Leibniz y el sonido

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Dice Leibniz:

“Es claro que para percibir efectivamente el ruido de las olas debemos percibir el que produce cada una de las gotas de agua de que están compuestas las olas. Siendo así que este imperceptible ruido sólo en unión con todos los demás, es decir, en el estrépito de la ola, es perceptible, y no lo sería si la gota en cuestión fuese única.”

No estoy de acuerdo con esta explicación. Aunque no conozco a fondo la teoría del sonido. Me da la impresión de que la unión de los sonidos de las gotas no es lo que produce el gran sonido, sino que es la unión de las gotas en relación con el espacio lo que lo produce. Es un problema análogo, me parece, al de los esquíes que no se hunden en la nieve.

 

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Originally posted 1995-11-11 00:00:34.

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Por qué un caballo blanco no es un caballo

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La escuela de los Nombres (Ming Chia) se desarrolló entre el año -300 y el -200.  Su representante más famoso fue Gongsun Long, quien dijo que un caballo blanco no es un caballo.

Al parecer, a Gongsun Long le preguntaron si había llegado a la ciudad en un caballo y él dijo que no, porque había llegado en un caballo blanco, y un caballo blanco no es un caballo.

Parece una afirmación absurda, pero es completamente cierta, al menos en algún sentido.

Esto se ve de manera muy sencilla si examinamos atentamente la afirmación:

“Un caballo blanco es un caballo”

Es decir:

Caballo blanco=caballo

Pero si caballo blanco es lo mismo que caballo, entonces en cualquier ntexto en el que aparezca la palabra caballo se podrá sustituir cualquiera de los miembros de la igualdad “caballo=caballo blanco”. Es decir, donde pone caballo podríamos poner caballo blanco.

Por ejemplo:

Un caballo negro es un caballo

sería lo mismo que:

Un caballo negro es un caballo blanco

Con lo que llegamos a afirmaciones bastante absurdas, ¿no es cierto?

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Originally posted 2003-08-03 12:01:28.

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Relativismo cultural y malos tratos

imagesCARI919CImaginemos que yo le cuento a una amiga  que en otro país conocí a un señor encantador, pero que pertenecía a una etnia en la que estaba permitido pegar a las mujeres, así que ese señor me contó entusiasmado cómo pegaba todos los días a su mujer y cómo ella lo aceptaba sin protestar, porque esa era la costumbre.

Mi amiga, a la que conozco por sus simpatías feministas y su lucha contra el machismo y los maltratadores, me sorprende al responderme que hay que comprender a este hombre porque pertenece a una cultura diferente y no podemos juzgar desde nuestros propios esquemas una tradición ajena.

¿Cómo es posible que mi amiga me responda de esta manera?

La respuesta es, por supuesto, que mi amiga es una relativista cultural, así que, gracias a sus ideas antropológicas, ha podido reprimir la indignación que sin duda se habría despertado en ella si yo le hubiera dicho  que el maltratador era un amigo mío, alguien que pertenecía a nuestra propia cultura.

Reacciones semejantes a la de esta amiga (no tan imaginaria), se dan con frecuencia cuando hablas con relativistas culturales, en especial con antropólogos. Si la cuestión del maltrato se le plantea a un varón relativista, él tendrá incluso menos dudas que la mujer, sin duda porque la mujer relativista sentirá una mayor tensión intelectual y emocional entre sus ideas en general y sus ideas en particular acerca de una cultura ajena.

Esa actitud de respeto a los maltratadores es definida por sus partidarios como respeto a las culturas. Quizá lo sea, puesto que, sean lo que sean las culturas, es obvio que no tiene nada que ver con el respeto a las personas.

Ahora bien, si una situación equivalente a la que he descrito se da en la propia cultura, la actitud del maltratador es condenada sin paliativos…

Sin embargo, bien podría decirse que un señor que pega a su mujer en España lo hace porque ha recibido una determinada educación y pertenece también a una determinada cultura: la española. Si somos honestos, él sigue una tradición de siglos, mientras que los que nos oponemos a esa tradición de siglos somos peligrosos innovadores, como cuando rechazamos otros rasgos propios y característicos de la cultura española como son el maltrato a los animales en las fiestas populares.

Si el relativismo cultural se aplicase de manera coherente, deberíamos también respetar las costumbres de nuestra cultura, que estaban ahí antes de que llegásemos nosotros. Sin embargo, lo habitual es que todo el mundo reaccione indignado contra el maltratador y que se intente acabar con ese comportamiento, mediante razones o mediante castigos legales. Si alguien de nuestra cultura hace algo que consideramos erróneo, cruel o injusto, intentamos convencerlo e incluso obligarlo a cambiar de actitud. Lo hacemos porque consideramos que estamos con una persona con la que se puede razonar y argumentar o que, si no reacciona y depone su agresividad y violencia contra otros, debe ser castigada de algún modo.

Ahora bien, como ya he dicho, eso no sucede cuando estamos ante alguien de otra cultura, porque con esa persona de una cultura ajena se renuncia a hablar, razonar o argumentar. Esa diferencia de trato entre los nuestros y los ajenos no es muy distinta del racismo y el paternalismo, aunque se disfrace de respeto a lo diferente. En cuanto a mí, prefiero discutir con personas y no con culturas encarnadas, porque, como decía Chesterton, no es lo mismo amar a la Humanidad que amar a los hombres.


[Escrito en mayo de 1996]

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Toda la filosofía en este enlace

Ética, costumbres. sociedad, prejuicios

Originally posted 2003-08-03 12:01:28.

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Mímesis y símbolos

Joaquín Lomba Fuentes, en La filosofía judía en Zaragoza, llama la atención acerca de una importante diferencia entre el “horizonte cultural” judaico y el griego:

“Frente a un mundo mimético griego que remite a un universo de modelos significados, el judaico presenta el mundo como un conjunto de símbolos substantes en sí mismos y que mueven no a la inteligencia, que busca significados a través de significantes, sino a la imaginación, sensibilidad y conocimiento-praxis en busca de la instalación de la conciencia en otro u otros niveles simbólicos. Y este carácter que es propio del mundo judío podemos extenderlo al mundo semita en general, incluyendo la cultura islámica.”

lombafuentesEsta diferencia entre mímesis y simbolización probablemente puede dar lugar a una interesante investigación, más que nada teniendo en cuenta la crítica moderna al concepto griego de mímesis o imitación. Es evidente que en el arte la cosa misma (la cosa en sí o noúmeno, aquello que está más allá de las apariencias) no puede darse, sino que debe ser presentada o bien mediante una imitación o bien mediante una simbolización (no me detendré ahora a pensar si existen otras maneras de presentación de la cosa en sí).

Si queremos contar el nacimiento de Jesucristo o de Mitra podemos hacerlo mediante una duplicación de ese suceso que haga que el espectador sienta que lo está viendo de nuevo. Eso sería la mímesis.

También podemos hacerlo a través de la simbolización: mediante simbolos que el espectador descifra: este simbolo es Mitra, este otro Jesucristo, aquél de allá el nacimiento de un dios.

Una imagen equívoca que se mueve entre el símbolo y la imitación. Ademas ambigua, porque podría ser identificada como su dios tanto por los mitraístas como por los primeros cristianos (e incluso por los órficos)

Una imagen equívoca que se mueve entre el símbolo y la imitación. Ademas ambigua, porque podría ser identificada como su dios tanto por los mitraístas como por los primeros cristianos (e incluso por los órficos)

Pero creo que Lomba Fuentes se equivoca en la parte final al caracterizar el modo semita y el modo griego. Al menos desde el punto de vista del arte y del espectador, el modo mimético tiene más bien las características que Lomba Fuentes atribuye al simbólico: quien ve la estatua de Apolo cree estar ante el mismo dios Apolo, quien asiste a una representación de Sófocles por un momento cree estar viendo realmente el asesinato de Edipo. Es decir, pone en marcha su imaginación y su sensibilidad tanto o más que su inteligencia. Por el contrario, en el simbolismo semita lo que fundamentalmente se pone en marcha es la inteligencia y la búsqueda de significados para esos significantes que se le muestran. Al menos en el terreno del arte y la estética. Pero quizá Lomba Fuentes se refiere al terreno de la pura especulación filosófica, aunque lo llame “horizonte cultural”.

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[Escrito antes de 1989. Las imágenes y el texto en verde son de 2014]

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Joaquín Lomba Fuentes

NOTA en 2014

Recuerdo todavía la gran emoción intelectual que supuso para mí la lectura. hacia 1989, de los dos libros de Joaquín Lomba Fuentes La filosofía judía en Zaragoza y La filosofía islámica en Zaragoza. Son dos libros magníficos.

Tiempo después, escribí un comentario a esta entrada: “¿Es el arte siempre imitación?”



Originally posted 2003-08-03 12:01:28.

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Wittgenstein, Neurath y los memes

OttoNeurath cvrTanto el intento de Neurath con sus protocolos, como el de Wittgenstein con sus proposiciones atómicas, se asemejan a la teoría de los memes no sólo en su ambición de convertir en definida una cosas tan ambigua como puede ser una idea, sino también en el tono de su discurso y en su ambición reduccionista. Todos ellos pretendían de alguna manera ser antimetafísicos, pero todos ellos acaban cayendo en una especie de metafísica materialista. Todos ellos son herederos de una u otra manera de la teoría de las Ideas de Platón, que ya en su época fue ridiculizada por sus detractores con argumentos que se podrían aplicar a los memes cambiando sólo algún detalle.

 

 

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Toda la filosofía en Cuadernos de filosofía

ENSAYOS DIGITALES

Originally posted 2003-08-03 12:01:28.

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Para qué he vivido, por Bertrand Russell
[PÓRTICO]

 Tres pasiones simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad. Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá, por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque conduce al éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de este gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que una conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente, porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Eso era lo que buscaba y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que -al fin- he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas. Y he tratado de aprehender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacia volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, víctimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal, pero no puedo, y yo también sufro.
Ésta ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad.

bellasartesbnAL LECTOR DE ESKLEPSIS

Tengo más libros de Bertrand Russell que de cualquier otro filósofo. Este pensador, que durante mucho tiempo ha sido considerado el mayor filósofo del siglo XX, ahora parece que comienza a descender en el escalafón. Es raro encontrar referencias a sus libros en los filósofos actuales.

Soy muy aficionado a todo tipo de juegos: ajedrez, parchís, naipes, billar, y detesto las trampas. Alguien, tal vez mi madre, logró inculcarme desde pequeño que la victoria en el juego sólo es dulce si es consecuencia de seguir las normas aceptadas por todos los participantes. No vale la pena ganar si la victoria no es consecuencia del respeto a las reglas (reglas que se han aceptado libremente). Con pocas personas puedo estar seguro de poder mantener una discusión de manera semejante a lo que he descrito para los juegos, es decir: aceptando previamente ser vencido o vencer sólo por el peso de las razones, no por el de los prejuicios, la oratoria o el dogma. Bertrand Russell es una de esas personas. He aprendido mucho leyendo sus libros y mis opiniones son en muchos casos tan semejantes a las suyas que incluso las diferencias que nos separan, en todo lo que no sean cuestiones de gusto, estoy seguro de que se habrían resuelto a su favor o al mío en caso de que pudiese haberlas discutido con él.

El texto de Russell que he seleccionado para este Pórtico se puede leer al comienzo de sus Memorias, y quizá podría motivar un comentario acerca de la  incompatibilidad entre razón y pasión, pero basta con las palabras de Russell para entender que eso no son sino sandeces.

 

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[El número 3 de Esklepsis fue publicado en 1996]

Para saber qué era  Esklepsis y ver el contenido de los cinco números: ¿Qué es Esklepsis?

 

PÁGINAS DE ESKLEPSIS 3

 

Originally posted 2003-08-03 12:01:28.

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El contagio por los adversarios

adversarios

Hace tiempo yo llamaba “ser vencido por los adversarios” a un fenómeno curioso que no consiste exactamente en que una persona sea vencida literalmente por sus adversarios, sino  a que su personalidad quede vencida, y en cierto modo trasformada, a causa del enfrentamiento en sí.

En las disputas ideológicas enconadas, las dos partes comienzan perdiendo el sentido común y acaban perdiendo casi todo. Ya no se opina intentando ajustarse a las cuestiones debatidas, sino sólo en función de lo que opina el otro. Se adoptan opiniones que uno nunca habría aceptado si no fuese porque su adversario adopta las opiniones contrarias. Antes que la realidad se examina qué es lo que opina el adversario…. para opinar entonces lo contrario. Da igual perder o vencer, porque el mismo hecho de actuar de esa manera es ya la peor derrota. Por eso, siempre he intentado mantenerme alejado de las querellas dogmáticas, de las luchas de partido, de las disputas llenas de insultos o descalificaciones, de las guerras de bandas intelectuales, para no acabar venciéndome a mí mismo, aunque pudiera vencer (o no) a mi adversario.

Creo que es a algo parecido a lo que se refiere Canetti con la expresión “contagio por los adversarios:

“El ‘contagio’ por los adversarios, uno de los fenómenos políticos más eficaces, muy poco investigado.”

Originally posted 2007-11-04 10:11:59.

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Charlotte Perkins Gilman

En su ensayo A manmade world, our androcentric culture (Un mundo hecho a la medida del hombre, nuestra cultura androcéntrica), escrito en 1911, Charlotte Perkins Gilman argumenta de manera muy poderosa en contra de la discriminación sexual y el sexismo. En Perkins Gilman y lo humano hablé de este ensayo, pero ahora sólo pretendo hacer una muy breve semblanza de Perkins Gilman.

Charlotte Perkins Gilman fue víctima esa cultura androcéntrica cuando, tras sufrir depresiones después del nacimiento de su hija Katherine, visitó a un médico que le recomendó no leer nada, no escribir nunca y permanecer el resto de su vida al cuidado de la casa y de su hija. El remedio fue peor que la enfermedad y Perkins Gilman acabó hundiéndose en una depresión tremenda, que trasladó a su novela El papel pintado amarillo, porque ese papel pintado era lo único que veía allí, encerrada en casa.

Tiempo después, Perkins Gilman se divorció de su marido y se casó con George Houghton Gilman, quien estaba a favor de la igualdad de la mujer y que siempre la ayudó en sus proyectos de escritora y activista. Comenzó a editar una revista mensual de 32 páginas llamada The Forerunner, en la que ella era la autora de todos los contenidos: artículos, novelas por entregas, información, y supongo que incluso las ilustraciones, pues también era dibujante y profesora de dibujo.

En 1932 le diagnosticaron un cáncer incurable y poco tiempo después se suicidó:

“Ninguna aflicción, dolor, desventura o «pena del corazón» puede excusar el poner fin a la propia vida cuando todavía nos queda alguna capacidad de servicio. Pero desaparecida ya toda posibilidad de ser útiles, y ante la certeza de una muerte inevitable e inminente, el más elemental de los derechos humanos es escoger una muerte rápida y fácil en vez de una lenta y horrible agonía… yo he optado por el cloroformo frente al cáncer”.


[Publi­cado el 2 de febrero de 2005  Monadolog]

En 2011 se hizo una adaptación de la novela      El papel pintado amarillo al cine.


Charlotte Perkins Gilman

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EL RESTO ES LITERATURA