Ágora, de Alejandro Amenábar


Al salir de un preestreno de Ágora comenté la película con varios asistentes.

__¿Te ha gustado? -me preguntaron.

__Sí.

Es una respuesta que sorprenderá a quienes me conocen cuando vean la película, porque resulta demasiado evidente que Ágora contiene muchas cosas que no suelen gustarme. La explicación de por qué me gustó me temo que puede resultar tan extravagante que muchos pensarán que se trata de una especie de broma irónica, en la que digo lo contrario de lo que pienso. No sé cómo defenderme de esa acusación, porque resulta bastante razonable, pero insisto que mi intención no es caer en otra de esas paradojas a las que soy tan aficionado. Intentaré explicar por qué Ágora me gustó a pesar de que contiene tantas cosas que no me gustaron.

 

Lo que no me gusta
No me gusta de Ágora que recurra a una vulgar historia de amor, o a varias historias de amor, de Hipatia con sus discípulos. La principal es la que mantiene con Davo.

No me gusta eso, no sólo porque sea un truco narrativo trivial, demasiado vulgar, ideado para mantener interesado al espectador común, como ese hueso (el significado) que Eliot lanzaba al lector mientras decía cosas más importantes en un poema. El propio Amenábar ha reconocido, a veces explícitamente, que esa es la función de la historia de amor: fuegos artificiales para que la mayoría aguante tanta charla acerca de astronomía.

El resultado, sin embargo, es que el uso de esos macguffins amorosos (que no interesan al guionista ni al director, pero se supone que sí al espectador), al final, es decir, en el desenlace, se adueñan de la historia y consiguen el efecto contrario, es decir, que la charla astronómica parezca el relleno de color local en el que situar las diversas peripecias amorosas de la protagonista.

El desenlace, por otra parte, me parece especialmente desafortunado porque al resolver en él la historia de amor que Davo siente hacia Hipatia,  la película queda reducida a esa historia de amor. Hay que tener mucho cuidado con lo que se cuenta en un desenlace, porque es inevitable que el espectador lo considere algo así como la tesis o la moraleja de la película.

Además, Amenábar decide cambiar el horror de la muerte de Hipatia, tal como nos lo han contado las fuentes clásicas, sólo con la intención de salvar al personaje de Davo y poder cerrar la trama del amor Davo/Hipatia.

Es obvio que un guionista, Mateo Gil, y un director, Alejandro Amenábar, no tienen por qué respetar la historia. Una película no es un libro de historia y puede contar las cosas de otra manera. Por supuesto, pero ya que cambiamos lo que sucedió, hagámoslo para mejorar, si no la historia, al menos sí la película. Y con ese desenlace, en mi opinión, no se consigue mejorar ni la historia ni la película.

¿A qué se debe ese extraño final? Sospecho que a varias razones. Una de ellas es un vicio típico de guionista relacionado con la estructura del guión, que se supone debe dar la sensación de ser coherente, y con lo que se llama el arco de un personaje, uno de eso nombres inventados por los teóricos del guión para rebautizar las nociones del sentido común: un personaje debe cambiar, transformarse a lo largo de la historia (excepto si es James Bond, claro).

Davo, es cierto, comienza sufriendo una primera transformación que a mí me parece bastante razonable y bien pensada: a pesar de toda la cercanía que mantiene con Hipatia, sigue siendo un esclavo para ella. Pero después, se quiere cerrar el arco del personaje y el círculo de la trasformación con un golpe final, dándole a Davo la oportunidad de redimirse de algún modo. Se busca con ello dar un sentido a lo que le sucede a Davo y a esa subtrama de su amor por Hipatia. Pero ese sentido ya existía, y me resulta difícil imaginar otro mejor que el que la historia real nos ha trasmitido. Davo tenía que hacer lo que, en caso de haber existido, probablemente habría hecho, o en todo caso sufrir por no haber podido evitar el horroroso final de su amada. Pensar que un asesino fanatizado tiene un último momento de lucidez movido por el amor que una vez sintió es, como mínimo, cursi (me abstengo de decir lo que es como máximo).

La segunda razón por la que sospecho que Amenábar ha hecho lo que ha hecho se resume en las letras de un nombre: Spielberg.

Spielberg, como él mismo reconoce, no puede soportar la idea de que los niños tengan pesadillas después de ver una de sus películas, así que se las arregla para proporcionarles, incluso en las más insólitas circunstancias, un final feliz. Por ejemplo, en Inteligencia Artificial.

Dentro de los finales posibles (no de los imaginables) de Ágora, el que nos da Amenábar es el más feliz. Según él mismo ha confesado, estudió a fondo todas las películas de Spielberg antes de rodar Ágora. La influencia, en efecto, se percibe en casi todas las decisiones narrativas y estilísticas de Ágora.

Tampoco me gusta la manera en la que se trata la relación de Hipatia con el sexo y el amor.

Puesto que sobre ese dato sabemos bien poco, Amenábar y Gil podrían haberse inventado lo que quisieran. Por ejemplo, que practicaba el sexo con total libertad. Puesto que precisamente ella hacía lo que normalmente estaba reservado a los hombres y era profesora de filosofía, ¿por qué no iba a hacer también eso?

Al parecer, Rachel Weizs quería hacer al personaje más sensual y sexual y discutió con Amenábar acerca del asunto, pero tuvo que acabar aceptando interpretar a una especie de monja.

Es cierto que la tradición nos ha trasmitido la imagen de una Hipatia virgen, pero es una tradición procedente de los cristianos, de cristianos favorables a ella, como Sócrates Escolástico, que insistiendo en su virginidad, la hacían más inocente si cabe del crimen que otros cristianos cometieron. Pero la tradición también nos ha trasmitido que estaba casada con un tal Isidoro.

Fuera cual fuese la realidad, es obvio que Amenábar y Gil podían haber presentado a una Hipatia que no fuera virgen. No había ninguna necesidad de inventar la excusa de que tenía que elegir entre su ciencia y el matrimonio (porque si se casaba ya no podría enseñar). En la Antigüedad existían filósofas casadas que daban clase, empezando por Teano, la esposa de Pitágoras. Como es obvio, cada época es distinta, y en la Alejandría de Hipatia quizá hubiese leyes que prohibían la enseñanza a mujeres casadas, pero parece improbable.

Aceptar el testimonio de los cronistas cristianos, que consideraban virgen a toda mujer martir o santa (excepto las mártires y santas violadas, claro está) y convertir a Hipatia en virgen conduce a una conclusión un poco simple: el amor a la ciencia y el sexo no son compatibles (al menos para las mujeres).

Es un planteamiento también intelectualmente peligroso, porque convierte a Hipatia en una de esas mujeres reprimidas que parece llevar un velo interior, en vez de esos otros velos que al final le ponen a Hipatia sus captores, en una comparación, en mi opinión excelente por parte de Amenábar-Gil, con las mujeres que hoy en día viven sometidas en tantos lugares donde el islamismo impone su ley.

Amenábar hace que Hipatia se reprima a sí misma, con la excusa de que si ama a un hombre debe casarse con él y eso le haría perder la posibilidad de seguir dando clase, cosas todas ellas, como ya he dicho, discutibles. Yo creo que Amenábar ha sido también en esto influido por su maestro Spielberg, quien siempre pasa de puntillas sobre cualquier cosa que huela a sexo. Este tipo de tratamiento muestra más bien la represión de los autores, más que la del personaje. Por otro lado, dado que los enemigos de Hipatia son fanáticos cristianos que detestan el cuerpo y el sexo, parece una ironía desafortunada que maten a quien hace lo mismo que ellos (rechazar los placeres del cuerpo), pero en nombre de la ciencia.

Y lo que es más importante: en una película que pretende ser un canto de amor a la filosofía, a la ciencia y en particular a la astronomía, a veces se saca la conclusión de que Hipatia, considerada entre los mejores filósofos y científicos de la época helenística tardía, sólo era capaz de despertar en sus alumnos el amor, pero no hacia la ciencia y el conocimiento, sino sólo hacia ella.

Amenábar, por su parte, pretende que al hacer a Hipatia asexuada está haciendo feminismo, “pues nadie se pregunta por la vida sexual de un científico”, pero eso es una falacia. Claro que nos preocupamos por la vida sexual o amorosa de un científico, por ejemplo de Einstein, al menos si lo que queremos contar es su vida (y no simplemente sus descubrimientos científicos). Pero es que, además, Amenábar no se limita a contar la parte científica o religiosa del asunto, sino que introduce historias de amor ficticias, pero negándose a mostrar el lado sexual de Hipatia, negándolo incluso. Esa es una elección que no hace Hipatia, sino Amenábar, y con esa elección se pronuncia ruidosamente acerca de la sexualidad de Hipatia.

Por otra parte, ese rechazo del sexo por parte de Hipatia, unido a su obsesión por la ciencia, hace que el personaje en ciertos momentos llegue a parecer tan fanático como sus enemigos.

Tampoco me gustan la mayoría de los actores, que se apoyan demasiado en una gestualidad explícita, usando efectos tópicos para trasmitir sus emociones. Ninguno es malo, todos son aceptables, pero todos resultan fáciles de olvidar. Las únicas excepciones que ahora recuerdo, aparte de algún secundario interesante, son Rachel Weizs y el actor que interpreta a su padre (Teón de Alejandría).

No me gusta la realización “tan americana” (como me comentaba un amigo a la salida), tan comercial en el mal sentido, tan efectista y, por tanto, tan insípida, tan poco interesante.

Y mucho menos el uso que se hace de la música, elemento omnipresente para trasmitir emociones, como en cualquier película, es cierto, pero en este caso con un carácter manipulador demasiado exagerado. Otro rasgo propio, como no, de Spielberg.

 

Lo que me gustó

Y después de todo lo anterior, ¿por qué dije que la película me gustó?

La respuesta es que cuando voy a ver una película, y más si he sido invitado y no la he elegido yo, intento disfrutar. No me gusta sufrir por sufrir, ni aburrirme a fondo para confirmar y demostrar mis premoniciones, teorías o prejuicios. Así que ya esperaba en Ágora todas esas cosas que acabo de reprocharle, u otras semejantes. Por ello, no me sorprendió que las tuviera.

Pero sí me gustó que tuviera algunas cosas a las que soy muy aficionado: la filosofía, la ciencia, y en especial la astronomía. Y me gustó que su protagonista fuera Hipatia, que siempre ha sido uno de mis personajes favoritos. Tuve la suerte, además, de tener como profesora a una moderna Hipatia, la extraordinaria profesora Ana Rioja, que en Filosofía de la Naturaleza me enseñó (o lo intentó, porque fui tan mal alumno como siempre) todo eso que Hipatia enseña a sus alumnos: el sistema tolemaico, los epiciclos, los ecuantes, los sólidos platónicos, la perfección del círculo que Kepler desafió, como Hipatia (la Hipatia ficticia, licencia del guionista que aplaudo), muy a su pesar…

Así que yo era uno de esos espectadores dispuestos a pasarse dos horas viendo una película que tratase sólo de astronomía, que al parecer es lo que le hubiera gustado hacer a Amenábar. Pero yo sólo no puedo llenar las salas de cine ni garantizar a Amenábar recuperar la inversión.

Ágora me permitió pensar en esas cosas que tanto me gustan y emocionarme pensando en ellas, y también incluso durante algunos momentos científicos me emocioné con la propia película (pero no durante los amorosos). También, por supuesto, me interesa el tema del fanatismo y el decidido ataque a la intolerancia y la religión organizada que hacen Gil y Amenábar.

Por otra parte, una vez descartado todo eso que no me gusta, pero que esperaba encontrar en la película, una vez dispuesto a lo que esperaba que pudiera ser una película de Amenábar, y no a lo que yo deseo en una película, sólo me quedaba un gran temor al comenzar la proyección: que la película fuera aburrida.

Y por eso me gustó, porque no me aburrió. Porque Amenábar también ha conseguido en eso imitar a Spielberg: casi siempre es entretenido.

 

 

******

[Publicado el 13 de octubre de 2009]

 

****************

 

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23 thoughts on “Ágora, de Alejandro Amenábar

  1. YESICA COMENTÓ
    17 Junio 2012, 20:31

    quiero que me respondan estas peliculas porfis que son para mañana …. que lugar ocupa en la sociedad hipatia ? otra pregunta que sucede entre las religiones ? otra pregunta que pasa entre los primeros cristianos parabolanos y el conocimiento ? otra pregunta cual es el fin de la filosofia y porque ? y la ultima es que critica realizarias sobre esta pelicula por favor me pueden ayudar va con nota esto

  2. IGNACIO COMENTÓ
    23 Junio 2010, 23:19

    A mí sí que me parece un acierto el hecho de cambiar el final. Seamos sensatos: nadie habría rodado el final de Hipatia tal y como sucedió en realidad, nadie. El final de Amenábar me parece elegante y de buen gusto.
    No entiendo tu propuesta sobre la sexualidad de Hipatia. Yo nunca me hubiese creído una Hipatia ninfómana o promiscua. Si era cuestión de echarle morro e imaginación al guión, pues también hubiese valido que volase sobre los tejados, como Superman, ¿no?

    • Daniel Tubau comentó
      06 Julio 2010, 09:56

      Hola Ignacio
      cambiar el final no significa sólo evitar una escena de crueldad salvaje, sino algo mucho más importante.
      En primer lugar, sin embargo, hay que aclarar que no pretendo que se vea literalmente cómo los fanáticos arrancan la piel a tiras a Hipatia.
      Tengo poca afición por el gore, pero creo que hay muchas maneras de mostrar un crimen horrible sin necesidad siquiera de mostrarlo.
      Así que la elección nunca sería entre un final de casquería y uno “elegante y de buen gusto”.
      En mi opinión, cambiar el final lo que hace es desplazar el foco de la historia de Hipatia y de la propia película de Amenábar, vaciándola de sentido, porque sustituye un desenlace que está en el origen mismo del planteamiento por otro ajeno y artificioso. Sustituye un relato histórico y una propuesta moral por una historia de amor trivial y de redención tópica.
      Me explico.
      Hay películas que se hacen a partir de un final: “Hipatia” es una de ellas sin duda. La película se hizo PORQUE HIPATIA MORÍA ASÍ. Para contarlo y para mostrarlo (aunque no fuera explícitamente).
      No es una peli acerca de una filósofa, y mucho menos acerca de una filósofa que fue muy amada por sus discípulos: es la terrible historia de Hipatia, que se ha recordado durante siglos.
      El propio Amenábar repite una y otra vez que su intención era contar esa historia, y no otra.
      Una vez admitido eso, un director y un guionista se pueden tomar todas las licencias que quieran, por supuesto, pero cambiar el final significa matar la idea, significa desviar la atención de ese crimen inevitable hacia una escena de redención (de Davo) y “de elegancia y buen gusto”. Una estafa (como diría Haro Tecglen) no sólo moral, sino también narrativa e incluso estética.
      En cuanto a la sexualidad, te respondo en la misma línea: también exageras, como si yo quisiera ver en “Hipatia” algo así como “Los 120 días de Sodoma”. Creo que hay un amplísimo campo entre carecer de sensualidad y ser una ninfómana (lo de promíscuo no lo comento, porque hay quien considera promiscua a una mujer que tiene cinco o seis amantes a lo largo de su vida).
      Echarle morro e imaginación al guión es precisamente hacer de ella una casta y pura reprimida: eso en una época en la que la sexualidad no había pasado todavía por el filtro cristiano (aunque estaba a punto, como se ve en la peli) es más que hacerla volar a alguien como Superman.
      Tú pareces considerar normal e incluso elogiable a una Hipatia asexuada: eso es lo más alarmante, que muestra lo lejos que estamos de Hipatia.

  3. IVÁN TUBAU COMENTÓ
    05 Noviembre 2009, 11:24

    Tu texto me ha resultado muy interesante y me reafirma en mi nulo deseo de ver la película. No soporto el cine de época, ni los decorados más grandes que la vida, ni las hagiografías aunque sean de científicos. Y menos aún si son tan vírgenes como esa asesina repugnante llamada Juana de Arco, que oía voces y compadreaba con el sádico infanticida Gilles de Rais.

    Tampoco me gustan las películas con mucha música. De hecho, ahí caigo en el puritanismo de preferir las que no tienen ninguna, salvo la justificada ça va de soi: oír que de repente una música potente que sale de no se sabe dónde para subrayar lo que sucede me molesta cada vez más.

    En cambio la ciencia me interesa también cada vez más, y eso bien sabes que en buena medida te lo debo a ti tanto como a Arcadi Espada (y antes), porque no tener oxidada la sesera consiste en saber aprender de los hijos… y de los alumnos.

    La ciencia mi interesa mucho, pero no veo que eso justifique ir al peplum de un minispielberg llamado Amenabar (¿o Amenábar?). Ninguna película de Spielberg me ha gustado, y de Amenábar solo la de Bardem, por algunos momentos espléndidos de ese actor prodigioso que nos llegará a cansar, lo sé, y de dos de las chicas. Una película son ante todo los actores, ergo las superproducciones multinacionales con actores doblados, puaf.

    Pues eso: en lugar de ir a ver cine grande para oír jerga científica aderezada con noviazgos, homicidios o heroicidades (cada vez me gusta más el cine pequeño) me lo estoy pasando pipa con el Alan Sokal recién salido: “Más allá de las imposturas intelectuales. Ciencia, filosofía y cultura” (576 tan espesas como divertidas páginas, el que avisa no es traidor).

    • DANIEL TUBAU COMENTÓ
      05 Noviembre 2009, 11:35

      Caramba, Iván, no esperaba verte por este blog (que no es el mío habitual). Me alegro.

      Sí, creo que no vale la pena que vayas a ver la película, porque es obvio que las razones que he dado para decir por qué me gustó no resultan muy convincentes, especialmente si no te han invitadoa verla, claro.
      Ya he corregido lo de Amenábar sin tilde (no es extraño que mi profesora de lengua me suspendiera tan a menudo).

      Lo bueno es que el asunto ha sacado a la luz temas que van más allá del propio cine, que es algo que, creo, debería hacer cualquier película, como puedes ver en los comentarios a esta entrada. Ir al cine (o al teatro, o leer una novela) para sólo hablar de cine me parece poco interesante, aunque también sea interesante hablar de cine en ciertos momentos, claro.

      El libro de Sokal no lo he leído, pero celebré su aparición con un sentimiento doble: alegría porque efectivamente parece muy interesante, pero también un cierto temor porque tal vez se parezca demasiado a uno que estoy escribiendo. Así que escribiré primero el mío y luego leeré el de Sokal.

  4. CRATES COMENTÓ
    29 Octubre 2009, 15:36

    No he visto la película, y no sé cuando la podré ver. Pero tengo gran curiosidad, por conocer un poco más (o al menos la visión de Amenábar), de esta gran pensadora. Me alegra y comparto contigo la admiración hacía Ana Rioja (también fui alumno suyo); y como a ti me enseñó a mirar al mundo desde otro punto de vista.
    Y desde aqui reivindico la posición de la mujer en la historia (en todos sus ámbitos: cultural, filosófico, científico…), y ya sólo por eso me parece importante la película de Amenábar.

    • DANIEL TUBAU COMENTÓ
      29 Octubre 2009, 15:39

      Hola Crates

      me alegro que hayas disfrutado como yo con las clases de Ana Rioja y comparto tus ideas acerca de las mujeres.

      Lo cierto es que la película de Amenábar está bien en muchos sentidos, pero te quedas con las ganas de lo que podría haber hecho si hubiera podido. Porque el problema de Amenábar es el de cualquier cineasta que quiera seguir haciendo películas (al menos en España): debe obtener una gran recaudación, así que tiene que ser comercial y contar cosas que interesen a públicos masivos (historias de amor y todo eso).
      El problema es que hoy en día el público de cine es de una calidad más bien baja, qué le vamos a hacer.

  5. INMA COMENTÓ
    19 Octubre 2009, 18:55

    A mí, la verdad, es que la película me ha encantado porque me identifico mucho con la protagonista. Pero creo que Amenábar ha dado tanto protagonismo a Hipatia y a su violenta muerte para mostrar una faceta agresiva de los cristianos. Al final de la película se señala que a Cirilo lo nombran doctor de la Iglesia, a continuación del final de la filósofa, lo que claramente lleva al público a relacionar los hechos y tener un mal concepto de lo que la Iglesia ha proclamado como santos desde sus inicios. No hay certeza de que Cirilo estuviera vinculado con los hechos. Y si lo estuviera, tenemos que pensar que siempre ha habido personas, como en todos sitios: partidos políticos, etc. que han querido tener poder a costa de otros realmente fieles a lo que se defendía, en este caso, la religión cristiana. No hay que ver la película en términos de Hipatia, la buena, la heroína, y los cristianos, los malos. Las cosas son mucho más complejas que eso. Como hemos visto, los romanos en la película, fueron los que comenzaron los enfrentamientos con los cristianos, que tenían que defenderse. Hay que intentar comprender una época que, para nosotros, viviendo en otra, nos resulta difícil de explicarnos. Creo que, aunque ya he dicho que me ha encantado, en general, por aspectos muy buenos en los que estoy de acuerdo, hay cierta politización por parte de Amenábar que, como sabemos, comparte con Almodóvar sus ideas izquierdistas.

    • MARÍA COMENTÓ
      19 Octubre 2009, 19:01

      Que los cristianos fueron los responsables más evidentes de la muerte de Hipatia no es una visión politizada, es un dato histórico aceptado. Además, la imagen que tenemos del cristianismo es el que nos ha dejado la iglesia desde que empezó a ir de la mano del poder, es decir desde los tiempos de Constantino, cuya madre fue la promotora de la adopción del cristianismo como religión oficial del imperio romano y la inventora de la leyenda de los orígenes sin tacha del cristianismo que ha llegado hasta nosotros.

      Todo lo que sabemos de Jesucristo y sus apóstoles, la visión que nos da de ellos el nuevo testamento, fue escrito no menos de un siglo después de los hechos, es decir cuando ya ningun testigo directo sobrevivía y, además, los relatos inconvenientes fueron censurados, dando lugar a lo que hoy conocemos como evangelios apócrifos.

      De todos modos, para ver la diferencia entre teoría cristiana y práctica no hace falta ir tan lejos. Basta con recordar el papel de la inquisición, el papel de la iglesia en dictaduras como la española, la chilena o la argentina, el racismo y la pena de muerte en EEUU, el silencio de la iglesia en masacres como la de Ruanda, la ceguera ante el holocausto judío…

      La COPE…

      • DANIEL TUBAU COMENTÓ
        19 Octubre 2009, 19:03

        Hola Inma,
        no es que Amenábar haya dado excesivo protagonismo al conflicto de Hipatia con los cristianos, es que Hipatia ha pasado a la historia precisamente por eso. Lamentablemente, de sus trabajos como científica y filósofa no se conserva nada. Amenábar, en una de las secuencias más emocionantes para mí, hace que descubra las elipsis de Kepler, es decir, el rechazo de la idea de Aristóteles y Tolomeo que afirmaban que los planetas se tenían que mover en órbitas circulares. Pero es sólo una hermosa licencia que se permiten Amenábar y Gil.
        Lo que ha quedado en la historia es su horrible muerte, que según todos los indicios, incluidos los testimonios cristianos, fue obra de cristianos fanatizados.
        Cirilo, fuese o no responsable de la muerte de Hipatia, era un verdadero salvaje, intolerante y fanático, que instigó persecuciones contra paganos y judíos.
        En una carta atribuida a Teodoreto, Padre de la Iglesia, se dice a propósito de la muerte de Cirilo: «Por fin, por fin murió este malvado. Su defunción complace a los supervivientes, pero habrá atribulado a los muertos».

        Dices: “No hay certeza de que Cirilo estuviera vinculado con los hechos.”
        Naturalmente que no hay certeza de nada que haya sucedido hace tantísimo tiempo, entre otras cosas porque el cristianimo triunfante se encargó de eliminar las versiones de sus enemigos, pero fíjate que hasta en el libro “Reformadores de la iglesia”, aprobado por el Vaticano, se dice: «Cuando menos es moralmente responsable del abyecto asesinato de la ilustre pagana Hipatia».

        Añades:
        ”Y si lo estuviera, tenemos que pensar que siempre ha habido personas, como en todos sitios: partidos políticos, etc. que han querido tener poder a costa de otros realmente fieles a lo que se defendía, en este caso, la religión cristiana.”
        Eso es cierto, pero aquí no se trata de un caso o dos, de un fanático más o menos, sino de una política intolerante y criminal que se inició casi por las fechas de la película y que tenía, entre sus rasgos de identidad, la persecución sistemática del pensamiento racional y científico, de todo lo que se opusiera a lo que literalmente se leía en la Biblia. No es casualidad: es la esencia misma del cristianismo (no digo de Jesucristo, que quizá pensaba de distinta manera, si es que existió).
        Decir otra cosa es no saber ni querer conocer la historia.
        La politización no la pone Amenábar : la pusieron los cristianos. Y si mostrarse en contra del fanatismo y el crimen es política, bienvenida sea la política.
        De todos modos, me alegro de que te haya gustado la película, siempre es mejor (aunque no siempre es posible) disfrutar que padecer, y al menos no perdiste el dinero de la entrada.

        • DANIEL TUBAU COMENTÓ
          19 Octubre 2009, 19:04

          Hola de nuevo María:

          por la respuesta a Inma, creo que no hace falta decir que estoy completamente de acuerdo con lo que dices.

        • INMA COMENTÓ
          29 Octubre 2009, 16:33

          Hola de nuevo.
          No he podido responder antes porque la docencia e investigación universitaria no da mucho margen al ocio.
          Realmente lo que me gustaría decir es que la película “Ágora” capta la esencia del cristianismo, lo que Cristo predicaba: compartir y ayudar a los demás, como podemos ver en la hermosa escena de Davo dando pan a los pobres, lo que le hacía feliz. Entiendo que la Iglesia, al estar formada por personas, ha tenido momentos en los que no ha sido un ejemplo a seguir pero eso no quiere decir que el cristianismo sea intolerante o violento. Ésa no es la idea que Jesús tenía.

          Daniel, usted dice en su respuesta “si es que Cristo realmente existió”. ¿Tiene usted certeza de que Hipatia sí existió y todavía duda de que lo hiciera Cristo, que es nombrado por muchos, incluso por Flavio Josefo o los árabes? Pienso que hay ocasiones en los que uno cree lo que quiere creer. Hay personas a los que no les ha llegado el momento de sentir a Dios en su vida.
          Sigo pensando que la película está p y yo me siento afortunada de haber tenido esa suerte.
          Por otra parte, pienso que la película está politizada en el sentido de que Amenábar utiliza en su beneficio la temática que él defiende en su vida personal. Considero que es un buen director de cine pero creo que en sus películas no es objetivo pues están impregnadas de sus ideas políticas: eutanasia (“Mar adentro”), ataque a cristianismo (“Ágora”)…
          Me gustaría que fuera profesional y reflejara en una película la vida, por ejemplo, dedicada a los demás del Padre Damián, o de la Madre Teresa de Calcuta, o del Papa Juan Pablo II, o de muchas personas buenas que eran CRISTIANAS y que hacían apología de la verdadera esencia del CRISTIANISMO.
          Finalmente, me gustaría decir que la razón que Hipatia persigue y rige su vida es importante, como podemos ver actualmente. La ciencia mueve muchas cosas y hace que el mundo sea próspero. Pero hay cosas a las que ni la ciencia ni el hombre pueden llegar por más que quieran…
          ¡Un saludo a todos y encantada de haber participado en este foro!

          • DANIEL TUBAU COMENTÓ
            05 Noviembre 2009, 11:43

            Hola de nuevo Inma,

            gracias por volver a comentar por aquí.
            seguramente tienes razón en eso que dices de que Ágora capta la esencia del cristianismo, o su lado bueno, o el verdadero mensaje de Jesucristo, con aquello de repartir el pan entre los pobres.
            Esa escena es una muestra de que Amenábar no es tan poco objetivo como tú lo consideras, pues es una escena positiva para el cristianismo y, en mi opnión, muestra por qué muchas personas se hicieron cristianas, pero también muestra que alguien que reparte pan entre los pobres, como el parabolano, puede ser al mismo tiempo un criminal sin escrúpulos.
            Lo terrible precisamente es que las religiones y las ideologías usen los buenos sentimientos para atraer a sus fieles y luego, a veces, los conviertan en criminales insensibles.
            En cuanto a la Iglesia como tal, no es que haya tenido malos momentos, es que su historia está llena de intolerancia y crímenes casi desde su fundación hasta los tiempos actuales.
            No es una opinión subjetiva: es un hecho que puede constatar cualquiera que se informe un poco.
            Dudo que a Jesucristo le hubiese gustado esa Iglesia, que por otra parte, él nunca instituyó (y es dudoso que ni siquiera la hubiera alentado, a pesar de aquella frase a Pedro).
            Jesucristo, en caso de que haya existido, no era cristiano paradójicamente. Era judío y quería reformar el judaísmo, no crear una nueva religión: aceptó todos los libros sagrados de los judíos, se consideraba descendiente del rey David, un profeta esperado, etcétera.
            No escribió nada, excepto aquella palabra en la arena, y no propuso nuevos libros sagrados (como sí hizo Mahoma con el Corán).
            Esos libros fueron escritos tras su muerte, si es que existió.
            Insisto en lo dudoso de su existencia porque no hay ningún testimonio histórico que lo mencione. El que mencionas de Flavio Josefo se considera una interpolación posterior, puesta por los cristianos para disimular el asombroso silencio acerca de su profeta.
            Esto no es algo que diga yo: lo dice todo el mundo, incluido cualquier estudioso cristiano. No dudo de que lo admitirá el propio Papa Benedicto XVI, porque es algo admitido por la propia Iglesia.
            He discutido este tema en otras ocasiones y quien me lo discutía me ha acabado dando la razón. No es una cuestión de opinión: es lo que sabemos en este momento y lo que admiten todos (insisto en que también lo hacen los cristianos).
            A mí me encantaría que apareciera alguna prueba de la existencia de Jesús. Es un personaje que me cae bien y que, de haber existido, me parece que ocuparía un lugar importante entre los pensadores y reformadores de la humanidad. Yo mismo estoy escribiendo un ensayo acerca del Jesús humano, no del divino, pero no me quiero desviar del tema.
            En fin, ya te digo que es algo aceptado. Sucede lo mismo con Buda, fundador del budismo, o con Mahavira, fundador del jainismo: no se sabe si existieron, como no se sabe si existieron Moisés o Abraham. Sin embargo, sí se sabe que existió Mahoma y tampoco nadie duda de que existiera Hipatia.
            Naturalmente, se puede dudar de todo, incluso de que existamos tú y yo, pero desde un punto de vista sensato y razonable, esto es lo que se sabe ahora acerca de esos personajes históricos.
            Ya te digo que, sinceramente, me encantaría que se descubriera un testimonio histórico fiable de la existencia de Jesucristo.
            En cuanto a lo que dices de los árabes, ellos sólo consideran a Jesucristo uno de los profetas que preceden a Mahoma (lo llaman Isa) pero no hay ningún testimonio árabe contemporáneo a Jesucristo (por esa época los árabes no pintaban mucho en el mundo).

            Tu sientes a Dios en tu vida y me parece estupendo, pero otras personas sienten con al misma intensidad a otros dioses, a veces muy diferentes, y otras no sentimos a ningún Dios. Sobre eso es imposible discutir de manera sensata, me temo.
            Pero con los sentimientos no se puede hacer historia ni afirmaciones dogmáticas (no digo que tú las hagas).

            La película de Amenábar, ¿politizada?, bueno, digamos que él tiene una opinión y la defiende. También Jesucristo se supone que tenía una opinión y la defendía (¿era objetivo Jesucristo?). No veo nada de malo en defender una opinión. Por otra parte, siempre se tiene una opinión, aunque a veces se disimule.
            No veo que la peli de Amenábar se aleje demasiado del rigor histórico ni que deforme los hechos. Obviamente no sabemos lo que sucedió exactamente, pero no es una película que tergiverse de manera llamativa lo que suponemos que pudo suceder.
            De todos modos, una película ni siquiera tiene por qué ser fiel a la historia. Si eso fuera obligado no podríamos hacer ninguna película sobre Jesucristo :)

            Por otra parte, lo que dices del padre Damián, la madre Teresa de Calcuta y Juan Pablo II: no sé suficiente sobre el padre Damián, sí admiro mucho a Teresa de Calcuta, pero Juan Pablo II me parece justo lo contrario de todo lo que predicó Jesucristo, una muestra de lo peor del cristianismo y de una Iglesia poderosa y dogmática que es una vergüenza para cualquier cristiano que de veras quiera seguir el mensaje de su profeta.

            [2012: Tres años después, y mejor informado, tengo que decir que ya no admiro a la madre Teresa de Calcuta de ninguna manera. Siento haberme equivocado en su momento, lo que es una prueba de que antes de opinar hay que informarse un poco mejor (lo digo por mí, claro)]

            Un saludo y de nuevo gracias por seguir comentando y no tomarte a mal las respuestas, que no pretenden ser ofensivas, pero sí sinceras.

  6. MARÍA COMENTÓ
    17 Octubre 2009, 12:58

    No entiendo, francamente, por qué interpretas el final como una redención del personaje de Davo. A mi me pareció un final terrible, con un componente de agresión sexual que Hipatia sólo soporta porque la alternativa seria peor. Davo es un personaje cobarde y violento que no se redime en ningún momento, y menos si se le compara con Orestes, que se sobrepone a la humillación del rechazo y trata de sublimar su deseo convirtiéndolo en digna amistad.
    Por otra parte, el sexo puede ser compatible con el amor a la ciencia de Hipatia, pero no tanto la maternidad. Y no hay que olvidar que la verdadera libertad sexual es dudoso que exista todavía, y menos para las mujeres. Si Hipatia se casó o no, si era virgen o no, es irrelevante. Su virginidad, probablemente representa su libertad y su independencia. Aún ahora una mujer sin pareja es considerada amargada, inferior, lesbiana… una mujer a medias. Lo de siempre. Yo diría que Hipatia representa la libertad fundamental: la de pensar. “Yo puedo cuestionarme lo que creo. Tú no”, la frase con la que despacha a un sufriente y bienintencionado Orestes es la mejor síntesis de la película.

    • Daniel Tubau dijo
      17 Octubre 2009, 12:58

      Sí, creo que tienes razón en lo que dices, pero con ciertos matices. Si me preguntas mi opinión acerca de si Davo se redime o no, yo te diría que no. Pero si me preguntas si el guionista y el director han pensado esa escena con la intención de ofrecer al personaje un cierto tipo de redención, te respondería que sin ninguna duda.
      Ellos, como yo, y supongo que tú y todos los que hemos admirado a Hipatia, sabemos al ver la película que la muerte de Hipatia se produjo probablemente al serle arrancada la piel a tiras con conchas de mar. Según otros autores, fue lapidada.
      Cuando se acerca el desenlace, los que sabemos eso esperamos ese terrible momento. Quienes no conocen la historia de Hipatia, como es obvio, no se lo esperan y quizá incluso esperan que ella se salve, pero también a ellos se les plantea en un momento dado claramente la alternativa: o morir de manera horrible lapidada o ser ahogada de manera rápida. Allí se ve claramente que no hay más alternativa: no hay huída posible, ella y Davo saben lo que va a suceder y saben que va a ser horrible, un horror casi indescriptible.
      Ese horror se suaviza (y eso en mi opinión es un error) por el último acto “humanitario” de Davo.
      En cuanto a lo del sexo y la maternidad, lo he comentado en respuesta a un comentario anterior: se conocen casos de filósofas, directoras de academias incluso, que fueron madres, como Arete, hija de Aristipo, sucesora como directora de la escuela cirenaica (que defendía el placer) y madre de Aristipo el Joven. Es obvio que en la Antigüedad la mujer carecía de libertad e igualdad, especialmente en Grecia, pero tuvo más libertad en Roma y en la época alejandrina, aunque, paradojicamente, las mujeres más cultas eran las más relacionadas con el sexo, las hetairas, como Safo de Lesbos, probablemente la mejor y el mejor poeta de la Antigüedad.
      Yo tampoco creo que exista la verdadera libertad sexual hoy en día, especialmente fuera de Europa y Estados Unidos, y especialmente para las mujeres (y para los homosexuales en algunos países donde incluso se les condena a muerte).
      En las respuestas a los otros comentarios también habló de la probabilidad de que Hipatia estuviera casada.
      Y sí, estoy completamente de acuerdo en la frase que señalas como síntesis de la película: “Yo puedo cuestionarme lo que creo. Tú no.” Es una buena síntesis también del pensamiento racional frente al fanatismo y los prejuicios, como lo es toda la película. En esto ni el guionista ni el director se muestran ambiguos y son, por ello, dignos de los mayores elogios.

      • MARÍA COMENTÓ
        17 Octubre 2009, 12:59

        Y añado otra cosa. Ágora sí hace una concesión al público que merece debate: Todos los protagonistas son jóvenes y guapos. Te cuestionas si Hipatia debería haber sido mostrada como sexualmente activa. ¿Nos cuestionamos la vida sexual de su padre? Hipatia era probablemente una mujer arrugada y canosa en el momento de su lapidación. Sin embargo parte del encanto de la película, también para ti, es que todo el reparto está compuesto por gente cachas.

        • DANIEL TUBAU COMENTÓ
          19 Octubre 2009, 18:59

          Estoy de acuerdo, aunque a mí me gustan también los viejos (no sólo los jóvenes y las jóvenes cachas o esculturales). Pero esa estética es parte de eso que critico en la entrada: el estilo hollywoodiense.

  7. NACHO DIJO
    13 Octubre 2009, 06:54

    Por la forma en que describes el celo científico de Hipatia, su pureza fanática racionalista, parece que estamos de nuevo frente al arquetipo del científico que, salvo contadas excepciones, ha promocionado el cine: asocial, ensimismado, asexuado, obsesionado, filántropo… No sé si habrás leído el libro “La razón estrangulada” de Carlos Elías, pero en un capítulo hace un análisis a mi juicio perfecto sobre esto. ¡Para describir las maravillas de la ciencia, la inteligencia y el tesón de los científicos no hace falta reconvertirlos en santos laicos! Saludos

    • DANIEL TUBAU DIJO
      13 Octubre 2009, 06:59

      Sí, creo que ese es el problema fundamental de Ágora, una película que, por otra parte, es valiente en la manera de plantear el enfrentamiento entre la superstición y la razón, pero que falla por ese lado, como si quisiera mostrar también un defecto de su heroína: “Dad a los grandes héroes grandes debilidades”, dice un sabio consejo narrativo, pero creo que se puede hacer sin caer en el tópico habitual al presentar a los científicos. Me apunto tu recomendación del libro de Carlos Elías, que parece interesante. Un saludo

  8. MARK RENTON COMENTÓ (13 Octubre 2009, 06:53

    El problema es que no hubo cojones para que la protagonista fuese un callo. Siempre tiene que estar buena y poner a ladrar a los hombres que tenga cerca
    Y lo triste es que si no la pelicula seria un fracaso de taquilla

    • Daniel Tubau dijo
      13 Octubre 2009, 06:53

      Puede ser, pero en lo que sí están de acuerdo todas las fuentes históricas es en que Hipatia era muy hermosa. Tal vez sea una idealización, pero en eso no disienten. Otra cosa es que en el momento de su muerte al parecer tenía más de 60 años (y no los 40 que aparenta en la película).

  9. Daniel Tubau dijo
    (13 Octubre 2009, 06:52)

    Sí, creo que en lo que dices tienes bastante razón, pero dudo de que se pueda aplicar a Hipatia y a la decisión narrativa de Gil y Amenabar. Aunque hay que tener en cuenta que las consideraciones que haces tal vez no son aplicables a los griegos y romanos (aunque Hipatia y los demás vivían en Alejandría se les considera griegos o romanos en todos los sentidos).
    Aparte de Teano, la esposa de Pitágoras, hay otros casos, como el de Arete o Areta, hija del filósofo Aristipo, que a la muerte de su padre dirigió la escuela cirenaica, una escuela que defendía el placer. Ella misma educó también a su hijo, Aristipo el Joven.
    En cualquier caso, una cosa es que en su vida pública Hipatia mantuviera ciertas formas y cierta distancia y otra muy distinta que en su vida privada rechazara el sexo como si fuese un pecado (lo que es una concepción demasiado cristiana, casi por completo ajena al mundo antiguo grecorromano). Pero, claro, en Ágora estamos ya en las primeras épocas del cristianismo.

  10. ANÓNIMO COMENTÓ (06 Octubre 2009, 17:38)
    No he visto todavía la pelicula pero puedo entender que Hipatia fuese una mujer que no mostraba su sexualidad. Normalmente si luchas para que te vean profesional si muestras una pizca de sensualidad se eclipsa todo tu trabajo. Supongo que Amenabar no quería correr el riesgo de dar una imagen equivocada de Hipatia. Es como el voley playa, tu estás en una competición deportiva pero solo se está comentando tu culo. Además Hipatia era una mujer acostumbrada a estar entre hombres lo cual te hace verlos mas como amigos y si has conseguido que te respeten en su círculo es algo que no arriesgarias a perder. Supongo que para Hipatia era mas especial provocar en un hombre su admiración que deseo. Digo esto porque mi madre era ingeniera entre todo hombres que además trabajó en Egipto y Paquistán y la he visto comportarse con ellos, si te alejas de la profesionalidad te comen.

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