Cine y física cuántica

En el cine y en la física atómica los intermedios se saltan.

El electrón no pasa gradualmente de una órbita a otra, sino que salta de una a otra sin transición. Eso es lo que se llama un salto cuántico. En el cine, a pesar de la apariencia de continuidad, se salta de un fotograma a otro y de una serie de fotogramas a la siguiente: tampoco hay continuidad bajo las apariencias. (2007)

2019: Es por eso que la experiencia cinematográfica es una de las mejores metáforas para imaginar como plausible el comportamiento asombroso del mundo atómico.

Pero también nos sirve para casi lo contrario cuando se trata del mundo cuántico, es decir, cuando no hablamos del salto cuántico del electrón de una órbita a otra, sino del salto cuántico aplicado al colapso de la función de onda, es decir, a lo que sucede cuando efectuamos una medida sobre un sistema cuántico (lo que sucede es que el resultado de la medida parece aleatorio y es imprevisible). Del mismo modo que bajo la aparente continuidad y fluidez de la experiencia cinematográfica existe discontinuidad (fotogramas separados), bajo el comportamiento imprevisible de las partículas subatómicas puede haber una explicación causal que no podemos ver, como tampoco vemos los fotogramas en la sala de cine. Serían los fotogramas ocultos, que no sé si se puede comparar con las hipótesis de variables ocultas.

Pero esta ilusión de continuidad que producen los fotogramas del celuloide y su proyección (con el obturador que se abre y se cierra, etc.) también es una buena metáfora para aceptar como posible que vivamos en un universo parpadeante, que aparece y desaparece a cada instante (la hipótesis del universo parpadeante ha sido propuesta por algún físico actual).


Originally posted 2007-08-14 12:02:56.

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Dios y la doble rendija

En Dios y la ciencia, los hermanos Igor y Grichka Bogdanov conversan con Jean Guitton, un pensador cristiano que siempre me ha interesado mucho, quizá desde que mi padre me regaló su libro El trabajo intelectual, que él conoció gracias a un profesor al que admiraba, si lo recuerdo bien. Guitton siempre estuvo muy interesado por la ciencia, que admiraba y que consideraba compatible con sus creencias cristianas. En esta larga conversación entre los hermanos Bogdavov y Guiitton, ellos intentan buscar argumentos para detectar la presencia de Dios o del espíritu en la materia o en los hallazgos científicos.

Cuando leí el libro, antes sin duda de 1993, tomé algunas notas, que ahora resultan casi ininteligibles. Por eso, he buscado el libro y los argumentos de los Bogdanov y de Guitton a los que aludo en las notas y sin los cuales es imposible entender mis opiniones. He escrito en otro color todo lo que he añadido ahora, en abril de 2017.

Los hermanos Bogdanov y Guitton comentan varios resultados e interpretaciones de la mecánica cuántica para apoyar su idea de que existe un espíritu en la materia.

En primer lugar, se refieren al experimento de la doble rendija.

Los hermanos Bogdanov se refieren al “famoso experimento que el físico
inglés Thomas Young realizó por primera vez en 1801″:

I.B: “Imaginemos de nuevo el dispositivo: una superficie plana, horadada por dos rendijas; una fuente luminosa, situada delante; y una pantalla, colocada detrás. A partir de aquí, ¿qué sucede cuando los «granos de luz» que son los fotones atraviesan las dos rendijas y encuentran la pantalla que hay detrás? Desde 1801, la respuesta es clásica:se observa en la pantalla una serie de rayas verticales, alternativamente oscuras y claras, cuyo trazado general evoca inmediatamente el fenómeno de las interferencias”.

Entonces es Jean Guiton quien responde y dice que para Einstein la luz está compuesta de pequeños granos, los fotones, y se pregunta:

“¿Cómo pueden miriadas de granos turbulentos, separados unos de otros, configurar las coherentes y precisas formas de las bandas alternativamente claras y oscuras?”

Se trata, claro, del fenómeno de la dualidad  onda-partícula. Es decir el hecho observado de que los fotones se comportan como ondas y como partículas. Apunté al margen:

No parece tan difícil explicar las rayas coherentes y precisas, que pueden producirse, creo yo, también con proyectiles macroscópicos.

Después muestran la célebre paradoja del experimento de la doble rendija:

“Supongamos, en primer lugar, que cierro una de las dos rendijas, la izquierda, por ejemplo. Ahora, los fotones deberán pasar por la única rendija existente, la derecha. Reduzcamos la intensidad de la fuente luminosa hasta que emita los fotones de uno en uno. «Disparemos» ahora un fotón. Un instante más tarde, el fotón pasa por la única rendija abierta y alcanza la pantalla. Como conocemos su origen, su velocidad y su dirección, podríamos, con ayuda de
las leyes de Newton, predecir exactamente el punto de impacto de nuestro fotón en la pantalla. Introduzcamos ahora en el experimento un elemento nuevo: vamos a abrir la rendija de la izquierda. Seguimos después la trayectoria de un nuevo fotón en dirección a la misma rendija, la de la derecha. Recordemos que nuestro segundo fotón parte del mismo lugar que el primero, se desplaza a la misma velocidad y en la misma dirección.
J. G.—Si he comprendido bien, la única diferencia en este segundo «disparo de fotón» es que, al contrario que en el primer caso, la rendija de la izquierda ahora permanece abierta…

 

G. B.—Exactamente. En buena lógica, el fotón número dos debería golpear la pantalla exactamente en el mismo sitio que el fotón número uno. Pues bien, no sucede nada de eso. El fotón número dos golpea, efectivamente, la pantalla en un sitio muy diferente, completamente distinto del punto de impacto del primero. Es decir, todo sucede como si el comportamiento del fotón número dos hubiera sido modificado por la apertura de la rendija de la izquierda. El misterio es éste: ¿cómo ha «descubierto» el fotón que la rendija izquierda estaba abierta? Antes de intentar responder, vayamos más lejos. Continuemos despachando fotones de uno en uno en dirección a la placa, sin apuntar a ninguna rendija. ¿Qué constatamos al cabo de cierto tiempo? Que, en contra de lo esperado, la acumulación de impactos de los fotones en la pantalla forma progresivamente la trama de interferencia producida instantáneamente en el curso del experimento inicial”.

Aquí apunté:

En cuanto a lo de cerrar y abrir una rendija, puede ser interpretado de diversas maneras.

Lo mismo se puede decir de que el fotón no impacte en el mismo lugar. A lo mejor hay que saber mucha física, pero en lenguaje corriente no es tan convincente.

Me refería a las diversas interpretaciones que se han hecho de estos resultados, como la de los mundos múltiples de Everett o la probabilística. Pero, sin tener en cuenta esas interpretaciones y simplemente desde el punto de vista de un lector profano que no sabe nada de física cuántica, la explicación de los Bogdanov y Guitton es imprecisa. Antes de llegar a conclusiones tan aventuradas, habría que explicar: ¿cómo sabemos que el impacto de cada lanzamiento es exactamente el mismo y que cada fotón golpeado es exactamente idéntico? Si tenemos un rifle y disparamos a una distancia equivalente a la del fotón y la pared tras las rendijas, lo que probablemente equivalga a muchísimos metros, quizá kilómetros (pues estamos hablando de la partícula más pequeña de luz, el fotón), no estoy seguro de que el mejor cazador o un rifle puramente mecánico pudiera impactar exactamente en el mismo punto. Así que los disparos no impactan en el mismo punto tanto si se abre una rendija como si se abren las dos, como prueba el hecho de que cuando continúa el experimento los impactos van formando un patrón de interferencia, a pesar de que se supone que en muchos disparos nos encontraremos con la misma situación de las rendijas (abiertas o cerradas, una o las dos) y con el mismo disparo en teoría. Parece, por lo tanto, que a falta de más precisiones, el hecho de abrir la otra rendija no es lo que hace que el segundo impacto no sea en el mismo lugar. Por otra parte, un fotón es algo ínfimo en comparación con el universo circundante, lleno de átomos y donde operan todo tipo de fuerzas: nucleares fuerte y débil, gravedad, electromagnética. ¿Cómo podemos saber que esa partícula ínfima no es afectada por esas fuerzas u otras del mismo modo que una mota de polvo es afectada y se desvía al caer en el aire y chocar con otras partículas y motas de polvo? Incluso en una condición ideal de aislamiento absoluto… ¿realmente podemos asegurar ese aislamiento para un fotón teniendo en cuenta que, por ejemplo, los neutrinos que tienen una masa dos millones de veces inferior a la de un electrón?

Estoy hablando, por supuesto, desde mi profunda ignorancia, como ya aclaré en una nota que se puede leer más abajo escrita en 1994, pero aunque mi objeción no tenga sentido, la explicación de los Bogdanov y Guitton debería aclarar esa imprecisión en su explicación. Sé que esta objeción mía no tiene mucho sentido, o al menos creo recordar que así lo entendí en algún momento, pero ahora me cuesta recordarlo con precisión. Tal vez se explique en mi Filosofía de la física cuántica. En cualquier caso, aunque mis objeciones no tengan validez, como sospecho, no hay ninguna razón para postular a un Dios o a una conciencia cósmica para explicar el resultado del experimento de la doble rendija.

Después anoté:

Lo del gato de Schrodinger resulta igualmente discutible.

Aquí me refería al célebre experimento del gato propuesto por Erwin Schrödinger para mostrar el absurdo del principio de Heisenberg, pero que acabó sirviendo precisamente para sustentar la interpretación de Copenhague.

Los hermanos Bogdanov también se refieren al experimento del péndulo de Foucault y con sus resultados intentan probar una especie de conciencia cósmica:

“La conclusión que se extrae del experimento de Foucault es pasmosa: indiferente a las masas —considerables, sin embargo— de los soles y galaxias próximas, el plano de oscilación del péndulo se alinea con objetos celestes que se encuentran en el horizonte del universo, a vertiginosas distancias de la Tierra.

En la medida en que la totalidad de la masa visible del universo se encuentra en los miles de millones de galaxias lejanas, esto significa que el comportamiento del péndulo está determinado por el universo en conjunto y no solamente por los objetos celestes que están próximos a la
Tierra.’

En otras palabras, si levanto este simple vaso de la mesa, pongo en juego fuerzas que implican al universo entero: todo lo que sucede en nuestro minúsculo planeta está en relación con la inmensidad cósmica, como si cada parre llevase dentro la totalidad del universo. Con el péndulo de Foucault estamos, pues, forzados a reconocer que existe una misteriosa interacción entre todos los átomos del universo, interacción en la que no interviene ningún intercambio de energía ni fuerza alguna pero que, sin embargo, conecta el
universo en una única totalidad.
J. G.—Parece que todo sucede como si una especie de «conciencia» estableciese una conexión entre todos los átomos del universo. Como escribió Teilhard de Chardin: «En cada partícula, en cada átomo, en cada molécula, en cada célula de materia viven escondidas y trabajan a espaldas de todos la omnisciencia de lo eterno y la omnipotencia de lo infinito.»

Mi comentario en este caso fue:

Y también hay manera de explicar lo del péndulo (por ejemplo, una mota de polvo en un disco que gira).

Con esto me refería a que no hace falta recurrir a una conciencia cósmica para explicar la interrelación entre todos los elementos del universo: lo extraño sería que no sucediera así. ¿Podemos imaginar fragmentos del universos desgajados, como islas perdidas sin relación con todo lo que las rodea? Parece difícil y absurdo. A no ser que hablemos de multiuniversos realmente separados.

Con lo de la mota de polvo en un disco, supongo que me refería a que si en un disco de vinilo que gira en el plato de un tocadiscos hay una mota de polvo, esa mota de polvo girará con el disco, no porque se mueva por sí mismo la zona exacta en la que está, sino porque esta zona está en un surco, que está en un sector del disco, que está en el disco, es decir, en el universo. Todo el universo de vinilo gira y con él todas las motas de polvo.

 

En 1994 añadí un comentario:

NOTA 1994: Tengo que admitir que algunas de mis ideas son muy arriesgadas y posiblemente nacen de mi ignorancia. Soy consciente de ello y no pretendo ocultarlo. Cuando equiparo los resultados de los experimentos microscópicos (o cuánticos) con los macroscópicos no digo que sean iguales para nuestra observación, como parece deducirse del texto. En realidad parto de un curioso supuesto: ¿Supongamos unos seres que se hallasen en la misma relación respecto a nuestros fenómenos macroscópicos como nosotros nos hallamos respecto a nuestros fenómenos microscópicos, ¿qué observarí­an y cómo interpretarí­an estos seres experimentos que tuvieran como objeto fenómenos macroscópicos? (Insisto, macroscópicos según nuestra escala, para ellos serían fenómenos microscópicos.

A la luz de este supuesto mío, que posiblemente es una soberana tonterí­a, hay que interpretar mis afirmaciones en este pasaje y en otros semejantes. Pero tengo la esperanza de que este experimento imaginario se pueda hacer mediante una simulación de ordenador, tal vez no recurriendo a seres colosales, sino, por el contrario, suponiendo fenómenos subcuánticos que obedeciesen a leyes del mundo macroscópico, fijando nuestro lí­mite de observación, y viendo si es posible observar, partiendo de esos supuestos, algo semejante a lo que se obtiene en las experiencias cuánticas.

Pondré un ejemplo paralelo:

Si grabamos unas imágenes y las emitimos a super-velocidad, solo veremos manchas borrosas difíciles de interpretar. Si no sabemos que se trata de imágenes a super-velocidad, podemos pensar que efectivamente se trata de manchas ininterpretables o que no se ajustan a nuestros esquemas perceptuales o conceptuales.

 

Epílogo extravagante en 2017

Al buscar fotografías de los hermanos Bogdanov para ilustrar este artículo, me he encontrado con dos sorpresas. La primera es que los hermanos Bogdanov se vieron implicados en un escándalo científico monumental, que revisaré en su momento: ver Bogdanov affair.

La segunda tiene que ver con el quizá más espectacular cambio de imagen de los hermanos Bogdanov.

 

 

Ver también Guitton y la física cuántica


[Las notas originales escritas antes de 1993, publicadas el 21 de abril de 1993]

 Ensayos de teología

Acerca del karma

Originally posted 1993-04-21 12:02:22.

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Einstein y las explicaciones demasiado convincentes

Dennis Overbye, Las pasiones de Einstein, la vida íntima de un genio. Editado por Lumen

Estoy leyendo estos días [septiembre de 2005] Las pasiones de Einstein, una biografía de Einstein tanto desde el punto de vista científico como el personal. Su autor, Dennis Overbye, escribió hace muchos años un libro que mi amigo Jordi Torrent me recomendó (“uno de esos libros que nos gustan a ti y a mí”): Corazones solitarios en el cosmos, pero no llegué a leerlo. Creo que no está traducido.

Al volver a las queridas teorías de la física relativista, he recuperado los placeres de la reflexión pura, que son, junto a hacer el amor y bailar, los mayores que conozco. Precisamente leí hace unos días una frase de Confucio en la que decía: “¿Verdad que es un placer aprender y volver aprender las cosas?”. Sin duda.

La traducción del libro de Overbye

El libro de Overbye sobre Einstein se ocupa de todos los aspectos de la personalidad de Einstein de manera muy interesante, tanto los científicos como los humanos, con excelente explicaciones de los problemas que preocupaban a Einstein y a otros científicos a principios del siglo XX, y de cómo los fueron resolviendo.

La otra parte, a lo que se alude en el subtítulo (“La vida íntima de un genio”) es también interesante, aunque a veces cae en los tópicos de las biografías que quieren tener una explicación para todo, incluso para aquello que no tiene explicación o que no hace falta explicar.

Creo que a este tipo de explicaciones innecesarias y fantasiosas pertenece la que se establece entre Poincaré, Lorentz y Einstein:

“En comparación con el apuesto geómetra francés Poincaré y con el sofisticado y amable holandés Lorentz, Einstein era un mecánico, un niñato electrotechnisher con un afán de economía muy machiano [de Ernst Mach], y en contraste, con una necesidad casi biológica de principios fundamentales: universalidad, ley, orden, Dios -llámenlo como quieran-, logos. Obligado a elegir entre dos de estos principios –la insistencia de Mach en que sólo los movimientos y posiciones relativos tiene relevancia física y el aparente axioma de Maxwell de que las ondas de luz se mueven a velocidad absoluta c-, Albert acabó decidiéndose por los dos”. (Las pasiones de Einstein, 219)

En el párrafo anterior, Overbye plantea la cuestión del desarrollo del pensamiento científico de Einstein como si se tratará de algo casi inevitable dada su extracción social. Suena convincente y sugerente, pero me temo que es sólo una hipótesis ingeniosa.

En general descreo de las explicaciones deslumbrantes en las que todas las piezas parecen encajar como en un mecanismo perfecto, al menos cuando se trata de biografías. Si hubiese sido Lorentz (o incluso Poincaré) el que se hubiese decidido a dar el paso decisivo que conducía a las teorías relativistas, habría sido sencillísimo darle la vuelta al argumento y atribuir al carácter sofisticado y afable de Lorentz la razón de que decidiese que lo mejor era no enfrentar espacio y tiempo, sino unirlos en un sofisticado dúo.

Todo se explica estupendamente con este tipo de recursos tan propios del psicoanálisis y otras teorías psicologistas o sociologistas basadas en el poder de la metáfora, del símil o en una relación causa-efecto fácil, por que el truco en realidad se establece desde el efecto a la causa y no a la inversa: conocemos lo que hizo Einstein (el efecto) y entonces creamos la causa. Sin embargo, como bien explicó Popper, cuando se puede explicar todo, es casi seguro que no se está explicando nada.

Se me podría decir, no obstante, que es sabido que Poincaré bordeó la teoría de la relatividad y que se alejó de ella asustado. Sí, es cierto, pero también le sucedió lo mismo a Einstein al principio, hasta que se decidió a caminar en esa dirección revolucionaria llevado por diversas razones, supongo que algunas personales, pero casi todas fruto de su trabajo intenso en el problema. Y sin embargo, frente al desarrollo de la física cuántica, este mismo Einstein tan revolucionario adoptó una postura considerada conservadora. ¿Lo atribuimos ahora a que se estaba haciendo mayor? Puede ser, aunque pocos científicos han mantenido el vigor especulativo que Einstein mantuvo en su madurez, pese a que sus esfuerzos no alcanzaran en este caso el éxito y no fuera capaz de ofrecer una alternativa no probabilista a la física cuántica.

Ahora bien, hay que recordar que las biografías son quizá el género ensayístico más cercano a la ficción.


(Publicado en septiembre de 2005 en Mundo flotante)

CUADERNO DE CIENCIA

 

Originally posted 2007-08-14 12:02:56.

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Ciencia y mística

Cuando Édouard Schure escribió Grandes iniciados, utilizó argumentos de la ciencia ortodoxa de entonces (siglo XIX o inicios del XX) para apoyar sus argumentos místicos. Ahora, quienes continúan en la estela de Schure siguen el mismo método y recurren a la ciencia para justificar las elucubraciones de sus místicos favoritos. Como es obvio, la ciencia de la época de Schure y la actual ya no es la misma. La ciencia ha cambiado, pero a los místicos que buscan el apoyo de la ciencia a sus teorías eso les da igual y retuercen la comparación, explicando las mismas propuestas de siempre, sea cual sea la actualidad científica. La vaguedad de sus argumentos les permite adaptarse a cualquier ciencia. Nada puede, en realidad refutar sus argumentos, sencillamente porque no se trata de verdaderos argumentos.

*******

Después de publicar lo anterior, recibí un comentario de Sarcástico:

“La ciencia ha cambiado”
Si llamas Ciencia al método científico estarías descalificando entonces a la antropología, la historia, la psicología, la filosofía…
La ciencia no ha cambiado, es la misma que, buscando respuestas cae en repeticiones mismas que, gente como tu critica y señala.
¿Acaso has visto tú un átomo? ¿O repites simplemente como se conforma uno por que así te lo enseñaron?
¿Cual es la diferencia entre eso y la repetición de las masas enajenadas de la Edad Media?

Mi afán es solamente decir que ciencia y mística no son tan distintas pero el divorcio dado debido al abuso de los que estaban en el poder en los 1000-1600 aun remite el estilo.”

En respuesta al comentario de Sarcástico escribí un largo comentario, que reproduzco aquí:

“Creo que quizá no me expliqué claramente, porque no me refería a lo que comentas.
No llamo ciencia al método científico, aunque creo que es difícil hacer ciencia sin seguir el método científico. Tampoco entiendo, por cierto, por qué el método científico no se puede aplicar a ciencias como la antropología, la historia o la psicología. En cuanto a la filosofía, la cosa es más compleja.
Tampoco creo que porque una cosa no sea científica sea por ello mala o incorrecta,  o que ello suponga una descalificación.
Lo que yo quería señalar en la entrada, cuando decía que la ciencia “ha cambiado”, era que la ciencia o las ciencias han cambiado en ciertos campos y en ciertos asuntos: la física de antes de Newton, la de Newton y la relativista de Einstein ofrecen explicaciones diferentes de los fenómenos, explicaciones que a menudo corrigen o refutan las anteriores.

Y si señalaba lo anterior, era para ponerlo en relación con los planteamientos de ciertas explicaciones más o menos místicas que intentan adaptarse a la ciencia del momento (a las explicaciones científicas del momento) para dotarse de prestigio.

A esos místicos, en realidad lo que diga la ciencia (errónea o acertadamente) no les importa: sólo lo usan como un medio para apoyar sus ideas previas. Asegurarán con dogmatismo y seguridad que el éter prueba la existencia de los ectoplasmas, pero si el éter deja de ser admitido por la ciencia, entonces serán los fenómenos cuánticos los que prueben la existencia de los ectoplasmas. Sus pruebas irrefutables de ayer ahora serán otras muy diferentes, lo importante es que sus creencias no cambiarán pase lo que pase, suceda lo que suceda.

En cuanto a la diferencia entre quienes “creen” en lo que dice la ciencia y “las masas enajenadas de la Edad Media”, pues sí, creo que hay bastante diferencia, la que media entre la atención prestada a un razonamiento coherente y la prestada a una afirmación dogmática.

La diferencia es, como decía el ceramista Bernard Palissy hacia 1600, que mientras que los místicos de su época hablaban de mil y una fantasías que nadie podía ver, el invitaba a cualquiera a que visitara su taller, donde por sí mismo podría experimentar y comprobar lo que afirmaba en sus libros y charlas.

Bernard Palissy

La diferencia es que la comprobación científica está al alcance de cualquiera, sin necesidad de ninguna revelación espiritual. No he visto un átomo, pero podría verlo en el acelerador de partículas del CERN, por ejemplo. Es cierto que hay otras partículas subatómicas que no se han visto, pero sí se pueden observar sus efectos, diseñar experimentos, hacer predicciones y comprobar, a la vista de cualquier persona interesada, si se cumplen o no.

Pero, insisto, precisamente la característica de la ciencia es que cambia. Por ejemplo, en el siglo XX cambió la idea que se tenía acerca de los átomos. No porque a un iluminado se le ocurriera, sino porque se propusieron nuevas hipótesis, se sugirieron experimentos que pudieran confirmar o refutar unas u otras teorías y porque esos experimentos, accesibles a cualquier interesado, obligaron a abandonar la antigua imagen.

A mí me gusta o me interesa la mística, o algunos aspectos de la mística, pero creo que es inevitable admitir que ciencia y mística son muy diferentes, en gran parte debido a eso que tu mencionas: el método científico.

Esa diferencia, por otra parte, es algo que admiten los propios místicos y, por supuesto, también los científicos.

Otro asunto es que las conclusiones de un místico y las de un científico puedan coincidir, que pueden hacerlo, por supuesto, pero esa es otra cuestión. Lo importante, lo que caracteriza a ciencia y mística, es cómo se llega a esas conclusiones. Se suele decir que la ciencia explica el “cómo” mientras que la mística se limita a afirmar el “qué”. No sé si es del todo correcto, porque la ciencia, en mi opinión, también explica el qué, pero ese qué lo explica, eso sí, a través del cómo. La ciencia suele hace afirmaciones modestas y las somete a escrutinio, mientras que los místicos hacen afirmaciones asombrosas pero no ofrecen ningún tipo de comprobación o falsación posible.

Cuando las observaciones, predicciones y experimentos de la ciencia muestran repetidamente un error, los científicos se ven obligados a modificar sus teorías y a menudo su visión del universo y la naturaleza, pero cuando un místico se entera de que la ciencia se ha visto obligada a cambiar sus explicaciones, eso no le afecta en absoluto: simplemente sigue diciendo lo mismo pero ahora jura y perjura que la nueva teoría científica también prueba sus afirmaciones y que el hecho de que se haya demostrado falsa la que antes servía de prueba no tiene la más mínima importancia..

*********

[Publicado por primera vez el 6 de junio de 2008]

De Schure también hablo en mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas

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La verdadera historia de las sociedades secretas

Originally posted 2007-08-14 12:02:56.

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Preguntas cuánticas estúpidas

Si la mecánica cuántica no te conmociona profundamente, es que no la has entendido todavía.

[2017: estas son algunas preguntas que me hice en 1995, en un momento en el que estaba muy interesado por la física cuántica. Son preguntas de un ignorante que apenas sabía del tema. Hoy soy un poco menos ignorante, pero sigo sin conocer las respuestas a muchas de las preguntas y haciéndome preguntas incluso más estúpidas]

 

Quizá parezca una tontería, pero, ¿no sería posible que esos electrones cuya trayectoria no se puede predecir fuesen afectados por sucesos exteriores? Me explico, supongo que esos electrones se desplazan en el vacío, pero ¿está realmente vacío ese vacío?, ¿Puede asegurarse?

Por otro lado, el electrón habrá de entrar por una u otra ranura, pero, ¿se pretende que ambas ranuras son exactamente iguales? Con que hubiese una diferencia infinitesimal, el electrón ya no se vería ante posibilidades iguales.

Además, ¿cómo se dispara el electrón?

¿Se pretende que un electrón puede ser lanzado en una línea que sea exactamente equidistante de ambas ranuras?

Otra cosa, ¿los electrones particulares son exactamente iguales que el electrón tipo? Supongo que nadie pretenderá que un cubo de 4×4 centímetros es exactamente igual que otro cubo particular de 4×4 cm, y mucho menos exactamente igual que un cubo ideal de 4x4cm.

No sé cómo se dispararán los electrones, pero ¿se puede asegurar que aquello que los lanza lo hace siempre con la misma intensidad? ¿Es posible decidir de antemano tal intensidad? ¿Es posible decidir de antemano tal intensidad a la escala de un electrón?

Más: el electrón, ¿se mueve libremente?, ¿se impulsa a sí mismo? Lo pregunto porque, de no ser así, no habría que interrogar al electrón, sino a su propulsor.

Estoy casi seguro de que mis objeciones son estúpidas y que se deben a que no he comprendido realmente el asunto, pero seguiré con ello (respecto al momento y posición del electrón) más adelante.

Richard Feynman, el hombre que más sabía de mecánica cuántica en la segunda mitad del siglo XX.


[Escrito en 1995]

 FILOSOFÍA DE LA FÍSICA CUÁNTICA

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[Escrito por primera vez  después de 1994 y antes de 1996, como un trabajo universitario. La edición actual procede de la edición personal de 1998. No he introducido ningún cambio, más allá de correcciones de estilo para hacer más claro el texto y más agradable la lectura. Ver también la categoría Física: ondas y partículas, para anexos acerca del experimento de la doble rendija]

Originally posted 2007-08-14 12:02:56.

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EN LAS FRONTERAS DE LA CIENCIA

|| 1.Homeopatía y frenología

En los últimos años el debate acerca del carácter científico de diversas creencias, teorías o hipótesis ha ocupado el primer plano de la actualidad: la homeopatía, las flores de Bach y las diversas filosofías o técnicas orientales, como el reiki, el yoga, la acupuntura o el ayurveda. Al mismo tiempo, y a menudo asociado con de lo anterior, se propagan teorías conspirativas, como la que dice de que las vacunas no sirven para nada o que trasmiten peligrosos virus para dominar o exterminar a la humanidad.

Es improbable que estas creencias sean aceptadas algún día por la comunidad científica y me temo que la mayoría serán descartadas como mera palabrería. Quizá alguna sea validada mediante pruebas fiables, pero casi todas seguirán, quizá para siempre, en el limbo de lo dudoso, de lo falso o de la simple estafa.

Podemos tener la certeza de que una de las que serán descartadas, al menos en su formulación actual, es la homeopatía, que en nuestros días ocupa un lugar en el imaginario colectivo semejante a lo que fue el mesmerismo en el XVIII y la frenología en el siglo XIX.

El mesmerismo, propuesto por Franz Mesmer, hablaba de un flujo eléctrico que nos recorría y que podía ser restablecido, y con él la salud, mediante el magnetismo animal. El propio Mesmer descubrió que poseía grandes cantidades de ese magnetismo animal, que podía trasmitir a los demás mediante métodos parecidos al reyki, con imposición de manos, e incluso a distancia, pues cuando empezó a tener muchos pacientes se vio obligado a construir una vasija para condensar y distribuir a precios económicos su magnetismo animal. El mesmerismo fue puesto a prueba y descartado por un equipo de sabios organizado por el rey Luis XVI y compuesto por el gran químico Lavoisser, por Joseph Ignace Guillotin, el físico que tuvo la mala suerte de pasar a la historia por un invento que lleva su nombre (él era contrario a la pena de muerte y el artilugio fue inventado por el médico Antoine Louis), por el astrónomo Jean Silvayn Bailly y por el inventor Benjamin Franklin.

La frenología consideraba que la forma del cráneo revelaba la personalidad y que se podía distinguir a los criminales, a los líderes o a los artistas observando  el tamaño y la forma de su cráneo. La frenología tuvo más suerte que el mesmerismo y durante mucho tiempo fue considerada por muchos expertos como una ciencia, e incluso hubo médicos que la aplicaban de modo oficial, como hoy sucede con la homeopatía, y se estudiaba en algunas universidades.

“La Sociedad Británica de Frenología se fundó en 1881. Para entonces, era común ver en los consultorios médicos unos peculiares modelos de cabezas diseñados por el americano Lorenzo Fowler. Dichos modelos ilustraban los diversos órganos de las facultades. Las parejas jóvenes a menudo se sometían a lecturas prematrimoniales para determinar su compatibilidad, y los científicos de la aptitud coleccionaban cráneos con “bultos” que delatasen los rasgos de sus dueños originales, como quien colecciona curiosidades”.    [1] E.J.Wagner, La ciencia de Sherlock Holmes

Moriarty, el temible enemigo de Sherlock Holmes, era un creyente en la frenología, aunque el cráneo del célebre detective le decepcionó: “Tiene usted un desarrollo
frontal menor al que habría esperado”. Tal vez debemos atribuir a esta creencia en una seudociencia, la razón por la que Moriarty subestimó a Holmes, lo que a su vez hizo que fuera vencido por el detective en el combate final en las cataratas de Reichenbach.

Con el tiempo, sin embargo, la frenología acabó siendo arrojada al desván de las supersticiones.

Reverso de una camiseta diseñada por TXStyle en homenaje al dulo Moriarty-Holmes

¿Y qué quedó de la frenología y el mesmerismo?

Continuará…

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