El secreto es como morir

La idea  está presente en todo tipo de ceremonias y rituales en diversas culturas, que relacionan la iniciación con la muerte. Hablo de ello en La verdadera historia de las sociedades secretas y en especial en el capítulo titulado Otros misterios de la Antigüedad, que se inicia con la célebre frase de Platón.

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Orfeo a punto de descender a los infiernos (por Dino Buzzatti en Poema a Fumetti)

 Aparte de todo lo relacionado con la iniciación y, por ejemplo, con los ritos órficos, en los que la muerte y el descenso a los infiernos son seguidos por el regreso al mundo de los vivos, aunque habiendo sido transformado por la experiencia. En el caso de Orfeo podríamos considerar que esa parte suya que muere para siempre antes del renacimiento, es la propia Eurídice, su amada, que  permanece en las mansiones de Hades.

Pero en el caso de Platón, la frase tiene un doble significado  relacionado directamente con su filosofía y su metafísica y ontología, es decir, la disciplina que estudia el ser y la naturaleza última de los seres o, si se prefiere, “lo que hay”.

Platón, en efecto, consideraba que el mundo que habitamos es una copia de un mundo ideal, en el que viven los modelos perfectos o arquetipo de los que son copia todo lo que existe en este mundo vulgar nuestro. Nuestras almas habitan en ese mundo ideal y allí se pasan el tiempo contemplando las Ideas o Arquetipos. Por eso, cuando nacemos en realidad morimos, porque abandonamos el mundo perfecto para venir a esta prisión que llamamos realidad.

En consecuencia, morir significa regresar al mundo ideal, y por ello morir es ser iniciado, descubrir el secreto y la verdadera realidad de la que fuimos expulsados al nacer.

 

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El primer capítulo de la novela El símbolo perdido de Dan Brown comienza conuna frase parecida: “El secreto es como morir”.

Originally posted 2013-04-25 21:32:20.

Tabla Esmeraldina

 

Tabla Esmeraldina (o Esmeralda)

Escrito atribuido a Hermes Trimegisto.

Aunque no es uno de los textos incluidos en el Corpus Hermeticum, desde que Marsilo Ficino tradujo aquellos extraña colección de textos, la Tabla Esmeraldina ha estado asociada a ellos. También se han encontrado versiones árabes de la Tabla Esmeraldina en el libro escrito en árabe Kitab Sirr al-Khaliqa, fechado entre 650 y 830, donde se asegura  que se trata de una carta escrita por Aristóteles a Alejandro Magno. Fue traducida al latín en el Secretum Secretorum (El secreto de los secretos) por Juan de Sevilla (Johannes Hispaliensis) hacia el año 1140 y por Felipe de Trípoli hacia el 1243.

El texto de la Tabla Esmeraldina es tan breve que se puede reproducir aquí, pero ha sido objeto de múltiples interpretaciones y contiene el que quizá es el concepto más célebre del hermetismo: “lo de arriba es como lo de abajo”. Ahora bien, los términos de la comparación (arriba/abajo) se han interpretado de muchas maneras, por ejemplo: que el macrocosmos se corresponde con el microcosmos,  que lo espiritual se corresponde con lo material o que la divinidad se corresponde con el ser humano.

Esta es la Tabla Esmeraldina:

Es real, sin mentira, cierto y muy verdadero.

Lo que está abajo es como lo que está arriba,

y lo que está arriba es como lo que está abajo, para hacer los milagros de una sola cosa.

Y así como todas las cosas han salido de una cosa por el pensamiento de uno, asímismo todas las cosas han nacido de esta cosa por adaptación.

Su padre es el Sol, su madre es la Luna,

el viento lo ha llevado en su vientre;

la tierra es su nodriza.

Ahí está el padre de todo,

el Thelema del Universo.

 

Su potencia sobre la tierra no tiene límites.

Separarás la tierra del fuego, lo sutil de lo espeso, suavemente, con gran industria.

El que sube la tierra al cielo y enseguida vuelve a bajar sobre la tierra, y recoge la fuerza de las cosas superiores e inferiores.

Así tendrás toda la gloria del mundo, por eso toda la oscuridad se alejará de tí.

Es la fuerza fuerte de toda fuerza, porque vencerá toda cosa sutil y penetrará toda cosa sólida. Así es como fue creado el mundo.

He ahí la fuente de admirables adaptaciones, aquí indicada.

Por eso he sido llamado Hermes Trismegisto, que posee las tres partes de la Filosofía Universal.

Lo que he dicho de la operación del sol, es completo.

La palabra que he puesto en negrita en el texto, Thelema, ha sido traducido como “Voluntad” y es de gran importancia por varias razones. Se  encuentra en abadías de Thelema de Rabelais, de Dashwood o de Aleister Crowley, como se puede ver en la entradas de este diccionario dedicada a ella: Thelema.

Más información acerca de la Tabla Esmeraldina y los textos herméticos en La verdadera historia de las sociedades secretas, página 342. La imagen que encabeza esta entrada es de la edición del texto en latín por Chrysogonus Polydorus, Nuremberg 1541.

 

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Originally posted 2012-04-11 18:00:06.

Ingresar en una sociedad secreta

 

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En el capítulo “La única mujer masona” cuento el caso de la primera mujer que ingresó en la masonería y la curiosa manera en la que lo consiguió.  En “El lado oscuro de la masonería” de las acusaciones a los masones de cometer crueldades.
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Masones en Dan Brown

En El símbolo perdido, Dan Brown describe una ceremonia de iniciación:

“Tal y como era tradición, había comenzado ese viaje ataviado con la vestimenta ritual de los herejes medievales que conducían al cadalso: la camisa abierta para dejar el pálido pecho al desnudo, la pernera izquierda del pantalón enrollada hasta la rodilla y la manga derecha remangada hasta el codo. Además, una gruesa soga alrededor del cuello: el «cable de remolque», lo llamaban los hermanos.”

Estos “hermanos” como es obvio, son los masones. Por si alguien no conoce el rito de iniciación masónico citado antes, enseguida Brown describe su indumentaria, que sí es conocida por todo el mundo:

“Los hermanos que lo rodeaban iban todos ataviados con el atuendo completo: delantal de piel de cordero, banda y guantes blancos.” 

Ceremonia de iniciación masónica en la que se aprecian casi todos los detalles descritos por Brown

 

Brown describe algunos detalles más de la ceremonia, explicando que el iniciado bebe un vino semejante a sangre de un cráneo humano.

Masones con sus típicos delantales o mandiles. El más alto (que está recibiendo la biblia masónica), es el célebre actor John Wayne

 

Aunque la descripción es neutra y realista, a quienes no conozcan la ceremonia y las costumbres masónicas les puede parecer extravagante o siniestra. Sin embargo, todos estos ritos tiene un significado simbólico y todo el acto es por completo inofensivo. Como descubrirá el lector del libro, Brown comienza de esta manera sin duda para atraer la atención de los lectores con algo vistoso y chocante, pero a medida que el libro avanza se detecta una clara simpatía de Brown hacia los masones.

Sin embargo, hay que señalar que el uso de la palabra “Hermandad” para referirse a la masonería es ambivalente: los masones lo usan constantemente y se llaman unos a otros “hermano”, pero también el periodista Stephen Knight tituló La hermandad a un libro, publicado en 1984, en el que acusaba a los masones de estar infiltrados en todos los centros del poder.

El libro La hermandad, fue un éxito de ventas y contribuyó a todo tipo de teorías conspirativas relacionadas con los masones. El propio Knigt, en 1976, había publicado otro libro, Jack el destripador, la solución final, en el que relacionaba a la corona de Inglaterra y a los masones con los crímenes de Jack el destripador.

 

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Los masones son posiblemente la sociedad secreta, junto a los rosacruces, a la que dedico más espacio en mi libro, contando su origen y evolución e intentando desvelar su secreto, por ejemplo, en el capítulo “El secreto del secreto”.

 

La ver­dadera his­to­ria de las sociedades sec­re­tas
Alba Edi­to­r­ial, 424 pági­nas

“La ver­dadera his­to­ria de las sociedades sec­re­tas desvela el saber oculto de los influyentes masones y franc­ma­sones, los mis­te­riosos rosacruces, los ese­nios y sicar­ios con­tem­porá­neos de Jesu­cristo, los magos per­sas y los sac­er­dotes egip­cios, los asesinos del Viejo de la Mon­taña, el pri­o­rato de Sión y los tem­plar­ios.
El libro nos guía a través de un sin­fín de cer­e­mo­nias ini­ciáti­cas, cul­tos mis­téri­cos, lengua­jes secre­tos, sím­bo­los y con­traseñas o la asom­brosa Cábala.”

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Mafia

 ENTRADAS PUBLICADAS

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Dan Brown entre la ficción y la realidad

Ya desde las primeras páginas se advierte que los protagonistas van a ser los masones, lo que también se detecta en la ilustración de la portada, que probablemente ha sido sugerida o al menos aceptada por Dan Brown. En esa imagen se ve el Capitolio de Washington y un sobre con extraños caracteres y un sello de lacre en el que se ve un símbolo masónico del grado 33. No digo más.

El símbolo perdido comienza con una advertencia clara:

“Ésta es una obra de ficción. Los nombres, personajes, empresas, organizaciones, lugares, acontecimientos y hechos que aparecen en la misma son producto de la imaginación del autor o bien se usan en el marco de la ficción. Cualquier parecido con personas (vivas o muertas) o hechos reales es pura coincidencia.”

Sin embargo, dos o tres páginas más adelante, Brown nos habla de un misterioso documento guardado en una caja fuerte de la CIA y añade:

“Todas las organizaciones que se mencionan en esta novela existen, incluidos los francmasones, el Colegio Invisible, la Oficina de Seguridad, el SMSC y el Instituto de Ciencias Noéticas. Todos los rituales, la ciencia, el material gráfico y los monumentos que aparecen son también reales.”

Así, que la pregunta es: ¿El símbolo perdido es ficción o es realidad?

Dan-Brown-illo-001Parece una paradoja insoluble, quizá motivada por los posibles problemas de difamación: lo que debemos entender es que las organizaciones existen pero que no necesariamente son como Brown las describe.

Ya en El código Da Vinci, Brown tuvo ciertos problemas al sugerir que ciertas organizaciones existían realmente (y que no eran un simple producto de la ficción), moviéndose en una delgadísima línea entre fantasear y mentir, en especial en lo que se refiere al Priorato de Sión.

Al situar esta advertencia al comienzo de su libro, Brown actúa con más prudencia al afirmar que existen los francmasones, el Colegio Invisible, la Oficina de Seguridad (OS), el SMSC (hay que suponer que se refiere a Spiritual, Moral, Social and Cultural Values) y el Instituto de Ciencias Noéticas. Es cierto que todo ello existe, aunque en el caso de el Colegio Invisible habrá que ver de qué manera Brown sostiene que existe o ha existido.

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Los capítulos de mi libro directamente relacionados con esta entrada son:

  • Francmasones:

“Los masones medievales” y especialmente “Los modernos francmasones”

  • Colegio Invisible:

El Colegio Invisible Rosacruz y la Royal Society”.

  • El Priorato de Sión
 “Los templarios y el Priorato de Sión” y “El verdadero Priorato de Sión”).

 

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 (Publicado por primera vez el 7 de 

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La verdadera historia de las sociedades secretas

Thelema

Hay muchas referencias a Thelema en la historia del ocultismo y las sociedades secretas. A varias de ellas me refiero en detalle en el La verdadera historia de las sociedades secretas, así que aquí sólo recordaré algunas.

 

Thelema en la Tabla Esmeraldina

La palabra Thelema aparece en la Tabla Esmeraldina,  un misterioso escrito que suele asociarse al Corpus Hermeticum traducido por Marsilo Ficino para Cosme de Medicis, pero que es, sin duda, anterior. Se ha interpretado su significado como “voluntad”.

En las páginas 342 y 343 de mi libro intento desentrañar la rocambolesca historia de Thelema, y menciono también su relación con Agustín de Hipona.

 

Abadía de Thelema

Existen tres abadías de Thelema relacionadas con los asuntos tratados en La verdadera historia de las sociedades secretas.

La primera es la que aparece en la obra Gargantúa, de François Rabelais.

La segunda, la que creó Francis Dashwood en Inglaterra.

La tercera, la de Aleister Crowley en la isla de Cefalú.

 

1. Abadía de Thelema(Théleme), de Rabelais

En su obra Gargantúa, Rabelais dice que Gargantúa construyó una abadía para su amigo el monje. El monje le pide que no sea una abadía como las demás, pues bastante dificultad tendría él para gobernar a los monjes si no sabe siquiera gobernarse a sí mismo.

“La petición agradó a Gargantúa, quien le ofreció todas sus tierras de Télema, a orillas del Loira y a dos leguas del gran bosque de Port-Huault.”

La abadía de Thelema se regirá justo al contrario que todas las demás: no tendrá muros, ni relojes, en ella ingresarán hermosas novicias, y también muchachos hermosos; cualquiera podrá entrar o salir de la reclusión cuando le apetezca y hombres y mujeres convivirán.

Thelema de Rabelais

Gargantúa contempla la abadía de Thelema que ha construido para el monje

De las hermosas páginas dedicadas a la abadía inversa de Thelema, selecciono la parte que inspiró Francis Dashwood y Aleister Crowley.

“Toda su vida [la de los telemitas] estaba gobernada, no por leyes, estatutos o reglas, sino según su voluntad y libre albedrío. Se levantaban del lecho cuando les parecía bien, bebían, comían, trabajaban, dormían cuando les venía en gana. Nadie los despertaba, nadie los obligaba ni a beber, ni a comer, ni a hacer cualquier otra cosa. Así lo había establecido Gargantúa. En su regla no existía más que esta cláusula: Haz lo que quieras.”

No es extravagante suponer que Rabelais leyera los escritos mágicos del Corpus Hermeticum traducidos por Marsilo Ficino, o bien la Tabla Esmeraldina, en la que aparece la palabra Thelema (voluntad).

Rabelais

François Rabelais

 

Algunos estudiosos de Rabelais, como Alicia Yllera, consideran que tomó el nombre de un libro que se sabe llegó a leer, el misterioso Sueño de Polifilo, atribuido a Francesco Colonna (pero también a Luis Bautista Alberti). En esa obra, Thelemia es una de las ninfas que guía a Polifilo en su extraño viaje.

Thelema

Reconstrucción de la abadía de Thelema de Rabelais

 

Abadía de Thelema de Francis Dashwood

De esta interesante abadía de Thelema hablo en extenso en el libro, por lo que aquí sólo diré que fue creada por Dashwood, el fundador de los Clubs del Fuego Infernal.

 

Abadía de Thelema de Aleister Crowley

La abadía de Aleister Crowley en la isla de Cefalú se llamaba Thelema (342).

Probablemente se inspiró en la abadía de Thelema que aparece en el Gargantúa de Rabelais (283) y es seguro que también conocía la abadía de Thelema de Francis Dashwood, y quizá la sociedad secreta de los Caballeros del Júbilo, de John Toland (282s), que también imitaba a Rabelais.

Sin embargo Crowley aseguraba que su filosofía de Thelema (“Haz lo que quieras y eso se convertirá en ley”) le fue inspirada por algún espíritu durante un viaje a El Cairo.

 

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