El guionista del siglo 21
CURSO DE GUIÓN EN CUBA
23 de febrero a 13 de marzo de 2015

“El guionista del siglo 21″ es un curso que imparto todos los años años en Cuba.

Teoría y práctica en un curso y taller intensivo: cinco horas diarias de lunes a viernes.

Un lugar único y delicioso en el que encerrarse durante tres semanas creativas y disfrutar de una experiencia que nunca se olvida.

Este año el curso será desde el 23 de febrero al 13 de marzo. Aunque está previsto abrir un segundo curso, todavía no es seguro, así que todavía estás a tiempo de matricularte antes de que se acaben las plazas: quedan pocas y pronto se empezarán a pedir las confirmaciones de las reservas previas para cerrar el curso.

Una piscina olímpica en el Caribe y en una Escuela de cine. ¿qué mejor manera de pasar las tardes?

Una piscina olímpica en el Caribe: otro de los atractivos de la Escuela.

El taller proporcionará a los alumnos los conocimientos y las herramientas necesarias para enfrentarse a la escritura de un guión en cualquier modalidad (cine, series, webseries y programas de entretenimiento). Uniendo la teoría con la práctica, los alumnos adquirirán los conocimientos que les permitan entender la naturaleza de la narrativa audiovisual, así como técnicas y herramientas para superar bloqueos y estimular la creatividad. Desde la primera idea hasta la escritura y revisión del guión, desde las nociones básicas a las más avanzadas. No sólo se analizarán las técnicas aceptadas por la industria convencional, sino también las últimas tendencias narrativas que han transformado el panorama, enfrentándose a los dogmas y fórmulas fáciles.

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Audiencia: Guionistas, dramaturgos, graduados de comunicación social y de audiovisuales y toda persona interesada en la creación y el guión audiovisual.

Número de alumnos: 10

Fecha de inicio: 23 de febrero de 2015

Fecha de terminación: 13 de marzo de 2015

Profesor:
Daniel Tubau, guionista y director de televisión durante más de veinte años, es autor del clásico Las paradojas del guionista, reglas y excepciones en la práctica del guión. Recientemente ha publicado El guión del siglo 21, el futuro de la narrativa en el mundo audiovisual, donde explora las nuevas formas narrativas llegadas con el mundo digital, Internet, la multinarrativa hipertextual, los videojuegos o las nuevas series de televisión, demostrando que muchas de ellas recuperan grandes enseñanzas olvidadas de guionistas y narradores clásicos. En la actualidad se encuentra en prensa dos nuevos libro El secreto de la invención, dedicado a las técnicas y el estímulo de la creatividad tanto para guionistas como para escritores, y El espectador es el protagonista, un libro práctico con estructura de taller de guión.

[Página de la ECAM para matricularse en el curso]

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ALGUNOS LIBROS DE DANIEL TUBAU

El guión del siglo 21

El futuro de la narrativa en el mundo digital

“Si en Las paradojas del guionista Daniel Tubau nos ponía en guardia contra las teorías dogmáticas, en El guión del siglo 21 nos anuncia que el guión previsible de Hollywood y de la televisión convencional está en crisis. Los guionistas ya no quieren seguir esquemas simples o fórmulas mágicas. Frente al miedo instintivo hacia las nuevas narrativas, cada día surgen alternativas interesantes, gracias a este asombroso futuro que nos ofrecen las nuevas tecnologías, desde la narrativa hipertextual y la realidad aumentada a los videojuegos o Internet; desde las series de canales como HBO al crossmedia o el transmedia. Otras propuestas e ideas se encuentran en el pasado, en la historia audiovisual. Tubau demuestra que la profesión de guionista se está trasformando y que no se limita a la televisión o el cine, sino que puede y debe invadir todos los medios, o incluso la realidad misma.” (Contratapa del libro)

(Comprar en En Casa del Libro)

Página web: El guión del siglo 21

 

Casa del Libro
Amazon

“Con esta obra Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación. Todas se relacionan con la naturaleza de la redacción de guiones y el trabajo del guionista.”

Página web de Las paradojas del guionista

#danieltubau

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Viajes al Otro Mundo

Lectura del Zhuangzi /13

Palabras en el viento, por Rubén Monzón

Palabras en el viento, por Rubén Monzón

En Los soplos de la voz prometí una interpretación de las opiniones de Zhuangzi acerca del lenguaje que no he encontrado en ningún comentador, quizá porque la mayoría de los comentadores no se aventuran a discutir con nuestro querido amigo Zhuangzi, un respeto que, tal vez, es una de las formas del desprecio.

Tanto en esa entrada como en la anterior (Palabras en el viento) había ciertas dudas acerca de si el maestro Zhuang pretendía criticar el lenguaje al compararlo con el viento. Por un lado, dice que las “palabras no son como el viento”. Por otro lado, como nos señala Iñaki Preciado Ydoeta, quizá eso no es un elogio de las palabras, sino todo lo contrario. ¿Por qué? Porque para Zhuangzi el viento no sería lo que vulgarmente entendemos, esa brisa, aire o tempestad sin sentido ni significado.

En efecto, en los comienzos del libro segundo del Zhuangzi conocimos a Ziqi de Nanguo (ver La música del cielo), quien decía que el viento habla a través de las oquedades de la tierra. Ziqi parecía capaz de entrar en algo así como un trance, en abandonar su propio yo y entrar en comunión con la naturaleza. Cuando su amigo Yangcheng Ziyou le pregunta qué le ha sucedido en esos momentos en los que parecía “un tronco seco” sin conciencia, Ziqi le responde:

«¿Sabes? Hace un momento he perdido mi yo.
Aunque oigas la música de los hombres,
no oyes la música de la tierra.
Aunque oigas la música de la tierra,
no oyes la música del cielo».

Cuando su amigo le pregunta qué músicas son esas de la tierra y el cielo, Ziqi explica:

«Viento es lo que exhala la Tierra respirando
- dijo Ziqi -. Inmóvil hasta que se levanta
y braman con furia todas las oquedades.
Allí, en las montañas,
en los bosques profundos,
las hendiduras de los gigantescos troncos
son como narices, bocas, orejas,
muescas, tazas, morteros,
hoyos y hondonadas: todos ellos
susurran, silban, chillan,
sollozan, rugen, vociferan.
Unos llaman y otros son eco.
Unos son dulce brisa, otros
huracán desaforado.
Cuando el viento poderoso se detiene,
las oquedades se vacían de silencio.
¿No has visto tú la danza última
de las hojas, de las ramas
el último temblor?» 

Podemos entender este pasaje de muchas maneras, hay quien dice, y en ello coincide Liliana Chaves, que Zhuangzi, o mejor el personaje que nos está hablando en este pasaje, Ziqi de Nanguo, sostiene que la tierra es un ser vivo dotado de conciencia: “Creo entender que la tierra para el divino Zhuang es un ser viviente y por lo tanto es conciencia”. Carmelo Elorduy cita a un comentarista chino de la dinastía Tang, Cheng Xuanying que, en efecto, identifica a la Tierra (“la Gran Masa”) con el Creador, la naturaleza o el Universo. Elorduy señala además otro pasaje del Zhuangzi, en el capítulo 6, en el que se dice “La Gran Masa me ha cargado con mi cuerpo”, y compara esta concepción con la de algunos filósofos griegos, como Anaximandro o Anaxímenes, que hablaban de la respiración de la tierra, y otros que consideraban que la Tierra era un animal viviente, dotado de un Alma Universal”.

Sea como sea, y este es un asunto sobre el que volveremos una y otra vez, Ziqi habla de la música de los hombres, de la música de la Tierra y de la música del Cielo, como tres cosas diferenciadas, porque como hemos visto antes, dijo que puedes escuchar la música de los hombtres pero no la de la tierra, y la música de la tierra pero no la del cielo:

«La música del Cielo 
¿de dónde viene ese soplo múltiple y plural
que penetra en cada cosa
y que cada cosa inhala por sí misma?».

Aunque ahora no podamos resolver este asunto tan complejo y que ha sido interpretado de tan diversas formas, en parte según las preferencias de cada lector Cheng Xuanying (fl. 631-652) era budista o al menos estaba muy influido por el budismo que había llegado a China unos siglos antes, encontrando grandes semejanzas con el taoísmo y a veces fusionándose o cohabitando, en especial el budismo de la escuela dhyana, que dio origen al Chan chino y al posterior zen japonés. Por su parte, Carmelo Elorduy, extraordinario sinólogo pionero, era jesuita. Yo soy ateo y materialista, si es que esas palabras significan algo muy definido, más allá de la desconfianza en la existencia de dioses y espíritus. Cada uno queremos apropiarnos de las bellezas y la inteligencia del Zhuangzi y eso nos puede hacer ver lo que queremos ver y apenas mirar lo que no nos interesa o no nos gusta en los deliciosos pasajes de este libro incomparable. Pero, Zhuangzi, como Shakespeare se escapa a todas las redes que le lanzamos los interpretadores, y está bien que así suceda, porque los libros con un único significado son poca cosa. Aunque es mi intención en esta lectura del Zhuangzi intentar ver incluso lo que no quiero mirar y dejar hablar a Zhuang (y a otros posibles autores del libro), de vez en cuando ofrezco mi propia interpretación, sabiendo que es completamente personal y subjetiva, pero respetando, creo, unas reglas para leer textos filosóficos que me impuse a mí mismo hace muchos años, y que puedes leer aquí: Reglas para leer textos de filosofía.

Aclarado todo lo anterior, vuelvo al Zhuangzi y limito mi comentario a un objetivo modesto, el lenguaje y la música del cielo y de la tierra, dejando para más adelante las discusiones acerca de un Creador o una interpretación monista o panteísta de la naturaleza y el universo.

 

Words are wind, por Fiona Reeves

Words are wind, por Fiona Reeves

 

La música y el lenguaje del cielo y de la tierra

Recordemos cómo terminaba Ziqi su charla acerca de la música del cielo y de la tierra:

«Si la música de la Tierra
proviene de estas oquedades;
y si la música de los hombres
proviene de las flautas de bambú;
¿de dónde viene la música del Cielo?».

Aquí, como se ve, se establece una comparación explícita entre el lenguaje y la música de los seres humanos y esa otra música y ese otro lenguaje, incomprensible para nosotros, del viento, la tierra y el cielo.

Lo habitual, al interpretar este tipo de pasajes, es ponerse en el lugar del maestro Ziqi, un ejercicio muy arriesgado, en mi opinión, y dar por sentado que Zhuangzi nos está diciendo que nuestro lenguaje, nuestro pensar, nuestras palabras y nuestras distinciones no son otra cosa que inútiles y pretenciosos balbuceos, y que deberíamos quedarnos callados ante la magnificencia y verdad de la naturaleza, el Tao o como queramos llamarlo.

Nosotros y nuestro lenguaje, en definitiva, somos una vulgar copia de esa verdad inefable, así como lo son nuestras fatigosas distinciones y discusiones interminables acerca de lo que es y lo que no es. Existe, en definitiva, una verdad allá fuera donde todas las distinciones desaparecen y donde podemos, en algo semejante a un éxtasis místico como el de Ziqi de Nanguo, contemplar la verdad, que no está dividida ni es múltiple, como todo aquello que se nos aparece en nuestro mundo cotidiano.

Podríamos descubrir un paralelo entre este planteamiento y otros que se podrían encuadrar en eso que se ha llamado nostalgia del origen, del mundo indiviso, de la realidad Una y única. También con aquella filosofía perenne de la que hablaba Aldous Huxley.

Sin embargo, creo que se pierde de vista un asunto fundamental y en esto difiero del Zhuangzi o al menos de su interpretación dominante. Es una opinión personal, un debate con Zhuang, Ziqi o quienes sostienen esa distinción entre la pluralidad aparente y la esencial unidad.

 

El mundo del revés

No es que Zhuangzi o Ziqi hayan visto esa Verdad, esa Naturaleza, ese Tao indiviso y vengan aquí, a este mundo imperfecto, para contárnoslo y revelarnos que somos un pálido reflejo de lo Perfecto. Aunque Zhuangzi parece dudar hasta el último momento de su libro acerca de cuál es la respuesta a estas y a otras preguntas inquietantes, cieros intérpretes, que podríamos considerar “orientalistas” en el sentido empleado por Edward Said, parecen tenerlo muy claro y dar por sentado que debemos aceptar sin más la existencia de esas nociones trascendentes (Tao, Naturaleza, Verdad) y de las músicas y lenguajes de la tierra y el cielo, incluso de esas entidades con mayúscula, Cielo y Tierra y Viento, superiores a nosotros y de las que depende nuestra existencia y de las que son una imitación nuestras músicas y nuestros lenguajes.

Yo creo, sin embargo, que el proceso es más bien el contrario: es a partir de la observación de este mundo imperfecto como un filósofo, un místico o un pensador como Zhuangzi construye ese otro mundo.

Es a causa de la observación del lenguaje humano por lo que Zhuangzi se dedica a buscar en la naturaleza un lenguaje equivalente.

En realidad, Zhuang o Ziqui o los místicos y metafísicos que hablan de lo incognoscible, las esencias, la idealidad, el Tao con mayúsculas o “lo Otro”, están tan contaminados como cualquiera de nosotros y se dejan llevar, también como cualquiera de nosotros, por las cosas, las categorías y los esquemas que han observado en este mundo imperfecto. Y sólo después intentan trasladarlos a lo Otro, proporcionándole, de este modo, un lenguaje a Tierra, al Viento y al Cielo, o la Naturaleza, al Mundo y al Tao, pero no debido a que la Naturaleza, el Mundo o el Tao tengan tal lenguaje, sino porque somos nosotros quienes tenemos un lenguaje.

Dicho de otra manera: la metafísica como cosa de la que hablan los seres humanos se basa siempre en la física. Como se sabe, esto sucede ya desde el comienzo de la palabra “metafísica” gracias a un delicioso accidente: cuando Andrónico de Rodas quiso ordenar ciertos textos de difícil clasificación de Aristóteles, los situó detrás del volumen que contenía la Física, digamos que en el estante que está más allá del de la Física. Pero efectivamente, varios de esos textos se ocupan de lo que está “más allá de la física”, del fundamento último de lo que hace posible la física, la naturaleza, de la ontología, de la causa de todas las causas, etcétera.

Ahora bien, insisto en que todo lo que el maestro Zhuang encuentra allí, en el Cielo, en el Viento o en la Tierra, lo ha visto antes aquí: el lenguaje, la música y todo lo demás.

Ahora bien, algunos filósofos se han preguntado: ¿de dónde procede la idea de perfección si no existe la perfección en este mundo? ¿Y de dónde el concepto de Unidad si aquí lo que hay es multiplicidad?

Descartes, en un argumento indigno de su genio y  de su ingenio, dijo que la noción de perfección procedía de Dios: “Puesto que la perfección no existe en este mundo, esa idea tiene que haberla puesto un Dios en nuestra mente”.

Pero la verdad es que la idea de perfección o la idea de cualquier cosa que no podemos encontrar en este mundo imperfecto se puede imaginar fácilmente a partir de la observación de lo que sí vemos.

A partir de la observación de lo imperfecto se llega con tremenda sencillez a lo perfecto: veo en un objeto algo que no acaba de satisfacerme, así que puedo imaginar que ese objeto no tuviera ese defecto, y puedo imaginar, sin ningún esfuerzo especial, que no tuviera aquel otro defecto, que no tuviera ningún defecto.

Veo un trozo de madera que mide un metro: puedo imaginar que midiese dos metros, y que midiese cuatro, y que midiese siempre un poco más, puedo imaginar, en fin, que no llegase yo nunca a alcanzar su punta. De este modo llego a la idea de lo interminable y lo infinito, aunque no pueda contemplarlo en este mundo.

Este mundo cotidiano no es como es debido a la existencia de un Otro Mundo que nadie conoce, sino que cualquier otro mundo es imaginado a partir de este mundo. Zhuangzi se mueve a partir del lenguaje humano hacia el lenguaje de la Tierra y el Viento, y no al revés. Es el significado que descubre en ese aire sonoro que son nuestras palabras lo que le hace buscar también un significado en ulular del viento.

Los trascendentalistas, y no me refiero ahora a Zhuangzi, que es más complejo, ambiguo, divertido e interesante, suelen despreciar las distinciones de este mundo imperfecto nuestro y a los pobres filósofos que se pierden en discusiones interminables, pero su otro mundo trascendental no es ni más ni menos que una distinción más, una multiplicidad más que añadir a esas de las que tanto se burlan. Una hipótesis más, imaginada o inventada a partir de las observadas en este mundo vulgar que habitamos, y no al contrario. Aunque no soy marxista, creo que es muy cierto aquello que Marx aplicó a Hegel: hay que devolver al mundo lo que Hegel se llevó a los cielos, poner a Hegel del revés y convertir el espíritu hegeliano en materia.

Por otra parte, ese tipo de interpretaciones acerca de la Unidad, el Tao indiviso o la infinitud y perfección divinas son tan gratuitas como un brindis al sol, o al viento, si se prefiere. Porque también es muy fácil darse cuenta de que existe una  contradicción irresoluble entre vivir en ese Tao indiviso y, sin embargo, tomarse la molestia de escribir un libro lleno de paradojas y multiplicidades. Pronto veremos algunas más.

 Continuará…

 

 

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ENTRADAS PUBLICADAS EN “LECTURA DEL ZHUANGZI”

¿Qué es el Zhuang Zi?

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El pájaro Peng
Lectura del Zhuangzi /2

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Xu You y el gobierno del mundo
Lectura del Zhuang Zi /3

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Los disparates de Jieyu
Lectura del Zhuangzi /4

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La calabaza de Huizi
Lectura del Zhuangzi /5

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La música del cielo

Lectura del Zhuangzi /6


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La gran sabiduría y la pequeña
[Lectura del Zhuangzi /7]

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El origen de todas las cosas
Lectura del Zhuangzi /8

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Nos cortamos con el filo de las cosas
Lectura del Zhuangzi /9

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El maestro de todos
Lectura del Zhuangzi /10

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Palabras en el viento

Lectura del Zhuangzi /11


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Los soplos de la voz

Lectura del Zhuangzi /12


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Viajes al Otro Mundo

Lectura del Zhuangzi /13


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TEXTOS COMPLEMENTARIOS

Voltaire: Primera carta sobre los cuáqueros

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Bibliografía

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Platón: el mito de la caverna

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Otros mundos: Uexkhull y el Zhuang Zi

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Las aventuras de Gilgamesh y Enkidu

gilgamesh

El Poema de Gilgamesh, también conocido como la Epopeya de Gilgamesh, es la primera obra plenamente literaria de la historia. Cuenta las hazañas de un rey de Uruk, una ciudad sumeria que quizá dio nombre al actual Irak. Su argumento se divide en doce tablillas, que podemos considerar capítulos de una misma historia.

He hablado acerca de su origen y sus características precursoras en El primer libro contiene todos los libros, aquí me limitaré a contar las aventuras de Gilgamesh y su amigo Enkidu y señalar algunos asuntos intrigantes y llamativos.

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Uruk, reconstrucción a partir de la imagen de las ruinas en la actual Warka, mediante datos recogidos por satélite.

 

Argumento de la Epopeya de Gilgamesh

La historia nos la cuenta alguien, tal vez un sacerdote de la diosa Ishtar, que muestra su admiración hacia al antiguo rey que construyó las impresionantes murallas de Uruk. El narrador se dirige a sus interlocutores de manera general (“Voy a presentar al mundo”) pero a veces parece hablar con una persona que camina a su lado:

 “Voy a presentar al mundo
A aquel que todo lo ha visto,
Ha conocido la tierra entera,
Penetrado todas las cosas,
Y alrededor explorado
todo lo que está oculto”.

Este personaje parece haber destacado en todo, además de haber sido capaz de desentrañar antiguos misterios:

“Excelente en sabiduría,
todo lo abarcó con la mirada:
contempló los Secretos,
descubrió los Misterios
Incluso nos ha contado
sobre antes del Diluvio”.

Curiosamente, el narrador aquí parece ceder la narración al propio protagonista, o al menos basarse en un relato que aquel personaje escribió:

“De vuelta de su lejano viaje,
agotado, pero apaciguado,
grabó  sobre una estela
todos sus trabajos
hizo edificar los muros
de Uruk la de los cercados.

A continuación, el narrador parece dirigirse a alguien que está junto a él, tal vez un ayudante, quizá un escriba al que quiere trasmitir aquella historia legendaria. Le dice que contemple la muralla de Uruk, que admire sus zócalos inimitables, que inspeccione los muros de ladrillo cocido. Después le pide que vaya a buscar el relato secreto que nos dejó el rey Gilgamesh:

“Ve ahora a buscar
el cofrecillo de cobre
Manipula en él el anillo de bronce
Abre en él el pomo secreto
y extrae la tablilla de lapizlázuli.
Para descifrar cómo Gilgamesh
Superó tantas pruebas.”

Lapis Lazuli 1

Fragmento del bello mineral llamado lapizlázuli (lapis, piedra, lazuli, azul)

Tras extraer de este misterioso cofre la tablilla de lapislázuli, que contiene un antiguo texto que al parecer hay que descifrar, quizá porque está en sumerio y el narrador es semita,o tal vez porque está codificado como un mensaje secreto, comienza la historia.

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La diosa Ninsun, la Gran Diosa o la Sagrada Vaca o la Vaca Salvaje de los Cercados. Madre de Gilgamesh

Lugalbanda, padre de Gilgamesh y rey de Uruk

Lugalbanda, padre de Gilgamesh y rey de Uruk

Gilgamesh es rey de Uruk. Hijo del rey Lugalbanda y la diosa Ninsun. Cruel y despiadado, aplica el derecho de pernada sobre las novias, es decir, se acuesta con ellas antes que el propio novio; no respeta a los ancianos y maltrata a los jóvenes con los que se enfrenta en combates mortales. Es odiado y aborrecido por su propio pueblo, que eleva sus quejas a los dioses. Los dioses deciden crear a un enemigo que le ponga freno y la diosa Aruru da vida a una criatura salvaje llamada Enkidu, el hombre bestia.

Enkidu vive en los bosques con los animales, como una fiera más, aunque tenga forma humana. Los cazadores y los agricultores temen a la extraña fiera y el rumor llega hasta el rey Gilgamesh.

Gilgamesh decide enviar a una prostituta o una sacerdotisa, o tal vez una hieródula o sacerdotisa sagrada, a seducir a la bestia. Enkidu y la mujer, Samhat, se acuestan y a partir de ese día los animales ya no quieren saber nada de su antiguo amigo y lo rehúyen. A cambio, gracias a la mujer, Enkidu se ha convertido en un ser humano y ha alcanzado el conocimiento:

“Las bestias del monte
rehuyeron su contacto.

Mermado estaba Enkidu,
no trotaba ya como antes
pero ya tenía juicio
Y era vasto su saber”

Samhat le habla de la ciudad de Uruk y Enkidu arde en deseos de conocer ese nuevo mundo. Llega a la ciudad y se enfrenta al rey Gilgamesh, cumpliendo así el designio de los dioses.

No se sabe con exactitud el resultado del combate, que no se ha podido reconstruir por completo en los textos conservados. Se suele considerar que el vencedor fue Enkidu, pero no es del todo seguro.  Lo que sí se sabe es que tras el combate los dos enemigos se reconcilian y se convierten en grandes amigos.

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Combate entre Gilgamesh y Enkidu según la interpretación moderna de Neil Dalrymple

En busca de aventuras, Enkidu y Gilgamesh deciden enfrentarse al temible monstruo de los bosques llamado Huwawa. Comienza así la que se puede considerar la primera road movie de la historia, cuando los dos amigos se lanzan a la carretera o a los caminos de Mesopotamia, probablemente en dirección al actual Líbano, donde Huwawa reina en los bosques de cedros. También es, claro, la primera historia de colegas (buddies) aventureros, y por eso la he comparado con una película moderna como Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and Sundance Kyd) en Dos hombres y un destino: Gilgamesh y Enkidu.

Los dos amigos llegan hasta el bosque de los cedros y se enfrentan al monstruo, logran vencerlo, pero eso despiertan la ira de los dioses, porque el bosque y el monstruo estaban bajo su protección.

Gilgamesh vence al Toro Celeste

Gilgamesh vence al Toro Celeste

Después la diosa Innana/Ishtar/Astarté quiere seducir a Gilgamesh, pero él la rechaza, porque sabe que todos los amantes de la diosa acaban mal. Ella, furiosa, arroja contra Uruk al terrible Toro Celeste, pero los dos héroes lo matan. Ahora es cuando los dioses deciden vengarse y castigar a los imprudentes héroes. El problema es que la madre de Gilgamesh es una diosa, por lo que se conforman con matar a Enkidu.

Es en ese momento cuando Gilgamesh descubre que existe la muerte, viendo pudrirse ante él el cuerpo de su amigo. Es el primer relato, por tanto, en el que se describe la muerte en todo su fatalismo y en concreto la muerte de un amigo o amante, lo que será un tema recurrente en la literatura universal, por ejemplo en aquel relato de Malcom Lowry titulado Oscuro como la tumba en que yace mi amigo muerto, que casi parece una frase pronunciada por Gilgamesh:

“¡Una suerte cruel de un solo golpe
te ha arrancado de mí!
Ahora, ¿qué es este sueño
que se ha apoderado de ti?
¡De pronto, te has vuelto sombra
y ya no me escuchas!”

Este momento, que puede compararse con aquel en el el que el prícncipe indio Sidharta Gautama escapa del palacio de su padre y tras una vida de lujo y desidia descubre la enfermedad, la vejez y la muerte, inicia la primera gran búsqueda de la inmortalidad. Gilgamesh, aterrorizado por la perspectiva de enfrentarse al mismo destino que su amigo muerto, decide ir en busca de Utnapishtim, el hombre que sobrevivió al diluvio y ahora es inmortal.

Utanapishtim

Utnapishtim en su arca durante el diluvio. Representación original mesopotámica.

Tras diversas peripecias, Gilgamesh encuentra al mítico Utnapishtim, quien le cuenta la historia del diluvio y cómo el dios Enki le avisó de que los dioses querían aniquilar a toda la humanidad en un diluvio universal. Utnapishtim construyó una nave en la que embarcó a toda su familia y logró sobrevivir cuando, tras muchos días de lluvia, al arrojar un cuervo a la inmensidad del océano no regresó, lo que significaba que había tierra firme en la que desembarcar.

Cuando se descubrió este relato, los investigadores se quedaron asombrados por su semejanza con el relato bíblico del diluvio de Noé. Hoy ya nadie duda de que Utnapishtim (llamado Ziusudra en sumerio y Atrahasis en acadio) es la inspiración del Noé bíblico. Además del relato contenido en la Epopeya de Gilgamesh, en otro relato mesopotámico, el Atrahasis, se cuentan las razones que llevaron a los dioses a desear aniquilar a los seres humanos.

Tras contarle la historia del diluvio, Utnapishtim le cuenta a Gilgamesh cómo puede lograr la inmortalidad. Se sabe que uno de los requisitos es permanecer despierto durante siete días con sus noches. Gilgamesh no lo consigue y la inmortalidad se le escapa.

Cuando todo parece perdido, la esposa de Utnapishtim le pide que ayude a Gilgamesh y que al menos le revele el secreto que le permitirá recuperar la juventud. Utnapishtim cede finalmente a sus ruegos y cuenta a Gilgamesh que existe una planta en lo más profundo del océano que devuelve la juventud perdida. Gilgamesh se sumerge en el océano y regresa con la planta.

En vez de disfrutar él solo de la planta de la juventud, Gilgamesh demuestra que ya no es el rey cruel y egoísta que era antes de conocer a Enkidu y decide llevarla a Uruk, se supone que para que los ancianos del consejo también recuperen la juventud:

«La llevaré a la amurallada Uruk,
Haré a todos comer la planta.
Su nombre será
“El Hombre se hace Joven en la Senectud”.
Yo mismo la comeré
Y así volveré al estado de mi juventud».

En el camino se detiene junto a una poza de agua fresca y dormita un momento. Es entonces cuando una serpiente sale del agua y le roba la flor de la juventud.

Gilgamesh, desesperado, regresa a Uruk.

El poema acaba como empezó, describiendo la grandeza de la ciudad de Uruk construida por el rey Gilgamesh.

Es bastante llamativo que el primer relato de la historia reserve un triste final a su héroe, aunque al menos le queda el consuelo de ser más sabio.

Existen muchos más detalles en la historia, e incluso en la Tablilla XII, cuya relación con el relato principal es muy controvertida, Gilgamesh desciende al infierno y allí se reencuentra con Enkidu.

 

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El video de la exposición Uruk: 5000 años de una Megaciudad , del Museo de Pérgamo de Berlín puedes verlo aquí: Uruk. . La exposición ahora está en el Museo del Estado de Berlín.

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Los quantos de Planck: átomos de energía

Andreas-Osiander

Andreas Ossiander (1498-1552)

Cuando Ossiander publicó el De revolutionibus de Nicolás Copérnico, antepuso un prólogo, que se hizo célebre, en el que explicaba que la teoría de Copérnico que situaba a la Tierra en el centro del Sistema Solar no afirmaba que sucediera así en la realidad, sino que se trataba tan sólo de un artificio que facilitaba los cálculos, una herramienta matemática que simplemente “salvaba las apariencias” pero que no pretendía describir la realidad:

“Estas hipótesis no tienen por qué ser ciertas, ni siquiera probables. Pero sí proporcionan un cálculo consistente con las observaciones, lo que por sí solo es suficiente”.

Aunque este prólogo fue motivado por razones de prudencia, para evitar sufrir persecución religiosa, muchos grandes descubrimientos se propusieron por primera vez como una hipótesis para facilitar los cálculos o como una posibilidad que se sugería pero que se recomendaba no tomarse en serio. Así sucedió con las intuiciones de Henri Poincaré que anticipaban la teoría de la relatividad de Einstein, pero que el matemático francés descartó por parecerle un disparate. Algo parecido se puede decir de los átomos o quantos de energía que Max Planck propuso en 1900, pero sólo como un útil artificio matemático.

Planck

Max Planck (1858-1947)

Planck creía que la energía podía ser dividida sin límite, es decir, que no existía una unidad mínima de energía, pero se dio cuenta de que muchos cálculos se facilitaban si se suponía que había un quanto (del latín quantus, “¿qué cantidad?”) de energía.Sin embargo la idea le parecía demasiado absurda, pues era algo así como decir que la energía, por ejemplo un rayo de luz, se mueve dejando huecos o zonas por las que no pasa, como si saltase de un lugar a otro, sin pasar por los lugares intermedios.

Pero cinco años después Einstein recuperó la hipótesis de Planck y, en vez de considerarla un artificio matemático, afirmó que, efectivamente, existían unidades mínimas de energía, que la energía es corpuscular, como lo es la materia.

Eso planteaba una nueva dificultad, ¿cómo explicar entonces que la luz y otros tipos de energía se comportara como ondas continuas? Casi siempre en ciencia una respuesta da origen a otra pregunta.

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Este artículo está relacionado con “Filosofía de la mecánica cuántica” y puede servir para aclarar algunos aspectos, pero no pertenece al ensayo original. Es también un artículo en construcción, que será modificado y ampliado constantemente.

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 FILOSOFÍA DE LA FÍSICA CUÁNTICA

Introducción a la cuántica

La filosofía de la Mecánica Cuántica /1


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Chesterton contra Einstein

einstein_violinCuando Einstein, que era ateo, o al menos agnóstico, conoció ciertas conclusiones de la física cuántica, dijo que él no podía creer que Dios jugase a los dados. No podía aceptar un universo azaroso.

Chesterton, no era ateo ni agnóstico, sino católico ortodoxo, pero creía en un dios que juega a los dados, un universo en el que nunca se puede saber qué va a suceder en el momento siguiente, un cosmos caprichoso en esencia, que está sometido a los antojos de un Dios omnipotente que decide a cada instante qué va a suceder: cada vez que el tren atraviesa después de salir de Sloane Square, Dios decide si saldrá o no en la estación Victoria.

Chesterton se maravillaba ante este milagro cotidiano que Dios nos ofrecía, porque  cualquier día Dios podía decidir que el tren no saliese a la estación Victoria, sino en una selva de Tanganika o en los desiertos helados de la Antartida:

“Dice usted desdeñosamente que, después de Sloane Square, tiene uno que llegar por fuerza a Victoria. Y yo le contesto que bien pudiera uno ir a parar a cualquier otra parte; y que cada vez que llego a Victoria, vuelvo en mí y lanzo un suspiro de satisfacción”.

Quizá resulta llamativo que dos concepciones tan distintas del cosmos, la determinista de Einstein y la indeterminista de Chesterton, puedan usar a Dios como argumento probatorio, pero, al fin y al cabo, Dios ha sido empleado para demostrar casi cualquier cosa, incluida su propia existencia en el argumento ontológico de Anselmo de Canterbury: “Puesto que Dios es imaginable, Dios debe existir”.

Sin embargo, Einstein eligió mal la metáfora de los dados para referirse a lo imprevisible, porque no hay nada más previsible que el azar. Es cierto que cuando lanzamos un dado, estamos en manos del azar, y que puede aparecer cualquier número del 1 al 6. Ahora bien, si Dios tomase sus decisiones acerca de cualquier cosa, por ejemplo por dónde saldrá el tren al llegar a Londres, si lloverá mañana en Seúl o si a Juan Pérez le tocara la lotería el mes que viene, y lo hiciera lanzando millones de tiradas de dados, entonces nos resultaría muy fácil predecir lo que va a suceder, casi con el mismo grado de exactitud que en un mecanismo determinista o que en cualquier cálculo probabilista que tan buenos resultados dan en la ciencia moderna.

Porque, aunque al tirar un dado existen seis posibilidades, al tirarlo millones de veces podemos saber sin ninguna duda que cada uno de los números saldrá una sexta parte de las veces. A no ser que Dios juegue con dados cargados, claro. Una posibilidad inquietante para creyentes y ateos.

****

Nota en octubre de 2014: la explicación de lo que sucede en el universo como el lanzamiento  de dados no esta nada lejos de algunas interpretaciones de la mecánica cuántica, como insinuaba Einstein, pero, en mi opinión, quizá no se trata de una tirada de dados realizada por un dios, sino del resultado combinado de millones de tiradas de dados, que dan, como he sugerido en el artículo un resultado probabilístico casi determinista.

[Publicado en enero de 2014]

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Demócrito, todólogo

Democrito-estatuaEstobeo asegura que Demócrito dijo: “No desees conocer todo, pues te convertirás en ignorante en todo”.

Pierre Aubenque, siguiendo a autores griegos y latinos, afirma que Demócrito empezó Sobre la naturaleza, con las siguientes palabras: “Voy a hablar de todo”.

Tal vez en esas dos frases contradictorias del hombre que es considerado el fundador del atomismo, se esconde alguna paradoja perdida que explique su asombrosa divergencia, o tal vez la explicación sea como la de uno de los cuentos del padre Brown, el simpático curita detective creado por Chesterton. En el cuento, un crimen se explica y se resuelve a partir de unas comillas ausentes: el criminal ha recortado cuidadosamente la esquina de una página, con la única intención de eliminar las comillas de inicio de una novela y convertir el texto literario en el testamento de un suicida. Para evitar que esa esquina equívoca haga sospechar a la policía, el criminal se ve obligado a recortar de la misma manera todos los folios que hay en el despacho del muerto. Eso hace pensar a todo el mundo, menos al padre Brown, que el escritor tenía la manía de escribir en folios con una esquina recortada.

Leonardo-Da-VinciAlgo semejante hacen o hacemos quienes nos dedicamos a hablar con los muertos, es decir, con los autores del pasado. Seleccionamos los pasajes que coinciden con la interpretación que queremos presentar al mundo, ordenamos frases dispersas para que todas conduzcan a una única conclusión y recortamos las esquinas equívocas de cualquier discurso. La primera sentencia de Demócrito citada por Estobeo, la que nos recomienda no querer conocer todo, quizá tan solo una cita fuera de contexto. Quizá Demócrito dijo algo así como: “Hay quienes recomiendan que no desees conocer todo, pero yo opino que…”

Es posible que Estobeo recortase o aislase una frase equívoca, porque resulta difícil creer que Demócrito recomendara no interesarse por todo, él que fue el primer hombre universal, un tipo de personalidad al que se podría aplicar con toda justicia la expresión “hombre renacentista”, que, por cierto, sólo se puede aplicar con propiedad a Leonardo Da Vinci y a alguno de sus coetáneos en aquella época llena de especialistas.

El renacentista Demócrito investigó, hace más de dos mil años, casi todo lo visible y lo invisible o imaginable, como prueban los títulos de sus libros: Gran Cosmología, Sobre la valentía, Sobre los sentidos, Cuestiones atmosféricas, Sobre ritmos y armonía, Sobre agricultura, Sobre combates con armas pesadas, Sobre la fiebre y la tos provocada por enfermedad, Sobre las líneas inconmensurables, Sobre la piedra imán, Sobre la disposición de ánimo del sabio, entre varias decenas más, que prueban la diversidad de sus intereses. Resulta más sensato sin duda no creer a Estobeo y recordar lo que Aristóteles dijo de Demócrito:

“Parece haberse preocupado por todo y se distingue de los demás incluso en su forma de proceder, pues en general ningún filósofo trató tema alguno sino superficialmente, a excepción de Demócrito”.

Además, entre libro y libro, entre investigación e investigación, Demócrito, que prefería descubrir una ley causal antes que convertirse en rey de los persas, tuvo tiempo para crear el atomismo.

*******

[Publicado en 2004]

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ENSAYO “LA ÉTICA DE DEMÓCRITO Y ARISTÓTELES”

2.7 Conclusión

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2.6 Pensamiento, palabra y acción

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2.5 Lo bueno y lo malo y el criterio

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2.4 Acceso del hombre a la felicidad

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2.3 Los bienes exteriores

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2.2 La felicidad es el bien supremo y el fin de la vida

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2.1 La ética de Demócrito

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1.9 La felicidad en la adversidad

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1.8 ¿Cómo se puede acceder a la felicidad?

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1.7 Bienes exteriores: del cuerpo y del alma

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1.6 ¿Qué es la felicidad?

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1.5 La felicidad es un fin perfecto

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1.4 Refutación de la idea platónica de “Bien”

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1.3 La felicidad y los tres modos de vida

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1.2 El bien supremo es la felicidad

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1.1 Bienes y fines. La política y el bien supremo

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Introducción

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ÍNDICE

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Los soplos de la voz

Lectura del Zhuangzi /12

words4

El maestro Zhuang dice: “Las palabras no son como el soplar del viento”.

Esta es una frase que puede ser interpretada de muy diversas maneras. Una de ellas, de la que he hablado en Palabras en el viento, es que las palabras son algo más que simple aire, puesto que transportan un significado, tienen un sentido. Desde este punto de vista, el maestro Zhuang estaría negando aquella célebre expresión de los nominalistas medievales que decían que las palabras eran “flatus vocis”, soplos de la voz.

Ahora bien, los nominalistas no llegaban tan lejos como para negar que las palabras tuvieran significado, lo que decían es que los conceptos universales, como “bondad”, “belleza” o “divinidad” eran emisiones fonéticas, palabras con un significado, sí, pero no necesariamente con un referente. Es decir, que aquello a lo que se referían no tenía por qué existir. Existe Dios, pero no la “divinidad”, existe este hombre y aquel hombre pero no la “humanidad”.

pedroabelardoRoscelino de Compiègne (1050-1121),  fundador del nominalismo y autor de la comparación entre los universales y los “flatus vocis” fue obligado a retractarse de sus enseñanzas, ya que, siguiendo su interpretación, era absurdo decir que exista algo que se corresponda con la palabra “Trinidad”, lo que existe, en todo caso es el Dios padre, el Dios hijo y  el Dios Espíritu Santo, lo que nos aleja de ese monoteísmo-trialismo inexplicable e incomprensible que adoptaron los cristianos y desemboca en la herejía del triteísmo, tres dioses o al menos tres sustancia diferenciadas. Sin embargo, su discípulo Abelardo y otros  filósofos como Guillermo de Ockham, conservaron el nominalismo, aunque teniendo mucho cuidado de aplicarlo a la Trinidad.

Los nominalistas, en definitiva, decían que los conceptos universales eran sólo “flatus vocis”, conceptos que tenían más sentido que el viento, pero que no se correspondían con algo existente en sí. Admitían que  algunas palabras podían tener una correspondencia en el mundo de las cosas existentes (incluyendo entre esas cosas existentes a Dios mismo), pues las significaban, por ejemplo, la palabra “pan” referida a una barra de pan. Incluso podía haber palabras que se refiriesen a cosas no existentes o no dotadas de individualidad sustancial, pero imaginables, como la “bondad” entendida como una cualidad aplicable a cierto tipo de acciones o pensamientos. Desde este punto de vista, cuando Zhuang dice que las palabras no son como el soplar del viento estaría diciendo que las palabras tienen significado (tesis de los nominalistas) o incluso que tienen algo más que significado (tesis de los realistas).

Sin embargo, la frase del Zhuangzi se interpreta a menudo en un sentido completamente opuesto: Zhuang no estaría despreciando al viento al decir que las palabras son algo más que el soplar del viento, sino todo lo contrario. Estaría despreciando a las palabras, diciendo que no llegan ni de lejos a las virtudes que sí tiene el viento. Esa es la intrerpretación que ofrece Preciado Ydoeta en su traducción del Zhuangzi::

“La palabra procede de un prejuicio, es algo intencional, no como el viento, que es totalmente espontáneo y natural”

Es decir, Zhuang no estaría diciendo: “La palabra no es como un simple viento o aire porque la palabra, además, expresa razones y tiene significados“, sino “La palabra no es como el viento o el aire porque la palabra no es natural y carece de la espontaneidad del viento“.

Preciado Ydoeta opina que Zhuang no solo da un sentido negativo a las palabras, sino que da un sentido positivo al viento. Veamos de nuevo el pasaje que ya cité en Palabras en el viento, pero ahora en la traducción de Pilar Gómez España y Jean Claude Pastor Ferrer:

“La palabra no está hecha sólo de aire,
la palabra tiene un decir,
pero lo que dice no es nunca fijo.
¿En verdad existen las palabras?
¿En verdad se diferencian del piar de los pájaros?“.

Es una traducción que parece acercarse más a mi interpretación, pero recordemos ahora la traducción de Preciado Ydoeta:

“La palabra no es como el soplar del viento. El que habla expresa razones, mas estas razones no son algo permanente. ¿Habla realmente? ¿O es que acaso no habla? Imagina que sus palabras son diferentes al piar de un pajarillo. ¿Se distinguen? ¿O acaso no se distinguen?

Aquí la traducción parece haber variado lo suficiente para favorecer otra interpretación. Hay razones muy poderosas a favor de la interpretación de Preciado Ydoeta, en especial el hecho innegable de que en los primeros pasajes del Zhuangzi se hace un elogio del viento y de lo que el viento expresa al moverse entre las oquedades de la tierra. Sin embargo, aunque creo que es cierto que Zhuang es crítico con la palabra y elogioso con el viento, creo que en el fragmento que nos ocupa se refiere al viento de la manera más común, como a algo que carece de significado, o al menos del significado atribuido a las palabras.

Enseguida veremos la crítica al lenguaje y a las palabras, al razonar mismo, que hace Zhuang, pero antes quiero avanzar una tesis personal. No tengo noticia de que ningún intérprete del Zhuangzi haya llegado a este planteamiento. Tiene que ver, precisamente con ese elogio del viento que hace Zhuang en los primeros capítulos de su libro.

Continuará…

***********

He hablado de la polémica entre realistas y nominalistas (que no hay que confundir con la poelémica realistas-idealistas, en El cristianismo, tan cerca y tan lejos)

******

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Palabras en el viento

Lectura del Zhuangzi /11

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“La palabra no es como el soplar del viento. El que habla expresa razones, mas estas razones no son algo permanente. ¿Habla realmente? ¿O es que acaso no habla? Imagina que sus palabras son diferentes al piar de un pajarillo. ¿Se distinguen? ¿O acaso no se distinguen?

¿Cómo ha podido ocultarse el tao hasta el punto de aparecer la distinción entre lo verdadero y lo falso? ¿Cómo se ha podido ocultar la palabra hasta el punto de aparecer la distinción entre el “es” y el “no es”? ¿Hay lugar donde el tao no exista? ¿Será imposible la palabra?

 [Zhuangzi Libros interiores Libro 2. Qí wù lùn (齊物論). Capítulo 1.Identidad de las cosas y discursos (o  Identidad de los seres) Apartado III]

 

Si en el pasaje anterior (“El maestro de todos”) encontré ciertas dificultades de interpretación básica, aquí también las encuentro, aunque no por las mismas razones.

Pensemos en la primera frase: “Las palabras no son como el viento”.  Yo la interpreté en una ocasión en cercanía con frases como la shakesperiana “La sangre es más espesa que el agua”.

Entendí que Zhuangzi decía que las palabras no son mero aire, simple viento sin significado, a pesar de ser en esencia aire que se convierte en sonido. No son tan solo una emisión de viento que sale de nuestras bocas, porque también tienen significado. Eso es lo que parece confirmar la siguiente frase: “El que habla expresa razones, más estas razones no son algo permanente”, algo que podemos comparar sin duda con aquella sentencia clásica de griegos y latinos “Verba volant, scripta manent”, es decir, lo hablado vuela, lo escrito permanece, que es lo que dijo Cayo Tito al senado romano para resaltar lo importante que era los acuerdos quedaran escritos y no se hicieran mediante un pacto verbal, porque después esos pactos cada uno los recordaba según le conviniese. Desde este punto de vista podríamos intentar hacer una clasificación:

Aire: Que no significa nada.

Aire que significa algo pero no es permanente: la palabra oral.

Aire con significado y permanente: Lo escrito.

Esto nos podría llevar a muy interesantes reflexiones acerca de lo oral y lo escrito, porque al parecer la frase “Scripta manent verba volant” tiene dos interpretaciones por completo opuestas.

Lo habitual es entender que es un elogio a la permanencia que nos ofrece la escritura, frente a la volatilidad de lo hablado. Sin embargo, en la antigüedad parece que la interpretación preferida era otra: lo escrito está muerto, inmóvil, no cambia, mientras que lo oral está vivo y en perpetuo cambio, vuela de aquí para allá. Platón se refiere a esta condición defectuosa de lo escrito y elogia el discurso de Sócrates. La paradoja es que lo hace mediante diálogos escritos, en los que fija la imagen de Sócrates para la posteridad.

Sócrates por Johann Gottfried Schadow

Sócrates por Johann Gottfried Schadow

Es bastante común encontrar un desprecio a lo escrito y a las disputas filosóficas en textos filosóficos, como sucede en el pasaje que estoy comentando del Zhuangzi, que, como se puede comprobar, está expresado de una manera muy disputadora e intelectual.

Así, Zhuang zi se lamenta de esa perdida del tao:

¿Cómo ha podido ocultarse el tao hasta el punto de aparecer la distinción entre lo verdadero y lo falso? ¿Cómo se ha podido ocultar la palabra hasta el punto de aparecer la distinción entre el “es” y el “no es”?

El maestro Zhuang parece sufrir por esas continuas disputas y artilugios retóricos y sofísticos, por ese retorcerse del lenguaje, por ese cambiar el sentido de lo inmutable, pero él, en definitiva, no hace otra cosa a lo largo de todo su libro, por lo que nos encontramos, como sucede a veces con Platón, con uno de esos casos de esquizofrenia reflexiva, en los que un autor deplora el ingenio de manera muy ingeniosa. Baste con ver cómo termina el pasaje comentado:

“Cada una de estas escuelas afirma lo que la otra niega, y niega lo que la otra afirma. Si queremos afirmar lo que los otros niegan y negar lo que los otros afirman, nada mejor que una mente iluminada”.

¿Y por qué íbamos, nosotros que echamos en falta esa supuesta y mítica unidad de las cosas desear “afirmar lo que otros niegan y negar lo que los otros afirman”? ¿No sería eso alejarnos también del tao y jugar con los conceptos contradictorios?

La verdad es que, a pesar de mi afecto y admiración hacia Zhuang zi, siempre me ha molestado un poco la soberbia y la contradicción de los ingeniosos (y él los supera quizá a todos) que se quejan de que hay demasiados ingeniosos por el mundo. De los que critican que se haya perdido una supuesta indiferenciación pura primigenia a causa de tantas disputas y paradojas sin sentido, pero que se dedican fundamentalmente a crear nuevas y hermosas paradojas. Creo que eso no es jugar limpio.

Volvamos a lo de las palabras que vuelan y lo escrito que permanece. En El guión del siglo 21, al hablar de las novedades que suponía el mundo digital, propuse una variante de aquel clásico “Scripta manent, verba volant”, que es la siguiente: “Bytia volant et manent”. Es decir: “Los bits vuelan y permanecen”.

La distinción entre lo oral como cambiante y lo escrito como permanente se transforma y casi se diluye ahora, porque en el mundo digital de los ordenadores e internet lo textual se modifica continuamente (como hago yo cada vez que reviso una de estas entradas acerca del Zhuangzi), pero también permanece en un soporte que se puede compartir con otros, más allá del interior de mi cerebro y mi memoria. Incluso se podrían rastrear la evolución de cada texto, por ejemplo al recuperar las versiones anteriores (algo que ofrece el sistema que empleo para escribir estas páginas, WordPress).

Creo que lo importante es que no solo lo textual, sino también lo oral e incluso lo audiovisual (oralvisual) tiene en el mundo digital las características volanderas y cambiantes de la antigua oralidad y, al mismo tiempo, la permanencia que parecía reservada  a la palabra escrita, de ahí lo de scripta manent verba volant sed bytia volant et manent (Lo escrito permanece, lo hablado vuela, pero los bits vuelan y permanecen).

Pero todavía no se ha dicho todo acerca del viento y la palabra en Zhuangzi…

Continuará…

******

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Partículas y ondas

La filosofía de la Mecánica Cuántica /3

planck

Como vimos en ¿Ondas o partículas?, a finales del siglo XIX la Física tenía que convivir con dos explicaciones diferentes si lo que pretendía era explicar la materia (mediante la teoría corpuscular) o la energía y la luz (mediante la teoría ondulatoria).

Al contrario de lo que sucedía con la materia y sus átomos indivisibles, “la energía se consideraba infinitamente divisible, como un centímetro puede dividirse en infinitas unidades menores”.

Sin embargo, en el año 1900, Max Planck propuso la hipótesis del quanto de energía:

“Planck sugirió la existencia de un límite de tamaño mínimo, un ‘cuanto’ o ‘quanto’ (del latín ‘cuantus’, “¿de qué tamaño?”) de energía”.

planck-einstein

Max Planck y Einstein

La hipótesis del quanto o átomo indivisible de energía no fue tomada en serio, ni siquiera por el propio Max Planck (“Los quantos de Planck”), hasta que fue recuperada por Einstein en 1905 para explicar el efecto fotoeléctrico. Esto supuso un problema para los físicos, puesto que, como ya sabemos, había suficiente evidencia desde Thomas Young para considerar que la luz era una onda, pero ahora también la había para considerar que su naturaleza era corpuscular. ¿Cómo admitir que la luz fuera al mismo tiempo onda y corpúsculo?

Continuará…

 Ver también Anexos en 2014
El experimento de interferencia de Thomas Young
El modelo atómico de la materia
Los quantos de Planck
Citas de este capítulo
Hans J. Schneider: Física cuántica

*************

diletante-cuantica-aviso3

[Escrito por primera vez  después de 1994 y antes de 1996, como un trabajo universitario. La edición actual procede de la edición personal de 1998. No he introducido ningún cambio, más allá de correcciones de estilo para hacer más claro el texto y más agradable la lectura]

 FILOSOFÍA DE LA FÍSICA CUÁNTICA

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El modelo atómico de la materia

Durante el siglo XIX se produjo una extraña situación en la física y en el estudio de las radiaciones electromagnéticas (sonido, luz, electricidad…)

Por un lado, se consolidó la teoría ondulatoria de la luz gracias a los experimentos de Young y Fresnel (El experimento de interferencia de Young), venciendo a los partidarios de la teorías corpusculares, como Isaac Newton. Pero, por otro lado, los físicos recuperaron la teoría atómica de Demócrito y propusieron que la materia estaba compuesta de átomos o corpúsculos.

En 1803 John Dalton propuso que los elementos químicos, ya bien conocidos gracias a los trabajos de Lavoisier y otros investigadores, estaban compuestos de elementos básicos que, al combinarse, daban origen a moléculas diferentes y explicaban la existencia de compuestos tan diversos como el agua o el aire.

 

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John Dalton. Dalton padecía un problema visual y no veía los colores como las demas personas. Estudió su caso a fondo e incluso donó sus ojos a la ciencia. Aunque su explicación no fuera correcta, se dio su nombre al daltonismo, en reconocimiento a sus esfuerzos.

Otros investigadores, como Avogrado, solucionaron algunos detalles importantes acerca de cómo se combinaban elementos como el hidríogeno y el oxígeno, y el ruso Dimitri Mendeleiev propuso finalmente la célebre tabla periódica de los elementos que ordenaba todos los elementos conocidos. Aunque quedaban algunos huecos, posteriores descubrimientos fueron probando la corrección del orden propuesto por Mendeleiev.

En 1897 J. J. Thomson demostró que la electricidad también estaba compuesta por partículas, que él llamó corpúsculos, pero que enseguida fueron conocidas como electrones.

Pero existía un grave problema: la correspondencia o convivencia entre la teoría corpuscular o atómica de la materia, aceptada por casi todos (una excepción curiosa era Ernst Mach) y la no menos aceptada y demostrada naturaleza ondulatoria de la luz. La convivencia entre los fenómenos corpusculares de la electricidad y los ondulatorios de la luz planteaba ciertas dificultades y resultaba en sí misma extraña, quizá como hoy en día resuilta la convivencia entre la teoría relativista y la cuántica.

***********

Este artículo está relacionado con “Filosofía de la mecánica cuántica” y puede servir para aclarar algunos aspectos, pero no pertenece al ensayo original. Es también un artículo en construcción, que será modificado y ampliado constantemente.

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[Escrito por primera vez  después de 1994 y antes de 1996, como un trabajo universitario. La edición actual procede de la edición personal de 1998. No he introducido ningún cambio, más allá de correcciones de estilo para hacer más claro el texto y más agradable la lectura]

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