La incompletitud del registro fósil

 

Darwin se refirió a los vacíos del registro fósil, que no permiten documentar el paso gradual de una especie a otra, atribuyéndolos una imperfección al registro fósil. De este modo solucionaba un embarazoso problema en su visión de la selección natural, que él veía como un mecanismo gradual, de cambios constantes pero casi imperceptibles. El problema era: si la evolución tiene lugar a lo largo de un tiempo larguísimo, mediante cambios progresivos casi imperceptibles, ¿cómo es que no se puede documentar en el registro fósil ninguno de estos cambios de manera más o menos completa?
Es muy posible que, tal como pensaba Darwin, el registro fósil sea muy imperfecto, y creo que hay buenas razones para sospechar que así es, incluso tras la inmensa cantidad de fósiles que se han descubierto desde la muerte de Darwin, pero no se puede ocultar que resulta muy frustrante un argumento basado en la ausencia de evidencias. Más frustrante parece la remota posibilidad de obtener alguna vez evidencias. Es algo que recuerda lo fastidioso que resultaba para la ciencia experimental biológica el mecanismo evolutivo lamarckiano, indetectable e incomprobable. Si no se puede proponer una circunstancia en la que una teoría parezca mejor que otra, entonces esa teoría tiene poco valor cognoscitivo.

Por otro lado, los argumentos basados en la ausencia de testimonios, lo que también se llama “argumento del silencio”, también pueden hacernos sospechar si no estamos construyendo razones ad hoc para explicar un fallo o una carencia de nuestras teorías.  Parecería, además, como si la naturaleza jugara con nosotros con una precisión casi insultante, no dejándonos ver nunca, ni siquiera por casualidad, precisamente aquello que más deseamos ver: el paso gradual de una especie a otra.

El mecanismo evolutivo o el registro fósil acaba pareciéndose a ese Dios en el que creen tantas religiones, que parece querer mostrarse sólo en circunstancias dudosas, como si su mayor empeño fuera jugar con nuestra fe y nuestra credulidad. Un dios que juega al escondite con los creyentes y que, con su prolongada ausencia y su escurridiza presencia, suministra sin cesar argumentos a los ateos.

Personalmente, me da la impresión de que no puede haber una incompletitud del registro fósil tan uniformemente burlona, y que algo falla en nuestras teorías, o al menos en la teoría estrictamente gradualista. Incluso contando con la imperfección del registro fósil, me parecería más razonable pensar, por ejemplo, que ha habido épocas más proclives a la formación de muchas especies y otras, que creo que son más habituales, más estables. Y también cortes bruscos (mutaciones, extinciones, catástrofes) que hacen más fácil explicar las irregularidades del registro fósil.

**********

NOTA octubre 2004:
Según parece se ha podido observar en vivo por vez primera un cambio evolutivo puramente darwiniano en el Tibet. Se trata de mujeres que tienen hijos con sangre mejor adaptada a la existencia de poco oxígeno en el aire. Gracias a esa ventaja adaptativa, tienen más hijos (sus hijos e hijas sobreviven más que los otros y se reproducen más). Lo investigaré.
Por cierto, que esto plantea también uno de los problemas del registro fósil: este cambio en la sangre, según creo, ni siquiera quedaría registrado en el registro fósil. En el registro fósil, por lo general, sólo se pueden observar cambios puramente externos o esqueléticos.

 


[La Palma, septiembre 2004, (escrito cuando iba por la página 559)]

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Las teorías superadas

Stephen Jay Gould trata a menudo un asunto que me interesa mucho: la continua injusticia hacia los teóricos del pasado, a los que se elimina del debate intelectual sin tan siquiera conocer qué pensaban realmente. Descalificaciones maliciosas, burdas parodias de sus ideas que nos los presentan como si se tratara de verdaderos estúpidos. Leyendo ciertasEspecialmente llamativos son los casos de Goldschmidt y Cuvier (La estructura de la evolución, 511ss).

Muchas veces he lamentado la fácil descalificación y la manera tramposa en la que se exponen las ideas de los “derrotados” en el debate intelectual. Me alegra que Gould no lo haga y que respete y exponga con justicia incluso las ideas que él mismo rechaza. Gould llama Modelo de cartulina (514) a lo que en el Elogio de la infidelidad  llamé (creo que inspirado por alguien) “crear un monstruo”: crear un enemigo tan ridículo que es incapaz de responder a nuestros golpes dialécticos. Usé en cierta medida ese método en un capítulo del Elogio, pero advirtiendo al lector de mi truco. A decir verdad, no creé un monstruo o modelo de papel, sino que tan sólo elegí un defensor de la fidelidad que me permitía mostrar los extremos a los que puede llegar la defensa de la fidelidad. Me acusé, pues, en falso precisamente para no dar una importancia desmesurada al ejemplo elegido (el samurai autor de Hagakure). Por otro lado, si encuentro a alguien que defienda con vigor y buenos argumentos la fidelidad, lo añadiré a mi ensayo o en la página de Internet dedicada al libro, porque a mí, como creo que a Gould (y sin duda también a Darwin), me gusta mucho más convencer que vencer, y convencer a un enemigo poderoso mucho más que a un muñeco de cartón piedra. Aunque lo cierto es que, una vez quitado el barniz de lo establecido, de lo indiscutible (de lo que no se puede discutir, me refiero), los argumentos en favor de la fidelidad se derrumban solos; lo que no quiere decir que sea fácil convencer a sus partidarios: es casi imposible.

 

NOTA 29 de septiembre de 2004:

Samuel Johnson dice algo muy parecido a lo de Gould acerca del respeto a los antecesores. Puedes leerlo en Samuel Johnson: Prólogo a Shakespeare, pero también lo reproduzco aquí:

“Puedo afirmar con absoluta franqueza de todos mis predecesores lo que espero que se diga de mí en el futuro: que ninguno ha dejado de mejorar a Shakespeare y que no hay ninguno con cuya ayuda o información no esté en deuda… a todos los he tratado con la consideración que unos a otros no han tenido la prudencia de dispensarse”.

 

 


(La Palma, septiembre 2004)

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Mi teoría de la evolución

Antes de empezar a leer, en el verano de 2004, las más de 1400 páginas de La estructura de la evolución, de Stephen Jay Gould, decidí escribir lo que opinaba de la teoría evolutiva. Ahora hago públicas esas notas, aunque soy consciente de que mis opiniones acerca de este asunto poco pueden interesar a cualquier otra persona.

En primer lugar, debo admitir que me gusta hacer este tipo de experimentos. Por ejemplo, antes de hacer la carrera de filosofía cogí un libro de texto típico de historia de filosofía y escribí lo que opinaba de cada teoría y filósofo, para luego poder comprobar si mis ideas cambiaban o no tras la carrera.

Este tipo de pruebas o exámenes previos al estudio me interesan porque siempre decimos: “Yo pienso eso desde hace 10 años”, o “desde toda la vida”, pero a menudo eso es mentira. Ni siquiera nosotros sabemos que estamos mintiendo. La memoria nos engaña, por muy claras que veamos las cosas en nuestro recuerdo. Así que si uno escribe algo y lo fecha, después puede comprobar si su memoria es buena o mala y demostrar, si hace falta o le interesa, que pensaba esto o lo otro. Yo escribo desde los 13 o 14 años montones de cosas porque padezco logofagia, una enfermedad que si recuerdo bien la mención de Ortega y Gasset, padecía Scheler, entre otros muchos (yo mencionaría a Leibniz entre los más ilustres). La manía de escribir me permite constatar que he pensado muchas cosas que ahora me causan asombro, para lo bueno y para lo malo.
La ventaja de hacer públicas las ideas en una página web (por cierto habría que encontrar un sinónimo a esto de página web que es un término un poco absurdo) es que no puedes hacer trampa con la fecha: hay maneras de comprobar en qué fecha se publicó algo, incluso aunque luego le cambies la fecha..

A partir de este punto, lector, puedes dejar de leer esta entrada, que te resultará un poco aburrida, pero si continuas leyendo, conviene que sepas que estas son las opiniones de un diletante y un aficionado, no las de un científico.

Apunto aquí, a vuelapluma lo que recuerdo que opino, muy sintetizado, acerca de la teoría de la evolución y de la evolución en general.

MI VISIÓN DE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN

1. Creo que los organismos evolucionan y no fueron creados tal como son ahora por Dios o lo dioses, sino que proceden unos de otros.

2. Creo que la evolución actúa por medio de la selección natural
Explicado de manera sencilla: los entes que mejor se adaptan al medio tienen más posibilidades de reproducirse. De este modo actúa la selección natural sobre los organismos.

3. La selección natural actúa sobre todo
Antes he dicho entes u organismos para no decir: genes, individuos, grupos o especies.
Una de las discusiones acerca de la selección natural es si la selección opera sobre genes, grupos, familias, individuos, especies, etcétera.
Es difícil tener una opinión definida al respecto, pero me da la impresión de que mi opinión se podría expresar más o menos así:

a) No creo que la selección natural opere sólo sobre uno de estos entes.

b) No creo ni siquiera que sea muy correcto decir que la selección”opera” o “actúa”. Simplemente, las cosas suceden:
–los genes se reproducen, unos mejor que otros
–los individuos se reproducen, unos mejor que otros
–las especies o los grupos se reproducen o mantienen, unos mejor que otros.
Etcétera.

Creo que en cada nivel (genes, individuos, grupos…) los organismos se reproducen y que unos lo hacen mejor y otros peor. Pero me da la impresión de que no hay un sujeto concreto y único de la evolución.
A veces un cambio evolutivo se produce debido a una característica muy específica de los genes, en otras ocasiones debido a una característica muy específica de los individuos, etcétera.

Ejemplo tonto número 1:
Aunque un individuo posea genes potencialmente mejor adaptados al medio, de nada le valdrán y no logrará reproducirse si otro individuo con genes peores tiene un cuchillo y lo asesina. Sería absurdo pensar que lo genes del tipo del cuchillo eran más aptos que los del otro. ¿Por qué? Porque incluso podemos suponer que el tipo del cuchillo, después de matar al otro no siquiera se reprodujo y el beneficiado fue un tercero que no tuvo arte ni parte.

4. Dicho lo anterior, en general me inclino a pensar que es más determinante en el proceso selectivo el individuo que el gen, la especie o el grupo. Naturalmente, se pueden encontrar ejemplos de selección de grupo que se impone fuertemente a la selección individual: el holocausto de millones de judíos por los nazis echa por tierra la aptitud o no aptitud de los judíos para reproducirse.

Al poner el ejemplo anterior, era consciente de que el holocausto no es un mecanismo biológico, pero sí es algo que sucedió y que explica que una población determinada, los judíos de Europa, se redujera de manera drástica, algo de lo que no se ha recuperado. Había países, como Polonia en los que, si recuerdo bien, llegaba al 25% de la población. (comentario en 2011)

Paradojas de este tipo se pueden encontrar a montones: una especie que ha triunfado durante siglos, como los conejos australianos, es aniquilada por gatos traídos de Europa. El pájaro dodó de la isla Mauricio es exterminado por los europeos, no a causa de la competencia por un nicho ecológico ni para servir de alimento, sino por ser “feo”.

Según parece, un alto porcentaje de personas no son hijos de sus padres (quizá entre un 5 y un 10 por ciento, pero creo que más). Eso significa que la familia García, por ejemplo, está manteniendo y ayudando a reproducirse a unos genes que no son los suyos.

Este ejemplo puede servir para apoyar la teoría del gen egoísta (los genes son el sujeto de la selección) pero es fácil darle la vuelta al argumento si nos ponemos en el lugar de la familia García, que mantiene su apellido aunque sea con genes ajenos.

Del mismo modo se podría interpretar la adopción: desde el punto de vista del adoptado se apoya la teoría del gen egoísta (quizá) pero desde el punto de vista de los adoptantes todo lo contrario.

En cualquier caso, desde el punto de vista biológico, que es el que aquí nos interesa, lo que se refuerza es la teoría de los genes (comentario en 2011).

5. Pienso que, en general, el sistema que engloba a otro determina más el proceso selectivo que el englobado o comprendido por él. En este sentido me parece más importante el individuo. Sin embargo, el grupo o la especie, no me parece que estén por encima del individuo (lo que quizá sea contradictorio por mi parte). Me parece que más allá del individuo no se puede hablar con absoluta propiedad de organismos sometidos al proceso evolutivo.

6. Creo, de todos modos, que este no es un simple problema de perspectiva: no creo que la tarea de la ciencia sea salvar los fenómenos a la manera de lo que decía Ossiander en el prólogo al De Revolutionibus de Copernico.

Creo que la ciencia se refiere a un mundo exterior y que, aunque sería perfectamente posible hacer hoy en día una astronomía tolemaica y geocéntrica con montones de epiciclos y ecuantes que se ajustase a los fenómenos observados, ello no impediría seguir pensando que es más verdadera la explicación heliocéntrica del sistema solar con los planetas trazando elipses alrededor del Sol.
En una ocasión le dije a un amigo que el reduccionismo de Dawkins al considerar al gen el sujeto evolutivo se podría extender a los átomos o a los fotones: son ellos quienes compiten. No le gustó la idea entonces, pero ahora mantiene que las explicaciones basadas en el gen o en el individuo o en lo que sea son equivalentes y que es sólo un punto de vista que se puede elegir. Yo no estoy de acuerdo porque empleé lo de los fotones como argumento de reducción al absurdo, no para probar que cualquier explicación es válida. No creo que sea un problema de perspectiva o punto de vista. Parece claro que casi todo lo que se explique con individuos se puede explicar con los genes, pero hay que recordar lo de la astronomía tolemaica y la copernicana. La ciencia no puede afirmar la verdad absoluta, creo, pero tampoco decir que todo depende, al menos no siempre, del punto de vista.

7. Creo que el cerebro es un producto de la evolución y que algunas de sus características son también un producto más o menos directo de la selección natural. Pero no todas.
Es decir, creo que los sistemas complejos pueden, gracias a su complejidad, hacer cosas para las que no parecían destinados (que no fueron favorecidas específicamente por la selección).

La última aclaración entre paréntesis tiene como objetivo disipar cualquier tentación teleologista, es decir el sostener que un cambio evolutivo tiene un propósito que descubriremos en el futuro (la causa final aristotélica) [comentario en 2011]

En particular, considero que aunque puede haber diferencias biológicas entre hombres y mujeres tal vez debidas al proceso evolutivo, dada la complejidad del cerebro humano (masculino y femenino) esas diferencias pueden ser y son borradas casi de un plumazo por la educación y la cultura. Creo que esto es tan evidente por simple observación de la realidad que me asombra que todavía se dude de ello.

8. Creo que los genes influyen en el comportamiento pero que esa influencia puede ser corregida y casi anulada por la cultura y la educación.

9. Creo que no todas las características de los seres vivos tienen su causa en la selección natural. Considero que algunos cambios favorecidos por la selección natural han traído consigo otros que no fueron provocados directamente por ella.

10. Creo que los factores que más influyen en la selección natural son la mejor o peor adaptación al medio, las mutaciones o transcripciones erróneas del código genético y el azar.

11. También creo que en el proceso evolutivo influyen grandes catástrofes biológicas.

12. No considero adecuado emplear términos o ideas psicologistas para referirse al proceso evolutivo. Ni siquiera me parece adecuado lo de “supervivencia del más apto” (que es una idea que hace casi imposible escapar de la tautología).

13. Tampoco creo que se deban emplear ideas teleológicas (finalistas, con una meta u objetivo) que dan a entender que el proceso evolutivo se dirige de manera más o menos consciente a algo: no cambian, mutan o se reproducen los entes para llegar a algo, sino simplemente a causa de algo: se han adaptado al medio, les favorece el azar, se ha producido una mutación y los individuos mutados se reproducen mejor en ese medio concreto.

14. Tampoco creo en el lamarquismo, que es la manera en la que el 90% de los no expertos en biología ven el proceso selectivo. No es raro, puesto que el propio Darwin fue un poco lamarquiano (lo que es comprensible, pues no conocía el gen). Por cierto, que me encantaría que fuese cierto el lamarquismo.

La razón por la que me encantaría es que ello permitiría heredar la memoria y ser, en cierto modo, inmortales. Se cuenta algo parecido en mi cuento “La memoria de los siglos”, de Recuerdos de la era analógica. [comentario en 2011]

15. Pienso que es posible que exista verdadero altruismo, el apoyo mutuo entre individuos, grupos o especies. En particular entre los seres humanos. Sé que esta es posiblemente mi opinión más heterodoxa. Soy consciente de ello y de su poca contrastación científica, pero no puedo evitar pensarlo. Ahora bien, no creo que el altruismo sea el factor selectivo determinante ni mucho menos, aunque creo que sí es más importante en la especie humana que en otras especies.

16. Todas esas cosas no son propiamente una cuestión de creencia a la manera de fe o deseo. No es que yo prefiera el individuo por razones éticas frente al gen o la especie (que lo prefiero): es que creo que está más fundamentado hoy por hoy. Pero cambiaré de opinión con mejores razones y argumentos (no con deseos o dogmas).

17. En este asunto, como en casi todo, desconfío mucho de las explicaciones que lo explican todo y en particular de los reduccionismos (que reducen todo a único factor), como la teoría del gen egoísta. El ingenio explicativo es en biología quizá el más asombroso de todos los que conozco, exceptuando las ideologías: cualquier cosa se puede explicar y justificar.

18. Acerca de los memes, me remito a mi ensayo Memes, mundos e Ideas platónicas, donde queda bastante claro qué es lo que opino.

Como todavía no me he comenzado a leer el libro de Stephen Jay Gould, quizá escriba alguna cosa más sobre la evolución si me acuerdo de algo más.

 


(Publicado el 22 de julio de 2004 en Seingalt, diario secreto)

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Los cortes de la navaja de Occam

Occam's Razor

La navaja de Occam es una de esas imágenes filosóficas que se usan una y otra vez para resolver disputas teóricas. Creo que casi siempre se emplea mal, y más desde que se ha convertido en un lugar común equivalente a un anatema que se lanzan unos a otros.

Antes de explicar por qué creo que se emplea mal, recordaré qué es la navaja de Occam.

Guillermo de Occam (William of Ockham) era un monje franciscano, célebre por su inteligencia, por lo que no es extraño que Umberto Eco lo tomara como modelo (junto a Sherlock Holmes) de su Guillermo de Baskerville en El nombre de la rosa. Se atribuye a este monje el artilugio lógico o filosófico llamado “la navaja de Occam” que es la sintesis de su frase “Entia non sunt multiplicanda sine necesitate”. Es decir, los entes no se deben multiplicar innecesariamente. La expresión se empleó en su origen en la disputa acerca de los conceptos universales, como “humanidad”, “Trinidad” o “belleza”, que enfrentó a los nominalistas y los realistas.

Los nominalistas creían que esos conceptos y todo lo que se refiere a géneros y especies, pero no a individuos concretos son tan sólo entes de razón, ideas o conceptos que no existen por sí mismos. Los realistas decían que esos conceptos universales tenían una existencia propia y real y que no eran tan sólo palabras. Tras la disputa se escondía tambien uan disputa teológica, porque si los nominalistas negaban la existencia real y efectiva de la Trinidad, toda la teología cristiana se venía abajo. La navaja de Occam, en consecuencia, permitía cortar la existencia de todos esos entes conceptuales, pero también la de los conceptos y artilugios teóricos que a menudo se empleaban en las discusiones, pero que no parecía que tuvieran una correspondencia en el mundo de lo observable y experimentable.

A menudo, primero en lógica y física, pero con el tiempo en biología o en cualquier otra ciencia o arte, desde la economía a la historia y desde la crítica literaria a a la antropología, se recurre a la navaja de Occam para afeitar las explicaciones enrevesadas, las que parecen demasiado complejas.

Occam-William-of-Ockham-Quotes-1

“Si todo lo demás es equivalente, la solución más simple suele ser la mejor”

Sin embargo, la navaja de Occam se emplea tanto que su filo empieza a estar mellado o bien corta lo que no debería cortar, en busca en ocasiones de una sencillez que acaba siendo simplismo.

Es posible que el uso realmente útil de la navaja de Occam (aparte de la disputa original entre los nominalistas y los realistas) se dé cuando se aplica a posteriori, pero no cuando se aplica a priori. Es decir, no debería utilizarse como una censura previa (excepto en casos que resultan tan evidentes que salta a la vista la exagerada multiplicación de los entes o explicaciones), sino que puede emplearse como una razón más para decantarnos por una explicación en lugar de por otra, siempre y cuando ambas explicaciones sean totalmente equivalentes.

No sirve para refutar una teoría con la excusa de que una teoría es demasiado compleja, sino para hacernos sospechar que si hay dos soluciones posibles y una es más sencilla, entonces es probable que la más compleja haga uso de supuestos innecesarios. Pero sólo indica esa probabilidad.

Sin embargo, también es perfectamente posible imaginar una explicación compleja que sea, sin embargo, la explicación correcta, a pesar de que también exista otra explicación más sencilla que también parezca capaz de dar cuenta de los fenómenos que se quieren explicar. Voy a intentar imaginar una situación de este tipo (que será una inversión de la disputa entre el sistema tolemaico y el copernicano). Cuando lo haya pensado, se lo comunicaré al lector en otro artículo.

 

La complejidad y la sencillez

Por mucho que nos gusten las soluciones simples, a menudo los problemas exigen soluciones complejas. Aunque un asunto se pueda explicar de manera simple, ello no implica necesariamente que deba explicarse así.

Esto no vale sólo para la biología y la evolución, sino que también se puede aplicar a la sociología y la psicología: a menudo tendemos a explicar el comportamiento de otra persona a partir de una sencilla ecuación estímulo-respuesta, pero casi siempre las verdaderas razones de un comportamiento son más complejas de lo que creemos.

En definitiva, la navaja de Occam ha de tomarse como un estímulo para seguir investigando y puliendo nuestras teorías, quitándoles lo innecesario, pero en otras ocasiones ha de ser aplicada como un factor de probabilidad (no de certeza) en el momento de elegir entre teorías rivales. Finalmente, en muchas ocasiones su mejor y más razonable uso es tan sólo semejante al un proverbio o una frase hecha que viene al caso y confirma algo: un comentariofinal una vez que una cuestión ya ha sido decidida gracias a una explicación sencilla.

Decimos, por ejemplo: “A quien madruga, Dios le ayuda”, si gracias a nuestro madrugón hemos conseguido llegar a tiempo a una cita importante, pero diremos: “No por mucho madrugar amanece más temprano” si hemos madrugado tanto que llegamos dormidos y agotados a esa cita tan importante. Los refranes no suelen expresar verdades, sino que existe uno para cada ocasión. Sirven como estímulo retórico o emotivo para hacer algo o como comentario posterior (positivo o negativo) a una acción ya realizada. En ese mismo sentido se puede emplear a veces la navaja de Occam: “Ya te decía yo, que aquí había que sacar la navaja de Occam: todo es más sencillo de lo que parecía”.

Pero nunca se debería emplear como un criterio de verdad o como un anatema o dogma de fe en contra de ideas o de teorías, que es algo que se hace bastante a menudo.

**********

[Escrito en 2004 en La Palma, como comentario a La estructura de la evolución, de Stephen Jay Gould los textos en naranja los he añadido en 2014 para hacer más comprensible el texto. En el texto original anoté que lo había escrito antes de leer la página 583 del libro, y añadí: “Quizá Gould diga más adelante algo semejante a lo que yo quiero decir aquí”. Supongo que adivinaba que Gould se iba a ocupar de la navaja de Occam y su uso en ciencia, algo que supongo, se verá en futuras entradas dedicadas al libro]

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