Murasaki Shikibu y Cervantes

Es sin duda curioso que la obra que, según el miope canón occidental, es la primera novela moderna, el Don Quijote de Cervantes, comience casi de la misma manera que la obra que merece, al menos desde el punto de vista cronológico, esa consideración de primera novela moderna, el Genji Monogatari, de Murasaki Shikibu.

La dama de corte Murasaki Shikibu escribió el Genji hacia el año 1000. Miguel de Cervantes escribió Don Quijote seiscientos años después.

El Quijote se inicia con aquella célebre indeterminación espacial:

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme.

El Genji con una indeterminación temporal:

En cierto reinado, ¿cuál pudo haber sido?


[Publicado en 2010]

Share

Detalles inútiles según Murasaki Shikibu

El Genji Monogatari (Historia de Genji) es una novela muy larga, tanto que ha habido que esperar mucho tiempo hasta que hemos podido disfrutar de una traducción íntegra (recientemente se han publicado dos al mismo tiempo ). Sin embargo, Murasaki Shikibu no gustaba de alargarse o detenerse en detalles innecesarios, como se puede comprobar por esta observación que deja caer cuando se dispone a contar una de las aventuras de Genji:

Koremitsu, para quien la idea de decepcionar a su señor era insoportable, organizó su amplia experiencia del cortejo para idear por fin una manera de introducirlo en la casa. Todo eso constituye un largo relato, por lo que, como de costumbre, lo he dejado al margen.

Para muchos autores, esa estratagema para colarse en el hogar de la amada habría sido la parte más importante del relato.


[Publicado en 2010]

Share

Frases hechas en el Genji

Genji conoce a una mujer de baja condición en una de sus primeras aventuras. Al despertarse en la casa de ella, escucha los primeros ruidos de la mañana, que le parecen tan sólo una “mezcolanza”, pues es incapaz de saber a qué corresponde cada uno. También escucha las conversaciones de la gente que se levanta temprano:

El alba debía de estar cerca, porque oía las rudas voces de los hombres de las casas vecinas saludándose al despertar. -¡Cielos, qué frío hace!

-No hay mucha esperanza de hacer negocio este año… ¡No iré al campo! ¡Qué vida esta!

Frases hechas, lugares comunes, que, se supone, debían evitarse a toda costa en la sofisticada corte de Heian.

Me recuerda aquel poema de Matsuo Basho que dice:

Admirable es aquel que cuando

relampaguea, no dice:

“La vida pasa como un rayo”


[Publicado en 2010]

En la ilustración: el poeta matsuo Basho.