Que no lo entendamos no significa que no se pueda llegar a entender

No entendemos cómo funciona el entrelazamiento cuántico y eso hace que muchos hablen de acción a distancia. Hay que recordar que, en este contexto, eso significa influencia o contacto o comunicación sin medio de transmisión, supongo que incluso sin mensaje. Ahora bien, no entender cómo o por qué medio, o de qué manera los fotones se transmiten el mensaje, o bien como están conectados, no quiere decir que no lo estén.


[Septiembre-octubre de 2017, Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba]

CIENCIA

 

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Por qué no creo en la interpretación de los mundos paralelos

¿Por qué no creo en la interpretación de los mundos paralelos? Por varias razones.

Porque comparto lo que dice Lucrecio en su Sobre la naturaleza: si en las mismas circunstancias suceden dos cosas diferentes, entonces de una semilla de trigo podría nacer una ballena. Sí por el hecho de que hagamos una observación nace un nuevo universo paralelo, eso implica que todo un universo nace literalmente de la nada. Si no realizamos la observación, ese universo no existiría. Sí la realizamos, inmediatamente existe.

Porque todo esto nos obliga a suponer que nuestro universo es el producto de observaciones hechas en otro universo. Puesto que nuestro universo existe, pero cada observación crea otro y otro y otro y otro universo millones y millones de universos con trillones y trillones de toneladas de materia creadas a cada instante.

Y el universo que los contiene a todos, colapsará alguna vez bajo el peso de esa materia inmensa.

Parece que no… porque están incomunicados. ¿Y por qué está incomunicados? No lo estaban en el instante de la observación. Parece que hubo un instante en el que un fotón decidió: “Yo me voy al universo U1 y tú te vas el universo U2”. Pueden tomar una ruta diferente cada uno, nos dicen, no hay contacto, ni huella ni rastro.

Estas explicaciones me recuerdan a la polémica antigua entre la hipótesis heliocéntrica y la geocéntrica. Las dos podían explicar el cosmos observable a través de los telescopios, pero una de ellas tenía que ser falsa. Con el tiempo sabemos que ambas lo son, pues ni la tierra es el centro del universo ni lo es el Sol, pero que es más correcto el heliocentrismo si nos limitamos a intentar explicar los movimientos en el Sistema Solar. Ahora bien no sería difícil para los partidarios del geocentrismo hoy en día seguir dando razón del sistema solar y todos sus movimientos si pudieran disponer de un potente programa de ordenador que creara círculos para cada planeta y para cada satélite, y círculos dentro de círculos, y círculos dentro de los círculos dentro de los círculos… Algo parecido sucede con algunas explicaciones cuánticas, que son capaces de explicarlo todo siempre y cuando se limitene a hacer encajar los datos ya conocidos.


[Septiembre-octubre de 2017, Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba]

CIENCIA

 

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El arte de la guerra en Casa Asia de Madrid

El 29 de este mes de noviembre, estaré con Ana Aranda Vasserot, traductora de El arte de la guerra y Las 36 estratagemas, en la Casa Asia de Madrid presentando El arte del engaño. Hablaremos de estrategia, de la necesidad del engaño incluso de sus aspectos positivos en la guerra y en la vida cotidiana, de China, del estratega más famoso de todos los tiempos, el chino Sunzi (Sin Tzu) y de la inmensa riqueza de la cultura china. Y, por supuesto, hablaremos de la magnífica traducción de El arte de la guerra que ha hecho Ana Aranda.

Será a las 19.00 de la tarde.
La entrada es gratuita, pero, si quieres asegurarte de conseguir un buen asiento, puedes reservarlo aquí: Casa Asia. Inscripciones

 




El arte del engaño incluye la traducción completa de los dos grandes clásicos de la estrategia, El arte de la guerra, de Sunzi, y Las 36 estratagemas chinas, por Ana Aranda Vasserot, con comentarios adjuntos que ayudarán al lector, incluso al menos versado, a comprenderlo en toda su profundidad, además de Las 100 reglas del engaño y la estrategia.

El arte del engaño
Daniel Tubau
Editorial Ariel
600 páginas


AmazonArielCasa del LibroFnac


Pedro Baños, autor del bestseller internacional Así se domina el mundo:

“Una interesantísima aproximación a la clasica obra El arte de la guerra de Sunzi y a otros clásicos de la estrategia. Un libro imprescindible para toda persona que desee entender no solo la actual actuación internacional de China, sino las futuras estrategias del mundo que nos espera”.

 

 

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NADA ES

Variaciones ontológicas

NADA ES

Nada puede ser si no ha sido antes. Nada podrá ser si no es.

…pero…

Lo que ha sido no es.

Lo que será no es.

…y por otra parte…

Si algo es entonces no podría dejar de ser, porque eso significaría que entraría en el no ser, es decir que la nada afectaría a lo existente, que le robaría una parcela a lo existente y ¿cómo algo que no existe puede producir cualquer efecto sobre lo que existe?

En consecuencia, como lo anterior es imposible, por reducción al absurdo, se demuestra que nada es.


Metafísica

Cómo es el mundo

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¿Son innatas las categorías de Aristóteles?

|| La gramática innata de Chomsky /8

Aristóteles propuso nueve o diez categorías: sustancia, cualidad, cantidad, relación, acción, pasión, lugar, tiempo, situación (o posición) y posesión o hábito.

Se ha discutido mucho acerca de a qué pretendía referirse Aristóteles con estas categorías: ¿se trata de cosas realmente existentes o son cualidades que podemos aplicar a las cosas o los objetos aunque no estén propiamente en ellas? ¿O se tratará, sencillamente, de predicados aplicables a diversos sujetos? ¿Son atributos del ser (ontología) o del conocimiento (gnoseología/epistemología)? ¿Del pensamiento y la razón (lógica/psicología) o del lenguaje (gramática/sintaxis/semántica)?

Sean lo que sean, es evidente que resultan bastante  útiles y que una manera interesante de entender el mundo y sus elementos consiste en aplicarles las categorías de Aristóteles. Por ejemplo, podemos referirnos a la cera por su cualidad (ser maleable) pero también porsu cantidad (un kilo de cera frente a 100 gramos de cera) o por su lugar (en la repisa de la chimenea) o por el tiempo (hace una hora, antes de que ardiese toda la vela), etcétera.

También podemos preguntarnos si existen otras categorías además de las que mencionó Aristoteles. Es decir, podemos intentar encontrar más posibles predicados o accidentes de las cosas, de los objetos o de los sujetos. Descubriremos que resulta difícil encontrar más: Aristóteles era un buen observador. La ciencia moderna, sin embargo, ha añadido algunas nuevas categorías, como todas las cualidades físicas, como la densidad, composición química, composición atómica, ¿color?, ¿aroma?, estado (líquido/sólido/gaseoso/plasma/estado Bose-Einstein)… También podríamos considerar, por otra parte, que las cuatro formas aristotélicas, o al menos tres de ellas, también son categorías: forma, materia, causa agente o eficiente y causa final).

Es fácil estar de acuerdo en que estas cualidades existen de alguna manera (real o material o conceptualo metafórica o lingüística) y que por tanto podemos hablar de ellas. Y no solo podemos habalr de ellas los que hemos leído a Aristóteles ya que en todas (o casi todas) las culturas existe una manera más o menos semejante de referirse a las cualidades de las cosas, aunque no estén tan sistematizadas como en las categorías aristotélicas. Ahora bien, me parece que sería una falacia argumentativa decir que esa certeza constituye una prueba de que hemos adqurido las categorías gracias a la evolución, como dice Chomsky con su gramática, o que son figuras o ideas de un inconsciente colectivo o algo semejante, como dirían Platón o Descartes o Jung con sus diversas variedades de ideas o arquetipos innatos.

Esa coincidencia en la manera de referirse a las cosas, de aludir a cualidades como el peso, el tamaño, la forma, la posición en el espacio o en el tiempo, etcétera, existe, digámoslo de forma simplista y apresurada, porque está en la naturaleza de las cosas el que así suceda y porque parece que, con toda la complejidad que se pretenda, eso es algo que forma parte de las relaciones entre los objetos percibidos y los sujetos que los perciben.

Continuará…


LA GRAMÁTICA INNATA DE CHOMSKY

Chomsky recupera lo innato

|| LA GRAMÁTICA INNATA DE CHOMSKY /1


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De Adán y Eva a Chomsky pasando por Platón

La gramática innata de Chomsky /2


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¿Es nuestro cerebro una tabula rasa?

|| La gramática innata de Chomsky /3


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Una tablet sin estrenar

|| La gramática innata de Chomsky /4


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Los creyentes de la tabula rasa

|| La gramática innata de Chomsky /5


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¿Una hipótesis innecesaria?

|| La gramática innata de Chomsky /6


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El innatismo de Jung y la evolución

|| La gramática innata de Chomsky /7


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¿Son innatas las categorías de Aristóteles?

|| La gramática innata de Chomsky /8


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SIGNOS

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La física cuántica y la incredulidad

A pesar de los años transcurridos desde que empecé a interesarme en la física cuántica, y pesar de que a veces me da la sensación de que casi he llegado a  entenderla, ilusión sin duda engañosa, lo cierto es que siempre persiste en mi un fondo de incredulidad.

No acabo de aceptar las explicaciones ortodoxas y algo me dice que detrás de todo este asunto se esconde un malentendido monumental. No puedo evitar pensar que algún día todo este edificio se vendrá abajo.

Esto no quiere decir que yo sea un partidario radical del determinismo y que espere que tarde o temprano sea restaurado en el mundo de la física. La verdad es que creo que no existe una necesaria incompatibilidad entre la combinación azarosa de partículas y un mundo en el que exista el determinismo, o a la inversa: una combinación determinista que da origen a un mundo indeterminista.

Lo que sucede en realidad es que (como dije en una anotación anterior, cuando estaba en Cuba en febrero o marzo) me parece que la teoría de los muchos mundos es un disparate y que pensar que debido a una observación en un laboratorio se crean millones de millones de toneladas de materia es un absurdo casi imposible de aceptar. Es muy sugerente pero estúpido.

Aquí estamos nosotros en el planeta Tierra, trabajando de sol a sol para sacar una buena cosecha de trigo mientras que, con una sencilla observación, creamos millones de millones de planetas llenos de campos de trigo que se multiplican observación tras observación cuántica.

¿Y por qué –podemos preguntar- una observación cuántica produce universos y una observación no cuántica no los produce?

Y también podemos preguntar, “Puesto que el universo se duplica, ¿cómo sabemos que alguien no ha observado aquella partícula que está en Alfa Centauro antes que nosotros observemos su partícula entrelazada en la Tierra y qué, por lo tanto, somos nosotros los duplicados y ellos los que siguen en su universo cotidiano, es decir no-duplicado?”

En cuanto a las explicaciones que admiten la acción a distancia. ¿Realmente se puede creer en ello? Considero posible aceptar que algo se transmita más rápido que la luz, tal vez debido a algunas propiedades del espacio tiempo o algo relacionado con múltiples dimensiones que coexisten y que no percibimos, ¿por qué no? Pero eso no es acción a distancia fantasmal, sino acción a distancia causada por algo.

También me da la impresión de que habría muchas maneras de observar fotones sin observarlos, es decir, a posteriori. Como cuando dejamos conectada una grabadora y después escuchamos lo que ha grabado. Pensar que los fotones entrelazados y luego separados no dejan de algún modo una huella rastreable es algo así como pensar que no han estado en ninguna parte durante un tiempo, que no han existido. No es que el gato de Schrödinger no esté ni vivo ni muerto, es que no hay gato de ningún tipo. ¿Podemos decir que el fotón Bob no tiene spin definido, si ni siquiera podemos hablar de que haya fotón Bob?

Otra explicación más razonable es sugerir que es la observación la que crea o modifica el spin, del mismo modo que cuando damos un golpe con un diapasón la vibración se transmite a ambos extremos: esa vibración, en efecto, no existía antes de que golpeáramos el diapasón, pero eso no significa que la vibración haya surgido de la nada y de un no-pasado. Está explicación me parece razonable eincluso intuitiva, pero es la que niegan los partidarios de la Interpretación de Copenhague y similares, que al final sostienen algo así como que no hay nada en ningún lado pero que, a pesar de ello, las cosas suceden a través de la no acción, lo que sin duda suena muy taoísta, o que la nada sobreviene por la sí acción: el fotón carece de cualidades definidas, pero, al ser observado, es afectado de manera metafísica, a pesar de que la observación es física, y entonces se modifica allá en Alfa centauro, sin necesidad de conexión ni observación.

Es algo así como invertir el sentido de los cuentos de fantasmas: no es el mundo fantasmal el que interviene en el mundo material, sino que es el mundo material, la observación del fotón, lo que influye en el mundo fantasmal (por ejemplo, con esa acción fantasmal a distancia).

Soy consciente de que todas estas opiniones son las de un ignorante, pero al mismo tiempo no logro librarme de la sensación de que en algún momento descubriremos que todo el edificio de la explicación cuántica, pero no el de la experimentación ni el de la ciencia cuántica, va a revelarse como un cenagoso sinsentido.

Por otra parte, uno de los problemas de las explicaciones cuánticas es que casi todas ellas son inmunes a la refutación: se crean universos paralelos… pero no podemos comunicarnos con ellos. ¿De veras? Qué mala suerte! ¿Y por qué no? ¿No habría otra explicación que sí fuera falsable? ¿No es sospechoso que la explicación nunca sea falsable? ¿Por qué aceptamos seguir creyendo en el Principio de Arlequín (“Todo es como aquí o el cosmos es uno”) y al mismo tiempo postular universos independientes que no son un Universo. Porque un universo es todo incluso si en él hay muchos multiversos. No aceptamos la separación absoluta materia/espíritu y sí aceptamos la separación materia/materia como mundos estancos. Un poco extraño, ¿no?

Por otra parte, me preguntó muchas veces si no sucedería lo mismo que nosotros percibimos (con sus obvias diferencias) en un laboratorio en el que la luz empleada modificara un átomo como aquí modifica los fotones. Es decir que se trate de un problema de escala. Imaginemos que hubiera una manera de observar un fotón en su desplazamiento hacia Alfa Centauro sin por ello afectarlo. Por ejemplo gracias a las ondas gravitacionales o algo semejante. Algo así como la cámara lytro tomando una foto en la oscuridad.

(el texto se interrumpe bruscamente)


[Septiembre-octubre de 2017, Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba]

 

Continuará


CIENCIA

 

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El Registro de las auras militares (Ji junqi 記軍氣)

Tratados de estrategia de la antigua China

El Registro de las auras militares es el segundo tratado de estrategia militar, junto a Los nueve métodos, que se incluye en la recopilación La gloria de Yue, que reúne textos del antiguo reino de Yue, contra el que luchó el legendario estratega Sun Wu, al que suele identificarse con Sunzi, el autor de El arte de la guerra. Ahora bien, mientras que Los nueve métodos contiene estratagemas que el consejero Zhong recomienda al rey Goujian de Yue para debilitar a su rival Fuchai de Wu, en el Registro de las auras militares el tema central es ciertos fenómenos atmosféricos que permiten al general detectar las debilidades y fortalezas del enemigo.

La palabra “aura” parece remitirnos a algún tipo de conocimiento que se mueve entre el mundo de los vivos y el de los espíritus o algún tipo de percepción mística, pero no está del todo claro que sea así.

Mo Di (-470 a -391), el estratega pacifista y autor del Mozi. Nació poco después de la desaparición del reino de Wu, que fue anexionado por el rey Goujian de Yue.

El filósofo y estratega Mo Di, célebre entre otras cosas por sus ideas pacifistas, que le llevaron a convertirse en un experto militar especializado en la defensa pero no en el ataque, alude con cierta inquietud a los chamanes y adivinadores que inspeccionan las auras, diciendo que sus revelaciones solo deben ser conocidas por los generales y que de ningún modo deben ser divulgadas entre la tropa. Esta es una recomendación que coincide con lo que dice Sunzi en El arte de  guerra acerca de los oráculos:

“Prohíbe los augurios, haz que los soldados no duden, y marcharán a cualquier lugar, incluso hacia la muerte”.[1]El arte de la guerra, traducción de Ana Aranda Vasserot en El arte del engaño

En La gloria de Yue, Olivia Milburn ha traducido textos de todo tipo relacionados con el antiguo reino de Yue, entre ellos algunos de carácter militar.

Aunque a Sunzi no le gustan los oráculos y no confía en ellos para ganar la guerra, es consciente de que pueden ejercer un efecto muy negativo sobre la tropa (sean verdaderos o falsos), por ejemplo cuando predicen la derrota o el desastre, porque ¿quién va a querer participar en una batalla si sabe de antemano que va a morir?

El Registro de las auras militares examina estas misteriosas auras teniendo en cuenta sus colores más que sus formas, al contrario que en otros textos, por ejemplo, en un libro encontrado en un reciente descubrimiento arqueológico en Mawangdui. También alude a las maneras en las que un general puede determinar cuál es la mejor dirección para lanzar el ataque, aunque no se dan detalles exactos de cómo lo consigue. Como curiosidad para los aficionados a las guerras entre Wu, Yue y Chu, l autor se refiere de manera específica al estadista Wu Zixu, consejero del rey Helü y de su sucesor Fuchai de Wu en su lucha contra Goujian de Yue

Olivi Milburn señala que la tercera parte, dedicada a las casas lunares y su relación con lugares terrestres, parece ser muy posterior a las que tratan de las auras o de la dirección del ataque militar, que parecen haber sido escritas en la época de los Estados Combatientes. Milburn se lamenta porque los textos de carácter esotérico de la China antigua son muy difíciles de datar y señala que solían ser muy mal vistos por los gobernantes, que consideraban farsantes a quienes proponían tales métodos:

“Los practicantes de esta adivinación por nubes, auras y otros fenómenos celestes parecen haber estado sujetos a considerables prejuicios, y los textos de este tipo fueron vistos con mucha desconfianza por los gobiernos”.[2]Olivia Milburn, The glory of Yue

En El arte del engaño se explica la relación de Sunzi o Sun Tzu con los métodos adivinatorios, así como su capacidad para leer los signos del lenguaje de la guerra. También se cuenta la guerra entre los reinos de Wu, Yue y Chu, que fue decisiva en la historia del mundo. (COMPRAR)

Resulta curioso que el recurso a lo esotérico se encuentre más desarrollado en los primeros tiempos de los Zhou y en su declive, poco antes de la conquista de todo el territorio por el rey de Qin y que, como dice Milburn, fuera poco apreciado en la época central de los Estados Combatientes. En esta época, en efecto, asistimos a un fuerte impulso hacia lo racional y razonable y a un escepticismo muy intenso y burlón hacia el mundo de los espíritus, o al menos hacia su utilidad para manejar los asuntos humanos. Es algo que se detecta de manera especial en El arte de la guerra de Sunzi y que he comentado en relación a otro texto militar de datación dudosa, el Gai lu (también llamado Helü o Wu Zixu). Por eso, a menudo los historiadores dudan acerca de si un texto de tono esotérico de la época Zhou debe datarse más allá del año -700 o, por el contrario, más cerca del año -221, que son los momentos en los que la adivinación y el recurso a los espiritual tuvieron más seguidores.

Un ejemplo de la desconfianza ante chamanes y adivinadores lo da el filósofo Han Fei, precisamente refiriéndose a la época en la que muchos creen que vivió el autor de El arte de la guerra:

“Goujian, rey de Yue, creyó en los oráculos de la Tortuga y emprendió una guerra contra Wu, pero no venció y tuvo que rendirse y convertirse en vasallo y esclavo personal del rey de Wu. Cuando regresó, arrojó a un lado la Tortuga, reformó las leyes y renovó al pueblo, con el objetivo de tomar venganza contra Wu. Al final, Fuchai de Wu fue tomado prisionero. Quienes creen en demonios y dioses descuidan las leyes”[3]Han feizi, citado en El arte del engaño.

Es decir, en la época que va desde más o mneos el año -500 al -220 se asiste a un cierto declive del pensamiento irracional, que después de recupera, aunque nunca llegara a dominar en China, al contrario que en otras civilizaciones, como la de la India, la occidental o la musulmana durante la larga Edad Media, donde se sucedieron siglos de supersticiones que dominaron la política, la sociedad e incluso el pensamiento educado.

Vayamos al contenido del libro.

 

Las auras y El arte de la guerra

Según se cuenta en este tratado, el examen de las auras es la tarea del general sabio. Las auras pueden tener cinco colores: azul, amarillo, rojo, blanco y negro. Pero, ¿qué son exactamente?
Algo así como una emanación que se produce en los seres humanos y que puede detectarse en un ejército, pues va cambiando de un color a otro y puede ser más o menos brillante. Podríamos llamarlo la energía visible del ejército, que nos permite saber si es el momento adecuado para atacar o no:
__Cuando el aura que desprende un ejército se eleva roja hacia el cielo, no debemos atacar.
__Si el aura es azul y cónica indica que los soldados se han amotinado o están deseando hacerlo, pero que todavía no debemos atacar, al menos hasta que el aura disminuya.
__Si el aura es azul y está detrás, el general es competente pero el ejército está falto de suministros.
__Si está detrás pero es roja, entonces el general es débil y aunque su ejército es fuerte están también faltos de suministros y se rendirán si matamos al general.
Interpretaciones en el mismo estilo se aplican a los otros colores, amarillo, blanco y negro, o según sea el brillo de las auras, o su posición o su forma cónica.
¿Tienen algún sentido razonable las auras?
Dejando aparte el sentido místico, que queda fuera de nuestras posibilidades, podríamos intentar algunas interpretaciones más o menos plausibles o razonables de las auras militares. Propondré cuatro, sin confiar demasiado en que cualquiera de ellas sea correcta:
1. Tendrían relación con la observación de señales procedentes del campamento enemigo relacionadas con el polvo o el humo que se observa. Eso es algo que sí encontramos en El arte de la guerra:
“Si el polvo se eleva a gran altura, son carros que se acercan. Si el polvo se extiende a baja altura, se acerca la infantería. Si el polvo forma
pequeños montículos, se está recogiendo leña. Si el polvo es escaso y
disperso, el enemigo está acampando”.
2. Podría tratarse de un sistema de señales mediante el que los espías que tenemos en el campamento enemigo nos indican la situación, empleando algún tipo de enseña coloreada o un sistema de códigos similar, como una linterna coloreada. Si vemos ese código rojo en la parte de atrás, sabemos que debemos atacar, si es amarillo y está a la derecha que debemos esperar.
3. Quizá relacionado con lo anterior, podrían ser códigos y señales que el general no ve en el campamento enemigo, sino en un dibujo que le transmiten los espías. En este caso sería algo así como un lenguaje icónico de colores, que permitiría al estratega saber cuáles son los puntos fuertes y débiles.

Por otra parte, al describir cómo el general examina las auras, se menciona al consejero Wu Zixu y se dice que si el ejército enemigo no tiene todavía un aura, se debe hacer una consulta en el templo. Se emplea aquí la palabra suan , que se encuentra en diversos textos militares, entre ellos en El arte de la guerra, pero que cuya traducción causa “tremendos problemas”, dice Milburn. Podría significar algo así como cálculo o cómputo. En el caso de El arte de la guerra, parece claro que se refiere a un cálculo de las debilidades y fortalezas de uno y otro bando, examinando cinco factores: el dao, el cielo, la tierra, el mando y el método.

Pues bien, el autor de Las auras militares dice que si en esos cálculos o consultas, que en este caso podrían ser éfectuados con tallos de milenrama, como en el Yijing (I Ching), se obtiene un 1, un 5 o un 9, entonces es mejor atacar desde el oeste, pero que si es un 3, un 7 o un 11, entonces es mejor atacar desde el este.

Es decir:

1-5-9            oeste
2-6-10         sur
3-7-11          este
4-8-12         norte

Resulta difícil saber a qué se refieren estos números y no se explica cómo se obtienen, tal vez tengan que ver con el examen del cielo, lo que explicaría que la última parte del libro se refiera a las mansiones lunares. Sin embargo, no parece que exista una relación clara ambas cosas, porque el capítulo de las mansiones lunare es una larga enumeración de los antiguos estados, de su situación en los tiempos de la recopilación del libro (en época Han) y de su mansiones lunares correspondientes, como en este ejemplo:

“En el pasado, el reino de Yue tenía su capital en lo que ahora es Shayin en El Gran Yue, que corresponde a la mansión lunar de Nandou 南 斗 (Cucharón del sur)”.

Milburn dice que también se ha supuesto que los números podrían tener relación con la teorías de las Cinco Fases:

“Es posible que estuvieran de alguna manera conectado con los valores numéricos de sistema descrito a continuación, ya que los colores de las cinco fases eventualmente se asocian con los números: 0 blanco (bai 白), 1 negro (hei 黑), ¿6? azul (qing 青), 4 verde (lü 綠), ¿7? amarillo (huang 黃), 5 blanco (bai), 2 rojo (chi 赤), ¿8? blanco (bai) y 3 morado (zi 紫)

También podría tratarse de un dado de doce caras, nos dice Milburn, puesto que se han encontrado dados de 18 caras en época Han y quizá se usaban de doce en época de Yue. También se ha intentado, sin demasiado éxito poner en corespondencia los números con cuadrados mágicos chinos como el luoshu (Diagrama del río Luo). De estas y otras interpretaciones de las tres partes del libro, consultar Olivia MIlburn (The Glory of Yue)o.

Todas las dudas que surgen al leer acerca de las auras, de las direcciones del ataque y de las mansiones lunares han hecho que la mayoría de los estudiosos consideren que se trata de tres textos sin relación escritos en diferentes épocas, los dos primeros en época Zhou (antes del -221) y el último (sin ninguna duda en este caso) en época Han.

El Registro de las auras militares y la lectura de las auras todavía esconden muchos secretos que quizá nos revelen nuevos descubrimientos arqueológicos.

El arte del engaño
Daniel Tubau
Editorial Ariel
600 páginas

Una cuidada edición que ofrece la más completa panorámica del arte de la estrategia china antigua publicada hasta la fecha.
Contiene la traducción comentada de El arte de la guerra de Sunzi y Las 36 estratagemas chinas, por Ana Aranda Vasserot, así como Las 100 reglas del engaño y la estrategia.
AmazonArielCasa del LibroFnac

 


 

 

 

 

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El innatismo de Jung y la evolución

|| La gramática innata de Chomsky /7

Carl Gustav Jung observó que hay ciertos esquemas mentales que se dan en todas las culturas. Eso le hizo preguntarse, al igual que tiempo después le sucedería a Chomsky respecto al lenguaje: ¿cómo es posible que personas de culturas muy diferentes compartan estos esquema comunes y que incluso puedan adquirirlos seres humanos que han sido criados al margen de toda aculturación?

La respuesta de Jung es casi indéntica a la que Chomsky daría años más tarde al proponer la existencia de una gramática innata. Dijo Jung: existe un inconsciente colectivo en el que se hallan esas figuras o arquetipos.

Ahora bien, debemos suponer que esos arquetipos comunes, al igual que la gramática de Chomsky, se transmiten por vía genética, pues ¿de qué otro modo podrían trasmitirse si no? Sin embargo, la propuesta de contrastar esta teoría es tan imprecisa para Jung como en el caso de Chomsky.

¿Cómo podríamos comprobar que existen esos arquetipos?

Quizá podríamos hacer una lista de arquetipos y comprobar si efectivamente se dan en todas las culturas, examinar que existen también en una persona que no ha tenido contacto con ninguna cultura. Es lo mismo, se supone, que se podría hacer con la gramática de Chomsky.

Yo me atrevo a suponer que en ambos casos, al final de nuestra investigación encontraremos tanto los arquetipos como la gramática. ¿Por qué?

No porque estén en el cerebro de todos los seres humanos, o en algún tipo de nube más o menos inmaterial, en un anima mundi o algo similar, como suponen Jung o Chomsky. Los encontraremos, no porque no porque estén en esos lugares, sino porque están en la naturaleza de las cosas.

Intentaré explicarlo yendo de lo más sencillo a lo más complejo. Imaginemos que afirmo que a lo largo de la evolución el ser humano aprendió a distinguir entre las direccciones izquierda o derecha, norte o sur y arriba o abajo, porque eso era vital para su supervivencia como especie. Los individuos que no sabían distinguir una cosa de otra no eran capaces de subirse a un árbol (arriba) y eran devorado por los lobos o por los smilodones. Es por eso que ahora todos los seres humanos tenemos ya de fábrica en nuestro cerebro esas distinciones. Desde que nacemos. Como si fuera un sistema de geolocalización innato, a la manera de la gramática de Chomsky o los aqruetipos de Jung.

Pero si ahora afirmo que mi hipótesis es correcta puesto que sabemos distinguir entre esas direcciones, estoy cometiendo una falacia argumentativa. En realidad, parece más razonable pensar que cualquier animal bien adaptado para la supervivencia será capaz de distinguir tales direcciones no porque elabore conceptualmente la diferencia arriba/abajo o izquierda/derecha, sino porque le resulta fácil darse cuenta de que trepando a un árbol es posible escapar de un lobo o de un smilodon. No hace falta conocer conceptualmente la diferencia entre “arriba” y “abajo”, sino, como mucho, la diferencia entre “cerca del smilodon/lejos del smilodon”, que tampoco tiene por qué estar codificada de manera específica en el cerebro.

Pasemos a un ejemplo un poco más complejo: las categorías de Aristóteles.

Continuará

 

SIGNOS

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Helü (Gai lu) o Wu Zixu 蓋廬

Tratados de estrategia de la antigua China

En 1983 se produjo un descubrimiento arqueológico asombroso en China. Se encontraron varias tumbas en Zhangjiashan, en la provincia de Hubei, apenas a tres kilómetros de la antigua capital del antiquísimo reino de Chu. Una de las tumbas recibió el poco evocador nombre M247, pero lo que contenía era un verdadero tesoro literario, casi una biblioteca de ultratumba. En la tumba M247, los arqueólogos desenterraron más de mil tiras de bambú con textos del reinado de Han Jingdi (-156 a -141), es decir ya durante la gloriosa época Han, la segunda dinastía de la China unificada.

Uno de los textos encontrados en la tumba M247 se llamaba sin ninguna duda Gai lu (蓋廬), pues el título está escrito en el reverso de la última de las 55 tiras que componen el libro.

Sabemos que Gai lu es ni más ni menos que el rey Helü de Wu, de quien se dice que contrató a un estratega llamado Sun Wu, con el que comentó los “trece capítulos” de su tratado militar. Se cree que ese libro es lo que hoy conocemos como El arte de la guerra y que ese estratega era Sunzi o Sun Tzu. Así que el libro encontrado en la tumba M247 tenía el nombre del rey que quizá contrató al más famoso estratega de todos los tiempos. Pero lo más interesante es que ese libro, el Gai Lu o Helü, era de estrategia militar.

Vasija de la dote de la hija del rey Helü de Wu, en su boda con un noble del reino, vecino y enemigo, de Chu.

La paráfrasis del diálogo entre el rey Helü y el estratega Sun Wu de “Una audiencia con el rey de Wu” se puede encontrar en la traducción comentada de El arte de la guerra, incluida en El arte del engaño).

Es cierto que el nombre de Gai lu no se encuentra en las fuentes tradicionales para referirse a Helü, pero sí aparece en el Jian Wuwang, es decir, Una audiencia con el rey de Wu, un texto encontrado en otra tumba, la de Yinqueshan.

En el Jian Wuwang, el estratega Sun Wu (¿Sunzi?) conversa con el rey de Wu, un relato que coincide con otras crónicas, como la del gran historiador Sima Qian.

Lo sorprendente es que en el Gai lu no es Sun Wu quien conversa con el rey Helü acerca de asuntos militares, sino su consejero Wu Zixu. ¿Y quién es Wu Zixu?

Wu Zixu, ¿autor de El arte de la guerra?

Wu Zixu (-559 a -484), según una famosa pero controvertida historia, es el hombre que presentó al estratega Sun Wu al rey Helü. Por lo tanto, en el Gai lu encontramos al consejero ocupando el lugar del estratega, lo que podría ser un indicio a favor de la hipótesis que sostiene que no fue Sun Wu el autor de El arte de la guerra, sino que lo escribió el propio Wu Zixu. Es decir, que Wu Zixu es el verdadero Sunzi.

Junto a una estatua de Wu Zixu en Suzhou (2017)

Por otra parte, hay que recordar que los historiadores chinos antiguos, por ejemplo en la Crónica de los Han, mencionan un libro acerca de temas militares atribuido a Wu Zixu. Algunos de esos historiadores sostenían que ese libro perdido llamado Wu Zixu era en realidad El arte de la guerra que conocemos hoy en día y que, en definitiva, el verdadero Sunzi no era aquel estratega de existencia dudosa llamada Sun Wu, sino el célebre consejero Wu Zixu, de cuya existencia nadie duda.

Con el descubrimiento del Gai lu, las cosas han cambiado de manera radical, pues ahora tenemos un libro en el que Wu Zixu habla de asuntos militares con su rey… pero está claro que este libro no es El arte de la guerra de Sunzi.

Descartada la identificación entre el Gai lu y El arte de la guerra, ¿podría ser el Gai lu ese otro libro que en la antigüedad era conocido como el Wu Zixu?

El nombre de Shen Xu para referirse a Wu Zixu sí que se conocía, pues se había encontrado en otros textos, como alguno de los de la antología La gloria de Yue, traducidos por Olivia Milburn. En La gloria de Yue se incluye una traducción del Gai Lu.

Autores como Cao Jinyan no lo dudan y creen que el Gai lu es el Wu Zixu, o al menos un capítulo de ese libro. Olivia Milburn, que ha traducido el Gai lu, cree que esa hipótesis no resulta verosímil, ya que en el Gai lu no se menciona al consejero Wu Zixu con este nombre, sino por el de Shen Xu. No parece tener mucho sentido que en un libro que se llamara Wu Zixu, se mencione al personaje que le da título con otro nombre.

Más allá de las hipótesis acerca del libro y su autor, ¿qué nos revela el Gai lu, en especial en asuntos militares?

 

El Gai Lu y El arte de la guerra

Autores como Chen Yu y Yann Couderc sostienen que existen grandes similitudes entre el Gai lu y tratados militares antiguos, entre ellos El arte de la guerra de Sunzi [4] Chen Yu 陳宇, Wu Zixu bingfa pojie 伍子胥兵法破解 (Beijing: Junshi kexue, 2003).. Más allá de las similitudes que señalan Chen Yu (que no hemos podido consultar) y Yann Couderc, es cierto que se pueden observar bastantes coincidencias llamativas entre el Gai lu y El arte de la guerra:

  • Los dos textos comienzan enumerando los factores para emprender la guerra o para conservar el dominio conseguido.
  • Los dos mencionan, y además en el mismo orden, el dao del gobernante, el Cielo, la Tierra y el mando o manejo de las tropas como factores que debe conocer y dominar el estratega.
  • También se discute de manera similar en los dos libros acerca de las posiciones ventajosas y perjudiciales en las montañas y en los ríos.

Un ejemplo de estas coincidencias:

«Conquistar mediante las armas es el método que solo se debe emplear como último recurso [5] (Wu Zixu, traducido por Yann Couderc)

«En la guerra lo mejor es destruir los planes del enemigo; lo siguiente, destruir sus alianzas; lo siguiente, destruir sus ejércitos; lo peor, asediar ciudades»[6]El arte de la guerra, traducción de Ana Aranda vasserot

Las mayores diferencias entre El arte de la guerra y el Gai lu están en que mientras que en el libro de Sunzi no encontramos incursiones en terrenos místicos y tan solo se descubren menciones retóricas a las cinco fases (agua, madera, fuego, tierra y metal) o al paso de las estaciones, en el Gai lu, parece confiarse en correlaciones astrales que podrían llevar a la victoria, más allá de los calculos militares. Del mismo modo, mientras que en en El arte de la guerra se ofrecen consejos muy concretos acerca de observar el humo o el polvo en el campamento enemigo, porque eso puede indicarnos que hay movimientos de tropas o que el campamento está siendo establecido o abandonado, en el Gai Lu se recomienda observar las auras y el polvo.

Yann Couderc, que sigue la traducción francesa del Gai lu de Jian Zhu, comandante militar chino, considera sin dudarlo que el Gai lu es el Wu Zixu y que el consejero Wu Zixu fue también el inspirador de El arte de la guerra y propone la siguiente hipótesis:

1. Wu Zixu da su tratado militar al rey Helü. 
2. Helü lee el tratado y nombra Primer Ministro a Wu Zixu en -512.

3. Wu Zixu recomienda a Helü que contrate al estratega Sun Wu.

4. Sun Wu (que es Sunzi) muestra una primera versión de su tratado al rey Helü.
5. Helü nombra general a Sun Wu. 
6. Tras retirarse de la vida social, Sun Wu elabora la versión definitiva de El arte de la guerra, a la que incorpora su experiencia militar.

Couderc añade que existe una versión de la historia según la cual Sun Wu y Wu Zixu estudiaron juntos la estrategia militar cuando eran ermitaños en el lago Taihu, antes de trabajar para el rey Helü de Wu. Es una versión que no he podido consultar.

 

El Gai Lu, el Yin y el Yang y la escuela de Huan Lao

La cercanía con ciertas ideas que podríamos llamar místicas han hecho pensar a los historiadores que el Gai lu podría pertenecer a los textos militares del Yin y Yang, que podrían estar relacionados con la escuela de Huang Lao, una corriente filosófica, política y militar que combinaba las enseñanzas del mítico emperador Huangdi y las del sabio taoísta Laozi.

Se conocen varios libros de la escuela militarista del Yin y el Yang, o al menos fragmentos encontrados en tumbas como la de Yinqueshan, como el Xingde o el Yanshi wusheng (El ciclo de Cinco Fases del Señor Yan) o el Di Dian, en el que se recoge una conversación entre el emperador Huangdi y su consejero Di Dian.

En el Gai lu, en definitiva, las observaciones prácticas se mezclan con consejos ambiguos y abstractos de difícil interpretación. En eso coincide con otro de los libros incluidos en La gloria de Yue, el conocido como Las nueve auras.

Ahora bien, cuando desciende al detalle concreto, el Gai lu se ocupa de un aspecto que hasta cierto punto ha sido descuidado en El arte de la guerra: el factor Cielo, es decir la climatología, pues mientras que Sunzi no presta demasiada atención a la climatología en el Gai lu sí se indican momentos propicios para atacar según la condición del sol, del cielo, o si llueve.

Yann Couderc considera, como hemos visto antes, que el Wu Zixu (que es en su opinión el Gai lu) es anterior a El arte de la guerra de Sunzi. Couderc considera que el tratado de Wu Zixu es claramente más antiguo, “menos moderno” que el de Sunzi, y que podría ser un proto-Arte de la guerra.

Sin embargo, también podría suceder al contrario: el Helü/Wu Zixu o Gai lu podría ser posterior a El arte de la guerra, porque se da la paradoja de que el primitivismo, la mística o la superstición se pueden encontrar tanto antes como después de las épocas en las que se supone que vivió Sunzi. A menudo, el pensamiento avanza y retrocede y lo más reciente no siempre es lo más racional. Tras la unificación de China, es decir, décadas después de la época en la que quizá se escribió El arte de la guerra, el pensamiento mágico volvió a extenderse por China y muchas de las ideas racionales y razonables que se expresan en El arte de la guerra fueron sustituidas por todo tipo de apelaciones místicas.


Bibliografía:

Yann Couderc: Wu Zixu, inspirateur de Sun Tzu
Olivia Milburn: “Gai Lu: A Translation and Commentary on a Yin -Yang Military Text Excavated from Tomb M247, Zhangjiashan”.
Olivia Milburn: The glory of Yue (incluye una traducción del Gai lu)
Ana Aranda Vasserot: El arte de la guerra de Sunzi (traducción incluida en El arte del engaño)


El arte del engaño
Daniel Tubau
Editorial Ariel
600 páginas

Una cuidada edición que ofrece la más completa panorámica del arte de la estrategia china antigua publicada hasta la fecha.
Contiene la traducción comentada de El arte de la guerra de Sunzi y Las 36 estratagemas chinas, por Ana Aranda Vasserot, así como Las 100 reglas del engaño y la estrategia.
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