Breve historia de la decadencia de la lengua filosófica francesa

Comienzo aquí  una pequeña antología que recogerá textos filosóficos franceses desde sus orígenes hasta su decadencia, pasando por su larguísimo esplendor. No es una decadencia absolutamente lineal y fatal, y hay muy honrosas excepciones, pero es una pena que en el XIX, y sobre todo en el XX, los pensadores franceses, antiguos maestros de Europa y del mundo en el hablar claro y preciso, fueran haciéndose cada vez más abstrusos, enrevesados y pretenciosos, hasta acabar resultando, en algunos casos, ininteligibles, y demasiado a menudo hinchados como pompas llenas de nada.

Hoy un breve texto de Braudillard:

“Nunca llegaremos al destino, aunque se trate del Juicio Final, ya que estamos separados de él para siempre por un espacio de refracción variable. La retroversión de la historia se podría perfectamente interpretar como una turbulencia de esta clase, debida a la precipitación de los acontecimientos que invierte su propio curso y traga su propia trayectoria”
(Braudillard 1992)

¡Oh, si hubiera un nuevo Moliere para poner en solfa a estos maestros ridículos, qué graciosa obra compondría!

No deja de resultar llamativo que Braudillard se haya especializado en la sociedad del espectáculo y del simulacro y al mismo tiempo lo haya hecho empleando un lenguaje que es en sí mismo un simulacro y un puro espectáculo. ¿Se trata de una sutil ironía por su parte?

 

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[Publicado por primera vez el 10 de noviembre de 2004]

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