¿Qué es secleb?

Está página está dedicada a secleb, una idea que nació en el weblog Mundo flotante.

Aquí reuniré todas las entradas y comentarios relacionados con secleb, así como los hallazgos de secleb en Internet. Lo primero que nos interesa es la definición de secleb.

SECLEB:

“Dícese de aquella palabra que se usa para referirse a las palabras que no existen en ningún idioma conocido”.

Y con este acto, me apropio la definición de una nueva palabra, que a partir de ahora espero que Google encuentre.

Gracias a mí, Secleb existe en la Red. Decía Goodman que las palabras crean mundos, así que los constructores de palabras estamos creando nuevos mundos. Y la verdad es que resulta bastante fácil.

No sé si a alguien se le habrá ocurrido la idea de crear nuevas palabras, pero de vez en cuando crearé alguna nueva, poniéndola en circulación mundial al escribirla en esta página.

[Quizá Google todavía no encuentre Secleb, pero seguro que tras su próximo rastreo de fin de mes sí]

Paradoja: quizá te has dado cuenta, al leer lo anterior, de que una paradoja acecha. ¿Sabes cuál? Mientras lo piensas, te contaré el origen de Secleb.

De cómo apareció secleb

Secleb apareció por casualidad, al rescatar de mis ediciones privadas un comentario al libro de Michel S.Gazzaniga El cerebro social.

Dice Michel S. Gazzaniga:

“Cómo es posible que el cerebro pueda reconocer casi instantáneamente que “secleb” no es una palabra de nuestro idioma? El vocabulario de una persona puede estar compuesto por 250.000 palabras, “Secleb” podría ser una de ellas, ya que posee todos los elementos fonémicos y grafémicos característicos de una palabra; con todo, nos hemos dado cuenta de inmediato de que no es una palabra de nuestra lengua. ¿Por qué no ha sido necesario que el cerebro consultase su diccionario palabra por palabra antes de tomar una decisión?”.

Me preguntaba yo entonces ante la pregunta de Gazzaniga: “¿Y si sí lo ha hecho?”, ¿y si el cerebro sí que ha consultado ese diccionario palabra por palabra?

Más adelante dice Gazzaniga:

“¿Por que un humano (un cerebro humano) trabaja más rápido cuanto más sabe, mientras que un artefacto (un ordenador) cuantos más conocimientos tiene más lento trabaja? “.

[Fin de las Notas de 1997 y 2000 a Michel S. Gazzaniga: El cerebro social, 192ss]

 

Apunté al margen:

“Esto es muy interesante y cierto. Cuando un ordenador está cerca de llenar su capacidad de memoria se enlentece. Le podemos añadir más memoria para que recupere su ritmo normal. Esto no parece ser el caso del cerebro, a no ser, hipótesis descabellada tal vez, que la propia información que proporcionamos al cerebro se convierta también de algún modo en nutriente del cerebro. Otra teoría más plausible sería que la información abriese más y más módulos de memoria, de tal modo que el cerebro aumentase su capacidad a medida que aumenta también su información. Sería interesante encontrar una metáfora o comparación de algo que actúe igual que el cerebro, es decir que aumente su eficacia cuando aumenta su complejidad (sin limitarnos a la mera suma de energía externa de los ordenadores).”

Y tiempo después añadí:

NOTA 15 de noviembre de 2000:
Pero sigo preguntando lo mismo: Gazzaniga dice que el cerebro no tiene necesidad de consultar su tremendo diccionario, pero quizá sí lo haga. Quizá sí que lo consulte. De hecho, resulta difícil explicar de otra manera por qué el cerebro sabe al instante que secleb no es una palabra castellana.

Ahora, en septiembre de 2005, sigo pensando lo mismo. Aunque Gazzaniga da por sentado que el cerebro no repasa su vocabulario de 250.000 palabras para decidir que “secleb” no estaba allí archivada como palabra válida, pero hay razones para pensar que sí lo hace. Cuando usamos un corrector de textos en un ordenador, las palabras son reconocidas al instante como correctas o incorrectas. Es evidente que el ordenador lo hace por comparación con las que tiene almacenadas en su memoria. De este modo, precisamente, encuentra que Secleb no está ahí.

No sé cuántas palabras puede tener un corrector de estilo de un procesador de texto, pero pensemos sencillamente en Google, que puede acceder en instantes a millones de palabras y reconocer que “Secleb” no existe ni en español ni en ninguno de los idiomas que maneja: he hecho la prueba y Google no ha encontrado ni un sólo documento con “secleb”. Según todos los cálculos, las combinaciones que hacen nuestras neuronas superan de manera prodigiosa a las que están al alcance de cualquier ordenador.

[Publicado en Mundos flotantes, 6 de septiembre de 2005]

Ahora, en este ‘ahora’ que corresponde ahora a noviembre de 2011, me reafirmo en mi opinión de que el cerebro sí consulta el diccionario, aunque lo haga en un tiempo tan asombrosamente breve que no nos demos cuenta de ello. También consulta su increíble banco de imágenes, olores, sabores y recuerdos cada vez que vemos algo o probamos un alimento u olemos un perfume. No se me ocurre otra explicación para entender cómo sabemos, a menudo al instante, que algo ya lo hemos visto, y no sé qué otra posible explicación consideraba Gazzaniga. Ahora que los ordenadores hacen en instantes lo que antes tardaban días, horas o minutos, empezamos a atisbar las inmensas capacidades de nuestras neuronas.

En cuanto a Secleb, ahora en Google aparecen más resultados que antes, aunque muchos de ellos están relacionados con mis propias páginas acerca de Secleb.


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