MEMORABILIA

Hace unos años empecé a escribir unos pequeños textos llamados Memorabilia, en los que ponía un recuerdo preciso y concreto. Es decir, sólo escribía lo que recordaba de manera vívida, como un destello o resplandor, sin añadir detalles, sin situar ese recuerdo ni explicar las circunstancias, porque todo eso es probablemente añadido.

Aquí puedes ver todas las secciones de contenido autobiográfico alojadas en mi sitio web. También puedes leer una breve biografía en Daniel Tubau.

Memorabilia

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“Yo mismo soy la materia de mi web”

 

 

Originally posted 2012-03-23 08:40:45.

LEER 18.000 LIBROS

CARTAS CON IVÁN

libros-millones

retratodeunmatrimonioLeo mucho de mitologías comparadas[1], Eliade, Graves, James Frazer[2], y también biografías, otro género que hasta ahora apenas había tocado. En este momento estoy con Madame de Stael y ayer acabé la vida de Natalie Barney (Retrato de una seductora). La historia de Natalie Barney es fascinante, pero creo que el escritor no le saca todo el partido que debiera y pierde mucho en comparación con Retrato de un matrimonio[3], sin duda uno de los libros que más me ha inquietado y complacido.

Según tú cálculo, y de seguir así, a los 60 habré leído 18.000 libros, pero, ¡ah!, nunca es bastante y un solo libro no leído puede ser más importante que 18.000. La verdad es que no persigo batir récords de lectura, sino tan sólo leer libros que seduzcan mi mente. Tampoco me interesa leer por estar informado o hablar con propiedad de algún tema: sólo busco el placer, y cuando leo un libro que no me produce placer siento un profundo remordimiento. Los autores que más leo últimamente: Conrad, Stevenson, Goethe –siempre Goethe-, Luciano, London y Dostoievsky (me ha encantado El doble).

 [Fragmento de una carta a mi padre, Iván Tubau,  del 25 de septiembre de 1985]

 

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[1] [sic, por “mitología comparada”]

[2] [sic, por Frazer]

[3] Es la vida de Vita Sackville-West


OTRAS ENTRADAS DE MEMORABILIA

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Originally posted 1985-09-25 18:27:51.

CUADERNOS EGÓLATRAS

cuadernosegolatras

En mi revista Esklepsis (1994-1999) tenía una sección que se llamaba Cuadernos ególatras, en la que incluía todo tipo de contenidos, desde fotografías o textos autobiográficos a respuestas al Cuestionario Proust, dibujos o cualquier otra cosa de carácter personal. Es decir, todo lo que tenía que ver conmigo y no se podía clasificar fácilmente en cualquier otro lugar o tema.

Es lo mismo que pretendo con estos Cuadernos Ególatras electrónicos, en los que también tienen cabida textos míos o ajenos relacionados precisamente con la egolatría, el egoísmo, el egotismo o el egocentrismo (hablo de las diferencias entre estos conceptos en: Memorias del egotismo)

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 yomismosoylamateriademiweb“Yo mismo soy la materia de mi web”

 

 

Originally posted 2014-05-30 10:55:14.

Atroz autocontrol

|| JUICIO Y SENTIMIENTO 1

AVISO PRELIMINAR EN 2017

De nuevo inicio este serial o folletín autobiográfico, que comencé a escribir en 2004 y que queda siempre interrumpido. Tal vez este verano haya más suerte.

AVISO PRELIMINAR (2016)

Hace seis años reinicié en mi Salón Digital un folletín de verano llamado Juicio y sentimiento, que había iniciado cinco años antes. Quedó interrupido por segunda vez. Aquí, de nuevo en verano, lo reinicio, con la esperanza de que vuelva a quedar interrumpido.

 

AVISO PRELIMINAR (2009)

Hace cinco años inicié en mi página de Blogger un folletín de verano llamado Juicio y sentimiento. Quedó interrumpido, quizá en el momento más interesante, así que he decidido recuperarlo cinco veranos más tarde, y, ¿quién sabe?, tal vez continuarlo, si consigo recordar de qué quería hablar y recuperar el tono y el estilo. Al menos lo incorporaré a la estructura de los blogs, pues estaba en páginas independientes que, supongo, muchos no visitaron.

Comienza…

¡Oh, desocupado lector que en las horas del estío buscas en vano ese entretenimiento ameno que te permita solazarte sin avergonzarte, he aquí que lo has encontrado!

Un folletín como los de antes: ligero, emocionante y emotivo, pero, al mismo tiempo, con esas gotas de sana erudición y vivaz ingenio capaces de ofrecerte temas de conversación para intercambiar con conocidos y desconocidos. Juicio y sentimiento. No te pierdas el próximo capítulo.

“Elinor, la hija mayor, tenía una firmeza de entendimiento y una frialdad de juicio que la hacían idónea para ser, aún a sus diecinueve años, la consejera de su madre… Tenía un grandísimo corazón; era afectuosa por naturaleza y de firmes sentimientos, pero sabía cómo gobernarlos. Las facultades de Marianne eran, en muchos aspectos, completamente idénticas a las de Elinor. Era juiciosa e inteligente, pero impaciente en todo; sus penas, sus alegrías podían no conocer la moderación. Era generosa, amable, interesante: lo era todo menos prudente.”

Jane Austen, Juicio y sentimiento

 

Mi padre opina que yo ejerzo sobre mí mismo un férreo control.

No sé cuál fue el origen de esta idea peregrina, pero he observado que no es el único que lo piensa. Sospecho que el mayor responsable de la propagación de esta idea entre mis familiares y amistades he sido yo mismo, al contar lo que opina de mí mi padre. Estas cosas suceden: cuentas una idea disparatada que alguien se ha hecho de ti y con el paso del tiempo la gente sólo recuerda la idea que les contaste, pero olvida que era una idea disparatada. Por eso se dice: “Difama, que algo queda”.

Como consecuencia del perverso mecanismo descrito, a menudo me he tenido que defender de esa curiosa acusación que consiste, en definitiva, en reprocharme que ejerzo sobre mí mismo un desmesurado autocontrol. Autocontrol es una palabra que suena bien en determinados contextos, pero que en la mayoría de las ocasiones se emplea como sinónimo de hipocresía, falta de espontaneidad, represión, conservadurismo y falsedad. Así que se deduce que mi padre y otras personas  me imaginan como una especie de olla a presión que lucha constantemente por no revelar sus verdaderos sentimientos y emociones, un esforzado optimista que mantiene la sonrisa en el rostro, pero que está deseando gruñir o gritar; un reprimido que se muestra amable, pero que, en su fuero interno, desearía insultar o golpear.

He de aclarar, antes de continuar, que yo estoy, sin ninguna vacilación, a favor del autocontrol. Creo que es cierto lo que decía Aristóteles: una vida sin reflexión no merece ser vivida, y creo que es bueno lo que defendían muchos libertinos: el reinado de la razón y el cálculo de las pasiones. Creo también que si uno no aprende nada de la experiencia entonces es que vive en el mundo como un tronco seco o como una roca, y que de nada le sirve el trabajo que la selección natural se ha tomado durante milenios para dar forma su complejo cerebro. Creo también que quienes caen contínuamente en el exceso cuando beben, cuando se drogan o simplemente cuando viven ruidosamente, no por ello son más sinceros y espontáneos, sino tan sólo más estúpidos, porque convierten el placer en displacer. No es que aprovechan más el placer, es que lo cortan de raíz. Porque los verdaderos placeres son moderados, incluso en el exceso.

Una vez he dejado claro que creo en el autocontrol, puedo decir con toda tranquilidad que no lo ejerzo sobre mí mismo.

Muchos pondrán en duda una afirmación semejante (a ellos les responderé en su momento), mientras que otros quizá se pregunten: “Si estás a favor del autocontrol, ¿por qué no lo practicas?”.

Esa es una buena pregunta. La respuesta es sencilla: porque no lo necesito. No me hace falta ejercer el autocontrol, porque no tengo casi nada que reprimir. No soy esa olla a presión en la que las emociones intensas bullen y los instintos permanecen encadenados en oscuras mazmorras. No me censuro, no me reprimo, no me controlo. A muchos, ya lo sé, esto no les parece posible, pero debo decirles sin disimulo que eso no es un problema mío, sino suyo. Muchas personas no pueden creeer que un temperamento no sea dominado por toda clase de bajas pasiones, simplemente porque se observan a sí mismos y lo que ven les hace pensar que todos han de ser como ellos. Y lo cierto es que muchos son como ellos.

La anterior es una manera muy directa de describir a los demás, que resulta insultante y presuntuosa al mismo tiempo. Podría haber respondido con más disimulo y diplomacia, pero se trataba precisamente de no ejercer el autocontrol, ¿no es cierto?

Mi tarea ahora consistirá en explicar por qué afirmo con tanta desfachatez y descaro que no ejerzo sobre mi mísmo represión, censura y autocontrol. Lo haré con ayuda de William James.

[Miércoles 28 de Julio de 2004, Barcelona]

Continuará…


Juicio y sentimiento

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CUADERNOS DE VIAJE

Cuadernosdeviaje-grande

Entradas publicadas en todos mis cuadernos de viaje. Despliega el menú para ver todos los lugares.


Un comienzo accidentado

Cuaderno del Mayab (México)


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ESCRITO EN EL CIELO Y EN NINGÚN LUGAR

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El cuaderno Pasajero

CUADERNO DE ARGENTINA


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CUADERNO DE PEKÍN: ¿Pekín o Beijing?

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Berlín 1988-Berlín 2009

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Días tranquilos en París

CUADERNO DE PARÍS


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Presagios de un viaje

CUADERNO DE PORTUGAL


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CUADERNO DE TAHUANTINSUYU

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Colonia del Sacramento

CUADERNO DE URUGUAY


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CUADERNOS DE VIAJE

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No lugares en 2011

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El guardián entre el centeno en Formentera

CUADERNO DE FORMENTERA


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Dibujos en la playa

CUADERNO DE MAURICIO Y LA REUNIÓN


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Cuaderno de Irlanda

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Sacro y profano

CUADERNO DE VENECIA


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La reja de mi ventana

CUADERNO DE CUBA


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OCURRENCIAS DE UN ENFERMO

Una vez que estuve enfermo y me resultaba difícil salir a la calle, me pasaba los días en mi casa de Sambara de Madrid. Pensé en aprender cosas de mi enfermedad y, forzado por las circunstancias, me apliqué el dicho de Baltasar Gracián:

“Hay que hacer de buen grado y con placer aquello que no tienes más remedio que hacer”

Busqué un cuaderno y comencé a escribir Ocurrencias de un enfermo. El título procede de uno de mis libros favoritos,Tsurezuregusa (Ocurrencias de un ocioso o Las horas ociosas), de Kenko Yoshida.

Kenko Yoshida

 Además de pensar sobre mi enfermedad pulmonar y anotar mis ocurrencias y mis dolencias, investigué acerca del asunto, porque siempre, incluso antes de conocerlo, he aplicado el consejo de Confucio que más le gusta a mi amiga Ana: “Aprender sin pensar es inútil y pensar sin aprender es peligroso”. Uno no debe limitarse a reflexionar en el vacío, porque eso lleva a confundir deseos con realidades y sueños con certezas. Pero tampoco se debe limitar a acumular conocimientos sin más, sin procesarlos o analizarlos.

La primera anotación en ese cuaderno de enfermo:

En el atardecer, escribo en la terraza. Los pájaros juegan a perseguirse en el cielo y gritan, supongo que de alegría.
La mayor diferencia entre estar sano y estar enfermo es que el enfermo es mucho más consciente de su cuerpo.
Así que estar sano es una cosa poco perceptible: consiste en que tu cuerpo funcione tan bien que no notes que existe.
Por eso es más fácil darnos cuenta de que estamos enfermos que de que estamos sanos: el cuerpo nos avisa, haciendo notar su presencia.

[4 de junio de 1996 ]

 

 


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Más sobre Kenko Yoshida en el…

CUADERNO DE JAPÓN

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Historias extraordinarias (y Toby Dammit, de Fellini)

Una película con tres historias de Edgar Allan Poe, dirigidas por tres directores diferentes: Federico Fellini, Roger Vadim y Louis Malle.  Veo esta película, ahora por segunda vez veinte años después, con Bruno.

Descubro que la película me influyó en la adolescencia: seguramente de maneras misteriosas, que ahora no sabría precisar. Pero también por tres detalles muy concretos.

La historia dirigida por Fellini se llama Tobby Dammit. No recuerdo ningún personaje de Poe con ese nombre, pero adopté el seudónimo de Dammit en algunos poemas y cuentos, así que debí tomarlo de la película.

Un segundo detalle es que en otra de las historias Alain Delon tiene una cicatriz en forma de media luna cerca del ojo. Me gustó tanto, que yo me hice una igual con una cuchilla. No debía resultar muy convincente, porque recuerdo que mi hermana me decía que no creía que fuese verdadera y que me la había hecho yo a propósito.

El tercer detalle no lo recuerdo ahora.

Teorías sobre mis enfermedades

ENFERMEDAD

Es una gran tentación encontrar una explicación para mi salud y mis enfermedades: “No te cuidas”, “Abusas de ti”. O lo contrario: “Te dejas llevar por el desánimo, “Las creas psicosomáticamente”.

Todas son explicaciones maravillosas, pero me temo que son sólo producto de nuestro anhelo constante de explicárnoslo todo.

La vida y mis enfermedades son más complicadas, aunque yo, por supuesto, soy el primero que intenta remediarlas y explicarlas.


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ESCRITO EN EL CIELO Y EN NINGÚN LUGAR

En noviembre de 1997 me di cuenta de que iba a viajar durante varias semanas a diversos lugares del mundo: Barcelona, París, Madrid, Bogotá, Quito, Lima, Cuzco, lo que me obligaría a pasar mucho tiempo en salas de espera, andenes, aeropuertos, trenes, taxis… Esos lugares en los que se está de paso, en tránsito hacia el lugar al que de verdad quieres ir, y en los que el tiempo que trascurre en ellos suele darse por perdido, tiempo inútil, tiempo de espera.

Decidí aprovechar todos esos tiempos muertos entre un lugar y otro. En vez de resignarme a pasar por todos los lugares de tránsito como si fueran un paréntesis fastidioso entre dos etapas, los consideraría como parte del viaje, o mejor aún, como un segundo viaje paralelo. Todo ese tiempo de espera perdido sería ahora una oportunidad para observar a los demás, para aprender y para escribir. Decidí llevar siempre encima una libreta y escribir un cuaderno de viaje durante los minutos y las horas trascurridos en los transportes y en los lugares de espera.

Al contrario que en los cuadernos que suelo escribir y dibujar en mis viajes, en Escrito en el cielo y en ningún lugar no aparecen playas soleadas ni montañas escabrosas, no hay paseos por bosques o lagos, ni excursiones a ruinas históricas o lugares insólitos. Apenas hay color local y casi no se habla de París ni de Barcelona, ni de Quito ni de Cuzco ni de Machu Pichu. En este cuaderno de viaje, el paréntesis se convierte en el texto principal, las horas muertas son horas vivas y la transición pura acción.

Tan sólo me impuse dos normas. La primera, que en los aviones, en los que estaría obligado a pasar muchas horas seguidas, desarrollaría un tema monográfico, que resultó ser, a causa de una lectura casual, el de las máscaras, mientras que en los lugares de tránsito reflexionaría precisamente acerca de la naturaleza de estos extraños sitios en los que pasamos tantas horas de nuestra vida, casi siempre como una simple etapa entre un antes y un después.

Ya antes de empezar tenía pensado llamar a los lugares de tránsito “no lugares”, supongo que porque había oído que alguien los llamaba así, lo que tuve oportunidad de confirmar durante los primeros días del viaje por esos no lugares.

 


 

Ahora, en 2011, iré subiendo día a día lo que escribí en cada día de aquél año, 1997, pues el viaje empezó un 1 de diciembre, como el qeu se inicia mañana. Tal vez tenga ocasión de comentar estas entradas durante el viaje a China que iniciaré el 5 de diciembre. Serán así dos viajes en paralelo, en los que, tal vez, encuentre similitudes, nexos, causalidades o diferencias interesantes.


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