Volver a empezar

Uno de los problemas de la evolución de las sociedades es que cada generación tiene que aprender de nuevo, desde cero, todo lo que han aprendido las generaciones pasadas. Asuntos que parecían ya resueltos vuelven a salir a la luz. Cada dos o tres generaciones regresa la fascinación por la violencia, el asesinato, la coacción política, la presión sobre los tibios y neutrales, un gusto por la guerra y las soluciones rápidas, la división del mundo en bandos irrenconciliables, la intolerancia hacia las ideas ajenas, las fórmulas fáciles que parecen capaces de arreglar el mundo en un momento. Todas esas cosas de las que quedaron asqueadas las generaciones pasadas. Y lo peor del asunto es que, una vez rotos de nuevo los tabúes, cuesta mucho dar marcha atrás.

Al terminar la Primera Guerra Mundial, parecía que el mundo estaba tan horrorizado por la muerte y la violencia que aquella sería “la última de las guerras”. Pero, como cuentan Stefan Zweig, Joseph Roth y otros espectadores de la época, apenas diez años después del conflicto todos parecían desear otra guerra y la violencia pronto se convertiría en el instrumento de los fascismos europeos, de los comunismos soviéticos, y de los nacionalismos en todo el mundo. Todos querían volver a zambullirse en la guerra, a pesar del horror que se acababa de vivir. La guerra llama a la guerra y la violencia llama a la violencia.

Ahora, una vez que habíamos llegado a la conclusión de que nada se podía conseguir por medios violentos, parece que cada vez somos menos los que seguimos pensando así. Tendrán que pasar quince o veinte años para que muchos vuelvan a darse cuenta de que de nada sirve la violencia y la guerra y que la única manera de construir una sociedad medianamente justa es poniéndonos de acuerdo con quienes piensan de diferente manera que nosotros. Espero que cuando eso suceda, esta nueva racha de soluciones fáciles no se nos haya llevado a todos por delante. Pero la verdad es que en el momento presente soy bastante pesimista.

2019: lo anterior lo escribí en 2004, pero en algunos aspectos quizá está más de actualidad ahora.


[Publicado en 2004.]

POLÍTICA

Originally posted 2004-11-09 12:00:28.

Share

Los espejos de Gardner y Dickson Carr

En Izquierda y Derecha en el Cosmos, Martin Gardner habla de un relato de misterio en el que un espejo juega un papel fundamental, pues una joven, sin darse cuenta, mira la hora de un reloj que se refleja en un espejo.

espejo y reflejo

Si este reloj no tuviera números, alguien podría pensar que son casi las cuatro en vez de casi las ocho.

Recuerdo que en La Cámara Ardiente, de John Dickson Carr, maravillosa novela que propone dos explicaciones, una racional y otra sobrenatural, también es fundamental un espejo en la resolución (o no resolución) final.


 

[Escrito antes de 1995]

Originally posted 1990-03-12 00:00:07.

Share

Bienvenidos a la aldea global

 

Cuando Marshall McLuhan publicó La aldea global, casi todo el mundo lo interpretó como una alusión a que nuestro planeta se había convertido en una gigantesca aldea gracias a las nuevas comunicaciones y a la nueva realidad audiovisual, que permitían que una persona de un pequeño pueblo de Japón compartiera los mismos ideales, sueños o intereses que alguien que viviera en París o el Lima. Y que, además, esas personas se pudieran poner en contacto al instante con tan solo descolgar un teléfono.

Esa es una interpretación válida de “aldea global”, pero no era la que más interesaba o preocupaba a McLuhan. La otra interpretación era que todo el planeta se iba a llenar de pequeñas aldeas, que en vez de crecer las ansias de internacionalización y cosmopolitismo, lo que aumentaría serían los sentimientos tribales, la búsqueda obsesiva de identidades diferenciadoras: que todos volveríamos a convertirnos en aldeanos y que cada una de esas aldeas viviría en un mundo global pero sería inmune a su influencia. Era una de esas profecías un poco disparatadas de McLuhan, porque ¿quién iba a creer que un mundo cada vez más mezclado y comunicado, y más aún con la revolución digital que McLuhan apenas pudo ver, querría regresar a las viejas aldeas, a las identidades tribales y nacionales?

Pero parece que también en esto acertó McLuhan.

Las nuevas tecnologías, la revolución audiovisual, digital, de las comunicaciones, todo esto no impide, sino que favorece más y más el sentimiento identitario. En cualquier lugar se multiplican las apelaciones a lo que convierte a un grupo de personas en diferente a los demás grupos en todos los aspectos, incluso en algunos que bordean el antiguo racismo genético. El planeta entero busca de manera obsesiva identidades que definan a los unos o a los otros, ya sean rasgos nacionales, como los catalanes, los escoceses, ya se basen en etnicismos e indigenismos, o incluso en las preferencias sexuales, donde la definición y progresiva compartimentación amenaza con acabar con las letras del alfabeto: LGBTI…. (¿No se podría encontrar una denominación que englobara cualquier característica o preferencia sexual y que definiera simplemente la libertad y el derecho de amar o desear a quien uno quiera, sin necesidad de cargarnos de etiquetas?).

Del mismo modo, la reivindicación de los derechos de personas que sufren discriminación a menudo acaba convirtiéndose en un artificioso desfile folclórico de banderas, muchas de ellas inventadas para la ocasión y sin ninguna relación con los agraviados, y que no pocas veces acaba derivando en tensiones entre los que se autoproclaman descendientes (a menudo sin ninguna garantía de ello) de brillantes y orgullosos imperios de antaño. Ahora bien, ¿estamos reivindicando los derechos de las personas o las glorias imperiales? Al final acaba por parecer que alguien merece ser tratado con dignidad no porque sea un ser humano, sino porque pertenece a esta o a aquella comunidad histórica. Es decir, todo lo contrario de lo que significan los derechos humanos, que no se adquieren por pertenecer a este o a aquel grupo, sino por el simple y sencillo hecho de nacer.

Muchos de los ejemplos mencionados de reivindicación de la identidad tienen su origen en la comprensible confusión que se puede establecer entre el hecho de que alguien sea discriminado por lo que se supone que es y la conclusión errónea de que si uno reivindica “lo que es” entonces dejará de estar discriminado. Se trata de una falacia lógica, por supuesto, pero es muy común entre aquellos que confunden la libertad con el poder y que emplean una y otra vez ese espantoso vocablo “empoderamiento” o “empoderar”, razonando que si los que tienen poder no son discriminados, entonces lo que hay que hacer es dar poder a los discriminados. No cabe duda de que existen muchas acepciones de la palabra “poder” y que algunas de ellas son estupendas, como: “capacidad de hacer una cosa”, pero es obvio que los entusiastas del empoderamiento se refieren a:

PODER: autoridad para mandar, dominar o influir sobre los otros.

¿Realmente queremos acabar con los abusos de los poderosos creando y multiplicando pequeños poderes, dando el poder a pequeños o grandes grupos para coaccionar a sus vecinos y compañeros? Este es uno de esos ejemplos de cómo, más que extender las libertades, lo que se consigue es multiplicar las coacciones.

El peor ejemplo de esta aldea global (subráyese “aldea”, y no “global”) es sin duda el nacionalismo, que es tan antiguo como el mundo, aunque los historiadores nos aclaren que los estados-nación son un fenómeno muy reciente. El sentimiento de comunidad política que no se basa estrictamente en los lazos familiares ya se puede encontrar en las ciudades-estado de Mesopotamia, como Kish, Lagash o Uruk, que a menudo construían su identidad alrededor del culto a un dios particular y a un templo. La religión, como se ve, ha estado casi siempre muy cercana a la política y cuando no ha sido una consecuencia del poder político ha sido su génesis, desde el antiguo Israel al Imperio Romano Cristiano o las guerras santas de Mahoma.

Pero ese sentimiento de pertenencia a un ente político abstracto, que es sin duda un avance civilizatorio cuando se basa, como se dice en el célebre discurso de Pericles, en el respeto a las leyes que nos hemos dado, se convirtió en el siglo XIX y en especial en el XX en una enfermedad mortal y mortífera llamada nacionalismo, de la que creíamos habernos curado, pero que en este siglo XXI resucita, volviéndonos, más que globales, aldeanos.

El mundo global se enfrenta, como siempre ha sucedido, a grandes peligros. Eso no es una novedad. Pero también a grandes y estimulantes desafíos. Por eso resulta especialmente lamentable ver cómo tantas personas gastan inmensas energías en obsesiones identitarias, en desfiles y banderas, en reivindicaciones de un pasado glorioso, casi siempre imaginario o espantoso, en nostalgias y utopías reaccionarias que se alimentan también desde una comunidad virtual que ha demostrado su poder no solo para alcanzar lo global y lo universal, sino para regresar a la aldea.


POLÍTICA

 

Originally posted 2004-11-09 12:00:28.

Share

Cardenio de Shakespeare

La Historia de Cardenio, atribuida a Shakespeare y Fletcher y editada por la editorial Rey Lear (aunque ya José Esteban la editó en 1987) resulta decepcionante. No se percibe el brío de Shakespeare por ningún lado, aunque sí se advierten algunas semejanzas con Los dos hidalgos de Verona, que también se considera de Shakespeare y Fletcher. Pero esas cosas en las que se asemeja son precisamente las que no tienen interés ni parecen propias de Shakespeare.


 

[Publicado en 2007]

Originally posted 2004-11-09 12:00:28.

Share

La realidad es más extraña que la ficción

En Historia de Cardenio, obra atribuida a Shakespeare y Fletcher, se encuentra una mención al célebre tópico de que la realidad o la verdad es más extraña que la ficción, que se remonta al menos a Lord Byron. Es también una bella muestra de metalenguaje con respecto a las propias vidas de los personajes y el hecho de que son personajes de una obra representada:

 “En ninguna parte hay constancia de una traición tan sumamente vil (…) Una vileza tal, ningún autor se atrevería a poner nunca en escena, porque el público le reprocharía haber inventado una historia ficticia y monstruosa”.

Es decir, Fletcher y Shakespeare, si es que escribieron la obra, se reprochan a sí mismos la poca verosimilitud del argumento. Este es, por cierto, un procedimiento para lograr disipar las dudas del espectador acerca de loq ue está sucediendo en escena: “Por supuesto que es inveroisímil: ¡hasta los personajes lo ven inverosimil!…. pero a veces suceden cosas inverosímiles, ¿no es cierto”.


[Publicado en 2007. Revisado en 2018 (en otro color)]

OTRAS ENTRADAS SHAKESPERIANAS

Originally posted 2004-11-09 12:00:28.

Share

El guionista del siglo 21
CURSO DE GUIÓN EN CUBA
22 de febrero a 11 de marzo de 2016

“El guionista del siglo 21” es un curso que imparto todos los años en Cuba.

Teoría y práctica en un curso y taller intensivo: cinco horas diarias de lunes a viernes.

Un lugar único y delicioso en el que durante tres semanas creativas los alumnos se pueden concentrar en el aprendizaje intenso y al mismo tiempo disfrutar de una experiencia que nunca se olvida.

Este año el curso será desde el 22 de febrero al 11 de marzo. Aunque está previsto abrir un segundo curso, todavía no es seguro, así que todavía estás a tiempo de matricularte antes de que se acaben las plazas: quedan pocas y pronto se empezarán a pedir las confirmaciones de las reservas previas para cerrar el curso.

Una piscina olímpica en el Caribe y en una Escuela de cine. ¿qué mejor manera de pasar las tardes?

Una piscina olímpica en el Caribe: otro de los atractivos de la Escuela.

El taller proporcionará a los alumnos los conocimientos y las herramientas necesarias para enfrentarse a la escritura de un guión en cualquier modalidad (cine, series, webseries y programas de entretenimiento). Uniendo la teoría con la práctica, los alumnos adquirirán los conocimientos que les permitan entender la naturaleza de la narrativa audiovisual, así como técnicas y herramientas para superar bloqueos y estimular la creatividad. Desde la primera idea hasta la escritura y revisión del guión, desde las nociones básicas a las más avanzadas. No sólo se analizarán las técnicas aceptadas por la industria convencional, sino también las últimas tendencias narrativas que han transformado el panorama, enfrentándose a los dogmas y fórmulas fáciles.

 

Fotografía de: henkvandekerkhove (mayo de 2008)

García Márquez (de espaldas) y los fundadores de la EICTV. Fotografía de: henkvandekerkhove (mayo de 2008) Un ben entretenimiento en la Escuela de Cine de Cuba es encontrar las cinco estatuas, desperdigadas por los campos, algunas cumpliendo la función de espantapájaros. A Birri tener uan estatua le pareció demasiado solemne, así que pidió cumplir esa noble tarea de alejar a los pájaros de los cultivos.

 

EL GUIONISTA DEL SIGLO 21

Audiencia: Guionistas, dramaturgos, graduados de comunicación social y de audiovisuales y toda persona interesada en la creación y el guión audiovisual.

Número de alumnos: 12

Fecha de inicio: 22 de febrero de 2015

Fecha de terminación: 11 de marzo de 2015

Más información en la página de la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.

En caso de que tengas alguna dificultad para ponerte en contacto con la EICTV, escríbeme a esta dirección: danieltubau@gmail.com

Profesor:
Daniel Tubau, guionista y director de televisión durante más de veinte años, es autor del clásico Las paradojas del guionista, reglas y excepciones en la práctica del guión. Recientemente ha publicado El espectador es el protagonista, manual y antimanual de guión. Es también autor de El guión del siglo 21, el futuro de la narrativa en el mundo audiovisual, donde explora las nuevas formas narrativas llegadas con el mundo digital, Internet, la multinarrativa hipertextual, los videojuegos o las nuevas series de televisión, demostrando que muchas de ellas recuperan grandes enseñanzas olvidadas de guionistas y narradores clásicos. En la actualidad se encuentra en prensa dos nuevos libro El secreto de la invención, dedicado a las técnicas y el estímulo de la creatividad tanto para guionistas como para escritores, y El espectador es el protagonista, un libro práctico con estructura de taller de guión.

[Página de la EICTV para matricularse en el curso]

 ************

ALGUNOS LIBROS DE DANIEL TUBAU

El-espectador-es-el-protagonista-(1)

 

El espectador es el protagonista
Manual y antimanual de guión

Daniel Tubau,en coincidencia con los aires de renovación propiciados por los creadores o showrunners de las nuevas series de televisión, propone airear el cuarto mal ventilado de la escritura de guión y dejar que entre el aire fresco del gran arte narrativo. Frente a los trucos fáciles, las estructuras férreas y las fórmulas al uso, con una mezcla equilibrada de humor, ingenio y rigor, Tubau recuerda la riqueza de recursos que tiene a su disposición cualquier guionista.

El espectador es el protagonista es a la vez un manual y un antimanual. Su autor no se limita a examinar los errores difundidos por los gurús del guión, sino que también ofrece herramientas, como el método empático o el guión tachado, para hacer frente a los desafíos narrativos. Un libro perspicaz en el diagnóstico, innovador en el aspecto teórico y muy estimulante en lo práctico que hará recuperar el placer de escribir no solo al guionista profesional sino a cualquier narrador inteligente.

(Comprar en Casa del libro) Página web: El espectador es el protagonista

El guión del siglo 21

El futuro de la narrativa en el mundo digital

“Si en Las paradojas del guionista Daniel Tubau nos ponía en guardia contra las teorías dogmáticas, en El guión del siglo 21 nos anuncia que el guión previsible de Hollywood y de la televisión convencional está en crisis. Los guionistas ya no quieren seguir esquemas simples o fórmulas mágicas. Frente al miedo instintivo hacia las nuevas narrativas, cada día surgen alternativas interesantes, gracias a este asombroso futuro que nos ofrecen las nuevas tecnologías, desde la narrativa hipertextual y la realidad aumentada a los videojuegos o Internet; desde las series de canales como HBO al crossmedia o el transmedia. Otras propuestas e ideas se encuentran en el pasado, en la historia audiovisual. Tubau demuestra que la profesión de guionista se está trasformando y que no se limita a la televisión o el cine, sino que puede y debe invadir todos los medios, o incluso la realidad misma.” (Contratapa del libro)

(Comprar en En Casa del Libro)

Página web: El guión del siglo 21

 

Casa del Libro
Amazon

“Con esta obra Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación. Todas se relacionan con la naturaleza de la redacción de guiones y el trabajo del guionista.”

Página web de Las paradojas del guionista

 

Share

Mesas y organismos: cómo frente a para qué

el-manual-del-guionista-syd-fieldEl paradigma de Syd Field ha sido durante muchos años la teoría ortodoxa para la escritura de guión. Según Field, un guión debe tener una estructura que se dividen tres partes: planteamiento, desarrollo y desenlace.

Field aseguró en sus libros y sus seminarios que Aristóteles también pensaba que una narración debía dividirse en tres partes, aunque la lectura atenta de la Poética no revela tal cosa, o al menos no con tanta claridad, pues el filósofo griego habla de dos, cuatro, cinco o muchos episodios (como en la Ilíada):

Dos partes:

“Cada tragedia es, en parte, complicación y, en parte, desenlace; los incidentes antes de la escena inicial, y a menudo también algunos de aquellos dentro del drama, forman la complicación, y el resto es el desenlace. Por complicación significo todo desde el comienzo de la fábula hasta el instante justamente antes del cambio en la fortuna del héroe; por desenlace, todo desde el comienzo del cambio hasta el fin”.

Cuatro o más partes:

“Desde el punto de vista de su cantidad, es decir, las secciones separadas dentro de las cuales se divide, una tragedia posee las siguientes partes: prólogo, episodio, éxodo y una canción coral, dividida en párodo, y estásimo”.

[El párodo se refiere a la aparición del coro en la orquesta o a la canción que cantaba al entrar; el estásimo era lo que cantaba el coro sin moverse de su lugar]

La célebre referencia a las tres partes a la que se refiere Field es esta:

“La construcción de sus fábulas debe ser tan clara como la de un drama; ellas han de basarse en una acción única, que debe ser un todo completo en sí mismo, con un principio, medio y fin, de manera que la obra esté capacitada para producir su propio placer con toda la unidad orgánica de una criatura viviente”.

Resulta bastante asombroso que la mayoría de los comentadores se hayan atascado en el asunto de las tres partes (del “principio, medio y fin”) y que no hayan advertido que la verdadera teoría aristotélica de la narración se encuentra también en ese párrafo, pero al final:

“Que la obra esté capacitada para producir su propio placer con toda la unidad orgánica de una criatura viviente.” 

La narración, nos dice Aristóteles, debe ser como un organismo, en el que todas las partes, sean tres, cuatro o dieciocho, contribuyan a un mismo fin, por ejemplo, proporcionar placer al espectador. Debe estar construida de tal modo que, si se quita una parte, el conjunto se vea afectado por ello. En Las paradojas del guionista comparaba esta teoría de la narración teleológica, es decir que tiende o se dirige a un fin u objetivo, con la formalista de Syd Field, quien compara su paradigma (o estructura universal que debe tener todo guión) con una mesa:

“El paradigma de una mesa, por ejemplo, es «una superficie con cuatro patas». Dentro de este paradigma se puede tener una mesa corta, larga, alta o baja. Se puede tener una mesa redonda, octogonal, rectangular, de cristal, de cromo, de hierro forjado, de madera, de plástico, etc., y el paradigma de una mesa sigue siendo el mismo: «una superficie con cuatro patas».” (Syd Field)

Como diría mi padre, Iván Tubau, esta es una buena muestra de cómo una estupenda teoría puede ser refutada por un ejemplo mal elegido. Todos sabemos que una mesa puede tener cuatro patas, tres, dos o incluso una. Sabemos también que una silla se puede convertir en mesa si nos sentamos en el suelo o que un mantel en un prado también es una mesa. Lo que define una mesa es su función, aquello para lo que sirve, no sus patas:

Una mesa sirve para comer, un guión para hacer una película. «Una superficie con cuatro patas» es una definición tan poco satisfactoria para una mesa como «Una estructura con tres actos y con dos, tres o cinco puntos de giro» lo es para un guión.
(
Las paradojas del guionista)

Aristóteles, por Rafael

Aunque Aristóteles hablaba al menos de cuatro causas, entre ellas la formal, era teleologista en casi todo, también en la física y la biología. Lo que le interesaba era la causa final o teleológica: aquello a lo que tiende una cosa, el objetivo por el que existe o ha sido hecha. Es una causa que está situada por un lado en la intención del artífice, del creador, que quiere conseguir algo, pero que por otro lado se sitúa en el futuro: es ese objetivo deseado lo que hace que las cosas sean como son o se hagan de esta o de aquella manera.

En los asuntos científicos, la ciencia se ha alejado de las teorías aristotélicas. La teoría de la evolución, por ejemplo, no confirma sus ideas, que coincidirían más bien con el lamarquismo. Aristóteles estaría de acuerdo con que las jirafas tienen el cuello largo porque se esfuerzan en alcanzar las ramas más altas y eso hace que el cuello se alargue poco a poco generación tras generación. El darwinismo, por el contrario, afirma que no es que los cuellos se alarguen en función de ese objetivo, sino que lo que sucede es que en cada generación de jirafas algunas tienen el cuello más largo que otras y esas sobreviven y tienen descendencia.

jirafas2

 

 

 


Dos viñetas de mi Brevísima Introducción a la Biología Mosca y Caja. Puedes leer la historieta completa en “La evolución de las jirafas

Sin embargo, en lo que se refiere a la narrativa y alas obras creadas por el ser humano, Aristóteles podría tener razón: las obras de arte se escriben para algo, por ejemplo para causar placer al espectador. De ser así, su estructura, ya se fabrique o no a conciencia, debería obedecer a ese objetivo. Esta conclusión es contraria a la mayoría de las teorías del guión de las últimas décadas,  que han querido hacer encajar la narración en plantillas estructurales prefabricadas.


Comentario en 2015

espectadoreselprotagonistaEscribí el artículo anterior en 2011. Aunque he mencionado en alguna ocasión el asunto de las partes o actos de un guión en mis libros Las paradojas del guionista y El guión del siglo 21, en septiembre publicaré El espectador es el protagonista, manual y antimanual de guión, en el que intento mostrar los errores y confusiones que las teorías del guión de los últimos treinta años han provocado entre los aspirantes a guionistas e incluso entre los profesionales del medio. Uno de esos errores es la obsesión por la estructura férrea y los tres actos.


NOTA EN 2015:
Supongo que no hace falta decir que una mesa no solo sirve para comer, por lo que su función no es única, sino que se define por la intención de quien la usa. La mesa de un carpintero sirve para otras cosas, por ejemplo.


 

***********

[Publicado el 30 de diciembre de 2011 en Divertinajes]

 

LA ILUSIÓN IMPERFECTA

dragon-mecanico2