Los filoetimólogos

Platón por Giovanni Pisano

Con la expresión filoetimólogos me refiero a los filósofos que piensan que las cosas se pueden explicar conociendo el origen de la palabra que designa esa cosa. Aunque es cierto que en muchas ocasiones el origen de una palabra ayuda a comprender muchas conceptos, se trata de una de esas típicas verdades que se han convertido en errores porque han sido exageradas y llevadas al extremo, utilizaándose fuera de su campo de acción y queriendo explicarlo todo.

Que yo sepa, el primer filoetimólogo, la primera persona que usó la etimología para demostrar y explicar la realidad fue Platón, quien a menudo, dicen los expertos, se inventaba incluso la etimología de las palabras, para así demostrar mejor su tesis.

Entre los filoetimólogos posteriores, ha habido dos escuelas muy importantes: la que considera que el idioma que esconde el secreto de la realidad es el griego y quienes se inclinan por el alemán. Al parecer, algunos pensadores aseguran que en árabe no se puede decir nada falso por la misma esencia del lenguaje árabe, lo que resulta muy difícil de creer.

Naturalmente, los filoetimólogos más sofisticados son los estudiosos de la Cábala y los escritores talmúdicos, que encontraban en cada palabra, frase o letra uno o varios sentidos ocultos. Hace años escribí un cuento que trataba de esto: La Nueva Teología, que estaba incluido en mi libro Recuerdos de la era analógica, pero que finalmente se ha publicado en El camino de los mitos II.

En mi ensayo Elogio de la infidelidad, hablo de los filoetimólogos y pongo un ejemplo más o menos real de la etimología de la palabra religión. Lo copio aquí:

“Sin embargo, hay otra legión de filósofos del lenguaje que no son los filósofos del lenguaje propiamente dichos: son quienes buscan en el origen y la evolución de las palabras la solución de los problemas. Se les puede llamar filoetimólogos, porque confían en que la etimología proporcione las respuestas a problemas que parecían insolubles.
Por ejemplo, ¿qué es la religión? Los filoetimólogos responden:

“Religión es lo que une, porque religión viene de “religo/as” unir lo que estaba separado. ¿Y qué unión es esta? La que ha de existir entre el hombre y Dios, o entre el hombre y la naturaleza, o entre el hombre y la humanidad. Unión, en cualquier caso de algo separado, concepto amplio que nos permite abandonar la idea trivial de un Dios personal y aceptar que también el budismo es una religión, una religión sin Dios, como sostenía Helmunt von Glasenapp .”

Si esto se pronuncia con suficiente solemnidad, puede causar un gran efecto en la audiencia, que queda narcotizada momentáneamente.”

 

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[Publicado el 24 de abril de 2004]

Empleo la palabra filoetimólogos en el juego de Fritz Mauthner “La doble etimología

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SIGNOS

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cibernia

JUEGOS CON EL LENGUAJE

 

Originally posted 2012-08-30 01:39:29.

Yang Zhu, el sabio escondido que llenó el mundo de palabras

YangZhuEl confuciano Mencio aseguraba que las palabras de Yang Chu y Mo Ti llenaban el mundo. Hoy en día, sin embargo, solo se conserva un libro de Mo Ti, La doctrina del Amor Universal, y ninguno de Yang Chu. ¿Quién es este hombre antes tan conocido y ahora tan olvidado?

Se llamaba Yang Zhu (pronunciado Yang Chu), o Yang Zi (Maestro Yang), o Yang Sheng, o incluso Yang Zi Ju. Es probable que fuera uno de los primeros taoístas. Parece indiscutible que vivió antes de la época de Mencio o que fue su contemporáneo, ya que, como hemos visto, es mencionado por él. Los expertos lo consideran posterior a Mo Di, aunque no he descubierto las razones que fundamentan esa opinión. La conclusión es que Yang Chu debió dedicarse a llenar el mundo de palabras entre el año -479, que es cuando nació Mo Di, y el año -331, época de la madurez de Mencio. Iñaki Preciado ofrece un margen de fechas más estrecho: entre -395 y -335. Todas las fechas pertenecen a la época de los Reinos Combatientes, cuando varios estados se disputaban un territorio que con el tiempo sería conocido como China. Tiempo de guerra constante, de inseguridad y de violencia, lo que quizá explique algunas de las ideas de Yang Zhu.

Yang Zhu era natural del estado de Wei, pero vivió en Lu y en  Song. También se dice que llegó a encontrarse con el rey Hui de Liang, con quien discutió sobre los principios del Imperio. Durante un viaje al sur conoció a Lao Dan, el hombre al que se atribuye el Lao zi. En otro libro quizá taoísta, el Zhuang Zi, se dice de manera explícita que era discípulo de Lao Dan. No he encontrado ninguna mención a obras escritas por él, pero algunas de sus ideas se exponen en el Lie zi, un libro taoísta tardío que se atribuye a un tal Lie Yu-kou.

 

¿Quién era Yang Zhu?

En el Lie zi hay un capítulo llamado “Yang Zhu” en el que exponen sus ideas como las de un hedonista extremo. Sin embargo, Fung Yu Lang dice que se duda mucho de la autenticidad del Lie zi. El libro, como es obvio, existe, pero parece que no es el mismo texto del que haba la tradición taoísta, sino que se trata de una falsificación posterior.
Según Fung Yu Lang, las ideas expresadas en ese capítulo del Lie zi no “son congruentes” con las que aparecen en otras fuentes tempranas, en las que Yang Chu “nunca es presentado como hedonista”. Sé que existe un libro de Forke llamado El jardín de los placeres de Yang Chu, donde, supongo, se presenta a un personaje llamado Yang Zhu, pero no sé si inspirado en ése que aparece en el Lie Zi.
El Yan Zhu que aparece en el Lie Zi, sea quien sea, resulta un filósofo muy interesante. No sería la primera vez que un filósofo de papel, un pensador inventado, supera a aquel de quien toma el nombre.

En primer lugar, hay que decir que Yang Chu era un ying shi o ‘sabio escondido’, para quienes “fama, poder, riquezas, son palabras vacías”. Eso quizá explique que no se conserve nada seguro y concreto de él.

En el Lie zi se dice “Yang Sheng (Yang Zhu) evaluó el ego”. Parece que eso debe entenderse como una reivindicación del egoísmo, pues tenía un principio que decía: “Cada quien para sí mismo”. También se asegura que “aunque hubiera aprovechado a todo el mundo si se hubiese arrancado un sólo cabello, él no lo habría hecho”. La idea se repite en otro libro, el Hanfei zi, con algunas precisiones que muestran a Yang Zhu quizá más prudente que egoísta: “Hay un hombre cuya política es no entrar en una ciudad cuando está en peligro, ni permanecer en el ejército. Aún para el mayor provecho de todo el mundo, no se arrancaría un sólo pelo de la cabeza… es el que desprecia las cosas y aprecia la vida”. Un tercer libro, el Huainan zi repite este instinto de supervivencia: “Conservar la vida y mantener lo que es auténtico en ella; no permitir que las cosas se enreden con la propia persona: eso es lo que estableció Yang Zhu”.

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[Escrito en 1997]

NOTA EN 2014: “EL jardín de los placeres de Yang Chu” es, al parecer, la traducción de Forke de los pasajes del Lie zi en los que se habla de Yang Zhu. Se puede leer aquí, en inglés “The garden of pleasures of Yang Chu”

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Originally posted 1997-01-02 12:02:52.

Zenón de Elea y el cine

Heráclito decía panta rei, todo fluye.

Ahora sabemos que algo que no se mueve, algo estático, como las imágenes de los fotogramas del cine, puede parecer que se mueve.

Tal vez el río de Heráclito sea una ilusión y tuviera razón Zenón al decir que no existe el movimiento. El movimiento sería en realidad un producto imaginario, como el de nuestra percepción a modo de un proyector de cine.


 

Originally posted 2008-01-14 00:14:38.

La curiosidad contra la certeza dogmática

En el tren Tarragona-Madrid. Foto de Daniel Tubau

En el tren Tarragona-Madrid. Foto de Daniel Tubau

El análisis que hace Marquard de la curiosidad, considerada por quienes creen en una verdad fuera del mundo (religión, gnosticismo) como una especie de perversión, también se puede aplicar a los que creen en cualquier cosa paranormal, paracientífica o paramédica (homeopatía, flores de Bach, ayurveda, etc).

Por un lado, quienes creen en tales cosas reprochan a quienes discuten sus ideas que su rechazo se debe a una especie de conservadurismo que les lleva a aceptar tan solo lo establecido y les impide tener una mente abierta para lo que no coincide con las ideas ortodoxas.

Sin embargo, la mayoría de los creyentes en esas ideas revelan casi enseguida la verdadera naturaleza de su creencia cuando se niegan a examinarla o ponerla a prueba: su supuesta apertura solo llega hasta la aceptación acrítica de esa verdad heterodoxa, pero no va más allá. No hay verdadera curiosidad, sino que aplican el dogmatismo que suele aplicarse a lo establecido (y que ellos tan bien señalan) a aquello otro que está fuera de lo establecido pero que ellos han decidido abrazar.

En la discusión racional acerca de sus ideas se impacientan muy pronto, no toman como un placer el indagar sus posibles fallos, investigar los detalles comprometedores. En definitiva, se muestran tan poco curiosos como cualquier persona que acepta acríticamete una idea o una religión, incluidos algunos cientifistas que solo toman los resultados de la ciencia pero tampoco aplican sus herramientas de duda, examen y puesta a prueba. Tampoco aplican el principio básico que dice que mientras más extravagante o excéntrica sea una hipótesis más importante es ofrecer experimentos y demostraciones que puedan ser sometidas a investigación contrastable.

La curiosidad verdadera no consiste, en definitiva, en aceptar un dogma heterodoxo, sino en dudar de cualquier dogma y examinar todo con atención, sintiendo un verdadero placer por la investigación misma y no porque esa investigación confirme nuestras ideas previas. La curiosidad nos lleva a mirar detrás de la cortina para descubrir el truco.

Lamentablemente, este tipo de curiosidad pura, que es según Aristóteles el origen mismo de la filosofía, es escasa y la mayoría de las personas leen e investigan con el único objetivo de confirmar sus ideas, pero raramente están abiertos a la fascinante posibilidad de cambiar de opinión.

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Originally posted 2013-11-29 12:37:01.

Leibniz y el sonido

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Dice Leibniz:

“Es claro que para percibir efectivamente el ruido de las olas debemos percibir el que produce cada una de las gotas de agua de que están compuestas las olas. Siendo así que este imperceptible ruido sólo en unión con todos los demás, es decir, en el estrépito de la ola, es perceptible, y no lo sería si la gota en cuestión fuese única.”

No estoy de acuerdo con esta explicación. Aunque no conozco a fondo la teoría del sonido. Me da la impresión de que la unión de los sonidos de las gotas no es lo que produce el gran sonido, sino que es la unión de las gotas en relación con el espacio lo que lo produce. Es un problema análogo, me parece, al de los esquíes que no se hunden en la nieve.

 

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Originally posted 1995-11-11 00:00:34.

Por qué un caballo blanco no es un caballo

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La escuela de los Nombres (Ming Chia) se desarrolló entre el año -300 y el -200.  Su representante más famoso fue Gongsun Long, quien dijo que un caballo blanco no es un caballo.

Al parecer, a Gongsun Long le preguntaron si había llegado a la ciudad en un caballo y él dijo que no, porque había llegado en un caballo blanco, y un caballo blanco no es un caballo.

Parece una afirmación absurda, pero es completamente cierta, al menos en algún sentido.

Esto se ve de manera muy sencilla si examinamos atentamente la afirmación:

“Un caballo blanco es un caballo”

Es decir:

Caballo blanco=caballo

Pero si caballo blanco es lo mismo que caballo, entonces en cualquier ntexto en el que aparezca la palabra caballo se podrá sustituir cualquiera de los miembros de la igualdad “caballo=caballo blanco”. Es decir, donde pone caballo podríamos poner caballo blanco.

Por ejemplo:

Un caballo negro es un caballo

sería lo mismo que:

Un caballo negro es un caballo blanco

Con lo que llegamos a afirmaciones bastante absurdas, ¿no es cierto?

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Originally posted 2003-08-03 12:01:28.

Relativismo cultural y malos tratos

imagesCARI919CImaginemos que yo le cuento a una amiga  que en otro país conocí a un señor encantador, pero que pertenecía a una etnia en la que estaba permitido pegar a las mujeres, así que ese señor me contó entusiasmado cómo pegaba todos los días a su mujer y cómo ella lo aceptaba sin protestar, porque esa era la costumbre.

Mi amiga, a la que conozco por sus simpatías feministas y su lucha contra el machismo y los maltratadores, me sorprende al responderme que hay que comprender a este hombre porque pertenece a una cultura diferente y no podemos juzgar desde nuestros propios esquemas una tradición ajena.

¿Cómo es posible que mi amiga me responda de esta manera?

La respuesta es, por supuesto, que mi amiga es una relativista cultural, así que, gracias a sus ideas antropológicas, ha podido reprimir la indignación que sin duda se habría despertado en ella si yo le hubiera dicho  que el maltratador era un amigo mío, alguien que pertenecía a nuestra propia cultura.

Reacciones semejantes a la de esta amiga (no tan imaginaria), se dan con frecuencia cuando hablas con relativistas culturales, en especial con antropólogos. Si la cuestión del maltrato se le plantea a un varón relativista, él tendrá incluso menos dudas que la mujer, sin duda porque la mujer relativista sentirá una mayor tensión intelectual y emocional entre sus ideas en general y sus ideas en particular acerca de una cultura ajena.

Esa actitud de respeto a los maltratadores es definida por sus partidarios como respeto a las culturas. Quizá lo sea, puesto que, sean lo que sean las culturas, es obvio que no tiene nada que ver con el respeto a las personas.

Ahora bien, si una situación equivalente a la que he descrito se da en la propia cultura, la actitud del maltratador es condenada sin paliativos…

Sin embargo, bien podría decirse que un señor que pega a su mujer en España lo hace porque ha recibido una determinada educación y pertenece también a una determinada cultura: la española. Si somos honestos, él sigue una tradición de siglos, mientras que los que nos oponemos a esa tradición de siglos somos peligrosos innovadores, como cuando rechazamos otros rasgos propios y característicos de la cultura española como son el maltrato a los animales en las fiestas populares.

Si el relativismo cultural se aplicase de manera coherente, deberíamos también respetar las costumbres de nuestra cultura, que estaban ahí antes de que llegásemos nosotros. Sin embargo, lo habitual es que todo el mundo reaccione indignado contra el maltratador y que se intente acabar con ese comportamiento, mediante razones o mediante castigos legales. Si alguien de nuestra cultura hace algo que consideramos erróneo, cruel o injusto, intentamos convencerlo e incluso obligarlo a cambiar de actitud. Lo hacemos porque consideramos que estamos con una persona con la que se puede razonar y argumentar o que, si no reacciona y depone su agresividad y violencia contra otros, debe ser castigada de algún modo.

Ahora bien, como ya he dicho, eso no sucede cuando estamos ante alguien de otra cultura, porque con esa persona de una cultura ajena se renuncia a hablar, razonar o argumentar. Esa diferencia de trato entre los nuestros y los ajenos no es muy distinta del racismo y el paternalismo, aunque se disfrace de respeto a lo diferente. En cuanto a mí, prefiero discutir con personas y no con culturas encarnadas, porque, como decía Chesterton, no es lo mismo amar a la Humanidad que amar a los hombres.


[Escrito en mayo de 1996]

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Ética, costumbres. sociedad, prejuicios

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Originally posted 1996-05-16 09:58:30.

Mímesis y símbolos

Joaquín Lomba Fuentes, en La filosofía judía en Zaragoza, llama la atención acerca de una importante diferencia entre el “horizonte cultural” judaico y el griego:

“Frente a un mundo mimético griego que remite a un universo de modelos significados, el judaico presenta el mundo como un conjunto de símbolos substantes en sí mismos y que mueven no a la inteligencia, que busca significados a través de significantes, sino a la imaginación, sensibilidad y conocimiento-praxis en busca de la instalación de la conciencia en otro u otros niveles simbólicos. Y este carácter que es propio del mundo judío podemos extenderlo al mundo semita en general, incluyendo la cultura islámica.”

lombafuentesEsta diferencia entre mímesis y simbolización probablemente puede dar lugar a una interesante investigación, más que nada teniendo en cuenta la crítica moderna al concepto griego de mímesis o imitación. Es evidente que en el arte la cosa misma (la cosa en sí o noúmeno, aquello que está más allá de las apariencias) no puede darse, sino que debe ser presentada o bien mediante una imitación o bien mediante una simbolización (no me detendré ahora a pensar si existen otras maneras de presentación de la cosa en sí).

Si queremos contar el nacimiento de Jesucristo o de Mitra podemos hacerlo mediante una duplicación de ese suceso que haga que el espectador sienta que lo está viendo de nuevo. Eso sería la mímesis.

También podemos hacerlo a través de la simbolización: mediante simbolos que el espectador descifra: este simbolo es Mitra, este otro Jesucristo, aquél de allá el nacimiento de un dios.

Una imagen equívoca que se mueve entre el símbolo y la imitación. Ademas ambigua, porque podría ser identificada como su dios tanto por los mitraístas como por los primeros cristianos (e incluso por los órficos)

Una imagen equívoca que se mueve entre el símbolo y la imitación. Ademas ambigua, porque podría ser identificada como su dios tanto por los mitraístas como por los primeros cristianos (e incluso por los órficos)

Pero creo que Lomba Fuentes se equivoca en la parte final al caracterizar el modo semita y el modo griego. Al menos desde el punto de vista del arte y del espectador, el modo mimético tiene más bien las características que Lomba Fuentes atribuye al simbólico: quien ve la estatua de Apolo cree estar ante el mismo dios Apolo, quien asiste a una representación de Sófocles por un momento cree estar viendo realmente el asesinato de Edipo. Es decir, pone en marcha su imaginación y su sensibilidad tanto o más que su inteligencia. Por el contrario, en el simbolismo semita lo que fundamentalmente se pone en marcha es la inteligencia y la búsqueda de significados para esos significantes que se le muestran. Al menos en el terreno del arte y la estética. Pero quizá Lomba Fuentes se refiere al terreno de la pura especulación filosófica, aunque lo llame “horizonte cultural”.

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[Escrito antes de 1989. Las imágenes y el texto en verde son de 2014]

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Joaquín Lomba Fuentes

NOTA en 2014

Recuerdo todavía la gran emoción intelectual que supuso para mí la lectura. hacia 1989, de los dos libros de Joaquín Lomba Fuentes La filosofía judía en Zaragoza y La filosofía islámica en Zaragoza. Son dos libros magníficos.

Tiempo después, escribí un comentario a esta entrada: “¿Es el arte siempre imitación?”



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Originally posted 2007-11-02 09:08:10.

Wittgenstein, Neurath y los memes

OttoNeurath cvrTanto el intento de Neurath con sus protocolos, como el de Wittgenstein con sus proposiciones atómicas, se asemejan a la teoría de los memes no sólo en su ambición de convertir en definida una cosas tan ambigua como puede ser una idea, sino también en el tono de su discurso y en su ambición reduccionista. Todos ellos pretendían de alguna manera ser antimetafísicos, pero todos ellos acaban cayendo en una especie de metafísica materialista. Todos ellos son herederos de una u otra manera de la teoría de las Ideas de Platón, que ya en su época fue ridiculizada por sus detractores con argumentos que se podrían aplicar a los memes cambiando sólo algún detalle.

 

 

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ENSAYOS DIGITALES

Originally posted 2008-03-05 16:06:50.

Para qué he vivido, por Bertrand Russell
[PÓRTICO]

 Tres pasiones simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Eso era lo que buscaba y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacia volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.
Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad.

bellasartesbnAL LECTOR DE ESKLEPSIS

Tengo más libros de Bertrand Russell que de cualquier otro filósofo. Este pensador, que durante mucho tiempo ha sido considerado el mayor filósofo del siglo XX, ahora parece que comienza a descender en el escalafón. Es raro encontrar referencias a sus libros en los filósofos actuales.

Soy muy aficionado a todo tipo de juegos: ajedrez, parchís, naipes, billar, y detesto las trampas. Alguien, tal vez mi madre, logró inculcarme desde pequeño que la victoria en el juego sólo es dulce si es consecuencia de seguir las normas aceptadas por todos los participantes. No vale la pena ganar si la victoria no es consecuencia del respeto a las reglas (reglas que se han aceptado libremente). Con pocas personas puedo estar seguro de poder mantener una discusión de manera semejante a lo que he descrito para los juegos, es decir: aceptando previamente ser vencido o vencer sólo por el peso de las razones, no por el de los prejuicios, la oratoria o el dogma. Bertrand Russell es una de esas personas. He aprendido mucho leyendo sus libros y mis opiniones son en muchos casos tan semejantes a las suyas que incluso las diferencias que nos separan, en todo lo que no sean cuestiones de gusto, estoy seguro de que se habrían resuelto a su favor o al mío en caso de que pudiese haberlas discutido con él.

El texto de Russell que he seleccionado para este Pórtico se puede leer al comienzo de sus Memorias, y quizá podría motivar un comentario acerca de la  incompatibilidad entre razón y pasión, pero basta con las palabras de Russell para entender que eso no son sino sandeces.

 

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[El número 3 de Esklepsis fue publicado en 1996]

Para saber qué era  Esklepsis y ver el contenido de los cinco números: ¿Qué es Esklepsis?

 

PÁGINAS DE ESKLEPSIS 3

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Originally posted 2012-05-04 15:43:31.