Atroz autocontrol

|| Juicio y sentimiento 1

AVISO PRELIMINAR EN 2017

De nuevo inicio este serial o folletín autobiográfico, que comencé a escribir en 2004 y que queda siempre interrumpido. Tal vez este verano haya más suerte.

AVISO PRELIMINAR (2016)

Hace seis años reinicié en mi Salón Digital un folletín de verano llamado Juicio y sentimiento, que había iniciado cinco años antes. Quedó interrupido por segunda vez. Aquí, de nuevo en verano, lo reinicio, con la esperanza de que vuelva a quedar interrumpido.

 

AVISO PRELIMINAR (2009)

Hace cinco años inicié en mi página de Blogger un folletín de verano llamado Juicio y sentimiento. Quedó interrumpido, quizá en el momento más interesante, así que he decidido recuperarlo cinco veranos más tarde, y, ¿quién sabe?, tal vez continuarlo, si consigo recordar de qué quería hablar y recuperar el tono y el estilo. Al menos lo incorporaré a la estructura de los blogs, pues estaba en páginas independientes que, supongo, muchos no visitaron.

Comienza…

¡Oh, desocupado lector que en las horas del estío buscas en vano ese entretenimiento ameno que te permita solazarte sin avergonzarte, he aquí que lo has encontrado!

Un folletín como los de antes: ligero, emocionante y emotivo, pero, al mismo tiempo, con esas gotas de sana erudición y vivaz ingenio capaces de ofrecerte temas de conversación para intercambiar con conocidos y desconocidos. Juicio y sentimiento. No te pierdas el próximo capítulo.

“Elinor, la hija mayor, tenía una firmeza de entendimiento y una frialdad de juicio que la hacían idónea para ser, aún a sus diecinueve años, la consejera de su madre… Tenía un grandísimo corazón; era afectuosa por naturaleza y de firmes sentimientos, pero sabía cómo gobernarlos. Las facultades de Marianne eran, en muchos aspectos, completamente idénticas a las de Elinor. Era juiciosa e inteligente, pero impaciente en todo; sus penas, sus alegrías podían no conocer la moderación. Era generosa, amable, interesante: lo era todo menos prudente.”

Jane Austen, Juicio y sentimiento

 

Mi padre opina que yo ejerzo sobre mí mismo un férreo control.

No sé cuál fue el origen de esta idea peregrina, pero he observado que no es el único que lo piensa. Sospecho que el mayor responsable de la propagación de esta idea entre mis familiares y amistades he sido yo mismo, al contar lo que opina de mí mi padre. Estas cosas suceden: cuentas una idea disparatada que alguien se ha hecho de ti y con el paso del tiempo la gente sólo recuerda la idea que les contaste, pero olvida que era una idea disparatada. Por eso se dice: “Difama, que algo queda”.

Como consecuencia del perverso mecanismo descrito, a menudo me he tenido que defender de esa curiosa acusación que consiste, en definitiva, en reprocharme que ejerzo sobre mí mismo un desmesurado autocontrol. Autocontrol es una palabra que suena bien en determinados contextos, pero que en la mayoría de las ocasiones se emplea como sinónimo de hipocresía, falta de espontaneidad, represión, conservadurismo y falsedad. Así que se deduce que mi padre y otras personas  me imaginan como una especie de olla a presión que lucha constantemente por no revelar sus verdaderos sentimientos y emociones, un esforzado optimista que mantiene la sonrisa en el rostro, pero que está deseando gruñir o gritar; un reprimido que se muestra amable, pero que, en su fuero interno, desearía insultar o golpear.

He de aclarar, antes de continuar, que yo estoy, sin ninguna vacilación, a favor del autocontrol. Creo que es cierto lo que decía Aristóteles: una vida sin reflexión no merece ser vivida, y creo que es bueno lo que defendían muchos libertinos: el reinado de la razón y el cálculo de las pasiones. Creo también que si uno no aprende nada de la experiencia entonces es que vive en el mundo como un tronco seco o como una roca, y que de nada le sirve el trabajo que la selección natural se ha tomado durante milenios para dar forma su complejo cerebro. Creo también que quienes caen contínuamente en el exceso cuando beben, cuando se drogan o simplemente cuando viven ruidosamente, no por ello son más sinceros y espontáneos, sino tan sólo más estúpidos, porque convierten el placer en displacer. No es que aprovechan más el placer, es que lo cortan de raíz. Porque los verdaderos placeres son moderados, incluso en el exceso.

Una vez he dejado claro que creo en el autocontrol, puedo decir con toda tranquilidad que no lo ejerzo sobre mí mismo.

Muchos pondrán en duda una afirmación semejante (a ellos les responderé en su momento), mientras que otros quizá se pregunten: “Si estás a favor del autocontrol, ¿por qué no lo practicas?”.

Esa es una buena pregunta. La respuesta es sencilla: porque no lo necesito. No me hace falta ejercer el autocontrol, porque no tengo casi nada que reprimir. No soy esa olla a presión en la que las emociones intensas bullen y los instintos permanecen encadenados en oscuras mazmorras. No me censuro, no me reprimo, no me controlo. A muchos, ya lo sé, esto no les parece posible, pero debo decirles sin disimulo que eso no es un problema mío, sino suyo. Muchas personas no pueden creeer que un temperamento no sea dominado por toda clase de bajas pasiones, simplemente porque se observan a sí mismos y lo que ven les hace pensar que todos han de ser como ellos. Y lo cierto es que muchos son como ellos.

La anterior es una manera muy directa de describir a los demás, que resulta insultante y presuntuosa al mismo tiempo. Podría haber respondido con más disimulo y diplomacia, pero se trataba precisamente de no ejercer el autocontrol, ¿no es cierto?

Mi tarea ahora consistirá en explicar por qué afirmo con tanta desfachatez y descaro que no ejerzo sobre mi mísmo represión, censura y autocontrol. Lo haré con ayuda de William James.

[Miércoles 28 de Julio de 2004, Barcelona]

Continuará…


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  • IVÁN TUBAU COMENTÓ el 31 de julio de 2004: por fin he entrado más o menos en lo tuyo tal como está ahora. Le he echado un vistazo general porque son casi las dos de la madrugada y como sabes yo soy la cenicienta. pero ha sido suficiente para encontrar varias cosas muy interesantes (no solo las que me aluden). Lo que más, tal vez, así al pronto, tu negativa, argumentos de autoridad à l’appui, a aceptarte a ti mismo como individuo autocontrolado. Ya hemos hablado de ello cara a cara y de modo explícito me consideras algo así como el responsable principal de que eso se haya puesto en circulación. acaso volvamos a hablar de ello. cuando esté más despierto, of course. en fin, congratulations, de momento.