Venecia y las coincidencias

CASANOVA

Pensaba hace unos días en escribir algo acerca de las coincidencias y enumerar algunas de las que he encontrado al leer la segunda parte de las memorias de Elias Canetti. Por otra parte, después de regresar de Venecia, me apetecía escribir acerca del veneciano Casanova. Cuando me disponía a hacerlo, he encontrado en mi camino una coincidencia. Así que escribiré, al mismo, tiempo acerca de las coincidencias y acerca de Casanova.

Si visitas de vez en cuando esta página, ya sabrás que me gustan mucho las coincidencias (Coincidencias significativas, Coincidencias con Proust). Es cierto, pero me gustan en particular dos tipos de coincidencias y, por el contrario, me interesan muy poco las de un tercer tipo.

El primer tipo de coincidencias que me gusta es el de las coincidencias puras:

Vas caminando por una calle, enfrascado en la lectura de un libro, y te tropiezas con alguien que también va enfrascado en la lectura de un libro. Descubres entonces que estáis leyendo el mismo libro y que vais por la misma página. Por si esto fuera poco, resulta que en el libro (en los dos libros coincidentes de cada uno de vosotros) se habla de dos que chocaron leyendo el mismo libro.

Esta es sin duda una hermosa coincidencia, aunque las coincidencias puras suelen ser más sencillas.

El segundo tipo de coincidencias es el de las coincidencias explicables, aquellas que, cuando se examinan de cerca, pierden parte de su carácter casual y resultan ser fenómenos bastante razonables:

Vas a una conferencia acerca del filósofo Franz Brentano y camino del lugar piensas en un amigo de la universidad al que hace años que no ves. Llegas a la conferencia y encuentras a ese amigo entre el público: “¡Menuda coincidencia, estaba pensando en ti hace cinco minutos!”

Sin embargo, enseguida te das cuenta de por qué estabas pensando en ese amigo: a los dos os gustaba Brentano cuando ibais a la universidad. Es perfectamente razonable que, viviendo en la misma ciudad y teniendo esa misma afición, los dos hayáis acudido a una conferencia acerca de Brentano. En realidad, una conferencia acerca de Brentano es una de las ocasiones más probables que tenías de volver a encontrarte a ese amigo alguna vez.

Muchas de las casualidades que nos asombran son de este tipo, incluso las que parecen más asombrosas, como soñar con alguien y verlo día siguiente. Parece extraordinario a primera vista, pero probablemente cada noche pasan por nuestros sueños decenas o centenares de personas, así que es lógico que, de vez en cuando, veamos a una de ellas al día siguiente. Lo verdaderamente extraño es que no nos suceda casi cada día.

También es fácil que cuando suene un teléfono pasen por nuestra mente diez o doce posibilidades acerca de quién está al otro lado. Cuando descolgamos, descubrimos que habíamos pensado en esa persona, pero olvidamos (porque ni siquiera fuimos conscientes de ello) que habíamos pensado también en otras nueve personas.

Otro fenómeno que han detectado los investigadores es la inserción de un recuerdo posterior al hecho: aunque creemos recordar algo, nuestro cerebro lo ha creado y nos lo ofrece como si ya existiera desde hace un rato.

Pero, aunque explicadas, estas coincidencias siguen siendo hermosas. Muy hermosas, porque, como decía Demócrito: “Es preferible encontrar una ley causal [es decir, no casual] que convertirse en rey de los persas”.

En cuanto al tercer tipo de coincidencias, las que no me gustan, son las llamadas coincidencias significativas: aquellas que se interpretan como causadas por la influencia de los astros o de un destino escrito no se sabe dónde ni cómo, y por no se sabe quién.

Este tipo de coincidencias, o de explicación de las coincidencias, me parece una muestra lamentable de pensamiento perezoso que, por otra parte, priva a las coincidencias de todo su interés. A mí me gusta el azar más o menos inexplicable o bien la necesidad más o menos férrea a partir de causas y efectos bservables o deducibles. Esos son los dos polos entre los que se mueven, con diversas variantes y en muy diversas formas y mezclas, las coincidencias que me gustan.

Uno de los filósofos presocráticos al que más cercano me siento y al que ya he citado un poco más arriba, Demócrito, decía: “Todo es fruto del azar y la necesidad”. Con la inspiración de esa frase, el biólogo francés Jacques Monod escribió su hermoso libro El azar y la necesidad. Lo que dicen Demócrito y Monod es más o menos lo que pienso yo. Por eso me resisto a la vulgarización de las coincidencias significativas, cuando las coincidencias son interpretadas como señales de algún tipo de Dios o Destino que, por alguna extraña razón, decide no mostrarse a plena luz.

Las peores explicaciones de las coincidencias, de todos modos, son aquellas que ni siquiera recurren a un Dios que juega al escondite, sino que se atribuyen a los astros: “Esto ha sucedido porque yo soy sagitario y tú cáncer”; o las que alientan supersticiones tan simplonas como no pasarse un salero o pensar que ver un gato negro trae mala suerte, como si hubiese una sincronía cósmica que conecta las líneas que parten de nuestra mirada y el cuerpo del gato… Podemos preguntarnos: ¿y da mala suerte si estamos de espaldas al gato?

Tres brujas con su gato. de Augustin Théodule Ribot (1823-1891)

Pues bien, pasando al segundo asunto, al leer la biografía de Elias Canetti he encontrado semejanzas o coincidencias asombrosas.  Algunas de esas coincidencias son simples coincidencias puras; otras son razonables puntos de encuentro causados por influencias comunes; muchas, finalmente, una mezcla entre ambos extremos. Pero espero y confío en que ninguna de ellas se deba a la conjunción de los astros. Una de ellas es que para los dos nuestro libro favorito sea La epopeya de Gilgamesh.

Por otra parte, como dije al principio, quiero mencionar una pequeña pero curiosa coincidencia que he descubierto al hojear mis libros del veneciano Giacomo Casanova, porque aquí quería escribir no sólo de las coincidencias, sino también de Venecia.

Aparte de las Memorias de Casanova, de las que tengo once tomos en español y francés en tres ediciones diferentes, también tengo bastantes libros acerca de él, entre ellos la biografía escrita por Stefan Zweig; Casanova último acto, de Schnitzler; Casanova o la pasión de fornicar, de mi amiga Marina Pino; Casanova un voyage libertin, de Chantal Thomas, o A propósito de Casanova, de Szentkuthy.

Pues bien, al hojear el libro de Szentkuthy, he descubierto en sus primeras páginas una foto en la que aparece él con una mujer y un hombre.

szerb

Al leer el pie de foto he descubierto que el otro hombre era Antal Szerb. Cuando leí a Szentkuthy, Szerb era para mí un nombre sin significado, pero después, cuando viajé a Hungría, leí su libro El viajero a la luz de la luna. Me gustó tanto que llamé a uno de mis blogs La vorágine, siguiendo una idea que Szerb describe en ese libro.

De este modo, a través de este veneciano llamado Casanova he llegado por un tortuoso o al menos inesperado camino de nuevo a Venecia, siguiendo a un húngaro (Szentkuthy) que me ha llevado a otro húngaro, porque Szerb, curiosamente, inicia su novela en Venecia: “Todo empezó en Venecia, en los callejones”:

“Las calles eran muy estrechas, y desembocaban en otras calles todavía más estrechas, y según avanzaba, aquellas calles se volvían cada vez más estrechas y más oscuras” (Antal Szerb)

venecia

Callejones de Venecia (foto de Daniel Tubau)

Y todo esto me ha hecho pensar que si Szentkuthy y Szerb eran amigos, como parece por la foto, es muy probable que el raro Szentzkuthy sea uno de los raros personajes que aparecen en El viajero a la luz de la luna, de Szerb.


[Publicado por primera vez en diciembre de 2005]

BIBLIOGRAFÍA

Miklos Szentkuthy, A propósito de Casanova (Siruela)

Antal Szerb, El viajero bajo el resplandor de la luna (Del Bronce)

Las memorias de Casanova (Historia de mi vida) están editadas más o menos completas en cinco tomos, de casi mil páginas cada uno, por Aguilar. En la colección Les Bouquins de Robert Laffont están editadas en cinco tomos en su versión original (Casanova las escribió en francés) y no expurgadas. La historia de la publicación de las Memorias de Casanova es en sí misma una aventura interesantísima.

En cuanto a los otros libros mencionados, los de Schnitzler y Zweig los tengo en viejas ediciones, pero es posible que se hayan reeditado, aprovechando el interés actual por estos dos escritores austríacos. Casanova, un voyage libertin, de Chantal Thomas, está editado en Folio.


CUADERNO DE VENECIA

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GIACOMO CASANOVA


Originally posted 2011-07-14 22:40:16.

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Casanova y los vividores

He escrito en El placer y la salud que Casanova es uno de mis pensadores favoritos. Tal vez habría sido preferible escribir, en vez de pensador, “vividor”, siempre y cuando se entendiese vividor como aquél que sabe vivir, que sabe utilizar bien la vida. Sin embargo, vividor suele emplearse de una manera más restringida para aquellos o aquellas que pasan por la vida como quien pasa por una fiesta; una fuiesta que suele tener, además, las características de una orgía.

Muchos vividores en este último sentido son un desastre en cuanto a saber vivir, del mismo modo que hay vividores en el primer sentido que viven una vida tranquila, moderada y muy alejada de las aventuras de Casanova. Así que, como se trata de un término confuso, he preferido no emplearlo y reservar la confusión para esta entrada que ahora lees.

Me parece, en definitiva, que dada las connotaciones del término “vividor” no existe ninguna palabra adecuada para definir a esa persona que sabe vivir la vida, sea cuál sea la manera en que la vive, agitada o moderada, de modo expansivo o introvertido. La más aproximada es “sabio”. Casanova era un vividor en los dos sentidos o, si se prefiere, un sabio.

Pero, quizá tú, lector, me dirás (y si no lo dices tú, ya lo digo yo): “No es tan fácil definir qué es saber vivir la vida”. Y yo te respondo: “No se puede definir, pero mi opinión es la misma que la de Casanova: si alguien al que no le falta salud ni le está sucediendo una notable desgracia no consigue disfrutar de la vida casi a cada instante, entonces podrá ser inteligente, listo, o cualquier otra cosa, pero no será un verdadero sabio”.

No es que haya que ser un sabio, por supuesto, se trata sólo de palabras de referencia que hay que tomar cum grano salis (no como un dogma), pero ser un amargado sin motivo o un cenizo o un triste, es una de las cosas más tontas que se puede ser.

¿Te parece que soy demasiado intolerante? Quizá, pero ten en cuenta que es sólo una opinión, no intento dar lecciones ni establecer dogmas de fe. Una mejor manera de mostrar todo esto quizá sea el clásico “Sabio”, que me habría gustado ofrecer en la versión de Gato Pérez, pero que aquí está interpretada por el no menos grande Héctor Lavoe.

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[Publicado el 1 de marzo de 2005 en Intruso]

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GIACOMO CASANOVA

Originally posted 2011-07-14 22:40:16.

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El fin del primer acto

|| Casanova, segundo acto /4

Casanova intenta en vano seducir a La Charpillon (Ilustración de Leroux)

Casanova intenta en vano seducir a La Charpillon (Ilustración de Leroux)

Dice Casanova en sus Memorias:

“Confieso, ahora, con toda humildad, la metamorfosis que se operó en mí, en Londres, a la edad de treinta y ocho años. Fue la clausura del primer acto de mi vida. La del segundo se efectuó a mi marcha de Venecia, en 1783, y la del tercero tendrá lugar, al parecer, aquí, donde me distraigo escribiendo estas Memorias. Entonces acabará mi comedia en tres actos, y si silban, como muy bien puede suceder, espero no oírlo.”

En esta concepción de la vida como un teatro, que ha sido empleada, entre otros, por Calderón y Shakespeare, Casanova ve que el telón que cierra el primer acto cae cuando conoce a la Charpillon en Londres. En el capítulo 11 del noveno libro de sus memorias, anuncia que va a contar cómo se cerró este primer acto y, en consecuencia, cómo comenzó a morir.

Quienes hayan leído Historia de mi vida, se acordarán de la estremecedora historia de la Charpillon, que nos muestra a un Casanova derrotado y desconocido, no porque no haya sido vencido una y otra vez a lo largo de su vida de aventurero, sino porque es una derrota que él se causa a sí mismo. Daré al lector algunos datos indispensables, pero hay muchos detalles que omitiré, puesto que existen personas que todavía no han conocido la felicidad de haber leído las memorias de Casanova y no es recomendable contar mal lo que su autor cuenta tan bien. Un error que cometió Kundera al elogiar Ningún mañana de Vivant Denon, cuando alaba la sutileza de Denon pero revela y hace explícito todo lo que en aquel era ambiguo.

Casanova, dicho en pocas palabras, cae en Londres en las redes de una mujer llamada la Charpillon, que le desprecia y maneja a su antojo. Esta es la primera transformación, pues el aventurero llega a la infamia, a la violencia y a todo aquello que siempre ha detestado, siendo conducido hasta el borde mismo de la locura.

Casanova golpea a un amante de La Charpillon: "Entré y vi, en palabras de Shakespeare, al monstruo de dos espaldas sobre el sofá. La Charpillon y su peluquero."

Casanova golpea a un amante de La Charpillon: “Entré y vi, en palabras de Shakespeare, al monstruo de dos espaldas sobre el sofá. La Charpillon y su peluquero.”

Hay que aclarar, siempre para explicar pero no para justificar el comportamiento de Casanova, que su enemiga es comparable a las temibles Erinias de Grecia, que torturaban a Orestes persiguiéndole, arañando su rostro y defecando en sus alimentos. Si se quiere obtener una idea aproximada de la relación entre Casanova y la Charpillon, basta con recordar que Pierre Louÿs se inspiró en ella para escribir La mujer y el pelele, que fue adaptada al cine por Buñuel como Ese oscuro objeto del deseo.

La deliciosa novela de Pierre Louÿs, que, aunque con rasgos inevitablemente semejantes a la Carmen de Merimée, en realidad se inspira en la historia de La Charpillon y Casanova

Continuará…


[Escrito en 1997, Republicado en 2007 y 2011. Revisado en 2018]


GIACOMO CASANOVA

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