De Vries y Darwin, mutación y selección natural como origen de las especies

Quizá convenga aclarar que Hugo De Vries redescubrió las leyes de Mendel y formuló una teoría de la evolución que incidía en la importancia de la mutación como mecanismo evolutivo. Durante una o dos décadas, la teporái de De Vries relegó el darwinismo clásico, en lo que fue llamado “el eclipse del darwinismo”, pero finalmente, la mutación perdió importancia como factor explicativo predominante y el darwinismo, aunque en versiones modernizadas como la nueva síntesis, ocupó de nuevo el lugar central. Lo que viene a continuación son notas de lectura, que tal vez en algunos momentos resulten un poco incomprensibles. [Nota en 2012]

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Dice Stephen Jay Gould en La estructura de la evolución (p.472) que difícilmente puede negarse que la teoría de la mutación de De Vries representa “en principio”, un mecanismo que no puede ser más antidarwinista en el nivel crucial del propio interés de Darwin: el origen de las especies.

Es cierto, pero también hay que tener en cuenta que la manera de entender qué es lo fundamental en el origen de las especies puede ser y es muy ambigua:

1) La variación (por mutación o por lo que sea) produce nuevas especies (o al menos nuevas variedades).

2) Sean cuales sean las nuevas variedades o especies, es la selección natural la que decide qué especies existirán o seguirán existiendo.

Se podría señalar, tal vez, la diferencia entre crear especies y crear las especies (las que son estables).

O tal vez se podría decir: “la diferencia entre proponer variedades y crear especies”.

Es fácil, y creo que seguramente correcto, darle a la selección natural un peso creativo decisivo en el origen de las especies. En conjunción indispensable, eso sí, con aquello que produzca (“proponga”) variaciones. La selección natural no puede trabajar sin variaciones, pero las variaciones posiblemente sí se producen sin intervención de la selección natural. Es decir, haga lo que haga la selección natural, se producen variaciones.

Digamos que, remedando el dicho clásico (“El hombre propone y Dios dispone”) se podría decir: “Las variaciones proponen y la selección dispone”.

Esto parece significar, de nuevo, devolver al mecanismo que produce las variaciones el lugar de honor en lo que se refiere al origen de las especies, pero hay que tener en cuenta que, aunque la selección natural no cause las variaciones, sí es responsable, sin embargo, de la supervivencia de unas u otras variaciones y variedades, con lo que en gran parte determina el recorrido de esas mutaciones o variaciones.

Es decir:

Supongamos que no existe la intervención de la selección natural. Eso se traduciría, digamos, en la supervivencia de todas las variedades. Esto es algo difícil de plantear en el mundo real, pero probablemente si resulta factible en una simulación de ordenador.

Al cabo de un tiempo, podríamos obtener este resultado:

En este proceso (simplificado hasta el exceso en el diagrama), las letras designan especies. Todos los individuos se reproducen en esta simulación, excepto si algún mecanismo determina que no haya tal reproducción (individuos estériles, por ejemplo).

Pues bien, este proceso reproductivo y el origen de las especies en ausencia de selección natural sería muy distinto al que tendría lugar si la selección natural actuara.

Daría por ejemplo, un resultado como el siguiente:

Se puede ver que, con la selección natural actuando, A3 consigue antes una preponderancia clara, lo que no permite siquiera la emergencia de ciertas variedades como F, y acelera o causa el surgimiento de nuevas especies como G.

Sin la presión de la selección natural, la variedad A1 no habría sido privilegiada de tal modo que surgiera la variedad G mucho antes de lo que había surgido.

Pero eso era en el supuesto inicial (gráfico 1) de acción cero por parte de la selección natural, que es posible simular en  un ordenador. Con influencia 0 de la selección natural, se facilitaba que se reprodujeran todas las líneas o individuos. Pero en un mundo con recursos limitados, tal cosa no sería posible.

Supongamos un mundo con recursos limitados en el que no todos los individuos pueden sobrevivir. Pero supongamos que tampoco ahora actúa la selección natural. ¿Cómo seleccionamos a los individuos? Tirando un dado, por ejemplo, o decidiendo nosotros a la manera de dioses omnipotentes.

Será fácil comprobar ahora, en una simulación de ordenador, que el proceso evolutivo será muy distinto y que algunas especies que surgieron cuando todos los individuos se reprodujeron, en esta nueva simulación NUNCA surgirán, mientras que otras aparecerán o desaparecerán de manera asombrosa, pese a su éxito adaptativo aparente: nuestro dado o dios omnipotente quizá se parecería, en tal caso, al efecto de una gran catástrofe o extinción masiva.

Teniendo en cuenta estas cosas, es por lo que se puede hablar del carácter creativo de la selección natural en el origen de las especies, sea cual sea el mecanismo que provoca la variedad.

Desde este punto de vista, la disputa De Vries/Darwin es acerca de la preponderancia o bien de la mutación o bien de la selección natural en el origen de las especies, pero eso no hace incompatibles per se la mutación y la selección natural.

[No sé cuál será la conclusión de Gould. Yo voy ahora por la página 473. La Palma, septiembre 2004]

 

Cinco minutos después:

Gould parece dirigirse hacia esa dirección, e incluso el propio De Vries (ver 474ss).

 

10 minutos después:

Así se confirma (477).

Como en una película de misterio, uno anticipa el desenlace y se cree muy listo, pero el autor de la película, Gould, sembró las pistas que nos permitieron esa anticipación. Yo como biólogo soy una absoluta nulidad, así que sólo puedo atribuir mi acierto a que he recogido las pistas sembradas por el narrador, en este caso Jay Gould.

 

Un poco después:

Me gustaría hacer esa simulación de ordenador y espero poder hacerla. Se podrían probar distintas teorías, como la ortogénesis, las extinciones masivas, etcétera.

En cualquier caso, aquello que propuse era una idealización, porque parece evidente que incluso los defensores de la mutación, de la variación programada o cualquier otra cosa, no pueden descartar de modo absoluto la selección natural, la influencia del medio y la competencia entre especies (así lo hacía el propio De Vries). Puesto que tiene que existir una influencia de la selección natural por mínima que sea, pues especies que se reproducen sin limitación alguna saturarían el medio y agotarían los recursos, creo que esa influencia hace inevitablemente decisiva la intervención de la selección natural, no sólo acelerando la aparición de ciertas especies, al privilegiar una línea u otra. En este sentido, la selección natural es creativa.

Sé que este argumento suena, prima facie, como circular, es incluso casi como una tautología, pero espero mostrar que no es así y aclarar la confusión de esta exposición apresurada.

 

Nota en Madrid (23 de septiembre de 2004)

Ahora voy por la página 842 (tuve que interrumpir la lectura al regresar).

Al copiar este texto, se me ocurre que resulta casi imposible plantear el experimento imaginario, pues la situación acabaría pareciéndose a la del asno de Buridán: los sujetos del experimento (animales por ejemplo) no tendrían razón alguna para decidirse por una u otra pareja. Incluso la situación imaginaria en la que todos procrearán con todos violaría no ya las leyes de la selección natural, sino de la naturaleza misma: alguno tendría que hacerlo primero, lo que ya podría suponer a medio o largo plazo una ventaja adaptativa. Pero creo que vale la pena el experimento como reductio ad absurdum.

 

NOTA en abril de 2012

Ahora pienso que la simulación en ordenador no tendría por qué provocar la saturación del medio, puesto que el medio sería definido como inagotable en el propio programa. Se trata simplemente  de cómo podrían desarrollarse las especies cuando no opera la selección natural y sólo tenemos en cuenta el factor de la mutación. Ahora bien, habría dos preguntas al menos: ¿por qué se produce esa mutación? No podríamos contar con los rayos cósmicos, por ejemplo, porque ello parece influencia del medio, así que supongo que tenemos que conformarnos con las mutaciones causadas por el desarrollo lógico a partir de unas condiciones iniciales definidas. La otra pregunta es: ¿sin la intervención de la selección natural, podría ir la especie hacia su extinción inevitable, por ejemplo al sobrevivir mutaciones dañinas que no tendrían ningún límite a su expansión y propagación a toda la especie? Asuntos fascinantes, sin duda.

 


(Publicado en Tsuresureguza el 10 de octubre de 2004)

Originally posted 2012-04-17 16:23:54.

La danza de la muerte

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La primera danza de los muertos o danza macabra o macabea que se conoce tal vez sea el Respit de la Mort escrito por Jean Le Fèvre en 1376 que llama a su poema “danse macabré”. En España hay una Dança general del 1400.

El origen de la palabra “macabro” no está claro. Se ha puesto en relación con los macabeos de la Biblia, y en concreto con Judas Macabeo. Pero el origen más probable es árabe: maqbara significa cementerio (plural maqabir) que dio en español la palabra almacabra (cementerio moro). En Almería hasta el siglo XIX se llama macabas a los cementerios.

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 [El número 5 de Esklepsis fue publicado en 1999]

PÁGINAS DE ESKLEPSIS 5

El origen de Esklepsis
PÓRTICO

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Fórmulas escépticas
[ESCEPTICISMO / ECLECTICISMO]

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Ingraham
MISTERIOS

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El misterioso caso de Sherlock Holmes
SHERLOCK HOLMES

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El caso de la escuela de idiomas
EL LABORATORIO

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Consideración intempestiva de Kierkegaard

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Un intento filosófico
[CUADERMOS EGÓLATRAS]

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¿Dónde y cómo?
[Kamo no Choomei]

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Padre e hija luchan por La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 3


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La caligrafía forense en favor de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 5


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Defensa de Oliva Sabuco

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 2


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Eclécticos
[ESCEPTICISMO * ECLECTICISMO]

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Nueva defensa de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 4


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Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA


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La historia del joven de piedra
LA VIDA PÉTREA

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La danza de la muerte

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Originally posted 2012-08-19 01:06:54.

La divisibilidad

divisible

En el Punto 26 de Principios de la filosofía dice Descartes:

“La cantidad es indefinidamente divisible”.

Esto puede parecer probable, pero es un tema difícil en sus dos alternativas, puesto que es casi igual de inconcebible la divisibilidad infinita como [también la existencia de] una partícula indivisible.

En otra parte he hablado en algún lugar de la posibilidad de una partícula indivisible en la realidad pero divisible mediante la razón.

 

NOTA 2015
No sé ahora a qué lugar me refería en el que he escrito acerca de esa partícula divisible mediante la razón pero no en la realidad, pero supongo que es algo perfectamente concebible. Por ejemplo, si imaginamos una partícula subatómica que no pueda ser dividida ni con toda la fuerza concentrada del resto del universo. Podría ser, me parece, una imposibilidad física pero no inimaginable: es decir, podríamos distinguir partes en esa partícula, pero no ser capaces de dividir esas partes. Supongo que en aquel texto me refería yo a algo parecido.


PRINCIPIOS DE LA FILOSOFÍA DE DESCARTES: Aviso preliminar

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El anti teoricismo de Francis Bacon

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El programa de investigación de Descartes

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Duda y escepticismo

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Manera de leer Principios de filosofía y otros libros

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Física y metafísica

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¿Dudó Descartes de todo?

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La duda cartesiana y la vida practica

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Dudar de las cosas sensibles

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Los sueños y la duda cartesiana

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¿Es una certeza “Pienso luego soy”?

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Las dos sustancias: alma y cuerpo

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Explicar de manera lógica lo simple y evidente

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¿Conocemos antes la mente que el cuerpo?

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El origen de la idea de Dios

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La Revelación según Descartes

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Lo indefinido y lo infinito

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El libre albedrío según Descartes

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Las percepciones claras y distintas de Descartes

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Las verdades eternas y las cosas materiales

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Sustancias y res extensa y res cogitans

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Universales y distinciones

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El sueño de Leibniz

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Originally posted 1990-05-09 12:02:16.

Nuclear noALT
(La página noALT /008)

noalt08

Las personas que se consideran de izquierdas son de manera abrumadora contrarias a la energía nuclear.

nuclear

 Las personas que se consideran de derechas son de manera abrumadora partidarias de la energía nuclear.

Nucelar sí

Las personas de izquierdas dicen que son contrarias a la energía nuclear porque es peligrosa.

Eso nos puede llevar a pensar que todas las personas de derechas son inmunes al miedo de que haya fugas, o que no les preocupa que estalle una central nuclear o que los residuos radioactivos afecten a la población. Parece extraño, porque, porque, por muy firmes que sean las convicciones de una persona, un asunto es  la ideología y otra muy diferente el miedo. Y cualquiera puede sentir miedo ante las cosas que acabo de enumerar.

Si pensamos en la típica caricatura del derechista, es decir, alguien que sólo piensa en su propio bienestar, no parece lógico que no le preocupe que haya centrales nucleares en su país, en su ciudad o en su pueblo, puesto que eso puede afectar a su bienestar y al de sus hijos. Si las centrales nucleares estuviesen en otro país, desde el que se importara la energía, entonces sería razonable que no le preocupara, porque tendría cero riesgo y muchos beneficios (recordemos que estoy hablando de la caricatura del derechista). Pero, como ya he dicho, no sucede lo mismo si las centrales están cerca de donde él vive.

En el lado contrario, parece raro que no haya ninguna persona de izquierdas que piense que la extracción y el consumo de petroleo y carbón está causando daños al planeta, según muchos expertos incluso mayores que los de las centrales nucleares, y que no prefiera el riesgo controlado de una nuclear a los desastres causados por la contaminación petrolera o la explotación del ser humano mediante uno de los trabajos más infames que jamaás han existido: el de minero.

¿Acaso no abundan entre el sector izquierdista quienes piensan que se está produciendo un calentamiento global, causando fundamentalmente por la contaminación resultante de los combustibles fósiles? ¿No puede haber dudas acerca de si es más fácil  destruir el planeta con petróleo que con centrales nucleares?

¿No existe ninguna persona de izquierdas que piense que para mantener nuestro nivel de vida y los derechos de los trabajadores, las pensiones y el estado de bienestar se necesita más energía barata que la que actualmente pueden proporcionar las  energías naturales o incluso el petróleo? ¿O personas que, sencillamente, teman la dependencia del gas y el petróleo ajenos, cada vez más controlado por los rusos y otros estados potencialmente inestables?

grecagrecagrecagreca

 Quizá has pensado, querido lector, que en lo anterior mi intención era atacar o defender la energía nuclear, o atacar o defender a las personas de izquierdas o de derechas. Lo más probable es que tú mismo te consideres de izquierdas o de derechas, así que desde el principio es posible que ya te hayas alineado en uno de los bandos.

Pero mi intención no era defender o atacar el uso de la energía nuclear, sino mostrar mi asombro ante la unanimidad de las etiquetas políticas: la falta de pensamiento propio de quienes inmediatamente se alinean con “los suyos”, sea cual sea el asunto que se discute. De quienes piensan que sólo existen dos opiniones posibles: o la nuestra o la de ellos. Eso que he llamdo en estas páginas noALT  el pensamiento alternante, que solo es capaz de pensar mediante opuestos enfrentados.  He elegido el asunto nuclear porque es uno de los que polariza las opiniones, pero podría haber escogido cualquier otro.

Lo que he querido decir es que, a no ser que se me escape algún detalle, es que en el asunto de la energía nuclear hay muy poco que discutir desde un punto de vista ideológico: de lo que se trata es de saber si la energía nuclear es una energía rentable pero al mismo tiempo fiable.

Quienes crean que no reune esas dos condiciones podrán estar en contra de su uso, ya sean de izquierdas o de derechas.

Quienes crean que sí es rentable y al mismo tiempo fiable podrán estar a favor, sin pensar en qué parte del espectro político se deben situar antes de opinar.

Es una sorpresa muy agradable encontrarse con un izquierdista partidario de la energía nuclear o con un derechista contrario a ella. Se equivoquen o acierten esas personas tan extravagantes, casi siempre eso significa que al menos piensan por sí mismos. También lo hacen, por supuesto, aquellos que no están del todo seguros y, sencillamente, dudan.

LOvelock

Lovelock, el autor de la hipótesis Gaia, que dice que la Tierra es una especie de organismo que se auto regula, muy popular entre los ecologistas, hace poco defraudó a sus seguidores porque defendió la energía nuclear como única forma de salvar el planeta.


 [Publicado por primera vez en 2009]

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Originally posted 2013-01-19 10:48:44.

Sherlock Holmes, de entre los muertos

La vida secreta de Sherlock Holmes /12

Cuando los lectores se enteraron de la muerte de Holmes al caer junto a Moriarty por las cataratas de Reichenbach, tal como se contaba en El problema final , se negaron a aceptarlo. En la revista Strand, en la que se publicaban las aventuras de Holmes, llegaron miles de cartas de protesta, que también recibió el propio Conan Doyle. Algunos le suplicaban que devolviese la vida a su personaje, otros le reprochaban haberlo matado y no pocos lo insultaban. Más de un indignado lector lo llamó asesino.


Aunque Conan Doyle intentó resistir hasta el último momento, ocho años después tuvo que ceder y resucitó al detective en El sabueso de los Baskerville, una aventura que, según contaba Watson, había tenido lugar antes de la muerte de Holmes. Es decir, que a pesar de publicarse una nueva aventura de Sherlock Holmes, el detective seguía a muerto.

Sin embargo, tiempo después, en el relato «La casa vacía», Sherlock Holmes reaparecía de manera sorprendente y explicaba a un asombrado Watson, tras tres años de ausencia,  que tras caer por las cataratas de Reichenbach, había logrado salvarse gracias a sus conocimientos de un arte oriental llamado baritsu.

Durante los siguientes años, Conan Doyle continuó escribiendo las historias de su detective a regañadientes, asignándole cada vez más defectos. Una actitud que le valió el reproche del más prestigioso de los holmesianos, W.S.Baring Gould:

«De todos es sabido el escaso afecto que profesaba Sir Arthur Conan Doyle a su criatura, un sentimiento bastante desagradecido si consideramos que Sherlock Holmes le proporcionó fama, dinero y le salvó de verse obligado a ejercer la oftalmología[1] W.S.Baring Gould en Sherlock Holmes de Baker Street».

El noble arte del baritsu. En No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes, cuento la curiosa historia del baritsu o bartitsu, que no es invención ni de Conan Doyle ni de Holmes

 

Continuará


[Esta entrada ha sido escrita a partir de fragmentos de No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes, que no incluí en la versión definitiva del libro]


Notanelemental-portada

No tan elemental
Cómo ser Sherlock Holmes.
Daniel Tubau
A la venta en todo el mundo
Amazon, La FugitivaRafael Alberti,Laie…)


carlos-garcc3ada-gualCarlos García Gual ha dicho de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes:
Es una mis mejores lecturas  de ensayos literarios en mucho tiempo, tanto por su originalidad como por su estilo. Y sobre un tema  para mí fascinante ya que me trae recuerdos de lecturas juveniles… Me tiene admirado su manejo de todos esos registros tan bien usados en esta trama tan erudita y esa disección tan inteligente, de fina “filología” (en el buen sentido de la palabra)… Creo que el resultado final es espléndido y muy divertido”.


Wyoming-No-tan-elemental


La vida secreta de Sherlock Holmes

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Entradas holmesianas no tan elementales

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Además…

Sobre el libro No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes


Cómo descifrar códigos y lenguajes

(con Sherlock Holmes)]


International: Not So Elementary

 


Originally posted 2016-07-09 23:54:50.

Notas   [ + ]

1. W.S.Baring Gould en Sherlock Holmes de Baker Street

Cosas que he aprendido de… Aristipo y los cirenaicos

lamalaeducacionEn la película de Almodóvar La mala educación, dos niños que se han masturbado uno al otro en el cine hablan por la noche y uno dice que se arrepiente porque han cometido un pecado y Dios les va a castigar. Pero el otro le responde que él no cree en Dios y no es cristiano.

“_¿Entonces, ¿qué eres?

_Hedonista

_¿Y eso qué es?

_Los que se lo pasan bien. Lo he visto en la enciclopedia.”

 

Yo también soy hedonista.

El hedonismo, la búsqueda del placer como idea filosófica, se refiere a dos escuelas principales: la epicúrea y la cireanica.

Epicuro

Epicuro

Siempre me gustó Epicuro y los epicúreos, aunque también me gustaron y me gustan sus principales rivales (al menos en la época romana), los estoicos.

Ya dije en Cosas que he aprendido de… los estoicos, que Séneca me enseñó a apreciar a las dos escuelas, la estoica y la epicúrea, y a no verme obligado a  elegir entre ellas. Séneca es quizá uno de los primeros pensadores que se opone al pensamiento alternante, a la idea de que tenemos que unirnos a un bando o a otro: Beatles o Stones, románticos o modernos, modernos o clásicos, clásicos o barrocos, barrocos o góticos, estoicos o epicúreos, etcétera.

Pero, a pesar de las muchas coincidencias, algunas cosas del hedonista Epicuro no me gustaban de todo: me parecía que su escuela tenía un cierto aire de secta y que él a veces se parecía demasiado a un profeta. Tampoco me gustaba la manera despectiva en la que se refería a los otros filósofos. Nunca me han gustado este tipo de actitudes: ni las de los profetas e iluminados, ni las de los acólitos, y siempre me ha molestado el sentimiento de élite, de pertenecer a una casta especial.

Es posible que esté siendo injusto ahora, puesto que de Epicuro se conservan muy pocas cosas, gran parte de ellas textos procedentes de sus enemigos, y él es en muchos aspectos maravilloso.

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LOS CIRENAICOS

En cualquier caso, además de la escuela epicúrea, había en Grecia otra escuela hedonista, es decir, otra filosofía que consideraba que el placer era lo mejor que se podía buscar en esta vida: la escuela cirenaica.

La escuela cirenaica es anterior a la epicúrea y, según las malas lenguas, el propio Epicuro tomó gran parte de sus ideas de ella a través de su maestro cirenaico Anniceris.

Yo tengo acerca de este asunto una teoría que me es imposible demostrar: que tanto los cirenaicos como los epicúreos deben mucho a Demócrito, que es el filósofo atomista más famoso y mi pensador favorito entre los griegos. Se sabe que Epicuro también estudió con un atomista: Nausífanes, del que también se burló después.

El fundador de la escuela cireanica fue Aristipo, por quien siento desde que oí hablar de él una gran simpatía, aunque nunca hasta hace poco he podido leer una antología de sus fragmentos.

Aristipo no ha tenido suerte, y ni siquiera ha recibido la atención que, al menos en las últimas décadas, ha permitido que se recupere a Epicuro.

Aristipo nació en Cirene, pero, cuando oyó hablar de Sócrates viajó a Atenas para conocerlo. Fue quizá su discípulo más amado, pero también era célebre porque no aceptaba sin más las opiniones de Sócrates, sino que las discutía siempre que no estaba de acuerdo.

 

El placer sin esfuerzo

AristippusDe Aristipo, antes de leer sus fragmentos, me gustaba que parecía disfrutar realmente de la vida, sin que se percibiera en él un esfuerzo fatigoso por alcanzar el placer; que no hacía caso de los prejuicios, pero que no convertía esa lucha con los prejuicios en una manera de llamar la atención o causar escándalo, a la manera de los cínicos, por ejemplo.

Ello no quiere decir que no causara escándalo: lo causaba. Pero, al ver su reacción ante las críticas, se percibe que hacía las cosas porque le apetecía hacerlas y pensaba que eran justas, correctas o razonables, no por la repercusión que pudieran tener.

El cínico Diógenes entraba en el teatro cuando todos salían. Cuando le preguntaban por qué lo hacía, respondía que porque así se comportaba siempre en la vida: a contracorriente. Tomarse el trabajo de chocar con la gente que sale del teatro sólo se puede hacer si uno tiene un gran deseo de publicidad y muchas ganas de que te pregunten: “¿Por qué haces eso, Diógenes?”

Aristipo frecuentaba a las hetairas (prostitutas) y no lo hacía  a escondidas: incluso vivió con una de ellas de manera pública. En su caso, parece que no las visitaba para que le preguntaran por qué lo hacía, como Diógenes al entrar en el teatro, sino por razones sin duda coherentes con su filosofía del placer. Un día le preguntaron a Aristipo por qué hacía una cosa tan poco “recomendable”:

_¿Por qué Aristipo, pagas a la cortesana Lais? No te das cuenta de que esa mujer entrega su cuerpo al cínico Diógenes sin pedir nada a cambio?

Aristipo respondió:

_Es que yo no la pago para que no se acueste con otros, sino para que se acueste conmigo.

Creo que esta es una respuesta tan ingeniosa como razonable, que me recuerda a Oscar Wilde, pues Aristipo a menudo recuerda a Oscar Wilde: sus ideas tienen el difícil mérito de ser al mismo tiempo llamativas y razonables.

Otra anécdota relacionada con la afición de Aristipo hacia las hetairas dice que un día iba caminando con un discípulo y entró en un prostíbulo. El discípulo le miró avergonzado y confuso y Aristipo le dijo: “Lo malo no es entrar aquí, sino no ser capaz de salir”.

Aristipo es certero y divertido. Ya he dicho que me recuerda a Oscar Wilde, pero también a Groucho Marx. Con Wilde compartía también la elegancia: el propio Platón, uno de sus mayores enemigos, dijo que era la única persona que podía llevar con la misma elegancia la clámide o los harapos.

De Aristipo quizá aprendí que uno ha de ser “extranjero en todas partes”, aunque creo que eso también lo decía Demócrito (y posiblemente también Epicuro). Extranjero en todas partes es casi lo mismo que cosmopolita o ciudadano del cosmos, pero tiene un matiz que me hace más atractiva la idea cireanica: extranjero en todas partes elimina cualquier idea de posesión y, además, el extranjero es quien más disfruta de los lugares. Por eso titulé uno de mis blogs Turista en Madrid: ser un turista en tu propia ciudad es disfrutar realmente de ella.

Ya he dicho antes que a Aristipo le reprochaban vivir públicamente con prostitutas y estar entregado al placer, pero él respondía: “Poseo el placer, pero no soy poseído por él”. Esta manera de disfrutar el placer me gusta.

Epicuro dijo algo parecido: si un placer después te causa un displacer quizá debas renunciar a él.

En la Francia de la Ilustración se llegó por este camino al “cálculo de los placeres”, que es una de las mejores ideas que conozco. La medida y el cálculo de los placeres no te aleja de los placeres, ni los hace mecánicos o fríos, sino todo lo contrario: te permite disfrutarlos más, y más veces. En la película de Almodóvar el hedonista protagonista no sabe seguir este consejo de Aristipo, de Epicuro y de algunos pensadores franceses y lo pasa bastante mal.

También he aprendido de Aristipo que se puede disfrutar tanto del lujo como de la carencia de él.

Los estoicos, por ejemplo, decían: Omnia meum mecum porto: todo lo que es mío lo llevo conmigo. Ese ha sido uno de mis lemas y es un estupendo consejo contra el apego a las cosas, pero no implica que uno haya de privarse de todo. Aristipo, según parece, sentía cierta afición al lujo, pero cuando no lo tuvo también disfrutó, como demuestra que el propio cínico Diógenes dijo de Aristipo que era “un perro real”: un verdadero cínico.

Me gustan muchas cosas de los cínicos, y coincido con ellos en muchísimas cosas, excepto, como ya dije antes, en su afición al espectáculo, su sentido de élite y su desprecio a los que no piensan como ellos, pero me considero, sin embargo, un verdadero perro, también al igual que me he llegado a considerar un hippie secreto, y sin duda con más rigor que los hippies a los que se distingue a simple vista. No es este lugar para explicar esta afirmación, que quizá a quienes me conozcan les resultará inexplicable.

 

Fragmentos cirenaicos

En estos días he experimentado el placer multiplicado de leer por fin una antología de fragmentos cirenaicos. Es una edición preparada por Eduardo Acosta Méndez y publicada por el Círculo de Lectores. Llevo varios años persiguiendo este libro, pues sólo se podía adquirir comprando un lote completo de filosofía. Al fin, lo he leído en la Biblioteca Nacional. La lectura de estos fragmentos me ha confirmado que Aristipo es el filósofo que me resulta más simpático de la Antigüedad y al que me siento quizá más cercano (tal vez con excepción de Demócrito).

En los fragmentos de Aristipo he descubierto otra coincidencia curiosa: tomó como modelo de vida a Ulises. Ulises (Odiseo) es uno de mis personajes favoritos mitológicos, aunque no tanto como lo es Dédalo, quien quizá era más adecuado como modelo para el propio Aristipo.

De Aristipo también me gusta un rasgo que le emparentaba con los sofistas y que le ha valido muchos reproches: cobraba por sus lecciones.

Sócrates no cobraba por sus lecciones y tampoco lo hacía Platón.

De Aristipo y de otros como él, de muchos de los sofistas que cobraban por sus lecciones, he aprendido a desconfiar de los puros que lo dan todo gratis. En primer lugar porque a menudo sólo es posible dar gratis si no te falta nada: Aristipo mismo decía que Sócrates no necesitaba cobrar a nadie porque era alimentado y cuidado por media Atenas. Por supuesto, no estoy en contra de dar sin pedir nada a cambio, más bien al contrario, pero desconfío cuando se hace ostentación de ello, así que no diré más.

Cuando a Aristipo le reprochaban vivir a expensas del tirano Dionisio, y le preguntaban cómo era posible que primero hubiese frecuentado a Sócrates y después a Dionisio, Aristipo respondía: “Cuando tuve necesidad de filosofía, fui con Socrates, pero ahora lo que necesito es dinero”.

Como se ve, es difícil convertir a Aristipo en un santo o en un profeta y esa es quizás su mayor virtud. A pesar de esa necesidad de dinero, Aristipo no era un adulador perpetuo del tirano Dionisio, como quizá sí lo era el menos necesitado Platón.

En una ocasión, Aristipo se echó a los pies del tirano para ayudar a un amigo. Le reprocharon que lo hiciera y Aristipo respondió: “Yo no tengo la culpa de que Dionisio tenga las orejas en los pies”.

Me gusta este sentido del humor constante, pues creo que tiene razón Albino Luciani (el papa Juan Pablo I) cuando dijo que la bondad y el buen humor van unidos. No sé si es el buen humor el que va asociado a la bondad o la bondad al buen humor, pero se puede observar que casi todos los tiranos son ariscos y gruñones y que los reformadores encendidos también suelen serlo.

También me gusta de Aristipo la manera en la que veía la amistad: no como una obligación o un deber, sino como un placer y una elección. Esta es una idea que me parece elemental, pero que casi nadie parece admitir. Aristipo, en una ocasión en que unos amigos estaban desconsolados, les dijo: “No vengo aquí para compartir vuestra pena, sino para acabar con ella”.

Y quizá lo que más me gustó de Aristipo desde el principio fue que educó a su hija Arete y que ella le sucedió al frente de la escuela cirenaica.

 

******

[Escrito el 13 de abril de 2004]

COMENTARIO EN 2013: Hay dos cosas que ahora no opino.

No creo que el mejor modelo mitológico para Aristipo sea Dédalo.  Tampoco Ulises. Supongo que el mejor es el travieso dios Hermes.

Tampoco creo que Platón fuera servil con el tirano Dionisio. La historia de Platón con Dionisio muestra más bien lo contrario y Platón, creo, se comportó de una manera ejemplar, contradiciendo incluso ideas expresadas en su República (para bien).

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Cosas que he aprendido de… los estoicos

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Originally posted 2004-04-13 12:00:39.

Hacer y querer y terapia breve

Algunas notas  relacionadas con libros de psicología cognitiva o quizá con la terapia breve,que escribí en 2002.

1. Aunque parezca absurdo, desde el punto de vista psicológico a menudo es más importante hacer que querer.

De nada vale querer mucho, desear con toda la intensidad del mundo curarse. Toneladas de “querer” no son nada comparadas con un gramo de acción, de hacer.

Hay que recordar lo que dijo Goethe: “Al principio fue la acción”. Dios no hizo el mundo por su querer, sino por su acción: “Y dijo Dios: “Hágase la luz”.

No se dice en el Génesis: “Y pensó Dios”, sino “Y dijo Dios”.

La aparente paradoja es que para “hacer” es necesario querer hacer. Pero se trata de una contradicción tan solo aparente, porque:

a) Se puede hacer sin querer: en un trance hipnótico.

b) Se puede hacer sin querer porque no sabes que estás “haciendo”. Por ejemplo, te ves en una situación que no has querido o buscado, pero que te obliga a reaccionar. Por ejemplo: te engañan para que hagas algo sin saber que lo estás haciendo.

c) Te pueden obligar a hacer algo que no quieres hacer.

Pero las razones más convincentes acerca de la posibilidad del hacer sin querer tienen que ver con las diferentes cosas que uno quiere:

  • Uno quiere curarse, pero no quiere dar los pasos que le llevan a la curación (lo dice Watzlawick al final de El lenguaje del cambio).
  • Uno está dispuesto a dar los pasos, pero no sospecha (o no admite) que le llevarán a la curación: porque no cree en el método o incluso porque no cree que haya necesidad de ninguna curación (de esto hablaré en el siguiente apartado)

2. Para curarse, lo primero que uno ha de saber que está enfermo (idea que hay que conciliar con lo de Eysenck: “Desaparecido el síntoma, desaparecida la enfermedad”).

[2018 Quizá haya que aclarar que el dictum de Eysenck solo se aplica a la vida mental, al trauma psiológico, por ejemplo,pero no a uan enfermedad: podemos tomar calmantes o sedantes y, al desaparecer el dolor, pensar que ya no tenemos una peritonitis, y equivocarnos, claro. En cuanto a la vida mental, no se puede descartar que la desaparición de un síntoma no implique necesariamente que ha desaparecido la enfermedad, pues parece que nuestro cerebro trabaja en mchos asuntos sin que nuestro yo de la vigili o consciente los perciba, al menos en todas sus operaciones. Pero, a grandes rasgos, tomada con prudencia, es una idea bastante correcta: cuando reaparezca el problema psicológico, al fin y al cabo también habrá reaparecido el síntoma]


[Escrito en 2002. Revisado en 2018]

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Originally posted 2002-08-01 12:01:13.

Shakespeare entre showrunners

Aristóteles dijo que el arte debía imitar a la vida, pero en el siglo XIX Oscar Wilde llegó a la conclusión contraria: “Es la vida la que imita al arte… y en concreto a William Shakespeare”.

nucky

Nucky Thompson en Boardwalk Empire (Terence Winten/Martin Scorssesse)

En opinión de Wilde, una opinión bastante plausible, toda la época romántica se debe a la imitación de una marioneta melancólica. La marioneta es Hamlet, por supuesto. Harold Bloom llevó la idea al extremo y tituló uno de sus ensayos Shakespeare o la invención de lo humano. La psicología moderna, es decir, todos nosotros, nos dicen Wilde y Bloom, somos una imitación de los personajes de Shakespeare, así que ya era hora de que también las series de televisión nos mostraran una buena galería de personajes shakesperianos: Al Swearengen en Deadwood, Tony Soprano en Los Soprano, Walter White en Breaking Bad, Frank Underwood en House of cards o Nucky Thompson en Boardwalk Empire.

Aunque no es imprescindible ser malvado para ser shakesperiano, todos los personajes que acabo de mencionar lo son, del mismo modo que lo son Macbeth, Shylock, Ricardo III e incluso Otelo y Hamlet. Son también personas temidas y respetadas en sus respectivos medios y a veces incluso ocupan la cúspide del poder, como Ricardo III, Macbeth, Frank Underwood, el presidente de los Estados Unidos, o Tony Soprano y Nucky Thompson, jefes de sus respectivas mafias. No tienen escrúpulos, están muy seguros de sí mismos, aunque tienen crisis que les llevan a ver puñales imaginarios, como Macbeth, o perseguir moscas de manera obsesiva, como Walter White; o desmayarse al ver una bandada de patos volando, como Tony Soprano. También son capaces de hacer cualquier cosa para conseguir sus objetivos, por supuesto, o de hablar con un cráneo, como Hamlet, aunque esté dentro de una caja, como hace Al Swearengen en Deadwood.

Por otra parte, en todas estas series, el personaje principal es el eje en torno al que gira todo, como explica David Simon, el creador de The Wire (que se confiesa griego en vez de shakesperiano):

“Los Soprano y Deadwood, dos series que por cierto admiro bastante, me recuerdan mucho a Macbeth, Ricardo III o Hamlet, en el sentido de que hacen un particular hincapié en la angustia y las maquinaciones de los personajes principales”.

Los paralelos entre los personajes de Shakespeare y los creados por los modernos showrunner o guionistas y creadores de las nuevas series de televisión son muchos, pero aquí quiero limitarme a una semejanza, la que existe entre Ricardo III y cualquiera de los personajes que he citado.

Tony Soprano en Los Soprano (David Chase)

Tony Soprano en Los Soprano (David Chase)

Cuando Ricardo, el contrahecho, el jorobado, “el enemigo de los espejos”, como él mismo se define, jura ante el cadáver de su hermano (al que él mismo ha asesinado) que se convertirá en rey de Inglaterra a pesar de que hay muchos antes que él en la línea de sucesión, el reto nos parece imposible. Sin embargo, escena tras escena, asistimos a su ascenso continuo, como lo hacemos al ver a Francis Underwood en la carrera hacia la presidencia o a Walter White, Tony Soprano y Al Swearengen en sus respectivos dominios criminales. Ese ascenso sólo puede sostenerse en el crimen, la brutalidad, el maquiavelismo permanente y el asesinato de todos sus rivales. Contemplamos cómo Ricardo se deshace de sus rivales uno tras otro, matando incluso a niños si es necesario. Finalmente alcanza el trono y proclama: “Caiga el telón y ruede la cabeza de Buckingham” y es entonces, como dice Harold Bloom, cuando, a causa de la simpatía que Shakespeare ha hecho que sintamos por Buckingham, despertamos de nuestro sueño criminal y nos damos cuenta de que hemos estado siguiendo la ascensión criminal de Ricardo con interés, incluso con agrado, deseando que lograra su objetivo. Ahora entendemos por fin que somos tan criminales como el propio Ricardo, al menos en espíritu: el telón cae también para nosotros. Del mismo modo, de tanto en tanto, también David Chase con Tony Soprano, David Milch con Al Swearengen o Vince Gilligan con Walter White nos muestran quiénes son esos personajes por los que hemos sentido tanta simpatía e incluso afinidad (omitiré las referencias exactas por aquello de no hacer spoilers). Es entonces, al menos por un momento, cuando despertamos de nuestro sueño empático y comprendemos que ese personaje por el que hemos sentido tanta empatía es un tipo repugnante, un asesino bestial, una muestra de lo peor que puede ser un ser humano.

deadwood

Al Swearengen en Deadwood

Walter White en Breaking Bad

Walter White en Breaking Bad

Y a pesar de ello, muchos espectadores, llevados por el poder de la ficción, no se dan cuenta o no quieren entender lo que les están mostrando. Vince Gilligan contaba que, a partir de la tercera temporada de Breaking Bad, él detestaba con toda su alma a Walter White y que incluso le costaba entender cómo había logrado que el público sintiera más simpatía hacia él que hacia su mujer, a la que algunos espectadores incluso llegaron a insultar en las redes sociales por interponerse en la carrera criminal de Walter White. Es el riesgo de imitar, y en ocasiones casi igualar, la grandeza y la complejidad de William Shakespeare.


WILLIAM SHAKESPEARE

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Defensa de Shakespeare y ataque

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Originally posted 2016-03-09 18:57:05.

La Gran Luz

|| El día de los trífidos, por Iván Tubau /1

En 1970, mi padre, Iván Tubau, comenzó una adaptación al comic de El día de los Trífidos, la legendaria novela de John Wyndham. La adaptación quedó incompleta e inédita, así que este es su estreno mundial. La historieta está firmada con su seudónimo “Pastecca”.

 

[En la tercera viñeta quizá no se lee bien el texto: “UNOS TENÍAN MUCHO “]

Continuará…


 

 

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Originally posted 2011-06-02 21:25:23.