El terror invade América

"El vampiro del abuelo"

“El vampiro del abuelo”

En Salvado por el terror y la mitología conté cómo empecé a escribir cuentos de terror para la Biblioteca Universal de Misterio y Terror de la editorial UVE y cómo en cierto modo la mitología y el terror sirvieron para compensar mi fracaso escolar.

Portada de la colección peruana

Aquellos cuentos de terror, sin embargo, quedaron olvidados hasta que, después de publicar en 2008 La verdadera historia de las sociedades secretas, decidí agrupar todos mis libros en una misma página, así que empecé a buscar información relacionada con aquellos lejanos cuentos de terror. Entonces me encontré con una verdadera sorpresa: los cuentos de terror no sólo habían sido publicados en España, sino también en Perú y en Chile, y tal vez en otros países de Latinoamérica. Además, descubrí que para algunas personas aquella colección todavía constituía un recuerdo muy especial. Y, de nuevo para mi sorpresa, incluso se mencionaba alguno de mis cuentos de manera elogiosa en esos blogs.Ya he dicho que siempre he considerado que mis cuentos de terror eran muy malos y que su mayor defecto era que no daban miedo (quizá el mayor pecado para un cuento de terror), pero me alegra que hayan interesado e incluso asustado a alguien, porque, a pesar de todo, guardo cierto cariño a esos relatos.

uve-12

Entre los comentarios de lectores, rescato aquí algunos. El autor de la página de peruana de Markowsky:

“Los últimos de Yiddi: Escalofriante historia sobre un hombre que vuelve a su ciudad de origen a enfrentar una maldición que pesa sobre su linaje”.

Y en un comentario en la misma página Markovsky, se menciona otro de mis cuentos:

“Me has hecho recordar justamente el cuento de la colección llamado La botella del Tíbet, y también el texto de Nietzche que dice que no mires largo tiempo al abismo pues el abismo mirara dentro tuyo”.

Y más adelante añade también Markowsky:

“Para no ser injusto en mi anterior comentario me faltó mencionar que otro resaltante escritor lovecraftiano de la colección es Daniel Tubau con los interesantes cuentos Los últimos de Yiddi, El panteón de los Ugarte y La narración de James Boscombe”.

En otro comentario se dice:

uve-13“También lo que dices sobre las similitudes me parece correcto, a medida que uno iba explorando las raíces se daba cuenta de que muchos de los cuentos eran tributos u homenajes a los maestros originales, de hecho resultaba divertido después releerlos para contrastarlo mejor con las fuentes originales, voy a tomar como ejemplo el caso de Lovecraft y recuerdo que había homenajes de muy buen nivel como los realizados por los maestros Cidoncha y Tubau”.

uve08“Por otro lado, luego de tantos años (prácticamente mas de 30) no me explico como ninguna otra editorial se ha animado a una iniciativa similar a la de UVE, aunque reconozco que muchos de los escritores habituales de la colección eran conocidos guionistas o literatos en España (me vienen a la memoria Juan Tebar, Carlos Saiz Cidoncha, Daniel Tubau, Pedro Montero, Jose Leon Cano, Nino Velasco, Alberto Insúa, Manolo Marinero, entre otros) que además realizaron muchos otros proyectos de interés en la época”.

uve-39La interesante y detallada entrada de Markowsky incluye también una reproducción de la convocatoria del premio UVE, dotado con un millón de pesetas, lo que era una verdadera barbaridad en la época. Mi cuento Los últimos de Yiddi quedó entre los 25 finalistas del concurso, que casi ganó mi padrino, José Luis Velasco, quien también publicó muchos cuentos, así como su mujer, Carmen Morales. El ganador fue Juan Tébar, amigo y compañero hoy en día en la Escuela de Cine de Madrid (ECAM).


Los 25 finalistas del premio


Puedes leer la entrada entera de Markowsky con este enlace: Markowsky dice

Pronto escribiré algunos recuerdos de aquella época terrorífica, que prometí a Markovsky hace ya algunos años.

Epílogo en 2018: reviso esta entrada unos días después de que la sugerencia de uno de los corresponsales de Markowsky se haya hecho realidad, puesto que Agustín Cordés ha hecho realidad el sueño de traer de nuevo a la vida el espíritu de aquella colección de cuentos de terror en Historias de Misterio y Terror


LIBROS DE DANIEL TUBAU

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Web: El espectador es el protagonista

 


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Recuerdos de la era analógica
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La ver­dadera his­to­ria de las sociedades sec­re­tas
Alba Edi­to­r­ial, 424 pági­nas

ebook/libro impreso

Web: La verdadera historia de las sociedades secretas

 


Elogio de la infidelidad
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Web: Elogio de la infidelidad


Cuentos del siglo 20

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Salvado por el terror (y la mitología)

A los diecisiete años yo era el perfecto ejemplo de eso que se llama un fracasado escolar. Había repetido tres veces Segundo de Bachillerato y por fin había logrado convencer a mis padres de que no valía la pena intentarlo por cuarta vez. Lo cierto es que tampoco había aprobado los cursos de 5º a 8º de la Educación General Básica (EGB) y que solo había logrado pasar a los cursos siguientes gracias a que los profesores del colegio “Siglo XXI”, en el barrio de Moratalaz, consideraban que no debía repetir y me pasaban de curso, siempre y cuando yo les prometiera estudiar al año siguiente. Yo lo prometía, por supuesto, aunque después no lo cumplía. No es que no lo intentase: de vez en cuando me esforzaba durante una semana o dos, pero enseguida renunciaba, porque las cosas que tenía que estudiar me parecían muy aburridas, en especial la asignatura de lengua.

A los diecisiete años yo era el perfecto ejemplo de eso que se llama un fracasado escolar Clic para tuitearCuando terminó el colegio y llegué al instituto Montserrat no sabía casi nada de lo que había que saber en Primero de bachillerato, pero logré pasar de curso. No sé muy bien cómo ni por qué, tal vez porque tuve una extraordinaria profesora de Latín, para la que hice un trabajo de mitología en el que sí puse verdadero interés. Le gustó mucho y, además de aprobarme, tal vez influyó en los otros profesores.

Carlos Gaytan, Diccionarios mitológico

Teseo contra el Minotauro en la portada de mi Diccionario Mitológico

A pesar de mis fracasos escolares, me gustaba mucho la mitología y era capaz de hacer cuadros genealógicos en los que situaba de manera correcta a unos 500 dioses griegos sin consultar ningún libro. Supongo que fue debido a eso que cuando llamaron a mi madre para notificarle mi expulsión en Segundo de Bachillerato y le dijeron: “Hay muchachos que no están preparados para estudiar y tienen que dedicarse a otras cosas”, ella respondiese: “Son ustedes quienes no saben enseñarle”.

La pasión mitológica se inició en mí precisamente un día en el que recorría con Victoria, mi madre, la Cuesta de Moyano de Madrid, donde se  venden libros de segunda mano. Me compró un libro llamado Diccionario Mitológico, que tal vez me atrajo porque en la portada se veía a un héroe luchando con un extraño monstruo con cabeza de toro. El libro era de Carlos Gaytán y todavía lo conservo.

Después, ya fascinado por la mitología, empecé a leer uno tras otro los deliciosos libros de Juan B. Bergua, especialmente su Mitología Universal, que consulté tanto que quedó destrozado (también conservo ese ejemplar).

Juan B. Bergua, Mitología universal

Mi primera Mitología Universal de Juan B. Bergua. Años después compré otro ejemplar porque este ya estaba completamente destrozado.

Además de la mitología, me interesaban todo tipo de temas de ninguna utilidad en el colegio (excepto en aquella clase de latín): los piratas, la muerte, los indios pieles rojas, Gengis Khan y los mongoles, los comics, la ciencia ficción, los diálogos de Platón, el cine… y los cuentos de terror.

En el número 5 se publicó mi cuento “Los últimos de Yiddí”

Gracias a mi afición por los cuentos de terror conseguí mi primer trabajo: mi madre supo que un amigo suyo iba a lanzar una colección de cuentos de terror y le dijo que yo tenía algunos cuentos escritos. Era verdad, porque desde los 14 años había escrito muchos cuentos y varios de ellos eran de terror. Uno de ellos era Monthy, un mal plagio de Egdar Allan Poe, que era mi escritor favorito. Creo que el cuento estaba inspirado de alguna manera, quizá sin que yo fuera del todo consciente, en la triste historia del actor Monthy (Montgomery) Clift y aquel terrible accidente que le deformó la cara.

El problema era que yo pensaba, con toda razón supongo, que mis cuentos de terror eran muy malos, como el ya mencionado Monthy, así que me puse a escribir otros un poco más elaborados. Se los llevé a Jose Antonio Valverde y Luciano Valverde. Les gustaron y me pidieron más. De este modo, publiqué unos diez cuentos en la Biblioteca Universal de Misterio y Terror de la editorial UVE.

  Hace un tiempo descubrí que en algunas páginas de Internet se habla de esos libros y que en algún lugar me incluyen en enumeraciones de escritores lovecraftianos, como en la Universidad Miskatónica Lovecraftiana.

Los últimos de Yiddí

Mi cuento “Los últimos de Yiddí” en la Universidad Miskatónica lovecraftiana, un verdadero honor

[La historía continúa (muchos años después) en: El terror invade América]


Epílogo en 2018: reviso esta entrada unos días después de que Agustín Cordés haya hecho realidad el sueño de traer de nuevo a la vida el espíritu de aquella colección de cuentos de terror en Historias de Misterio y Terror. En el primer número se publica precisamente mi cuento Monthy, que revisé animado por los estupendos consejos de Agustín Cordés y que ahora, aunque conserva su vieja encarnadura, vive de nuevo, nutrido por sangre fresca.

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Salvado por el terror (y la mitología)

A los diecisiete años yo era el perfecto ejemplo de eso que se llama un fracasado escolar. Había repetido tres veces Segundo de Bachillerato y por fin había logrado convencer a mis padres de que no valía la pena intentarlo por cuarta vez. Lo cierto es que tampoco había aprobado los cursos de 5º a 8º de la Educación General Básica (EGB) y que solo había logrado pasar a los cursos siguientes gracias a que los profesores del colegio “Siglo XXI”, en el barrio de Moratalaz, consideraban que no debía repetir y me pasaban de curso, siempre y cuando yo les prometiera estudiar al año siguiente. Yo lo prometía, por supuesto, aunque después no lo cumplía. No es que no lo intentase: de vez en cuando me esforzaba durante una semana o dos, pero enseguida renunciaba, porque las cosas que tenía que estudiar me parecían muy aburridas, en especial la asignatura de lengua.

A los diecisiete años yo era el perfecto ejemplo de eso que se llama un fracasado escolar Clic para tuitearCuando terminó el colegio y llegué al instituto Montserrat no sabía casi nada de lo que había que saber en Primero de bachillerato, pero logré pasar de curso. No sé muy bien cómo ni por qué, tal vez porque tuve una extraordinaria profesora de Latín, para la que hice un trabajo de mitología en el que sí puse verdadero interés. Le gustó mucho y, además de aprobarme, tal vez influyó en los otros profesores.

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A pesar de mis fracasos escolares, me gustaba mucho la mitología y era capaz de hacer cuadros genealógicos en los que situaba de manera correcta a unos 500 dioses griegos sin consultar ningún libro. Supongo que fue debido a eso que cuando llamaron a mi madre para notificarle mi expulsión en Segundo de Bachillerato y le dijeron: “Hay muchachos que no están preparados para estudiar y tienen que dedicarse a otras cosas”, ella respondiese: “Son ustedes quienes no saben enseñarle”.

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El problema era que yo pensaba, con toda razón supongo, que mis cuentos de terror eran muy malos, como el ya mencionado Monthy, así que me puse a escribir otros un poco más elaborados. Se los llevé a Jose Antonio Valverde y Luciano Valverde. Les gustaron y me pidieron más. De este modo, publiqué unos diez cuentos en la Biblioteca Universal de Misterio y Terror de la editorial UVE.

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Los últimos de Yiddí

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