Secretos de Nada es lo que es y huevos de Pascua

Poco antes de la presentación en la librería Rafael Alberti, le conté a Juanjo un pequeño secreto o broma que contiene Nada es lo que es. Es cierto que, como digo en la charla con Juanjo, me gusta hacer ciertas bromas, referencias internas más o menos paradójicas y establecer vínculos curiosos entre mis libros. En Nada es lo que es hay varios ejemplos, aunque hay muchos más en Recuerdos de la era analógica. A veces son algo semejante a eso que en informática se llama “huevos de Pascua”, pequeñas bromas o sorpresas que se esconden en programas informáticos o páginas web. Por ejemplo, prueba a escribir en la página de búsqueda de Google lo siguiente:

z or r twice

Sorprendente,  ¿verdad? Se trata de un homenaje al viodeojuego de Nintendo Star Fox.

Otro huevo de Pascua de Google más sutil tiene que ver con la recursividad, los procesos que se contienen a sí mismos, como las célebres imágenes en las que una muchacha sostiene la propia caja en la que está dibujada esa muchacha que sostiene la caja en la que está dibujada esa muchacha que… Etcétera.

Pues bien, como homenaje a la recursividad, si en el buscador de Google escribes la palabra recursión, obtienes la siguiente pantalla:

 

Como puedes observar, Google te sugiere buscar otra palabra relacionada con recursión y esa palabra es… recursión. Si haces clic en el enlace, aparecerás de nuevo en una búsqueda de recursión que sugiere la alternativa recursión. Y así ad infinitum.

Contaré aquí uno de esas bromas o huevos de Pascua entre mis libros, aunque en este caso se trata de un proceso recursivo entre mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas y el de Marcos Méndez El laberinto, historia y mito. En la página 157 de mi libro se puede leer:

“A pesar de ello, en ocasiones los canteros se atrevían a burlarse de quienes les contrataban, como puede verse en los  Juicios Finales de muchas catedrales europeas, o en las gárgolas, en las que a menudo se puede reconocer a personas o instituciones. También se representaban a sí mismos junto a los grandes de la tierra, como muestra Marcos Méndez en su fascinante análisis del laberinto de la catedral de Nuestra Señora de Amiens, en el que tres maestros masones aparecen en el centro de un laberinto, junto  a un obispo y rodeados de ángeles.”
(La verdadera historia de las sociedades secretas)

Por su parte, Marcos Méndez Filesi en la página 160 de su libro, precisamente en el pasaje al que yo me he referido en mi libro, acerca de la catedral de Amiens dice:

“Como nos explica Daniel Tubau en un ensayo muy ameno y documentado, La verdadera historia de las sociedades secretas, los masones surgieron durante la Edad Media de los gremios de constructores y una de sus principales finalidades, como las de otros gremios, era mantener en secreto las técnicas del oficio”

 Méndez Filesi, para aclarar una cuestión, cita en un libro suyo un libro mío en el que yo le cito a él para aclarar la misma cuestión…

Otro vínculo, en realidad un supervínculo, es el que existe entre el propio libro Nada es lo que es y Recuerdos de la era analógica.

Recuerdos de la era analógica Daniel Tubau

En Recuerdos de la era analógica, uno de los cuentos o ensayos de libro se llama “La identidad” y consiste en varias páginas de una captura de pantalla de la librería digital Amazon. Entre esas páginas se puede ver incluso un índice del libro, libro que, según dicen los antólogos del futuro, no han logrado encontrar en la Arqueo Red:

“La identidad es un ensayo escrito a comienzos del siglo 21. No hemos podido encontrar el texto completo, sino tan sólo varias capturas de pantalla obtenidas de la página oficial de la librería virtual Amazon (que en el 2012 se convertiría en Googlezon).”

En el epílogo al libro (“Textos encontrados”) los antólogos del presente (los del año 2009, no los del siglo 25) añaden la siguiente información a “La Identidad”:

“Se encontró una versión de este ensayo en la página web de Daniel Tubau (www.danieltubau.com), titulada El problema de la identidad, pero en recientes visitas a la página (agosto de 2009) el texto ha desaparecido. El diseñador Aitor Méndez asegura haber utilizado una versión primitiva del texto en sus clases de creación de diseño e identidad, pero tampoco ha podido localizar ninguna copia del escrito. Podría tratarse de un ensayo de próxima publicación.”

Ese ensayo de próxima publicación es, sin duda Nada es lo que es, el problema de la identidad, que se publicó dos años después.

Ahora bien, la pequeña broma o secreto al que se refiere Juanjo en este vídeo no es ninguno de los mencionados anteriormente.

 [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=6VgKZdBgLRc[/youtube]

En cuanto a las paradojas que plantea el célebre problema del barco de Teseo, además de dedicarle un capítulo y otros pasajes más en Nada es lo que es, me he ocupado de ellas en varias entradas, en especial en El barco de Teseo y en Viena reconstruida.

Dos barcos que quizá han dejado de ser los barcos que eran. Fotografía de Jon Wozencroft

*********

La identidades asesinas

En Nada es lo que es, el capítulo Las identidades asesinas de Maalouf está dedicado a la identidad de las naciones. Allí examino cómo se forma la identidad de grupo, recordando el fascinante experimento del matrimonio Sherif con varios grupos de muchachos, lo que me recordó una experiencia personal:

“Yo estudiaba en el colegio Siglo XXI y mis compañeros de curso y yo teníamos la costumbre de hacer carreras de caracoles. En una ocasión, un muchacho gitano, al que se conocía en el barrio por “El piojo” aplastó uno de los caracoles. Eso provocó una tremenda pelea a puñetazo limpio a la salida del colegio entre nosotros y la banda del piojo. Días después, mientras jugábamos un partido de fútbol en un descampado, vimos al Piojo mirándonos a lo lejos. En otras ocasiones, al vernos jugar, él y sus amigos nos habían tirado piedras. Sin embargo, en esta ocasión, uno de nuestros profesores, Alejandro Tiana, llamó al Piojo y, ante nuestra sorpresa y desagrado, le invitó a jugar con nosotros. Supongo que no hace falta decir que el resultado final fue el mismo que el de los experimentos de Sherif: el Piojo acabó convirtiéndose en amigo nuestro”
(Nada es lo que es, el problema de la identidad)

Alejandro Tiana

Por desgracia, cuando no hay alguien capaz de observar y modificar las reacciones de identificación instintivas y las identidades de grupo, como un Sherif o un Tiana, el resultado puede llevar, y a menudo lleva, a la tragedia, como sucede en la novela El señor de las moscas, de William Golding, que también analizo en el libro.

En la charla con Juanjo de la Iglesia durante la presentación de Nada es lo que es, nos referimos a algunos de los peligros de la búsqueda obsesiva de la identidad por grupos, pueblos y naciones. Una identidad que es, como creo que queda demostrado en el libro, casi siempre una invención, pues el origen de casi todas las identidades se encuentra en fábulas o distorsiones históricas a veces tan grotescas, injustas, ridículas o divertidas como algunos de los ejemplos que comento en el libro.

 [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=B1IHvS3_i5c[/youtube]

TRANSCRIPCIÓN DEL VÍDEO

JUANJO: Hay una parte de la identidad… que a veces.. aparecen monstruos. Sobre todo cuando… bueno, el problema… la palabra lo dice, la palabra ya tiene su peso. Pero fíjate que tú estás en tu libro diciendo que crees poco en las identidades muy marcadas. Por decirlo, lo estoy diciendo así sencillamente… Y sin embargo en nombre de la identidad se han cometido tremendos crímenes, pero crímenes de sangre, de muerte, de barbaridades

DANIEL: Sí, sí, bueno, ahí entro en un momento… El libro empieza un poco con la identidad de las cosas, de los objetos, incluso de los conceptos, de las palabras, y luego entro en esas identidades, de las naciones, de los grupos, de los pueblos que se creen diferentes a los demás, que creen que tienen una identidad propia, diferente…

JUANJO: Diferente siempre es mejor, claro…

DANIEL: Diferente es mejor, sí… No es que sea: “Es que somos diferentes porque somos mucho peores que ellos…no, no, somos mejores siempre”. Y entonces entro en esa identidad que, en efecto está en el origen de muchas cosas bastante terribles que le han pasado a la humanidad. Ya puedo anticipar que mi tesis es un poco contraria a la búsqueda obsesiva que hay, que todavía hay por la identidad, intentar definirse: “Soy esto, soy lo otro, soy lo de más allá, soy distinto a este de allí…” Y, claro, en esa parte es donde más se ve esa oposición que tengo… Lo de las cosas y los objetos, pues evidentemente no tengo una oposición tan frontal, si un objeto es o no es… Pero en lo de la identidad de las naciones, la creación de identidades que se pueden enfrentar unos con otros, pues sí, ahí la cosa cambia.

*********

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Comprender sin definir, Wittgenstein y Huizinga

Wittgenstein y Huizinga me sirven en este fragmento de la presentación de Nada es lo que es para explicar por qué recurro a las definiciones a pesar de no creer mucho en ellas…

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=PJko9zRpp20[/youtube]

 Menos mal que en la presentación estaba mi amigo Marcos Méndez Filesi para recordarme los nombres que yo iba olvidando uno tras otro: Huizinga, Homo Ludens, Orígenes…

Ludwig Wittgenstein

LOS JUEGOS DE LENGUAJE

Aunque preferí no recurrir a Wittgenstein, sino a Huizinga y a su definición de juego, a lo que me refería en el caso de Wittgenstein era tanto a sus “juegos de lenguaje” como a su teoría del lenguaje como uso: conocemos el significado de una palabra por los contextos o situaciones en las que es empleada, por la manera en que es usada o utilizada: “El significado de una palabra es su uso en el lenguaje”.

En cuanto a las definiciones de juego de Huizinga, aquí tenemos una que, como se puede ver, consiste en una enumeración de muchas características:

“Resumiendo, podemos decir, por tanto, que el juego, en su aspecto formal, es una acción libre ejecutada “como si” y sentida como situada fuera de la vida corriente, pero que, a pesar de todo, puede absorber por completo al jugador, sin que haya en ella ningún interés material ni se obtenga en ella provecho alguno, que se ejecuta dentro de un determinado tiempo y un determinado espacio, que se desarrolla en un orden sometido a reglas y que da origen a asociaciones que propenden a rodearse de misterio o a disfrazase para destacarse del mundo habitual.(Homo Ludens, 26)”.

Como es obvio, basta pensar en todos los juegos de casino, para encontrar ejemplos que incumplen rasgos como “sin que haya en ella ningún interés material ni se obtenga provecho alguno”. La definición de Huizinga es en este caso, a pesar de que enumera unas diez características, es más prescriptiva que descriptiva, pues dice: “A lo  que reúne las características enumeradas deberíamos llamarlo juego propiamente dicho”.

Pero, como dije en la presentación, el propio Huizinga era consciente de los puntos débiles de una definición prescriptiva, que, al fin y al cabo, podemos aceptar o no como válida. Por ejemplo, podemos aceptar que la definición de álgido es aquello que está en su punto más frío, tal como lo definía o define la Academia de la Lengua, pero también podemos rechazar la autoridad de la Academia y decir que puesto que el uso común de álgido es el punto más caliente o cumbre, debemos aceptar también dicha acepción.

Johan Huizinga

Witgenstein recogió probablemente muchas de las ideas de Huizinga, aunque supongo que nunca se podrá saber hasta qué punto, porque Wittgenstein tenía la costumbre de no mencionar casi nunca a sus precursores (por ejemplo a Fritz Mauthner, al que sólo cita para negar su evidente influencia) y, que yo sepa, tampoco en las Investigaciones lógicas cita a Huizinga.

En este interesante pasaje, Wittgenstein establece una interesante comparación entre la dificultad de definir los juegos y lo que él llama juegos de lenguaje:

“Considera, por ejemplo, los procesos que llamamos«juegos». Me refiero a juegos de tablero, juegos de cartas, juegos de pelota, juegos de lucha, etc. ¿Qué hay común a todos ellos?— No digas: ‘Tiene que haber algo común a ellos o no los llamaríamos ‘juegos’» — sino mira si hay algo común a todos ellos.— Pues si los miras no verás por cierto algo que sea común a todos, sino que verás semejanzas, parentescos y por cierto toda una serie de ellos. Como se ha dicho: ¡no pienses, sino mira! Mira, por ejemplo, los juegos de tablero con sus variados parentescos. Pasa ahora a los juegos de cartas: aquí encuentras muchas correspondencias con la primera clase, pero desaparecen muchos rasgos comunes y se presentan otros. Si ahora pasamos a los juegos de pelota, continúan manteniéndose varias cosas comunes pero muchas se pierden.— ¿Son todos ellos ‘entretenidos”? Compara el ajedrez con el tres en raya. ¿O hay siempre un ganar y perder, o una competición entre los jugadores? Piensa en los solitarios. En los juegos de pelota hay ganar y perder; pero cuando un niño lanza la pelota a la pared y la recoge de nuevo, ese rasgo ha desaparecido. Mira qué papel juegan la habilidad y la suerte. Y cuan distinta es la habilidad en el ajedrez y la habilidad en el tenis. Piensa ahora en los juegos de corro: aquí hay el elemento del entretenimiento, ¡pero cuántos de los otros rasgos característicos han desaparecido! Y podemos recorrer así los muchos otros grupos de juegos. Podemos ver cómo los parecidos surgen y desaparecen”.

Esa dificultad de encontrar una definición de los juegos es lo que lleva a Wittgenstein a proponer que las características que los juegos comparten son como los “parecidos de familia”:

“No puedo caracterizar mejor esos parecidos que con la expresión «parecidos de familia»; pues es así como se superponen y entrecruzan los diversos parecidos que se dan entre los miembros de una familia: estatura, facciones, color de los ojos, andares, temperamento, etc., etc. — Y diré: los ‘juegos’ componen una familia”.

*************

La grabación de la presentación corrió a cargo de Bruno Tubau.

******

Juanjo de la Iglesia dice que el libro termina en la página 107, pero termina en la 207.

En otro momento de la presentación, también se habló de las definiciones y de mi buscada indefinición: Acerca de las definiciones.

No te pierdas la historieta dedicada a Wittgenstein en la Enciclopedia de Filosofía de Bolsillo Mosca y Caja: Ludwig Wittgenstein.

Actualmente, la Academia de la Lengua recoge la acepción más popular de álgido en su tercera acepción (aunque no explícitamente el sentido de “caliente”):

álgido, da.

(Del lat. algĭdus).

1. adj. Muy frío.

2. adj. Med. Acompañado de frío glacial. Fiebre álgida. Período álgido del cólera morbo.

3. adj. Se dice del momento o período crítico o culminante de algunos procesos orgánicos, físicos, políticos, sociales, etc.

 

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(en Rafael Alberti (Madrid))
(en Laie Barcelona)
(en Amazon) (en Más librerías)

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En el prólogo a Masa y Poder escrito por Juan José del Solar Bardelli, se comenta la ausencia de Marx y Freud (y Levi-Strauss) en el libro de Canetti:

“La omisión de toda referencia a estos y otros autores fue considerada herética, así como la ausencia de metodología”.

Canetti contó, tiempo después, que a Levi-Strauss no lo había leído al publicar su libro, y que no recurrió a Marx y Freud porque “no quería escribir un libro basado en la investigación científica actual, sino más bien que fuera el producto de una reflexión nueva sobre el tema”. También respondió a quienes le reprocharon que en el libro no apareciera la palabra “fascismo” que “las seiscientas páginas del libro no tratan de otra cosa”. Por último, explicó que escribió su libro de una manera tan particular con el propósito de que pudiera ser leído con provecho al cabo de cien años, y que “no quedara marcado por los estigmas de la actualidad ni por sus connotaciones retóricas”.

Razones parecidas son las que me hicieron escribir Nada es lo que es sin recurrir a la bibliografía especializada y evitando aspectos de la cuestión que llenan cientos de páginas en otros libros. Siempre intento que mis libros que no se dirijan a un público especializado, o al menos que puedan ser leídos tanto por un público especializado como por cualquier lector con cierta inquietud intelectual. Incluso mis libros de guión, como Las paradojas del guionista o El guión del siglo 21, creo que pueden ser una lectura interesante para personas que no estén interesadas en el mundo del guión.

Precisamente, en la presentación del libro, Marina Pino comentó que Las paradojas del guionista le había ayudado en la escritura de sus libros (que no tenían nada que ver con el cine o el guión). También Marcos Méndez me comentó, acerca del mismo libro (quizá con algo de exageración) que no era sólo un libro de guión, sino que también era acerca de la vida e incluso de ética y filosofía (que no se asusten los guionistas: también es fundamentalmente un libro de guión). Me alegran esas opiniones.

En cualquier caso, no descarto escribir un libro para especialistas en algún momento, y existen muchos libros para especialistas que me interesan mucho, pero no es lo que me mueve a escribir. Ahora bien, incluso los libros para especialistas deben estar bien escritos.

 [youtube]http://www.youtube.com/watch?v=IM2jbdxaieA[/youtube]

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La grabación de la presentación corrió a cargo de Bruno Tubau.

Wilde, Chesterton y más paradojas

 

La pregunta de Marina

Marina Pino me preguntó si soy aficionado a los grandes ingleses paradójicos como Chesterton. En mi respuesta me hice un pequeño lío con los nombres de Celso y Orígenes, que se solucionó gracias a la ayuda de Marcos Méndez. Lo aclaro aquí: Celso escribió hacia el siglo II un ataque a los cristianos, el Discurso verdadero. Uno de los Padres Griegos de la Iglesia, Orígenes, quiso refutarlo en Contra Celso. Lo citó tanto, que garantizó a la posteridad la supervivencia del libro de Celso en el interior del suyo. Curiosamente, en el Concilio de Constantinopla de 553, las obras de Orígenes fueron consideradas heréticas, con lo que casi todas se perdieron, a pesar de que hoy en día se le considera uno de los grandes primeros cristianos y es elogiado incluso por el Papa Benedicto XVI. Hace años leí varias de las obras conservadas de Orígenes y recuerdo que me parecía un escritor brillantísimo y muy sensato, todo lo sensato que puede ser alguien que cree en una revelación divina (algo menos sensato que su enemigo Celso, en cualquier caso). Una de las pocas que sobrevivieron de Orígenes fue ese Contra Celso, que contenía en sí misma otra obra perdida. Hace apenas unos meses se han descubierto algunos escritos perdidos de Orígenes.

En cuanto a la cita de Elogio de la infidelidad, es esta:

“Se me perdonará, por quienes perdonan y castigan estas cosas, el uso de las comillas y el abuso de Chesterton: incluyo citas suyas en todo lo que escribo con la secreta esperanza de que si sus libros no sobreviven por sí mismos puedan hacerlo en el interior de los míos. Así es como ha llegado hasta nosotros el Discurso verdadero contra los cristianos, de Celso: el cristiano Orígenes quiso refutarlo por hereje y lo copió casi entero en Contra Celso, enviándolo directamente a la posteridad.”

 

Gilbert Keith Chesterton

Chesterton es uno de los autores que más placeres me han proporcionado a lo largo de los años. He leído sus cuentos, sus ensayos o las biografías que dedicó a todo tipo de personajes, desde San Agustín a Robert Louis Stevenson, desde Santo Tomás a William Blake. Pocos le superan en ingenio y paradoja. A veces su ingenio es tan desmesurado que parece escapar de su control, como cuando defiende el catolicismo o la Edad Media, intentando hacer compatible su pensamiento, siempre tan libre e impredecible, con la fe de un converso.  Basta con recordar lo que decía su amigo y rival en múltiples polémicas, aludiendo a la descomunal gordura de Chesterton: “Cuando Chesterton subió a la nave del catolicismo, la embarcación empezó a hacer aguas”. El propio Chesterton justificaba su conversión recordando qeu durante un viaje por Francia entró en la iglesia de un pueblo y escuchó un sermón tan absurdo e irracional que se dijo: “Esto tiene que ser la verdad, porque si no lo fuera, no habría podido sobrevivir dos mil años”. Ingenioso, claro, pero, como es obvio, no muy convincente, pues lo mismo pensaban seguramente los egipcios que creían en Amón Ra o los zoroastras que todavía creen en Zaratustra, más de tres mil años después. Pero, afortunadamente, como dice también Borges, los propósitos de Chesterton raramente se cumplen y la paradoja, la risa, el ingenio y el encanto siempre sobreviven a sus intenciones de proselitismo.

 

Oscar Wilde

Este otro gran amante de la paradoja no era inglés, sino irlandés, por lo que hay que precisar que cuando en la presentación me refiero a los paradógicos ingleses en realidad me refiero a los británicos. La opinión que menciono de Borges acerca de Wilde es esta: “Leyendo y releyendo, a lo largo de los años, a Wilde, noto un hecho que sus panegiristas no parecen haber sospechado siquiera: el hecho comprobable y elemental de que Wilde, casi siempre, tiene razón”.

En cuanto a la estupenda paradoja de Wilde recordada por Marina, la de aquél hombre que se excusa por no haber reconocido a un antiguo amigo y le dice “Es que he cambiado mucho”, también me recuerda a uno de mis chistes favoritos judíos. En esta ocasión, Abramanel se encuentra en la calle con un hombre y exclama:

– ¡Avid, cuánto tiempo sin vernos! Casi ni te reconozco, porque hay que ver cómo has cambiado , ya no tienes el pelo largo y espeso, y estás más gordo, y además ahora vistes mucho mejor que antes.

– Perdone -dice el otro-, pero es que yo no me llamo Avid.

– ¡No me digas que también te has cambiado el nombre!

 

Martin Gardner y las paradojas

Juanjo menciona uno de los libros que Martin Gardner dedicó a las paradojas: ¡Ajá! Gardner es precisamente uno de los autores cuyos libros compraba cuando era niño en la librería Rafael Alberti. Lo conocía porque me gustaban mucho sus artículos en la revistra Investigación y Ciencia (Scientific American), que era también una de mis lecturas favoritas, aunque la mayoría de los artículos científicos no los entendía demasiado, supongo, pero siempre me ha gustado leer cosas que no entendía del todo, porque eso significa que aprendo algo nuevo. O quizá sucedió al revés: tal vez en la Alberti descubrí un libro de Martin Gardner y así supe que era colaborador de Investigación y Ciencia. Quizá ahí, de nuevo en los estantes de la librería Alberti, esté el origen del gran amor que siempre he sentido no sólo por la ciencia, sino también por Martin Gardner y sus amigos (Raymond Smulyan, el mago Randi o Douglas Hofstadter, entre otros).

Newton, Leibniz y los infinitesimales

En aquella otra pequeña confusión, de nuevo resuelta gracias a la ayuda de Marcos (“los infinitesimales”), me refería, claro, al descubrimiento del cálculo infinitesimal, que motivó una disputa internacional entre Newton y Leibniz.

 

Las paradojas de Zenón de Elea

Cuando hablo de matemáticas que toman en cuenta ideas paradójicas como las de Zenón de Elea y el movimiento, me refiero a las matemáticas no euclidianas de Riemann y Lobachevsky, por ejemplo, que cuestionaron el quinto postulado de Euclides, que establece que dos rectas paralelas son equidistantes. He dedicado una historieta de mi Enciclopedia de Filosofía de Bolsillo Mosca y Caja a Zenón: Zenón de Elea.

 

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=QfScLwxpoNM[/youtube]

 

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La grabación de la presentación corrió a cargo de Bruno Tubau.

 Más vídeos y entradas de la presentación con Juanjo de la Iglesia y lola Larumbe en la librería Rafael Alberti:

La librería Rafael Alberti

La librería Rafael Alberti

(Youtube)

Acerca de las definiciones

Acerca de las definiciones

(Youtube)

Je est un autre y las paradojas

Je est un autre y las paradojas

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Wilde, Chesterton y más paradojas

Wilde, Chesterton y más paradojas

(Youtube)

 

 

 

 

Je est un autre y otras paradojas

Durante la presentación de Nada es lo que es en la Librería Rafael Alberti, junto a Juanjo de la Iglesia y Lola Larumbe,  quise mencionar una célebre frase de Rimbaud, pero me hice un pequeño lío y cité mal la frase, algo que me sucede a menudo. Puedes verlo aquí o leer la transcripción:

[youtube width=”540″ height=”405″]http://www.youtube.com/watch?v=BBygCusaAwA&feature[/youtube]

TRANSCRIPCIÓN

Lola Larumbe: A mí me gustaría que esto fuera una pequeña charla, Juanjo, muchas gracias por venir.

Juanjo:Bueno, es que en mi tarjeta ya lo dice: “Juanjo de la Iglesia, presentador de libros de Daniel Tubau”.

Lola:Eres un especialista…

Juanjo: Sí… Bueno, siempre solemos hacer lo mismo. En vez de soltar un discurso sobre la obra de Daniel, que también se puede hacer…. yo creo que las obras se explican por sí mismas… se pueden dar referencias, pero para conocer una obra lo mejor es leerla, conocerla o escucharla. Entonces, siempre solemos hacer un dialoguito. Y Daniel es un hombre muy amante de las paradojas. De hecho, tiene un libro que se llama Las paradojas del guionista… y sé que es amante de las paradojas también porque hablamos mucho y discutimos más, con grandes aspavientos… “No os enfadéis…”, “No, si no estamos enfadados, estamos aquí hablando”.

 

Daniel: En el ardor de la discusión.

Juanjo: Y este libro, el título es una paradoja: “Nada es lo que es”. Por lo menos una paradoja aparente.

Daniel: Al principio quería usar un título que era el famoso de… de… “El barco ebrío”. Ahora se me ha olvidado…. el poeta francés: “Je suis un autre”. Rimbaud. Quería usar ese pero me parecía demasiado raro. Traducido al español quedaba raro. También pensé en una variante que tiene Gerard de Nerval: “Yo soy el otro”. Yo soy un otro o Yo soy el otro, pero es demasiado raro.

Marina: Está bien, está bien. Yo soy el que soy.

Daniel: Yo soy el que soy, yo soy el que no soy.

 

Juanjo: Me llamaba la atención pensando sobre esto, que Daniel usa mucho en Las paradojas del guionista, perdón que me refiera tanto al libro, pero tiene que ver con esto, usa mucho las paradojas como una plantilla, como un sistema para enseñar. Y además, curiosamente, es un sistema que es mnemotécnico. He observado que las cosas que se aprenden mediante paradojas se quedan, se aprenden muy bien. Y esa es la pregunta que te quería hacer. ¿Qué tienen las paradojas que tanto las quieres?

Daniel: Siempre recurro a ellas sí. Por varias razones. Una razón es que muchas de las paradojas que existen lo que hacen, no todas pero muchas de ellas, es cuestionar una verdad del sentido común. Y entonces, cuando más o menos todo el mundo cree una cosa, si contradices esa creencia común, parece paradójico. Pero en realidad, analizado en sí mismo a lo mejor eso que dices no tiene nada de paradójico. Lo que tiene de paradójico es que tú has estado pensando toda tu vida que esto era así y resulta que te das cuenta de que no es así: “Anda, pues es verdad: es lo contrario”. Eso le pasa a muchas paradojas. Así que siempre que te encuentras con una paradoja. te puedes preguntar: ¿es realmente una paradoja o es que choca con las ideas preconcebidas que yo tenía?.

Juanjo: Por lo tanto, sería un buen sistema para cuestionarse los prejuicios.


La frase original de Rimbaud es, por supuesto, “Je est un autre”, y no “Je suis un autre”. Es decir, algo así como “Yo es otro” en vez de “Yo soy otro”.

La segunda afirmación, “Yo soy otro”, podría significar algo más o menos trivial, si se entiende como “No soy la persona que parezco ser”, “usted me ha confundido con otro”; y algo un poco más interesante si se entiende como “No soy la persona que aparento ser”, que nos puede llevar al fingimiento o la máscara que todos llevamos en la vida, a la representación pública de nuestra personalidad frente al yo privado e intrasferible o frente al yo conocido por los demás, como en el caso de aquel magnífico texto breve de Borges:

Borges y yo

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Seria exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesarque ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro.

Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedray el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.

En cuanto a la frase de Gérard de Nerval, es exactamente “Yo soy el otro” y tiene mucha relación con la locura y esquizofrenía que lo llevó a ahorcarse en una calle de París. La duda, como nos dice Borges al final de su texto, es cuál de los dos Gérard de Nerval nos está diciendo que es el otro.

Volvamos a Nada es lo que es.

En un momento dado de la presentación, se escucha a Marina Pino citando aquella célebre variante propuesta por el dios bíblico: “Yo soy el que soy”, que es una enigmática frase, de la que hablo en La verdadera historia de las sociedades secretas, al tratar la aparición de ese misterioso dios del fuego llamado Yavhé o Jehová al profeta Moisés. Tampoco está mal, lo de “Yo no soy el que soy”.

Estuve a punto de titular Nada es lo que es  “Yo es otro”, pero, como explico en la charla, me pareció demasiado difícil de entender de un vistazo, y quizá, al personalizar en un “yo” único, también un poco confuso respecto al contenido del libro, pues aunque la identidad personal es uno de los temas dominantes en los últimos capítulos, el libro se refiere a otros muchos aspectos de la identidad.

Quien lea el libro, en cualquier caso, descubrirá que “Nada es lo que es” no es una simple frase ocurrente y que define bastante bien mi postura personal acerca de la identidad. Por eso, tiene razón Juanjo cuando dice que es una paradoja “aparente”.

Las paradojas, en efecto, me gustan mucho, como señala Juanjo, no sólo las que contradicen las ideas del sentido común, sino también esas otras paradojas más complejas, de las que se habla también en la charla. Y me parece una excelente observación la que hace Juanjo en el sentido de que las paradojas tienen un valor mnemotécnico. Es cierto que una vez conocida una paradoja es más fácil recordar ciertas cosas, ciertos dilemas, fijar el conocimiento en especial de que las cosas son más complejas de lo que parece, por lo que, creo, tambié tienen un valor terapeútico, que es algo que también dice Juanjo un poco después: nos permiten poner a prueba los prejuicios.

Es cierto que Juanjo suele presentar mis libros, y espero que siga haciéndolo porque me gusta cómo lo hace y la charla simpática que suele tener lugar en tales ocasiones. Creo que la presentación de un libro no debería ser una formalidad sin más, sino que ha de convertirse en una experiencia de vida en la que suceda algo nuevo, algo interesante y no del todo previsto. Por eso me gustó la charla con Juanjo y Lola en la librería Rafael Alberti.

 

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[Publicado el 15 de julio de 2014]

Puedes ver fragmentos de otras presentaciones de Juanjo en las páginas de mis otros libros (en especial en Recuerdos de la era analógica). La grabación de la presentación corrió a cargo de Bruno Tubau.

 

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Acerca de las definiciones

 

Quizá no es tan difícil saber a qué me dedico,  pero me alegra esa indefinición de la que habló Lola en la presehtación de Nada es lo que es (ver al final de esta entrada), que supongo que está en gran parte causada porque a mí mismo me cuesta definirme como esto o lo otro. Cuando me hice no sé si mis primeros carnés de identidad o el primer pasaporte, no sabía muy bien qué poner en la casilla “Profesión”, aunque sí recuerdo, que, bastante antes de que tuviera mi primer trabajo (que fue de escritor) ya puse en la casilla “escritor”, en vez de lo habitual a mi edad, que habría sido “estudiante”. Tal vez lo hice porque había ya dejado de estudiar (abandoné los estudios después de suspender tres veces seguidas el mismo curso) y lo único que hacía, además de irme a bailar casi todas las noches, era escribir. Pero tiempo después aquello de poner “escritor” tampoco me acababa de gustar, porque era una definición y las definiciones ya entonces me parecían, aunque de una manera intuitiva e ireflexiva, limitantes. Por casualidad, en estos días he estado releyendo viejas cartas y en una que le envié a mi padre en 1989 he encontrado este pasaje que muestra mi aversión a ser definido, catalogado, etiquetado (y también a hacer tales cosas a los demás, claro):

“No creo que la filosofía sea mi terreno. A mí me gusta pensar que no tengo terreno, que no pertenezco a ningún gremio, club, corporación o, simplemente, grupo. Ya sabes, el típico discurso individualista de siempre. Si yo tuviese que ser presentado a un público que no me conoce, me gustaría que dijesen de mí no aquello de “Daniel Tubau, escritor…”, sino: “Daniel Tubau, autor de La nueva Teología. Lo que, desde luego, no me gustaría nada, sería que se me considerase filósofo, como algunos, medio en serio medio en broma, parecen hacer ya. Un “marinero” al que aprecio mucho -es como una reencarnación del Martin Eden de Jack London- me ha escrito una dedicatoria en un bolígrafo BIC: “Es propiedad de Daniel Tubau, observador del mundo”. No está mal”. [Las comilllas de marinero se deben, precisamente a no querer catalogar a mi amigo como “marinero”, del mismo modo que yo no quiero ser catalogado como “filósofo” o “escritor”]

Por eso me alegra especialmente que Lola en la presentación renunciara con a clasificarme. Creo que en Nada es lo que es cito aquello de Mallarmé: “Definir es matar, sugerir es crear”. Por eso no me gusta dar a los desconocidos ni recibir de ellos informaciones que parecen decir mucho pero que lo que hacen es poner en marcha nuestra formidable máquina instintiva e intuitiva de prejuicios. Datos como la edad, el lugar de dónde eres, ciertos hechos biográficos que se recitan como una ficha policial. Prefiero que las cosas vayan surgiendo de manera natural y que no me encierren en las seguras pero aburridas paredes de una cárcel definitoria, porque también creo en aquello que decía Oscar Wilde: “Uno debería ser siempre un poco improbable” (uno de mis blogs se llamó así: “Improbable”). Improbable e imprevisible.  De todo eso hablo en el libro bastante, y de manera mejor argumentada, así que no diré más aquí.

Lo que se dice en la contraportada:

“Daniel Tubau estu­dió filo­so­fía pero no es filó­sofo; tam­poco es guio­nista ni direc­tor, aun­que haya ejer­cido esas pro­fe­sio­nes durante más de veinte años. Su nom­bre en la por­tada de este libro parece indi­car que es su autor, aun­que el título, Nada es lo que es, tam­bién nos hace dudar.”

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En Los siete velos del conocimiento he desarrollado el asunto de cómo al definirnos muchas veces lo que hacemos es mostrar menos nuestra verdadera personalidad, en vez de más, un tema del que hablo en la segunda parte de Nada es lo que es.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=51vvgcmzcpk[/youtube]

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La grabación de la presentación corrió a cargo de Bruno Tubau.

 

 

Atisbos de inmortalidad en la librería Rafael Alberti

 En este vídeo, Lola Larumbe, de la librería Rafael Alberti,  en el madrileño barrio de Argüelles, recuerda los tiempos difíciles en los que se inauguró la librería, durante la época franquista o quizá poco después de la muerte de Franco, hacia el año 1975.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=2lhoe5wn65A[/youtube]

La fotografía de la que hablamos Lola y yo en la presentación, en la que mi hermana Natalia y yo posamos junto al escaparate de la librería:

 Y aquí hay otra fotografía tomada en el mismo día mismo día, en la que aparecemos mi padre, Iván, y yo:

Junto a la palabra “VOLVEREMOS” se pueden ver disparos de bala. La palabra que hay escrita debajo no acabo de entenderla. Se supone que los autores del ataque eran fascistas, guerrilleros de Cristo Rey o algo parecido, es decir algún tipo de franquistas que no querían que España se convirtiera en una democracia. Aquellos años fueron muy difíciles, algo que hoy apenas se recuerda, y cada día parecía que la dictadura y el fascismo podían regresar, una amenaza que casi se hizo real en 1981, con el intento de golpe de estado. Era muy peligroso participar en las manifestaciones porque un tiro perdido te podía matar. Al menos en una ocasión presencié cómo moría un manifestante y más de una vez estuve a punto de salir malparado, por ejemplo con mi madre en una ocasión en la que nos refugiamos junto a un portal y un policía a caballo con la porra en ristre dudó si venir a por nosotros, durante unos momentos que se nos hicieron eternos.

Pero junto a toda la tensión y la incertidumbre de aquellos años, también fue una época tremendamente estimulante, pues salíamos de la españa gris y miserable del franquismo y empezábamos a decubrir que se podía vivir de otra manera.

Uno de los placeres de aquellos años era precisamente la librería Rafael Alberti. Mi hermana y yo teníamos una cuenta de libros que nos había abierto mi madre, creo que con un límite de 5000 pesetas (quizá eran 500, tengo muy mala memoria para los precios), pero pronto superamos ese libro. A pesar de ello, los libreros nos permitían seguir comprando libros.

Descubrí en la Alberti a muchos de los autores que más me han influido e interesado, entre ellos bastantes de los que menciono en Nada es lo que es, como Raymond Smullyan o Bertrand Russell, por ejemplo. Me gustaba muchísimo buscar libros de las más diversas disciplinas y géneros, aunque estaba especialmente interesado por la filosofía y la ciencia, además de la mitología y el mundo grecolatino. Todavía recuerdo el placer intenso que sentía cuando encontraba un libro especialmente interesante y corría a casa, dos o tres portales más abajo, a leerlo.

Fueron en fin, años a los que, al recordarlos ahora, se les podría aplicar el pasaje del célebre poema de Wordsworth :

Atisbos de la inmortalidad en los recuerdos de la primera infancia

IX

¡Oh gozo! En nuestras ascuas
hay algo que permanece vivo
y que la naturaleza recuerda todavía,
aunque fuera tan fugaz.

Pensar en nuestros años pasados engendra en mí
perpetua bendición: no ciertamente
por lo más digno de ser bendecido:
deleite y libertad, el simple credo
de la infancia, en reposo o atareada,
con esperanzas renovadas aleteando en el pecho;
no es por ello que levanto
el canto de alabanza y agradecimiento,
sino por aquellas preguntas obstinadas
acerca del sentido y las cosas ajenas,
que vinieron a nosotros y se desvanecieron,
sospechas sin definir de una criatura
que se mueve por mundos que no comprende,
instintos elevados ante los que nuestra naturaleza mortal
tembló como un culpable al ser descubierto;
por aquellas primeras afecciones,
esos vagos recuerdos,
que, sean lo que sean,
son la fuente de luz de todo nuestro día,
son la luz dominante en todo nuestro mirar;
nos sostienen y abrigan, con el poder de hacer
que estos años ruidosos parezcan sólo instantes
en el devenir del eterno silencio:
verdades que despiertan para nunca perecer,
a las que ni la desatención, ni el esfuerzo loco,
ni el hombre, ni el muchacho,
ni todo lo enemigo de la dicha
puede borrar del todo o destruir.
Y aquí, en la estación de tiempo sereno,
aunque estemos muy tierra adentro,
nuestras almas ven un destello de ese mar inmortal
que nos trajo hasta aquí;
y hasta allí pueden ir en un instante
y ver a los niños que juegan en la orilla
y escuchar las poderosas aguas fluir eternamente.

El poema continúa con aquel otro pasaje inolvidable que tanto nos emocionó a quienes vimos en la infancia la película de Elia Kazan Esplendor en la hierba:

“Aunque el resplandor que
en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mi mirada.

Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
que en mi juventud me deslumbraba

Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porqué la belleza subsiste siempre en el recuerdo”.


El vídeo pertenece a la presentación de Nada es lo que es, en la librería Rafael Alberti. Me acompañaron Lola Larumbe y Juanjo de la Iglesia. Fue una tarde muy agradable y entretenida, en un lugar que está muy relacionado con mi identidad, sea eso lo que sea.

 

La traducción del pasaje IX del poema de Wordsworth parte del texto de José María Valverde, pero con bastantes  modificaciones mías, a partir del poema original de Wordsworth. El célebre fragmento del esplendor en la hierba, que ya pertenece al pasaje X, es la traducción más difundida pero desconozco el nombre del autor, y no lo he modificado.


[Publicado en 2012. Revisado en 2017]


Portada

Secretos de Nada es lo que es y huevos de Pascua

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La identidades asesinas

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Comprender sin definir, Wittgenstein y Huizinga

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Atisbos de inmortalidad en la librería Rafael Alberti

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