Estructura y superestructura

|| Tucídides y la democracia /15

Herodoto y Tucídides.

Herodoto y Tucídides.

Arnaldo Momigliano, en relación con la imagen de Heródoto como “padre de la mentira”, como historiador inventivo y poco riguroso, señala que es que es precisamente Tucídides el responsable de la mala fama de Heródoto: “Es hasta demasiado obvio que Tucídides determinó en definitiva el veredicto de la antigüedad sobre su predecesor” (Momigliano, 137).

Por otra parte, para terminar con el tema de la veracidad de Heródoto, resulta que no es en los relatos coetáneos a él (como yo suponía) donde se ha podido comprobar que Heródoto ‘merece confianza’, sino que ha sido en su faceta de historiador de Oriente, gracias a los descubrimientos arqueológicos. Dice Momigliano que los orientalistas han escudriñado en este último siglo a Heródoto y “han establecido que describía de acuerdo con la verdad lo que veía, y refería honestamente lo que escuchaba”. Para la historia de las guerras médicas, continúa Momigliano, “no estamos en condiciones tan favorables porque nuestra fuente principal es justamente Heródoto”.

El propio Tucídides es el responsable de la mala fama de Heródoto. Click To TweetNo sé cuál es la originalidad, o las originalidades, de Tucídides pues aún no he leído toda su obra [en el momento de hacer esta investigación, en 1991]. A primera vista, me parece que uno de sus rasgos más originales es precisamente el dedicarse a narrar con todo detalle el presente, que con el tiempo se convertirá en pasado, en historia, y el incorporar la franqueza de los sofistas al tratar los acontecimientos humanos. También el destacar la influencia de la estructura, lo que le ha valido ser equiparado con los marxistas, aunque,  sin embargo, va en detrimento del absoluto desprecio que muestra por la superestructura, privándonos de informaciones sobre la cultura ateniense y de otros lugares, que habrían sido simplemente maravillosas y muy útiles para comprender las verdaderas causas de la guerra. Tan sólo le interesa, como dice Otto Regenboen “el factor político-militar del poder, no los cuadros etnográfico-geográficos en que abunda Heródoto) en su característica multiplicidad”.

2016: Naturalmente, cuando hablo de estructura y superestructura me estoy refiriendo a la distinción marxista infraestructura-estructura-superestructura en su versión popular. Digamos que no de un modo muy riguroso. Simplemente, lo que todo el mundo entendía entonces, y que escuchabas una y otra vez: la superstructura es la cultura, la filosofía, la religión y todo el sistema simbólico de la sociedad; la estructura comprende las políticas económicas y cosas como las relaciones de parentesco; la infraestructura son los medios de producción y la fuerza de trabajo, la tecnología, etc. Pero insisto, que este uso que yo hacía era el popular, sin entrar en grandes detalles o precisiones y a veces, por ejemplo, no teníamos muy claro si cosas como las instituciones sociales (tribunales, escuelas, etc) eran estructura o superestructura, probablemente porque la verdadera diostinción era entre infraestructura (o base) y superestructura, así que la estructura quedaba ahí en un terreno de nadie.

La decadencia del marxismo como teoría dominante en los círculos intelectuales había comenzado un tiempo antes, pero se había desmoronado de manera brusca, y al parecer definitiva, tras la caída del muro de Berlín, en 1989. Lo que unos días antes todavía era para muchos una ciencia llena de deslumbrantes leyes, se vino abajo como los ladrillos del célebre muro. Eso impidió, por cierto, que yo mismo llevara a cabo otra investigación que le prometí a mi amigo Marcos, acerca del marxismo, porque ya no parecía razonable perder el tiempo en ello, ahora que de pronto ya nadie creía en su verdad irrefutable. Es una pena, porque en ese momento podría haber escrito algo interesante, y aunque ahora en ciertos círculos el marxismo ha reverdecido un poco, ya no tengo ánimos ni tiempo para leer todo lo que leí entonces acerca del tema. Además de que, excepto algún pasaje aquí y allá, es un tipo de lenguaje y método científico extremadamente aburrido, pedantesco y fatuo. Hoy resulta difícil creer que cualquier intelectual o persona que se preciara de tener algo de cultura repetía las fórmulas marxistas con absoluto convencimiento y de una manera dogmática inatacable, a pesar de que, en muchos aspectos, ni siquiera las llegaban a entender. Naturalmente, hay otros materialismos diferentes del histórico y el dialéctico, como el materialismo cultural de Marvin Harris, y el hecho de que el marxismo no sea una ciencia no invalida todos sus aportes teóricos: no estoy seguro de si los términos infraestructura, estructura, superestructura fueron creados por Marx, pero tienen cierta utilidad, como es obvio. Karl Popper, en las antípodas de Marx, como es obvio, en su vejez adoptó una distinción en ciertos aspectos semejante, con su teoría de los Tres Mundos, que conozco sólo de manera ligera.

 

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2016]

TUCÍDIDES Y LA DEMOCRACIA

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Charlas y digresiones

|| Viaje a Lisboa \2

En el coche, todavía en España, comentamos la historia de Enkidu.

Shamhat y Enkidu

Shamhat y Enkidu

Enkidu, el amigo salvaje de Gilgamesh vivía en la selva con las fieras, que lo consideraban uno de los suyos. Para atraparlo, pues era un ser temible en su naturaleza salvaje, la gente de la ciudad manda a una prostituta (Shamhat). La prostituta se acuesta con Enkidu y a partir de ese día las bestias rehúyen a Enkidu.

Comentamos esto: cómo se asocia en varios mitos la civilización y la sexualidad.

Marcos recuerda un poema de Safo y un cuento de derviches que hablan de algo parecido. También está El libro de la selva de Kipling. Es un tema interesante para investigar.

(30-31 de diciembre 1998)


2016:

Es un tema que nos ha interesado mucho a Marcos ya mí, el de la sexualidad (la sexualidad humana, por supuesto) y la civilización, y el del papel de la mujer como civilizadora del hombre en diversos mitos. No sé qué poema de Safo fue el que mencionó Marcos y tampoco el cuento de derviches, tal vez alguno de Nasrudín. En cuanto a El libro de la selva, supongo que nos referíamos al hombre salvaje que se civiliza, aunque no tuviera relación expresa con la sexualidad.

Sobre Enkidu y Shamhat:

Un jardín, un hombre, una mujer y una serpiente

¿Quién es el cazador furtivo?


CUADERNO DE PORTUGAL

Presagios de un viaje

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Charlas y digresiones

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MÁS CUADERNOS DE VIAJE

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La fiabilidad de los historiadores antiguos

|| Tucídides y la democracia /14

Se suele decir que la originalidad de Tucídides como historiador reside en que es un autor ‘serio’, ‘riguroso’ o ‘científico’, pero habría que deshacer este malentendido. Dice Strassburger:

“La aportación de Tucídides a la historiografía no es el paso de la falta de crítica a la actitud crítica, sino de una consideración no política a otra política 1.

Alsina está de acuerdo:

“No es un buen método atribuir a Tucídides mayor agudeza crítica por el simple hecho de que los documentos no hayan delatado en nuestro historiador errores importantes de información. También de amplios capítulos de la historia de Heródoto es válida esa afirmación 2“.

La verdad es que resultaría bastante extraño que se hallasen errores graves en la narración de hechos estrictamente contemporáneos por parte de Tucídides. Tales errores sólo podrían ser atribuidos al descuido, cosa difícilmente achacable a Tucídides, al interés o a la mentira.

Errores que no podrían ser atribuidos al descuido, sino al interés o a la mentira. Click To TweetEn cuanto a Heródoto, los capítulos a los que se refiere Alsina que son también fiables y rigurosos, supongo que son aquellos más próximos al nacimiento del propio Heródoto. Eso  no quiere decir que  Heródoto no acierte en acontecimientos más lejanos, pero tales aciertos no son un, mérito directamente atribuible a Heródoto, sino a sus informadores: Heródoto, dada la amplitud de su propósito, se expone mucho más al error, pero gracias a ello nos trasmite datos, sea cual sea su grado de fiabilidad, maravillosos y que, de proponerse un absoluto rigor, se habrían perdido.

Sima Qian

Sima Qian

Recientemente (2016) he podido observar un debate semejante acerca de los primeros historiadores griegos, en especial Sima Qian, al que casi se le llamó, como a Heródoto, “padre de la mentira”. Sin embargo, los descubrimientos arqueológicos del siglo XX y XXI han dado la razón en algunos asuntos a Sima Qian hasta extremos asombrosos, en especial en lo que se refiere a su lista de reyes de la dinastía Shang, que se consideraba una invención fabulosa (más de mil años separan a Sima Qian de esos reyes). El descubrimiento de más de 200.000 huesos de animales o caparazones de tortuga con oráculos shang ha permitido reconstruir la segunda parte de la dinastía Shang, que coincide con las listas de Sima.

Por otra parte, hay que tener en cuenta cuáles eran las herramientas de las que disponían Heródoto (y Tucídides incluso): algunos textos escritos aquí y allá, casi siempre procedentes de los aduladores de los monarcas, registros históricos escritos en lenguas desconocidas o semidesconocidas (egipcio, persa, asirio). Hay que suponer que Heródoto conocía algunas lenguas, pero casi siempre necesitaría de traductores más o menos fiables. Aparte de eso, testimonios de viajeros y antiguos cuentos y leyendas. Tal vez pudieron acceder a algún texto de uno o dos historiadores anteriores, pero poco más. El resultado, en tales condiciones, es deslumbrante, en especial en el caso de Heródoto. Sima Quian, sin embargo, probablemente contaba con registros históricos mucho más elaborados, aunque en ningun caso comparables a los de un moderno historiador.

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2016]

TUCÍDIDES Y LA DEMOCRACIA

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Atroz autocontrol

|| Juicio y sentimiento 1

AVISO PRELIMINAR (2016)

Hace seis años reinicié en mi Salón Digital un folletín de verano llamado Juicio y sentimiento, que había iniciado cinco años antes. Quedó interrupido por segunda vez. Aquí, de nuevo en verano, lo reinicio, con la esperanza de que vuelva a quedar interrumpido.

 

AVISO PRELIMINAR (2009)

Hace cinco años inicié en mi página de Blogger un folletín de verano llamado Juicio y sentimiento. Quedó interrumpido, quizá en el momento más interesante, así que he decidido recuperarlo cinco veranos más tarde, y, ¿quién sabe?, tal vez continuarlo, si consigo recordar de qué quería hablar y recuperar el tono y el estilo. Al menos lo incorporaré a la estructura de los blogs, pues estaba en páginas independientes que, supongo, muchos no visitaron.

Comienza…

¡Oh, desocupado lector que en las horas del estío buscas en vano ese entretenimiento ameno que te permita solazarte sin avergonzarte, he aquí que lo has encontrado!

Un folletín como los de antes: ligero, emocionante y emotivo, pero, al mismo tiempo, con esas gotas de sana erudición y vivaz ingenio capaces de ofrecerte temas de conversación para intercambiar con conocidos y desconocidos. Juicio y sentimiento. No te pierdas el próximo capítulo.

“Elinor, la hija mayor, tenía una firmeza de entendimiento y una frialdad de juicio que la hacían idónea para ser, aún a sus diecinueve años, la consejera de su madre… Tenía un grandísimo corazón; era afectuosa por naturaleza y de firmes sentimientos, pero sabía cómo gobernarlos. Las facultades de Marianne eran, en muchos aspectos, completamente idénticas a las de Elinor. Era juiciosa e inteligente, pero impaciente en todo; sus penas, sus alegrías podían no conocer la moderación. Era generosa, amable, interesante: lo era todo menos prudente.”

Jane Austen, Juicio y sentimiento, capítulo 1

 

Mi padre opina que yo ejerzo sobre mí mismo un férreo control.

No sé cuál fue el origen de esta idea peregrina, pero he observado que no es el único que lo piensa. Sospecho que el mayor responsable de la propagación de esta idea entre mis familiares y mis amistades he sido yo mismo, al contar lo que opina de mí mi padre.

Estas cosas suceden: cuentas una idea disparatada que alguien se ha hecho de ti y, con el paso del tiempo, la gente sólo recuerda la idea que les contaste, pero olvida que era una idea disparatada. Por eso se dice: “Difama, que algo queda”.

Como consecuencia del perverso mecanismo descrito, a menudo me he tenido que defender de esa curiosa acusación que consiste, en definitiva, en reprocharme que ejerzo sobre mí mismo un desmesurado autocontrol.

Autocontrol es una palabra que suena bien en determinados contextos, pero que en la mayoría de las ocasiones se emplea como sinónimo de hipocresía, falta de espontaneidad, represión, conservadurismo y falsedad. Así que se deduce que mi padre y otras personas  me imaginan como una especie de olla a presión que lucha constantemente por no revelar sus verdaderos sentimientos y emociones, un esforzado optimista que mantiene la sonrisa en el rostro, pero que está deseando gruñir o gritar; un reprimido que se muestra amable, pero que, en su fuero interno, desearía insultar o golpear.

He de aclarar que yo estoy, sin ninguna vacilación, a favor del autocontrol. Creo que es cierto lo que decía Aristóteles: una vida sin reflexión no merece ser vivida, y creo que es bueno lo que defendían muchos libertinos: el reinado de la razón y el cálculo de las pasiones. Creo también que si uno no aprende nada de la experiencia entonces es que vive en el mundo como un tronco seco o como una roca, y que de nada le sirve el trabajo que la selección natural se ha tomado durante milenios para dar forma a su complejo cerebro. Creo también que quienes caen contínuamente en el exceso cuando beben, cuando se drogan o simplemente cuando viven ruidosamente, no por ello son más sinceros y espontáneos, sino tan sólo más estúpidos, porque convierten el placer en displacer. No es que aprovechan más el placer, es que lo cortan de raíz. Porque los verdaderos placeres son moderados incluso en el exceso.

Una vez he dejado claro que creo en el autocontrol, puedo decir con tod tranquilidad que no lo ejerzo sobre mí mismo.

Muchos pondrán en duda una afirmación semejante (a ellos les responderé en su momento), mientras que otros quizá se pregunten: “Si estás a favor del autocontrol, ¿por qué no lo practicas?”.

Esa es una buena pregunta. La respuesta es sencilla: porque no lo necesito. No necesito ejercer el autocontrol, porque no tengo casi nada que reprimir. No soy esa olla a presión en la que las emociones intensas bullen y los instintos permanecen encadenados en oscuras mazmorras. No me censuro, no me reprimo, no me controlo. A muchos, ya lo sé, esto no les parece posible, pero debo decirlo sin disimulo: eso no es un problema mío, sino suyo. Muchas personas no pueden creeer que un temperamento no sea dominado por toda clase de bajas pasiones, simplemente porque se observan a sí mismos y lo que ven les hace pensar que todos han de ser como ellos. Y lo cierto es que muchos son como ellos.

La anterior es una manera muy directa de describir a los demás, que resulta insultante y presuntuosa al mismo tiempo. Podría haber respondido con más disimulo, pero se trataba precisamente de no ejercer el autocontrol, ¿no es cierto?

Mi tarea ahora consistirá en explicar por qué afirmo con tanta desfachatez y descaro que no ejerzo sobre mi mísmo represión, censura y autocontrol. Lo haré con ayuda de William James.

[Miércoles 28 de Julio de 2004, Barcelona]

Continuará…

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Ventajas de la copia digital

|| Una investigación acerca del pensamiento digital/5

Gracias a su precisión y exactitud, la información digital se puede duplicar centenares de veces. Podemos ir transmitiendo el mensaje: “Hay 4 vacas en el prado” como en juego del teléfono roto, de una persona a otra, pero logrando que ninguna se confunda y que a la persona 1.000.000 le llegue el mismo mensaje que a la segunda: “Hay 4 vacas en el prado”.

A la izquierda, con molde de metal. A la derecha, con molde de madera

A la izquierda, con molde de metal. A la derecha, con molde de madera

No hay pérdida de información, como no la hay cuando un DVD es copiado y de esa copia se hace otra copia. Pensemos en el ejemplo que puse en La información perdida (capítulo 3) acerca de hacer copias de un grabado hecho en una placa de metal o de madera. El molde de madera nos permitirá una imagen en papel o tela mucho más detallada y fidedigna (eso sería el equivalente hasta hace no mucho de una grabación analógica), pero su degradación será mayor: después de 1000 usos del sello de madera, el resultado empezaría a ser muy deficiente. Por el contrario, con el sello de metal, el primer resultado sería más impreciso que el de madera, pero el resultado 1000 sería muy semejante al primero.

El cine en blanco y negro es un ejemplo de que la pérdida de información (en este caso los colores) no se debe a que usemos un sistema analógico o uno digital. En este caso, el sistema era analógico, pero los colores (en vez de ser reducidos a ceros y unos) se reducían a blanco o negro ( y sus matices).

El cine en blanco y negro es un ejemplo de que la pérdida de información (en este caso los colores) no se debe a que usemos un sistema analógico o uno digital. En este caso, el sistema era analógico, pero los colores (en vez de ser reducidos a ceros y unos) se reducían a blanco o negro ( y los tonos intermedios de grises). Imagen de El gabinete del Doctor Caligari, de Robert Wiene. Curiosamente, el cine en color se obtuvo a partir de la mezcla de sólo tres elementos informativos básicos, en este caso, tres colores (Rojo, Verde y Azul, RedGreenBlue o RGB)

En consecuencia, con sistemas de grabación y copia analógicos se pierde calidad o información. Del mismo modo que la plancha original de un grabado se degrada uso tras uso y no se puede hacer una plancha idéntica a la original a partir de un grabado ya impreso (ni siquiera a partir de la plancha misma), lo mismo sucede con los sistemas de grabación y copia analógicos. Quienes hemos trabajado en edición de cine o de vídeo en los diferentes formatos analógicos, podemos recordar lo meticulosos que había que ser en la sala de edición, porque cada nueva copia implicaba la pérdida de una generación, es decir, una pérdida inevitable de calidad, cosa que no sucede en la edición digital, donde puedes copiar y recopiar cualquier imagen sin ninguna pérdida de calidad. O al menos eso eso es lo que uno espera…

Continuará


[Publicado en 2004. Revisado en 2016]

Sobre el color en el cine: El cine en color

 

Una investigación acerca del pensamiento digital

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La página noALT 001


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La evolución de las piedras
(La página noALT /004)

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(La página noALT /008)

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Historia

Aquí puedes ver todas o casi todas las entradas de historia publicadas en Diletante. Otras las puedes buscar con el buscador de la página (en la columna lateral derecha) escribiendo los términos que te interesen.


HISTORIA

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TUCÍDIDES Y LA DEMOCRACIA

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El presente crea el pasado

|| Tucídides y la democracia /13

En cierto modo, se puede decir que la visión de la historia de Tucídides es más de delante hacia atrás que de atrás hacia adelante:

“La reconstrucción que Tucídides intenta del pasado homérico no se basa en un análisis objetivo de las condiciones de aquella época, sino que aplica circunstancias sólo válidas para la Atenas del siglo V” (Alsina, 117).

Es decir, es el presente, la Atenas del siglo V antes de nuestra era, lo que determina en cierto modo cómo ha sido el pasado. Se trata, por supuesto, de un rasgo casi inevitable en cualquier historiador, pues, como decía Borges, somos nosotros quienes creamos a nuestro precursores, eligiendo  a aquellos que nos gustan o nos interesan, o nos resultan útiles, y sacándolos del olvido, pero dejando, al mismo tiempo, en el silencio a muchos otros.Y leyéndolos ahora de una manera nueva, como quizá nunca antes se habían leído.

Quien se dé una vuelta por las hemerotecas del pasado o rebusque en los catálogos de las editoriales de hace cincuenta, cien o doscientos años, descubrirá a un buen número de ilustres desconocidos… para nosotros, pero que en su época eran los autores más leídos. Muchos hechos históricos casi habrían desaparecido de la memoria si no jugasen un papel importante en la justificación del presente. Pensemos, por ejemplo, en la resistencia de la fortaleza judía de Masada en tiempos de Roma: durante siglos fue olvidada, pero ese pequeño hecho histórico se recuperó cuando los judíos regresaron a Palestina, porque era un buen mito para un estado que vivía en una guerra permanente. Cualquier batalla que haya dado origen a una nación es, por supuesto, recordada por su carácter fundacional, pero otras batallas que fueron trascendentales en su momento, por ejemplo porque significaron la desaparición de un reino del que ya no se volvió a hablar, han quedado enterradas en las arenas del tiempo, casi siempre de manera literal.

Hitler:

Hitler: “Perdóname, camarada, pero es una oportunidad TAN buena!

Aquí podemos recordar de nuevo aquella frase de Alexeiev (si recuerdo bien) que decía que en los tiempos de Stalin la tarea más difícil para los historiadores no era predecir el futuro a partir de los datos del pasado, sino predecir el pasado a partir de los datos del presente, es decir, teniendo en cuenta los caprichosos cambios de humor del dictador o su necesidad de eliminar no sólo físicamente, sino también de los libros de historia, a sus rivales. Un ejemplo curioso de esta reescritura fue uno de los principios de la estrategia militar de Stalin: el uso del engaño y la sorpresa, que era en su opinión un aspecto absolutamente fundamental. Cuando Hitler rompió el pacto entre nazis y comunistas e invadió la Unión Soviética de manera sorpresiva, la invasión dejó a Stalin tan atónito (a pesar de que el espía  Sorge había avisado de la invasión e incluso de la fecha exacta), que sufrió un colapso nervioso que le impidió reaccionar durante dos semanas. A partir de ese momento, el concepto de engaño y sorpresa en los libros de estrategia militar fue relegado a un papel absolutamente secundario y se prohibió hablar siquiera de esa estratagema, que antes había sido tan querida por Stalin, hasta la muerte del dictador en 1953.

Nosotros creamos a nuestros precursores, dijo Borges. Click To TweetLo anterior, por cierto, me recuerda una investigación que no llegué a terminar: la comparación entre los índices analíticos de libros de diferentes épocas: al hacerlo descubres que hay palabras que aparecen en unos y están ausentes en otros. Digamos (es un ejemplo inventado) que la palabra “fraternidad” no aparecía nunca antes de 1789, o que la palabra “experimento” no aparecía apenas antes de 1650. No es que las palabras no aparezcan en esos libros: es que no aparecen en los índices analíticos. Este tipo de comparaciones nos permite hacer un retrato de una época a veces más certero que el atender a los grandes rasgos. Se podría comparar con la atención al detalle de Sherlock Holmes o de Giovanni Morelli, que cuento en No tan elemental.

Lo mismo, sin duda se puede aplicar a Tucídides cuando lee y selecciona pasajes o ideas de la Ilíada: su lectura no es la misma que la de Heródoto, porque las preocupaciones de su época tampoco son las mismas. Heródoto acogerá con interés los pasajes en los que se señala el conflicto entre los griegos y una potencia extranjera (Troya) porque le inquieta el conflicto entre griegos y persas; Tucídides tal vez atienda a los momentos en los que los griegos disputan entre sí, porque en su tiempo el asunto inquietante era la guerra entre griegos y griegos.

Continuará…


[El texto en otro color ha sido añadido en 2016]

TUCÍDIDES Y LA DEMOCRACIA

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Incendio en el museo

En la película de Woody Allen Balas sobre Broadway el dramaturgo David Shayne y sus amigos conversan en una terraza de Grenwich Village. Uno de ellos, Flender, propone un dilema clásico:

—Escuchad, digamos que se quema un edificio, y que sólo puedes salvar una sola cosa, o el último ejemplar de las obras completas de Shakespeare o bien un ser humano anónimo. ¿Qué haríais?

Se produce el habitual momento en el que todos hablan a la vez, como sólo sucede en la vida real y en las películas de Allen, y vemos que Shayne dice:

—No se puede privar al mundo de esas obras.

Flender y Shayne estrechan sus manos por el acuerdo, a pesar de que se escuchan voces, todas ellas de mujeres que expresan la postura contraria,  que no se puede dejar que un ser humano muera en un incendio a cambio de salvar un objeto inanimado. Flender exclama:

—No es un objeto inanimado. Es arte… ¡el arte es vida!

Otras variantes de este dilema nos hacen elegir entre un cuadro de Leonardo Da Vinci o el portero del museo, e incluso entre una obra maestra única en el mundo y un gato. Como es obvio, para que el dilema sea real para una persona concreta, en el lado de la obra de arte debe situarse algo que esa persona admire por encima de todas las cosas. Si la elección es entre La Mona Lisa y al oyente no le gusta ese cuadro no habrá dilema: salvará sin dudarlo al portero o al gato.

Quizá algún lector o lectora se esté preguntando si realmente hay personas que dicen que salvarían el cuadro. La respuesta es que muchas personas, en efecto, dejarían morir al gato en el incendio. La mayoría de quienes se inclinan por salvar la obra de arte son lo que se suele considerar intelectuales, personas con una amplia formación cultural, o bien artistas. En una curiosa encuesta que hicieron en Colombia  hace unos años compararon lo que respondía una reina de la belleza con lo que decían algunos intelectuales. El resultado es que la reina de la belleza dijo que salvaría al perro. Sin embargo, los intelectuales se inclinaron mayoritariamente por salvar el cuadro, aunque a veces con matices.  Una excepción ingeniosa fue la respuesta de Gabriel Ruíz Navarro: “Si el museo es colombiano, yo salvaría el perro, es más, metería todas las obras de Fernando Botero para que también se quemen”.

He hecho algunas prospecciones acerca de este dilema en Internet y parece, en efecto,  existir una diferencia en las respuestas relacionada con la cultura,  o al menos con la implicación en el medio cultural. Parece como si los intelectuales hubiesen descubierto que los seres vivos no son tan importantes como puede parecer de una manera más instintiva y espontánea, o que el arte está por encima del bien y del mal. Tendremos ocasión de profundizar en esta cuestión en otras líneas de sombra, pero ahora vale la pena recordar la respuesta que dan Woody Allen y su colaborador en el guión de Balas sobre Broadway a ese dilema. Porque toda la película es una respuesta a esa pregunta formulada en esa escena aparentemente sin importancia en la terraza de Grenwich Village.

Shayne y Cheech Trabajando en los billares

Shayne y Cheech Trabajando en los billares

Woody Allen, que siempre ha reconocido usar los trucos que aprendió como prestidigitador en sus películas, escribió esa escena para sugestionar a los espectadores, para prepararles para lo que va a suceder, pero lo hace sin que los espectadores lo adviertan. Muchos espectadores, como he podido comprobar en mis clases de guión, no se dan cuenta de que allí, en esa escena interesante pero aparentemente sin importancia narrativa, está la clave, o la premisa o la moraleja si se quiere, de Balas sobre Broadway: ¿Qué es más importante, el arte o la vida?

¿Qué es más importante, el arte o la vida? Click To TweetEl dramaturgo David Shayne, como hemos visto, no duda en afirmar que lo más importante es el arte, pero se trata, como descubriremos, de una opinión de bohemio en una charla. Cuando su socio en la obra, el gangster Cheech, se ve enfrentado a ese dilema: elegir entre el arte (la obra que ha coescrito con Shayne) o la vida (una actriz horrible que destroza la obra) no lo duda. Elige el arte y decide matar a la actriz. Él sí es un verdadero artista o al menos él sí cree que el arte está por encima de todas las cosas, mientras que Shayne, enfrentado en la vida real al dilema de aquel café de Greenwich, descubrirá que piensa lo contrario de lo que dijo aunque tal vez ello se deba, como el propio personaje reconoce a que él no es “un verdadero artista”.


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Pensar consiste en digitalizar

|| Una investigación acerca del pensamiento digital/4

Pensar consiste, en cierto modo, en digitalizar un mundo analógico previo 

Cuando convertimos una señal analógica en una señal digital, perdemos en el proceso los umbrales más bajos o más altos, o si se prefiere los redondeamos en ceros (0) y unos (1).

El conversor digital convierte lo que está por debajo de su umbral en el valor 0 y lo que está por encima en el valor 1

El conversor digital convierte lo que está por debajo de su umbral en el valor 0 y lo que está por encima en el valor 1. No hay decimales que muestren la riqueza de la señal analógica

Hay que tener en cuenta que la grabación analógica ya reduce la riqueza del mundo sonoro exterior inevitablemente, en este caso, no debido a la limitación de nuestros sentidos, sino a la de los aparatos y sistemas de captura. La inmensidad inmanejable de las ondas sonoras no puede ser contenida por ningún sistema o aparato conocido en la actualidad. Pero, una vez reducida esa inmensidad del universo sonoro a un sistema de captura analógico (cintas magnéticas, vinilo), tenemos todavía una complejísima onda de sonido. Esa onda analógica es lo que convertimos en formato digital, en información en forma de 1 y 0 de mayor o menor calidad.

Hay que tener en cuenta que la grabación analógica ya reduce la riqueza del mundo sonoro exterior, en este caso, no debido a la limitación de nuestros sentidos, sino a la de los aparatos y sistemas de captura. La inmensidad inmanejable de las ondas sonoras no puede ser contenida por ningún sistema o aparato conocido en la actualidad. Pero, una vez reducida esa inmensidad del universo sonoro a un sistema de captura analógico (cintas magnéticas, vinilo), tenemos todavía una complejísima onda de sonido. Esa onda analógica es lo que convertimos en formato digital, en información en forma de ceros (0) y unos (1) de mayor o menor calidad, a la que podemos aplicar diversas compresiones.

Por otra parte, si además de convertir una señal analógica en digital, después queremos comprimir el resultado, para que el tamaño sea menor, lo podemos hacer eliminando redundancias, descartando lo irrelevante o todo aquello que nuestros sistemas sensoriales no pueden percibir.

Del mismo modo, cuando pensamos, reflexionamos o comunicamos nuestros pensamientos, realizamos una conversión y una compresión a partir de percepciones, sensaciones e intuiciones de límites poco precisos, para convertirlas en palabras, conceptos y argumentos más o menos precisos, o al menos formulables y comunicables (aunque los demás no siempre los comprendan).

Continuará


[Publicado en 2004. Revisado en 2016]

[Revisión en 2016 de la explicación del proceso conversión> compresión tras las sugerencias de Ernesto Hidalga y Lino García Morales]
Más información acerca del sin duda fascinante mundo del sonido, su captura analógica y su conversión digital:
Musicalecer: El sonido digital
Emezeta: Formatos de audio
Xataka: Alta resolución de audio: mitos y realidades

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La información perdida

|| Una investigación acerca del pensamiento digital /3

La información digital es precisa y exacta

Si decimos “Hay cuatro vacas” eso significa que sabemos que hay 4 vacas. El número de vacas, en este caso, es una información precisa y exacta, no confusa ni ambigüa.

Gracias a su precisión y exactitud, esa información se puede duplicar centenares de veces.

Podemos transmitir esa información de una persona a otra y duplicarla centenares de veces, hasta que lo sepan un millón de personas:

“Hay 4 vacas”
“Hay 4 vacas”
“Hay 4 vacas”
“Hay 4 vacas”
“Hay 4 vacas”
“Hay 4 vacas”…

No habrá pérdida de información, como no la hay cuando un DVD es copiado y a partir de esa copia se hace otra copia.

Sello egipcio encontrado en uan tumba de Tebas, que se empleaba para imprimir jeroglíficos en ladrillos y otros objetos de barro (Treatise of Wood Engraving, de John Jackson y William Andrew Chatto, 1839)

Sin embargo, con sistemas analógicos de copia sí se pierde información: la plancha original de un grabado se degrada copia tras copia, y tampoco se puede hacer una plancha idéntica a la original a partir de la impresión de un grabado. Como mucho se podrá hacer una plancha idéntica al grabado que se hizo con la plancha original, lo que no es lo mismo, pues en el grabado puede haber detalles que no estaban en la plancha original, como una pequeña mancha por una moto de polvo que se interpuso, y también pueden faltar detalles que sí estaban en la plancha original, como un trazo delicado, una línea leve en el ala de un pájaro, que no se imprimió correctamente porque esa parte de la plancha no fue bien apretada contra el papel en el que se imprimió.

A partir de un mismo original, estos dos grabados han sido hechos con un molde de metal o un molde o sello de madera. La diferencia es notable, a pesar de que las líneas del dibujo original eran idénticas, o casi idénticas, tanto en la plancha de metal como en la de madera. Resultados similares, es decir, tan diferentes, se pueden dar al comparar la impresión número 1 y la impresión número 345 a partir de un mismo molde, en especial si el sello o molde es de madera: los grabados impresos poco a poco se parecerán menos al primero que hicimos (Treatise of Wood Engraving, de John Jackson y William Andrew Chatto, 1839)

Este retrato de Gutenberg en su imprenta es exactamente igual que el de la derecha. Podría hacer aquí, en forma digital, 999.999 copias y seguiría siendo igual.

Este retrato de Gutenberg en su imprenta es exactamente igual que el de la izquierda. Podría hacer aquí, en forma digital, 1.000.000 de copias y seguiría siendo igual.

 

 


Continuará


[Publicado en 2004. Revisado en 2016]

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