El yin, el yang y el yin del yang

La filosofía de la etiqueta 6

En casi todas las culturas siempre se ha dado mucha importancia a la diferencia entre lo masculino y lo femenino. En la filosofía del yin y el yang, el yin representa lo femenino y el yang lo masculino.

En el oráculo del Yijing (I Ching) las líneas cortadas son femeninas y las continuas masculinas, sin duda por una fácil identificación entre los órganos genitales del macho y los de la hembra. Los chinos de la época Zhou (y quizá también los de la época Shang anterior, más allá del 1200 antes de nuestra era) se anticiparon en tres o cuatro mil años a Sigmund Freud, que estaba obsesionado por encontrar falos o vaginas en todas partes:

“La fusta, el bastón, la pica y otros muchos objetos de este género son corrientes símbolos fálicos”.

 

“En los sueños de los hombres encontramos muchas veces la corbata como símbolo del pene, no sólo por colgar por delante y ser prenda característica del hombre, sino porque puede ser elegida a capricho, cosa que la naturaleza no nos permite hacer con respecto al miembro simbolizado”.

“símbolos de los genitales femeninos… huecos (estuches, cajas, cajones, etc.)”

Freud, que siempre llevaba un puro en la mano, tuvo que luchar contra sus propios discípulos interpretadores y en una ocasión, cuando le llamaron la atención acerca del símbolo fálico que sostenía en la mano, respondió enfurecido: “A veces un puro es sólo un puro”.

También en la religión judeo-cristiana-islámica encontramos la férrea distinción entre la mujer y el hombre, que ya muestran en el Paraíso cualidades divergentes. La de la mujer es la curiosidad inmoderada, que lleva a la perdición a la especie humana y que nos condena a todos por culpa del pecado de nuestra primera madre. En Grecia, la también curiosa Pandora abre la caja de los bienes y los deja escapar (según otras versiones, la caja contenía los males). Hoy en día, quizá desde 1700, la curiosidad nos parece no un defecto, sino quizá la mayor cualidad de la especie humana.

La coincidencia que encontramos en casi todas las culturas acerca de los dos principios opuestos de lo femenino y lo masculino sin duda nos está indicando algo, y sería un error pasar por alto tanta insistencia. Podemos atribuir la distinción al dominio de los varones y al sometimiento de las mujeres, o podemos considerar que ese dominio nace a partir de la diferencia biológica entre los dos sexos, o partir de la observación de ciertas particularidades, como que sólo uno de los dos sexos tiene la capacidad de albergar una nueva vida.

Es cierto que la unanimidad de las culturas al enfrentarse a una situación psicológica, social o biológica nos está diciendo algo, pero el problema es que no nos lo dice con toda la claridad deseable.

Ahora bien, aunque aceptáramos que existen diferencias biológicas o “naturales” entre hombres y mujeres, eso no implica de ninguna manera que esas diferencias se deban mantener, potenciar o estimular en una sociedad que intenta ir más allá de los impulsos y las limitaciones que la biología parece imponernos. Hay que recordar que también son asuntos unánimes en casi todas las culturas la guerra, el conflicto violento y la agresión, pero no por ello nos resignamos a aceptar todo eso como inevitable, y mucho menos como deseable o recomendable.

Por otra parte, hay quienes piensan que existió un matriarcado primitivo, pero por el momento no existe ninguna prueba decisiva de que haya sido así, más allá de ciertas comunidades muy concretas. Por otra parte, la existencia del matriarcado no implica que la distinción obsesiva entre lo masculino y lo femenino no existiera allí, pues su misma existencia parecería confirmar la obsesión dualista; y tampoco que se tratara de una sociedad más justa, tanto para los varones como para las mujeres. Todos sabemos que las sociedades llamadas heteropatriarcales no solo han discriminado a las mujeres, sino que han maltratado y explotado también a los hombres. Incluso lo han hecho las homopatriarcales, como lo era, quizá, la espartana.

De lo que no cabe duda es de que la coincidencia y obsesión por distinguir entre lo masculino y lo femenino ha llevado de manera casi universal a la discriminación de la mujer, al desprecio de lo femenino, a la consideración de la mujer como un ser de categoría inferior al varón y a que se prohibiera o no se estimulara a las mujeres para que desarrollaran todas sus posibilidades, con el objetivo de alcanzar un desarrollo personal, social e intelectual parecido al de lo varones. Así sucedió en China y así sucedió en la India; así sucedió en las civilizaciones cristianas, musulmanas y judías y, por lo que sabemos, también en casi todas las culturas antiguas o modernas, primitivas o desarrolladas. El cambio más significativo y casi inédito e inaudito en toda la historia de la humanidad (aunque algunos y algunas parezcan empeñados en negarlo) se ha producido en los últimos cuarenta o cincuenta años, aunque su origen se remonta a la segunda mitad del siglo XIX.

El contrato sexual, de Carole Pateman

Otros avispados intérpretes nos recuerdan que en el símbolo del yin y el yang los opuestos no se deben interpretar de manera absoluta, puesto que en el yin hay un poco de yang y en el yang hay un poco de yin, como se puede observar con claridad en la bandera coreana. De acuerdo, es una bonita interpretación, pero si examinamos la historia de China y de las culturas que han usado este símbolo, descubriremos que esa supuesta mezcla o contaminación de los opuestos no se ha traducido en ninguna mejora en el respeto a las mujeres, que como bien señala Carole Pateman en El contrato sexual, ha sido muy semejante y a menudo idéntica a la de un esclavo (una esclava, en este caso). Ya lo dijeron John Stuart Mill y Harriet Taylor en su libro, de elocuente título, The subjection of Women, que puede traducirse como La sujeción o la esclavitud o el sometimiento de las mujeres).

John Stuart Mill apartando a los varones para que dejen pasar a las sufragistas

El sometimiento de las mujeres

Pues bien, cuando parecía que por fin nos íbamos a librar de esas dos férreas identidades que eran lo masculino y lo femenino, los opuestos yinyangnescos, esa dualidad impuesta durante siglos por las sociedades represoras que trasladaban de manera simplista lo biológico al terreno de la vida social y la psicológica, descubrimos que las identidades no se han disuelto, sino que se han multiplicado.

 

Continuará…

 

 

 

[7 de agosto de 2020]

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En cada una de las leyendas griegas encontramos alguna variante que la niega. Según algunos mitos, Helena de Esparta se fue a Troya con el bello Paris por su propia voluntad, pero otros piensan que fue raptada a la fuerza, o por la decisión invencible de los dioses o, como nos dice el sofista Gorgias, por el logos, es decir por los discursos seductores del príncipe troyano. Según otras versiones, como la del poeta Estesícoro, Helena ni siquiera estuvo en Troya, sino que su lugar fue ocupado por un fantasma, mientras ella permanecía en Egipto.

Uno de estos mitos cambiantes es el del primer hombre que vivió la presencia de su doble no como una pesadilla, sino como un nirvana. Narciso.

La leyenda cuenta que Narciso se miraba en las aguas quietas de un lago porque estaba enamorado de sí mismo. Siglos después, Freud se abalanzó sobre esa imagen con todo su arsenal psicoanalítico. Sin embargo, existe una variante del mito que nos ofrece una interpretación inesperada y nos revela que Narciso no era narcisista, sino más bien incestuoso. Narciso, nos dice este mito, estaba enamorado de su hermana. Cuando se miraba en el lago, no lo hacía por amor a sí mismo, sino porque le parecía ver en las aguas calmas a su hermana gemela, que se había ahogado tiempo atrás en aquel lugar. El rostro que buscaba no era su reflejo, sino el del cadáver de su hermana, que le miraba bajo las aguas. Podemos suponer que cuando el cadáver se descompuso o quedó cubierto por el limo, Narciso todavía podía adivinar en su propio rostro reflejado el de aquella hermana tan amada, y al mismo tiempo asistir a un anuncio de su propia e inevitable muerte.

Aceptemos, no obstante, el mito en su versión más conocida y pensemos en Narciso como ese hombre que se enamora de su propio reflejo, que siente que no hay nada más interesante en el mundo que contemplar sus propios rasgos, encontrar a alguien como él, alguien que comparta su identidad, aunque a fin de cuentas se trate de un reflejo en las aguas. Aquí la pesadilla del muchacho chino Baoyu que se asustaba ante su doble se convierte en el sueño de felicidad. Las quietas aguas del lago le devuelven su propio rostro al Narciso narcisista. Ese placer es el anticipo y también el símbolo del placer que muchos sentimos al reconocernos, no ya en un espejo, sino en otra persona. En alguien que, siendo otro, es también uno mismo, alguien que a pesar de ser diferente comparte los rasgos esenciales de la identidad. Ya no hace falta mirarse en el lago o llevar un espejo a cuestas, sino que nuestra personalidad se duplica o multiplica en aquellos que son como yo, quizá no en su figura y apariencia, pero sí en las características esenciales con las que he decidido definirme a mí mismo.

No cabe duda de que este deseo de reconocimiento ha sido constante en la historia de la humanidad, y que tal vez está inscrito en nuestra biología, si Richard Dawkins tiene razón cuando en El gen egoísta, explica que los genes son los primeros que quieren duplicarse, multiplicarse y perpetuarse. Pero una cosa es querer parecerse a alguien y otra muy diferente querer parecerse a un grupo, a una identidad gregaria. Es quizá la diferencia entre el pensamiento propio y el instinto.

El sentido de pertenencia a un grupo se encuentra en casi todas las especies animales: en los bancos de peces, en las manadas de lobos, en las piaras de cerdos. Ese sentimiento de pertenencia de grupo llega a su máxima expresión en las abejas, las homigas y el ser humano, que siempre se ha reunido en grupos, familias, clanes, comunidades o naciones, costumbre que no tiene nada malo en sí misma, pero que empieza a ser inquietante cuando la identidad de grupo se alimenta y se sostiene en la no identidad de grupo de los otros, de todos los que no pertenecen al grupo, es decir, cuando se propone una oposición brutal entre ellos y nosotros.

En estos años de la etiqueta que estamos viviendo, que parecen la continuación enloquecida de los años de la identidad, la pasión humana por la pertenencia de grupo ha llegado a su extremo. Buscamos la identidad grupal de manera maniática, compulsiva, de manera mucho más obsesiva que en años anteriores. Y al mismo tiempo, aunque parezca paradójico, se multiplican las identidades, se disgregan los grupos recién formados, se producen constantes escisiones y re-etiquetados.

Continuará…


[1 de agosto de 2020]

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La primera cosa que advertimos, si examinamos con atención la obsesión por la identidad, es que el ansia por adquirir una identidad compartida no significa ni mucho menos que se busque la comunión con la humanidad, y tampoco que se busque reivindicar rasgos personales o individuales. La obsesión identitaria se sitúa muy lejos del individualismo y el universalismo, pero no a una equilibrada distancia y en un moderado término medio, sino infinitamente distante de ambas posibilidades.

No se busca la realización personal mediante el elogio de lo individual, pero tampoco se persigue la universalidad. Lo que se pretende es delimitar un territorio, con las fronteras bien definidas, en el que convivir con los iguales. Para los amantes de la etiqueta, lo que importa es la comunidad, o el grupo compuesto por quienes comparten la misma identidad. Todos lucen la misma etiqueta y opinan lo mismo en todo lo fundamental, por lo que rechazan o ignoran cualquier opinión discordante.

A los que elogian lo individual, los etiquetadores les dicen que son demasiado individualistas (y por lo tanto egoístas e insolidarios), mientras que a los que defienden el universalismo les acusan de haber roto los lazos con su comunidad y su grupo; o les reprochan que hablen desde una posición de privilegio que les hace olvidar a todos los que no gozan de esas ventajas.

Los policías del pensamiento, que empiezan a proliferar por todas partes, pueden perseguir con el mismo ardor a la cantante Rosalia por apropiarse de la que se supone que no es su cultura, como a la política francesa Rachida Dati, por no encarnar de manera conveniente a la cultura que supuestamente debe representar. A Dati (su padre es marroquí, su madre argelina) siempre le están recordando sus orígenes y regañándola por no cumplir con las expectativas a las que debe ajustarse una mujer de origen magrebí. En una ocasión, una periodista le preguntó: «Cuando a usted le reprochan que se vista demasiado bien, ¿no están reprochándole traicionar su condición?». Dati le preguntó a la periodista cuál iba a ser la próxima pregunta: «¿Tal vez si iba demasiado limpia y aseada por proceder de la clase social de la que procedía?».

Con la identidad del siglo XXI se hace realidad aquella célebre frase que afirmaba que todos somos iguales… pero unos más iguales que otros. Más que invitarnos a lanzarnos al océano universal o a nadar en un lago de aguas tranquilas, la búsqueda de la identidad actual se puede comparar con construir barquito, ni muy grande ni muy pequeño, en el que navegar con los que son como tú. Un barco diferente y alejado de los otros barcos que navegan por ese mar universal, en el que nadie quiere zambullirse, no vaya a ser que se disuelva en él la identidad tan duramente ganada.

Continuará…


[21 de julio de 2021]

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Parece que ya no es suficiente con tener una identidad, sino que empieza a convertirse en obligatorio lucir, además, la etiqueta que proclama esa identidad. Y en un lugar bien visible. La etiqueta nos permite re—conocernos, es decir, conocer con total certeza lo que somos, pero también nos ayuda a reconocer a los que no son como nosotros.

La tendencia comunal de los años sesenta sin duda tenían rasgos gregarios, puesto que todo movimiento, ideología o activismo adopta lo lo que se ha llamado “sentido de pertenencia de grupo”, además de un inevitable simplismo, nacido de la idea de combate, pero también estaba cercana al egocentrismo (o al egotismo, que diría Stendhal) y buscaba la autorrealización personal, a través de la vida en una comunidad de personas afines. Sin duda se opondría a la búsqueda identitaria actual, que lo que pretende es disolver el yo en una esfera habitada por réplicas de mi yo, de mi yo más definitorio, de mi identidad, que ya no es única e intransferible. Todos quieren encontrar a ese doble que aterrorizaba a Baoyu y fundirse con él. La presencia del otro Yo, de nuestra réplica, ha dejado de ser una pesadilla para convertirse en el nirvana. Se ansía encontrar al que es como yo, al menos en los rasgos esenciales. Pero no porque ese encuentro con el doble nos conduzca a algún tipo de revelación o aprendizaje, sino por pura y simple identificación gregaria.

En cuanto a la otra gran corriente de los años 60 y 70, la que buscaba la liberación del individuo a través del abandono de los prejuicios y un camino de aprendizaje personal, tampoco tiene nada que ver con el ansia identitaria actual, que ya no pretende ser universal, sino solo local, que no aspira a la unidad del género humano, sino más bien a la dispersión en mil y un géneros, ya sean sexuales, políticos, étnicos o incluso generacionales. Se trata de crear identidades, muchas identidades, cuantas más mejor.

A esa tarea de entomólogo se dedican ahora intelectuales y activistas, cada uno en su pequeña área de acción, pero también a menudo alentados por los gobiernos o las instituciones, que quizá consideran preferible disgregar a los individuos en vez de unirlos. Aunque, para ser sinceros, desconfío bastante de las teorías que explican los sinsentidos sociales recurriendo a la confabulación de poderes en la sombra: supongo que la explicación es que unos y otros, ciudadanos y gobiernos, se realimentan, como en un mecanismo homeostático o cibernético: la búsqueda de identidad hace que las instituciones detecten esa obsesión y esa atención de las instituciones refuerza, a su vez, la búsqueda identitaria.

Continuará…


[18 de julio de 2020]

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Aunque a primera vista puede parecer que la década del Yo de los años 60 es lo mismo que la década de la identidad de los años 10, en realidad significa todo lo contrario.

En los años sesenta y setenta (las «décadas púrpura», según Wolfe) existían dos tendencias dominantes. La primera era universalista: buscaba la unión de toda la humanidad y promovía su salvación mediante una lucha política en la que todos los seres humanos compartían una identidad común. La segunda era individualista: sostenía que no se podía salvar a la humanidad a través de la lucha política, sino que la salvación debía comenzar por el individuo, o a través de pequeñas comunidades de personas iluminadas, capaces de escapar de los prejuicios y represiones de la sociedad; incluidos, por supuesto, los prejuicios de quienes optaban por la lucha social, que solían tener un pensamiento más conservador de lo que ellos mismos presumían, en especial en asuntos como el sexo.

La caricatura de estas dos tendencias se resumía en dos palabras: los hippies y los progres.

“¿Cómo vas a cambiar el mundo si antes no eres capaz de cambiarte a ti mismo?”, decían John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr y, especialmente, George Harrison y su gurú, el maharishi. Era una advertencia bastante atinada.

En el campo contrario, los comprometidos con la lucha social respondían: “¿Cómo vas a cambiarte a ti mismo si el mundo no te deja intentarlo? Por ejemplo si has nacido en una familia y en un ambiente que no te permite el acceso a las fuentes de información y de crecimiento personal, a las que sí podían acceder la mayoría de los hippies”. Lo que también era bastante cierto.

Esta divergencia entre las dos mentalidades, hippies y progres,  siempre ha existido en todas las culturas, civilizaciones y religiones. Es la diferencia entre los animales sociales y los esteparios, entre lo común y las comunas, entre los confucianos y los taoístas, entre los aristotélicos y los cínicos, entre los budistas del mahayana o Gran Camino y los del hinayana o pequeño camino, entre los monjes eremitas y la Iglesia establecida.

Ahora bien, a pesar de su diferencia esencial entre esas dos grandes visiones o cosmovisiones, unos y otros, y también los hippies y los progres, compartían un rasgo común: pensaban que cualquier persona podía participar en ese tarea de salvación individual, comunal o social, sin distinción de sexo, etnia, territorio, características o preferencias de cualquier tipo. Eso es muy diferente, casi opuesto, a la tendencia actual, que busca identidades y etiquetas en las que refugiarse y con las que sentirse a salvo.

Continuará…

[15 de julio de 2020]


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(Un teólogo recordado por Borges)

En la novela china El sueño del pabellón rojo un joven llamado Baoyu sueña que está en un jardín en todo idéntico al suyo y que tres muchachas lo ven y se acercan. Ríen y juegan, felices de verlo, y él se siente en la gloria, pero cuando habla, las muchachas retroceden: «¡Pero si no es Baoyu!», exclama una de ellas, y otra dice:

«¿Cómo tú, maloliente advenedizo llegado de quién sabe dónde, te atreves a utilizar su nombre? ¡Mejor será que te andes con cuidado o te apalearemos hasta convertirte en pulpa, sucio patán!».

El joven se queda muy sorprendido y abatido ante la inesperada reacción:

«¿Por qué me habrán insultado de esta manera? Nunca me habían tratado tan mal. ¿Será verdad que hay otro Baoyu?».

Intrigado, el joven decide seguir a las muchachas y llega a un lugar que también conoce muy bien: «¡Pero si es otro patio Rojo y Alegre!». Baoyu sube unas escaleras y llega a un lugar en el que ve a un joven recostado en un diván, rodeado por las muchachas. El joven, que acaba de despertarse,  cuenta a las muchachas un sueño inquietante:

«Hace un instante soñé que estaba en un gran jardín de la capital donde encontraba a unas muchachas idénticas a vosotras… las seguí y encontré unos aposentos en los que había otro Baoyu dormido, pero sólo vi su forma vacía; su verdadero ser había partido, quién sabe dónde».

Al oír este relato, el primer Baoyu se presenta:

«__He venido buscando a Baoyu. ¡Así que eres tú!

__Entonces tú eres Baoyu -dice el otro-. O sea, que esto no es un sueño.

__Claro que no. Es absolutamente real».

Los dos jóvenes se abrazan, pero entonces alguien anuncia que viene el señor Zheng, el padre de Baoyu:

«En los dos se desató un enorme pánico. Uno echó a andar mientras el otro lo llamaba: «¡Vuelve, Baoyu! ¡Vuelve!».

Es entonces cuando nuestro primer Baoyu se despierta y se da cuenta de que una muchacha le zarandea y le dice que ha tenido una pesadilla. Baoyu se lamenta porque el otro Baoyu se ha ido y señala una puerta. La muchacha le dice que eso no es una puerta, sino un espejo, y que el otro Baoyu es solo su reflejo. La muchacha explica lo que ha sucedido:

«Con razón la Anciana Dama siempre nos dice que no debe haber demasiados espejos en los cuartos de los niños. El espíritu de una persona joven es débil, y si se mira demasiado en el espejo puede asustarse en sueños y tener pesadillas. A pesar de la advertencia, nosotras hemos puesto su diván frente a este inmenso espejo. No pasaba nada cuando lo cubríamos con la cortina, pero ahora, con el calor, la somnolencia nos hace olvidar bajarla. Hoy, por ejemplo, lo hemos vuelto a olvidar. Seguramente ha estado contemplando su propio reflejo, y apenas cerró los ojos empezó a tener sueños tontos. De otro modo no hubiera pronunciado su propio nombre a gritos».

La pesadilla de Baoyu, en la que se encuentra frente a frente con alguien idéntico a él, se repite en casi todas las culturas. Los alemanes la llaman doppëlganger, el doble. En la versión china, se combinan varios los elementos que encontramos en otros relatos y tradiciones, pues el doppëlganger o doble no solo aparece en sueños, sino que  suele tener relación con el reflejo, en un espejo o en el agua de lago, y con un usurpador que ocupa nuestro lugar.

En la película de Joseph Losey El otro señor Klein, el protagonista regresa a su casa y es recibido por otro señor Klein, idéntico en todo a él, que ha ocupado su lugar y que poco a poco le desaloja, no solo de la casa sino de su propia vida, robándole la identidad.

Sucede algo semejante en el cuento de Edgar Alan Poe William Wilson y en su adaptación al cine en El estudiante de Praga, donde se cuenta la historia de un hombre que a lo largo de su vida se encuentra en diversos momentos a otro señor Wilson, hasta que, en el encuentro final, muere a manos de ese doble usurpador.

El estudiante de Praga (1913), dirigida por Paul Wegener y Stellan Rye. Basada en el cuento de Edgar Allan Poe William Wilson y en el poema de Alfred de Musset Noche de diciembre. El guión lo escribió el gran Hans Heinz Ewers, el autor de Mandrágora

Todas estas historias nos proponen la inquietante posibilidad de que alguien se apodere de lo que más amamos, de nuestra identidad. Que en algún lugar, quizá más cerca de lo que quisiéramos, exista alguien que es como nosotros, un duplicado perfecto, un doble, un sosia, un impostor que pretende lo imposible. En definitiva, que, en vez de ser uno, seamos dos.

Lo que para Baoyu y para tantos otros era una pesadilla, en los últimos años se ha convertido para muchos en un sueño de dicha, con el que fantasean, ansiosos por encontrar un duplicado de sí mismos. No es necesario, sin embargo, que ese doble o sosia sea una réplica perfecta, puede suceder incluso que su apariencia no sea la nuestra, porque lo que importa es que coincida con nosotros en algunos rasgos esenciales: basta con que comparta nuestra identidad. ¿Toda nuestra identidad? Tal vez no, tan solo lo que consideramos más esencial, aquello que da sentido a nuestra vida.

Continuará


[11 de julio de 2020]

[La ilustración inicial es: Two Scenes from the Novel ‘Dream in the Red Chamber, en China, City of Yanlyutsin, Late 19th – early 20th century. Parece la escena en la que Baoyu descubre a su doble que acaba de despertarse, pero no lo sé con seguridad]

La realidad etiquetada

La pesadilla del doble

La filosofía de la etiqueta 1

«El espejo y la cópula son instrumentos horribles porque multiplican el número de los hombres». (Un teólogo recordado por Borges) En la novela china El sueño del pabellón rojo un joven llamado Baoyu sueña que está en un jardín en … Sigue leyendo

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La década de la identidad

La filosofía de la etiqueta 2

Tom Wolfe puso nombres a varias décadas del siglo XX. A los años 70 los llamó «la década del Yo», a los 60 «los años del desmadre». A los años 10 del siglo XXI tal vez los habría llamado «la … Sigue leyendo

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La etiqueta como identidad

La filosofía de la etiqueta 3

Tras la marea identitaria de la década de los años 10, cualquiera habría pensado que  tenido bastante, pero los años 20 parecen anunciar que la búsqueda obsesiva de la identidad se va a agravar. Tal vez la década de los … Sigue leyendo

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La igualdad grupal

La filosofía de la etiqueta 4

La primera cosa que advertimos, si examinamos con atención la obsesión por la identidad, es que el ansia por adquirir una identidad compartida no significa ni mucho menos que se busque la comunión con la humanidad, y tampoco que se … Sigue leyendo

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Narciso multiplicado

La filosofía de la etiqueta 5

Los antiguos griegos eran muy imaginativos. No solo inventaron muchos de los mitos que todavía nos influyen, y que Sigmund Freud y su discípulo hereje Carl Gustav Jung elevaron (o más bien degradaron) al rango de complejos o arquetipos, sino … Sigue leyendo

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El yin, el yang y el yin del yang

La filosofía de la etiqueta 6

En casi todas las culturas siempre se ha dado mucha importancia a la diferencia entre lo masculino y lo femenino. En la filosofía del yin y el yang, el yin representa lo femenino y el yang lo masculino. En el … Sigue leyendo

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TALLER INTERNACIONAL EN CUBA: “CUANDO LA REALIDAD SUPERA A LA FICCIÓN”

Esta foto me la hizo Eduardo Prádanos hace dos o tres años, tal vez en el último curso prepandemia. Espero volver pronto al Paseo del Pensamiento de la Escuela.

Si todo va bien (y esperamos que sí) a final de año volveremos a vernos en la Escuela de Cine de Cuba. Entre noviembre y diciembre impartiré un taller dedicado al guión de no ficción. A todo lo que tiene que ver de una manera cercana o lejana con la realidad. Será la primera vez que trate estos temas en una academia que no sea la Escuela de Cine de Madrid, donde imparto la asignatura Guión de programas desde hace ya muchos años. Y creo que será también uno de los cursos más divertidos.

Puedes encontrar toda la información y matricularte en la página de la Escuela de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños: Cuando la realidad supera a la ficción. 

Y también puedes leerlo aquí:

El curso aborda desde el guión de plató o continuidad a las piezas para reporteros, desde la escritura de monólogos a la creación de secciones y estructuras narrativas, desde la creación de formatos a la escritura de ficción, como los sketches de humor, porque, aunque parezca paradójico, los guionistas de programas también deben ser también grandes guionistas de ficción.

Los alumnos descubrirán que el humor, uno de los aspectos más temidos por los guionistas, se puede trabajar mediante técnicas, fórmulas y métodos. Aprenderán a manejar esas técnicas y escribirán diversas piezas de humor, como un informativo satírico y un sketch. También aprenderán y harán prácticas de escritura de talk show, game (concurso) y reality.

Por otra parte, trabajar en programas ofrece al guionista más oportunidades para desarrollar la creatividad, y a menudo resulta más estimulante que el trabajo en series. Es por eso que este curso presta una gran atención al desarrollo de la creatividad, a cómo superar bloqueos y vencer la procastinación, dándole al guionista no solo herramientas narrativas, sino también psicológicas.

Del 29 de noviembre al 17 de diciembre | 2021

GUIÓN DE NO FICCION

TALLER DISPONIBLE

Profesor:Daniel Tubau

Alumnos: 12

Audiencia:Dirigido a guionistas y aquellos interesados en la escritura creativa que deseen acercarse a los elementos teóricos y prácticos de la escritura creativa de entretenimiento para televisión y plataformas de internet.

Plan de estudios:

  1. ¿Ficción o no ficción? Esa es la cuestión.

1.1 Comparación del trabajo del guionista en series y en programas.

1.2 ¿Qué debe saber el guionista de programas que no sabe el de series?

1.3 ¿Por qué trabajar en programas?

  1. Tipos de programas de televisión: los cinco géneros y los mil subgéneros.
  2. Creación de un formato: desde la idea inicial hasta la emisión.
  3. Saber de qué hablamos: el scouting, o cómo divertirse durante la investigación

5. Creatividad y técnicas de trabajo

5.1 Por qué la creatividad es más importante en programas que en ficción

5.2 Aprender a dominar el proceso creativo: las fases de la creatividad.

5.3 Un guionista debe pensar como Sherlock Holmes

5.4 Cómo superar los bloqueos, la procastinación y las inseguridades.

  1. Escritura de guión: un poco de teoría y mucha práctica
  2. Pilotos, revisiones del formato: tirar (casi) todo a la basura y empezar de nuevo
  3. Emisión y nuevas revisiones: renovarse o morir
  4. Formato de un programa de televisión: flyer, brochure, dossier y formato.
  5. Pitching, presentación y venta de ideas y formatos.
  6. El guion de humor: técnicas, trucos y herramientas.
  7. La ficción en la no ficción: por qué el guionista de programas también sabe escribir ficción
  8. El guionista de concursos y juegos (game):
  9. El guion de talk show.
  10. El guion de reality.
  11. El guion de magacín y programas de plató
  12. Programas sin plató
  13. El guión para Internet: el futuro ya está aquí
  14. Trabajo en equipo: el guionista de programas trabaja con todo el mundo.
  15. La fauna de un programa: productores, presentadores, actores, humoristas, concursantes, editores, realizadores…
  16. Métodos de trabajo y ética laboral: por qué se hacen mal las cosas y cómo hacerlas mejor.
  17. Los nuevos territorios: desde el guión de videojuegos hasta las plataformas de Internet (Youtube, Twitch, Instagram), guión de podcasts y para canales OTT y Premium.
  18. El guión de proyectos transmedia: un desafío multiplicado

Plan de prácticas:

Todos los temas del curso irán acompañados de prácticas, para hacer realidad lo aprendido y desarrollar el músculo narrativo de alumnas y alumnos.

Los alumnos recibirán durante el curso abundante material, como guiones, escaletas y formatos de programas reales.

 

El espectador es el (verdadero) protagonista (de tu guión)

¡ÚLTIMOS DÍAS PARA APUNTARTE!
Nos acercamos al comienzo del curso El espectador es el (verdadero) protagonista (de tu guión). Todavía puedes apuntarte, vivas donde vivas, España o América.
Si tienes alguna duda, escríbeme directamente: danieltubau@gmail.com

La evolución de las piedras
(La página noALT /004)

Hace unos cuantos años empecé un proyecto con un extraño nombre “El pensamiento noALT”.

__ ¿Qué quiere decir noALT?

__ Quiere decir no alternante.

__ ¿Y qué quiere decir no alternante?

__ Se refiere a una manera de pensar que no intenta explicar el mundo a partir de alternativas excluyentes, que rechaza las dicotomías dogmáticas y el maniqueísmo que divide todo en blanco o negro.

La manera en la que el pensamiento alternante o dogmático contempla la realidad se muestra en este gráfico:

Daniel Tubau - Pensamiento alternante
La realidad vista por el pensamiento alternante

A partir de la distinción entre Nosotros/Ellos, lo Uno/lo Otro, los amigos/los enemigos, a muchas personas les resulta muy fácil moverse por el mundo, porque en realidad se mueven por un universo alternante, en el que ya han elegido en qué lado están y, en consecuencia, no necesitan seguir pensando.

Ahora bien, existen algunas reglas básicas que pueden ser de mucha utilidad en caso de duda:

Daniel Tubau - Reglas del pensamiento alternante

Puedes ver estos y otros gráficos del pensamiento alternante en:

 Cómo funciona el pensamiento alternante 

Hay varias razones que explican por qué elegí la denominación ” pensamiento alternante”  en vez de “pensamiento alternativo”, puesto que, al fin y al cabo, se trata de dividir el mundo en alternativas. Pensé que era mejor usar una expresión tan rara como alternante para evitar que se produjera una confusión con el llamado “pensamiento alternativo”, que se sitúa en unas coordenadas ideológicas muy definidas (en el terreno político de la izquierda), por lo que defender el pensamiento “no alternativo” podría ser considerado como una declaración de preferencias derechista. Es decir, si yo emplease “pensamiento alternativo”, eso podría activar de manera automática el pensamiento alternante “Izquierda/Derecha”.

No cabe duda, por otra parte, de que gran parte de eso que se llama pensamiento alternativo es un pensamiento muy alternante, puesto que divide el mundo entre Nosotros (lo alternativo) y Los Otros (todo lo demás, lo viejo y lo caduco).

Pero de eso hablaré en otra ocasión.

Alfred Korzybski

Alfred Korzybski

La expresión “noALT” o “No Alternante” contiene también una pequeña broma, un homenaje a la “Teoría no A”, creada por un pensador que aparece casi siempre en las enciclopedias de la extravagancia y no en las de la filosofía, Alfred Korzybski.

Korzybski creó en el siglo XX una nueva ciencia, arte o disciplina filosófica llamada Semántica General, que pretendía demostrar que los seres humanos somos víctimas del lenguaje. Según él, el lenguaje nos condiciona de manera poderosísima. En consecuencia,  mediante la reforma del lenguaje se podría reformar el pensamiento. No sé por qué los defensores del lenguaje políticamente correcto no lo consideran uno de sus precursores.

Korzybski también afirmaba que el principio de identidad aristotélico, que dice que “una cosa es esa cosa”, puede causarnos ciertos problemas.

“No A” significaba para Korzybski “no aristotélico”. Frente al principio de identidad de Aristóteles que dice que “A es A”. Korzysky, en consecuencia, dice que “A no es A”.

Los libros de Korzybski influyeron en autores de ciencia ficción como Philip K.Dick o A.E.Van Vogt, que escribió El mundo de los No A y Los jugadores de No A, donde expuso las teorías de Korzybski en una novela muy entretenida e interesante.

Vuelvo al pensamiento no alternante, que es un homenaje al NO-A pero que no es lo mismo.

El pensamiento no alternante rechaza que toda nuestra vida intelectual, moral, ideológica y política deba construirse mediante alternativas excluyentes.

El pensamiento no alternante afirma que a veces, quizá muchas veces, tal vez casi siempre, existe un término medio o una tercera opción que nos permite escapar del enfrentamiento dogmático y maniqueo.

Dediqué uno de los capítulos de La página noALT a la evolución de las piedras.

“Aunque muchos científicos se han ocupado de la evolución de los seres humanos, de la de los mamíferos e incluso de la de los dinosaurios, hasta ahora ninguno se ha preocupado por la evolución de las piedras. Ha llegado el momento de hacerlo”.

Ahora (en 2012) la actualidad me ha proporcionado una conclusión inesperada, que he añadido como última imagen:

La última imagen, la de un estudiante lanzando un libro a la policía como quien lanza una piedra, se ha popularizado en los últimos meses (2012) en redes sociales como Facebook y en manifestaciones y publicaciones de todo tipo. Hay que reconocer que es ingeniosa, y desde aquí felicito al autor, pero, aunque me parece estupendo que los estudiantes se manifiesten con libros en la mano como una reivindicación de la cultura y contra los recortes a la educación pública, no me gusta que se empleen los libros como armas arrojadizas.

Entiendo el chiste, pero, incluso a pesar de que sé que los libros no siempre sirven para mejorar la sociedad (Literatura mortal y otros libros que matan) se me ocurren pocas cosas peores que usarlos como si fueran piedras. Más que una muestra de las virtudes de los libros es un ejemplo de que los libros pueden no servir para nada cuando su usuario no sabe cómo se usan.

Se me ocurren varias posibilidades. No diré alternativas, que es lo que me gusta decir, porque una novia me enseñó que alternativa sólo se puede usar en singular, confirmando de nuevo el carácter alternante de la palabra. Pues eso, se me ocurren algunas alternativas posibilidades para que la viñeta conserve su intención reivindicativa pero no su aspecto violento.

La primera es que los policías digan lo mismo, pero el muchacho esté leyendo el libro sentado en una silla en medio de la calle, o apoyado en una farola.

Otra es que el muchacho entregue el libro a los policías y ellos retrocedan asustados.

También podría verse el libro en la calle y a los policías retrocediendo como si se tratara de una bomba a punto de estallar: así tendríamos un libro que es confundido con un arma, pero que no es usado como un arma, lo que es un importante diferencia.

En fin, todo lo que sea no asociar un libro a la violencia, no convertirlo en una respuesta violenta o en un arma arrojadiza… contra la violencia.

LIBROS Y FLORES

Ya sé que, por fortuna, los partidarios de emplear la violencia son una minoría, pero si el signo de los tiempos se expresa en símbolos y lemas simplistas, prefiero a los manifestantes que entregaban flores o besaban a los policías y no a quienes proponen arrojarles libros, insultarlos, llamarles asesinos o, de una manera que esconde un clasismo evidente, calificarlos de analfabetos.

Preferiría que en vez de lanzar libros o flores como piedras o burlarse de la incultura real o supuesta de los policías, les regalasen un libro o una flor y que en vez de incitar sus peores instintos intentaran más bien mitigarlos.

Allen Ginsberg

Quizá sea interesante aquí recordar cómo nació el movimiento de las flores en Estados Unidos, el Flower Power de los años 60.

GINSBERG VISITA A LOS ÁNGELES DEL INFIERNO

Sucedió en noviembre de 1965, cuando el Movimiento por la Libertad de Expresión, que protestaba contra la guerra de Vietnam, preguntó al poeta Allen Ginsberg cómo podían enfrentarse a los militaristas, y en especial a los motoristas llamados los Ángeles del Infierno, partidarios de la guerra, que siempre amenazaban e intimidaban a los manifestantes contrarios a la guerra. Ginsberg respondió:

“Toneladas de flores, un espectáculo visual, en especial en primera línea. Pueden usarse para construir barricadas, para entregarlas a los Ángeles del Infierno, a los policías, a la prensa y a los espectadores en cualquier momento”.

El movimiento pacifista adoptó las recomendaciones de Ginsberg y, aunque parezca asombroso, funcionaron. Años después, la guerra de Vietnam terminó, en gran parte gracias al movimiento que se inició con las flores de Ginsberg, al que no se pudo desactivar acusándolo de violento.

Prefiero, en definitiva, estas flores a cara descubierta de 1967…

George Harris pone una flor en el cañón de un fusil (1967)

Jane Rose Kasmir ofrece flores a los soldados (1967)

…a estas otras flores de 2012:

Ilustración de Bansky

 


 [Publicado por primera vez en 2004, el 4 de abril de 2012 en Divertinajes y revisado en 2019]


lapaginanoalt

Hay alternativa a la alternativa

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La ciencia explica por qué no razonamos bien en política
(La página noALT /002)

En el año 2004 se publicaron varios artículos haciéndose eco de un interesantísimo experimento realizado en la Universidad de California. Los resultados son muy interesantes y confirman la tendencia que tenemos contemplar la realidad política como campos enfrentados, y cómo observamos lo que tenemos delante una vez que hemos tomado partido. La conclusión es que interpretamos de manera diferente una misma acción política si quien la lleva a cabo es de nuestro partido o del partido rival.

A continuación, copio la noticia acerca del experimento tal como fue publicada en la revista El Ciervo.

“Los experimentadores colocan en la máquina a un votante convencido de Bush y le ponen una imagen del presidente.
El cerebro reacciona así: “Este es el mío, mira que bueno y guapo es”. Luego sale Kerry, el rival, y en el cerebro del paciente se activa una sección más racional, capaz de distinguir entre lo malo (sobre todo) y lo bueno del personaje.
O sea, que cuando ves a tu candidato la respuesta es emocional: este es el mío, que nadie lo toque, yo soy como él, todo lo hace bien.” Y cosas así. En cambio, cuando sale el otro, se activa la parte del raciocinio, de buscar por dónde flaquea. Qué curioso.”    (“El mío es un amor”, El Ciervo, mayo 2004)

 John Kerry      George Bush
El experimento parece mostrar lo poco de fiar que somos como analistas políticos, pues parece muy difícil que nuestras opiniones se puedan separar de nuestra ideología y de nuestros deseos. La conclusión es que nuestros argumentos están motivados más por el odio y el amor que por la razón.

Como decía un ilustrado francés: “Nuestras razones son las esclavas de nuestras pasiones”. Primero decidimos que es lo que queremos pensar y, una vez decidido, buscamos razones para justificar esa elección.

Nassim Nicholas Taleb pone un ejemplo de cómo funciona nuestra incapacidad de para razonar cuando hay emociones de por medio:

 “El problema de la confirmación es un asunto omnipresente en nuestra vida moderna ya que en la raíz de muchos conflictos se halla el siguiente sesgo mental: cuando los árabes y los israelíes ven las noticias, perciben historias diferentes en la misma sucesión de hechos. Asimismo, demócratas y republicanos miran a partes distintas de los mismos datos y nunca convergen en las mismas opiniones. Una vez que en la mente habita una determinada visión del mundo, se tiende a considerar sólo los casos que demuestren que se está en lo cierto. Paradójicamente, cuanta más información tenemos, más justificados nos encontramos en nuestras ideas.”

Es muy posible que la única vez que hayamos razonado sea aquella primera vez, tal vez en la adolescencia, en la que elegimos nuestro bando. A partir de entonces, adquirida ya la seguridad de nuestra ideología, nunca hemos necesitado volver a pensar de verdad.

Es evidente que si a alguien la mera visión de un político le causa irritación, sarpullidos, alergia o ira incontenible, sus opiniones acerca de cualquier cosa que diga ese político no resultarán muy fiables.

Una reacción emocional extrema es comprensible en un momento concreto, pero su persistencia en toda situación impide cualquier posibilidad de entender algo acerca de la realidad, o de intercambiar opiniones de manera razonable con otras personas, excepto como compartirían una conversación un par de magnetofonos (como decía Ortega) o como la comparten dos hinchas del mismo equipo después de un penalty dudoso.

Las reacciones instintivas y la razón son casi siempre incompatibles. Es por eso que no es recomendable legislar en un momento de gran excitación social, por ejemplo, tras una serie de terribles asesinatos.

Cuando a Primo Levi, que había estado prisionero en el campo de exterminio de Auschwitz, se le preguntó cómo reaccionaba instintivamente ante una injusticia, el respondió: “Yo no respondo nunca instintivamente, y si lo hago, intento controlarlo”. Una cosa, en efecto, es sentir emociones y entusiasmos, lo que es del todo razonable, y otra muy distinta intentar legislar o dictaminar en medio del entusiasmo.

EL PORQUÉ DEL PENSAMIENTO ALTERNANTE

El experimento, de todos modos, confirma la tendencia partidista que tenemos, pero no la explica. Muestra que los votantes de Bush ya han decidido que Bush es bueno y que Kerry es malo, así que es lógico que se activen las zonas de sus cerebros relacionadas con la razón o con la emoción, según el caso. Pero el experimento no nos dice por qué han decidido con tanto ardor que Bush es un monstruo o un héroe.

Tras esa clave andan ahora muchos investigadores: si se consigue averiguar cómo meter dentro de un cerebro una opinión, quizá se descubra como conseguir algo que a menudo parece imposible: cómo sacar una opinión de un cerebro.

Me gustaría añadir ahora, en 2011, que el experimento, por otra parte, explica de manera clara esa asombrosa situación en la que nos vemos tantas veces, cuando hablamos con una persona acerca de los crímenes de Fulano y estamos completamente de acuerdo en que son detestables, pero luego empezamos a hablar de Mengano y, ante las mismas situaciones que acabamos de condenar resulta que nuestro interlocutor no las considera criminales.

Lo anterior parece demostrar que cualquiera puede distinguir los crímenes mediante la razón. Eso es bueno. Lo malo es que también parece demostrar que cualquiera es capaz de ocultar los crímenes cuando tocan  a su emoción. Podemos encontrar ejemplos de que sucede así si pensamos en cualquier polémica política alternante o dicotómica o maniquea o partidista, como: Israel/Palestina, Estados Unidos/URSS, derecha/izquierda, fascismo/comunismo, etcétera. Se razona con precisión y fiereza acerca de un lado de cada par y se olvida al instante todo lo que se acaba de decir cuando se pasa a analizar lo que ha hecho o dicho el otro lado.

La única escapatoria a ese pensamiento alternante es encontrar algo que pueda situarse por encima del par de opuestos a discutir, por ejemplo, el oponerse a toda acción criminal venga de donde venga.


 [Publicado por primera vez en 2004]

NOTA 2012: Cómo sé que nada puede ser confirmado de manera definitiva, ni siquiera por la ciencia, no empleo la expresión “La ciencia confirma noALT” de manera dogmática, sino, digamos, como sinónimo de “La ciencia (un experimento científico) aumenta la probabilidad de que noALT sea cierto”.


Hay alternativa a la alternativa

|| El origen del pensamiento no alternante (noALT)

¿Que es el pensamiento alternante y qué es el pensamiento no alternante (noALT)? Aquí ofrezco algunas explicaciones que he publicado en diversos lugares: “En una noche romana Ana Aranda y yo pensamos en esa situación tan frecuente en la que … Sigue leyendo

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