Capitales mundiales en el Cusco

El Cuzco, que se considera a sí misma “Capital arqueológica del Continente Americano” (tal vez con bastante razón), alberga no sólo la Capilla Sixtina de América, en Aldahuaylas, sino, probablemente, más capitales mundiales por kilómetro cuadrado que cualquier otro lugar.

Pan chuta de Oropesa

Oropesa es la “capital mundial del pan” y así lo anuncia en los carteles, aunque en dura competencia con Urcos. Saylla es la capital mundial del chicharrón; Lanchara la capital mundial del durazno (melocotón) y Olla presume de ser la capital mundial de la danza.

Hay muchas más capitales mundiales en el Cuzco, pero sin duda la más llamativa es un pequeño pueblo cerca de San Jerónimo que se enorgullece de ser “la capital mundial de productos nutritivos para animales”.

aldahuyllas

Un fragmento de los impresionantes frescos de la Capilla
Sixtina de América, en Aldahuaylas. Dice el texto: “Ay que ardiendo
quedo, ay que ya no puedo”.

Curiosamente, días después de escribir lo anterior, encontré este párrafo en un libro de Marc Auge sobre los no-lugares:

“En Francia, todo conglomerado urbano aspira a ser el centro de un espacio significativo y de por lo menos una actividad específica. Si Clon era la capital de la gastronomía, Hieras puede llamarse “capital de la cuchillería”, Digo”capital de la cerámica” y Jamé “cuna del pollo de granja”. Estos gloriosos títulos figuran hoy a la entrada de las ciudades”.

[Escrito en 1997]


Cuaderno de Tahuantinsuyu

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La percepción artística y la belleza

El arte, o por mejor decir la percepción de algo como arte, nace en la frontera entre lo que logramos entender y lo que no podemos evitar sentir, entre lo discursivo y lo emocional, entre lo objetivo y lo subjetivo.

¿Por qué he escrito esta apresurada (y torpe) definición del fenómeno artístico?

Pensaba en una opinión de Karl Kraus:

“El arte está por encima -no por debajo- de nuestra capacidad de comprensión”

(en El genio austrohúngaro, 496).

Lo que pensé es algo que me gustaría investigar: me da la sensación de que en la percepción de la belleza o del fenómeno artístico si se prefiere, o del instante trascendental, se mezcla el conocimiento con la sensibilidad. Juicio y sensibilidad, como diría Jane Austen.

Pondré un ejemplo: hace algunos años, sentí un conmoción al ver un cuadro del pintor Antonio López. El cuadro estaba en un libro y yo, leyendo ese libro, estaba en la Biblioteca Nacional. Se trataba, pues, de una foto de un cuadro de Antonio López.

Los cuadros de Antonio López parecen fotografías, pero no lo son, pues es un pintor hiperrealista.

Yo sabía que lo que estaba viendo era una reproducción fotográfica de un cuadro pintado al óleo, que era, a su vez, como una foto. Todo este conocimiento era previo y sin él difícilmente se hubiera producido en mí aquella conmoción, aquella revelación de la belleza. Si no hubiera conocido a Antonio López, aquella imagen me habría parecido sin duda una fotografía, una buena fotografía. Como es sabido, nos cuesta más conmovernos artísticamente ante una foto que ante un cuadro (lo que, sin duda es absurdo, pero también se debe a nuestro conocimiento previo). Además, una reproducción de un cuadro no sólo es inferior en tamaño, sino también en calidad. Los colores cambian, la textura se pierde, la pincelada desaparece. Todo, pues estaba en contra de la experiencia de la belleza que podemos sentir ante una obra de arte que vemos en unas ruinas o en un museo.

Y, sin embargo, aquello sucedió. Hubo algo que en ese momento llamó la atención de mi sensibilidad, algo que no pude acabar de explicarme, pero, junto a ello, estaba también, ya digerido y aceptado, todo un conocimiento previo acerca de Antonio López. De esa confluencia nació la emoción. Demasiada emoción no trasmite esa trascendencia y demasiado conocimiento tampoco.

En Machu Pichu (Foto de Karina Pacheco)

Viví una situación similar en Machu Pichu. La ascensión fue hermosa, con aquel Wayna Pichu enfrente y las historias que me contaba mi amiga Karina acerca del lugar. Sin embargo, al llegar a la cumbre, no sentí la emoción que esperaba. Tal vez tenía demasiadas expectativas. Después, tras caminar entre las ruinas, subimos por un camino y pasamos por el hueco de una roca: fue allí donde me asaltó la conmoción. Tal vez porque no estaba esperándola ya.

Como se ve, los dos ejemplos tienen en común la falta de expectativas, pues tampoco esperaba nada mientras hojeaba el libro sobre Antonio López: esperar ser deslumbrado impide que uno sea deslumbrado, supongo.

En Machu Pichu (Foto de Karina Pacheco)


[Escrito en 2010]


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Cuaderno de Tahuantinsuyu

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Otto y el sapo

Tras visitar la Capilla Sixtina de América, la catedral de Aldahuyllas, Karina y yo fuimos a ver otra iglesia con murales en Huaro. Al llegar vimos al encargado hablando con un extranjero. Al salir de la iglesia le ofrecimos llevarle a Canincunca en nuestro coche (conducía Karina), pues él también quería ir allí. Se llamaba Otto y era alemán de Westfalia.

En Canincunca visitamos la Iglesia y luego el cementerio. Los tres éramos muy aficionados a los cementerios y a la muerte, pero Ottó, además, estaba haciendo una tesis acerca de la muerte en la Colonia. Al parecer también en Cuzco, nos dijo Otto, residía otra necrófila que investigaba algo relacionado con los cementerios. Otto realizaba sus investigaciones fundamentalmente en el archivo de Cuzco, donde ante sus pedidos de libros le decían. “Vuelva otto día”.

De regreso a Cuzco, paramos en Oropesa, en una chicharronería junto a una estación de tren abandonada, cuando el sol ya se estaba ocultando en un bellísimo aterdecer.

Comimos chicharrones (cerdo asado, pero no las típicas cortezas), bebimos unas cervezas Cuzqueñas y pasamos una tarde divertidísima jugando al sapo.

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El sapo de Oropesa

¿Quién gano?

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Aquí se ve al campeón (Otto) al fondo

Es duro de admitir para personas tan competitivas (pero sólo en el juego) como Karina y yo, pero ganó Otto: tres de cuatro partidas.

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[Escrito en 1997]

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El Wayna Pichu

Aunque todo el mundo conoce el Machu Pichu, pocos, fuera de Perú, han oído hablar del Wayna Pichu (yo lo descubrí allí), a pesar de que todos lo han visto una y otra vez en fotografías.

El Wayna Pichu es esa gran montaña que siempre se ve en las fotografías tomadas desde el Machu Pichu.

La figura del Wayna Pichu es tan fácilmente identificable (casi siempre con las ruinas de Machu Pichu delante) que es algo así como el Monte Fuji de Perú, un símbolo del país.

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monteFuji-Hokusai

La más conocida de las 36 vistas del Monte Fuji de Hokusai. La ola es tan impresionante que algunos no reparan en las barcas de los pescadores o en el monte Fuji, allá a lo lejos

Del mismo modo que el monte Fuji aparece en decenas de cuadros japoneses, como las famosas 36 vistas del Monte Fuji de Hokusai y las otras 36 de Hiroshige, supongo que también habrá muchas representaciones del Wayna Pichu, aunque yo no conozco ninguna, excepto las que se ven en las paredes de los restaurantes peruanos.

Con Karina en Machu Pichu (el Wayna Pichu está al fondo)

Karina me contó que una vez subió por las laderas del Wayna Pichu y que fue una de esas experiencias que siempre se recuerdan, con estrechos caminos sobre el abismo.

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[Todas las fotografías han sido hechas por Karina Pacheco, excepto las del Monte Fuji y aquella en la que aparece la propia Karina, que fue tomada por un turista accidental]

[Escrito en 1997]


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Cuaderno de Tahuantinsuyu

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Q’enqo y el prueba vírgenes

 Q’enqo está muy cerca del Cusco, un poco más allá de Saqssaywaman. Llegamos allí a caballo y nuestro guía nos contó cosas muy interesantes.

Con Carlitos cerca de Q’enqo. Al fondo se ve una llama o una vicuña

En primer lugar, nos dijo, que hay un Q’enqo grande y un Q’enqo chico. Del Q’enqo chico no recuerdo nada ahora, excepto que está a unos 150 metros (¿?) del grande. Según dice Víctor Anglés, estos lugares no se llamaban así en época incaica, sino que el nombre lo recibieron en época republicana.

Q'enqo, cerca del Cusco

Q’enqo, cerca del Cusco

Nuestro guía nos contó que Q’enqo era un santuario inca, y que la gran piedra que domina el lugar era un puma gigantesco que los españoles destrozaron.

También nos enseñó una gruta donde se practicaba el sacrificio de las llamas. En tiempo de los incas, aquella gruta no era tan oscura, pues en una de las paredes había un gran disco solar que reflejaba la luz del sol hacia el interior de la gruta.

Durante el sacrificio de la llama, primero se le ataban las patas en una gran mesa de piedra, y luego se tendía al animal en otra gran masa pétrea, donde se le cortaba la cabeza. Después llevaban la sangre de la llama a una canaleta, la vertían allí y si, al llegar a una bifurcación, caía hacia el abismo, sería un mal año, pero si caía hacia la izquierda, hacia una especie de tinaja de piedra, sería un buen año.

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Nuestro guía nos mostró la figura de una llama, la de un puma y la de un cóndor, grabadas en las piedras. La de la llama parecía evidente que se debía a una rotura accidental del terreno; la del puma parecía haber sido hecha recientemente (había rocas blancuzcas, huella de golpes recientes); tan sólo la del cóndor parecía un resto auténtico, aunque no estoy seguro de que se tratase de un cóndor: también podía ser el pie de una estatua.

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Lo siguiente que vimos fue el lugar donde se probaba a las vírgenes. La mujer ponía los pies sobre dos poyetes de piedra. Si su orín caía justo en un pequeño agujero, era virgen, si caía fuera, no lo era y, por tanto, no podía casarse con un señor principal. Le pregunté al guía qué hacían a la mujer si no era virgen: “¿La mataban?”. Me respondió: “No, la dejaban, pero no podía casarse con ese señor principal”.

qenqo

Victor Anglés dice que las figuras cercanas a la canaleta son dos: un ave y un mamífero parecido a un castor. En cuanto al prueba vírgenes, lo llama gnomon lítico del Intiwatana u observatorio. Es decir, una especie de observatorio astronómico.

Dice también Anglés que Q’enqo fue un lugar, muy importante y que probablemente estaba allí la tumba de Pachacutec. Durante el incanato tal vez se llamó Mant’ojlla o Mantocalla.

 

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2012: no sé si lo pensé entonces, pero al leerlo ahora, el sacrificio de la llama me ha traído inevitablemente a la memoria el célebre y terrible sacrificio del caballo o Ashvameda que se practicaba en India.

Todas las fotos tomadas por Karina Pacheco, salvo que se indique lo contrario

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[Escrito en 1997]

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Ollantaytambo

Tras visitar Machu Pichu, viajamos en tren desde Puente Ruinas hasta Ollantaytambo. Llegamos de noche, nos alojamos en un hotel y a la mañana siguiente fuimos a ver las ruinas.

Yo tenía la cara quemada por el sol y me tuve que proteger a conciencia. Mi aspecto, sin duda, era terriblemente ridículo, pero tenía que evitar que me tocase un solo rayo de sol.

Llevaba la camiseta en torno a la cabeza, sujeta por una gorra con visera y por las gafas de sol de Karina. Gracias a este atuendo y a que el sol se ocultó a ratos, conseguí que no se me cayese, literalmente, la piel a tiras, pues el rostro ya me ardía horriblemente. Me sentía muy ridículo, pero no había otra solución.

ollantay

Protegido contra el sol en Ollantaytambo

Ollantaytambo pertenece a la provincia de Urubamba. El nombre del lugar indica que era una ciudad-alojamiento (“tambo” o “tampu”). Al parecer, había muchos tambos en el período incaico, siempre estratégicamente situados en los caminos que convergían o nacían en la capital, Cuzco.

Al principio, el lugar se llamaba sencillamente Tambo (aunque probablemente tenía un nombre añadido en época inca) hasta que, en los últimos decenios del siglo XVIII, se puso en escena un drama con argumento inca, cuyo protagonista era un tal Ollanta u Ollantay. Como el lugar en el que se desarrollaba la historia era este tambo, al hacerse popular la obra, el lugar comenzó a ser llamado el tambo de Ollanta: Ollantaytambo.

ollantay

Portada de la edición que leí de Ollantay.

El drama fue escrito en quechua por Valdés en el siglo XVIII, tal vez basándose en tradiciones anteriores. Ollantay era un general del rey inca Pachacutec que se enamora de la hija de su señor. Al no poder tenerla, pues no es noble, se rebela y ataca a su soberano desde Ollantaytambo. No cuento más.

Se dice que el desenlace no se corresponde con lo que sucedió en realidad. Y una curiosidad: la gran diva peruana Yma Sumac tomó su nombre de esta historia de Ollantay.

En las ruinas nos llamó la atención un lugar lleno de piedras a medio labrar, de agujeros en la roca y de escalerillas breves en el monte, que a mí me pareció una cantera.

ollanta

Algunas de los impresionantes muros de Ollantaytambo (esta foto, tomada de la red, será sustituida por otras tomadas por Karina o por mí)

Víctor Anglés dice que el estilo de Ollantaytambo era inca imperial y plantea interesantes preguntas, que comentaré en otro lugar.

Frente a las ruinas hay un cerro llamado Pyncuilluna, en el que se ven unas construcciones que algunos o la tradición consideran cárceles. En ese cerro se supone que se puede ver el rostro del dios Tunupa, su ojo, su boca, su barba (que es una zona de vegetación) y su gorro, que serían esas cárceles o graneros. Lo del rostro de Tunupa me dijo Karina que lo habían descubierto unos jóvenes investigadores no hace mucho. Tunupa, según tengo entendido, no es otro que el célebre dios Viracocha.

Karina y, al fondo, en el centro de la montaña, con una nariz ganchuda y mirando de perfil, Tunupa.

También se ven otras figuras en Ollantaytambo y en otras ruinas del Cuzco, de las que hablaré en otro momento.

Hay muchas cosas que contar de Ollantaytambo: su magnífico templo del sol, con piedras colosales perfectamente ensambladas, el templo de las diez hornacinas, la muralla curvada… El pueblo que está al pie de las ruinas también es muy hermoso y está lleno de restos hermosísimos de ruinas incas.

ollantay

Ollantaytambo
La prueba de que no exageraba en el dibujo

 

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[Escrito en 1997]

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CUADERNO DE TAHUANTINSUYU

tahuantinsuyu

Tahuantinsuyu, las cuatro regiones reunidas

tahua: cuatro
ntin: sufijo plural con una idea de unión entre sí.
suyu: parcialidad, en sentido amplio de región”.

“No sabemos si la palabra Tahuantinsuyu, las cuatro regiones reunidas entre sí, que contiene una idea de integración, fue usada y conocida antes de la conquista española, porque aparece a partir del final del siglo XVI”
María Rostworowski de Díaz Canseco

Llegué a Cuzco, también llamado Cusco, también llamado Qosco, también llamado Qosqo, el 13 de diciembre de 1997, invitado por mi amiga Karina.

Cuzco fue la capital de la antigua civilización inca, que, como es sabido, fue destruida por los españoles.

Allí pasé al menos dos semanas y, como suelo hacer siempre que viajo, anoté unas cuantas cosas en un cuaderno e hice algunos dibujitos. Pondré aquí algunas de las cosas de ese cuaderno, las que me parezcan más interesantes. El cuaderno está dedicado a Karina, por supuesto, que ahora está allí, en Tahuantinsuyu.

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[Escrito en 1997]


Cuaderno de Tahuantinsuyu

Entradas dispersas sobre arte


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