contradictorias. Se dice que la envidia era en el una pasión no reprimida, qué insultó de palabra y por escrito a todos los filósofos; que su fatuidad le llevaba a celebrar como un día especial el de su cumpleaños, fatuidad que cómete casi toda la humanidad (yo no lo hago, consciente de que el mundo nada ganó con mi aparición).

Otros dicen que era amable, bondadoso y moderado en sus placeres, y que siempre se preocupó del bienestar de sus discípulos y amigos.

Como los sabios taoistas decía que el filósofo no debe meterse en asuntos políticos y que debe ser autosuficiente o autárquico, lo que no está reñido ni con un cierto amor al prójimo ni tampoco con el elogio de la amistad como fuente de la más perfecta felicidad, cómo lo recuerda Carlos García Gual.

En el Jardín de Epicuro podían entrar mujeres, incluso prostitutas, y esclavos, y todos eran tratados de la misma manera.

Epicuro, que predicaba una filosofía del placer y la felicidad, estuvo enfermo gran parte de su vida. A veces no podía abandonar su lecho de enfermo. Carlos García Gual lo compara, en este sentido, con Nietzsche y con William James.

Decía Nietzsche de Epicuro:

“Una felicidad tal solo la ha podido encontrar un experimentado sufridor, es la felicidad de un ojo ante el que se ha vuelto sereno el mar de la existencia y que no puede saciarse de contemplar la superficie de la piel marina, nunca antes se presentó una moderación tal de la sensualidad”.

Se puede comprender fácilmente que Epicuro considerarse como estado placentero el estado de salud, es decir el estado el que no sentimos dolor.

Y esta es una carta que escribió cuando ya la enfermedad estaba llevando a su cuerpo al final de la vida:

Cuando estoy pasando y  a la vez acabando los felices días de mi vida, te escribo las siguientes líneas. Me continúan las afecciones de vejiga e intestinales, que no dan tregua al exceso de gravedad que les es propia. Pero se enfrenta a todo eso la alegría espiritual, fundada en el recuerdo de las conversaciones filosóficas que sostuvimos nosotros. Por otro lado, tú, de acuerdo con tu dedicación a mi persona y a la filosofía, cuida de los hijos de Metrodoro.

(1996)

 


[Escrito en 1996, durante mi enfermedad. Publicado en 2011 y de nuevo en 2020 durante el coronavirus]

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Dolor desplazado y fantasmas

Una comparación interesante entre el cuerpo humano y las casas habitadas por fantasmas: cuando sentimos un dolor en el hombro, eso puede deberse a un problema que tenemos en el hígado. El lugar del que procede el dolor y el lugar en el que sentimos el dolor no se corresponden necesariamente.

Lo mismo sucede con los edificios: a veces oímos a nuestro vecino rascar la pared, o dar golpes, y lo oímos con gran nitidez, pudiendo localizar con gran precisión la procedencia del sonido. Y entonces, como me sucedió  a mí ayer, nos acordamos de que no tenemos vecino.

Los ruidos en un edificio son como el dolor en un cuerpo humano: no hay una necesaria correspondencia entre el lugar en el que se escuchan y el lugar donde se originan.

(1996)

Comentario en 2011

Me alegra haber encontrado esta antigua anotación, porque, muchos años después de escribirla, encontré la fascinante comparación que hace Walter Murch entre el dolor desplazado y las películas:

“A veces parece que una escena no funciona y se elimina de la película, pero el error no está en la escena, sino en otras escenas anteriores que hacen que esa escena no funcione”.

Son tres comparaciones interesantes: dolor desplazado, casas fantasmales y películas, de un fenómeno semejante, que tal vez se podría llamar causas desplazadas.
Intentaré encontrar más ejemplos.


[Escrito en 1996, durante mi enfermedad. Publicado en 2011 y de nuevo en 2020 durante el coronavirus]

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Antología de Spoon River

Recuerdo haber visto este libro, en la sugerente edición de la editorial Barral, durante años en la biblioteca de mi madre. Es un objeto, una imagen, que ha logrado ocupar ese lugar especial de la memoria que alcanzan pocas imágenes de las que se aparecen ante nuestros sentidos a lo largo de la vida. Leí el libro en la adolescencia, pero durante años lo he conservado en mi recuerdo como ese objeto hermoso, y sin duda macabro, de la edición de Barral. De los poemas apenas recordaba nada, tan solo que eran algo así como los epitafios y los testimonios de los hombres y mujeres enterrados en el cementerio de Spoon River.

Hoy (en 1996) he vuelto a leerlo, tantos años después, y he descubierto muchas cosas. He descubierto que es un libro extraordinario y he descubierto su sombra o su influencia en algunos fragmentos de mi vida.

Hace años, por ejemplo, comencé a escribir un libro de canciones/poemas llamado La ciudad de los hombres perdidos*. Era un lugar en el que se reunían hombres y mujeres ya muertos, ya cada uno contaba su historia en un poema.

Siempre pensé que el asunto se me ocurrió a imitación de las canciones de Bertolt Bretch y Kurt Weill. Ahora descubro también el reflejo de los muertos de Spoon River.

Edgar Lee Masters nació en Garnett, Kansas, en 1869. En la introducción de Alberto Girri se cuenta que escribió su obra maestra, la Antología de Spoon Riveer, y después se sumergió de nuevo en la mediocridad, hasta su muerte en 1950. El libro pudo ser la consecuencia de un “estado de trance similar al que W.B.Yeats describe en sus autobiografías”.

La edición de Barral

No sé si es cierto.

Lee Masters tomó como fuente de inspiración la Antología griega, compilada hacia el siglo I antes de nuestra era. Los poemas están escritos en el estilo “que recomendaba Yeats a su paso por Chicago: un estilo “like speech, as simple as the simplest prose, like a cry of heart” (“Como el hablar, tan simple como la prosa más simple, como un lanto del corazón”). Verso libre que huye de la prisión métrica de los versos y la rima en la que yo ahora, gozoso, comparto cautiverio con Marcos**.

A continuación, uno de los poemas, de uno de los muertos del cementerio de Spoon River:

 

Hare Drummer

¿Van todavía los muchachos y las chicas a lo de Siever
a beber sidra,
después de la escuela, a fines de septiembre? 

 

¿O  a recoger avellanas entre las malezas en la hacienda
de Aaron Hatfield cuando empiezan las heladas?

 

Porque muchas veces riendo con las chicas y los muchachos
yo jugaba en el camino y en las colinas
cuando el sol descendía y el aire era fresco,
deteniéndome para aporrear los nogales que se erguían
sin hojas contra el ocaso en llamas.

 

Ahora, el olor del humo del otoño, y las bellotas que caen,
y los ecos de los valles, me traen sueños de vida.
Revolotean sobre mí.

 

Me preguntan: ¿Dónde están tus camaradas que reían?

¿Cuántos están contigo,
cuántos en los viejos huertos del camino hacia lo de Siever,
en los bosques que dominan las quietas aguas?


(1996)


* En próximos días rescataré para Diletante el libro de canciones La Ciudad de los Hombres Perdidos.

** La métrica prisión a la que me refiero es un duelo poético y ajedrecístico que mantuve con mi amigo Marcos Méndez Filesi. Puedes leerlo aquí: El doble duelo

2020: Años después se publicó la traducción en español una traducción completa de la Antología de Spoon River, en la editorial Cátedra. Corrí a leerla y descubrí a muchos más muertos de aquel pueblo y las conexiones entre unos y otros, pues el cementerio de Spoon River es una red de conexiones, como un relato hipertextual con enlaces que te descubren detalles de lo que fue la vida de quienes habitaron en Spoon River. Sin embargo, me quedé con al sensación, tal vez engañosa, tal vez errónea, de que era preferible la antología de la Antología que habían hecho en la editorial de Carlos Barral. Que era más hermoso el libro abreviado que íntegro.

La Antología griega que leyó Lee Masters es sin duda la Antología Palatina, un libro hermoso más allá de toda medida, que no sé si reseñé en esas Ocurrencias de un enfermo (que voy releyendo poco a poco).


[Escrito en 1996, durante mi enfermedad. Publicado en 2020 durante el coronavirus]

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La apuesta de Buda

(A modo de epílogo a Acerca del karma)

Es muy conocida la apuesta de Pascal.
Blaise Pascal era un matemático prodigioso que sufrió o disfrutó de una iluminación súbita y se transformó en un piadoso cristiano. Como todavía amaba las matemáticas, se planteó su ardiente fe como un problema de probabilidades.
El enunciado de su problema era el siguiente:

Podemos pensar que dios existe o que dios no existe.
Si no existe, es casi seguro qué debemos decir adiós a la inmortalidad o a la vida eterna.
Pero si dios existe, entonces lo más probable es que también exista la vida eterna.
Pues bien, supongamos a modo de hipótesis, que dios existe.
En ese caso, si durante nuestra vida hemos creído y adorado a dios, entonces después de morir seremos admitidos en el Reino de los Cielos.
Pero si no hemos creído en él, entonces seremos rechazados.

La conclusión es que si no creemos en dios perdemos en todos los casos el reino de los cielos, tanto si existe como si no. Pero si creemos en dios, entonces nos aseguramos de que al menos en uno de los casos seremos admitidos en el Reino de los Cielos.

Esa es la razón por la que debemos apostar a favor de la existencia de dios: podemos ganar la apuesta del Reino de los Cielos. Por el contrario, si no creemos y resulta que si existe dios, entonces perderemos la recompensa eterna.

No cabe duda, concluye Pascal, de que lo más sensato es creer.

Al fin y al cabo, si resulta que dios no existe nunca lo sabremos, tanto si creemos como si no.


Ahora bien, la apuesta de Pascal no debería llamarse así, o al menos el concepto o paradoja filosófica al que se refiere. Debería ser conocida universalmente como “la apuesta de Buda”, del mismo modo que el adjetivo maquiavélico debería ser sustituido por hanfeinesco (por Han Fei  zi) o shangnesco (por el Señor de Shang) o incluso kautiliesco (por Kautyla). Todos ellos se adelantaron en siglos o milenios a Nicolás Maquiavelo.

Pues bien, Buda también se adelantó a Pascal y propuso su apuesta más de dos mil años antes, aunque para él lo que estaba en juego no era la existencia de un dios o de un reino de los cielos, sino el samsara o rueda de los reencarnaciones.

La de Buda se conoce precisamente como “la apuesta (o garantía) segura”.

Así dice el propio Buda en el Majjhima Nikaya:

“En caso de que exista una vida futura quienes han realizado malas acciones, han errado dos veces el tiro”.

Esas personas no solo padecerán en este mundo, sino también el otro.

Los que han apostado por seguir los preceptos del Buda, por el contrario, estarán en mejor situación en la otra vida, pues no serán víctimas de sus propias malas acciones en las vidas futuras.

Pero Buda lleva un poco más allá la apuesta de Pascal: si realizan buenas acciones y no dañan a los demás, incluso si no hay una vida futura, las personas ya habrán obtenido cierta recompensa en esta.

Es decir que mientras que en la apuesta de Pascal el resultado era de 1 sobre 4, en el caso de Buda es de 2 sobre 4.

El filósofo K.N. Jayatikele lo expresa así:

p = el renacimiento basado en acciones morales es verdad

Si es cierto p…                 Si p no es cierto…

Apostamos p

Por lo tanto…

somos felices en la próxima vida y somos alabados por los sabios en esta.

 

Apostamos no p
Por lo tanto…

somos infelices en la próxima vida y somos condenados por los sabios en esta vida.

Esta singular apuesta se encuentra también en el Kalama Sutta.

Lamentablemente, tanto la apuesta de Buda como la de Pascal parten de un supuesto erróneo, o cuando menos discutible. Dan por seguro qué:

a) Existe el dios cristiano.
b) Es bueno no hacer daño.

Cientos o miles de religiones se oponen a la idea de que existe el dios cristiano.

¿Y si nos hemos equivocado de dios y por lo tanto, estamos siguiendo los preceptos equivocados? Eso puede suceder incluso si se trata del mismo dios, pero que es adorado por una religión diferente, cómo sucede con el cristianismo, el judaísmo y el Islam, que en principio adoran a un mismo dios pero que no creen que nuestras almas se salven de la misma manera.

En cuanto al precepto budista, “es bueno no hacer daño”, no opinan lo mismo los entusiastas del Bhagavad Gita hinduista, en el que se recomienda con entusiasmo la matanza inmisericorde para que el universo funcione de la manera adecuada. Heinrich Himmler, el filósofo al servicio de Hitler, adoraba el Bhagavad Gita y quería llevar a la práctica los consejos de Krishna al guerrero Arjuna, exterminando a judíos, gitanos, eslavos o cualesquiera otros seres humanos que no coincidieran con los ideales de su casta de guerreros.

Es decir, que si tiene razón el belicoso Krishna y no el pacífico Buda, podemos acabar por descubrir que nuestra apuesta segura ha fallado.

Creo que la verdadera fuerza del argumento de Buda no es la de ninguna apuesta segura, o que consiste en una apuesta más modesta pero más accesible:

“La ley del karma de que toda acción provoca una reacción debe limitarse a lo que conocemos”.

Es decir, a esta vida que vivimos día a día en este vulgar mundo terrenal que habitamos.

Las ideas budistas o cristianas empiezan a fallar cuando pretenden hacer creer a los demás que tenemos la certeza de que existen dioses (que cuidan de nosotros o que nos castigan) o que existe el renacimiento, samsara o rueda de las reencarnaciones, o la extinción y el nirvana, o que todo es uno y uno es todo. El error comienza cuando la ética necesita de la metafísica para sostenerse. Es entonces cuando se convierte en religión.

Hay buenas razones para sospechar que Buda nunca pretendió saber (o al menos afirmar de manera dogmática) que existan o no otros mundos más allá del mundo material que conocemos, y que los primeros budistas se preocuparon fundamentalmente del karma que se manifiesta, que se crea y que se paga en esta vida terrenal, y no en otras hipotéticas existencias.

En consecuencia, podemos recuperar ahora esa hipótesis que dejamos en suspenso al comienzo de este ensayo, la hipótesis acerca cómo aplicar el karma a las vidas futuras.  Y una vez recuperada, podemos dejarla para siempre en suspenso, o en espera de respuestas más confiables. Quien quiera reflexionar o fabular sobre ello puede hacerlo, por supuesto, pero como un entretenimiento más, y no para justificar nuestro comportamiento en esta vida presente, que es la única que conocemos. Eso es precisamente lo que parece decir Buddha en el Culamalunkya Sutta:

Tanto si se tiene la opinión de que “el mundo es eterno” como la de que “el mundo no es eterno”, existe el nacer, envejecer, morir, la pena, el lamento, el dolor, la aflicción y la tribulación, cuya aniquilación en este mismo mundo, es lo que sí enseño.

Si al comienzo de esta reflexión proponía aplicar el karma a esta vida, ahora propongo que se quede aquí y no siga girando en la rueda de samsaras imposibles de conocer. La recompensa de la acción virtuosa y los efectos del karma o ley de la causa y el efecto, son en primer lugar la acción misma. Pero si existiera, además, otra recompensa secundaria a nuestras acciones, deberíamos esperarla y obtenerla en esta vida.
En consecuencia, todo lo que se ha dicho en Acerca del karma puede leerse  ahora como lo que siempre ha sido: una invitación al aprendizaje en esta vida, más allá de cualquier metafísica o especulación ultraterrena.


[Escribí Acerca del karma en 1992. Lo he revisado en diversas ocasiones y de manera especial en 2020. Este epílogo (La apuesta de Buddha) lo he escrito en 2020 en Madrid, en junio, durante la pandemia]


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El aumento de la nada

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Del mismo modo en que la nada con la nada aumenta, ¿pues acaso los muertos no son otra cosa que nada, y sin embargo su número constantemente aumenta?

(20 de agosto de 2010)


“Vete, escóndete de este matadero para que no aumentes el número de los muertos”.

Ricardo III, IV


Graciela comentó el 31 de agosto de 2010:

Esto me hizo acordar lo que preguntaba Leibniz, ….y lo descontextualizo,….”¿por qué hay ente y no mas bien nada?”

Creo y se mezclan palabras en mi discurso….porque la nada es lo mas simple, allí vamos todos. Lo difícil es dar cuenta del existir.

Decimos nada y decimos algo, y al decir algo ¿le conferimos estatus epistemológico a la nada? ¿en qué nivel?. A ver si nos entendemos y logramos comunicarnos.


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El origen de mis males

La página original en la libreta Ocurrencias de un enfermo

Lección 1

“El aire, que entra por la nariz o por la boca, llega a una bifurcación de caminos en la garganta, pasada la epiglotis. El esófago, conducto por el que transcurren los alimentos, desciende directamente hacia el estómago. El conducto aéreo pasa por detrás de la epiglotis, que cierra el paso  a los alimentos y a la saliva en esa dirección, y luego atraviesa la laringe para llegar a la tráquea.

Si consideramos el aparato respiratorio como un árbol invertido, la tráquea constituye el tronco”.

Roger James

[1996]


2020

Estas son notas o lecciones que me daba a mí mismo durante mi enfermedad, para intentar entender qué era lo que me sucedía. Como lo único seguro era que mi enfermedad era pulmonar, la primera lección es una descripción de los pulmones.

Aplicaba también en esto, en aquellos difíciles momentos, mi lema de vida en sus diversas variantes: “Aprende, aprende”, “Vivir es aprender” (Konrad Lorenz), Sapere aude (“Atrévete a saber”, Horacio).

 


 

[Escrito en 1996, durante mi enfermedad. Publicado en 2020 durante el coronavirus]

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Los deseos

Desear algo que no se tiene (o desear seguir teniendo algo que ahora se tiene) puede ser muy poco saludable. Si una persona se pasa todos los días lamentándose, de pensamiento o de palabra, por las cosas que no tiene, está alimentando negativamente a su cerebro. Incluso aunque no se lamente de manera explicita y se limite a desear continuamente esto o aquello en la intimidad de su conciencia, por ejemplo, tener una casa o un coche o unos amigos mejores de los que tiene, se estará perjudicando mentalmente. Ningún acto mental pasa inadvertido, todos tienen su efecto en la mente. Estos deseos no cumplidos se acumulan, repetitivos, en el cerebro día tras día, y eso se convertirá en el futuro, de no cumplirse los deseos, en frustraciones e infelicidad. Incluso cuando se cumplen los deseos, desear de manera obsesiva algo que no se tiene produce efectos negativos. No se puede borrar de la noche a la mañana todo lo que hemos acumulado durante años, del mismo modo que una úlcera provocada por un mal hábito alimenticio se puede aliviar cambiando el régimen, pero no se puede cerrar de manera definitiva. Si volvemos a malcomer, reaparecerá la úlcera. 

(Desde que escribí lo anterior, se ha descubierto que la úlcera es provocada por una bacteria y que sí se puede curar. 2020: en realidad se había descubierto antes de 1992, a pesar de que el primer investigador que lo dijo fue duramente criticado, pero yo todavía no lo sabía o no pude acceder al tratamiento. En cuanto me enteré, yo mismo, con supervisión médica, me apliqué el tratamiento y me libré de las úlceras o al menos de las llagas y del dolor constante, porque el H.Pylory puede seguir en el estómago. Así que podemos sustituir la metáfora de las úlceras por cólicos nefríticos, piedras en el riñón (lo que recuerda a las piedras en el pozo de que las que ya hablé, aunque espero que pronto también cambiemos la metáfora, pues se empieza a decir que también esas piedras podrían deberse a una bacteria eliminable o al menos controlable: ojalá, porque también me gustaría librarme de esas piedras).

La conclusión es que podríamos decir, siguiendo con la imagen del karma, que otra acumulación de karma mental perniciosa se produce no por medio de conceptos, educación o ideas, sino por causa de los deseos.

No se puede dejar que un miembro gangrenado no sea curado de inmediato, o al menos lo antes posible: dejar crecer la infección es permitir que se desarrolle una gangrena que obligará a amputar el miembro. Esto se tiene en cuenta con las heridas físicas, pero no se advierte en relación con las heridas mentales. Estar dominado de manera constante por lo que en el budismo (pero también en el lenguaje común) se llaman malos pensamientos influirá en la mala salud mental de una persona, incluso aunque consiga algún día cambiar su carácter, del mismo modo que cuando se deja de fumar debe pasar bastante tiempo hasta que los pulmones recuperan su condición original: hay que sacar las piedras que se han ido acumulando en el pozo durante años.

Taisen Deshimaru

Los efectos perniciosos de los deseos es uno de los aspectos centrales del pensamiento budista, pero no puedo tratarlo aquí en detalle, pues, aunque quedan muchas cosas pendientes, es hora ya de terminar. Solo añadiré que si al lector le molesta llamar acumulación de karma a lo que aquí se describe, lo puede traducir a su lenguaje favorito.

Como dice Taisen Deshimaru: si tengo que explicarle una idea a alguien al que le gusta la filosofía, recurriré a Descartes, Platón o Aristóteles; pero si mi oyente tiene tendencias místicas, se lo explicaré en un lenguaje espiritualista; si se trata de un científico, hablaré de átomos o de campos de fuerza. Eso no significa que una misma cosa dicha en lenguajes diferentes sea correcta en todos ellos, y ni siquiera que sea correcta. Se trata, simplemente, de intentar comunicar algo a otra persona sin que los filtros de sus hábitos o de sus prejuicios le impidan escuchar con atención.

Continúa en La apuesta de buda (epílogo  Acerca del karma)


 


[Escrito en 1992. Revisado en 2020]

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