Potencia y acto en Shakespeare

 

Aristóteles afirmaba que todas las cosas tienen ciertas cualidades en potencia y ciertas cualidades en acto. ES decir, que hay cosas que pueden ser (en potencia) y cosa que son (en acto).

Una persona es, cuando nace, un ser humano en acto, pero no es todavía un ser inteligente. Por el momento, solo lo es en potencia. Es decir, se convertirá en un ser inteligente si crece y es educado convenientemente.

El lingüista Noam Chomsky considera que nada más nacer todo ser humano es un usuario del lenguaje en potencia, porque los seres humanos poseemos una gramática innata. Pero esa gramática innata debe hacerse efectiva, convertirse en acto, actualizarse.

Los niños salvajes, criados lejos de la civilización, no tienen lenguaje; muchos de ellos, cuando lose encuentran y los educan, nunca logran adquirir o manejar el lenguaje con la habilidad con la que lo manejamos los seres humanos criados en una cultura humana. Es probable que se deba a que los dos primeros años de vida de un bebé son fundamentales para el desarrollo, porque es entonces cuando se establecen las principales conexiones entre las neuronas. Es entonces cuando esa gramática innata que está en potencia debe actualizarse.

Para entender claramente la diferencia entre potencia y acto, pensemos en una piedra. Una piedra no es un ser inteligente en acto (espero que el lector esté de acuerdo), pero tampoco lo es en potencia. Por mucho esfuerzo que hagamos para pulir un poco la piedra, por mucho que la cuidemos, “eduquemos” y perfeccionemos, nunca será un ser inteligente.

Aristóteles se dio perfecta cuenta de eso y distinguió entre los seres inertes, como las piedras; los vegetativos, como las plantas, los sensibles o sensitivos, como los animales, y, finalmente, los seres inteligentes, como los humanos.

Los seres humanos reúnen las cualidades de las plantas y de los animales, pero añaden la inteligencia, que tenemos en potencia cuando nacemos, pero no necesariamente en acto. La inteligencia debe actualizarse, no sólo durante la infancia, sino a diario, aunque es fácil darse cuenta de que muchos seres humanos olvidan esta sencilla recomendación y algunos casi parecen esforzarse, una vez llegados a una cierta edad, en no aprender nada más.

IPad_3

¿Una moderna tabula rasa?

Resulta curioso, por cierto, que Noam Chomsky haya construido su teoría de la gramática innata en abierta polémica con Aristóteles. Chomsky, en efecto, ataca la idea aristotélica de que al nacer nuestra mente es como una tabula rasa (una tableta no escrita), pero olvida que, como acabo de decir, para Aristóteles los seres pensantes son distintos de los seres inertes, de los vegetativos e incluso de los animales: para Aristóteles hay algo que distingue a los seres humanos como tales ya desde el nacimiento. Eso que distingue a los seres pensantes podría incluir sin ninguna dificultad una gramática innata o, en términos aristotélicos: una gramática en potencia, una tábula rasa que espera ser escrita, pero que tiene ya ciertas cualidades, como lo tiene una tableta iPad, por ejemplo, antes de que empecemos a usarla.

 

Personajes en potencia y en acto

Los personajes de una historia, una novela, una obra de teatro, un guión, también son algo en potencia y algo en acto. Un personaje como Ricardo III puede ser, al comenzar la obra, rey de Inglaterra en potencia, pero, hasta que no elimine a la larga lista de candidatos que se sitúan antes que él en el camino al trono, no podrá ser rey de Inglaterra en acto. Consciente de ello, Ricardo se propone actualizar la potencialidad que cree albergar. El camino de muerte que le lleva al trono es precisamente esa actualización y la trama misma de la obra.

Ricardo III atormentado por los espectros de todos los que se interponían en su camino al trono

También puede suceder que un personaje no esté enamorado de otro en acto, pero que sí lo esté en potencia. Cuando en Los dos hidalgos de Verona Proteo conoce a Silvia, la amada de su amigo Valentín, sabemos, ya antes de su encuentro, incluso antes de que Proteo viaje a Milán, que Proteo es un personaje que en potencia se puede enamorar de Silvia.

La verdad es que cualquier personaje de la obra podría enamorarse de Silvia, pues ya hemos visto que incluso Ricardo, el contrahecho, odiado y segundón Ricardo, puede llegar a ser rey. La mayoría de los personajes de Los dos hidalgos de Verona están en cierto modo enamorados de Silvia, desde Valentín y Proteo a Turio, desde los criados y bufones hasta el viudo Eglamur. Quizá incluso Julia. Todos ellos podrían enamorarse de Silvia (son silviaenamoradizos en potencia), pero no todos se enamoran de ella en acto.

Tres silviaenamoradizos intentan actualizar su deseo

Ahora bien, el paso de la potencia al acto en el amor hacia Silvia que más interesa a Shakespeare, y el que más nos interesa a nosotros como espectadores, tiene relación con Proteo: sabemos que si ese amor de Proteo a Silvia se actualizara  también se produciría la situación más conflictiva en todos los sentidos, la de los dos amigos, Proteo y Valentín, enfrentados a causa de una mujer.

Aunque cualquier personaje de una obra literaria puede ser cualquier cosa en potencia, y por tanto trasformarse en cualquier cosa o hacer cualquier otra, la sabiduría del narrador consiste en provocar y dirigir el interés del espectador hacia ciertas posibilidades, ciertas potencialidades, determinados cambios y trasformaciones en particular y, además, lograr convencer al espectador de que son inevitables. Eso es lo que hace Shakespeare, que nos induce desde el principio a sospechar la futura transformación de Proteo, aunque no lleguemos a darnos cuenta de manera consciente de que estamos siendo manipulados. Veamos algunas sugestiones shakesperianas.

 

Proteo

En primer lugar, el protagonista se llama Proteo.

Proteo es un personaje de la mitología griega, un dios marino que podía trasformarse a voluntad. De él procede el adjetivo proteico, es decir, cambiante.

El dios marino Proteo

En segundo lugar, Proteo, enamorado de Julia, ha aceptado que su amigo Valentín se vaya solo a Milán (“Él va en pos del honor; yo del amor”), pero poco después es obligado por su padre a establecerse también en Milán. Antes de irse, Proteo jura a Julia que siempre la amará:

PROTEO: “He aquí mi mano, en testimonio de mi constancia inalterable. Y cuando deje pasar un solo instante del día sin suspirar por ti, ¡que me castigue, Julia, una irreparable desgracia por el olvido de mi amor!.”

Proteo, en definitiva, afirma que nunca cambiará, jura que está enamorado de Julia y que seguirá así por siempre. Insiste tanto, que despierta en nosotros la sospecha. Cuando Proteo dice que no cambiará, Shakespeare, al mismo tiempo,  nos está diciendo lo contrario.

 

Romeo y Proteo

Ya antes de Shakespeare se sabía que cuando un personaje insiste demasiado en algo eso suele ser un indicio de que está mintiendo o de que, aunque no mienta, cambiará de opinión. Shakespeare empleó este método con más frecuencia que otros autores.

Comparemos la situación de Proteo en Los dos hidalgos de Verona con la obra que es el paradigma del amor eterno, incluso más allá de la muerte, Romeo y Julieta. Al inicio de la obra encontramos a un Romeo enamoradísimo:

ROMEO
¡Ay!… ¡Mísero de mí!… Mucho da que hacer aquí el odio, pero más el amor… Pluma de plomo, humo resplandeciente, fuego helado, robustez enferma, sueño en perpetua vigilia, que no es lo que es! Tal es el amor que siento sin sentir en tal amor amor alguno.

BENVOLIO
Dime, en serio, ¿de quién estás enamorado?

ROMEO
¡Cómo? ¿Tendré que decírtelo sollozando?

Muchos pensarán, ¿cómo no hacerlo?, que Romeo se está refiriendo a Julieta y que es por su afán de ver a Julieta por lo que aceptará ir a la fiesta de sus rivales, los Capuletos. Pero no es así:

BENVOLIO
En esa misma antigua casa de los Capuletos cena la encantadora Rosalina, a quien tanto amas, en unión de las más admiradas hermosuras de Verona.

En efecto, Romeo está enamorado, eternamente enamorado, pero no de Julieta, sino de Rosalina, a quien olvidará al conocer a Julieta, del mismo modo que Proteo olvidará a Julia al conocer a Silvia.

Para los seguidores del llamado “viaje del héroe” quizá sería interesante investigar si Shakespeare hace recorrer a sus personajes este viaje o no: una de las etapas iniciales consiste en que el héroe se niega a separarse de lo que tiene, de su cotidianeidad, del mundo en el que vive. La aventura consiste casi siempre en el paso del mundo ordinario o habitual al mundo extraordinario.

Podríamos considerar que Romeo vive en el mundo ordinario de su amor a Rosalina y Proteo en el de su amor a Julia. Ese amor es para ellos su mundo ordinario, lo establecido, es el territorio que se debe abandonar para que comience la aventura, la historia que nos quiere contar Shakespeare.

Romeo, guiado por Benvolio y sus amigos, que quieren desenamorarle, entrará en un mundo extraordinario en el que nunca ha estado antes, el de sus enemigos jurados, los Capuletos. En la fiesta de los Capuletos, queriendo ver de nuevo a Rosalina, Romeo verá a Julieta.

Proteo, por su parte, abandonará Verona, a pesar de que ha jurado no abandonar nunca la ciudad, para no alejarse de Julia, y viajará a Milán, donde ya le espera su amigo Valentín. En Milán, Proteo conocerá a Silvia, la mujer de la que se ha enamorado el antes escéptico Valentín.

Esa primera etapa del viaje del héroe es también el paso de la potencia al acto: entrar en el mundo extraordinario es una potencialidad del héroe, que espera ser actualizada.

Sin embargo, tal vez deberíamos analizar con más cuidado si los dos héroes de Shakespeare realmente se resisten a la aventura y a dar el primer paso en el mundo extraordinario. Eso le sucede a Valentín, y también a Julieta, pero es dudoso que podamos aplicárselo a Romeo y Proteo. En el caso de Romeo, un verdadero cambio sería de no estar enamorado a sí estarlo, pero Romeo empieza la obra locamente enamorado, aunque de Rosalina. Simplemente sustituye, quizá con una facilidad asombrosa para el símbolo del amor eterno, una pasión por otra.

 

El juego de la potencia y el acto

En cuanto al amigo de Proteo, Valentín,  Shakespeare también nos sugiere ese paso de potencia a acto antes de que suceda. Del mismo modo que la obra se inicia con los juramentos de amor de Proteo, Valentín se burla del amor de su amigo y asegura que él nunca se enamorará.

Así que ya sabemos qué es lo que le va a suceder a Valentín, porque ya hemos visto que Shakespeare suele conducirnos de la potencia al acto haciendo que el personaje diga lo contrario de lo que va a suceder. Recordemos, en efecto, que en Shakespeare los personajes a menudo no piensan lo que dicen, pero, aunque lo piensen, es frecuente que tampoco hagan lo que afirman que harán, sino todo lo contrario.

A ese juego entre lo que el personaje piensa, dice y hace, que sirve para hacer a los personajes menos previsibles y más complejos, yo lo llamo Tritogenia, recordando que el filósofo griego Demócrito definía como Tritogenia la correspondencia entre pensamiento, palabra y acción, una gran virtud que debemos imitar en lo posible, pero que no deben imitar nuestrros personajes.

Después de ver las primeras escenas, tenemos indicios suficientes para saber que Valentin es un hombre no enamorado en acto pero sí un enamorado en potencia, y que Proteo es un enamorado en acto (de Julia), pero también un enamorado en potencia (de Silvia) y un desenamorado en potencia (de Julia).

Proteo es presentado a Silvia, lo que desactualiza rapidamente su amor eterno hacia Julia y convierte su amor en potencia hacia Silvia en acto puro

Sin embargo, Shakespeare no nos cuenta todo desde el principio: sabemos que Proteo o Valentín pasarán de la potencia al acto, pero no sabemos exactamente de qué manera ni cuándo.

Es fácil sospechar que Valentín se enamorará de Julia, la mujer a la que ama Proteo. Pero no es eso lo que sucede cuando los dos amigos se separan.

Lo primero que sucede es que Valentín actualiza su posibilidad de enamorarse, pero se enamora de Silvia, y en Milán.

Lo segundo, que Proteo desactualiza su amor por Julia, se desenamora de ella, precisamente en el mismo instante en que actualiza su amor por Silvia, porque “un clavo saca otro clavo”, como dice Benvolio a Romeo en Romeo y Julieta y Proteo a sí mismo en Los dos hidalgos de Verona:

“Así como un clavo saca a otro clavo, así también un nuevo amor me ha hecho perder la ilusión de mi amor primero (II,IV)”.

Proteo conoce a Silvia y olvida a Julia al instante. ¿Por qué lo hace? ¿Sólo por amor a Silvia? Quizá no, pero no es este lugar para discutir esa interesante cuestión.

Por ahora nos basta con saber que Proteo, respondiendo por fin a su nombre, cambia, se transforma, convirtiendo las potencialidades sugeridas por Shakespeare, en actos.

Tambien las mujeres de la obra, Julia y Silvia, se mueven entre la potencia y el acto en su pasión por Proteo y Valentín. Shakespeare, en efecto, nos hace dudar de si Silvia cederá o no al acoso amoroso de Proteo y de si Julia podrá desenamorarse de Proteo.

Los dos hidalgos de Verona, es tal vez una obra menor en el índice shakesperiano, pero esconde algunos tesoros que no habría que descuidar, como este sabio y constante juego entre potencia y acto.

En otras obras de Shakespeare, sin embargo, un personaje puede permanecer inalterable toda la obra, como le sucede a Elena en su amor a Beltrán en A buen fin no hay mal principio. Y como le sucede al propio Beltrán, tozudo como ella, en el rechazo a ese amor. Tan solo al final uno de los dos cambiará, y ese amor o desamor en potencia se actualizará. En el camino, Shakespeare nos mantendrá atrapados, dudando acerca de si ese cambio se va a producir y cómo.

Todos los anteriores son buenos ejemplos de cómo podemos utilizar los prejuicios y las expectativas del espectador a nuestro favor: para satisfacerlas o para defraudarlas.

 

Potencia, acto y tensión sexual

Si quisiéramos contar todo esto en un lenguaje moderno y televisivo, podríamos considerar que el ejemplo más evidente del juego entre potencia y acto es la llamada “tensión sexual no resuelta”. Ese truco narrativo que se emplea cuando dos personajes están siempre a punto de besarse (o a punto de pegarse o de separarse), pero que nunca llegan a hacerlo.

Momentos de tensión sexual no resuelta en Expediente X (X Files). ¿Pasarán los agentes Mulder y Scully de la potencia al acto?

Momentos de tensión sexual no resuelta en Expediente X (X Files). ¿Pasarán los agentes Mulder y Scully de la potencia al acto?

Esa situación está siempre en potencia, revoloteando en cada minuto, en cada nuevo encuentro, pero nunca se convierte en acto. En Expediente X era un dogma de fe que nunca debía actualizarse la pasión entre los dos protagonistas, para no cometer el error de Luz de luna y ver caer la audiencia. Pero en Shakespeare esa actualización casi siempre sucede: Othelo mata a Desdémona, Hamlet al usurpador, Romeo se acuesta con Julieta, Macbeth es vencido por el bosque de Durhan y por un hombre no nacido de mujer.

En las obras que tienen un principio y un final, como una obra de teatro o una película, las cosas casi siempre acaban pasando de la potencia al acto, al contrario que en las series de televisión o los comics de continuará. Se necesita tensión sexual… resuelta.

Pero es recomendable que no sucedan exactamente como el espectador imagina que va a suceder: Los dos Hidalgos de Verona, al contrario que otras obras de celos, como Otelo, El médico de su honra o El pintor de su deshonra (ambas de Calderón de la Barca) no termina con la muerte de los adúlteros o el castigo a los culpables, sino con una insólita reconciliación. Quien no conozca Los dos hidalgos de Verona, puede leerla y añadir su opinión y su perplejidad a la de tantos otros lectores:  el desenlace es tan sorprendente que ha provocado continuas discusiones entre los expertos en Shakespeare.

 

 Cuando los personajes actúan

Ahora bien,aunque no haya leído nunca a Aristóteles,  cualquier persona sensata sabe que es algunas cosas en potencia y otras en acto. A menudo las cosas que esa persona es en potencia pasan por su mente cuando sueña, o cuando imagina situaciones en las que hace lo que en la vida real no se atreve a hacer. Cuántas veces hemos oído a un amigo decir, refiriéndose a una discusión que ha tenido con su jefe o con su amante:

Y, claro, yo fui y le dije:“A ver si te enteras de una vez de que…”

Pero en realidad no han dicho nada de eso, sólo han imaginado (con evidente placer) que lo decían; cuando les preguntamos. “¿De verdad se lo dijiste?”, nos responden: “No, pero lo pensé”.

 

Actuar como los actores

Valentín es un enamorado en potencia, como todos los hombres, como todas las mujeres, como todos los seres humanos. Pero, además, se enamora en acto. Eso es lo que nos ofrece la ficción: el espectáculo del paso de la potencia al acto.

El arte, como ya entendieron los griegos, es un sustituto de la vida. Vemos hacer a los actores lo que a nosotros nos gustaría hacer, convertir en actuales esas potencialidades. Por eso los actores imitan a las personas y las personas imitan a los actores. Porque, de vez en cuando, en ocasiones estimulados por lo que hemos visto hacer a un actor, también nosotros nos decidimos y actualizamos nuestras potencialidades.

Como espectadores, nos interesa mucho observar lo que un personaje es y adivinar o intuir lo que podría ser. Lo que dice y lo que desearía decir. Es algo que nos interesa también cuando nos convertimos en nuestro propio espectáculo, es decir, cuando nos observamos a nosotros mismos. Somos esto, pero podríamos ser aquello.

Pocas veces se ha expresado mejor el paso de la potencia al acto que en el poema de Pedro Salinas Perdóname por ir así buscándote:

Perdóname por ir así buscándote
tan torpemente, dentro
de ti.
Perdóname el dolor alguna vez.
Es que quiero sacar
de ti tu mejor tú.
Ese que no te viste y que yo veo,
nadador por tu fondo, preciosísimo.
Y cogerlo
y tenerlo yo en lo alto como tiene
el árbol la luz última
que le ha encontrado al sol.
Y entonces tú
en su busca vendrías, a lo alto.
Para llegar a él
subida sobre ti, como te quiero,
tocando ya tan sólo a tu pasado
con las puntas rosadas de tus pies,
en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo
de ti a ti misma.
Y que a mi amor entonces le conteste
la nueva criatura que tú eres.

A cualquier persona que le digan: “Eres esto, pero podrías ser esto otro”, o “Pareces ser esto, pero eres aquello”, la idea le parecera muy razonable: todos sabemos que, efectivamente, somos más de lo que parecemos. Sin embargo, sólo los tontos se quedan satisfechos con ese dictamen y presumen de que su personalidad está escrita en las estrellas, en las líneas de la mano o en la mirada de un poeta. Porque no se convierte uno en lo que puede ser mediante incienso, posturas o gestos más o menos extravagantes o la lectura de su signo zodiacal, ni siquiera tras una intensa meditación. Uno se convierte en eso que puede ser de otra manera: investigando, leyendo, observando, aprendiendo a pensar, conociendo a desconocidos, escuchando de verdad a los demás, descubriendo los propios prejuicios, acumulando, en definitiva, experiencias. Modelando y moldeando su ser. Porque, en casi todas las cosas, sólo somos en potencia lo que podríamos ser.

Si, además de serlo en potencia, queremos ser algo en acto, debemos, como es obvio, actuar. Al actuar, convertiremos lo que estaba en potencia en acto, pero no como quien saca los regalos de una caja, sino como quien fabrica sus propios regalos con materiales que ha encontrado a lo largo de su búsqueda.

Los adivinos dicen: “Eres otro: descúbrete a ti mismo”. Y muchos se creen que la cosa consiste en ponerse a escarbar dentro de uno mismo. Pero si vivimos en un pozo lleno de arena, lo único que encontraremos será arena. Hay que salir del pozo o al menos mirar hacia fuera. Mirar hacia lo que no somos nosotros. Eso es lo que nos permite pasar de la potencia al acto, porque, como bien saben los físicos, para que un sistema se mantenga vivo, o al menos caliente, necesita extraer energía del exterior.

 

 

 

 **********

[Publicado en 2009 en Variaciones ]

OTRAS ENTRADAS SHAKESPERIANAS

Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Las reglas del juego en Shakespeare

Leer Más
¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?

Leer Más
Shakespeare y los guionistas

…y un artículo de Lucía Burbano


Leer Más
Shakespeare entre showrunners

Leer Más
Hamlet, detective

Leer Más
El rey Lear en tres dimensiones

Leer Más
El autor y sus personajes

Leer Más
Shakespeare y la imperfección

Leer Más
Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Leer Más
Macbeth y las tres brujas

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Proteo el cambiante

Leer Más
TODO SHAKESPEARE

Leer Más
Los libros que queremos leer y el Cardenio
Shakespeare y Cervantes /3

Leer Más
El Shakespeare cervantino
Shakespeare y Cervantes /2

Leer Más
Cardenio, la obra perdida de Shakespeare
Shakespeare y Cervantes /1

Leer Más
El guionista a la búsqueda del espectador

Leer Más
Shakespeare y su época

Leer Más
El Gran Mecanismo

Leer Más
McLuhan y Shakespeare en un balcón de Verona

Leer Más
Shakespeare y los androides

Leer Más
La vida y la obra en Shakespeare y Catulo

Leer Más
Hamlet, el primer romántico

Leer Más
La invención humana

Leer Más
Escribir sobre Shakespeare

Leer Más
Diatriba contra la virginidad

Leer Más
Un curioso epílogo de Shakespeare

Leer Más
La opinión de Shakespeare sobre sus obras

Leer Más

 

Share

La causa de todas las causas

Cuando Aristóteles examina a los filósofos que le han precedido, casi siempre tiene críticas que hacer, muchas de ellas dirigidas a su propio maestro, Platón, pero hay un filósofo al que admira y al que parece considerar su precursor, Demócrito de Abdera:

“En general, ningún filósofo trató tema alguno sino superficialmente, a excepción de Demócrito. Éste, en efecto, parece haberse preocupado por todo y se distingue de los demás ya en su forma de proceder”.

A pesar de admirar su correcta manera de filosofar, Aristóteles apenas coincide con Demócrito en nada. Demócrito es el creador, junto a su maestro Leucipo, del atomismo, una manera de pensar puramente materialista, que Aristóteles rechazaba. En un trabajo que hice cuando estudié filosofía, comparé la ética de Aristóteles y la de Demócrito y mostré que, a pesar de algunas semejanzas, eran muchas las diferencias. Sin embargo, es en el terreno de la filosofía de la naturaleza, la biología, la cosmología o la física donde los dos filósofos más se alejan, en especial cuando intentan explicar la causa o causas de que el mundo sea como es.

Aristóteles

Aristóteles decía que existían al menos cuatro causas. Una de ellas es la causa material de Demócrito, pero Aristóteles opinaba que la más importante era la causa final o teleológica: las cosas suceden para algo, debido a un objetivo. Se podría decir que la causa final está en el futuro: yo escribo ahora este artículo porque quiero terminarlo a tiempo para que se pueda publicar en Diletante; compro una entrada en una taquilla porque quiero ver una película, compro comida en el mercado para poder hacerme la comida, etcétera.


En la vida de los seres humanos es bastante evidente que la causa final explica muchas de nuestras acciones, aunque quizá nos engañemos al pensar que las explica casi todas. El problema del finalismo de Aristóteles es que en la física y en otras ciencias no parece nada claro que se pueda usar de modo coherente la causa final, por lo que la ciencia moderna ha rechazado de plano el recurso a la causa final como explicación.

La astronomía actual no acepta el Primer Motor Inmóvil aristotélico, que se encargaba de mover las esferas de los planetas y estrellas con el objetivo de mantener el orden cósmico. En biología, a pesar de algunas creencias populares, la evolución de los seres vivos tampoco se explica porque tiendan a ser cada vez más perfectos, ni siquiera porque tiendan a ser más aptos o fuertes (como han supuesto las interpretaciones evolucionistas afines al fascismo), sino porque los seres vivos mejor adaptados sobreviven y tiene más o mejor (mejor adaptada) descendencia que los peor adaptados. No hay una causa final allá en el futuro, algo así como: “voy a ser más perfecto y así mis descendientes también lo serán”. El primate que vivía hace un millón de años no tenía como objetivo convertirse en un homo sapiens, a pesar de que los famosos dibujos de la evolución humana parezcan sugerirlo.

La ciencia moderna, en consecuencia, rechaza la causa favorita de Aristóteles, la causa final, y privilegia la causa que la antigüedad y el propio Aristóteles atribuían a Demócrito, la causa material. En este sentido, el triunfo del filósofo atomista ha sido completo. Pero las cosas no son tan sencillas (nunca lo son), como se puede ver en El azar y la necesidad.


[Publicado el 28-11-2013]

Entradas sobre DEMÓCRITO

Razón y sentidos en Demócrito

Leer Más
Cornwallis y Demócrito

Leer Más
La muerte de Demócrito de Abdera

Leer Más
Tritogenia , de Demócrito, y otros libros recuperados

Leer Más
Demócrito, precursor de la Biblioteca Total de Borges… y Woody Allen

Leer Más
La confianza lamentable de Dionisio de Halicarnaso

Leer Más
…Demócrito de Abdera

Cosas que he aprendido de…


Leer Más
El azar y la necesidad

Leer Más
Demócrito, todólogo

Leer Más
La causa de todas las causas

Leer Más
Demócrito, filósofo y detective

Leer Más

ENSAYO “LA ÉTICA DE DEMÓCRITO Y ARISTÓTELES”

2.7 Conclusión

Leer Más
2.6 Pensamiento, palabra y acción

Leer Más
2.5 Lo bueno y lo malo y el criterio

Leer Más
2.4 Acceso del hombre a la felicidad

Leer Más
2.3 Los bienes exteriores

Leer Más
2.2 La felicidad es el bien supremo y el fin de la vida

Leer Más
2.1 La ética de Demócrito

Leer Más
1.9 La felicidad en la adversidad

Leer Más
1.8 ¿Cómo se puede acceder a la felicidad?

Leer Más
1.7 Bienes exteriores: del cuerpo y del alma

Leer Más
1.6 ¿Qué es la felicidad?

Leer Más
1.5 La felicidad es un fin perfecto

Leer Más
1.4 Refutación de la idea platónica de “Bien”

Leer Más
1.3 La felicidad y los tres modos de vida

Leer Más
1.2 El bien supremo es la felicidad

Leer Más
1.1 Bienes y fines. La política y el bien supremo

Leer Más
Introducción

Leer Más
ÍNDICE

Leer Más

Share

Aristóteles en Toledo y la nariz de Freud

Aristóteles no estuvo en Toledo, que yo sepa, quizá porque no era tan viajero como su maestro Platón y porque, según tengo entendido, el viaje más largo que hizo fue a Macedonia para educar a Alejandro Magno, o tal vez porque, aunque hubiese llegado a la Península Ibérica, la ciudad de Toledo o Toletum todavía no existía. Pero, aunque no haya estado en Toledo, yo sí he estado con él en Toledo, con su Poética, que he vuelto a leer en el autobús que me llevaba de Madrid a Toledo esta mañana.

El anterior es un inicio enrevesado que me sirve para comentar tres o cuatro cosas que me han llamado la atención de este libro que todavía sirve para aprender acerca de la escritura, el teatro o el cine, y eso teniendo en cuenta que está incompleto. Pero las cosas que voy a comentar no tienen que ver con la dramaturgia, sino con otros asuntos.

En el autobús, mientras leía la Poética, no podía dejar de darme cuenta de que mi compañero de asiento sentía una gran afición a hurgarse la nariz. Yo intentaba colocarme lo más escorado posible para no ser distraído por este espectáculo, que no venía incluido con el precio del billete, pero era imposible. De pronto leí un pasaje de Aristóteles que decía exactamente:

“A continuación de lo dicho conviene tratar de lo que deben procurar y evitar los autores, así como de la nariz de donde procede el efecto específico de la tragedia”

La verdad es que me extrañó ver una nariz en este contexto, así que releí el pasaje:

“A continuación de lo dicho conviene tratar de lo que deben procurar y evitar los autores, así como de la raíz de donde procede el efecto específico de la tragedia”.

Resulta que mi compañero de viaje se había introducido tan profundamente en mi cabeza que incluso saltó desde allí a la Poética. Es como esos lapsus linguae de los que hablaba Freud: quieres decir una cosa pero dices otra, la que realmente piensas.

********

[Publicado el 8 de febrero de 2005 en Monadolog]

Aristóteles

Las categorías de Aristóteles

Leer Más
Preguntas acerca del movimiento según Aristóteles

Leer Más
Aristóteles y la amistad

Leer Más
Ética y política en Aristóteles

Leer Más
Aristóteles no dogmático

Leer Más
La Poética y Aristóteles

Leer Más
Dios y el deus ex machina

Leer Más
Aristóteles como deus ex machina

Leer Más
La prudencia en los viajes

Leer Más
Aristóteles y la teoría de las Ideas

Leer Más
Un paseo con Aristóteles por las librerías

Leer Más
Aristóteles en Toledo y la nariz de Freud

Leer Más
La causa de todas las causas

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más

CUADERNO DE FILOSOFÍA

Además de las entradas que puedes ver a continuación, hay otras entradas dedicadas a la filosofía, incluyendo comentarios a libros de Descartes, Aristóteles, Demócrito, ética y otros asuntos filosóficos aquí: FILOSOFÍA)

La presencia en mentes ajenas

Leer Más
Demócrito, filósofo y detective

Leer Más
Charlotte Perkins Gilman

Leer Más
Definición de prejuicio

Leer Más
Todo Lichtenberg

Leer Más
La ética de la estética

Leer Más
Solipsismo cotidiano

Leer Más
Filósofos – De Aristóteles a Zenón

Leer Más
La curiosidad contra la certeza dogmática

Leer Más
Sentido y referencia en Gottlob Frege

Leer Más
Más sobre ética y metafísica

Leer Más
La navaja de Occam bien afilada

Leer Más
Consejos para banquetes y reuniones

Leer Más
El mundo de Oz

Leer Más
Semblanza de Enrique José Varona

Leer Más
Los filoetimólogos

Leer Más
Aristóteles en Toledo y la nariz de Freud

Leer Más
Kungzi según Gore Vidal

Leer Más
La identidad y el chiste de Epicarmo

Leer Más
Una regla de discusión de Juliano

Leer Más
Los buenos aforismos

Leer Más
Para qué he vivido, por Bertrand Russell
[PÓRTICO]

Leer Más
Las moscas, Hofstadter y los vampiros

Leer Más
Breve historia de la decadencia de la lengua filosófica francesa

Leer Más
Ficción especulativa costumbrista

Leer Más
William James y lo nuevo viejo

Leer Más
Xi Kang (嵇康)

Los siete sabios del bosquecillo de bambú /2


Leer Más
LOS SIETE SABIOS CHINOS /1

Los siete sabios del bosquecillo de bambú /1


Leer Más
¿Se copia más o menos que antes?

Leer Más
Taller de creación de una webserie

Leer Más

Share

Un paseo con Aristóteles por las librerías

A propósito de mi entrada Novelas vulgares comenta Iván Tubau Comamala (mi padre):

“¿Que Joyce es “más” o “mejor” que Simenon? ¿Que hay novela “vulgar” y novela “decalité”o “compleja” (‘?)? Me costaría mucho admitirlo. Es más: lo niego rotundamente.”

Mi respuesta es que no estoy de acuerdo conmigo y sí con Iván. Creo que tiene razón y que sería difícil dictaminar que Joyce es “más” o “mejor” que Simenon, y decidir qué una cosa es una novela decalité y qué otra cosa no lo es.

Simenon y Maigret

Sin embargo, la cuestión que planteé al intentar distinguir entre dos tipos de novelas todavía me interesa y creo que hay algo ahí en lo que vale la pena detenerse. Cuando escribí aquello, en unas notas apresuradas durante un viaje en avión, recuerdo que no lograba encontrar las palabras adecuadas para distinguir entre dos tipos de novelas que, a pesar de todo, creo que se pueden diferenciar con cierta facilidad. Empleé la expresión “vulgares” o “normales” frente a “complejas” o “ambiciosas” con muchas dudas, con la intención de referirme a dos tipos de literatura que, aunque sean difíciles de definir, estoy convencido de que sí existen, o al menos sí existen en la percepción de los lectores.
Intentaré ser más claro.

Platón y Aristóteles paseando con dos de sus libros

Olvidémonos, al menos por el momento, de la posibilidad de distinguir entre una novela vulgar y compleja mediante el análisis mismo de esas novelas. Es un asunto demasiado complejo. No resulta nada sencillo responder a la pregunta acerca de si ésta o aquélla novela contiene o no esto o lo otro, o si es de mayor o menor calidad. Esa es una tarea casi imposible porque no es sencillo separar una novela de su contexto, contexto en el que se incluye la propia mente del lector. Muchas novelas que no llamaron la atención de los críticos literarios en su momento son ahora motivo de continuo análisis y discusión entre los especialistas.
Entonces, ¿por qué distingo entre unas y otras novelas como si hubiera algo que las hiciera distintas?
Lo hago porque creo que, en efecto, existe algo que las hace diferentes, y ese algo son los lectores. Hay lectores a los que les gusta un tipo de novela y detestan otro tipo de novelas. Por muy difícil que sea definir en qué se diferencian esas novelas que son objeto de la simpatía o antipatía de los lectores, esas preferencias existen. Para comprobarlo, basta con que, como hacía Aristóteles al intentar definir la prudencia o la sabiduría, observemos a uno y otro tipo de lectores, o nos paseemos por las librerías.
Si vamos a la librería de un gran centro comercial, como El Corte inglés, veremos que en los expositores más visibles ya trayentes hay novelas como:

El prisionero del cielo, de Carlos Ruíz Zafón
Los pilares de la tierra, de Ken Follet
El código Da Vinci, de
Para qué sirve un cuñao y otras historias familiares, de Arturo Gonzalez Campos y Sergio Fernández
Que la muerte te acompañe, de Risto Meijide

Si ahora vamos a la librería Laie de Barcelona, no encontramos casi ninguno de los libros mencionados antes y sí encontramos títulos como:

Soy un gato, de Natsume Soseki
Cómo vivir o una vida con Montaigne, de Sarah bakewell
Ideas de orden, de Wallace Stevens
Viñetas para una crisis, de El Roto

Aunque , como bien señala Iván, sea difícil decidir que unos libros son decalité y otros no, o que unos son normales o vulgares y otros son complejos, cualquier lector puede distinguir entre unos y otros casi de un solo vistazo. Y lo que es más llamativo: a los que les gustan los primeros libros no suelen gustarles los segundos, y a la inversa. Ruego a los lectores que no entiendan todo esto como una valoración moral, estilística o crítica, puesto que estamos en medio de una investigación empírica a la manera de Aristóteles.
Tomemos ahora como ejemplo algunos libros que sé que le gustan a Iván, por ejemplo, los Discurso sobre la servidumbre voluntaria o Contra el uno, de Etienne de La Boétie, En busca del tiempo perdido, de Proust o La galaxia Gutemberg de Marshall McLuhan. Aunque estoy seguro de que muchos lectores de los bestsellers de Zafón han leído algunos de los libros que le gustan a Iván, no es demasiado arriesgado afirmar que la mayor parte de esos lectores no los ha leído y ni siquiera se han interesado por ellos. El lector modelo de Carlos Ruíz Zafón creo que no coincide con el lector medio de Marshall McLuhan.


Aunque puedo equivocarme, y aunque recurrir a la experiencia personal no es un criterio suficiente para una investigación rigurosa, cuando yo llevaba un libro de la segunda categoría (los de la librería Laie) a mi trabajo en una productora de televisión, recibía una y otra vez comentarios como “¡Qué cosas más raras lees!”. Sin embargo, sí llevaba un bestseller, aunque fuera un bestseller “decalité”, enseguida surgía una animada conversación acerca del libro, incluso con personas que no lo había leído. ¿Qué muestra todo esto?
No muestra, ni esa es mi intención, que haya libros que deben ser definidos como de calidad y otros como vulgares, porque no es mi intención refutar lo que dice Iván de una manera irónica o burlona, sino investigar sinceramente este asunto. Creo que tiene razón Iván, pero también creo que, a pesar de ello, hay algo que se nos escapa: la diferencia observable entre unos libros y otros o al menos entre unos lectores y otros.
Volviendo a lo que intenté decir en mi entrada, aunque fuera de un modo torpe y confuso: hay ciertos libros cuya lectura no es que no exija esfuerzo, no, no es eso, es que no facilita múltiples interpretaciones: se entiende claramente qué se quiere decir. Podríamos aclarar esto recurriendo a aquello de texto y subtexto, pero debería hacerse también con mucha prudencia, porque también es un tema complejo. Recurriré a mi propia experiencia como escritor y guionista. Hay ciertos textos y ciertos guiones que he escrito en los que mi empeño más tenaz es que todo se entienda a la primera, de manera nunca ambigua; que no se planteen, al menos no de manera explícita, diferentes interpretaciones. Hago eso, porque eso es lo que me piden que haga, no porque me guste hacerlo así. Tal vez esa es la razón por la que cada vez trabajo menos en televisión: no me gusta lo que me piden.
En las series convencionales de televisión, las que van dirigidas a esa cosa también difícil de definir (pero que tanto afecta a nuestro trabajo) “el espectador medio”,  suele indicarse de manera muy clara a los guionistas que no recurran a las posibilidades narrativas que ofrece el sonido y o la imagen, más allá de las evidentes, como el diálogo. Es decir, que se ajusten a aquella definición clásica que decía: “La televisión es radio con imágenes”.  Sin embargo en las nuevas series de la televisión de canales como HBO se alienta a los guionistas a que usen con más sutileza y vigor las posibilidades del medio audio-visual.
Una escena como la de A dos metros bajo tierra (Six feets under), en la que Nathan viaja en su furgoneta pensando en si vende su parte de la funeraria  y se encuentra con una manifestación en defensa de una zona verde y entonces la realidad exterior se modifica por un instante para meterse en su propio problema, no habría sido aceptada por los coordinadores de guión o los productores ejecutivos de una serie convencional, pues no es “radio con imágenes” y sería confusa para el “espectador medio”.

[vimeo]http://vimeo.com/35249145[/vimeo]

Me detengo aquí en esta pequeña investigación, en la que, insisto, no hay consideraciones morales, críticas y ni siquiera valorativas, acerca de dos tipos de novelas, de series, de narraciones, que tal  vez sea difícil definir, pero que son fáciles de distinguir.

Share

Aristóteles y la teoría de las Ideas

Platón y su discípulo Aristóteles

Un gran enigma interesante: ¿no comprendió Aristóteles la teoría de las Ideas de Platón o es que la teoría, tal como era expuesta por Platón en la Academia, era verdaderamente “pura palabrería”, a pesar de que ahora veamos que tiene muy interesantes consecuencias y derivaciones?

Dicho de otra manera: ¿somos nosotros quienes hacemos más precisa, sugestiva, fructífera e incluso científica una teoría que para Platón era simplemente una intuición cuyas consecuencias él mismo no llegaba a entender?

Otra posibilidad, claro, sería que Aristóteles sólo hubiera tenido acceso a la exposición “vulgar” de la teoría, pero esa posibilidad quizá sea también una invención nuestra, difícil de creer en alguien que estuvo veinte años en la Academia y que al parecer incluso pretendió asumir la dirección tras la muerte de Platón.

 


[Publicado por primera vez el 9 de julio de 2011]

Aristóteles

Las categorías de Aristóteles

Leer Más
Preguntas acerca del movimiento según Aristóteles

Leer Más
Aristóteles y la amistad

Leer Más
Ética y política en Aristóteles

Leer Más
Aristóteles no dogmático

Leer Más
La Poética y Aristóteles

Leer Más
Dios y el deus ex machina

Leer Más
Aristóteles como deus ex machina

Leer Más
La prudencia en los viajes

Leer Más
Aristóteles y la teoría de las Ideas

Leer Más
Un paseo con Aristóteles por las librerías

Leer Más
Aristóteles en Toledo y la nariz de Freud

Leer Más
La causa de todas las causas

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más

Share