CUADERNO DE PEKÍN: ¿Pekín o Beijing?

En agosto de 2005 pasé unos días en Beijing con Ana Aranda. Beijing es la capital de China, es decir, lo que solemos llamar Pekín.

No creas que escribo Beijing para hacerme el interesante: yo prefiero todavía Pekín y por eso he llamado a esta página Cuaderno de Pekín. Pero hay razones para escribir Beijing y razones para preferir Pekín.

Calles de Pekín o Beijing

Se dice que el nombre Pekín procede del chino cantonés y no del mandarín. El mandarín o pekinés es precisamente el chino que se habla en Pekín.

Sin embargo, parece que esto no es cierto, sino que en el antiguo mandarín la pronunciación era semejante a Pekín, cosa que no sucede actualmente, cuando la pronunciación es algo semejante a Peichín o Peiyín (más adelante se explica porque se escribe Beijing).

La mejor razón para emplear Beijing es que en 1979 la trascripción de las palabras chinas a los idiomas occidentales cambió, adoptándose un nuevo sistema llamado pinyin. Es un sistema mucho más preciso y científico que el anterior, llamado Wade-Gilles.

El pinyin fue elaborado por el propio gobierno chino con ayuda de lingüistas portugueses o rumanos y, por ello, resulta bastante intuitivo para los españoles, aunque hay ciertas reglas que al principio resultan chocantes. Una de ellas es que lo que era antes Pekín ahora se escribe Beijing y que, aunque se escriba Beijing, se pronuncia Peiying. La j se dice como la j inglesa (jeep), lo que entra dentro de lo intuitivo, pero la B se pronuncia P, que ya es más complicado.

Me dirás: ¿si la B se dice P, cómo se dice la P? Pues la P se dice P’, es decir es una P con fuerte exhalación de aire.

Asimismo, el célebre Tao del taoísmo (pero que también se usa en el confucionismo) no se escribe ahora Tao, sino Dao. Pero se sigue pronunciando Tao.

¿Y cómo se pronuncia la T? Pues como una T’, es decir, también con una fuerte exhalación.

Alguien pensará que lo lógico habría sido hacer que la D se escribiera y pronunciara D, y la T lo mismo. Sí, parece razonable a primera vista, pero nos obligaría a escribir la T como T’, que es algo bastante antipático. Lo cierto es que se hace en algunos libros, que escriben la dinastía Tang como T’ang. Pero eso parece casi más confuso que lo otro, ¿no?

Es decir, para quienes conocen el pinyin o cualquier sistema de trascripción del chino al español, les da igual poner T o T’ para expresar la T fuerte, mientras que para los que no saben siquiera lo que es el pinyin les resulta igual de confusa una y otra convención.

A lo mejor te preguntas: ¿pero cómo se escribe el sonido D y el sonido B en pinyin? No se escriben de ninguna manera, porque no existen. De ahí que los creadores del pinyin tomaran esas dos letras vacantes para expresar la diferencia entre la P suave y la fuerte y la T suave y la fuerte. Esto facilita mucho las cosas, por ejemplo al utilizar un teclado de un ordenador y escribir sólo D o T, en vez de T y T’ (dos pulsaciones para una letra).

En cualquier caso, conviene ir acostumbrándose al pinyin por una sencilla razón: el pinyin es la trascripción que emplean los propios chinos para sus caracteres. Y es la que emplea cualquiera que maneje textos chinos en cualquier idioma, lo que puede servir para que franceses, egipcios, rusos o españoles podamos entendernos mejor cuando hablamos o escribimos acerca de cosas chinas.

El ejemplo más conocido de este cambio de trascripción es el nombre de Mao Tse Tung, que ahora se escribe en pinyin Mao Ze Dong, pero se pronuncia Mao Tse Tong, casi como antes.

Escultura junto a una de las más impresionantes librerías de Pekín (y del mundo)

Si el pinyin es la trascripción correcta, entonces, ¿porque no llamar a esto Cuaderno de Beijing, en vez de Cuaderno de Pekín?

Porque Pekín no es el nombre pinyin de la capital de China, sino su nombre en español. Es un caso parecido al de Londres, que es el nombre español de la ciudad de London, o Nueva York, que es el nombre español de New York.

Es algo parecido a lo que sucede con “Cataluña”: es completamente absurdo que alguien diga Cataluña como “lo dicen los catalanes”, es decir “Catalunya”, por la sencilla razón de que los catalanes no dicen “Catalunya”, sino “Cataluña”.

“Catalunya” es la manera catalana de escribir lo que en español se escribe “Cataluña”. Pero la pronunciación es la misma: Cataluña.

Es decir, cada idioma puede no sólo adaptar el sonido de algo perteneciente a otro país a su grafía propia, sino que puede incluso cambiar la palabra y el sonido (el grafema y el fonema), como en los casos de Londres o Nueva York.

Sin embargo, esto de que si se tiene una “traducción” de una palabra extranjera se deba adoptar dicha traducción tampoco va a misa. Por ejemplo, decimos el tratado de Mastrich, en vez de decir el Tratado de Mastrique, que sería lo correcto en español. Lo correcto, pero quizá no lo razonable.

Yo creo que lo razonable es pronunciar los lugares de la manera más cercana posible a como lo hacen sus habitantes, y que deberíamos decir London, New York, Paguí [=París] y Beijing, pronunciado Peiyin. Eso evitaría muchos problemas, como el que gentes de distintos países no se entiendan cuando hablan de lugares, ciudades o personas del mundo. Parece fácil reconocer Londres, Londra y London, pero hay casos en los que la diferencia es asombrosa, como Letonia (español) y Latvia (inglés).

También es cierto que cambiar usos establecidos desde hace mucho tiempo es bastante complicado, y por eso se mantienen, incluso por los expertos, palabras chinas como Confucio (Kung Zi) o Pekín (Beijing), aunque sí empieza ya a aceptarse Lao Zi por Lao Tse y Dao por Tao.

Así que, tras muchas dudas, he decidido llamar a esto Cuaderno de Pekín.

 *********

Información detallada acerca de la polémica Pekín/Beijing en los foros de discusión de la Agencia Efe: Fundéu

NOTA 2012
Ahora creo que es preferible emplear sustituir Pekín por Beijing, del mismo modo que hemos cambiado muchos nombres chinos como Mao Tse Tung por mao Zedong o Lao Tse por Laozi. Sin embargo, por ahora no cambiaré el nombre de este Cuaderno de Pekín.


CUADERNO DE PEKÍN

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CUENTOS CHINOS: El gobernador del Sur , de Li Gongzuo

Había una vez en un lugar de la lejana China, un soldado que se llamaba Fen. Aunque había luchado en muchas batallas, apenas tenía dinero.

— ¡Y yo que creía que me haría rico gracias a lo buen espadachín que soy! -se lamentaba el pobre Fen.

Un día, Fen salió a dar un paseo por el jardín de su casa y se sentó junto a una acacia que daba una fresca sombra. Era una acacia enorme. Pero entonces oyó una trompeta y vio venir hacia él a dos heraldos que vestían con túnicas rojas y armaduras brillantes.

— Su majestad, el emperador del Reino de la Gran Acacia -dijeron los dos heraldos a la vez- nos ha ordenado que te llevemos a su presencia.

Fen se incorporó al instante y acompañó a los dos hombres hasta un carruaje de color verde tirado por cuatro caballos blancos. Muy sorprendido, subió al carruaje y enseguida el cochero se dirigió hacia la acacia.

— ¡Adentro! -dijo el cochero, y guió los caballos hacia el árbol.

–¡Ay, ay ay! -gritó Fen, cerrando los ojos.

En cuanto volvió a abrir los ojos, Fen vio que entraban por un agujero y  recorrían un paisaje maravilloso. A lo lejos pudo ver una ciudad, y en la ciudad un castillo. Después, llegaron a las murallas del castillo, en las que estaba escrito en letras de oro: “Bienvenido al Pacífico País de la Gran Acacia”. Entraron en el castillo y, tras recorrer varias calles llenas de gente, se detuvieron junto a un palacio con una cúpula que brillaba como el sol. Nada más bajar del carruaje, Fen vio que se le acercaba un anciano de barba blanca que llevaba una corona de diamantes y rubíes.

–Este debe ser el emperador -pensó Fen, e hizo una reverencia muy cortés .

–He oído hablar de tu valor como soldado -dijo el emperador- y  quiero que te cases con mi hija menor. Espero que no te parezca demasiado poco mi pequeño reino.

“Será un honor, majestad”, respondió Fen, que pensaba: “¿Cómo es posible que un simple soldado como yo pueda convertirse en príncipe?”

Pero no dijo nada, no fuese a ser que el emperador se arrepintiese. Durante los siguientes días, Fen vivió rodeado de lujo y comodidades y conoció a muchos habitantes de aquel reino. Todos tenían nombres muy raros, como Mujer del Charco Trasparente, General del Monte Arenoso o Ministro del Foso de Maíz. Finalmente, le presentaron a la que iba a ser su esposa, la princesa de la Rama Dorada.

–Es la mujer más hermosa que he visto nunca -pensó Fen-. Esto sí que es suerte.

Y como estaba un poco preocupado porque no sabía cómo se portan los grandes señores, decidió estudiar todos los días durante varias horas. Leyó muchos libros, aprendió a cocinar, a bailar, a comer sin coger la carne con las manos y a discutir sin gritar. Cuando llegó el día de su boda con la princesa de la Rama Dorada, nadie habría sido capaz de descubrir que lo único que había tenido Fen en su vida anterior era una casita con un jardín.

— Querido hijo -dijo el emperador a Fen después de la boda-. Ahora eres un príncipe, así que puedes vivir conmigo en el Palacio de la Tortuga.

Y allí se fueron a vivir el príncipe Fen y la princesa de la Rama Dorada. El palacio tenía una cúpula gigantesca y estaba lleno de salones y habitaciones lujosas. Aunque Fen era muy feliz, seguía bastante preocupado por si algún día se le acabaría la suerte, así que, cuando el emperador le hizo llamar, se temió lo peor.

–Majestad -dijo Fen intentando disimular sus nervios-, ¿qué deseáis de mí?

— Te he hecho llamar -dijo el emperador- porque quiero que seas el gobernador de la Provincia de las Raíces, que es  la que está más al sur de mi reino.

Fen, naturalmente, no podía decir que no, así que hizo una profunda reverencia y se puso en camino junto a su esposa hacia la Provincia de las Raíces. Como había estudiado mucho, puso en práctica lo que había aprendido. Mandó construir graneros para que nunca faltara comida, ni siquiera en los años de sequía. Y hospitales para los pobres, y colegios para que todos los niños pudiesen estudiar. En poco tiempo, solucionó todos los problemas de la Provincia de las Raíces. Un día le llegó un mensaje urgente del emperador: “Querido Fen. Has sido un gran gobernador de la Provincia de las Raíces, pero necesito que me ayudes a luchar contra el País del Melocotón, que acaba de invadir mi reino”.

Sin dudarlo ni un instante, Fen se puso al mando de su ejército y se dirigió a la capital del reino. Llegó justo a tiempo para salvar al emperador y liberar el palacio  de la Tortuga.

— Gracias a ti -le dijo el emperador- se ha salvado mi reino. Así que he decidido que seas mi heredero.

Fen se puso muy contento, aunque no sabía si sería capaz de gobernar un reino con tantos habitantes. Pero un día, el emperador hizo llamar a Fen.

— Mi querido Fen, tengo malas noticias que darte. Escucha lo que dicen los  adivinos del reino: “El cielo y las estrellas muestran que un gran peligro amenaza el reino. Habrá grandes inundaciones y tendremos que abandonar la capital por culpa del hombre que vino de fuera”.

–Majestad -dijo Fen-, ¿No pensaréis que yo puedo ser ese peligro del que hablan los adivinos?

–No lo sé, pero tú eres el único hombre que ha venido de fuera.

–Pues entonces me iré -aseguró Fen-. Así no podré hacer ningún daño a vuestro reino.

Y la verdad es que Fen sentía tanto amor por el reino de la Gran Acacia, que no quería que le pasase nada por su culpa. Muy triste, se despidió de la princesa de la Rama Dorada y pidió que le condujeran de vuelta a su casa en el carruaje verde. Los dos heraldos de las túnicas rojas le llevaron por los mismos caminos por los que había venido años antes, y salieron de un brinco por un agujero. Fen se dio cuenta de que estaba otra vez en su jardín, pero lo que más le sorprendió fue verse a sí mismo dormido junto al árbol.

–¡Fen, Fen, despierta! -dijeron los dos heraldos a la vez.

–¿Qué sucede? -preguntó Fen, pero al abrir los ojos vio que quien le hablaba era un amigo suyo y que allí no había ni heraldos ni carro, ni caballos.

— ¿Dónde se han ido todos? -preguntó Fen.

— Si aquí sólo estamos tú y yo -le contestó el amigo-. Me parece que has estado soñando durante un buen rato.

¡Todo había sido un sueño! Eso decían todos, pero Fen no quería creer que el País de la Gran Acacia no existía y se pasaba los días sin comer ni dormir, recordando al emperador y a la princesa  y buscando el agujero en el árbol. Sus amigos estaban tan preocupados por él, que decidieron que lo mejor sería cortar la acacia, a pesar de las protestas de Fen.

Al cortar el tronco, descubrieron el agujero del que había hablado Fen. Removieron la tierra y vieron un gran hormiguero lleno de galerías. En cada galería había diminutas construcciones y, en una galería muy ancha, vieron un caparazón de tortuga boca abajo, y cientos de hormigas que intentaban escapar. Un poco más allá descubrieron otra galería que atravesaba las raíces de un árbol y todavía más lejos descubrieron un hormiguero al pie de un melocotonero.

— ¿Lo véis? -dijo Fen-. Es todo como yo os lo conté. El palacio de la Tortuga, el País de las raíces, el reino de la gran acacia y el país del melocotón.

— Es verdad -respondieron los amigos, que seguían sin creerle-. ¿Pero ya ves que no se ha cumplido lo que dijeron los adivinos. Todo eso de las inundaciones.

Y nada más decir eso, empezó a caer una tormenta tremenda. Fen quería quedarse para ayudar al emperador de las hormigas, pero sus amigos le obligaron a entrar en casa. Cuando acabó la tormenta, Fen salió al jardín. El agujero estaba completamente inundado, y ya no quedaba nada del Reino de la  Gran Acacia.

Desde entonces, Fen, ya no sabía si es que había soñado todo aquello o si había sucedido de verdad. Pero, por si acaso, nunca más volvió a dormirse junto a un árbol.

 **********

Este cuento fue escrito por Li Gongzuo durante la dinastía Tang (618-907). Es uno de mis cuentos preferidos, aunque mi versión carece del encanto meticuloso del original, ya que tuve que prescindir de casi todos los detalles para ajustarme a la longitud requerida por la colección. El lector puede leer un comentario sobre el cuento en El tiempo de la fábula en “El gobernador del sur.

 

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CUADERNO DE YUNNAN: Tiempo de espera

 

Cuando hace bastantes años me disponía a iniciar una sucesión de viajes que finalmente me llevaría a Perú, decidí escribir algo en todos los lugares por los que pasara: trenes, autobuses, salas de espera… El resultado fue un cuaderno de viaje que llamé Escrito en el cielo y en ningún lugar.

Escribir en salas de espera, aeropuertos, autobuses, trenes, cafeterías de paso, es uno de los secretos para vivir más tiempo: porque no se considera tiempo perdido el tiempo de espera, sino tiempo de vida plenamente vivida.

En este viaje no tengo la intención de escribir en todos los lugares por los que pase, pero sí quiero dejar un breve testimonio en este tren lanzadera sin conductor, en el que nunca antes había escrito, que me lleva ahora al Satélite de la Terminal 4.

HISTORIA DE CHINA Y CRONOLOGÍA

La historiografía china tradicional tenía la costumbre de considerar que lo único que importaba era la sucesión de las diversas dinastías que gobernaron sobre todo el territorio considerado chino. Sin embargo, muchos de los acontecimientos más importantes de China tuvieron lugar en los períodos de desunión y también antes de la creación de China, en las tres primeras épocas o dinastías, Xia, Sahng y Zhou.

Primeras dinastías: Xia, Shang, Zhou

 Las primeras dinastías no gobernaron todo el territorio de China, que entonces no existía como tal, pero los chinos los consideran sus antepasados

1523-1027 AC

SHANG

1027-771 AC

Zhou del Oeste
(occidentales)

Las dos primeras dinástías chinas son la Shang y la Zhou. Existe otra anterior, la Xia, pero es, por el momento, sólo legendaria, aunque empiezan a aparecer indicios de su existencia. De todos modos, como ya he dicho, la época Shang y Zhou Occidental no pueden identificarse sin más con lo que luego sería China

Territorio ocupado por la dinastía Shang.
Tomado de The Art of Asia

La dinastía Shang es conocida por sus bronces y por los caparazones de tortuga grabados con signos, que parecen ser el origen de lo que sería la lengua china.

chinashangmascaras

Inquietantes cabezas de bronce de la época Shang. Tomado de National Geographic

Hasta el siglo XX se consideraba que la dinastía Shang no había existido. Su descubrimiento se debió precisamente a aquellos fósiles de tortuga, que los campesinos trituraban para hacer medicinas. Resultó que un médico los vio y pensó que aquellos signos podían significar algo. Uno se estremece pensando las toneladas de huesos que debieron triturar los campesinos en los últimos 2000 años (ese ha sido el destino de miles de libros y estatuas de todas las civilizaciones, consumidas como combustible para el fuego o metal para fabricar armas). A pesar de todo, se han encontrado muchísimas inscripciones Shang, algunas recientemente.

Vasija Shang en el Museo Nacional de Pekín

La época Zhou

Territorio de la dinastía Zhou
Tomado de The Art of asia

Se supone, aunque sobre eso hay también mucha discusión últimamente, que los Zhou (pronunciado Chou) vencieron a los Shang y crearon su propia dinastía. La época Zhou se divide en dos períodos: los Zhou ocidentales y los Zhou orientales, que les sucedieron.

Primer período de desunión

Nos encontramos con el primer período de desunión tras la caída de los Zhou occidentales, hacia el año -770, y el establecimiento de los Zhou orientales. En realidad, los Zhou orientales no controlaban el territorio y todo el mundo era consciente de que su época ya había pasado, incluido el propio Confucio, que luchó toda su vida por conservar y recuperar la cultura Zhou.

La época de los Zhou orientales fue, en consecuencia, más bien una época de desunión y, por ello, es más adecuado referirse a ella por los dos períodos en que suele dividirse.

Zhou del Este (orientales)
770-221 AC

770/-476   Período de Primaveras y Otoños

-475/-221  Período de los Reinos Combatientes

reinoscombatientes chinareinoscombatientes

reinos-combatientes

Fue durante estas dos épocas de desunión cuando surgieron decenas de filosofías (“las Cien Escuelas”), y entre ellas las que más han influido en la historia de China: el confucianismo y el taoísmo, pero también el legismo, que está en el origen de la terrible unificación de China bajo el reino de Qin (pronunciado “Chin”), o el moísmo de Mo Di (Mo Ti), que tuvo bastante éxito en su momento, pero que no llegó a consolidarse.

Unificación de China

-221/-207      Qin (pronunciado Ch’in)

El primer emperador de China, rey del reino de Qin (Chin) que venció a los reinos rivales

A la furia destructiva del primer emperador de China, Shi Huandi ( 始皇帝), debemos la pérdida de centenares de libros y de escuelas filosóficas tan interesantes como la Ming Chia (la Escuela de los nombres). De las cien escuelas apenas quedaron fragmentos.

En la película Hero, de Zhang Yimou, película estrenada hace no mucho, se cuenta su historia desde una perspectiva ligeramente favorable.

La época Han

Tras el emperador que unificó China, vino la época más reverenciada de la historia china, la Han, en la que se intentaron recuperar algunos de los libros perdidos, pero limitándose fundamentalmente a textos confucianos y taoístas.

Dinastía Han

206 AC.-. 9

Han del Oeste

9-24

Hsin (interregno de Wang Mang)

25-220

Han del Este

 

Primer período de desunión

El primer período de desunión propiamente dicho de China va desde el final de la dinastía Han (220) hasta la reunificación de China bajo los Sui. En este período se produjo la llegada del budismo, tercera gran corriente del pensamiento chino, que, curiosamente, desapareció de India pero creció en China y en Japón: el zen, hoy tan de moda, es una derivación del budismo indio dhyana pasado por el tamiz del Ch’an chino.

Período de desunión (época de Los Tres Reinos)

220-280

Los Tres Reinos

220-265 — Wei

221-263 – Shu

229-280 – Wu

Este período de desunión fue larguísimo. La primer época es la de Tres Reinos, durante la que vivieron los Siete sabios del bosquecillo de bambú, a los que estoy dedicando una investigación, que puedes leer con el enlace.

Continuará…


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LA ÉPOCA TANG

La época Tang es una de las más interesantes de la historia de China y es un buen ejemplo de la falsedad del tópico que habla de China como de un Imperio encerrado en sí mismo, sin relación con el exterior. O como si se tratatara de un gigante que se mantiene inmutable a través de las generaciones, como sostenían Hegel y su discípulo Marx, tan mal informado como su maestro.

Hay momentos en los que la historia de China es mucho más dinámica y movida que la de Europa, por ejemplo si comparamos la China de la época Tang con largos períodos de la Edad media Europea o de la historia de España.

La época Tang es considerada una de las más brillantes en lo que se refiere a la poesía, lo que quizá se deba al hecho de que los exámenes para convertirse en funcionario exigían un gran dominio del arte poético. Uno de mis poetas favoritos vivió en la época Tang: Po Chu I, también llamado Bai Juyi, pero hay otros que suelen ser más elogiados, quizá con razón: Wang Wei, Du Fu o Li Po (Li Bai). En español ya se han publicado varias antologías de poesía de la época Tang y siguen apareciendo más y más, lo que es una demostración de que, aunque tarde, el mundo hispano está recuperando el tiempo perdido.

Hice esta página dedicada a la época Tang en 1999.

Precedentes de los Tang: la dinastía SUI

Emperador Wen, de los Sui

tang

Territorio dominado por la dinastía SUI

La dinastía Tang está considerada como una de las más brillantes de la historia china, comparable a la Han. Sucede a la breve dinastía Sui (581-618), que había puesto fin al período llamado Edad Media china.

Los dos emperadores Sui fueron:

  Wen (Yang Jian)  (581-604)

  Yang (604-617).

Se atribuyen a Yang crueldades sin límite, aunque eso es algo habitual en la historiografía china: el último emperador de las dinastías siempre era desastroso en todos los sentidos, porque así se justificaba el cambio de dinastía, que había perdido el mandato del Cielo y debía ser reemplazada por una nueva dinastía.

Los Sui, además de unificar muchos territorios que habían permanecido en conflicto desde la caída de los Han y establecer la nueva capital en Changán, iniciaron la construcción del Gran Canal y construyeron grandes graneros cerca de Changán y de Luoyang (la otra capital).

 

Características fundamentales de la dinastía Tang

Los Tang mantuvieron la capital en Chang’an y extendieron el territorio más allá de las fronteras Han. Se fortalecieron los contactos con la India y el budismo se consolidó y  se convirtió en una de las principales características chinas, ya para siempre, junto al confucionismo y el taoísmo.

También se inventó la imprenta por bloques con lo que los escritos se extendieron entre muchas más personas. Los exámenes u oposiciones se extendieron por todo el país.

Dos damas Tang juegan con un perrito. Su peinado y las cejas negras superpuestas a las reales muestran la gran influencia que esta dinastía china tuvo en Japón

Aunque consiguieron que los árabes no se hicieran con el imperio, los Tang fueron derrotados en 751 en Talas (Asia Central) y ello, unido a crisis económicas y todo tipo de rebeliones, hicieron posible que una invasión de gentes del norte acabara con la dinastía en el año 907, produciéndose una nueva fragmentación en cinco dinastías del norte y diez reinos en el sur.

China-Tang

  Circunscripciones chinas de los Tang en 742 y las “provincias” de 822

Las circunscripciones (Dao) chinas de los primeros Tang carecían de contenido estructural administrativo. No eran más que zonas para la inspección de los comisarios, que supervisaban tan sólo la administración de las prefecturas. Tras la rebelión de An Lushan en 755, el Imperio se dividió en aproximadamente 40 departamentos, regidos por gobernadores militares, muchos de los cuales eran de hecho independientes. Esto provocó una tremenda fragmentación del imperio. La corte intentó restaurar el centralismo con cierto éxito hacia el 820. Pero tras la insurrección de Huang Chao (874-884) el colapso de al autoridad central en las provincias fue total

 

Changán, la capital

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Changán en las épocas Sui y Tang

 

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Plano de un palacio de Changán, procedente del Chang’anzhi (Memoria sobre Changán) de Song Minqiu (1019-1079)

Cronología y Emperadores

Hace años yo mismo confeccioné una tabla cronológica de los emperadores Tang con mucho esfuerzo, pero no logré completarla. Ahora ya se puede encontrar una tabla completa en la Wikipedia: List of Emperors of Tang Dinasty.


[Escrito en 1999, publicado en 2004]

CHINA EN LA ÉPOCA TANG

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