Hedvige y Casanova, sexo y teología

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /2
LA MITAD OCULTA

Christ and the Woman of Samaria 1828 George Richmond 1809-1896 Presented by the artist's family 1897 http://www.tate.org.uk/art/work/N01492

Christ and the Woman of Samaria 1828 George Richmond 1809-1896 Presented by the artist’s family 1897 http://www.tate.org.uk/art/work/N01492

Tras las discusiones teológicas de los útimos días, Casanova aunque atraído por Helena, la hermana de la bella teóloga, cada vez se siente más seducido por Hedvige:

“La asombrosa muchacha conversaba de teología con tanta suavidad y daba a la razón un atractivo tan poderoso, que era imposible no sentirse seducido, cuando no convencido. Nunca he visto a un teólogo capaz de discutir espontáneamente los puntos más abstractos de esa ciencia con tanta facilidad, abundancia y auténtica dignidad como aquella persona joven y bella, que durante la comida acabó de inflamarme”.

Tras la comida, Casanova va a pasear con las dos hermanas. Hedvidge le dice que, tras la conversación acerca de Jesucristo y la samaritana, un teólogo “tonto y fanático” se escandalizó y le dijo que Jesucristo no habría podido fecundar a la samaritana y que, si fuera hombre, le explicaría el motivo. “¿A qué se refería?”, pregunta, y enseguida confiesa que, en cuanto a la conformación del hombre, sólo está informada por la teoría, las lecturas y la contemplación de estatuas, y que no tiene ninguna práctica. Casanova dice que está dispuesto a explicárselo, pero que tendrá que permitirle que le hable claramente.

– Vuestro teólogo quería deciros que Jesús no era susceptible de erección.

– ¿Qué es eso?

– Dadme la mano.

– Lo noto, y ya me lo imaginaba, pues de no ser por este fenómeno de la naturaleza, el hombre no podría fecundar a su compañera. !Y el tonto del teólogo pretendía que eso era una imperfección!

– Sí, pues este fenómeno se deriva del deseo -explica Casanova.

El veneciano inicia entonces una conversación seductora, que va ilustrando con la práctica: el fenómeno se ha operado en él, explica, al imaginar, al ver la belleza de Hedvige, otras belleezas ocultas.

– ¿Al sentir esta dureza -pregunta-, no experimentáis un prurito agradable?

– Sí, dice ella, y precisamente en el lugar que estáis apretando.

Sin perder el tono filosófico, la joven teóloga pregunta a su prima Helena si no siente lo mismo “al escuchar el justísimo discurso que nos hace el caballero”.

– Por supuesto, dice Helena, pero es algo que noto a menudo sin necesidad de discurso alguno.

– ¿Y no sentís la necesidad de aplacarlo de esta manera? -pregunta Casanova aludiendo a aquello que está haciendo su mano quizá ya bajo las faldas de Helena.

Helena dice que no, pero Hedvige confiesa que “incluso dormida, se me va la mano en esa dirección, como por instinto; y he leído que si no tuviéramos ese alivio, sufriríamos las más espantosas enfermedades”.

Siguiendo con su entretenida charla, llegan a una caleta, y Casanova propone a las dos jóvenes meter los pies en el agua. Les quita los zapatos y ellas entran en el agua subiéndose las faldas. Cuando salen, él las seca con sus pañuelos y les pone las medias y los zapatos. De nuevo ellas comprueban el fenómeno de la naturaleza que se produce en Casanova.

Poco después, se refugian en un pabellón donde se produce otro fenómeno: “Una abundante emisión de licor”. “Es el verbo -dice Casanova- el gran creador de los hombres”. A Helena le parece delicioso y Hedvige afirma que también ella tiene el verbo y puede demostrarlo “si esperáis un momento”. Tras diversos juegos, el asunto no va a mayores, pero ellas prometen a Casanova pensar en la posibilidad de un encuentro más íntimo, una vez que Casanova les asegura que no hay riesgo gracias a los saquitos ingleses que siempre lleva consigo.

condom-newsweek

Saquito inglés, primitivo condón

Volvamos a la teología.

Casanova y las dos hermanas regresan junto a los comensales y Hedvige responde a la pregunta de si Eva engañó a su marido haciéndole comer la manzana. No le engañó, dice ella, sino que se limitó a seducirle con la esperanza de darle una perfección más. Además, Eva no había recibido la prohibición del propio Dios, sino de Adán. Se levantan murmullos y el tío de Hedvige se ve obligado a decir que su sobrina no es infalible. “Lo soy tanto como las Sagradas Escrituras cuando a ellas me refiero”, afirma ella. Van a comprobarlo y, efectivamente, constatan que la prohibición precedió a la creación de la mujer.

La siguiente pregunta es si la manzana ha de entenderse como un símbolo (de la seducción sexual, claro). Hedvige responde que no, pues no hubo ayuntamiento entre Adán y Eva en el jardín del Edén. La prueba es una nueva cita bíblica.

La curiosidad me ha llevado a comprobar por mí mismo las afirmaciones de Hedvidge.

En Génesis 2.16, Yahvé, en efecto, prohíbe a Adán comer del árbol de la ciencia del bien y del mal y no es hasta el versículo 18 que decide crear a Eva. Parece, pues, que la prohibición no fue hecha por Dios a Eva aunque, cuando la serpiente pregunta a Eva si Dios les ha prohibido comer del árbol, ella dice que así es, lo que tal vez puede entenderse como que hubo una segunda prohibición de Dios, pero lo cierto es que eso no está escrito. En cuanto al segundo asunto, es cierto que sólo después de la expulsión del Paraíso, Adán conoció a su mujer (Gen. 4.1).

El siguiente en intervenir en esta  interesante reunión es el dueño de la casa, el señor Tronchin, que quiere saber si basta con la lectura del Antiguo Testamento para establecer la inmortalidad del alma. Hedvige responde que el Antiguo Testamento no enseña ese dogma, pero que se puede establecer por la razón:

– Lo que existe ha de ser necesariamente inmortal, ya que la destrucción de una sustancia real es algo que repugna a la Naturaleza y al pensamiento.

– ¿Y se establece en la Biblia la existencia del alma? -pregunta Tronchin.

– La idea salta a la vista: el humo siempre revela un fuego que lo produce.

– ¿Y puede pensar la materia?

Aquí Hedvige sabe que se mueve en terrenos peligrosos, así que responde con cautela:

-Eso no os lo diré, pues no me corresponde a mí; pero sí os diré que, como creo que Dios es todopoderoso, no puedo ver razón suficiente para inferir que no sea capaz de dar a la materia la facultad de pensar.

Una excelente respuesta, me parece.

Cuando se insiste en que Hedvidge dé su opinión, la bella teóloga dice:

– Creo que tengo un alma mediante la cual pienso; pero ignoro si, después de mi muerte, mi alma recordará que hoy he tenido el honor de comer en vuestra casa.

-Pero, si podéis creer en que vuestra memoria no pertenezca a vuestra alma, en tal caso ya no serías teóloga, dice Tronchin.

Ante esto, Hedvige parece hacer profesión de escepticismo al estilo de Montaigne:

– Se puede ser teóloga y filósofa, pues la filosofía no hace daño a nada, y el decir ignoro no quiere decir .

Arrecian los aplausos y el pastor pide a Casanova que haga una pregunta a su hija. “Sí”, dice ella, pero que sea algo nuevo.

Decidme si para comprender una cosa es necesario comenzar por el principio.

– Es indispensable; y por eso, como Dios no tiene principio, es incomprensible.

– Dios sea loado, señorita: esa es la respuesta que yo quería. Decidme, entonces, si Dios puede conocer su existencia.

– ¡Bien! Hasta aquí no llega mi ciencia; no sé que responder. Caballero, eso no es muy cortés.”

En efecto, dice Casanova, pero ella le pidió algo nuevo, y algo nuevo es ponerla en un aprieto.

Este aprieto en el que Casanova pone a Hedvidge tiene que ver de nuevo con lo que se llaman las imposibilidades de Dios: si para conocer uan cosa hay que empezar desde el principio y Dios no tiene principio, entonces Dios no puede conocerse a sí mismo. Ya en la primera parte vimos otra imposibilidad de Dios referida a si Dios podía vountariamente ignorar lo que iba a suceder.

Finalmente, Hedvige aventura que Dios, como es omnisciente, conocerá su propia existencia, pero que no puede decir más. Los comensales se quedan con la sensación de que Casanova es un ateo galante, “pues está demasiado extendida por la buena sociedad la costumbre de verlo todo superficialmente; pero poco me importaba a mí parecerles ateo o creyente”.

El turno pasa ahora al señor de Ximénès, que pregunta si la materia ha sido creada. Hedvige responde (y en esto Hedvidge, en mi opinión, se aparta de las Sagradas Escrituras) y argumenta, de manera semejante a Lucrecio, lo siguiente:

– No conozco la palabra creada. Preguntadme si la materia ha sido formada, y mi respuesta será afirmativa. La palabra creada no puede haber existido, pues la existencia de la cosa ha de preceder a la formación de la palabra que la designa.

Crear, dice la joven, significa sacar de la nada y ya se ve el absurdo, pues entonces “hay que suponer la nada precedente… ¿creéis que la nada es algo creable?”.

Cuando preguntan quien ha sido el preceptor de Hedvige ella dice que su tío, pero él asegura que no. En su opinión, su sobrina “lee, piensa y razona quizá con excesivo atrevimiento, pero me gusta porque siempre acaba por decir que no sabe nada”.

Una dama pregunta cómo se puede concebir que el espíritu actúe sobre la materia y ello da ocasión a Hedvige de mostrar sus conocimientos filosóficos:

– No se puede construir sólidamente sobre una idea abstracta [del espíritu]. Hobbes las llama ideas vacías; se puede tenerlas, pero hay que dejarlas en reposo, pues cuando se quiere profundizar sobre ellas, se cae en la sinrazón… según nuestras percepciones nos vemos obligados a admitir que no se puede hacer nada sin órganos; ahora bien, como Dios no puede tener órganos, ya que le concebimos como espíritu puro filosóficamente hablando, Dios no puede vernos, igual que nosotros no podemos verle. Pero Moisés y otros le vieron, y lo creo sin meterme a examinar la idea.

Hobbes

Thomas Hobbes

Casanova dice que hace bien, pero que, si lee a Hobbes corre el peligro de hacerse atea, a lo que ella responde que no tiene miedo de eso, pues ni siquiera concibe la posibilidad del ateísmo.

En fin, después de esta filosófica comida, Casanova consigue ver a las dos primas, tras permanecer escondido durante cuatro horas en un lugar que ellas le indican. El juego amoroso se inicia sin dejar de lado la filosofía: cuando llega el momento de desnudarse, Hedvige vence su rubor citando a Clemente de Alejandría, que dice que la vergüenza no está sino en la camisa.

En posteriores encuentros con Helena y Hedvige, cada vez más atrevidas, la joven teóloga aprovechará para filosofar sobre el placer. Algún necio pensará que esa no es una buena manera de entregarse al placer, pero yo no comparto esa opinión, y Casanova, está claro, tampoco.

Llega la despedida y ellas se muestran muy tristes. Casanova promete volver a verlas antes de dos años: “y no tuvieron que esperar tanto”. Sin embargo, no he encontrado en las Memorias ese nuevo encuentro, lo que es una verdadera lástima.

 

 

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esklepsis-portada4

[Publicado en 1995]

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GIACOMO CASANOVA

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El fenómeno fan en economía
||Contra el juicio instantáneo / 3. La economía

Adam SmithDespués de hablar de hablar de los problemas del juicio automático en ¿Somos cebras o termostatos? y del automatismo político en Animales políticos, en esta ocasión seré un poco más breve, porque mucho de lo que dije acerca de la política es también aplicable a la economía.

En los últimos tiempos, los españoles (y supongo que también los griegos, los portugueses, los alemanes y los italianos) nos hemos convertido en verdaderos expertos en economía. Se trata de un área del conocimiento que hasta poco antes de la crisis nos aburría, porque nos resultaba tediosa y casi arcana, pero que ahora parece ser un terreno de discusión accesible a cualquiera y en el que se puede no solo opinar con soltura, sino también pontificar y afirmar con plena seguridad cualquier cosa imaginable. No solo los periódicos, las tertulias de radio y televisión, sino también los bares, las cafeterías y en especial internet y las redes sociales, rebosan de economistas, algunos profesionales; el resto, recién llegados que compensan su falta de conocimiento con un entusiasmo y seguridad en sí mismos dignos de mejores causas.

Sospecho que la mayoría de los que creen tener respuestas económicas para todo ignoran cuál es el estatus científico que los filósofos de la ciencia conceden a la economía en su aspecto predictivo: consideran que se halla bastante cerca de la astrología, el tarot o la lectura de hígados de palomas, es decir, su valor predictivo es cercano a cero. O, mejor dicho, puede alcanzar un valor cercano al 50%  si se trata de elegir entre dos respuestas  opuestas: ¿mejorará la economía o no mejorará la economía?, ¿bajará el paro o no bajará el paro?, ¿saldra cara o saldrá cruz si lanzo una moneda?.  Es célebre el experimento que hizo durante varios meses un periódico de Estados Unidos , al ofrecer en paralelo la predicción de varios expertos económicos y la de un grupo de indocumentados que cada día tiraban los dados para ver si las acciones de cada empresa subirían o bajarían. El grado de acierto de unos y otros fue muy bajo, pero lo interesante es que ese grado de acierto fue casi idéntico para los expertos económicos y para los farsantes.

A pesar de todo lo anterior, hoy en día, al menos en España, todo el mundo parece tener claro cómo salir de la crisis y qué medidas hay que tomar, qué debe hacer Alemania y el Banco Central y qué debería hacer Grecia. No niego que en ocasiones se encuentran opiniones mesuradas y complejas, que muestran que alguien se ha tomado la molestia de analizar la situación y que, en consecuencia, ofrece un análisis discutible, como lo es inevitablemente cualquier opinión en el terreno económico, pero lo habitual es encontrar, en vez de opiniones y análisis,  pronunciamientos categóricos. Y lo que es peor, esos pronunciamientos se producen a diario.

Paul Krugman, por David Smith

Paul Krugman, por David Smith. Tras la burbuja de las puntocom, Kugman recomendó crear “una burbuja inmobiliaria para reemplazar la burbuja del Nasdaq”

Grandes ídolos se construyen y se derriban de un día para otro, Krugman, Stiglitz, Varoufakis, que sirven para defender cualquier caso o hipótesis imaginable. Un ejemplo curioso es el de Paul Krugman, que ha servido para defender el keynesianismo, es decir el liberalismo, pero también la socialdemocracia, pero también para la intervención masiva del estado poniendo a fabricar la máquina de hacer billetes, pero también para recomendar medidas como la moneda de un millón de dólares, pero también para criticar la burbuja inmobiliaria que trajo esta crisis, pero también para recomendar la creación de burbujas inmobiliarias, algo que, en efecto, él mismo defendió explícitamente antes de que la crisis estallara, añadiendo que eran beneficiosas para la economía.

Quizá tenga que aclarar de nuevo que no es mi intención aquí discutir si Krugman o cualquier otro economista tiene razón o si sus argumentos son buenos, malos o regulares. Lo menciono a él por ser uno de los que tiene más fans o seguidores entusiastas, y también más detractores enfurecidos. Podemos llegar a plantearnos y discutir si es bueno imprimir la moneda de un millón de dólares o crear una nueva burbuja de deuda (ahora no inmobiliaria y privada, sino pública), o si la burbuja inmobiliaria fue o puede ser positiva, o si Grecia debe pagar o no pagar la deuda para así poder contraer nuevas deudas. Quizá llegaríamos a interesantes conclusiones a favor o en contra de cada una de estas ideas. Yo mismo, como otro de esos economistas de ocasión, he reflexionado acerca de algunos de esos asuntos y creo haber aprendido algunas cosas interesantes. El problema es que todo ese conocimiento económico del que hacemos gala a diario es solo para aparentar, para indignarse o para pontificar. A casi nadie le interesa plantearse esas u otras cuestiones con el objetivo de buscar con honestidad la verdad económica, que, como ya he dicho, es una verdad muy frágil. Lo que interesa, al acudir a Stiglitz, Varufakis, Krugman, José Carlos Díaz o cualquier otro es, simplemente, emplear lo que en la Edad Media se llamaba Argumento de Autoridad: recurrir a alguien, de preferencia un premio Nobel, que diga en un momento dado algo que coincide con lo que dicen los nuestros o con lo que pensamos nosotros.

Kahneman - pensarPara terminar, insisto, como hice en el capítulo anterior, en que aquí también hace falta un poco más de reflexión, de pensar despacio. No viene mal recordar que el psicólogo Daniel Kahneman ganó el premio Nobel de economía porque analizó las malas decisiones económicas que llevamos a cabo llevados por nuestros sesgos cognitivos, que nos hacen ver tan solo lo que coincide con nuestros intereses, gustos, preferencias, prejuicios, manías o ideologías. Tiempo después de recibir el Nobel, Kahneman escribió un magnífico libro llamado Pensar rápido, pensar despacio, donde recomienda, como hago yo aquí, siguiéndole a él, pensar despacio. Desactivar, en definitiva, la metralleta de la opinión instantánea.

Taleb - El cisne negroTermino con una observación que hace Nassim Nicholas Taleb en El cisne negro: quienes creen estar mejor informados porque consultan a diario las cotizaciones de bolsa, en realidad están menos informados, porque viven sometidos a un vaivén de opiniones cambiante y frenético, de subidas y bajadas, de angustias y alegrías repentinas, que les convierte en incapaces de contemplar con distancia el fenómeno económico. No se aprende nada viendo el cambio diario de la bolsa, como no se ve nada si situamos el objeto de nuestra atención pegado a nuestro ojo: hay que mantener cierta distancia para enfocar.

Tampoco se aprende nada, ni se piensa mejor, si cada día manifestamos nuestra opinión instantánea acerca de cada nuevo acontecimiento político o económico. Deberíamos concedernos un poco de distancia y perspectiva y no sentirnos obligados a manifestar continuamente juicios de valor que, además de ser equivocados casi siempre, condicionan nuestra manera de pensar y acaban por obligarnos a defender cosas que ni siquiera nos gustan, o a combatir otras que hasta hace unos días nos gustaban. Pensar que en economía las soluciones son evidentes es una verdadera insensatez, por lo que deberíamos ser más prudentes, ya que casi todos los análisis económicos que se escuchan en las tertulias o se leen en internet y las redes sociales no son otra cosa que explicaciones a partir de lo que ya ha sucedido. Una vez que ha pasado algo, la demostración de que tenía que pasar siempre parece evidente: post hoc, ergo propter hoc (Una vez que algo ha sucedido se explica con facilidad por qué ha sucedido).

*************

 [Escrito en la Escuela de cine de San Antonio de los baños (Cuba), en febrero-marzo de 2015]

CONTRA EL JUICIO INSTANTÁNEO

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Sherlock Holmes no está enterrado en Spoon River

La vida secreta de Sherlock Holmes /3

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«Desde el punto de vista de la ficción, es cierto que Sherlock Holmes vivía en Baker Street y, desde el punto de vista de la ficción, es falso que viviera en las orillas del río Spoon».

Umberto Eco, Confesiones de un joven novelista

 

Spoonriver 2

Umberto Eco se refiere, por supuesto, al río Spoon de la ficción, el de la Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters, que contiene los epitafios de un pueblo imaginario de Illinois.

Umberto Eco cita una encuesta de 2008 que demuestra que la creencia en la realidad de Sherlock Holmes todavía pervive entre los propios británicos, que le otorgan más realidad que a algunos personajes históricos:

«Leí hace poco que, según una encuesta, una quinta parte de los adolescentes británicos cree que Winston Churchill, Gandhi y Dickens eran personajes de ficción, en tanto que Sherlock Holmes y Eleanor Rigby eran reales».

Es llamativo, sin duda, pero comprensible, que tantos admiradores y turistas incautos crean en la existencia de un personaje de ficción, pero quizá resulte más asombroso descubrir que decenas de investigadores, pertenecientes a todo tipo de disciplinas científicas, tratan a Holmes como a un colega.

spoonriver

Ninguno de ellos es Sherlock Holmes

En No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes, el lector podrá descubrir que personas muy bien informadas consideran a Sherlock Holmes un precursor de sus diversas disciplinas y que incluso presumen de haber sido influidos por él, tanto o más que por sus maestros en la facultad o en los laboratorios. Porque sucede, en efecto, que Sherlock Holmes no solo era detective.

Eso es algo que empecé a descubrir no sé exactamente cuándo, pero sí recuerdo que un momento de revelación tuvo lugar al leer la crónica de una conferencia de Umberto Eco, en la que imitó el método de Holmes y declaró que Holmes había sido el primer gran semiólogo conocido. Esa era, al parecer, otra de las profesiones de Holmes, pero con el paso de los años descubrí muchas más, porque la bibliografía acerca de la relación de Sherlock Holmes con diversas disciplinas científicas es impresionante, pero lo más asombroso es que los autores que se ocupan del tema apenas se refieren a Conan Doyle, sino que atribuyen todos los méritos a su personaje.

Un ejemplo es lo que dice el filósofo de la ciencia Wulf Rheder al concluir su estudio acerca de las aportaciones del detective a su disciplina: «Espero que nuestro estudio de Sherlock Holmes como detective filósofo haya llevado al reconocimiento de su genio como pensador creativo en la metodología del descubrimiento». El semiótico Sebeok define a Holmes como «semiólogo asesor» y Marcello Truzzi lo considera un «experto en psicología social aplicada» y criminólogo. El propio Sigmund Freud manifestó en más de una ocasión su admiración por las historias de Sherlock Holmes. No es extraño, porque a menudo se ha observado que a veces Holmes parece psicoanalizar a sus clientes. Como es obvio (luego se verá por qué) se ha comparado a Holmes con un médico, y hoy en día la actualización del detective que nos acude a la cabeza es la del televisivo doctor House, que debe descubrir la explicación de enfermedades rarísimas a través de pistas no menos extrañas. Otros autores lo han relacionado con la lógica moderna, y ya hemos visto que Rehder lo llamaba «detective filósofo», aunque otros prefieren describirlo simplemente como filósofo, o como filósofo de la ciencia.

Mi intención en No tan elemental ha sido revelar la multifacética personalidad de Sherlock Holmes y mostrar todas las contribuciones que hizo, o que se le atribuyen a todo tipo de ciencias y artes, así como intentar entender las razones de esta influencia y descubrir los métodos y habilidades que han hecho que el nombre del detective no figure tan solo en las historias de la literatura sino en las de la ciencia y el pensamiento.

Ahora bien existe otro misterio que afecta no solo al célebre detective, sino también a su un poco menos célebre autor, Arthur Conan Doyle.

Continuará…


La bibliografía acerca de Holmes puede consultarse hasta el año 1974 en Wold Bibliography of Sherlock Holmes and Dr.Watson, de Ronald Burt de Waal.

[Esta entrada ha sido escrita a partir de capítulos inéditos de No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes, que finalmente no incluí en el libro]


Notanelemental-portada

No tan elemental
Cómo ser Sherlock Holmes.
Daniel Tubau
A la venta en todo el mundo
Amazon, La FugitivaRafael Alberti,Laie…)


carlos-garcc3ada-gualCarlos García Gual ha dicho de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes:
Es una mis mejores lecturas  de ensayos literarios en mucho tiempo, tanto por su originalidad como por su estilo. Y sobre un tema  para mí fascinante ya que me trae recuerdos de lecturas juveniles… Me tiene admirado su manejo de todos esos registros tan bien usados en esta trama tan erudita y esa disección tan inteligente, de fina “filología” (en el buen sentido de la palabra)… Creo que el resultado final es espléndido y muy divertido”.


 Wyoming-No-tan-elemental


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La vida secreta de Sherlock Holmes /3

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