Los soplos de la voz

Lectura del Zhuangzi /12

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El maestro Zhuang dice: “Las palabras no son como el soplar del viento”.

Esta es una frase que puede ser interpretada de muy diversas maneras. Una de ellas, de la que he hablado en Palabras en el viento, es que las palabras son algo más que simple aire, puesto que transportan un significado, tienen un sentido. Desde este punto de vista, el maestro Zhuang estaría negando aquella célebre expresión de los nominalistas medievales que decían que las palabras eran “flatus vocis”, soplos de la voz.

Ahora bien, los nominalistas no llegaban tan lejos como para negar que las palabras tuvieran significado, lo que decían es que los conceptos universales, como “bondad”, “belleza” o “divinidad” eran emisiones fonéticas, palabras con un significado, sí, pero no necesariamente con un referente. Es decir, que aquello a lo que se referían no tenía por qué existir. Existe Dios, pero no la “divinidad”, existe este hombre y aquel hombre pero no la “humanidad”.

pedroabelardoRoscelino de Compiègne (1050-1121),  fundador del nominalismo y autor de la comparación entre los universales y los “flatus vocis” fue obligado a retractarse de sus enseñanzas, ya que, siguiendo su interpretación, era absurdo decir que exista algo que se corresponda con la palabra “Trinidad”, lo que existe, en todo caso es el Dios padre, el Dios hijo y  el Dios Espíritu Santo, lo que nos aleja de ese monoteísmo-trialismo inexplicable e incomprensible que adoptaron los cristianos y desemboca en la herejía del triteísmo, tres dioses o al menos tres sustancia diferenciadas. Sin embargo, su discípulo Abelardo y otros  filósofos como Guillermo de Ockham, conservaron el nominalismo, aunque teniendo mucho cuidado de aplicarlo a la Trinidad.

Los nominalistas, en definitiva, decían que los conceptos universales eran sólo “flatus vocis”, conceptos que tenían más sentido que el viento, pero que no se correspondían con algo existente en sí. Admitían que  algunas palabras podían tener una correspondencia en el mundo de las cosas existentes (incluyendo entre esas cosas existentes a Dios mismo), pues las significaban, por ejemplo, la palabra “pan” referida a una barra de pan. Incluso podía haber palabras que se refiriesen a cosas no existentes o no dotadas de individualidad sustancial, pero imaginables, como la “bondad” entendida como una cualidad aplicable a cierto tipo de acciones o pensamientos. Desde este punto de vista, cuando Zhuang dice que las palabras no son como el soplar del viento estaría diciendo que las palabras tienen significado (tesis de los nominalistas) o incluso que tienen algo más que significado (tesis de los realistas).

Sin embargo, la frase del Zhuangzi se interpreta a menudo en un sentido completamente opuesto: Zhuang no estaría despreciando al viento al decir que las palabras son algo más que el soplar del viento, sino todo lo contrario. Estaría despreciando a las palabras, diciendo que no llegan ni de lejos a las virtudes que sí tiene el viento. Esa es la intrerpretación que ofrece Preciado Ydoeta en su traducción del Zhuangzi::

“La palabra procede de un prejuicio, es algo intencional, no como el viento, que es totalmente espontáneo y natural”

Es decir, Zhuang no estaría diciendo: “La palabra no es como un simple viento o aire porque la palabra, además, expresa razones y tiene significados“, sino “La palabra no es como el viento o el aire porque la palabra no es natural y carece de la espontaneidad del viento“.

Preciado Ydoeta opina que Zhuang no solo da un sentido negativo a las palabras, sino que da un sentido positivo al viento. Veamos de nuevo el pasaje que ya cité en Palabras en el viento, pero ahora en la traducción de Pilar Gómez España y Jean Claude Pastor Ferrer:

“La palabra no está hecha sólo de aire,
la palabra tiene un decir,
pero lo que dice no es nunca fijo.
¿En verdad existen las palabras?
¿En verdad se diferencian del piar de los pájaros?“.

Es una traducción que parece acercarse más a mi interpretación, pero recordemos ahora la traducción de Preciado Ydoeta:

“La palabra no es como el soplar del viento. El que habla expresa razones, mas estas razones no son algo permanente. ¿Habla realmente? ¿O es que acaso no habla? Imagina que sus palabras son diferentes al piar de un pajarillo. ¿Se distinguen? ¿O acaso no se distinguen?

Aquí la traducción parece haber variado lo suficiente para favorecer otra interpretación. Hay razones muy poderosas a favor de la interpretación de Preciado Ydoeta, en especial el hecho innegable de que en los primeros pasajes del Zhuangzi se hace un elogio del viento y de lo que el viento expresa al moverse entre las oquedades de la tierra. Sin embargo, aunque creo que es cierto que Zhuang es crítico con la palabra y elogioso con el viento, creo que en el fragmento que nos ocupa se refiere al viento de la manera más común, como a algo que carece de significado, o al menos del significado atribuido a las palabras.

Enseguida veremos la crítica al lenguaje y a las palabras, al razonar mismo, que hace Zhuang, pero antes quiero avanzar una tesis personal. No tengo noticia de que ningún intérprete del Zhuangzi haya llegado a este planteamiento. Tiene que ver, precisamente con ese elogio del viento que hace Zhuang en los primeros capítulos de su libro.

Continuará…

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He hablado de la polémica entre realistas y nominalistas (que no hay que confundir con la poelémica realistas-idealistas, en El cristianismo, tan cerca y tan lejos)

******

ENTRADAS PUBLICADAS EN “LECTURA DEL ZHUANGZI”

¿Qué es el Zhuangzi?

UNA LECTURA DEL ZHUANGZI /1


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El pájaro Peng
Lectura del Zhuangzi /2

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Zhuang visita la caverna de Platón
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Lectura del Zhuang Zi /3

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[Lectura del Zhuangzi /7]

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Nos cortamos con el filo de las cosas
Lectura del Zhuangzi /9

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Lectura del Zhuangzi /10

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Palabras en el viento

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Viajes al Otro Mundo

Lectura del Zhuangzi /13


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Los disparates de Jieyu
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Lectura del Zhuangzi /8

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Los soplos de la voz

Lectura del Zhuangzi /12


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TEXTOS COMPLEMENTARIOS

Enciclopedia del Zhuangzi
Lectura del Zhuangzi

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Voltaire: Primera carta sobre los cuáqueros

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Bibliografía

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Platón: el mito de la caverna

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Otros mundos: Uexkhull y el Zhuang Zi

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Originally posted 2014-10-07 23:26:45.

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Mansiones Chungking

 

Mi dedo señala las mansiones Chungking

 

Mi pensión en Hong Kong está en las Mansiones Chungking, el lugar en el que Wong Kar Wai rodó Chungking Express.

Es un lugar difícil de describir, un edificio inmenso, pero que en Hong Kong es sólo uno más, en el que hay decenas, tal vez incluso hasta cien pensiones y hoteles que llenan su más de veinte pisos. Para subir a las pensiones hay que tomar unos ascensores destartalados en los que hay gente esperando casi a cualquier hora del día o de la noche. Unos encargados vestidos de uniforme, agotados, casi exhaustos, se encargan de indicar quienes deben subir en cada ascensor, a veces con brusquedad, porque algunas personas intentan colarse. Los guardias tienen cara de pocos amigos. Algo muy comprensible, porque muchas de las personas que transitan por allí dan bastante miedo, o al menos te causan un cierto respeto. Supongo, sin embargo, que, como suele pasar en estos casos, las mansiones Chungking será uno de los lugares más seguros del mundo.

En las guías de viaje recomiendan que subas a tu pensión directamente y que no hagas caso a nadie de los que te ofrecen a cada paso cualquier cosa imaginable.

Lo más increíble de las mansiones Chungking no es el que se concentren en su interior más pensiones por metro cuadrado que en cualquier otro lugar del planeta, ni que cada una de esas pensiones tenga cuartos de también un metro cuadrado, que son como un armario en el que un ventilador a toda potencia tiene que estar permanentemente conectado para que no te deshagas en el calor pegajoso y asfixiante. No, lo más asombroso es el interior mismo del edificio, que es como una plaza interior inmensa llena de edificios y tiendas, incluso un mercado central. Algunas de las tiendas son minúsculas, otras se desparraman contra las paredes, supongo que alguien podría vivir años en las mansiones Chunking, sin salir nunca al exterior. Todo lo que se ve en la película de Wong Kar Wai, que uno pensaría que son diferentes lugares de Hong Kong, está en realidad no fuera, sino dentro del edificio. Allí es donde, me doy cuenta ahora, trascurre toda la película.

(Escrito en Hong Kong, 6 de junio de 2011)

Originally posted 2011-07-10 11:54:33.

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La tierra prometida

Jollain_Moses_Views_the_Promised_LandEl filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz aseguró que Dios había creado el mejor de los mundos posibles, una teoría que causó hilaridad general en su época. Voltaire la ridiculizó en su Cándido, haciendo que el protagonista de su novela recorriera el mundo sufriendo una desgracia tras otra. Pero, como Cándido es discípulo del profesor Pangloss (es decir, de Leibniz), se niega a ver los horrores del mundo y todo le parece estupendo. Cándido es un moderno Job, que soporta todos los horrores del mundo no ya con resignación sino con verdadera alegría, cegado por una teoría, la de que vivimos en el mejor de los mundos posibles..

El argumento de Leibniz, sin embargo, está lejos de ser tan absurdo como parece a primera vista. Dios, en primer lugar, está sometido a lo que Leibniz llama el “principio de razón suficiente”, que dicho en profano significa: siempre debe haber una razón para que suceda cualquier cosa. Dios  debe someterse a las leyes de la naturaleza que él mismo ha creado, como lo hace un buen novelista al someterse a las leyes de verosimilitud que él mismo ha establecido en su relato: si no lo hace, el lector se sentirá estafado (ver la paradoja El guionista crea sus propias reglas, pero está sometido a ellas).

Para un filósofo racionalista y razonable como Leibniz, una vez que Dios ha definido las leyes de la naturaleza, estas deben funcionar siempre del mismo modo y ni siquiera Dios está autorizado a modificarlas a mitad del juego. ¿Por qué iba un Dios perfecto a crear leyes imperfectas que necesitasen ser revisadas y modificadas?

Un descubrimiento inesperado nos ha ofrecido recientemente una pista inesperada acerca del origen de la teoría de los mundos posibles de Leibniz. En 1992, al derribar la pared de una casa del pueblo de Barcarrota, en la provincia de Badajoz, aparecieron varios libros que algún judío había escondido allí, tal vez antes de emigrar a Portugal para escapar a las persecuciones promovidas por los Reyes Católicos. Uno de esos libros es el llamado “Lazarillo de Barcarrota”, versión del célebre Lazarillo de Tormes. Pero aquí me interesa otro texto, que fue encontrado en otra casa de la misma localidad unos años después, en 2008.

Se trata de una crónica del siglo XV que cuenta la historia de un piadoso rabino de Toledo llamado Eliezer, quien, al morir, preguntó a Yahveh, con una osadía que sólo se recuerda en personajes como Abraham o Jacob, por qué había creado un mundo tan defectuoso, en el que los cuatro elementos, agua, aire, fuego y tierra, sólo parecían existir para causar desgracias: maremotos y terremotos, incendios y volcanes, tornados y huracanes.

Yahveh le responde que, antes de crear este mundo, imaginó otros muchos, en los que combinó los cuatro elementos de mil y una maneras. Dios permite entonces a Eliezer que contemple esos mundos y el rabino descubre que en todos ellos sólo hay desolación y muerte, que están, como diría Shakespeare, llenos tan sólo de ruido y furia. En los mundos en los que apenas hay agua, es cierto que no hay tormentas, pero tampoco hay peces en los ríos o en el mar. En los mundos en los que no hay fuego, nadie puede protegerse del frío y la tierra es un desierto helado. En aquellos en los que apenas sopla el viento, las epidemias se extienden sin freno en un aire fétido e inmóvil. Por fin, Yahveh muestra a Eliezer que en los mundos en los que la tierra es blanda e inofensiva no se puede caminar, ni construir casas, ni sembrar, la triste vida de esos mundos se arrastra por el fango. Finalmente, Dios permite al rabino contemplar nuestro planeta desde las alturas, como hizo Elías en su carro de fuego. Cito aquí el manuscrito en su reciente traducción al castellano:

“Y Eliezer descubrió que desde las alturas la Tierra era un planeta hermoso, que las plantas, las flores y los frutos crecían como no había visto en ningún otro mundo, que las montañas contenían minerales y metales que estaban a disposición de los hombres y las mujeres, que los mares albergaban miles de criaturas, y que la fértil tierra ofrecía cada año cosechas de cereales, plantas y frutos a quienes la supieran cuidar”.

Nada más nos dice la crónica acerca de Eliezer y no sabemos si quedó convencido o no, aunque es evidente que el cronista opina que Yahveh ha logrado disipar las dudas del piadoso rabino, pues su relato concluye con Yahveh mostrando un puñado de tierra a Eliezer: “Esta y no otra es la verdadera tierra que os prometí, la tierra misma”.

Una última pregunta que quizá ya se ha hecho el lector: ¿se puede probar que este relato fue conocido por Leibniz? La única respuesta posible, en mi opinión, es que pudo llegar a él a través de los círculos relacionados con el judío Baruch Spinoza, cuya filosofía, aunque casi en secreto, Leibniz admiraba.


[Publicado por primera vez en Alquimia de la tierra, en 2012]ensayosdeteologia-cabecera

NUMEN - Mitología Comparada

Originally posted 2015-11-13 00:47:46.

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Las últimas razones y la razón última

Un interludio absolutamente inevitable en el viaje de Natalia y Ailatan en busca del tiempo 7

LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA [1987]

(Continúa desde: Un nuevo encuentro, Un argumento determinista, Un argumento cuántico, Un argumento existencial, Más argumentos, Una charla casual y causal acerca del libre albedrío)

Natalia

Me parece que lo mejor será lanzar una moneda al aire. Si sale cara, el determinismo es correcto; si sale cruz, lo es el indeterminismo. Es una buena manera de elegir.

Demócrito

Te equivocas: si lanzas una moneda al aire no resuelves el problema, y mucho menos eliges[1]Es decir, el libre albedrío sólo e posible como término medio entre el azar y el determinismo o necesidad.

Natalia

Ahora que lo dices, eso me recuerda algo que dice nuestro viejo amigo Gardiner[2]Gardiner= Martin Gardner. El libro es probablemente Los porqués de un escriba filósofo en un libro que leeré dentro de unos meses: “Si no podemos elogiar ni culpar a nadie por decisiones que no podrían haber sido distintas, menos aún podemos elogiarles o culparles por decisiones que se han tomado agitando los dados dentro de su cráneo”.

Demócrito

Así es, ni el determinismo ni el azar permiten la libre elección. En realidad, todo es fruto de ambas cosas, del azar y de la necesidad[3]Célebre frase de Demócrito, filósofo griego, creador, junto a Leucipo, de la primera teoría atómica, al menos en Occidente..

Natalia

Llevamos una eternidad hablando del determinismo y el indeterminismo. Se me ocurre que la mejor manera de resolver esto sería que me presentases al demonio de Laplace.

Ailatan

No puedo. Él me dijo que tú me harías esta petición, pero que no estaba determinada su presencia en este sueño[4]En el original se decía no “presencia”, sino “presencia física”, lo que es tal vez discutible tratándose de un sueño.. También me dijo que le verías en otro sueño, pero no me dijo el año[5]Promesa que todavía (1997) no se ha cumplido.

Natalia

No se puede decir que sean predicciones impresionantes, ¿eso es todo lo que te ha dicho?

Ailatan

No. También me dijo que tú te burlarías de sus predicciones y que yo terminaría éste diálogo, esta felicitación y éste sueño diciendo la palabra… FIN.

[Esta felicitación tiene notas, añadidas en 1997. Puedes verlas haciendo clic en las notas.  También puedes leer el texto completo de principio a fin -mucho más recomendable- y después las notas, que también aparecen  situadas al final del texto. Hay vínculos para saltar en un instante desde el número a la nota correspondiente, y a la inversa, para regresar al texto donde estabas. Para cerrar la nota, haz clic en close, en la esquina superior derecha de cada nota]

nataliaTubau-cabecera

LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA

El extraño caso del aniversario de Natalia Tubau [1982]

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LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA

El misterioso y estremecedor asunto de los crímenes de Natalia Tubau para con sus años [1983]

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LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA

Rejuvenecer no es sino envejecer de otra manera…o…El irritante asunto de los aniversarios de Natalia Tubau [1984]

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LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA

Cuarta felicitación de cumpleaños a mi insaciable hermana Natalia Tubau García [o La venganza es mía] [1985]

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LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA

Diálogo con el que Daniel Tubau felicita a su hermana Natalia en su 26 aniversario [1986]

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Un nuevo encuentro

Un interludio absolutamente inevitable en el viaje de Natalia y Ailatan en busca del tiempo 1

LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA [1987]


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Un argumento determinista

Un interludio absolutamente inevitable en el viaje de Natalia y Ailatan en busca del tiempo 2

LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA [1987]


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Un argumento cuántico

Un interludio absolutamente inevitable en el viaje de Natalia y Ailatan en busca del tiempo 3

LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA [1987]


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Un argumento existencial

Un interludio absolutamente inevitable en el viaje de Natalia y Ailatan en busca del tiempo 4

LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA [1987]


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Más argumentos

Un interludio absolutamente inevitable en el viaje de Natalia y Ailatan en busca del tiempo 5

LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA [1987]


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Una charla casual y causal acerca del libre albedrío

Un interludio absolutamente inevitable en el viaje de Natalia y Ailatan en busca del tiempo 6

LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA [1987]


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LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA

Natalia y Ailatan en busca del tiempo
[1988]

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LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA

¿Un sueño? [1989]

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Una estancia en Moralia [1991]
1. Sueños y pesadillas

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Una estancia en Moralia [1991]
2. Un viaje cortolargo

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Una estancia en Moralia [1991]
3. En Moralia

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Una estancia en Moralia [1991] 4. Llegan más moralistas…

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Una estancia en Moralia [1991]
5. ¿Alguien más se une al grupo?

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La montaña del fin del mundo

|| Aventuras oníricas de Natalia (1992 / 1)


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Las últimas razones y la razón última

Un interludio absolutamente inevitable en el viaje de Natalia y Ailatan en busca del tiempo 7

LAS AVENTURAS ONÍRICAS DE NATALIA [1987]


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 El azar y la necesidad

De las fascinantes paradojas y contradicciones alrededor del azar, la necesidad y el destino quise hablar en 2014 en la página Divertinajes, o quizá no lo quise, sino que me fue impuesto por una necesidad metafísica o por el golpear causal o casual en el interior de mi cerebro. Aquí he añadido otros textos relacionados con el azar y la necesidad, es decir, el determinismo y el indeterminismo.

Pi y la Biblioteca

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Dawkins: genes, memes y determinismo

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Tersites y Palamedes, las leyes del azar
|| Homéricas /007

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Aquiles y Áyax se la juegan en Troya
Homéricas /008

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El rey indio que se apostó a sí mismo

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Cómo ganar a los dados a un tonto

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Lo que sí está en los genes

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El azar y la necesidad

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Casualidades

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Casualidades significativas y narrativa

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La columna de fuego

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Análisis retrospectivo y física cuántica en el problema del determinismo y el indeterminismo

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Cicerón, el estadístico

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El azar y la necesidad

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Casualidades causales

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Originally posted 2012-08-28 17:41:15.

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El análisis premortem de Washington Irving Bishop


Todo el mundo ha oído hablar del análisis postmortem, un trabajo de forenses que aparece una y otra vez en todo tipo de series de televisión y en novelas policíacas. Pero pocos conocen el análisis premortem. No se trata, como puede parecer a primera vista, de una autopsia practicada a alguien que todavía está vivo, aunque según parece eso ha sucedido más de una vez. En otra ocasión hablaré del verdadero análisis premortem, un método que se emplea para evaluar proyectos, pero ahora permitid que os cuente uno de esos casos de autopsia premortem, la de un hombre llamado Washington Irving Bishop, que al parecer era nieto del justamente célebre narrador Washington Irving.


Cartel de promoción de Bishop

Bishop nació en 1856. Sus padres eran espiritistas practicantes, que transmitieron a su hijo la afición de hablar con el más allá. Sin embargo, tras unos años durante los que se dedicó a fingir, como sin duda habían hecho  sus padres, que creía en la comunicación con los muertos, Bishop decidió denunciar públicamente los métodos de sus colegas, como la medium Anna Eva Fay. De crédulo y farsante pasó a ser honrado denunciador de las mentiras espiritistas.

Años después  se produjo un nuevo cambio en la vida de Bishop, tal vez causado por necesidades económicas, que le llevaron a plantearse si valía la pena volver a engañar a los crédulos que pueblan el mundo, pues, como dijo Barnum, a cada minuto nace un tonto. Bishop empezó entonces a hacerse conocido por sus lecturas de las mentes ajenas y como un gran experto en lectura muscular, que consiste en vendarse los ojos y adivinar el pensamiento de otra persona, tan solo tocando su mano.

Pero las actuaciones de Bishop a veces contaban con un espectacular ingrediente adicional, que no era responsabilidad suya, al menos no de manera consciente, porque ese aliciente extra consistía en que el Bishop caía en un trance que le hacía perder la conciencia y quedarse como muerto en el escenario. Al cabo de un tiempo, eso sí, regresaba a la vida. Ese número especial, ese momento único y asombroso, como he dicho, no estaba incluido en el espectáculo, sino que era provocado de manera siempre imprevisible e inesperada por una enfermedad cataléptica que padecía Bishop. Ahora bien, para evitar que alguien creyera que estaba realmente muerto, Bishop había avisado a sus allegados y llevaba siempre en la chaqueta un papel en el que se advertía de sus trances catalépticos. De este modo, cuando era presa de uno de sus trances, simplemente había que esperar a que saliera de él de manera natural.

El lector ya puede imaginar el desenlace de esta historia, aunque le daré algunos detalles. Sucedió un 12 de mayo de 1889 en el Lamb’s Club de Nueva York. Bishop realizó su espectáculo de lectura muscular y de repente cayó al suelo, como derribado por un rayo. Tras unos minutos, se recuperó del trance cataléptico y pudo continuar el espectáculo. Sin embargo, poco después sufrió otro ataque, y en este caso la recuperación no llegó. Aunque los cronistas que he podido consultar no lo cuentan, se supone que el público acabó por abandonar el club y que Bishop fue llevado a otro lugar, hasta que alguien decidió que aquel hombre estaba definitivamente muerto. El asunto no se habría convertido en trágico si los doctores hubieran leído el dichoso papelito, en el que se advertía que en ningún caso debía practicarse una autopsia al medium.

Cuando la mujer de Bishop acudió a la funeraria, descubrió que a su marido le había sido practicada una autopsia y que incluso se le había extraído el cerebro, que por alguna razón nunca explicada, había sido guardado dentro de su cavidad torácica. Según todos los indicios, cuando todo eso sucedió Bishop todavía estaba vivo.


Bishop definitivamente muerto

Así que el de Bishop fue una análisis premortem, aunque no tan terrible como el que leí en un comic de terror durante la adolescencia, en el que el cataléptico se despertaba en el preciso instante en que la sangre de su cuerpo era sustituida por cera o algún líquido fijador. También Hitchcock realizó un capítulo con un argumento similar para su serie de televisión. Como es obvio, la influencia detrás de estos relatos es Edgar Allan Poe y su cuento El entierro prematuro.

Por cierto, cuando leí durante la adolescencia El entierro prematuro decidí dar a mis familiares y amigos la instrucción de que a mi muerte no me enterraran “hasta que oliera”, es decir, hasta que la putrefacción fuera evidente, o bien, que me cortaran el dedo gordo de una mano, lo que, al parecer, puede demostrar que no estás definitivamente muerto. En una ocasión me entrevistaron en un programa de televisión dedicado a últimas voluntades extravagantes (“El programa de Ana”, presentado por Ana García Lozano) y conté este último deseo mío. Fue muy divertido.

Mike Hills: Autopsia de Frankenstein

 Pero, como dije al principio, estos análisis premortem no son lo que verdaderamente se conoce por este nombre, pero ya es demasiado tarde para explicarlo aquí, así que lo dejo para la un próximo artículo. Si la catalepsia o algo peor no me lo impide, claro.

Ver Gary Klein, analista premortem

[Publicado el 8 de mayo de 2012 en Divertinajes]


HISTORIA

Originally posted 2015-11-13 00:47:46.

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El vino blanco

Hipotéticas manías

En la última comida con JU, creo que me ha quedado claro que el vino blanco me causa desarreglos estomacales agudos. Esto es ya casi una certeza, pues esta vez ni siquiera había otros factores coincidentes, como el fumar o el tomar mucho café.


Hipotéticas manías. la posición horizontal

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Originally posted 1999-08-30 12:01:23.

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EL JUEGO DE LA AMBIGÜEDAD INTERNA, de Daniel Tubau

En el juego de la ambigüedad, las frases que se proponen son equívocas para el que las lee o las escucha, pero no para el que las dice o las escribe. Tomemos la frase:

  • “Hildegard quiere casarse con un culturista”

Esa frase es ambigua porque quien la lee no sabe si Hildegard quiere casarse un culturista en particular, digamos Arnold Schwarzenegger, o con cualquier culturista que se le ponga a tiro.

El famoso juego del rostro con dos lados izquierdos o dos lados derechos.

Sin embargo, aunque al lector la frase le resulte ambigua, nosotros, quienes hablamos de Hildegard, sí que sabemos si busca a un culturista o si ya tiene uno.

Es decir, si se tratara de una frase empleada en una conversación, y no tan sólo de frases hipotéticas que describen situaciones imaginarias, entonces quien las dice comete una ambigüedad, pero no por ello esa ambigüedad le afecta a él: él sabe cuál es la interpretación correcta de la frase.

La pregunta es: ¿podemos imaginar frases, ideas o temas en los que nosotros mismos, los que las usamos no sepamos su significado?

Parece imposible, o casi.

La verdad es que no estoy seguro de qué es lo que busco exactamente, aunque tengo la sensación de que si encontrase un ejemplo lo reconocería al instante.

Mientras tanto, mientras surge ese ejemplo mágico (si a alguien se le ocurre, que lo escriba en un comentario), el lector puede seguir jugando al juego de la ambiguedad de Chomsky y Pinker.

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[Publicado por primera vez el 6 de marzo de 2004 en Cibernia/Memex]

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cibernia

JUEGOS CON EL LENGUAJE

 

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Originally posted 2012-09-26 20:52:20.

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Venecia y las coincidencias

CASANOVA

Pensaba hace unos días en escribir algo acerca de las coincidencias y enumerar algunas de las que he encontrado al leer la segunda parte de las memorias de Elias Canetti. Por otra parte, después de regresar de Venecia, me apetecía escribir acerca del veneciano Casanova. Cuando me disponía a hacerlo, he encontrado en mi camino una coincidencia. Así que escribiré, al mismo, tiempo acerca de las coincidencias y acerca de Casanova.

Si visitas de vez en cuando esta página, ya sabrás que me gustan mucho las coincidencias (Coincidencias significativas, Coincidencias con Proust). Es cierto, pero me gustan en particular dos tipos de coincidencias y, por el contrario, me interesan muy poco las de un tercer tipo.

El primer tipo de coincidencias que me gusta es el de las coincidencias puras:

Vas caminando por una calle, enfrascado en la lectura de un libro, y te tropiezas con alguien que también va enfrascado en la lectura de un libro. Descubres entonces que estáis leyendo el mismo libro y que vais por la misma página. Por si esto fuera poco, resulta que en el libro (en los dos libros coincidentes de cada uno de vosotros) se habla de dos que chocaron leyendo el mismo libro.

Esta es sin duda una hermosa coincidencia, aunque las coincidencias puras suelen ser más sencillas.

El segundo tipo de coincidencias es el de las coincidencias explicables, aquellas que, cuando se examinan de cerca, pierden parte de su carácter casual y resultan ser fenómenos bastante razonables:

Vas a una conferencia acerca del filósofo Franz Brentano y camino del lugar piensas en un amigo de la universidad al que hace años que no ves. Llegas a la conferencia y encuentras a ese amigo entre el público: “¡Menuda coincidencia, estaba pensando en ti hace cinco minutos!”

Sin embargo, enseguida te das cuenta de por qué estabas pensando en ese amigo: a los dos os gustaba Brentano cuando ibais a la universidad. Es perfectamente razonable que, viviendo en la misma ciudad y teniendo esa misma afición, los dos hayáis acudido a una conferencia acerca de Brentano. En realidad, una conferencia acerca de Brentano es una de las ocasiones más probables que tenías de volver a encontrarte a ese amigo alguna vez.

Muchas de las casualidades que nos asombran son de este tipo, incluso las que parecen más asombrosas, como soñar con alguien y verlo día siguiente. Parece extraordinario a primera vista, pero probablemente cada noche pasan por nuestros sueños decenas o centenares de personas, así que es lógico que, de vez en cuando, veamos a una de ellas al día siguiente. Lo verdaderamente extraño es que no nos suceda casi cada día.

También es fácil que cuando suene un teléfono pasen por nuestra mente diez o doce posibilidades acerca de quién está al otro lado. Cuando descolgamos, descubrimos que habíamos pensado en esa persona, pero olvidamos (porque ni siquiera fuimos conscientes de ello) que habíamos pensado también en otras nueve personas.

Otro fenómeno que han detectado los investigadores es la inserción de un recuerdo posterior al hecho: aunque creemos recordar algo, nuestro cerebro lo ha creado y nos lo ofrece como si ya existiera desde hace un rato.

Pero, aunque explicadas, estas coincidencias siguen siendo hermosas. Muy hermosas, porque, como decía Demócrito: “Es preferible encontrar una ley causal [es decir, no casual] que convertirse en rey de los persas”.

En cuanto al tercer tipo de coincidencias, las que no me gustan, son las llamadas coincidencias significativas: aquellas que se interpretan como causadas por la influencia de los astros o de un destino escrito no se sabe dónde ni cómo, y por no se sabe quién.

Este tipo de coincidencias, o de explicación de las coincidencias, me parece una muestra lamentable de pensamiento perezoso que, por otra parte, priva a las coincidencias de todo su interés. A mí me gusta el azar más o menos inexplicable o bien la necesidad más o menos férrea a partir de causas y efectos bservables o deducibles. Esos son los dos polos entre los que se mueven, con diversas variantes y en muy diversas formas y mezclas, las coincidencias que me gustan.

Uno de los filósofos presocráticos al que más cercano me siento y al que ya he citado un poco más arriba, Demócrito, decía: “Todo es fruto del azar y la necesidad”. Con la inspiración de esa frase, el biólogo francés Jacques Monod escribió su hermoso libro El azar y la necesidad. Lo que dicen Demócrito y Monod es más o menos lo que pienso yo. Por eso me resisto a la vulgarización de las coincidencias significativas, cuando las coincidencias son interpretadas como señales de algún tipo de Dios o Destino que, por alguna extraña razón, decide no mostrarse a plena luz.

Las peores explicaciones de las coincidencias, de todos modos, son aquellas que ni siquiera recurren a un Dios que juega al escondite, sino que se atribuyen a los astros: “Esto ha sucedido porque yo soy sagitario y tú cáncer”; o las que alientan supersticiones tan simplonas como no pasarse un salero o pensar que ver un gato negro trae mala suerte, como si hubiese una sincronía cósmica que conecta las líneas que parten de nuestra mirada y el cuerpo del gato… Podemos preguntarnos: ¿y da mala suerte si estamos de espaldas al gato?

Tres brujas con su gato. de Augustin Théodule Ribot (1823-1891)

Pues bien, pasando al segundo asunto, al leer la biografía de Elias Canetti he encontrado semejanzas o coincidencias asombrosas.  Algunas de esas coincidencias son simples coincidencias puras; otras son razonables puntos de encuentro causados por influencias comunes; muchas, finalmente, una mezcla entre ambos extremos. Pero espero y confío en que ninguna de ellas se deba a la conjunción de los astros. Una de ellas es que para los dos nuestro libro favorito sea La epopeya de Gilgamesh.

Por otra parte, como dije al principio, quiero mencionar una pequeña pero curiosa coincidencia que he descubierto al hojear mis libros del veneciano Giacomo Casanova, porque aquí quería escribir no sólo de las coincidencias, sino también de Venecia.

Aparte de las Memorias de Casanova, de las que tengo once tomos en español y francés en tres ediciones diferentes, también tengo bastantes libros acerca de él, entre ellos la biografía escrita por Stefan Zweig; Casanova último acto, de Schnitzler; Casanova o la pasión de fornicar, de mi amiga Marina Pino; Casanova un voyage libertin, de Chantal Thomas, o A propósito de Casanova, de Szentkuthy.

Pues bien, al hojear el libro de Szentkuthy, he descubierto en sus primeras páginas una foto en la que aparece él con una mujer y un hombre.

szerb

Al leer el pie de foto he descubierto que el otro hombre era Antal Szerb. Cuando leí a Szentkuthy, Szerb era para mí un nombre sin significado, pero después, cuando viajé a Hungría, leí su libro El viajero a la luz de la luna. Me gustó tanto que llamé a uno de mis blogs La vorágine, siguiendo una idea que Szerb describe en ese libro.

De este modo, a través de este veneciano llamado Casanova he llegado por un tortuoso o al menos inesperado camino de nuevo a Venecia, siguiendo a un húngaro (Szentkuthy) que me ha llevado a otro húngaro, porque Szerb, curiosamente, inicia su novela en Venecia: “Todo empezó en Venecia, en los callejones”:

“Las calles eran muy estrechas, y desembocaban en otras calles todavía más estrechas, y según avanzaba, aquellas calles se volvían cada vez más estrechas y más oscuras” (Antal Szerb)

venecia

Callejones de Venecia (foto de Daniel Tubau)

Y todo esto me ha hecho pensar que si Szentkuthy y Szerb eran amigos, como parece por la foto, es muy probable que el raro Szentzkuthy sea uno de los raros personajes que aparecen en El viajero a la luz de la luna, de Szerb.


[Publicado por primera vez en diciembre de 2005]

BIBLIOGRAFÍA

Miklos Szentkuthy, A propósito de Casanova (Siruela)

Antal Szerb, El viajero bajo el resplandor de la luna (Del Bronce)

Las memorias de Casanova (Historia de mi vida) están editadas más o menos completas en cinco tomos, de casi mil páginas cada uno, por Aguilar. En la colección Les Bouquins de Robert Laffont están editadas en cinco tomos en su versión original (Casanova las escribió en francés) y no expurgadas. La historia de la publicación de las Memorias de Casanova es en sí misma una aventura interesantísima.

En cuanto a los otros libros mencionados, los de Schnitzler y Zweig los tengo en viejas ediciones, pero es posible que se hayan reeditado, aprovechando el interés actual por estos dos escritores austríacos. Casanova, un voyage libertin, de Chantal Thomas, está editado en Folio.


CUADERNO DE VENECIA

veneciarialto

Toda la literatura en: El resto es literatura


GIACOMO CASANOVA


Originally posted 2015-11-13 00:47:46.

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La persona tras la máscara

ESCRITO EN EL CIELO ~1

Ensayo sobre las máscaras /1

 Avión volando entre Madrid y Barcelona

Lunes 1 de diciembre de 1997

Original del primer “Escrito en el cielo”

 

En la revista del avión veo un anuncio que me llama la atención:

 

Al principio pensé que se trataba de una farsa, pues advertí que muchos de los signos son números:

 

 Pero después he pensado que sí puede tratarse de un menú chino: los caracteres de arriba serían los nombres de los platos y los de abajo su precio. Por eso son números. Está claro que todavía tengo que aprender mucho para ser capaz de leer un menú en chino.

Sin embargo, en mis estudios de chino, me he dado cuenta de algo curioso. En la última clase también lo comentó la profesora. Al salir, lo comenté yo con mi amigo Marcos. Se trata de lo siguiente: en chino “él” (la tercera persona del singular) se escribe:

El primer carácter es el radical, la forma simplificada del carácter de “persona”:

 

Lo curioso del asunto es que el segundo signo del carácter:

significa “también”.

De este modo, en chino, “él”, es decir “el otro, el que no soy yo pero tampoco eres tú”, se puede traducir, carácter a carácter, como “persona también”:

   

Así que, haciendo un poco de filoetimología (o filosofía etimológica), algo a lo que el chino se presta incluso más que el latín o el alemán, se podría decir que el carácter que significa “él” es el testimonio del descubrimiento de que los demás, los otros, también son como yo, que esos entes que son semejantes a mí en su exterior también lo son en su interior. Es una refutación del solipsismo, de la curiosa teoría que dice que sólo existo yo, o que sólo yo pienso.

Un descubrimiento parecido se hizo en Occidente, si es cierta la explicación etimológica de la palabra “persona”, según la cual  los estoicos utilizaron el nombre de la máscara de los actores, (per sonna, suena a través) para definir a los individuos, incluso desde el punto de vista jurídico. Allí, tras la máscara, está la persona, aunque sólo podamos escuchar su voz.

Es una etimología muy adecuada para indicar que la vida humana es como representar un papel, la metáfora tan repetida desde entonces, por ejemplo por Shakespeare y Calderón, porque los personajes del teatro eran precisamente los que llevaban la máscara, que servía para que los demás supieran a quién estaban representando.

En antropología también es un tema recurrente aquello de que quien lleva máscara puede ocultarse y, de este modo, comportarse como es en realidad.

 De todas estas cosas hablé con Marcos, ejercitándonos en este nuevo arte de la filo-etimología comparada. También recordamos aquel cuento de Stanislaw Lem en el que el héroe Ijon Tichy se disfraza de robot para organizar la resistencia humana a la dictadura que los robots ejercen en un lejano planeta.

En el cuento de Lem no resulta fácil encontrar a los humanos, porque los robots quieren exterminarlos a todos, pero tras buscar durante mucho tiempo, siempre bajo su disfraz de robot, un día el protagonista encuentra a otro humano que también se ha disfrazado de robot. Poco a poco los dos van encontrando más humanos disfrazados. Finalmente, descubren que todos los robots son humanos disfrazados y que no hay ningún robot en todo el planeta.

Según parece, Lem, que era polaco, deslizaba aquí una metáfora de la ocupación soviética de su país, cuando todos fingían aceptar el dominio ruso, pero todos lo detestaban.

A mí me gusta utilizar está fábula de los robots en mis clases de guión. Explico a los alumnos que muchas veces cuando eres contratado por una empresa te das cuenta de que se emplean métodos de trabajo que no tienen ningún sentido. Sin embargo, como eres nuevo, no te atreves a decir nada. Cuando comienzas a tener confianza con algún compañero, descubres que, a pesar de las apariencias, a él tampoco le gusta ese absurdo método de trabajo. Es probable, y yo lo he vivido más de una vez, que este cuento de la vida real acabe como el de Stanislaw Lem: descubres que a nadie le gusta el dichoso método de trabajo .

 

Eso sí, nadie se atreve a reconocerlo de manera pública: siguen escondidos bajo la máscara de trabajador convencido de lo que está haciendo.

Ejercicios de chino que llevé durante el viaje.
Se trata de un folio en forma de persiana que se despliega o pliega y
así permite ocultar los caracteres transliterados (pinyin) o la traducción,
para comprobar si se han aprendido los caracteres.

 


NOTA UN TIEMPO DESPUÉS (¿1998?):  Si decides averiguar por qué se emplea en una empresa ese método que manifiestamente no funciona, quizá recibas la siguiente respuesta: “Pues no lo sé, pero siempre se ha hecho así”. Una respuesta que recuerda otra anécdota, no sé si basada en un experimento real o no: el célebre experimento de los monos en un centro de investigación de Chicago. Se dice que en ese centro de investigación hicieron un experimento con cuatro monos que vivían juntos en una celda: colgaron un plátano y esperaron a que los monos intentarán cogerlo. Pero entonces, cuando se disponen a coger el plátano, los investigadores entran y enchufan a los monos con potentes mangueras de agua. Continúan día tras día con lo mismo hasta que los monos se cansan de intentar agarrar el plátano e incluso atacan al que se atreve a ir al plátano, pues saben que eso provocará la entrada de las mangueras de agua. Finalmente, ya los cuatro monos ni siquiera miran el plátano. Entonces los investigadores sacan a un mono de la celda y ponen otro nuevo. El nuevo, que no sabe nada, ve el plátano y se dispone a atraparlo, pero los otros tres monos se abalanzan sobre él y se lo impiden. Cuando este mono desiste de ir a por el plátano, cambian a otro de los primeros monos. Así hasta que cambian a los cuatro primeros monos. Llega un momento en el que ya no queda ningún mono que haya visto la manguera, pero siguen sin ir a por el plátano y golpean al que lo intenta. Si pudieran responder a por qué lo hacen, dirían lo mismo que se hace en las productoras de televisión o en muchas empresas: “Porque siempre se ha hecho así”.

Aunque busco de vez en cuando el experimento de los monos, no he conseguido averiguar si es real o imaginario. En Internet aparece en muchas páginas, incluso con animaciones como esta:

 

2011

Cuando hablo de filoetimología, “filo” debe entenderse como filosofía, no como filología. Es decir, el arte, la ciencia o la manía de hacer filosofía a partir de la etimología de las palabras.

Desde este momento, elegí como tema de Escrito en el cielo las máscaras, obligándome a mí mismo a escribir sobre este asunto siempre que estuviera en un avión.

2019: Ahora me parece obvio que los caracteres mezclan kanji chinos y japonés (hiragana, creo), así que es un menú japonés casi seguro.


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