Cuenco lleno

Cuenco

Se cuenta que un investigador europeo interesado en el budismo visitó en una ocasión a un maestro zen. El investigador contó al maestro lo que sabía del zen y demostró que conocía todas las distinciones y todas las escuelas budistas. El maestro entonces le ofreció tomar un té y empezó a verter el líquido sobre el cuenco.

Mientras continuaba hablando, el investigador se dio cuenta de que el cuenco de té ya estaba lleno, pero el maestro seguía sirviéndolo como si no pasara nada. Cuando el té inundó la mesa, el visitante dijo: “Perdone, maestro, pero hace rato que ya no cabe más té en el cuenco”. El maestro sonrió, dejó de servir el té y dijo: “Lo mismo le sucede a usted: ¿cómo pretende aprender algo nuevo si antes no vacía un poco su mente?”.

 

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ÁLBUM DE FOTOS

Acerca de las descripciones

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Metáforas del cuenco

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Mi mesa y mis dioses

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Hojas en el vacío

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Cuenco lleno

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Cuenco iluminado

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Buda (-543/-478)

Siddharta Gautama, conocido también como Buda (o Buddha), es decir, “el Despierto” o “el Iluminado”, y también como Sakyamuni o “el sabio de los Sakyas”, nació en una familia de la casta noble. Su padre había sido advertido de que su hijo le abandonaría si conocía el mundo exterior, así que lo mantenía encerrado en el palacio entre fiestas, placeres y todo tipo de lujos. Pero un día o una noche Buda salió del palacio, quizá con la ayuda de un auriga, y vio a un hombre enfermo, a un anciano y un cadáver. Descubrió así la enfermedad, la vejez y la muerte y abandonó su palacio, buscando una respuesta a esos males.

Buda probó a practicar el ascetismo extremo, pero acabó dándose cuenta de que no se podía alcanzar ningún tipo de salvación martirizando el cuerpo. Finalmente, tal vez sentado bajo un árbol, comprendió la verdadera naturaleza del dolor (las Cuatro Nobles Verdades) y descubrió también el camino que lleva a la liberación del dolor (el Noble Óctuple Sendero).

El camino de Buda fue llamado por él mismo yana (barca, balsa o vehículo), por lo que las tres principales interpretaciones del pensamiento de Buda han sido llamadas Hinayana o Pequeño Camino o Vehículo, Mahayana o Gran Vehícul,o y Vajrayana o Vehículo de Diamante. Es muy probable que todas los caminos budistas malinterpreten a Buda. Su verdadero pensamiento debió coincidir con alguna de las doctrinas del Hinayana, hoy minoritario.

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 La tradición dice que Buda vivió entre el -543 ( o bien -566) y el -478, aproximadamente. Dataciones recientes sitúan la fecha de su muerte entre el -420 y el -368. Pero ninguna de estas fechas es segura.

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Vínculos del pasado en el Genji Monogatari

Genji Monogatari

 

En la Historia de Genji, de Murakami Shikibu, podemos observar la influencia cada vez mayor del budismo en Japón (estamos en el año 1000), que convive con las doctrinas confucianas y la antigua religión autóctona de los kami, y tal vez con algunos rasgos taoístas llegados a través de Corea o China.

Del budismo y su insistencia en que toda acción produce un efecto, incluso en vidas o reencarnaciones sucesivas, hay bastantes ejemplos, como aquel en el que el protagonista, el joven Genji no logra explicarse por qué ama tanto a una mujer:

“Cada noche en que la discreción le mantenía alejado de ella, se sentía tan mal que pensó en llevársela a Nijó, sin que le importara quién fuese ni la vergüenza que podría sentir a causa de los chismorreos. A su pesar, se preguntaba qué vínculo del pasado podría haber despertado una pasión tan devoradora y tan nueva para él”.

Genji, en definitiva, no consigue explicarse su obsesión por aquella mujer y piensa que ello ha de deberse a algo que sucedió en una vida anterior. Desde su punto de vista, es una conclusión perfectamente razonable. Como dije en Algunas aproximaciones la la noción de Karma, la doctrina de la reencarnación parece explicar de manera coherente fenómenos como un amor o un odio súbito hacia alguien a quien ni siquiera conocemos: en realidad, ya lo odiábamos o lo amábamos en una vida anterior. Nuestros sentimientos actuales son una herencia de los que tuvimos en otras existencias.

En definitiva, la doctrina del karma, de las causas y efectos que se prolongan no en uan vida sino en vidas sucesivas es una forma de las formas más extremas de causalismo (y probablemente de materialismo). Es otro ejemplo más de eso que he llamado espiritualismo materialista, el tremendo apego de los espiritualistas a las explicaciones causalistas e incluso materialistas. Se explica muy bien en uno de los textos recogidos en Recuerdos de la era analógica.


Recuerdos de la era analógica Daniel TubauEL ESPIRITUALISMO MATERIALISTA  (en Recuerdos de la  era analógica)

Se trata de un examen de la asignatura «Supersticiones Antiguas». No nos sorprende la excelente calificación que obtuvo el alumno, quien, como era corriente entonces y también ahora, era estimulado a expresar no sólo datos fiables, sino también sus propias opiniones, pues ¿qué sentido tendría repetir una información que cualquiera posee?



Recuerdos de la era analógica,
una antología del futuro Amazon

(ver ¿Qué es Recuerdos de la era analógica?)

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[Publicado el 9 de febrero de 2010 en Improbable]



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A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)


COMENTARIOS RECIBIDOS A ESTA ENTRADA

 Ana Aranda (27 de enero de 2010)

A lo mejor es eso a lo que se refiere el budismo. Al final tampoco se puede decir que ese atómo o trozo de yoquesé somos nosotros. Esto me recuerda también a San Agustín y el problema que se ma va montar el día del juicio final, sobre todo con los caníbales!!!!
je je

Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Bueno, en el budismo, así como en el hinduismo, se considera que nos reencarnamos enteros. Si tenemos mala suerte, en perro o en mujer, si tenemos buena suerte, en un brahman o un kasitra (guerreros). En el budismo supongo que no ponen en el mismo escalafón a perros y mujeres, cosas que sí hacen las doctrinas védicas.
Sí, lo de Agustín está muy bien observado.

  Ana Aranda (27 de enero de 2010)

Muy bueno lo que dices. Gracias por la explicación. La verdad es que lo de las reencarnaciones tiene mucho sentido si pensamos que existe algo parecido al eterno retorno. La cuestión es -y esto no sé cómo lo resuelve el budismo- en el caso de que nos reencarnáramos, quizá nuestros pequeños trocitos de cuerpos podrían reencarnarse en muchas cosas -y no sólo una- un átomo de perro, una pizca de jarrón, una ameba… en fin todo nuestro yo repartido por las cosas que hay en el mundo hasta disolvernos en algo demasiado pequeño para existir como un ser. Si bien y según dice la ciencia sería una transformación. En fin en el caso de que las reencarnaciones existieran, podríamos entender efectos como el déjà vu. Gracias de nuevo.

 Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Muy interesante lo que dices: nos podríamos reencarnar a la manera homeopática, disolviendo nuestro ser en millones de seres hasta hacernos tan indistinguibles e ineficaces como el agua que venden los homeópatas.
De hecho, lo que dices ya existe, como tú misma insinúas, pues nuestro cadáver se disuelve, dando vida a gusanos, insectos y nutriendo la tierra, así que por algún lado seguirá flotando una molécula o átomo que algún día perteneció a Shakespeare y que quizá compartió siglos más tarde Caruso, quien la expulsó por su poderosa garganta.

  Ana Aranda (27 de enero de 2010)

De causalismo extremo creo que lo entiendo, pero lo de materialismo se me escapa. ¿A qué te refieres?

  Daniel Tubau (27 de enero de 2010)

Sí, tienes razón, tal vez se podría imaginar un mecanismo espiritualista de trasmisión de esas causas y efectos a través de las sucesivas reencarnaciones, aunque en el budismo se suele hablar en términos bastante materiales de los espíritus o del Yo que se reencarna. Como en casi todas las creencias espiritualistas, por cierto, antes de que las grandes religiones monoteístas crearan ese absurdo que es el puro espíritu, distinto y separado de la materia. Hay que tener en cuenta que la energía es también materia en todas sus formas conocidas: electricidad, fuego, viento, calor, etc. En definitiva, lo que quería decir es que hay algo que se reencarna y ese algo es materia de algún modo, un ser. Como quizá sabes, la meta del budismo es dejar de reencarnarse, dejar de ser, convertirse en nada, que es tal vez lo que más se parece al espíritu y menos a la materia.
En fin una respuesta que espero responda a lo que dices, a pesar de lo enrevesada que me ha quedado.

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Apuntes del mundo flotante

La expresión “mundo flotante” se emplea en el budismo para describir el mundo en el que vivimos. El mundo de las apariencias.

Se supone que el mundo real está más allá de las apariencias, tras el velo de la ilusión o mayá, pero que hasta alcanzar ese verdadero mundo seguimos pasando los días en este mundo fluctuante, transitorio e impermanente.

En el budismo indio se consideraba que el mundo de la ilusión es un mundo triste, caduco y efímero, algo parecido a lo que nosotros llamamos “valle de lágrimas”. La vertiente budista hinayana o “pequeño camino” (nombre que le dan despectivamente los que pertenecen al mahayana o “gran camino”) compara el mundo “con un montón de espuma, una burbuja, un espejismo, un sueño, un espectáculo mágico”. Algo parecido a lo que se expresa en Occidente en estos versos:

“Es el mundo efímero espectáculo
Hecho para las ilusiones de los hombres,
Con sonrisas de dicha y lágrimas de pena
Que con su brillo y su ausencia engañan
No hay nada, excepto el Cielo, verdadero”.

Pero poco a poco el mundo fluctuante fue adquiriendo otras connotaciones, sobre todo en China y en Japón.

En Japón se llamó al mundo fluctuante Ukiyo (“mundo triste”, de uki, pena y ansiedad), pero con el tiempo se adoptó, para representar el sonido ukiyo, un ideograma homónimo que significa flotante, “que aparte de la imagen geográfica del mundo, también trasmite muy adecuadamente la idea de la transitoriedad de la vida”. Hay que tener en cuenta, por otra parte, que los japoneses viven en un mundo flotante, o que al menos parece flotar sobre las aguas.

Este curioso cambio de significado se debió a la novela de Ijara Saikaku Amores de un vividor (Kooshoku ichidai otoko) de la que he hablado en otras páginas.

El protagonista de la novela es un vividor y aventurero llamado Yonosuke, “que toma su nombre de una expresión abreviada por aféresis de la frase “Ukiyo no suke”, es decir “hombre del flotante mundo”.



Esta entrada era la presentación de mi cuaderno digital Mundo flotante, el día 6 de septiembre de 2005.

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Un reproche elogioso al budismo

Buda-estatua

Los jainistas reprochan a los budistas su blandura al seguir el camino de renuncia. Buda eligió, en efecto, el camino del Medio, menos riguroso y ascético.

Dice Agustín Pániker que en unos versos jainas famosos se satiriza la blandura de la vida monástica budista:

“Una cama blanda, comida y bebida,
apuestas, y al final de todo,
la liberación”.

A mí me parece más un elogio que un reproche y me acerca de nuevo al budismo, a pesar de los atractivos del jainismo. Incluso me atrevería a cambiar la parte final de esos versos y sustituiría “al final” por “dos puntos”:

“Una cama blanda, comida y bebida,
apuestas:
la liberación.”

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Toda la religión, al teología, la mitología y la mística en: MITOLOGIA

BUDISMO Y JAINISMO

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