El cuestionario de Proust

Mariona Tubau

Se llama Cuestionario de Proust a una serie de preguntas a las que el propio Marcel Proust contestó en una ocasión, probablemente en un Album de Pandora (un libro de páginas blancas en el que se guardaban recuerdos de los amigos) de una de sus amigas.

Leí un Cuestionario de Proust, creo que el del propio Proust, en la revista semanal del periódico ABC, que entonces se llamaba, si no me equivoco “Blanco y Negro”. Fue durante una estancia de verano en Cadaqués, en casa de mi querida tía Mariona. Ella intentó enseñarme, sin mucho éxito, a afinar cuando silbaba, a pelar patatas, algo que sí aprendí a la perfección, a disfrutar de las deliciosas habaneras y del cremat (ron, café, canela, piel de limón… todo ardiendo junto) y creo que fue una de las personas que más me ayudó en mi inquieta y quizá no muy fácil adolescencia, como se puede adivinar por alguna de las respuestas a este primer cuestionario que respondí. Volví a contestar al Cuestionario de Proust al menos en tres ocasiones y lo incluí en la sección “Cuadernos ególatras” de mi revista Esklepsis.

Fotografía de Daniel Tubau

Fotografía tomada en fechas cercanas a mi primer cuestionario de Proust

1. El principal rasgo de mi carácter

La necesidad de escribir cosas que no siento más que en la letra impresa.

2. La cualidad que deseo en un hombre
Idem. Proust: Encantos femeninos.

3. La cualidad que prefiero en una mujer
Independencia, belleza, buena conversación

4. Lo que más aprecio en mis amigos
Que piensen como yo y sean francos.

5. Mi principal defecto
Idem Proust: No saber ni poder “querer”

6. Mi sueño de dicha
Idem proust: Amar.

7. Mi sueño de dicha.
ver 6

8. Cuál sería mi mayor desgracia
Ser enterrado

9. Qué quisiera ser
Suicida

10. Dónde desearía vivir
En una isla desierta con un gato y un mono

11. El color que prefiero
verde anaranjado

12. La flor que prefiero
sin contestar

13. El pájaro que prefiero
El azor, el pato salvaje

14. Mis autores preferidos en prosa
Edgar Poe, Champavert

15. Mis poetas preferidos
Machado, Khayam

16. Mis héroes de ficción
El personaje masculino de “Noelia” (escrito por mí)

17. Mis heroínas favoritas de ficción
Noelia, Ligeia (de Poe)

18. Mis compositores preferidos
Wagner, Bethoven en la Novena Sinfonía.

19. Mis pintores predilectos
Breghel el Viejo, El Bosco

20. Mis héroes de la vida real
Vidoq, Robert Louis Stevenson

21. Mis heroínas históricas
(sin contestar)

22. Mis nombres favoritos
Dammit

23. Qué detesto más que nada
El complejo de superioridad

24. Qué caracteres historicos desprecio más
No me interesa contestar.

25. Qué hecho militar admiro más
Ninguno y no haberme presentado voluntario.

26. Qué reforma admiro más
No contestada

27. ¿Qué dones naturales quisiera tener?
Seducción

28. Cómo me gustaría morir
(No contestada)

29. ¿Estado presente de mi espíritu?
Relajado, sin ansias

30. Hechos que me inspiran más indulgencia?
(No contestada)

31. Mi lema
Ninguno

 

************

[Respuestas al Cuestionario de Proust: antes de 1981, en Cadaqués]

***********

La revista Vanity Fair incluye desde hace décadas un cuestionario de Proust, al que han respondido todo tipo de celebridades. La revista Blanco y Negro hizo lo mismo mucho antes, creo que casi desde sus inicios.

Otras entradas de Memorabilia

El cuestionario de Proust

Leer Más
Cuadernos ególatras

Leer Más
La memoria de lo incompleto

Leer Más
Fotografía familiar

Leer Más
Quién toca esta web me toca a mí

Etimología platónica de Il Saggiatore


Leer Más
Yo soy la materia de mi web

Leer Más
La identidades asesinas

Leer Más
Los falsos recuerdos

Leer Más
Verse en otros

Leer Más
No verse a sí mismo

Leer Más
Memorabilia

Leer Más
Uno de mis exlibris

Leer Más
En el barrio de Argüelles

Leer Más
Felicitación a Bruno en 2004

Leer Más
Mi mesa y mis dioses

Leer Más
En Berlín con Lennard

Leer Más
Tal como éramos

Leer Más
Retrato con una camisa de rosas

Leer Más
Oskar

Leer Más
El destino y el camino

Leer Más
Modelo de portada

Leer Más
Las lecciones de la experiencia

Leer Más
El credo de un escéptico apasionado: “No te contagies”

Leer Más
Memorabilia

Leer Más
Coincidencias con Proust

Leer Más
Intento filosófico 2

Leer Más
Leer 18.000 libros

Leer Más
Primera afición al teatro

Leer Más
Sobre dogmatismo, bluejeans y Coca-Cola

Leer Más
Intento filosófico 1

Leer Más

Share

La falsa modestia y la soberbia cierta

A menudo se dice que alguien muestra una falsa modestia o una modestia estudiada.

En primer lugar, ¿no podríamos pensar también que la soberbia es igualmente estudiada? Solemos considerar que la soberbia es algo que surge de manera no tan calculada o hipócrita como la falsa modestia, pero hay ejemplos que demuestran que la soberbia puede ser también muy estudiada. Según cuentan los amigos de Dalí, cuando el pintor veía que los periodistas se habían ido, se bajaba los bigotes y decía algo así como: “Bueno, ahora que ya estamos solos, no hace falta seguir con el personaje”.

“Cada mañana cuando me despierto, siento de nuevo un placer supremo, el de ser Salvador Dalí”

Si quisiéramos ir más lejos, podríamos preguntar si cualquier presunción no sólo es estudiada, debido a que que el presuntuoso se examina a sí mismo con esmero para ver qué méritos suyos puede señalar a los demás, sino que, además, por paradójico que parezca, la presunción puede ser falsa. ¿Por qué? Porque la necesidad de presumir suele esconder una cierta desconfianza en uno mismo: puesto que no se espera que los demás admiren los méritos propios, el presuntuoso se ve obligado a insistir en ellos y resaltarlos.

Casi todos los que mi padre llamaba “papanatas” practican esa soberbia calculada, que a menudo esconde gran inseguridad. Es lo que  dice Mariel Hemingway, que se da cuenta en Manhhattan de lo que esconde la pedante Diane Keaton tras el primer encuentro: “Creo que estaba nerviosa e insegura”.

Por otra parte, ¿es bueno o malo eso de la estudiada modestia? ¿Sería preferible tener una modestia descuidada? ¿No disminuiría eso el mérito del modesto, que lo sería sin siquiera darse cuenta de que lo es, cuando la verdadera dificultad sería el tener razones o impulsos hacia la presunción y, sin embargo, ser modesto?

Por poner un ejemplo, Borges, a quien se acusa de practicar una estudiada modestia, se mostraba, en efecto, modesto muy  a menudo, a pesar de que tenía sobrados argumentos para presumir. Si su modestia no hubiese sido estudiada sería sin duda pura hipocresía, más falsa que la falsa modestia. Una modestia no estudiada en Borges haría dudar acerca del conocimiento de sí mismo , porque tenía muchas razones para decir aquello que dijo Villiers de L’Isle Adam: “Me estimo poco cuando me examino, mucho cuando me comparo”.

Todo esto no impide que  se pueda ser modesto sin estar fingiendo. Por supuesto que sí, se puede ser modesto con verdadera convicción. Uno puede ser sinceramente modesto porque siente que no hay nada en lo que pueda destacar.

Lo que resulta más difícil es fingir que no adviertes que otros te miran como modesto o falso modesto, y el hecho de percibir eso influirá en tu comportamiento. Entonces serás un modesto que se da cuenta de que los demás no creen que debas mostrarte modesto, lo que, probablemente, te convierta, al menos en la relación social, en un falso modesto.


[Publicado el 4 de enero de 2008]

Share

Shakespeare trivial

En la obra que se atribuye a Shakespeare y Fletcher Historia de Cardenio, que es una traducción de la Doble Falsedad de la que hablara Theolbald, sorprende cómo los diálogos se suceden con cierta soltura pero sin mayor interes, cómo se repiten cosas ya dichas y aquí y allá comparaciones insípidas, como esta:

 DOROTEA “Vete, señor, que tus palabras son impropias y suenan mal y en falso tus canciones, e incluso tu perfume que percibo no me halaga tanto como aquel que despide la violeta de los campos nuestros”

¿Qué sentido tiene una comparación tal? ¿A qué vienen aquí los campos, si estamos en una villa? No es mala la idea de que una mujer desprecie las palabras, las canciones e incluso el perfume de su pretendiente. Pero está tan mal llevado, que se pierde lo que de interesante pudiera tener la idea. Si la escena trascurriese en el campo, no sería difícil decir que ese perfume odiado oculta el otro tan amado, de alguna manera más o menos ingeniosa, pero tal como está el verso carece de sentido o su sentido es trivial.


[Publicado en 2007]


OTRAS ENTRADAS SHAKESPERIANAS

Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Las reglas del juego en Shakespeare

Leer Más
¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?

Leer Más
Shakespeare y los guionistas

…y un artículo de Lucía Burbano


Leer Más
Shakespeare entre showrunners

Leer Más
Hamlet, detective

Leer Más
El rey Lear en tres dimensiones

Leer Más
El autor y sus personajes

Leer Más
Shakespeare y la imperfección

Leer Más
Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Leer Más
Macbeth y las tres brujas

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Proteo el cambiante

Leer Más
Todo Shakespeare

Leer Más
Los libros que queremos leer y el Cardenio
Shakespeare y Cervantes /3

Leer Más
El Shakespeare cervantino
Shakespeare y Cervantes /2

Leer Más
Cardenio, la obra perdida de Shakespeare
Shakespeare y Cervantes /1

Leer Más
El guionista a la búsqueda del espectador

Leer Más
Shakespeare y su época

Leer Más
El Gran Mecanismo

Leer Más
McLuhan y Shakespeare en un balcón de Verona

Leer Más
Shakespeare y los androides

Leer Más
La vida y la obra en Shakespeare y Catulo

Leer Más
Hamlet, el primer romántico

Leer Más
La invención humana

Leer Más
Escribir sobre Shakespeare

Leer Más
Diatriba contra la virginidad

Leer Más
Un curioso epílogo de Shakespeare

Leer Más
La opinión de Shakespeare sobre sus obras

Leer Más

Shakespeare trivial

Leer Más
Interpretar a Shakespeare

Leer Más
Ricardo II, Shylock, Julieta: el tercer nivel de sentido

Leer Más
La opinión de Shakespeare sobre sus obras

Leer Más

Share

Simbolismo

Symbolism, por Michael C.Place

Todos somos simbolistas.

Escribimos mediante símbolos. De ahí la redundancia del simbolismo.

No sé si lo dice Borges o si lo pensé a partir de Borges. En cualquier caso, estoy de acuerdo, y es algo que se olvida a menudo por los realistas.


[Escrito el 19 de septiembre de 2008]

Sobre este asunto, ver: Ricardo II, Julieta y Shylock: el tercer nivel de sentido


wasteweb

Cristo

Leer Más
Dudar es lo más seguro

Leer Más
El paradigma de Field y la novedad

Leer Más
Waste Web

Leer Más
Nacionalismo

Leer Más
Como Shakespeare

Leer Más
Vixit

Leer Más
El sexto sentido

Leer Más
Cómo tener un sexto sentido

Leer Más
Shakespeare, ¿adelantado de su tiempo?

Leer Más
Hablar con los muertos

Leer Más
Crítica a lo Johnson

Leer Más
Prensa, televisión y revolución

Leer Más
John Milton y los spartoi

Leer Más
Defensa del error por Milton y Selden

Leer Más
El imaginario revolucionario

Leer Más
John Milton y la libertad de imprenta

Leer Más
Borregos

Leer Más
La fuerza del espíritu

Leer Más
La navaja de Occam bien afilada

Leer Más
Simbolismo

Leer Más

Share

La percepción artística y la belleza

El arte, o por mejor decir la percepción de algo como arte, nace en la frontera entre lo que logramos entender y lo que no podemos evitar sentir, entre lo discursivo y lo emocional, entre lo objetivo y lo subjetivo.

¿Por qué he escrito esta apresurada (y torpe) definición del fenómeno artístico?

Pensaba en una opinión de Karl Kraus:

“El arte está por encima -no por debajo- de nuestra capacidad de comprensión”

(en El genio austrohúngaro, 496).

Lo que pensé es algo que me gustaría investigar: me da la sensación de que en la percepción de la belleza o del fenómeno artístico si se prefiere, o del instante trascendental, se mezcla el conocimiento con la sensibilidad. Juicio y sensibilidad, como diría Jane Austen.

Pondré un ejemplo: hace algunos años, sentí un conmoción al ver un cuadro del pintor Antonio López. El cuadro estaba en un libro y yo, leyendo ese libro, estaba en la Biblioteca Nacional. Se trataba, pues, de una foto de un cuadro de Antonio López.

Los cuadros de Antonio López parecen fotografías, pero no lo son, pues es un pintor hiperrealista.

Yo sabía que lo que estaba viendo era una reproducción fotográfica de un cuadro pintado al óleo, que era, a su vez, como una foto. Todo este conocimiento era previo y sin él difícilmente se hubiera producido en mí aquella conmoción, aquella revelación de la belleza. Si no hubiera conocido a Antonio López, aquella imagen me habría parecido sin duda una fotografía, una buena fotografía. Como es sabido, nos cuesta más conmovernos artísticamente ante una foto que ante un cuadro (lo que, sin duda es absurdo, pero también se debe a nuestro conocimiento previo). Además, una reproducción de un cuadro no sólo es inferior en tamaño, sino también en calidad. Los colores cambian, la textura se pierde, la pincelada desaparece. Todo, pues estaba en contra de la experiencia de la belleza que podemos sentir ante una obra de arte que vemos en unas ruinas o en un museo.

Y, sin embargo, aquello sucedió. Hubo algo que en ese momento llamó la atención de mi sensibilidad, algo que no pude acabar de explicarme, pero, junto a ello, estaba también, ya digerido y aceptado, todo un conocimiento previo acerca de Antonio López. De esa confluencia nació la emoción. Demasiada emoción no trasmite esa trascendencia y demasiado conocimiento tampoco.

En Machu Pichu (Foto de Karina Pacheco)

Viví una situación similar en Machu Pichu. La ascensión fue hermosa, con aquel Wayna Pichu enfrente y las historias que me contaba mi amiga Karina acerca del lugar. Sin embargo, al llegar a la cumbre, no sentí la emoción que esperaba. Tal vez tenía demasiadas expectativas. Después, tras caminar entre las ruinas, subimos por un camino y pasamos por el hueco de una roca: fue allí donde me asaltó la conmoción. Tal vez porque no estaba esperándola ya.

Como se ve, los dos ejemplos tienen en común la falta de expectativas, pues tampoco esperaba nada mientras hojeaba el libro sobre Antonio López: esperar ser deslumbrado impide que uno sea deslumbrado, supongo.

En Machu Pichu (Foto de Karina Pacheco)


[Escrito en 2010]


Sobre arte

Hable como un verdadero experto

Lenguaje de expertos /1


Leer Más
Mímesis y símbolos

Leer Más
¿Es el arte siempre imitación?

Leer Más
El arte y la visión mística

Leer Más
Lazslo Toth

Leer Más
Arte: museos, ilustraciones y fotografía

Leer Más
Entre la ética y la estética

Leer Más
La ética de la estética

Leer Más
Velazquez casi se anticipó a Picasso

Leer Más
Picasso, ¿discípulo de Bouguereau?

Leer Más
La percepción artística y la belleza

Leer Más


Cuaderno de Tahuantinsuyu

Cuaderno de Tahuantinsuyu

Leer Más
Ollantaytambo

Leer Más
Q’enqo y el prueba vírgenes

Leer Más
El Wayna Pichu

Leer Más
Otto y el sapo

Leer Más
Cuadernos de viaje

Leer Más
La percepción artística y la belleza

Leer Más
Capitales mundiales en el Cusco

Leer Más

Share