Be water… O no

La metáfora del agua es una de las más célebres de Sunzi en El arte de la guerra y es también la favorita de muchos autores para destacar el carácter paradójico del pensamiento chino, que demuestra que lo débil y flexible puede vencer a lo fuerte y duro.

En su última entrevista en televisión, el 9 de diciembre de 1971, Bruce Lee propuso una célebre metáfora que se ha convertido en su sentencia más conocida, en especial tras un anuncio de BMW, gracias al que la empresa logró aumentar las ventas en un 73%. Esto es lo que dijo Lee:

“Vacía tu mente, carece de forma, sin forma como el agua. Si pones agua en una taza se convierte en la taza. Si pones agua en una botella se convierte en la botella. Si la pones en una tetera se convierte en la tetera. El agua puede fluir o puede chocar. Sé agua, amigo mío”.

El consejo de Bruce Lee se ha comparado con ideas clásicas del taoísmo, con razón, porque podemos encontrar muchos pasajes semejantes en textos taoístas como el Daodejing (Tao te king) de Laozi:

“Nada hay en el mundo más blando y suave que el agua, pero nada puede superarla en el combate contra lo duro y resistente, en esto nada puede sustituirla. El agua vence a lo más duro, lo débil vence a lo fuerte”[1]Laozi. El libro del Tao, traducción de Juan Ignacio Preciado (Iñaki Preciado Idoeta)

“¡Cuánta sutileza! No tener forma. ¡Cuánto misterio! No tener sonido”.[2]El arte de la guerra, traducción de Ana Aranda Vasserot

Sin embargo, Lee no se está refiriendo exactamente a la cualidad del agua de ser débil pero paradójicamente más fuerte, sino a que el agua carece de una forma estable, a su capacidad para adoptar y adaptarse a cualquier forma: el agua se adapta al recipiente que la contiene, se adapta a un cuenco o a un plato. Es una idea que se expresa con mucha claridad en El arte de la guerra de Sunzi:

“La forma del ejército es como el agua: el agua huye de lo alto y se precipita hacia lo bajo. La forma del ejército huye de lo sólido y ataca lo hueco. La guerra busca lo fuerte y ataca lo débil, el agua para fluir adapta su forma al terreno, el guerrero para vencer se adapta al enemigo”.[3]El arte de la guerra, traducción de Ana Aranda Vasserot en El arte del engaño

Como se ve, Sunzi recomienda a los soldados que busquen, como el agua, lo hueco y lo lleno en el ejército enemigo, evitando encontrarse o chocar con lo duro, por ejemplo las formaciones mejor preparadas, y golpeando lo blando, por ejemplo los carros de suministro.

La metáfora resulta muy sugerente, y más cuando Bruce Lee insiste en que el agua no tiene forma, una idea que, como ya se ha visto en la cita anterior, probablemente tomó de Sunzi, quien habla a menudo en la importancia de no tener una forma que sea reconocible para el enemigo y de ser capaz de adaptarse a circunstancias cambiantes:

“Por lo tanto, del mismo modo que el agua no tiene forma constante, la guerra no tiene siempre el mismo potencial estratégico.[4]El arte de la guerra, traducción de Ana Aranda Vasserot

Sarah Allan ha dedicado un libro interesantísimo a las metáforas del agua en la antigua filosofía china: The Way of Water and Sprouts of Virtue («El camino del agua y los brotes de la virtud»).

Una de las cualidades del buen estratega, por lo tanto, consiste en no tener forma, en no ser reconocible, en carecer de un ritmo detectable (como dice el samurai Miyamoto Musashi), porque eso impide que el enemigo se anticipe a nuestros movimientos.

 

UNA METÁFORA MÁS CHINA QUE TAOÍSTA

Aunque se suele asociar a los taoístas con la metáfora del agua, ha sido empleada por todos los pensadores chinos desde la antigüedad. Confucio admiraba tanto el agua que se quedaba extasiado ante ella y decía que el hombre vulgar admira las montañas pero que el sabio admira los cursos de agua.

Sin embargo, la del agua es una metáfora engañosa y las cosas no resultan tan sencillas como parece a primera vista cuando escuchamos o leemos la famosa sentencia de Bruce Lee. Es cierto que en El arte de la guerra, Sunzi alaba las virtudes del agua que cae con la fuerza de un torrente incontenible desde una altura o que busca lo debil y rehuye lo blando, pero también invierte su significado y asegura que una de las maneras de lograr la victoria consiste no en actuar como el agua, sino en forzar a nuestro enemigo a que actúe como el agua, para, de este modo, conducirlo al lugar que a nosotros nos interesa.

En El arte del engaño se explican los aspectos positivos de actuar como el agua desde el punto de vista estratégico, pero también los negativos: el peligro de que el enemigo nos maneje, nos controle y nos dirija del mismo modo que se conduce el agua a través de canalizaciones y surcos. En el capítulo “Metáforas que se escurren como el agua” examino el problema de interpretar metáforas como la del agua desde un punto de vista limitado.

Esta estratagema es la que empleó el mítico emperador Yu, uno de los padres de la nación china, para dominar las aguas de un diluvio que parecía incontenible: en vez de enfrentarse a las aguas con barreras y diques, como hizo su padre Gu sin éxito, creó canales para hacer que las aguas se desviaran de su curso y disminuir su poder, hasta conducirlas al mar. La gran epopeya mítica china es precisamente esta, la del dominio de las aguas.

También al rey Fuchai de Wu, uno de los protagonistas de la gran guerra entre los reinos de Wu y Yue, en la que se dice que participó el estratega Sun Wu (que es tal vez Sunzi) se le atribuye la construcción de lo que con el tiempo sería el Gran Canal de China, la vía navegable artificial más larga del mundo. Fuchai unió mediante canales las aguas del río Yangtse con las del Huai, y se supone que esas fueron las bases para el futuro Gran Canal.

Por otra parte, aunque en teorías correlativas o simbólicas como las de las Cinco Fases se dice que el agua vence al fuego: (“Agua, que extingue el fuego”)[5]El arte de la guerra, traducción de Ana Aranda Vasserot, Confucio ya advirtió de que la sequedad, por ejemplo una sequía prolongada, puede vencer al agua, y que el agua, del mismo modo que la inteligencia del verdadero sabio, necesita una fuente desde la que fluir.

El filósofo Han Fei, que menciona en sus escritos El arte de la guerra, mostró cómo darle la vuelta a la idea de que el agua siempre vence al fuego mediante una propuesta ingeniosa:

“Toma como ejemplo la sentencia que afirma que el agua
vence al fuego. Pero si ponemos un cazo entre ellos,
entonces el agua se calentará y hervirá hasta extinguirse
sobre el fuego, pero el fuego seguirá ardiendo”[6]Han Fei

En cuanto a Sunzi, considera más efectivo el ataque con fuego que con agua:

“Un ataque con fuego
demuestra perspicacia,
un ataque con agua
demuestra fuerza:
el agua permite
aislar al enemigo,
el fuego permite
destruirlo”.[7]El arte de la guerra, traducción de Ana Aranda Vasserot

Como se ve, la metáfora del agua es de una riqueza extraordinaria en China, inagotable como aquellas aguas del diluvio, por lo que conviene no quedarse en las apariencias de una frase brillante como la de Bruce Lee. Eso es lo que he intentado en El arte del engaño: ir más allá de lo obvio y mostrar, siguiendo a Sunzi y a otros estrategas y filósofos, cuándo o de qué manera conviene ser como el agua y cuándo es preferible que lo sea nuestro rival. O cuando debemos ser, en vez de como el agua, como el vapor.

Para terminar, ofrezco otro ejemplo de cómo darle la vuelta a la metáfora del agua. Lo propone uno de los pensadores más influyentes e interesantes de la antigua China, pero que apenas es conocido en otros lugares o culturas: Xunzi, el maestro Xun.

Xunzi, que dedicó uno de sus libros a un debate con un general partidario de las doctrinas de El arte de la guerra de Sunzi, al contrario que Bruce Lee, comparaba al buen gobernante no con el agua, sino con el recipiente:

“En textos taoístas, el soberano, en especial si se encuentra en una posición débil, debe actuar como el agua: ceder a la presión y tomar la forma que se requiera. Xunzi, por el contrario, compara al gobernante con la vasija. En este caso, el pueblo es el agua, que toma la forma de lo que lo contiene. El gobernante es el cuenco: cuando el cuenco es redondo el agua es redonda, cuando el cuenco es cuadrado, el agua es cuadrada.”[8]Sarah Allan, The Way of Water and Sprouts of Virtue


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