La navaja de Occam bien afilada

Decía Guillermo de Occam: “Los entes no se deben multiplicar innecesariamente”. Es una herramienta filosófica que quizá no sea tan útil como muchos creen, pero  que sí cobra pleno sentido cuando se expresa de la siguiente manera: “Los entes innecesarios no deben multiplicarse”.

Por ejemplo, los círculos, ecuantes, epiciclos y otros artilugios teóricos para explicar el movimiento de los planetas según la interpretación tolemaica (pero también según la copernicana), que se convierten en innecesarios tras el elegante uso de las elipses que hace Kepler; o los dioses o un Dios que crea todo de la nada para explicar un universo que ya resulta inexplicable sin ellos, pero que con ellos se convierte, además de absurdo, en innecesario.

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Originally posted 2013-07-19 22:45:33.

Los cortes de la navaja de Occam

Occam's Razor

La navaja de Occam es una de esas imágenes filosóficas que se usan una y otra vez para resolver disputas teóricas. Creo que casi siempre se emplea mal, y más desde que se ha convertido en un lugar común equivalente a un anatema que se lanzan unos a otros.

Antes de explicar por qué creo que se emplea mal, recordaré qué es la navaja de Occam.

Guillermo de Occam (William of Ockham) era un monje franciscano, célebre por su inteligencia, por lo que no es extraño que Umberto Eco lo tomara como modelo (junto a Sherlock Holmes) de su Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa. Se atribuye a este monje el artilugio lógico o filosófico llamado “la navaja de Occam” que es la sintesis de su frase “Entia non sunt multiplicanda sine necesitate”. Es decir, los entes no se deben multiplicar innecesariamente. La expresión se empleó en su origen en la disputa acerca de los conceptos universales, como “humanidad”, “Trinidad” o “belleza”, que enfrentó a los nominalistas y los realistas.

Los nominalistas creían que esos conceptos y todo lo que se refiere a géneros y especies, pero no a individuos concretos son tan sólo entes de razón, ideas o conceptos que no existen por sí mismos. Los realistas decían que esos conceptos universales tenían una existencia propia y real y que no eran tan sólo palabras. Tras la disputa se escondía tambien uan disputa teológica, porque si los nominalistas negaban la existencia real y efectiva de la Trinidad, toda la teología cristiana se venía abajo. La navaja de Occam, en consecuencia, permitía cortar la existencia de todos esos entes conceptuales, pero también la de los conceptos y artilugios teóricos que a menudo se empleaban en las discusiones, pero que no parecía que tuvieran una correspondencia en el mundo de lo observable y experimentable.

A menudo, primero en lógica y física, pero con el tiempo en biología o en cualquier otra ciencia o arte, desde la economía a la historia y desde la crítica literaria a a la antropología, se recurre a la navaja de Occam para afeitar las explicaciones enrevesadas, las que parecen demasiado complejas.

Occam-William-of-Ockham-Quotes-1

“Si todo lo demás es equivalente, la solución más simple suele ser la mejor”

Sin embargo, la navaja de Occam se emplea tanto que su filo empieza a estar mellado o bien corta lo que no debería cortar, en busca en ocasiones de una sencillez que acaba siendo simplismo.

Es posible que el uso realmente útil de la navaja de Occam (aparte de la disputa original entre los nominalistas y los realistas) se dé cuando se aplica a posteriori, pero no cuando se aplica a priori. Es decir, no debería utilizarse como una censura previa (excepto en casos que resultan tan evidentes que salta a la vista la exagerada multiplicación de los entes o explicaciones), sino que puede emplearse como una razón más para decantarnos por una explicación en lugar de por otra, siempre y cuando ambas explicaciones sean totalmente equivalentes.

No sirve para refutar una teoría con la excusa de que una teoría es demasiado compleja, sino para hacernos sospechar que si hay dos soluciones posibles y una es más sencilla, entonces es probable que la más compleja haga uso de supuestos innecesarios. Pero sólo indica esa probabilidad.

Sin embargo, también es perfectamente posible imaginar una explicación compleja que sea, sin embargo, la explicación correcta, a pesar de que también exista otra explicación más sencilla que también parezca capaz de dar cuenta de los fenómenos que se quieren explicar. Voy a intentar imaginar una situación de este tipo (que será una inversión de la disputa entre el sistema tolemaico y el copernicano). Cuando lo haya pensado, se lo comunicaré al lector en otro artículo.

 

La complejidad y la sencillez

Por mucho que nos gusten las soluciones simples, a menudo los problemas exigen soluciones complejas. Aunque un asunto se pueda explicar de manera simple, ello no implica necesariamente que deba explicarse así.

Esto no vale sólo para la biología y la evolución, sino que también se puede aplicar a la sociología y la psicología: a menudo tendemos a explicar el comportamiento de otra persona a partir de una sencilla ecuación estímulo-respuesta, pero casi siempre las verdaderas razones de un comportamiento son más complejas de lo que creemos.

En definitiva, la navaja de Occam ha de tomarse como un estímulo para seguir investigando y puliendo nuestras teorías, quitándoles lo innecesario, pero en otras ocasiones ha de ser aplicada como un factor de probabilidad (no de certeza) en el momento de elegir entre teorías rivales. Finalmente, en muchas ocasiones su mejor y más razonable uso es tan sólo semejante al un proverbio o una frase hecha que viene al caso y confirma algo: un comentariofinal una vez que una cuestión ya ha sido decidida gracias a una explicación sencilla.

Decimos, por ejemplo: “A quien madruga, Dios le ayuda”, si gracias a nuestro madrugón hemos conseguido llegar a tiempo a una cita importante, pero diremos: “No por mucho madrugar amanece más temprano” si hemos madrugado tanto que llegamos dormidos y agotados a esa cita tan importante. Los refranes no suelen expresar verdades, sino que existe uno para cada ocasión. Sirven como estímulo retórico o emotivo para hacer algo o como comentario posterior (positivo o negativo) a una acción ya realizada. En ese mismo sentido se puede emplear a veces la navaja de Occam: “Ya te decía yo, que aquí había que sacar la navaja de Occam: todo es más sencillo de lo que parecía”.

Pero nunca se debería emplear como un criterio de verdad o como un anatema o dogma de fe en contra de ideas o de teorías, que es algo que se hace bastante a menudo.

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[Escrito en 2004 en La Palma, como comentario a La estructura de la evolución, de Stephen Jay Gould los textos en naranja los he añadido en 2014 para hacer más comprensible el texto. En el texto original anoté que lo había escrito antes de leer la página 583 del libro, y añadí: “Quizá Gould diga más adelante algo semejante a lo que yo quiero decir aquí”. Supongo que adivinaba que Gould se iba a ocupar de la navaja de Occam y su uso en ciencia, algo que supongo, se verá en futuras entradas dedicadas al libro]

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LA ESTRUCTURA DE LA EVOLUCIÓN

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Originally posted 2004-09-05 12:00:22.

El futuro en el presente: retroproyección futura

Hace muchos años empecé a aplicar un método (al que todavía recurro alguna vez) que es muy semejante a la prognóstica aplicada, la ciencia que se ocupa de la predicción del futuro. Mi método tiene similitudes también con el análisis premortem y con los obituarios del marketing, como el de Coca-Cola.

Es algo que podríamos llamar “retroproyección futura” y que se podría definir de la siguiente manera: “Recordar el futuro desde el presente”.

El método consiste en situarse en un hipotético futuro e imaginar cómo será recordado el presente que estamos viviendo, qué pensaremos entonces acerca de las acciones que estamos realizando ahora, que nos parecerán las decisiones que estamos tomando en este momento.

En definitiva, cuando me encuentro en una situación en la que me resulta difícil  encontrar soluciones, hago un ejercicio de prognóstica o proyección futura y me digo a mí mismo: “Cuando transcurran unos cuantos años y recuerde este momento y en estos problemas, ¿a qué conclusiones llegaré?”. En definitiva, me dedico a imaginar a mi yo del futuro reflexionando acerca de los errores de mi yo del presente. A continuación, intento expresar las conclusiones de ese yo futuro. Un ejemplo de lo que podría pensar mi yo futuro: “Entonces no me daba cuenta de que no era tan difícil dejar el trabajo y cambiar de profesión”. O cualquier otro planteamiento semejante.

La razón de que aplicase este curioso método es que había observado que tenemos las cosas bastante claras cuando examinamos desde el presente el pasado, no solo por la razón obvia de que ahora disponemos de más información que entonces y sabemos cómo acabó todo, sino también porque podemos juzgar desde cierta distancia, con otra perspectiva, y sobre todo con menos implicación emocional. Eso nos permite examinar con serenidad y mayor objetividad una situación pasada. La conclusión a la que solemos llegar, cuando pensamos en esos problemas de nuestro pasado que tanto nos inquietaban, suele ser que casi existían otras posibilidades o líneas de acción que no supimos, que no quisimos o que no pudimos ver entonces.

En la película “Looper” se emplea un método semejante a la retroproyección futura

Probablemente también llegué a este método aplicando un razonamiento inductivo que me ha servido en muchas ocasiones para quitar dramatismo a ciertas situaciones:

“Ahora que estás desesperado, deprimido o angustiado recuerda todas las veces que has estado en una estado anímico semejante, o en situaciones igual de preocupantes…  y pregúntate: ¿cuántas de esas situaciones tuvieron consecuencias irreparables?”.

La respuesta a esta pregunta suele ser: “Pocas o ninguna”. Casi nunca pasa nada terrible o irreparable. Es cierto que a veces hemos tomado decisiones que son irreversibles, como una ruptura amorosa definitiva, pero con el paso del tiempo, incluso en estos casos llegamos a considerar que lo que sucedió era inevitable, o al menos que pudimos seguir viviendo a pesar de ello.

Es verdad que en algunas ocasiones no nos hemos recuperado del todo y que el dolor todavía nos afecta en ciertos momentos, pero, si somos sinceros, esos casos son muy pocos, tal vez dos o tres, quizá cinco o siete. Sin embargo, lo más probable es que hayamos estado deprimidos decenas o cientos de veces. El porcentaje de consecuencias verdaderamente dramáticas suele ser mucho más pequeño de lo que creemos de manera intuitiva.

Este método inductivo, semejante al que consiste en pensar que si algo sucede a menudo lo más probable es que siga sucediendo (por ejemplo, que el sol saldrá mañana como ha salido durante miles de días de nuestra vida), nos hace concluir que los problemas que ahora nos angustian se acabarán resolviendo de alguna manera y que existe una muy pequeña probabilidad de que no se resuelvan: el sol seguirá saliendo durante miles de día, Aunque es cierto que algún día no saldrá, al menos para nosotros y para quienes habiten en el planeta Tierra cuando el Sol colapse, o cuando no estemos allí para contemplar el amanecer Pero, al fin y al cabo, el método inductivo no es demostrativo.


PSICOLOGÍA/CÓMO PENSAR MEJOR
 
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Originally posted 2013-06-26 18:48:41.

Cómo leer a los filósofos

Koninck, Filósofo meditando en su lectura

Koninck, Filósofo meditando en su lectura

1. Leer a los filósofos directamente, en sus obras originales.

2. No anteponer prejuicios de ningún tipo, ya se refieran al aspecto físico del filósofo, a la utilización de su filosofía por uno u otro grupo, a la raza o a la nacionalidad o las preferencias sexuales, a su pertenecia a una u otra escuela o a su enfrentamiento con ésta o aquélla otra, a que esté de moda o no lo esté, a quienes le defiendan o a quienes le ataquen actualmente.

3. Una vez comenzada la lectura, no es correcto descalificar al filósofo a partir de un pequeño detalle erróneo que encontremos en sus obras. Incluso los filósofos más rigurosos no han podido evitar ciertos errores de bulto: machismo, nacionalismo y racismo. Sólo mediante una lectura serena y a fondo será posible decidir si ese o esos pequeños detalles son parte importante o fundamental de las concepciones filosóficas del filósofo estudiado. Es decir: si ese pequeño detalle se deduce necesariamente de la filosofía elaborada por nuetsro pensador, haciendo imposible tal filosofía sin dichos detalles.

4. No dejarse tampoco deslumbrar por aciertos ocasionales para proclamar nuestra adhesión total al filósofo. Muchos filósofos han escrito páginas magistrales y, sin embrago, sus intenciones han sido deleznables (su concepción política y religiosa, etcétera).

Aunque hay gente -sobre todo hegelianos- que dicen que si tomas una opinión de un filósofo determinado, entonces has de tomar todo su sistema (pues si no actuarías frívolamente), mi opinión personal es que es perfectamente lícito tomar o citar argumentos de un filósofo al que no se acepta de forma general, e incluso utilizar tales argumentos para defender ideas opuestas, siempre y cuando no se pretenda que aquel filósofo defendía tales ideas.

Esto puede parecer una aberración a algunos, pero, para que se vea que no se trata de tal cosa, pondré un ejemplo en el que se verá claramente…

[El texto se interrumpe bruscamente y no sé a qué ejemplo me refería]]


[Escrito en 1989, con la intención de proporcionarme a mí mismo unas reglas en mis estudios de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Uno o dos años después, amplié este texto en Reglas para leer textos de filosofía]


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Originally posted 1989-04-24 12:01:11.

Juegos de suma cero

En su libro El gen egoista, Richard Dawkins explica la diferencia entre un juego de suma cero y un juego de suma no cero:

Juego de suma cero es aquel en que la ganancia de un jugador es la pérdida del otro. Los juegos de suma no cero, como el Dilema del Prisionero, son juegos donde hay una banca que paga “y los dos jugadores pueden cogerse del brazo y reírse de la banca”.

Presentarse a una oposición es un juego de suma cero: si tú la ganas, le quitas el puesto a otro.

La selectividad o el examen para mayores de 25 años es un juego de suma no cero. Aunque te clasifiques no le quitas el puesto a nadie que también se haya clasificado.

Es por eso que no me molestó ver las irregularidades cometidas cuando me presenté a Selectividad, y lo cierto es que no comprendo a quienes se ponen furiosos cuando en un juego de suma no cero alguien hace trampa: a ellos no les afecta.

Sólo lo entiendo cuando las consecuencias del juego puedan ser desagradables debido a esa irregularidad: por ejemplo, si un médico obtiene el título sin estar bien preparado. Pero que lo consiga un filósofo, ¿qué más dá? Creo que a menudo los que protestan por las trampas en un juego de suma no cero están movidos por la envidia y por una especie de orgullo herido, antes que por el deseo de que se haga justicia.


 

Originally posted 1994-12-04 12:02:22.

Contra la razón

Gente que jamás ha leído una linea de los partidarios del relativismo cultural -y mucho menos de sus detractores-, se lanza con pasión al ruedo y en cualquier conversación proclaman: “Todo es relativo”, impidiéndo o pretendiendo impedir que razones de una manera mínimamente sensata sobre cualquier cuestión. La opinión de esta gente es que, puesto que todo es relativo, tiene tanta razón el que corta cabezas como el que sacrifica niños a los dioses.

Ya he escrito y escribiré sobre el relativismo cultural, pero ahora me interesa descubrir por qué la gente tiene tanta facilidad para quedarse con todas aquellas ideas que, ya sea en su origen, ya un poco pervertidas por sus exégetas, atacan al pensar razonado.
¿Por qué la gente goza con los fracasos (la mayoría de las veces sólo supuestos) de filósofos o científicos? Parecen considerar una equivocación científica como un triunfo de la humanidad y son expertos en mil artes diversas, especialmente en la astrología y la quiromancia.

Hasta aquel que jamás ha leído un libro de psicología o filosofía es capaz de definirse a sí mismo o a cualquier otra persona con un único dato: el signo de su nacimiento.

Recuerdo que en una ocasión C… y yo leímos las predicciones astrológicas de una revista. Sorprendentemente parecían señalar hechos y situaciones bastante acertadas. Lo más divertido vino cuando la semana siguiente vimos en esa revista una Fe de Erratas: “los signos y la predicción de cada uno de ellos no se correspondían la semana pasada, la predicción del primer signo debía ir bajo el segundo signo, etcétera”.


[Escrito en 1987. Son anotaciones de un diario, no un artículo]

Originally posted 1987-08-04 12:01:24.

Darwin y la ceguera

Al revisar unas notas que escribí en el siglo pasado (que bien suena eso… espero poder decir algún día: “Unas notas que escribí hace dos siglos), hacia 1999 y 2000, acerca de tres libros de Darwin, Humphrey y Gazzaniga, he encontrado una cita muy interesante de Darwin, que copio aquí junto al comentario que añadí en 2000:

“Durante años he seguido también una regla de oro, a saber, que siempre que me topaba con un dato publicado, una nueva observación o idea que fuera opuesta a mis resultados generales, la anotaba sin falta y enseguida, pues me había dado cuenta por experiencia de que tales datos e ideas eran más propensos a escapárseme rápidamente de la memoria que los favorables.”
(Darwin, Autobiografía)

A menudo, es cierto, sólo encontramos aquello que buscamos. Nuestros prejuicios y expectativas condicionan nuestra observación y solemos ser ciegos a todo aquello que va en contra de nuestras hipótesis.

Tengo la sensación desde hace un tiempo de que este problema, que es semejante al punto ciego del que habla Goleman, se ha acentuado con el cambio de siglo y que se está extendiendo cada vez más una manera de ver el mundo que sólo es capaz de contemplar la parte iluminada. La que ilumina la propia linterna del que mira, dejando en la oscuridad todo lo demás.


(Publicado el 22 de abril de 2004 en Love at First Byte)


Cómo pensar mejor

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Originally posted 2012-05-05 13:03:21.

Explicar y justificar: Isaiah Berlin

Isaiah-Berlin_MILIMA20160219_0218_30Isaiah Berlin critica, en términos muy similares a los que empleé en La comprensión no implica justificación moral esa equivalencia que algunos establecen entre explicar y justificar.

Lo hace, por ejemplo, el historiador E.H.Carr, con su malicia habitual, mediante una frase alambicada y tramposa en la que da a entender que Berlin se opone a algo tan elemental  “un mayor esfuerzo de comprensión”:

Sir Isaiah hace a un lado lo que el llama “la petición moderna de un mayor esfuerzo de comprensión… basándose en que quienes hacen esta petición están envueltos en la falacia de que “explicar es comprender y comprender es justificar”.

ehcarr

E.H.Carr

Tras este ataque tan burdo, incluso con ese uso nada inocente del “Sir” para referirse a Berlin, Carr añade que entonces, lo que se deduce de lo que dice Berlin es que no hay que buscar trasfondos sociales ni económicos en la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial… no sea que eso nos exponga a justificar a Hitler.

La respuesta de Berlin es elocuente y elegante:

Si el señor Carr supone que niego la proposición de que “entenderlo todo es perdonarlo todo” está, una vez más, en lo cierto. Pero si infiere de esto que los historiadores no deberían, según mi forma de ver las cosas, usar todos sus poderes para comprender y explicar los actos humanos, entonces, ciertamente, está equivocado… 

La tarea de los historiadores es comprender y explicar; están equivocados solamente si creen que explicar es ipso facto justificar o exculpar. Esta tautología no necesitaría ser mencionada si no fuera por la tendencia de ciertos historiadores modernos, en su comprensible reacción contra juicios morales superficiales, arrogantes, o filisteos (y contra la ignorancia o el descuido de las causas sociales y económicas) a caer en el extremo opuesto: la exoneración total de todos los actores de la historia por ser producto de fuerzas impersonales que se encuentran más allá del control humano consciente.”

Mi posición, en esta cuestión, coincide con la de Berlin. Precisamente hablaba de esto hace unos días con Ana M…, que se declaraba relativista cultural, mientras que yo intentaba distinguir una tercera vía de razonamieto, diferente tanto del etnocentrismo como del relativismo. Se puede añadir, por otra parte, que si mediante la explicación justificamos los actos del pasado, lo mismo harán en el futuro nuestros descendientes con nuestros propios actos, con lo que toda crítica se hace imposible.


Las citas son del libro de Ved Metha La mosca en el frasco)


Escrito antes de 1994. Publicado en 1994


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Originally posted 1994-12-04 12:02:53.

Los escépticos no son escépticos

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Paul Newman y Robert Redford ensus identidades ficticias

Un escéptico se caracteriza porque no se cree casi nada de lo que le cuentan. Por ejemplo, un espectador escéptico es aquel que no se cree que lo que ve en un teatro o en una película sea real. Él no ve a dos bandidos yankis enfrentándose al ejército boliviano, sino a Robert Redford y Paul Newman en una película llamada Dos hombres y un destino.

Lo curioso es que el espectador escéptico no aplica en este caso los consejos del escepticismo, al menos del escepticismo tal como lo entendían en Grecia y Roma: el escepticismo que recomienda Sexto Empirico, quien dice que, en la mayoría de las situaciones de la vida, el escéptico debe adoptar la epojé o suspensión del juicio.

Yo también considero muy recomendable la suspensión del juicio, no sólo en la discusión intelectual, sino especialmente en la contemplación artística: creo que el placer aumenta si uno está dispuesto a creer transitoriamente que está viendo a dos bandidos yankis a punto de morir en Bolivia. Y como la suspensión del juicio es un estado transitorio, también puede disfrutar después viendo a Robert Redford y Paul Newman fingiendo que son dos bandidos yankis a punto de morir en Bolivia.

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Butch Cassidy y Sundance Kyd en un descanso de su vida ficticia

circa 1943: Headshot image of American author Gertrude Stein. (Photo by American Stock/Getty Images)

Gertrude Stein (Photo by American Stock/Getty Images)

Es posible, incluso, que en ciertas ocasiones se puedan experimentar las dos cosas al mismo tiempo. Gertrude Stein hizo unos interesantísimos experimentos a principios del siglo XX acerca de la capacidad de desarrollar varias tareas intelectuales al mismo tiempo. Sería interesante investigar si también se puede sentir al mismo tiempo con la misma intensidad que algo es verdad y mentira.


[Publicado el 2 de noviembre de 2007]


 

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Originally posted 2016-04-20 10:16:38.

La filosofía de la ciencia

Alguien puede ser científico, incluso un buen científico, y no entender cómo funciona la ciencia y el método científico, o ignorar cuáles son sus bases filosóficas y racionales. Es lógico, porque tampoco los bancarios o los banqueros conocen siempre cómo funciona la economía. Ahora bien, en una discusión que pretende ser, no ya científica pero sí al menos racional, hay que saber qué es lo que se puede demostrar y qué es lo que no se puede demostrar.

En el siglo XX muchos pensadores se interesaron en una disciplina que no era nueva, pero que conoció un gran desarrollo teórico, la Filosofía de la ciencia. Entre aquellos pensadores se puede citar a Henri Poincare, a los miembros de Círculo de Viena y el positivismo, a Imre Lakatos, a Thomas S.Kuhn, a Bertrand Russell, a Karl Popper o al irreverente y heterodoxo Paul Feyerabend.

Imre Lakatos, la gran promesa de la filosofía de la ciencia que murió prematuramente.

La filosofía de la ciencia se ocupa de cuestiones que antes caían en los terrenos de la epistemología, la gnoseología y la teoría del conocimiento, disciplinas que también comparten límites difusos, así como la lógica e incluso las matemáticas, al menos en tanto que ciencia más estricta y perfecta.

Un aspecto importante de la filosofía de la ciencia consiste en distinguir entre tres contextos diferentes, que los profanos o los aficionados (pero también algunos científicos, como ya he dicho) mezclan a menudo, lo que da lugar a todo tipo de malas interpretaciones del método científico y de los límites de la ciencia.

  1. Contexto de demarcación: qué es ciencia, qué no es ciencia; que es ciencismo o cientifismo (una manera dogmática y acientífica de entender la ciencia), qué es pseudociencia y qué es superstición.
  2. Contexto de descubrimiento: cómo alcanza la ciencia sus resultados, mediante la observación, la inducción, la deducción, la abducción, la experimentación, pero también la intuición o el puro azar o serendipia. Tiene mucha relación con al historia de la ciencia.
  3. Contexto de justificación: cómo se validan o certifican las hipótesis y teorías.

Es decir, una cosa es cómo se obtiene un conocimiento científico y otra muy diferente cómo se prueba o justifica ese conocimiento. La historia de la ciencia está llena de ejemplos de procedimientos acientíficos que llevaron a descubrimientos asombrosos (contexto de descubrimiento), pero eso no significa que podamos considerar científica una teoría o hipótesis sin antes someterla a las estrictas reglas de la validación científica (contexto de justificación).

El físico David Deutsch, muy popular por haber creado el primer algoritmo cuántico y defender la teoría de los universos múltiples, ha propuesto una teoría del todo (Theory of Everything) que combina las deas de Popper con las de la computación de Turing, la de los universos paralelos de Everett y el neodarwinismo de Dawkins.

Thomas S. Kuhn

Al que le interese el tema del método científico, puede leer a los clásicos, como Lakatos, Khun (La estructura de las revoluciones científicas) y Popper (La lógica de la investigación científica). Pero, para resumirlo de manera brutal (por el momento): la mayoría de los científicos se inclinan por el falsacionismo de Popper, que sostiene que las hipótesis y teorías de la ciencia no se pueden demostrar de manera absoluta, pero que si se pueden poner a prueba (es decir, falsar o falsificar [1]. En función de los resultados de esa falsación, se aceptan o rechazan las hipótesis o teorías, pero siempre provisionalmente. Aunque entre los filósofos de la ciencia se dice a menudo que Popper con su falsación ignoraba la manera en la que trabajan de veras los científicos, pues su máximo interés es demostrar sus teorías y no refutarlas, se da el curioso caso, como ya he dicho, de que entre los propios científicos intereresados en las bases de su proceder, la mayoría aceptan la fasación.

Todo esto quiere decir que en ciencia ninguna teoría está nunca demostrada, por más datos que tengamos a su favor, como bien se vio cuando la física newtoniana fue superada, mejorada y en ciertos terrenos refutada por la relativista, después de siglos de pruebas contundentes a favor de Newton. Esto implica un importante corolario: en ciencia la discusión continua es fundamental.

Lo que define a la ciencia frente a la religión y la superstición es precisamente que sus resultados siempre están en discusión. Mientras que las religiones (en especial las reveladas) nunca cambian sus textos originales y lo que hacen es retorcer la interpretacíon de los mismos para adaptarse a los nuevos descubrimientos, en ciencia los nuevos descubrimientos obligan a modificar los textos y las formulaciones previas. No hay textos sagrados en ciencia, porque la ciencia es, además de un corpus de conocimientos que aumenta y se modifica constantemente, antes que nada y por encima de todo, un método.

El curso de filosofía de la ciencia, de Noretta Koertge, en su edición en catalán.

Existen algunos libros accesibles para cualquier lector de divulgación de filosofía de la ciencia y el método científico. Uno sencillo pero riguroso es de Noretta Koertge: Curso de filosofía de la ciencia. Que yo sepa, no está traducido al español (yo lo leí en catalán hace mucho tiempo), pero los que leéis inglés podéis consultar una versión con este enlace: The Nature of Scientific Inquiry.

Y también es muy recomendable dentro de la divulgación, además de muy divertido y muy entretenido, es ¿Qué es esa cosa llamada ciencia?, de Alan F. Chalmers.

Aprender cómo funciona la ciencia y a qué podemos llamar conocimiento científico, es decir, el tercer contexto mencionado más arriba (el de justificación), es fundamental, porque significa ni más ni menos que aprender a pensar, aprender a pensar bien. Como decía el gran Richard Feynman: “La ciencia es el método que hemos inventado para dejar de engañarnos a nosotros mismos”. No se puede definir mejor.

Richard Feynman, físico y bonguero


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  1. [1]Terminó técnico que no tiene que ver con la falsificación de cuadros, por ejemplo, ni nada parecido.