Democracia e imperio

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Este artículo fue publicado en el periódico El Independiente el sábado 23 de marzo de 1991

Ilustración de LPO para El Independiente

Ilustración de LPO para El IndependienteBertrand Russell dijo varías veces que prefería un imperio mundial a una pluralidad de Estados enfren­tados. Algunos teóricos actuales sugie­ren que ese imperio podría establecerse bajo el mando bicéfalo de la ONU (po­der político) y de los Estados Unidos (poder militar). Aunque las declaracio­nes de Russell fueron hechas durante la «guerra fría», cuando las alternativas parecían ser imperio mundial o conflicto nuclear, la propuesta de un Gobierno mundial no es mala, e incluso sería el ideal al que debería tender la humani­dad. No creo, sin embargo, que ese ideal coincida con el de quienes abogan por el imperio americano. De lo que se trataría, en mi opinión, sería de establecer un Gobierno mundial democrático, no un imperio mundial regido por una o varias naciones, ya sean éstas democráticas o no.

No me cabe ninguna duda de que no hay sistema político mejor que la demo­cracia, pero también sé que el que una nación sea democrática no implica que su política exterior también lo sea: la In­glaterra colonialista era democrática puertas adentro, pero profundamente antidemocrática en su actuación como imperio. Y éste es el tipo de imperio en que confían quienes quieren entregárse­lo a los Estados Unidos. Un imperio en el que habría ciudadanos de primera, los estadounidenses; de segunda, sus alia­dos del mundo desarrollado, y, por últi­mo, súbditos, el resto del mundo. Un imperio en el que unas cuantas naciones democráticas se esforzarían por mante­ner su altísimo nivel de vida a costa del resto del mundo, interviniendo con toda la contundencia militar necesaria cuan­do su privilegiada situación se viese amenazada.

Es muy difícil, desde la perspectiva de un ciudadano europeo, darse cuenta de lo injusto que es el mundo actual. Porque se puede afirmar, es cierto, que el llama­do mundo occidental es el mejor de los mundos, pero no de los posibles (que son infinitos), sino de los habidos hasta aho­ra. Así parece indicarlo la desaparición de la esclavitud, la mejora de las condi­ciones laborales y la progresiva libera­ción de la mujer. A muchos hombres esto último, la no discriminación desde su nacimiento de la mitad de la humanidad, apenas les parece relevante, como muestra el que argumenten sin ningún sonrojo que en esta o aquella época la sociedad era más libre, justa e igualitaria que en la actual.

[Tweet «Es muy difícil, para un ciudadano europeo, darse cuenta de lo injusto que es el mundo actual»] Occidente, pues, atra­viesa por uno de sus mejores momentos, pero el resto del mundo pocas veces ha estado peor que ahora: 1.500 millones de personas pasan hambre en África, Asia y Sudamérica, 1.000 millones de chinos viven bajo una dictadura cruel (con la que el Gobierno español parece llevarse muy bien) y al menos otros 1.000 millones de seres humanos pade­cen distintas formas de opresión. Un cálculo muy optimista nos permite afir­mar que 500 millones de personas dis­frutan del mejor de los mundos, mientras tal vez 4.000 millones viven en condiciones lamentables. Condiciones que, o bien han sido provocadas por el primer mundo, o bien, cuando no ha sido así, éste ha mantenido la situación, e in­cluso se ha aprovechado de ella, a pesar de estar en sus manos la posibilidad de remediarla o paliar en gran medida su carácter trágico.

Volviendo al imperio bicéfalo pro­puesto, su poder político, la ONU, está poco capacitado para extender la justicia en el mundo, pues no sólo carece de de­mocracia interna (cinco países con dere­cho a veto), sino que parece sólo intere­sado en defender, cuando lo hace, los de­rechos de los estados, y no los de los in­dividuos. Así, permite el asesinato de decenas de miles de iraquíes para liberar un Estado de dos millones de habitantes, pero no hace nada realmente significati­vo por los 1.000 millones de chinos que viven bajo la dictadura, ni por las muje­res de los países islámicos, ni siquiera por los iraquíes asesinados por Sadam Husein (si Husein se hubiese limitado a matar a su propio pueblo, nada le habría pasado). La doctrina de la ONU en este aspecto es que el asesinato y la dictadura están permitidos siempre y cuando sean autóctonos y no pongan en peligro el «statu quo». En cuanto al poder militar de ese Gobierno mundial, los Estados Unidos, casi sobra todo comentario. Ha­ce poco se acusaba a los pacifistas y a los izquierdistas de ingenuos, pero parece mentira que alguien crea todavía que los Estados Unidos y sus aliados se esfuer­zan en extender la democracia, mantener la paz y acabar con la pobreza. Más asombroso resulta confiar en que ésas serían sus obsesiones si se le entregase el mando universal, cosa que quizá ya se ha hecho de facto.

No es necesario ser «visceralmente antinorteamericano» —cosa que yo no soy ni he sido nunca— para darse cuenta de que la política actual de los Estados Unidos se halla muy lejos de las ideas de sus padres fundadores, y que a la poderosa industria de armamentos no le puede interesar un mundo sin gue­rras. Los que todo lo justifican podrán argumentar, nuevamente, que lo anterior es la clásica teoría del complot, que la prosperidad occidental no tiene nada que ver con el hambre del Tercer Mun­do, que la industria de armamentos es un negocio ruinoso y que la democracia y el bienestar no sólo se dan en el mundo occidental, sino en todo el planeta. Podrán, por tanto, seguir pensando que se debe animar a Estados Unidos a mantener el orden internacional. Pero, si todavía piensan que ese orden y ese imperio tie­nen algo que ver con los propuestos por Russell, deberían volver a leer no sólo sus escritos políticos, sino también algu­no de sus cuentos («Zahotopolk», por ejemplo) para comprobar lo equivo­cados que están.


NOTA EN 2016: veinticinco años después, sigo estando de acuerdo en las líneas fundamentales del artículo, aunque podría hacer unas cuantas matizaciones, que reservo para otra ocasión.  La guerra con Saddam Husein de la que hablo no es la invasión de Iraq, sino la primera guerra del Golfo para liberar Kuwait. Como es obvio, la situación de la mujer en el mundo musulmán ha empeorado en muchos lugares, entre ellos Iraq y Kuwait, y el radicalismo islámico ha aumentado mucho desde entonces y es ya, quizá la mayor amenaza para un mundo civilizado.


POLÍTICA

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Cardenio de Shakespeare

La Historia de Cardenio, atribuida a Shakespeare y Fletcher y editada por la editorial Rey Lear (aunque ya José Esteban la editó en 1987) resulta decepcionante. No se percibe el brío de Shakespeare por ningún lado, aunque sí se advierten algunas semejanzas con Los dos hidalgos de Verona, que también se considera de Shakespeare y Fletcher. Pero esas cosas en las que se asemeja son precisamente las que no tienen interés ni parecen propias de Shakespeare.


 

[Publicado en 2007]

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El guionista del siglo 21
CURSO DE GUIÓN EN CUBA
22 de febrero a 11 de marzo de 2016

«El guionista del siglo 21» es un curso que imparto todos los años en Cuba.

Teoría y práctica en un curso y taller intensivo: cinco horas diarias de lunes a viernes.

Un lugar único y delicioso en el que durante tres semanas creativas los alumnos se pueden concentrar en el aprendizaje intenso y al mismo tiempo disfrutar de una experiencia que nunca se olvida.

Este año el curso será desde el 22 de febrero al 11 de marzo. Aunque está previsto abrir un segundo curso, todavía no es seguro, así que todavía estás a tiempo de matricularte antes de que se acaben las plazas: quedan pocas y pronto se empezarán a pedir las confirmaciones de las reservas previas para cerrar el curso.

Una piscina olímpica en el Caribe y en una Escuela de cine. ¿qué mejor manera de pasar las tardes?

Una piscina olímpica en el Caribe: otro de los atractivos de la Escuela.

El taller proporcionará a los alumnos los conocimientos y las herramientas necesarias para enfrentarse a la escritura de un guión en cualquier modalidad (cine, series, webseries y programas de entretenimiento). Uniendo la teoría con la práctica, los alumnos adquirirán los conocimientos que les permitan entender la naturaleza de la narrativa audiovisual, así como técnicas y herramientas para superar bloqueos y estimular la creatividad. Desde la primera idea hasta la escritura y revisión del guión, desde las nociones básicas a las más avanzadas. No sólo se analizarán las técnicas aceptadas por la industria convencional, sino también las últimas tendencias narrativas que han transformado el panorama, enfrentándose a los dogmas y fórmulas fáciles.

 

Fotografía de: henkvandekerkhove (mayo de 2008)

García Márquez (de espaldas) y los fundadores de la EICTV. Fotografía de: henkvandekerkhove (mayo de 2008) Un ben entretenimiento en la Escuela de Cine de Cuba es encontrar las cinco estatuas, desperdigadas por los campos, algunas cumpliendo la función de espantapájaros. A Birri tener uan estatua le pareció demasiado solemne, así que pidió cumplir esa noble tarea de alejar a los pájaros de los cultivos.

 

EL GUIONISTA DEL SIGLO 21

Audiencia: Guionistas, dramaturgos, graduados de comunicación social y de audiovisuales y toda persona interesada en la creación y el guión audiovisual.

Número de alumnos: 12

Fecha de inicio: 22 de febrero de 2015

Fecha de terminación: 11 de marzo de 2015

Más información en la página de la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños.

En caso de que tengas alguna dificultad para ponerte en contacto con la EICTV, escríbeme a esta dirección: danieltubau@gmail.com

Profesor:
Daniel Tubau, guionista y director de televisión durante más de veinte años, es autor del clásico Las paradojas del guionista, reglas y excepciones en la práctica del guión. Recientemente ha publicado El espectador es el protagonista, manual y antimanual de guión. Es también autor de El guión del siglo 21, el futuro de la narrativa en el mundo audiovisual, donde explora las nuevas formas narrativas llegadas con el mundo digital, Internet, la multinarrativa hipertextual, los videojuegos o las nuevas series de televisión, demostrando que muchas de ellas recuperan grandes enseñanzas olvidadas de guionistas y narradores clásicos. En la actualidad se encuentra en prensa dos nuevos libro El secreto de la invención, dedicado a las técnicas y el estímulo de la creatividad tanto para guionistas como para escritores, y El espectador es el protagonista, un libro práctico con estructura de taller de guión.

[Página de la EICTV para matricularse en el curso]

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ALGUNOS LIBROS DE DANIEL TUBAU

El-espectador-es-el-protagonista-(1)

 

El espectador es el protagonista
Manual y antimanual de guión

Daniel Tubau,en coincidencia con los aires de renovación propiciados por los creadores o showrunners de las nuevas series de televisión, propone airear el cuarto mal ventilado de la escritura de guión y dejar que entre el aire fresco del gran arte narrativo. Frente a los trucos fáciles, las estructuras férreas y las fórmulas al uso, con una mezcla equilibrada de humor, ingenio y rigor, Tubau recuerda la riqueza de recursos que tiene a su disposición cualquier guionista.

El espectador es el protagonista es a la vez un manual y un antimanual. Su autor no se limita a examinar los errores difundidos por los gurús del guión, sino que también ofrece herramientas, como el método empático o el guión tachado, para hacer frente a los desafíos narrativos. Un libro perspicaz en el diagnóstico, innovador en el aspecto teórico y muy estimulante en lo práctico que hará recuperar el placer de escribir no solo al guionista profesional sino a cualquier narrador inteligente.

(Comprar en Casa del libro) Página web: El espectador es el protagonista

El guión del siglo 21

El futuro de la narrativa en el mundo digital

«Si en Las paradojas del guionista Daniel Tubau nos ponía en guardia contra las teorías dogmáticas, en El guión del siglo 21 nos anuncia que el guión previsible de Hollywood y de la televisión convencional está en crisis. Los guionistas ya no quieren seguir esquemas simples o fórmulas mágicas. Frente al miedo instintivo hacia las nuevas narrativas, cada día surgen alternativas interesantes, gracias a este asombroso futuro que nos ofrecen las nuevas tecnologías, desde la narrativa hipertextual y la realidad aumentada a los videojuegos o Internet; desde las series de canales como HBO al crossmedia o el transmedia. Otras propuestas e ideas se encuentran en el pasado, en la historia audiovisual. Tubau demuestra que la profesión de guionista se está trasformando y que no se limita a la televisión o el cine, sino que puede y debe invadir todos los medios, o incluso la realidad misma.» (Contratapa del libro)

(Comprar en En Casa del Libro)

Página web: El guión del siglo 21

 

Casa del Libro
Amazon

“Con esta obra Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación. Todas se relacionan con la naturaleza de la redacción de guiones y el trabajo del guionista.”

Página web de Las paradojas del guionista

 

Araña

 

Una tarántula y una dirección web, supongo que del autor de algunos plantillazos. He intentado entrar pero no hay tal página. La más parecida es una que vende carteles.


Plantillazos en Buenos Aires

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Bienvenidos a la aldea global

 

Cuando Marshall McLuhan publicó La aldea global, casi todo el mundo lo interpretó como una alusión a que nuestro planeta se había convertido en una gigantesca aldea gracias a las nuevas comunicaciones y a la nueva realidad audiovisual, que permitían que una persona de un pequeño pueblo de Japón compartiera los mismos ideales, sueños o intereses que alguien que viviera en París o el Lima. Y que, además, esas personas se pudieran poner en contacto al instante con tan solo descolgar un teléfono.

Esa es una interpretación válida de “aldea global”, pero no era la que más interesaba o preocupaba a McLuhan. La otra interpretación era que todo el planeta se iba a llenar de pequeñas aldeas, que en vez de crecer las ansias de internacionalización y cosmopolitismo, lo que aumentaría serían los sentimientos tribales, la búsqueda obsesiva de identidades diferenciadoras: que todos volveríamos a convertirnos en aldeanos y que cada una de esas aldeas viviría en un mundo global pero sería inmune a su influencia. Era una de esas profecías un poco disparatadas de McLuhan, porque ¿quién iba a creer que un mundo cada vez más mezclado y comunicado, y más aún con la revolución digital que McLuhan apenas pudo ver, querría regresar a las viejas aldeas, a las identidades tribales y nacionales?

Pero parece que también en esto acertó McLuhan.

Las nuevas tecnologías, la revolución audiovisual, digital, de las comunicaciones, todo esto no impide, sino que favorece más y más el sentimiento identitario. En cualquier lugar se multiplican las apelaciones a lo que convierte a un grupo de personas en diferente a los demás grupos en todos los aspectos, incluso en algunos que bordean el antiguo racismo genético. El planeta entero busca de manera obsesiva identidades que definan a los unos o a los otros, ya sean rasgos nacionales, como los catalanes, los escoceses, ya se basen en etnicismos e indigenismos, o incluso en las preferencias sexuales, donde la definición y progresiva compartimentación amenaza con acabar con las letras del alfabeto: LGBTI…. (¿No se podría encontrar una denominación que englobara cualquier característica o preferencia sexual y que definiera simplemente la libertad y el derecho de amar o desear a quien uno quiera, sin necesidad de cargarnos de etiquetas?).

Del mismo modo, la reivindicación de los derechos de personas que sufren discriminación a menudo acaba convirtiéndose en un artificioso desfile folclórico de banderas, muchas de ellas inventadas para la ocasión y sin ninguna relación con los agraviados, y que no pocas veces acaba derivando en tensiones entre los que se autoproclaman descendientes (a menudo sin ninguna garantía de ello) de brillantes y orgullosos imperios de antaño. Ahora bien, ¿estamos reivindicando los derechos de las personas o las glorias imperiales? Al final acaba por parecer que alguien merece ser tratado con dignidad no porque sea un ser humano, sino porque pertenece a esta o a aquella comunidad histórica. Es decir, todo lo contrario de lo que significan los derechos humanos, que no se adquieren por pertenecer a este o a aquel grupo, sino por el simple y sencillo hecho de nacer.

Muchos de los ejemplos mencionados de reivindicación de la identidad tienen su origen en la comprensible confusión que se puede establecer entre el hecho de que alguien sea discriminado por lo que se supone que es y la conclusión errónea de que si uno reivindica “lo que es” entonces dejará de estar discriminado. Se trata de una falacia lógica, por supuesto, pero es muy común entre aquellos que confunden la libertad con el poder y que emplean una y otra vez ese espantoso vocablo “empoderamiento” o “empoderar”, razonando que si los que tienen poder no son discriminados, entonces lo que hay que hacer es dar poder a los discriminados. No cabe duda de que existen muchas acepciones de la palabra “poder” y que algunas de ellas son estupendas, como: “capacidad de hacer una cosa”, pero es obvio que los entusiastas del empoderamiento se refieren a:

PODER: autoridad para mandar, dominar o influir sobre los otros.

¿Realmente queremos acabar con los abusos de los poderosos creando y multiplicando pequeños poderes, dando el poder a pequeños o grandes grupos para coaccionar a sus vecinos y compañeros? Este es uno de esos ejemplos de cómo, más que extender las libertades, lo que se consigue es multiplicar las coacciones.

El peor ejemplo de esta aldea global (subráyese “aldea”, y no “global”) es sin duda el nacionalismo, que es tan antiguo como el mundo, aunque los historiadores nos aclaren que los estados-nación son un fenómeno muy reciente. El sentimiento de comunidad política que no se basa estrictamente en los lazos familiares ya se puede encontrar en las ciudades-estado de Mesopotamia, como Kish, Lagash o Uruk, que a menudo construían su identidad alrededor del culto a un dios particular y a un templo. La religión, como se ve, ha estado casi siempre muy cercana a la política y cuando no ha sido una consecuencia del poder político ha sido su génesis, desde el antiguo Israel al Imperio Romano Cristiano o las guerras santas de Mahoma.

Pero ese sentimiento de pertenencia a un ente político abstracto, que es sin duda un avance civilizatorio cuando se basa, como se dice en el célebre discurso de Pericles, en el respeto a las leyes que nos hemos dado, se convirtió en el siglo XIX y en especial en el XX en una enfermedad mortal y mortífera llamada nacionalismo, de la que creíamos habernos curado, pero que en este siglo XXI resucita, volviéndonos, más que globales, aldeanos.

El mundo global se enfrenta, como siempre ha sucedido, a grandes peligros. Eso no es una novedad. Pero también a grandes y estimulantes desafíos. Por eso resulta especialmente lamentable ver cómo tantas personas gastan inmensas energías en obsesiones identitarias, en desfiles y banderas, en reivindicaciones de un pasado glorioso, casi siempre imaginario o espantoso, en nostalgias y utopías reaccionarias que se alimentan también desde una comunidad virtual que ha demostrado su poder no solo para alcanzar lo global y lo universal, sino para regresar a la aldea.


POLÍTICA

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Volver a empezar

Uno de los problemas de la evolución de las sociedades es que cada generación tiene que aprender de nuevo, desde cero, todo lo que han aprendido las generaciones pasadas. Asuntos que parecían ya resueltos vuelven a salir a la luz. Cada dos o tres generaciones regresa la fascinación por la violencia, el asesinato, la coacción política, la presión sobre los tibios y neutrales, un gusto por la guerra y las soluciones rápidas, la división del mundo en bandos irrenconciliables, la intolerancia hacia las ideas ajenas, las fórmulas fáciles que parecen capaces de arreglar el mundo en un momento. Todas esas cosas de las que quedaron asqueadas las generaciones pasadas. Y lo peor del asunto es que, una vez rotos de nuevo los tabúes, cuesta mucho dar marcha atrás.

Al terminar la Primera Guerra Mundial, parecía que el mundo estaba tan horrorizado por la muerte y la violencia que aquella sería «la última de las guerras». Pero, como cuentan Stefan Zweig, Joseph Roth y otros espectadores de la época, apenas diez años después del conflicto todos parecían desear otra guerra y la violencia pronto se convertiría en el instrumento de los fascismos europeos, de los comunismos soviéticos, y de los nacionalismos en todo el mundo. Todos querían volver a zambullirse en la guerra, a pesar del horror que se acababa de vivir. La guerra llama a la guerra y la violencia llama a la violencia.

Ahora, una vez que habíamos llegado a la conclusión de que nada se podía conseguir por medios violentos, parece que cada vez somos menos los que seguimos pensando así. Tendrán que pasar quince o veinte años para que muchos vuelvan a darse cuenta de que de nada sirve la violencia y la guerra y que la única manera de construir una sociedad medianamente justa es poniéndonos de acuerdo con quienes piensan de diferente manera que nosotros. Espero que cuando eso suceda, esta nueva racha de soluciones fáciles no se nos haya llevado a todos por delante. Pero la verdad es que en el momento presente soy bastante pesimista.

2019: lo anterior lo escribí en 2004, pero en algunos aspectos quizá está más de actualidad ahora.


[Publicado en 2004.]

POLÍTICA

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Los espejos de Gardner y Dickson Carr

En Izquierda y Derecha en el Cosmos, Martin Gardner habla de un relato de misterio en el que un espejo juega un papel fundamental, pues una joven, sin darse cuenta, mira la hora de un reloj que se refleja en un espejo.

espejo y reflejo

Si este reloj no tuviera números, alguien podría pensar que son casi las cuatro en vez de casi las ocho.

Recuerdo que en La Cámara Ardiente, de John Dickson Carr, maravillosa novela que propone dos explicaciones, una racional y otra sobrenatural, también es fundamental un espejo en la resolución (o no resolución) final.


 

[Escrito antes de 1995]