Los antorcheros

De nuevo en Cancún tras pasar por Isla Mujeres, tomé enseguida el autobús para Valladolid. Me tocó viajar con una niña india muy guapa, pero muy tímida. Todo me lo hacía saber con gestos: que le diese chicles, galletas, que cerrase o abriese la ventana, que le diese a su hermanita pequeña y la pusiera sobre su regazo (la pequeña estaba con su madre en el asiento de al lado). Al final se fue animando un poco y me di cuenta de que no era que no supiese español, sino que yo le daba un poco de miedo.

Además de hacerme amigo de una extraña y silenciosa manera con la niña de al lado, veía pasar de vez en cuando, en ambos sentidos de la carreta, coches llenos de gente vestida de varios colores -los de la bandera mejicana, creo, pero quizá algunos más-, y de tanto en tanto niños y niñas que corrían llevando antorchas. Después supe que se trata de una  especie de competición o reto deportivo-religioso relacionado con la Virgen de Guadalupe, patrona de México, que se celebra el día nacional, el 12 de diciembre. Estos muchachos recorren montones de kilómetros de una ciudad a otra, seguidos de camiones y coches que les animan y que llevan imágenes de la Virgen, que luego serán bendecidas. Era bastante impresionante ver correr a estos niños descalzos por la carretera bordeada por la jungla.

antorcheros

Pasamos por varios pueblos, apenas unas casas, que no aparecen en los mapas (aunque todavía no he conseguido un buen mapa de la zona) e hicimos una parada en Ignacio Zaragoza, donde compré una estupenda revista de arqueología mejicana.

La gente de estos pueblos es mayoritariamente india. En Ignacio Zaragoza vi a dos niños diminutos encorvados bajo dos grandes haces de leña. La cosa ya empieza a ser distinta de la disneylandia cancunense. Casi todos los indios son muy pequeños, a veces encorvados o con la cabeza casi unida al cuerpo (casi sin cuello). Es fácil pensar que un invasor español, aunque midiese sólo 1.60, pues los españoles siempre hemos tenido fama de bajitos, les resultase bastante impresionante.

IMGUn detalle en el autobús: un cartel de prohibido fumar y otro de prohibido llevar pistolas. También estaba prohibido beber alcohol, por lo que el conductor hizo bajar a un infractor.

Algunos pueblos por los que pasamos: El Pocito, Esperanza, Agua Azul, Valladolid Nueva, Nuevo Xcan… A ambos lados de la carretera, una selva de aspecto bastante impenetrable.

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NOTA 2013: Al comprobar el nombre Ignacio Zaragoza, no he encontrado un pueblo con ese nombre, pero sí a un héroe patrio, que nació en Texas, creo. No sé muy bien si el pueblo se llama simplemente Zaragoza o Juchitan Zaragoza (quizá Juchitan sea sinónimo de Ignacio y el pueblo se llama así en honor a aquél prócer)

 

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[11 de diciembre de 1995]

CUADERNO DE MAYAB (YUCATÁN-MÉXICO)

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De Isla Mujeres a Valladolid

Cuaderno del Mayab (México) /5

Las fiestas que se preparaban en la isla eran porque el día 12 de diciembre es la festividad de la virgen de Guadalupe, patrona de México. La tormenta acabó con mis esperanzas de asistir a una charanga mejicana. En las calles se formaron ríos de agua y la gente se refugiaba en los portales, sin atreverse a caminar ni siquiera por la acera. Fue muy hermoso.

En principio tenía que levantarme a las ocho para ir a la Isla de Contoy a nadar con los delfines, hacer snorkle y esas cosas que hay para los turistas, pero, debido a la tormenta de la noche anterior, el día no se presentaba muy adecuado, así que me dormí hasta las once.

Me despertaron las chicas de la limpieza. Hice la maleta, me duché y me fui del hotel, con la intención de coger un barco a Cancún y de allí ir a Valladolid. Descubrí que tenía varias picaduras de insectos. Desayuné unos huevos rancheros en “Vista al mar” y luego saqué el boleto. A las 12.45 tomé el barco, tras arreglar el problema de la bici: pagué 20 pesos de multa por no devolver la bici a las seis, que es cuando, según el encargado, acababa el día.

En el barco me pasó algo curioso. Me fijé en varios tipos de aspecto sospechoso. Uno de ellos montó una bronca con el boletero. Me parecía que tenían mirada aviesa, pero pensé que a lo mejor eso era un prejuicio étnico, que quise evitar. Pero, ya en el barco, vi otros signos sospechosos. Me senté junto a la cabina de maniobras para estar más seguro. Luego vino el broncas y me vigiló de cerca, así que me levanté para estar a la vista de los tripulantes. Él se fue. La conclusión fue que no era un prejuicio étnico, sino simple y llanamente mirada aviesa.

Aparte de esto, en el barco pensé dos cosas. La primera, que todavía no había visto el cielo nocturno, la luna y las estrellas, pues la tormentosa noche en la que salí el cielo estaba oculto.

La otra cosa es el asunto de seguir o no las costumbres locales. Está bien por aquello del respeto, pero no hay que ser extremosos. Es absurdo sentir reverencia colorista ante cosas que, sin una excusa étnica, nos parecerían absurdas. El único límite es calcular si te pueden pegar o no por tu irreverencia, y no obrar con mala intención. Basta con imaginar lo absurdo que sería que un extranjero en España tuviera que respetar cosas tan detestables como la fiesta de los toros o el maltrato y crueldad con los animales en tantos pueblos españoles, simplemente porque se trata de una costumbre local, o porque podría ofender a españoles (algunos españoles) aficionados a actos no sólo tan crueles, sino, además, tan grotescos.

(2013) Aunque creo que más adelante volveré a tratar el tema, sigo opinando que las costumbres locales se deben seguir siempre que sea un signo de mala educación y desprecio no hacerlo, pero siempre también que hacerlo no entre en conflicto con las propias convicciones. Yo aplaudo a cualquier turista que viene a España y critica la fiesta de los toros y por mí puede hacerlo en cualquier lugar que le apetezca (como recientemente hicieron en la Plaza Mayor de Madrid); del mismo modo, la costumbre de discriminar y mantener aparte u ocultas a las mujeres en algunos países musulmanes, resulta tan ofensiva para cualquier persona sensata que uno acaba prefiriendo no visitar las casas en las que va a presenciar tal cosa, a pesar de que te traten muy amablemente. Lo mismo me sucedería hoy en día en Rusia con la salvaje persecución a los homosexuales por parte de Putin y las nuevas e infames leyes aprobadas.

Por otra parte, siempre he creído que el turismo  es a menudo una fuerza positiva para moderar las costumbres irracionales, pues los turistas no suelen sentirse convencidos por argumentos que a los locales nos parecen estupendos: a ellos les resultan ajenos y, muchas veces con razón, absurdos. A España le vino muy bien que llegaran las suecas en oleadas a nuestras playas, para que el cambio de régimen y el paso de la dictadura a la democracia fuera más suave (sin ser inocuo ni imperfecto, claro): sabíamos gracias a ellas y a otros turistas que no todo el planeta era como nuestra siniestra y gris España franquista. Países más aislados o menos atractivos para los turistas pasaron transiciones más difíciles, como Albania o Rumanía.

 

[11 de diciembre de 1995]

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CUADERNO DE MAYAB (YUCATÁN-MÉXICO)

 

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La enfermedad y las mujeres

Cuaderno del Mayab (México) /4

Tan preocupado estaba por mis males, ni siquiera he comentado el tiempo que hacía en México. Venía del invierno madrileño, que ya no es lo que era antes, pero que sigue siendo frío en diciembre, y llegué a algo que se encontraba entre primavera y verano. Lo habitual, según supe, era que hiciese más calor, pero estábamos bajo una ola de frío, es un decir. Cuando el cielo se despejaba, el calor aumentaba y en algunos lugares, como Uxmal, llegaba a resultar difícil de soportar.

Decidí ir a Isla Mujeres porque no me parecía interesante permanecer más tiempo en Cancún y, porque antes de internarme en Yucatán prefería estar un poco mejor de salud. Pensándolo ahora, sé que debí haberme quedado en Cancún sin levantarme de la cama durante al menos un día . Tal vez así me habría curado del todo. Sin embargo, sé que si me viese otra vez en la misma situación tampoco descansaría.

Por otra parte, la gripe-catarro-bronquitis que contraje dos o tres días antes de iniciar el viaje, todavía me dura ahora, más de 40 días después y tras tomar medicamentos de todo tipo. Con el invierno llegó a España una cepa especialmente virulenta de la gripe, tal vez el primer anunció de esa amenaza gripal del fin de siglo: se piensa que la gripe volverá a causar una elevada mortandad y se convertirá en la más terrible enfermedad. Debería prepararme para esta eventualidad, teniendo en cuenta que soy una víctima fácil de la gripe año tras año.

Durante mi estancia en México, la enfermedad a veces se hizo notar y otras casi se olvidó de mí. Hice un esfuerzo psicológico consciente para sobreponerme a ella, cosa que conseguí casi siempre. Ya se verá su evolución en los próximos días.

La enfermedad no modificó sustancialmente mis planes, excepto en una o dos excursiones que habría preisto y que no hice para no tentar la suerte. Sí modificó un aspecto importante: mi relación con las mujeres. Aunque a menudo me sentía bien, no dejaba de percibirme a mí mismo como un enfermo que se siente más o menos bien, y me faltaba ese ánimo que te impulsa a jugar y a bromear, a sentirte cómodo con la seducción. Por otra parte, en Madrid los últimos dos meses habían sido bastante agitados y durante el viaje quería pensar acerca de mi relación con varias mujeres. Así, que dejé pasar la primera ocasión clara con la muchacha del barco, incluso a costa de comportarme un poco fríamente al final, rechazando las insinuaciones para vernos en la isla. Cuando viajaba en bicicleta, también me crucé con la muchacha escultural y su asesor de imagen y tampoco busqué una ocasión que, si me hubiese sentido mejor, seguramente no habría dejado pasar.

En la discoteca me fijé en varias muchachas, y alguna parecía interesada en mí. Desconocía las costumbres locales y, no por miedo, sino por falta de lucidez mental, no me sentía con ganas de improvisar.


[10 de diciembre de 1995]

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Brevísima historia de Isla Mujeres

Cuaderno del Mayab (México) /3

Antes de seguir con el viaje a Valladolid, contaré algo sobre Isla Mujeres, que me pareció la típica isla ideal para pasar una semana tranquila y agradable. El nombre de la isla se explica de dos maneras:

1) En 1517 Francisco Hernández de Córdoba llegó a la isla desde Cuba, en busca de esclavos, pero sólo encontró estatuas que representaban mujeres. Según parece, la isla era una etapa en el viaje de los mayas a Cozumel, donde se ofrendaban sacrificios a Ixchel, diosa de la fertilidad.

2) La otra leyenda cuenta que la isla estaba habitada por muchas mujeres. Quizá ambas leyendas sean ciertas.

Por otra parte, la isla fue tiempo después refugio de piratas, especialmente del célebre pirata Mundaca. De no ser por la tormenta me habría quedado un día más y tal vez habría visto las ruinas mayas (un montón de piedras que acabó de arrasar un ciclón en 1988) y la hacienda Mundaca, una mansión que el pirata construyó para seducir a una española. La española se casó con otro y él murió de pena en su palacio.

Y esto es casi todo sobre Isla Mujeres.

Tumba del pirata Mundaca (fuente: jeffc5000)

 

[11 de diciembre de 1995]

CUADERNO DE MAYAB (YUCATÁN-MÉXICO)

 

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Viaje a Isla Mujeres

Cuaderno del Mayab (México) /2

Temprano en la mañana me desperté el día 10 de diciembre de 1995. Sin dolor de estómago, con la nariz despejada. Mucho mejor. Sólo persistía un poco de tos y ese molesto oído derecho tapado, que sigue crujiendo de vez en cuando, sobre todo cuando mastico.

Mi plan era ir a Isla Mujeres, pero primero desayuné en el mismo lugar que ayer y cambié dinero (no me aceptaron 100 $ descoloridos, espero que no sean falsos, o al menos que me los cambien en otro sitio). Volví al hotel, pagué, avisé que volvería el 18 o así y me fui con la mochila para tomar el autobús a Puerto Juarez (más conocido como Punta Sam). Lo encontré tras una caminata bastante larga: no me asustaban los esfuerzos, estaba convencido de que mientras más esfuerzos hiciera antes me curaría, lo que quizá no es muy razonable.

En Punta Sam saqué el boleto y esperela hora de salida tomando unas cervezas en un bar que está junto al embarcadero. En otra mesa, un grupo de ocho o diez argentinos, y en otra un indígena (pero que no parece de la zona) con una chica de cuerpo escultural, que llama la atención de los chicos encargados del bar. Cuando se va la pareja, comentan con la dueña el aspecto de la muchacha e insinúan que el “negro” (el indio) a lo mejor no es muy hombre.

Resulta difícil, por cierto, saber qué palabra hay que emplear para referirse a lo que habitualmente se llama “indio” o “indígena”. En principio, ahora se prefiere decir indígena, porque indio se considera despectivo. Aunque “indígena” a primera vista parece significar “población (gens) india”, en realidad significa “población de allí (inde)”, o si se prefiere “población del lugar” o “pueblo originario”. Pero, claro, el hombre que estaba con la muchacha escultural podía ser de cualquier lugar situado a miles de kilómetros, por ejemplo, podía ser mapuche o araucano de Chile, así que tendría bien poco de indígena, aborigen, pueblo original, nativo o como quiera llamarse, al menos de Yucatán. Supongo que la mejor denominación es “amerindio”, que tampoco es perfecta, claro. No es perfecta no sólo porque ya existe un cierto racismo al llamar amerindios a unos y afroamericanos a otros, y no llamar euroamericano al que procede de Europa, por ejemplo. En segundo lugar, porque las fronteras entre las distintas etnias y poblaciones son cada vez más difusas: hay personas de aspecto amerindio, japonés o del África negra que son suecas, lituanas o españolas y hay todo tipo de mezclas, que hacen cada vez más difícil la clasificación de alguien en una u otra categoría. Pero, en fin, “amerindio” suena más o menos bien y no parece tener cononotaciones despectivas, aunque para mí “indio” tampoco las tiene, ya que en mi infancia me identificaba muchísimo con ellos, en especial con los indios de los Estados Unidos y en concreto con cheyennes y sioux, pero también con los nez percé (“narices perforadas”), por ejemplo.

El transbordador

El barco es un transbordador con dos grandes planchas sostenidas a ambos lados por rectángulos. Todo de metal pintado de verde. Me siento en la popa, junto a la barandilla. A mi lado está la pareja. Hablan de cirugía estética; ella dice que en uno de esos momentos en los que la autoestima está baja pensó operarse de no-sé-qué. Él le da consejos de belleza.

Cuando ya se divisa Isla Mujeres, una chica me pregunta de dónde soy y me cuenta que es estudiante de turismo y ha venido a documentarse, o hacer prácticas o algo semejante. Me pregunta de dónde es el oso y el castaño, o algo parecido. Le digo que es el oso y el madroño y que es de Madrid. Nos despedimos al bajar del barco y voy al hotel D’Gomar, que me ha recomendado durante la travesía un tal Pedro. Pago 80 pesos (60 menos que en Cancún). La habitación número 304 es estupenda. Luego, con la ayuda de Pedro, alquilo una bicicleta por 45 pesos todo el día. Recorro la isla de una punta a otra, me quedo un rato en una playa, pero no me baño y regreso al puerto.

Para comer elijo el restaurante Brisa del Mar, en una mesa junto a la playa, y escucho una conversación de una especie de iluminado que dice que hay que comprar comida y oro, “por este orden”, recalca. Luego explica que la Tierra ya está cansada y va a eliminar al ser humano, o casi. Por cierto, que pido un cebiche de pulpo y camarón (luego me enteraría de que es un plato que no se recomienda a los recién llegados, a causa de que sus ingredientes están semicrudos).

por otra parte, cuando recorría en bici la isla (hice entre 20 y 30 kilómetros), tras hacer todo tipo de gansadas, como pedalear sin manos, en el momento más sensato, y sin causa razonable, di con mis huesos en el suelo y me arranqué un trozo de piel de la mano de varios centímetros. Cuando quise limpiar la herida, la arenilla se había quedado ya unida o asimilada a la carne.

Sentado en el barco, mirando el mar

Después de comer, di una vuelta por las tiendas y comercios, muy vistosos, y tomé un café en el Siena, un lugar encantador pintado de azul oscuro y blanco. Luego me bañé en al playa -¡por fin!-. Nadé mucho, a pesar del esfuerzo hecho en la bici.

Desde una improvisada plaza de toros sonaba música, preludiando las fiestas. Pensé que valdría la pena salir esa noche.

Volví al hotel, me duché, escribí un poco en esta libreta y, de pronto, empecé a oír un fuerte viento. Comenzó a llover y descargó una tremenda tormenta de viento y agua. La gente gritaba por la calle y la fiesta que se preparaba quedó arruinada.

Cuando amainó un poco, bajé a cenar. El encargado me dijo que había venido el dueño de la bici y se la había llevado, aunque había otra igual en la puerta. Tomé otro café en Siena, escuchando estupenda música de Van Morrison. Tras dar unas vueltas, fui a cenar a un sitio barato llamado Chen Huayen: frijoles y tamales. Me gustó oír la canción Ella, una de mis favoritas de la infancia en la versión de Jorge Negrete y que sé de memoria:

Me cansé de rogarle,

me cansé de decirle

que yo sin ella de pena muero,

si sus labios se abrieron

fue pa’ decirme: ‘ya no te quiero’…

Después fui a una discoteca. Tomé dos Havana 5 con hielo (otra recomendación no seguida: no hay que tomar hielo, a causa del agua no purificada). Una hora después llegaron dos borrachos (que ya había visto en Siena) y se sentaron conmigo. Uno de ellos se quedó dormido enseguida, el otro me invitó a una copa. Tiempo después, el dormido se despertó y vomitó en el suelo durante un largo rato. Nadie reaccionó, pero más tarde vino un encargado a limpiar el suelo y regañar un poco al borracho, quien, de tanto en tanto, me sonreía con expresión bovina. Finalmente, me animé a bailar un rato. La discoteca no estaba mal, la música era bastante buena y tenían un luminoso en el que iban apareciendo mensajes bajo el lema “Las mejores frases del staff”:

Marilyn: “Estoy Peda, ¿y qué?”

Levis: “¡ay, papacito!;

“No hay pedo, soy influyente”,

“¿Me dejas un restito?”,

“Soy bailarina, ¿y qué?”

“Mañana me caso”, etcétera.

Me fui a las doce a dormir el sueño de los justos.

 

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[10 de diciembre de 1995]

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Un comienzo accidentado

Cuaderno del Mayab (México)

Cuando llegué al Aeropuerto de Cancún el 8 de diciembre de 1995, estaba un poco preocupado porque no tenía hotel y ya era de noche. Además, la noche anterior había salido de fiesta con mis compañeros de la productora de televisión, enrte ellos Chapis, Víctor y Juanjo, y a penas había dormido dos horas. Percibía también los síntomas de algo que parecía un resfriado, aunque Juanjo me dijo que solo era “la famosa gripe del viajero”, que enseguida desaparecería, en cuanto llegara a México. Durante el vuelo, con escala en Miami, apenas dormí unos minutos. Hay muchos italianos en el vuelo, que aplauden cuando el avión aterriza, tanto en la escala de Miami como en Cancún.

Por suerte, me entendí con el conductor del taxi colectivo, tras su primera propuesta de un hotel que me resultaba demasiado caro. Mientras iba dejando a los demás pasajeros, yo era el único que hablaba con él (claro que iba sentado a su lado y los otros no), comentando todo tipo de cosas, de España, de México, de fútbol, del lujo tremendo de los hoteles por los que íbamos pasando, etcétera. Llegamos al hotel y le acompañé a ver al dueño, que vivía en lo alto de una torre de cuatro o cinco pisos de apartamentos. Mi habitación (en realidad un pequeño apartamento) estaba adosada a esta torre, separada por un pequeño jardín de una caseta de vigilancia o recepción pegada a la calle. El lugar se llama Coconut Inn.

Me desperté a las siete, todavía enfermo, tras una malísima noche. Fiebre muy elevada, la cara ardiendo, el oído derecho completamente tapado (me dolió mucho en la segunda etapa del vaije en avión). Caminé desde el hotel en la avenida Labná (Bloque Alce) hasta la Avenida Tulum, que es la principal. Era pronto para cambiar dólares, así que fui a desayunar a un bar, en la esquina con la calle Jaleb. Le dije al camarero que no tenía pesos y le pregunté si podía pagar con dólares: “Sí, por supuesto”. Tomé un desayuno completo: café con leche, zumo de naranja y cuatro tostadas con mermeladas. La cuenta: 22 $. Carísimo, pero la chica me trajo mucho cambio y me aclaró que eran 22 pesos (unas 400 pesetas). Después cambié más dólares y en los Supermercados Chedraui compré papayas, naranjas, limones, agua, mangos, Coca Cola, frijoles en lata, Flanax para el dolor y la faringitis y un inhalador para la gripe.

Volví al hotel y me hice varios litros de zumo, comí varios trozos de Papaya y tomé Flanax. Ahora mi mayor problema es que sigo teniendo el oído derecho tapado y no me oigo bien a mí mismo, así que mi voz me suena muy rara (no sé si también a los demás).

De vuelta al centro, tomé el autobús que lleva a la zona de los hoteles. Se trata de un estrecho brazo de tierra alrededor de la laguna Nichupté: 20 kilómetros de playas y de hoteles de lujo y super-lujo. Bajé del autobús poco después de pasar por un “100% natural”, que me recomendaron mis amigos Ana y Víctor, allí pedí una ensalada de cactus, o algo semejante, unos espaguetis y dos zumos “Antigripal”.

Demasiada comida. El atracón me provocó un terrible dolor de estómago, o quizá fuese la venganza de Moctezuma, aunque según tengo entendido lo de Moctezuma es un mal azteca o mexica, no maya, que creo se debe a la altura. Sin duda probar un alimento al que no estoy acostumbrado, el cacto, también fue un error. Intenté aliviar el empacho caminando y, tras conseguir llegar a la playa por un lugar no cercado por los hoteles, caminé junto al borde del mar Caribe durante más de 11 kilómetros. Luego, tras vueltas y más vueltas (por querer ir por un camino nuevo) conseguí llegar al hotel. Afortunadamente, no me puse el bañador, pues me podría haber pasado cualquier cosa si hubiera tenido la tentación de bañarme.

Me tomé la lata de frijoles y me acosté, tras una ducha ardiente, dispuesto a sudar y a amanecer curado al día siguiente de todos mis dolores.

Antes de contar si me curé o no, diré qué me pareció Cancún.

La zona de los hoteles que vi al llegar al Aeropuerto y al día siguiente recorriéndola a pie, me pareció monstruosa. Una aglomeración de lujo a la americana (yanki), graciosa por lo desmesurado.

Por un lado, me pareció un invento terrible. El actual Cancún fue inventado y creado hace 25 años para los turistas USA  de una manera absolutamente artificial y dirigida, junto a lo que era un pequeño pueblo, con la intención de crear un gran foco turístico en la costa del Caribe, que pudiese diversificar el turismo dirigido a México (Puerto Vallarta y Acapulco, principalmente). El éxito ha sido tremendo, de lo que, como dije antes, me alegro. Aunque el más terrible defecto del turismo suele ser la vulgaridad, hay infinidad de cosas que me parecen más importantes que evitar ser vulgar.Por otro lado, esos 20 o 25 kilómetros de playa hotelera sin duda traen una riqueza inmensa a Yucatán y Quintana Roo (que es el Estado en el que se halla Cancún), así que quizá no sea malo tener una costa hortera a cambio de disminuir la pobreza, que apenas se percibe, por esta zona al menos.

Muchos mexicanos me parecen más semejantes a los gringos que a otra cosa, aunque hay un montón de etnias que me gustaría saber distinguir. Parece haber una gran diferencia entre los yucatecos y los mexicanos (de México D.F. y otros lugares, supongo), pero también respecto a otros pueblos indígenas. Intentaré hacer retratos. En cuanto a lo de que muchos turistas mexicanos parecen gringos, quizá lo que sucede es que los gringos se parecen a los mexicanos o ciertos gringos a ciertos mexicanos, pues muchos de los turistas de Cancún me recordaban a la gente de California (de Los Ángeles, no de San Francisco), así que tal vez procedían de allí. Supongo que era una coincidencia debida al lujo hortera, pues esa semejanza ya no la aprecié tanto al viajar hacia el interior.

Folclore maya

Por otra parte, entre los habitantes de Mayab (tierra de los mayas) o Yucatán y los antiguos mayas hay la misma diferencia que entre los griegos de ahora y los de la Grecia clásica y arcaica. Pensar lo contrario, creo, es simple miopía folclórico-romántica. Es curioso que, tras la independencia de España, Yucatán se unió a México, rechazando ofertas de Guatemala y otros lugares, pero después quiso unirse a Estados Unidos: los terratenientes armaron a sus indígenas, que se rebelaron primero contra ellos y luego lucharon contra México. Casi consiguieron vencer, pero en el mejor momento se retiraron para recoger el maíz, lo que fue aprovechado por los blancos y mestizos para someter de nuevo a los mayas y causar una sangrienta contrarevolución. Esta Guerra de las Castas se inició en 1847 y continuó, en Quintana Roo, hasta 1866, o incluso hasta 1901, cuando Porfirio Díaz tomó la última capital maya, Chan Santa Cruz.

Quizá debería matizar la afirmación anterior. La diferencia entre entre mayas y griegos actuales y mayas y griegos antiguos quizá no sea la misma, porque  porque en Grecia han pasado 2500 o 1500 años y aquí 500 o 700. Aunque en ambos casos podríamos hablar de unos 700 años si contamos a Bizancio como Grecia, lo que quizá sería hasta cierto punto correcto. En cualquier caso, creo que la conciencia nacional de un pueblo la mayor parte de las veces surge porque los propios conquistadores se sienten herederos del pasado que ellos mismos han destruido o porque con el tiempo se recupera de manera artificial un pasado olvidado durante siglos. Un caso muy notable es el de los persas, que en el siglo XX recuperaron a Ciro, Darío y otros reyes persas, cuando resulta que casi el único héroe que habían recordado hasta entonces era un tal Al-Iskander, que no es otro que el hombre que acabó con el poder de los persas de Darío: Alejandro Magno (Alexander). Digno de reflexión es también el ejemplo de los canarios, descendientes de godos, puesto que son descendientes de la conquista de los Reyes Católicos (de origen godo), y que sin embargo se identifican con los güanches, pueblo de origen bereber al que, según parece, sus antepasados godos exterminaron.

En fin, a la llegada de los españoles, parece que la mayoría de los habitantes de Yucatán el único recuerdo que tenían de los creadores de la gran civilización maya es que eran unos explotadores crueles y sanguinarios, aunque otros muchos simplemente creían que todos aquellos monumentos eran obra del diablo. La época de esplendor de la increíble civilización maya ya era sólo un recuerdo a la llegada de los españoles.


[8 de diciembre de 1995]

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