El dios de los tigres

Perkins Gilman y lo humano /2

En Ovejas y tigres, me preguntaba: ¿hay algo que caracterice a los hombres y a las mujeres en tanto que humanos, del mismo modo que se puede decir que existe algo que caracteriza a las ovejas en tanto que ovejas, y no en tanto que ovejas machos y hembras.

No sé si se entiende bien la cuestión. Como hemos visto, las ovejas no deciden por sí mismas (ya sean machos o hembras) a excepción de la que va delante. Esa es una característica “ovejil”: seguir al líder, o si se prefiere, a la oveja sabia. Sin embargo, en los tigres no observamos ese comportamiento, sino más bien el contrario: cada tigre suele ir solo y pocas veces o nunca forma grupos, como sí hacen, por ejemplo, no solo las ovejas, sino también los leones. Esa es una característica “tigril”.

Pero tanto las ovejas hembras como las tigras (¿o tigresas?) tienen instintos maternales. Esa parece ser una característica generalizada de los individuos femeninos, sea cual sea la especie a la que pertenecen.

Entre los seres humanos, parecen darse también esas características de agresividad masculina e instinto maternal femenino (obviamente por instinto “maternal” me refiero al cuidado de los hijos), pero, más allá de esa coincidencia (que luego también se discutirá), los humanos ¿nos parecemos más a las ovejas o a los tigres?.

Esa es una pregunta que me interesa mucho y he dado ya algunos ejemplos de ese interés en está página y en otros artículos de estos cuadernos digitales.

Hay quien sostiene que la agresividad e incluso la crueldad humana es necesaria porque así tenemos libre albedrío (ese sería el punto de vista religioso) o para la supervivencia de la especie (ese sería un punto de vista biológico).

Tal vez sea cierto, pero entonces podemos preguntarnos si es necesaria tanta agresividad y si no podríamos tener libre albedrío o sobrevivir sin necesidad de parecernos tanto a los tigres y, al mismo tiempo, sin tener que comportarnos como ovejas obedientes.

¿No podía Dios, o bien la naturaleza en su curso evolutivo, haber elegido un modelo intermedio entre las ovejas y los tigres? Por ejemplo, los elefantes, que comen hierba y, según tengo entendido, no son especialmente agresivos, que colaboran entre ellos y con otras especies y que además parecen tener una inteligencia bastante notable. O mejor todavía, podía habernos creado a semejanza de los extraordinarios delfines. Y sin embargo, somos como los tigres. Como ese tigre que describe William Blake:

¿En qué horno se forjó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué osadas garras
ciñeron su terror mortal?
Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas,
Y bañaron los cielos con sus lágrimas,
¿Sonrió al contemplar su obra?
¿Quien hizo al cordero fue quien te hizo?

Es asombroso que una misma mano, la de Dios o la de la naturaleza, haya creado al cordero y al tigre y que también creara al ser humano a semejanza del tigre pero con un poder y una agresividad mucho mayores: los humanos somos tigres para los propios tigres.

Continuará…


[Publicado el 6 de febrero de 2004. Revisado en 2017]

[El poema completo de Blake en El tigre de Blake]

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Perkins Gilman y lo humano /1

He hablado en otro artículo de Charlotte Perkins Gilman y de su novela utópica Dellas (Herland). Dije entonces que aunque es lógico considerarla una escritora feminista, sin embargo ella tenía razones para no aceptar esa calificación. Esas razones no las ofrece en Dellas, sino en su ensayo A manmade world, our androcentric culture (Un mundo hecho a la medida del hombre, nuestra cultura androcéntrica).

El ensayo empieza de manera deslumbrante contándonos cosas acerca de las ovejas. No se considera razonable que nos comportemos como ovejas, es decir que sigamos fielmente a nuestros líderes. Como decía Séneca: “El hombre sabio ha de ir a donde hay que ir no a dónde se va, como hacen las ovejas”. Pero Perkins Gilman nos explica que las ovejas no piensan por sí mismas porque ha desarrollado un instinto gregario debido a ciertas circunstancias:

“Este instinto, se nos dice, fue desarrollado a lo largo de años de vida en laderas escarpadas, barrancos, estrechos balcones sobre precipicios, con inesperadas esquinas y obstáculos, de tal modo que sólo el líder [la oveja que iba delante] sabía dónde y cómo pisar. Si las que iban detrás hacían exactamente lo mismo, sobrevivían. Si se paraban a ejercitar su pensamiento independiente, caían y perecían, ellas y su pensamiento con ellas”. [1]

Después habla Perkins Gilman de otros animales, como los carneros, las cabras, los búfalos y los antílopes, y de los vocablos que se emplean en inglés para describirlos: curiosamente, cuando tienen cuernos es un sustantivo masculino. En castellano creo que no se da una correspondencia tan exacta, o tal vez sí. Pero lo más interesante no es eso, sino que esos cuernos suelen ir unidos a unos instintos beligerantes, agresivos y violentos. No es que se trate de una relación de causa efecto ni de un chiste fácil acerca de los cuernos, sino que da la impresión de que la agresividad se da más en los machos, mientras que en las hembras se observa casi siempre lo que se llama instinto maternal.

Hasta aquí Perkins Gilman parece encaminarse hacia las ideas sexistas basadas en la biología tan de moda hoy en día, o anticiparse a ellas, pues escribió su ensayo a principios del siglo XX. Sin embargo, enseguida aclara: “En nuestra especie todo esto cambia”. Se insiste tanto, dice, en las diferencias entre los hombres y las mujeres, que se piensa poco en qué consiste ser “humano”.

La pregunta entonces es: ¿hay algo que caracterice a los hombres y a las mujeres en tanto que humanos, del mismo modo que se puede decir que existe algo que caracteriza a las ovejas en tanto que ovejas y no en tanto que ovejas machos y hembras?

Continuará…


[Publicado el 6 de febrero de 2004. Revisado en 2017]


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  1. [1]“This instinct, we are told, has been developed by ages of wild crowded racing on narrow ledges, along precipices, chasms, around sudden spurs and corners, only the leader seeing when, where and how to jump. If those behind jumped exactly as he did, they lived. If they stopped toexercise independent judgment, they were pushed off and perished; they and their judgment with them”.

Charlotte Perkins Gilman

En su ensayo A manmade world, our androcentric culture (Un mundo hecho a la medida del hombre, nuestra androcéntrica cultura), escrito en 1911, Charlotte Perkins Gilman argumenta de manera muy poderosa en contra de la discriminación sexual y del sexismo. Pronto contaré algunas cosas del ensayo, pero ahora sólo pretendo hacer una breve sembranza de Perkins Gilman.

La propia Charlotte Perkins Gilman fue víctima de la discriminación cuando, tras sufrir depresiones después del nacimiento de su hija Katherine, visitó a un médico que le recomendó no leer nada, no escribir nunca y permanecer el resto de su vida al cuidado de la casa y de su hija. El remedio fue peor que la enfermedad y Perkins Gilman acabó hundiéndose en una depresión tremenda, que trasladó a su novela El papel pintado amarillo, porque ese papel pintado era lo único que veía allí, encerrada en casa.

Tiempo después, Perkins Gilman se divorció de su marido y se casó con George Houghton Gilman, quien estaba a favor de la igualdad de la mujer y que siempre la ayudó en sus proyectos de escritora y activista. Comenzó a editar una revista mensual de 32 páginas llamada The Forerunner, en la que ella era la autora de todos los contenidos: artículos, novelas por entregas, información, y supongo que también ilustraciones, pues también era dibujante y profesora de dibujo.

En 1932 le diagnosticaron un cáncer incurable y poco tiempo después se suicidó:

“Ninguna aflicción, dolor, desventura o «pena del corazón» puede excusar el poner fin a la propia vida cuando todavía nos queda alguna capacidad de servicio. Pero desaparecida ya toda posibilidad de ser útiles, y ante la certeza de una muerte inevitable e inminente, el más elemental de los derechos humanos es escoger una muerte rápida y fácil en vez de una lenta y horrible agonía… yo he optado por el cloroformo frente al cáncer”.

 


[Publi­cado el 2 de febrero de 2005  Monadolog]

En 2011 se hizo una adaptación de la novela      El papel pintado amarillo al cine.


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Dellas , la utopía de Charlotte Perkins Gilman

Charlotte Perkins Gilman nació el 3 de julio de 1860 en Hartford, Connecticut.

1

Charlotte Perkins Gilman tiene cierto parecido con mi madre, Victoria (y también conmigo)

Es considerada una escritora feminista, aunque ella rechazaba esa etiqueta. Las razones de Perkins Gilman para no considerarse feminista eran muy razonables, pero también hay buenas razones para considerar que sí lo era, del mismo modo, por ejemplo, que podemos considerar a Mark Twain un escritor abolicionista, puesto que estaba en contra de la esclavitud. Perkins Gilman también estaba en contra de la esclavitud o servidumbre de la mujer, así que es razonable que aparezca en la lista de aquellos que finales del siglo XIX y principios del XX lucharon por los derechos de las mujeres. Otros feministas de la época fueron Bertrand Russell y John Stuart Mill. Cualquier persona razonable debería haberlo sido, pero la verdad es que muchas personas inteligentes y razonables no sólo no se unieron a una de las mayores y más justas revoluciones sociales que han tenido lugar, sino que se alinearon en su contra. Esa es una buena muestra de cómo los prejuicios de nuestra época y nuestra sociedad (lo que Francis Bacon llamaba “los prejuicios de la tribu”) pueden afectarnos sin que ni siquiera seamos conscientes de que se trata de prejuicios, pues hoy en día nadie en su sano juicio se mostraría contrario a la igualdad entre hombre y mujeres, aunque todavía hay muchos que dan poca importancia al cambio colosal que se produjo en el siglo XX en la relación entre hombres y mujeres (y que todavía está pendiente en el mundo musulmán). Perkins Gilman escribió una novela utópica llamada Dellas (Herland). Es curioso, porque mi madre, que creo que no conoce a Perkins Gilman, hace muchos años se propuso escribir una novela o un guión cinematográfico acerca de una sociedad utópica en la que sólo existían mujeres: los hombres se habían extinguido por alguna razón y las mujeres se reproducían por partenogénesis, es decir, sin participación del varón. Hoy en día eso ya no es una teoría utópica, sino que es posible que a partir de un óvulo pueda nacer un ser humano, sin necesidad de semen. No estoy seguro de que se haya conseguido hacer lo mismo sólo con semen, creo que no.

Las mujeres de Dellas o Herland, como sucedía en la utopía de mi madre, se reproducen por partenogénesis. No hay hombres allí desde que fueron exterminados 2000 años antes (no por las mujeres, sino a causa de una guerra). Es una sociedad aislada y protegida del mundo, que recuerda un poco el Erewhon de Samuel Butler.

Además, las mujeres tiene sólo hijas por alguna extraña razón genética. Han prescindido de casi todos los animales domésticos, como los perros, ya que atacan a las niñas, pero tienen gatos (tanto hembras como machos), a los que han educado para que no cacen a los pájaros. Además, practican un cierto control de la población debido a la escasez de alimento y han desarrollado una agricultura intensiva y repoblado los bosques con sólo árboles frutales.

Las mujeres de Dellas son vegetarianas, practican la incineración, no creen en divinidades castigadoras patriarcales, sino en una difusa Diosa madre, e insisten más en la educación que en la genética, una educación flexible y tolerante, fundada sobre todo en juegos y diversiones y no en el esfuerzo o el castigo.

Existe en Dellas una cierta organización social, pero no parece demasiado rígida: hay unas guardianas, robustas y que han pasado ya de los cuarenta, están también las niñas, que son, no literalmente pero si psicológicamente, hijas de todas las habitantes de Dellas (“cada niña tiene dos millones de madres”) y están las jóvenes. Estudian durante  toda la vida y no una sola cosa, sino todo tipo de cuestiones, evitando la especialización.

Yo comparto o siento simpatía hacia casi con todas estas características, así que parece una buena sociedad utópica, incluso para alguien como yo, que soy contrario a las utopías. Dellas es una de las pocas utopías que no se mantiene con el recurso a la fuerza o la violencia, característica casi obligada en todas las sociedades utópicas, no sólo las del mundo real, sino incluso las de la ficción, como la Utopía de Tomas Moro o la República de Platón.

Un aspecto curioso de Dellas es que allí no existe el sexo, la atracción y el acto sexual. Perkins Gilman lo dice explícitamente y también deja claro que las habitantes de Dellas no son lesbianas.

Tampoco existen sentimientos como los celos y es curioso que en un momento de la obra se diga que a las mujeres de Dellas no les interesan las historias del mundo exterior (que les cuentan tres hombres que llegan allí), esas historias en las que los celos son el argumento principal. A mí me sucedió lo mismo cuando vi hace poco la película Closer: no entendía el absurdo comportamiento de los personajes (motivado por los celos), por lo que me resultaba muy difícil identificarme o preocuparme por sus problemas. Es algo semejante a lo que sucede al leer las obras de Calderón que tienen que ver con el concepto del honor, que hoy a todo el mundo le parece tan absolutamente ridículo como a mí me lo parecen las historias que se basan únicamente en la idea de los celos y que presentan las infidelidades como si fuesen algo tremendo, o como si la fidelidad tuviera que ver con el amor.

En Dellas hay amor, pero no hay sexo y tampoco celos. Perkins Gilman sugiere que el sentimiento de los celos tiene mucha relación con el sexo, pero ninguna con el amor, lo que es hasta cierto punto razonable. Pero quizá los celos tampoco tengan que ver con el sexo, sino con el sentido de posesión, que es un rasgo muy masculino, pero que también comparten bastantes mujeres. Otro día hablaré de la interesantísima y lúcida distinción que hace Perkins Gilman entre lo femenino, lo masculino y lo humano.

La ausencia de sexo es, en mi opinión, casi el único rasgo negativo de Dellas, pero tal vez sea ese un prejuicio del que yo no he sabido librarme, y que por el momento no siento ninguna necesidad de abandonar, pues en el sexo sólo veo placer y maravilla.

Perkins Gillman en un mitín feminista

En el estupendo prólogo a Dellas escrito por Elizabeth Rusell, se añaden algunos defectos más de la obra, como cierto racismo, común en la época. Es cierto, pero ese racismo se muestra muy atenuado en comparación con otras opiniones vergonzosas de autores de la misma época, porque en general las feministas también eran antiesclavistas. En cuanto a opiniones cercanas a las teorías eugenésicas o de la lucha por la vida en el sentido de Spencer o de Galton, yo no lo he visto tan claro en la novela: aunque es cierto que se habla de “supermadres” (a semejanza de los superhombres nietzchianos), también hay una pasaje en el que se dice de manera explícita que  sin duda es más importante la educación que la genética.

En cualquier caso, se trata de una novela de ciencia ficción o utópica, no de un ensayo propiamente dicho, que plantea una situación insólita, por lo que tampoco se puede atribuir a la autora todas las opiniones o situaciones en las que se encuentran sus personajes, supongo.


[Publi­cado el 2 de febrero de 2005  Monadolog]

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