Metáforas del cerebro y gramáticas innatas

Perkins Gilman y lo humano /7

En el capítulo anterior (Estrés, placer y supervivencia) veíamos que ciertos mecanismos o instintos biológicos, adquirido a lo largo del proceso evolutivo ahora pueden activarse o responder ante estímulos muy diferentes, como el estrés ante un examen, que en su origen pudo tener más que ver con el ataque de un tigre o cualquier fiera salvaje. Fueran cuales fueran las causas que activaron esos mecanismos en el pasado, ahora esos efectos se pueden conseguir a partir de otras causas o estímulos; causas o estímulos que nos proporcionamos nosotros mismos, al menos si queremos.

El cerebro humano, en definitiva es capaz de manejar datos. No se sabe exactamente cómo lo hace y la equiparación con los ordenadores actuales no parece que sea del todo segura. El cerebro humano ha sido comparado con una tabla en la que puede escribirse (la tabula rasa de Aristóteles y Locke), con un molino, con el mecanismo de un reloj, con un telar o con una terminal de telefonía, metáforas que fueron recientemente sustituidas por la del ordenador, así que no podemos estar seguros de que si en el futuro encontraremos una metáfora mejor.

Ahora bien, sí se puede comparar el cerebro con un ordenador en un sentido: el ordenador tiene unas determinadas capacidades de proceso y de memoria, pero lo que haga con ellas depende del usuario, que puede usar los bytes para escuchar un disco, ver una película, jugar al ajedrez, escribir esta entrada o argumentar lo contrario de lo que yo defiendo aquí. El ordenador está hecho para procesar cantidades masivas de información, pero esa información puede ser de innumerables tipos. Aunque muchas personas creen que la hipótesis de Noam Chomsky que asegura que el cerebro humano posee una gramática innata está demostrada (el propio Chomsky lo cree: “la existencia de una Gramática Innata Universal es apenas discutible”), eso está lejos de ser cierto y existen explicaciones alternativas, como la que sostiene que nuestras capacidades de comunicación y lenguaje no se deben al hecho de que poseamos una gramática universal, supuestamente común a todos los seres humanos y a todas las culturas y lenguas, sino a la capacidad de almacenamiento y procesamiento increible de nuestro cerebro, y tal vez a algunos mecanismos adquiridos por selección natural, como la propensión a establecer relaciones de causa y efecto. Del mismo modo que cualquier computador puede adquirir un lenguaje aunque no se lo haya programado para ello previamente, lo mismo quizá hace un cerebro humano. En esta línea parecen ir los cada vez más frecuentes descubrimientos en animales como los cuervos, los delfines o los chimpaces de su capacidad para entender y usar lenguajes cada vez más elaborados, pues parece improbable que ellos también tengan esa gramática innata chomskyana.

Continuará…

[Acerca de la gramática innata ver mi ensayo: La gramática innata de Chomsky]


[Publicado en 2005. Revisado en 2017]

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Estrés, placer y supervivencia

||Perkins Gilman y lo humano /6

En El animal humano dije que es indudable que debido al proceso evolutivo poseemos ciertas características innatas, tal como admitía también Charlotte Perkins Gilman en su momento. Muchos de nuestros instintos en tanto que animales humanos nos permiten sobrevivir, como la succión del pecho materno. También podemos considerar que eso que llamamos intuición es en cierto modo uno más de nuestros instintos o cararacterísticas (no estoy aquí siendo preciso en la terminología desde un punto de vista biológico o científico), puesto que la intuición es un mecanismo que nos ofrece posibles soluciones o líneas de acción, basándose fundamentalmente en experiencias anteriores que hayamos tenido durante nuestra vida, así como en nuestra tendencia a establecer relaciones de causa-efecto, o si se prefiere, a comportarnos como animales narrativos. Ahora bien, muchos de los mecanismos con los que nos ha dotado la evolución, ya no se aplican de la misma manera ni a las mismas cosas que en su origen.

Un ejemplo es el mecanismo del estrés. Se supone que fue una herramienta muy útil para sobrevivir en situaciones de peligro, por ejemplo ante el acecho de una fiera salvaje. Es posible que los seres humanos en los que se activaba de una manera más eficaz o inmediata este mecanismo, tuvieran más oportunidades para sobrevivir y reproducirse. Los individuos que permanecían sosegados, tranquilos e indiferentes ante una situación de amenaza quizá no tenían tiempo para reaccionar y salvarse, mientras que los que estaban en alerta permanente e intranquilos en todo momento, eran capaces de escapar del peligro, por ejemplo una cebra que huye de un león y otra que sigue comiendo sin inmutarse. Hoy en día el mecanismo del estrés existe, pero no suele activarse por la presencia de una fiera salvaje, sino por situaciones como una llamada de Hacienda, problemas en el trabajo, sobrecarga de responsabilidades, etcétera. Es decir, el mecanismo permanece, pero las causas que lo activan son

totalmente diferentes. Es obvio que la evolución no primó el mecanismo del estrés para que algún día nos enfrentásemos a un inspector de Hacienda o a un examen en la universidad. Del mismo modo, la atracción, el deseo sexual y el placer que proporciona el sexo tuvieron sin duda un valor evolutivo, que favoreció la supervivencia. Es curioso que los curas y la Iglesia, tan reacios a aceptar los descubrimientos de la biología, y de la evolución en particular, dijeran exactamente lo mismo que dice la teoría de la selección natural: el sexo existe para procrear.

Santo Tomás de Aquino se anticipa a los biólogos evolucionistas: “La reproducción asegura la continuación de la raza humana”. La diferencia es que los biólogos evolucionistas no opinan acerca de lo que los hombres y mujeres podemos hacer con nuestra sexualidad cuando no pretendemos reproducirnos.

Por fortuna, cualquier persona sensata puede ir más allá de sus determinaciones biológicas y de los dogmas de esa iglesia tan poco partidaria de la creatividad humana y tan atada, paradójicamente a lo biológico, y a un materialismo demasiado burdo (los espiritualistas suelen ser groseramente materialistas en casi todo). En definitiva, fueran cuales fueran las causas que activaron en el pasado el mecanismo del estrés, del placer o cualquier otro, ahora esos efectos se pueden alcanzar a partir de otras causas o estímulos. Causas o estímulos que también nos podemos proporcionar nosotros mismos, al menos si queremos, por ejemplo sometiéndonos voluntariamente a una carrera de Fórmula 1 o masturbándonos sin ninguna intención reproductiva.

Continuará…


[Publicado en 2005. Revisado en 2017]

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El animal humano

|| Perkins Gilman y lo humano /5

En La naturaleza humana y las estadísticas me referí a las diferencias entre hombres y mujeres que pueden deberse a la biología. Otras posibles diferencias no se basan en la biología, sino en la educación, que sigue siendo sexista, muy sexista, así como en los estímulos diferentes que reciben hombres y mujeres. Sacar conclusiones acerca de características femeninas y masculinas inmutables cuando la situación de discriminación de la mujer apenas han empezado a cambiar de manera clara hace tan dos o tres décadas (y no en todo el mundo), es sencillamente absurdo.

Existe una obsesión por encontrar esas diferencias que no es muy diferente de las consideraciones acerca de la inferioridad de los negros que eran moneda corriente en siglos pasados e incluso hasta la segunda guerra mundial, inferioridad que supuestamente probaban los test de inteligencia. Estos son casos en los que una estadística, aunque refleje un estado de cosas real en un momento concreto (cosa que también podría discutirse), se convierte en una mentira cuando pasa de la descripción de lo que hay aquí y ahora a la prescripción de lo que debe ser o la afirmación dogmática de que esa diferencia no pueda depender también de otros factores. Esos test de inteligencia, que su creador Binet no diseñó para discriminar sino para todo lo contrario, se convirtieron en causa de discriminación, justificándose a sí mismos, al favorecer una sociedad que mantenía las limitaciones educativas y que no favorecía que los negros recibieran una educación equivalente a la de los blancos.

Alfred Binet y un alumno (los dos que están sentados). La intención de Binet con sus test de intelgencia era detectar a los alumnos que necesitaban de un cuidado especial, no necesariamente porque pensaran peor o no tuvieran las capacidades intelctuales de sus compañeros. Aunque entonces el ministerio de educación francés considerara que la prueba servía para detectar a alumnos “retardados”, eso no tenía por qué ser cruelmente peyorativo, al menos en lo que se refiere a Binet, quien no creía en el determinismo biológico y pensaba que muchos alumnos que van con retraso puede llegar a recuperar el terreno perdido.

Ahora, bien, quizá debo insistir en este punto, para dejar bien claro un asunto que suele acabar en confusión. No estoy diciendo que no haya diferencias biológicas entre hombres y mujeres, y tampoco que no se deban estudiar e investigar. Podría suceder incluso que los hombres o las mujeres tuvieran estadísticamente mejor orientación espacial, habilidad lingüística o cualquier otra característica, a pesar de que un macro estudio de estudios constató no hace muchos años que ninguno de los supuestos resultados que constataban tales diferencias era fiable desde el punto de vista del rigor científico.

Pero lo que digo no es eso, sino que eso no es lo importante. Las diferencias biológicas entre hombres y mujeres no son lo fundamental, porque la cultura y la capacidad humana de aprender y transformarse puede cancelar casi cualqueir limitacón biológica, incluso las preferencias sexuales. Es posible que en el feto o en la infancia o en la adolescencia se produzca una especialización sexual, pero creo que el deseo sexual  y el amor humano deberían ir más allá de los simples impulsos sexuales animales, que por supuesto existen, pero que son procesados por nuestro cerebro y transformados, siempre que estemos dispuestos a ello y no hayamos sido condicionados fuertemente por una sociedad que cree en esas diferencias insalvables. El ser humano, en definitiva puede educarse a sí mismo y darse nuevas maneras de contemplar la realidad. No solo dispone de la limitada y casi siempre pobre manera instintiva con la que nos ha dotado la biología o con las limitadas reacciones intuitivas que se forman a partir de nuestra experiencia.

Continuará


[Publicado en 2005. revisado en 2017]

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La naturaleza humana y las estadísticas

|| Perkins Gilman y lo humano /4

Me preguntaba en las últimas entradas qué tienen que ver Aristóteles y Pico de la Mirandola con la distinción entre lo masculino y lo femenino y, por otra parte, con la definición o comprensión de lo humano.

Lo que tiene que ver es que Aristóteles dijo que la naturaleza del ser humano consiste en no tener naturaleza. En definitiva, la característica principal de lo humano es que no tiene ninguna característica inmutable, fija o definitiva, y que el propio ser humano es capaz de crear su identidad, más allá de sus características en tanto que animal.

Y lo mismo decía Pico de la Mirandola, recurriendo a una fábula en la que Dios crea a los ángeles con una naturaleza bondadosa y pura y a los demonios con una naturaleza malvada. Al ser humano lo crea sin naturaleza y le dice: “De ti depende elevarte a los ángeles o descender a las bestias”.

Perkins Gilman, por Paula Plaza

Cuando muchas personas todavía siguen hablando de lo masculino y lo femenino con tanta tozudez suelen poner un montón de ejemplos pintorescos como que las mujeres son de Venus y los hombres de Marte porque unos leen mapas y otros no son capaces de hacer dos tareas a la vez.

Se trata de las típicas mentiras estadísticas a las que aludía Mark Twain: “Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las mentiras a medias y las estadísticas”. Algunas de esas apreciaciones estadísticas evidentemente se basan en datos reales: los hombres difícilmente superarán a las mujeres, por ejemplo, en dar de mamar: ni siquiera serán capaces de sacar leche (ahora lo dudo y pienso que podrían lograr eso finalmente), en términos estadísticos la fuerza muscular de los hombres posiblemente supera a la de las mujeres, lo que no quiere decir que haya mujeres que superen en fuerza muscular a casi todos los hombres. Pero estoy hablando de datos estadísticos generales, que son muy útiles cuando se sabe cómo usarlos correctamente, pero que deben ser tomados con prudencia cuando descendemos a cada caso particular y cuando interpretamos que una instantánea estadística de una realidad concreta en un momento y lugar determinados deba convertirse en una prescipción para mantener la realidad tal cual.

Continuará…


[Publicado en 2005. revisado en 2017]

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Lo masculino y lo femenino

Perkins Gilman y lo humano /3

Ya vimos que Charlotte Perkins Gilman señalaba que existían características que podríamos llamar masculinas o femeninas no en relación a los seres humanos, sino también por comparación con otras especies. Es obvio que podemos observar en términos generales más agresividad, o al menos más agresividad violenta, entre los machos que entre las hembras (no en la mantis religiosa, claro). Y es obvio que podemos observar que entre las mujeres se dan más instintos maternales, más tendencia a cuidar de los hijos.  El instinto de succionar el pecho materno que salva la vida de los mamíferos recién nacidos, quizá no se debe definir exactamente como “instinto de succionar el pecho materno”, sino tan solo “instinto de succionar (cualquier cosa, cualquier pecho)”, pero es obvio que los padres no se sienten impelidos a ofrecer sus pechos a los bébes, y no menos obvio que no les serviría de nada tal práctica a los recién nacidos en el camino al supervivencia. Los recién nacidos tienden a succionar cualquier cosa que se les ponga por delante y a considerar a su madre a cualquier cosa que se mueva, como demostró Konrad Lorenz al descubrir o precisar el mecanismo de la impronta.

Una de las célebres fotografías de Konrad Lorenz seguido por patos y patitos que lo consideran su mamá.

Todo lo anterior, esas diferencias entre aspectos masclinos y femeninos, es evidente. Pero esas características y muchas otras se deben con toda probabilidad no a nuestra parte humana, sino a nuestra parte animal o biológica, es decir a nuestra parte biológicamente masculina o femenina. A medida que el aspecto humano se desarrolla, lo más probable es que vayan disminuyendo más y más estas diferencias y todas las demás. Ya se puede observar, en este caso por desgracia, la misma agresividad masculina en mujeres soldado, y también se puede observar, por fortuna, más atención a los hijos por parte de los padres. La adopción de hijos por parejas homosexuales e incluso su gestación futura cambiará muchísimas cosas y romperá con muchos tópicos que sostienen que uno está obligado a comportarse de una u otra manera según lo que tenga entre las piernas.

Todo lo que en 2005, que es cuando escribí el artículo, era sólo una predicción más o menos aventurada, se ha convertido ya en una realidad en parte del mundo, aunque me parece que hasta ahora solo ha habido un caso de gestación masculina (aunque no puedo asegurarlo). Otra cosa es la adopción por parte de parejas homosexuales, ya normalizada en países como España. Creo que mi predicción de que esos cambios legislativos traerían consigo un cambio en la mentalidad de la sociedad, incluso de ese gran segmento llamado “mayoría silenciosa” es también evidente. Hoy, al menos en España, parece una fantasía pensar que la mayoría de las personas hace no tanto tiempo consideraran que cosas como la adopción de niños por parejas homosexuales era escandaloso. También hay que tener en cuenta, sin embargo, que los cambios legislativos se pudieron producir porque también había cambiado mucho la mentalidad general.

¿Y qué tiene esto que ver todo esto con Aristóteles y Pico de la Mirandola?

Continuará…


[Publicado en 2005. Revisado y ampliado (en color verde) en 2017]

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