Kenneth Rexroth, una biografía

De Kenneth Rexroth yo conocía su interés por las culturas china y japonesa y que era una especie de budista de California (que suelen ser los mejores budistas). También sabía que tenía mucha relación con el movimiento beatnik, aunque no tanta como sugieren quienes lo consideran su fundador o su inspirador inicial. Él niega que sus vínculos con los beatniks fueran muy fuertes. Es también uno de los traductores que Eliot Weinberger enumera cuando habla de la traducción de un poema chino de Wang Wei y que aparece, por tanto, en mi juego poético Wang Wei, un experimento poético chino.

Hace poco leí algunos artículos suyos que me gustaron y también una biografía digital que me lo ha hecho muy simpático. Cuento algunas cosas de él que me gustan, sin ánimo de ser exhaustivo.

Rexroth nació en 1905 en Indiana “en en el seno de una familia de antiesclavistas, socialistas, anarquistas, feministas y librepensadores”.

“De formación casi por completo autodidacta (sólo fue al colegio durante cinco años), devoraba toda clase de libros, escribía poesía, pintaba cuadros abstractos, trabajaba en el teatro vanguardista y empezó a estudiar por su cuenta varios idiomas. Antes de haber cumplido los veinte años ya había recorrido el país en auto-stop, dedicándose a trabajar los veranos en el lejano oeste como mozo y cocinero para los cow-boys; también trabajó en granjas y en tareas forestales, y un día consiguió enrolarse en un barco para ir a París.”

En la biografía se cuentan muchas más cosas interesantes de Rexroth, que él mismo recuerda en Una novela autobiográfica.

De Rexroth me gusta que decía las cosas importantes sin darles importancia, como de pasada:“Rexroth lanzaba ideas perspicaces y originales como si fueran algo banal conocido por todos o atribuía a otros sus propios méritos”.

Y añade el autor de la biografía:

“Meses o años más tarde, cuando me venían a la memoria algunas de sus observaciones, aparentemente intrascendentes, se me aparecía de repente su verdadero sentido, y apreciaba aún más el tacto y la discreción con que las había hecho”.

También me gusta la manera en la que mezclaba las cosas:

bingen

Dibujo de Hildegarda de Bingen

“Rexroth conectaba generalmente bastante bien con los movimientos contraculturales del momento en los que la mayor parte de nosotros estábamos envueltos, pero atemperaba nuestro ingenuo entusiasmo con una saludable dosis de humor y escepticismo y nos hacía tomar conciencia de perspectivas más amplias: comparaba a Bob Dylan con los cantautores franceses de la “nouvelle chanson” de los cuales nosotros no habíamos oído hablar nunca; defendía que, dentro de los artistas psicodélicos, el más grande era precisamente una mística medieval que había pintado sus propias visiones; respaldaba con fuerza las acciones más radicales contra la guerra, a la vez que nos ponía en guardia contra la manipulación de los burócratas de izquierdas.

También me gusta de Rexroth que su inteligencia alerta le impedía caer en dogmas:

“En un momento dado de la narración afirma: “Lo único absoluto es la comunidad del amor que anula el tiempo”, pero en otro lugar dice algo distinto: “Lo absoluto como comunidad de amor (…), no estoy muy seguro de creer en ello, pero me parece que es una metáfora metafísica mucho más saludable que las demás.”

También me gusta su interés por los ensayos y cómo intentó recuperar el sentido original que les diera Montaigne:

“Una de sus colecciones se titula “Assays”, con la intención de recordarnos el sentido original de la palabra ensayo de Montaigne, como significado de: prueba, examen, experimento, esfuerzo por adherirse la realidad”

rexrothysuhijo

Rexroth y su hijo

Precisamente, en el blog en el que publiqué por primera vez esta entrada llamado Il saggiatore tenía que ver con esa idea y, curiosamente, al principio pensé algo idéntico l Essays /Assays de Rexroth. Mi intención era añadir a Il Saggiatore el subtítulo: “Ensallos digitales” o “Ensaios digitales”.

También me parece muy interesante que le gustaran tantas cosas diferentes:

“La variedad de sus lecturas es sencillamente asombrosa: obras de historia, libros de cocina, guías sobre la naturaleza, descripciones geológicas, estudios etnológicos, tratados teológicos, debates políticos, la Enciclopedia Británica entera… … La epopeya mesopotámica de Gilgamesh (“la primera obra que muestra la conciencia del ser”), La Historia de Herodoto, el Bhagavad-Gita, el Kalevala (“la epopeya más ecológica”), la poesía de Tu Fu, los ensayos de Montaigne (“el creador del yo empírico”), Don Quijote, La tempestad, las Memorias de Casanova (“el hombre natural viviendo al límite de sus posibilidades”) , Rojo y Negro de Stendhal (“la primera comedia negra”), Guerra y Paz y Huckleberry Finn, son simplemente algunos de esos otros “textos básicos de la historia de la imaginación” cuya relevancia destaca en sus cortos pero jugosos ensayos.”

Las coincidencias en esa enumeración con mis propios gustos son prácticamente exactas, aunque yo no he llegado a leer la Enciclopedia Británica entera (aunque sí lo intenté, como Borges). Pero lo que más me gusta de Rexroth es lo que hacía con todo ese conocimiento y lo que ese conocimiento hacía con él:

” Por no hablar de las reseñas de miles de libros que hizo en su etapa como colaborador de la radio independiente KPFA, actividad secundaria que realizó durante media hora semanal a lo largo de veinte años y sin ningún tipo de remuneración. Sin embargo, a pesar de haber leído tanto, no se muestra en absoluto pedante.”

Y creo que tiene bastante razón Rexroth cuando dice:

“El estilo no es simplemente una cuestión de estilo, sino un signo externo, la apariencia que presenta un estado espiritual interno”.

También me gustan, y con más razón en la época en que las escribió, críticas como esta:

“Estas cosas [literatura proletaria maoísta] son ridículas y parecen historias sacadas de una escuela dominical del siglo XIX en las que un muchacho romano ayudaba a su hermana a escapar de los leones, desafiaba a las legiones del emperador, hacía los recados de San Pablo y al final iba al cielo.”

El autor de la biografía de Rexroth, Ken Knabb, también desliza unas cuantas críticas a Rexroth, casi todas intrascendentes, porque las hace desde un punto de vista bastante mediocre: el de las ideas del situacionismo, que, en mi opinión, suelen expresar muchas simplezas y algunas agudezas como si fueran profecías de gran trascendencia.

Analizar la riqueza de Rexroth o de cualquier personalidad compleja desde esa estrechez de miras es una pena, pero la biografía respira fuerte cuando es la voz de Rexroth la que oímos, o al menos la de su oyente y amigo antes de pasar por el filtro situacionista. Es muy recomendable leerla.

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Biografía de Rexroth: “Erotismo, Misticismo y Revolución” de Ken Knabb

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EL RESTO ES LITERATURA

(Si quieres ver las páginas dedicadas a Shakespeare, Canetti, Borges y otros autores: Toda la literatura)

Originally posted 2013-11-11 16:58:02.

Arthur Schnitzler y su época

Hay años en los que uno descubre a un escritor y lo devora. Recuerdo con mucha claridad cuándo descubrí a Poe, en la adolescencia y cuándo descubrí a Henry James al leer Los papeles de Aspern (aunque ya conocía Otra vuelta de tuerca), que compré en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Madrid. También recuerdo el año de Stanislaw Lem y el año de Primo Levi, y el de Sófocles, Esquilo y Eurípides. El año pasado y este 2005 serán, sin duda, los del descubrimiento o la lectura intensa de Musil.

En 1997 descubrí a Arthur Schnitzler. Creo que primero leí La Ronda, después Anatol y algunos ensayos y aforismos, en Madrid; poco después, en Buenos Aires, me encontré con La señorita Elsa, Hacia la nada y Casanova último acto.

Pero tal vez sucedió al revés y descubrí a Schnitzler durante el medio año que pasé en Buenos Aires, porque mis recuerdos más intensos están asociados a La señorita Elsa, que compré en una librería de viejo de Buenos Aires, y que leí en algún lugar del barrio de San Telmo. Por un azar feliz, poco después empezaron a traducirse al castellano todas las obras de Schnitzler, con más intensidad cuando se estrenó la última película de Stanley Kubrick, Eyes wide shut, basada en uno de sus relatos.

Desde que empecé a leer a Schnitzler, sus novelas y relatos me parecieron extraordinarios. Siempre creí que había sido un autor muy respetado en su época, aunque luego había caído en un largo olvido con la ascensión de los nazis en Alemania y la anexión de Austria (Schnitzler era austriaco y judío). Por eso me ha sorprendido, al leer un estupendo ensayo de Reich Ranicki, descubrir que aunque Schnitzler tuvo un momento de gloria, en el que Thomas Mann llegó a decir que era el escritor más importante de la lengua alemana (o de Austria, no recuerdo) junto a Gerhart Hauptman, después conoció un declive constante y pasó a ser considerado casi como una reliquia del pasado, alguien que pasaba su tiempo hablando y escribiendo acerca de cosas que ya no interesaban a nadie. ¿Cómo es posible que Schnitzler pasará entonces de moda y que hoy sea uno de los escritores de su época menos pasado de moda?

Marcel Reich-Ranicki

Reich Ranicki da algunas buenas razones para explicar esta paradoja. Todas ellas tienen que ver con lo que sucedió en Europa a partir de la primera guerra mundial.

En aquellos años, el mundo y Europa en particular se llenaron de demagogos, de fascistas, de revolucionarios y de violentos que querían establecer sociedades utópicas en la tierra, que querían purgar la humanidad de judíos, burgueses o comunistas. No quedaba ya espacio para el pensamiento independiente y sereno, había que unirse a los grupos, a cualquier grupo, para derribar y construir. Hoy en día, resulta que eso es todo lo que nos parece caduco, todo ese nacionalismo, todo ese racismo, esa búsqueda de la supervivencia y el dominio de los más fuertes, de líderes carismáticos a los que las masas siguen como ovejas al matadero (que es a donde, efectivamente, fueron).

Dice Reich Ranicki que Schnitzler estaba en contra del didactismo en literatura, al contrario que Bretch, y que decía: “Creo que mi oficio es crear personas, y lo único que debo demostrar es la multiplicidad del mundo”. Es obvio que con ideas como estas no se pueden fabricar proclamas fáciles ni lemas incendiarios como los que fabricaba Bertolt Bretch, quien en una ocasión se puso a gritar durante la representación de una obra de Schnitzler contra esa “morralla caduca”.

En fin, que en una época como aquella, en la que tu mejor amigo te podía denunciar en aras de la causa, en la que los tibios eran considerados traidores por unos y por otros y en los que todas las soluciones pasaban por el uso de la violencia, Schnitzler no tenía sitio. En 1927 escribió:

“Una cierta parte de la población está siempre dispuesta, en determinadas condiciones, a dejarse dominar por pasiones tales como la bestialidad, la rapiña y la sevicia y no hay que excluir en absoluto del panorama de posibilidades el que a pesar del relativo carácter apacible de los austriacos, estos no se dejen inducir, llegado el caso, a actos de brutalidad y crueldad”.

Diez años después, Austria era anexionada por la Alemania nazi en medio del entusiasmo de la mayoría de su población.

Reich Ranicki cuenta cosas muy interesantes acerca de Schnitzler, como que se sentía muy inseguro de todo lo que hacía y que se consideraba un escritor mediocre. Él mismo admitía: “Mi esencia en todo: el diletantismo”, que es más o menos lo que yo considero de mí mismo. La diferencia es que Schnitzler sufría mucho por eso y yo no sufro nada (pero, ¿quién sabe?, tal vez tenga una crisis espiritual en el futuro, que me lleve a lamentar esta dulce mediocridad en la que me complazco).

A Schnitzler le era imposible centrarse en un proyecto y solía estar ocupado en varias cosas a la vez: “Soy capaz de mirar al fondo, pero no de bajar a él”.

Los testimonios anteriores son sin duda una buena muestra de que la opinión de un escritor sobre sí mismo no es nada de fiar, porque a mí y a muchos más, incluido Ranicki, nos parece que Schnitzler es un escritor que a menudo ha bajado hasta el fondo, como en La señorita Elsa o El Teniente Gustl, y que siempre es profundo, a pesar de que, como dice Reich Ranicki, todo lo que dice se entiende: no es nunca un escritor oscuro y es siempre un escritor delicioso.

La señorita Elsa es un breve relato deslumbrante en un obsesivo e ininterrumpido monólogo interior, que fue elogiado por Freud porque reflejaba de la manera más clara el flujo de conciencia (Freud consideraba a Schnitzler su doble). El lector parece meterse en la mente de otra persona, de Elsa, con todas sus contradicciones, con todos los pensamientos triviales que se mezclan y asaltan la conciencia de la muchacha en medio de la peor de las angustias, con la atención que capta detalles insignificantes y el flujo casi paralelo de esas mil ideas mezcladas que acceden a la conciencia.

Se dice que una manera de entender cómo funciona la mente humana es imaginarla como algo parecido al comienzo de La pasión según San Mateo, de Bach, y parece cierto, pero en la obra de Schnitzler hay más verosimilitud, porque la conciencia bachiana, la suma de voces que se superponen en una respiración constante y creciente sigue un orden del que nuestra conciencia generalmente carece. A mí La Pasión según San Mateo me parece más semejante no al flujo habitual de la conciencia, sino más bien a los momentos de entusiasmo emocional e intelectual, a un entusiasmo que se mantiene y crece sin parar y en el que todo lo que sucede parece apoyarse en lo que acaba de suceder.

 


[Publicado el 3 de febrero de 2005 en MonadoLOG]

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Originally posted 2012-08-19 21:55:41.

EL RESTO ES LITERATURA

literatura

Que ton vers soit la bonne aventure
Eparse au vent crispé du matin
Qui va fleurant la menthe et le thym…
Et tout le reste est littérature.

(Que tu verso sea la buena aventura
esparcida al aire fresco de la mañana,
que hace florecer el tomillo y la menta…
Y todo lo demás es literatura)

                            Paul Verlaine, Art poétique

elrestoesliteratura-cabeceraEn  El resto es literatura están casi todas las entradas que he dedicado a asuntos literarios, escritores, novelas, crítica literaria, reseñas de lecturas. Algunas de las entradas están ordenadas por autores o temas, otras no.

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Originally posted 2019-01-01 07:07:10.

Lo mismo de siempre y las variaciones

846-05648069 © ClassicStock / Masterfile Model Release: Yes
Property Release: No 1970s MAN FATHER SITTING IN CHAIR WITH THREE CHILDREN READING BOOK

Mientras que los niños desean leer siempre el mismo cuento, los adultos suelen necesitar constantes novedades.

Incluso en la Edad Media y en los tiempos en los que se consideraba que no había que innovar, sí que se pasaba el tiempo, sin embargo, proponiendo nuevas variaciones sobre los temas de siempre.

2019: el título se refiere a la recomendación que se hace a quienes presentan nuevos formatos televisivos: “Tiene que ser algo nuevo pero, al mismo tiempo, lo mismo de siempre”.


[Publicado en 2007]

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Originally posted 2007-08-28 12:02:24.

Akutagawa y Montaña otoñal

Wang Shih-ku le cuenta a su amigo Yün Nan-t’ien la historia del cuadro Montaña Otoñal.

Este cuadro fue pintado por el pintor Ta Ch’ih, uno de los más importantes de la dinastía Yuan, de origen mongol (junto a Meitao-jen y Huang-hao-shan-ch’iao).

Ta Ch’ih era ya conocido por sus cuadros Costa Arenosa y Alegre Primavera, pero existe un tercer cuadro que, aparentemente, los supera a todos: Montaña Otoñal.
Así que Wang le cuenta a su amigo Yün la historia de ese cuadro.

akutagawaResulta que tiempo atrás el maestro Yüan Tsai discutía de pintura con Yen-k’o y le recomendó que viese el cuadro Montaña Otoñal, dándole, además una carta de recomendación para el señor Chang, el propietario del cuadro.
Yen-k’o va a ver el cuadro y queda conmovido. Intenta comprarle el cuadro a Chang, pero éste no lo vende.
Trascurridos cincuenta años del día en que Yen-k’o vio el cuadro, Wang (el que cuenta la historia) averigua el paradero de Montaña Otoñal, que ahora está en otras manos, y va a verlo. Es una obra maestra, como atestiguan además los críticos, pero él sabe que no es el cuadro único que vio Yen-k’o, quien, al llegar y ver también el cuadro, confirma esta opinión, aunque ambos esconden sus verdaderos sentimientos.
El relato parece la narración de un asunto relacionado con un cuadro, como una anécdota histórica (no sé si los pintores y críticos son personajes que existieron), pero tiene algo inquietante en su misma trasparencia. Por eso no es extraño ni erróneo que se incluya en la recopilación Las mejores historias siniestras (resulta más justificado teniendo en cuenta el título original: Stories Strange And Sinister)
Montaña Otoñal

______________
historias-siniestras_1Ryonosuke Akutagawa
Traducido al inglés (Autum Mountain) por Ivan Morris.
Traducción española: Irene Peypoch
Incluido en la selección de cuentos de varios autores: Las mejores historias siniestras. (Stories Strange And Sinister), por Laurette Naomi Pizer.

Editorial Bruguera 1972 (4ª edición) 1ª edición: 1968 (en inglés, al
parecer, y en español también)

 

Originally posted 1998-03-04 12:12:14.

Einstein y las explicaciones demasiado convincentes

Dennis Overbye, Las pasiones de Einstein, la vida íntima de un genio. Editado por Lumen

Estoy leyendo estos días [septiembre de 2005] Las pasiones de Einstein, una biografía de Einstein tanto desde el punto de vista científico como el personal. Su autor, Dennis Overbye, escribió hace muchos años un libro que mi amigo Jordi Torrent me recomendó (“uno de esos libros que nos gustan a ti y a mí”): Corazones solitarios en el cosmos, pero no llegué a leerlo. Creo que no está traducido.

Al volver a las queridas teorías de la física relativista, he recuperado los placeres de la reflexión pura, que son, junto a hacer el amor y bailar, los mayores que conozco. Precisamente leí hace unos días una frase de Confucio en la que decía: “¿Verdad que es un placer aprender y volver aprender las cosas?”. Sin duda.

La traducción del libro de Overbye

El libro de Overbye sobre Einstein se ocupa de todos los aspectos de la personalidad de Einstein de manera muy interesante, tanto los científicos como los humanos, con excelente explicaciones de los problemas que preocupaban a Einstein y a otros científicos a principios del siglo XX, y de cómo los fueron resolviendo.

La otra parte, a lo que se alude en el subtítulo (“La vida íntima de un genio”) es también interesante, aunque a veces cae en los tópicos de las biografías que quieren tener una explicación para todo, incluso para aquello que no tiene explicación o que no hace falta explicar.

Creo que a este tipo de explicaciones innecesarias y fantasiosas pertenece la que se establece entre Poincaré, Lorentz y Einstein:

“En comparación con el apuesto geómetra francés Poincaré y con el sofisticado y amable holandés Lorentz, Einstein era un mecánico, un niñato electrotechnisher con un afán de economía muy machiano [de Ernst Mach], y en contraste, con una necesidad casi biológica de principios fundamentales: universalidad, ley, orden, Dios -llámenlo como quieran-, logos. Obligado a elegir entre dos de estos principios –la insistencia de Mach en que sólo los movimientos y posiciones relativos tiene relevancia física y el aparente axioma de Maxwell de que las ondas de luz se mueven a velocidad absoluta c-, Albert acabó decidiéndose por los dos”. (Las pasiones de Einstein, 219)

En el párrafo anterior, Overbye plantea la cuestión del desarrollo del pensamiento científico de Einstein como si se tratará de algo casi inevitable dada su extracción social. Suena convincente y sugerente, pero me temo que es sólo una hipótesis ingeniosa.

En general descreo de las explicaciones deslumbrantes en las que todas las piezas parecen encajar como en un mecanismo perfecto, al menos cuando se trata de biografías. Si hubiese sido Lorentz (o incluso Poincaré) el que se hubiese decidido a dar el paso decisivo que conducía a las teorías relativistas, habría sido sencillísimo darle la vuelta al argumento y atribuir al carácter sofisticado y afable de Lorentz la razón de que decidiese que lo mejor era no enfrentar espacio y tiempo, sino unirlos en un sofisticado dúo.

Todo se explica estupendamente con este tipo de recursos tan propios del psicoanálisis y otras teorías psicologistas o sociologistas basadas en el poder de la metáfora, del símil o en una relación causa-efecto fácil, por que el truco en realidad se establece desde el efecto a la causa y no a la inversa: conocemos lo que hizo Einstein (el efecto) y entonces creamos la causa. Sin embargo, como bien explicó Popper, cuando se puede explicar todo, es casi seguro que no se está explicando nada.

Se me podría decir, no obstante, que es sabido que Poincaré bordeó la teoría de la relatividad y que se alejó de ella asustado. Sí, es cierto, pero también le sucedió lo mismo a Einstein al principio, hasta que se decidió a caminar en esa dirección revolucionaria llevado por diversas razones, supongo que algunas personales, pero casi todas fruto de su trabajo intenso en el problema. Y sin embargo, frente al desarrollo de la física cuántica, este mismo Einstein tan revolucionario adoptó una postura considerada conservadora. ¿Lo atribuimos ahora a que se estaba haciendo mayor? Puede ser, aunque pocos científicos han mantenido el vigor especulativo que Einstein mantuvo en su madurez, pese a que sus esfuerzos no alcanzaran en este caso el éxito y no fuera capaz de ofrecer una alternativa no probabilista a la física cuántica.

Ahora bien, hay que recordar que las biografías son quizá el género ensayístico más cercano a la ficción.


(Publicado en septiembre de 2005 en Mundo flotante)

CUADERNO DE CIENCIA

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Originally posted 2014-05-11 23:32:44.

La escritura y la muerte

La muerte y la imprenta

Al parecer, esta es la primera vez en la que los impresores aparecen como víctimas de la muerte en una danza macabra (o Danzas de la muerte). El libro fue publicado en Lyon en 1499, casi al final del período incunable, como señala el autor o autora (¿Laura?) de la extraordinaria página Bookn3rd

 En 1982, cuando los computadores estaban los comienzos de su prodigioso desarrollo posterior, Walter Ong publicó su gran libro Oralidad y escritura, una de las más estimulantes investigaciones acerca de las diferencias entre el mundo oral previo a la escritura, el de la escritura y el que se inició con la imprenta. Allí hace Ong algunas observaciones muy interesantes, y en gran parte coincidentes con las de Marshall McLuhan, Eric Havelock o Elizabeth Eisenstein acerca del miedo a las nuevas tecnologías, antes la imprenta, ahora Internet y el mundo digital.

Aquí, por el momento, voy a referirme a un pasaje en el que Ong remarca el hecho de que la escritura fue considerada en su momento estrechamente relacionada con la muerte.

“Una de las paradojas más sorprendentes inherentes a la escritura es su estrecha asociación con la muerte. Esta es insinuada en la acusación platónica de que la escritura es inhumana; semejante a un objeto, y destructora de la memoria. También es muy evidente en un sinnúmero de referencias a la escritura ( o a la imprenta) que pueden hallarse en los diccionarios impresos de citas”.

Ong menciona, entre otros ejemplos, la cita bíblica de Corintios 3:6:

“La letra mata, mas el espíritu vivifica”‘

Otra danza de la muerte con la imprenta (1566), que al parecer es una copia de la anterior. La imagen, dice el autor de Bookn3rd, se puede encontrar en el artículo publicado en 1924 ‘An Early Picture of a Printing Press’ de William M. Ivins, una de las máximas influencias de Marshall McLuhan

También cita Ong la manera en la que Horacio se refiere a sus tres libros como un “monumento” que presagia su propia muerte o lo que dijo el creador de la inmensa biblioteca bodleiana de Oxford, Thomas Bodley: “Cada libro es tu epitafio”

Y añade Ong una interesante disquisición que no pertenece a Oralidad y escritura sino a un libro anterior, Interfaces of the world (1977):

“En Pippa Passes, Robert Browning llama la atención a la práctica, difundida aún hoy en día de introducir flores frescas para que se marchiten entre las páginas de los libros impresos: “faded yellow blossoms! twixt page and page” [“entre página y página/flores amarillas marchitas”]. La flor muerta, en otro tiempo viva, es el equivalente psíquico del texto verbal. La paradoja radica es el hecho de que la mortalidad del texto, su apartamiento del mundo mental humano y su rígida estabilidad visual, aseguran su perdurabilidad y su potencial para ser resucitado dentro de ilimitados contextos vivos por un número virtualmente infinito de lectores vivos”.

A todo ello habría que añadir sin duda la célebre frase: “Scripta manent, verba volant”. Es decir: “Lo escrito permanece, lo hablado vuela”, que según parece se debe interpretar como “Las palabras son aladas, mientras que lo escrito está petrificado (muerto)”.

La portada de mi libro El guión del siglo 21 expresa una nueva paradoja surgida con el mundo digital. Ese extraño símbolo creado por Samuel Velasco, sintetiza una idea que  desarrollé en los últimos capítulos del libro y que, creo, refuta o al menos matiza o corrige, algunas ideas de McLuhan acerca de la oralidad y la escritura. Esa misma idea también se sintetiza en la variación de la frase latina que concebí al escribir el libro: “Bytia volant et manent”. Lo explico en el libro, pero también me referiré a ello en esta página en otro momento.

Daniel Tubau-Samuel Velasco Bytia volant et manent


Tal vez hayas advertido, lector, que “Bytia volant et manent” es el lema de un ambicioso proyecto digital: Evohé Digital. La razón es que Javier Baonza, me pidó poder usarlo, para de este modo complementar el lema de Evohe tradicional de libros impresos, que no es otro que “Scripta manent, verba volant”. Ahora que ya tenemos Evohé impreso, Evohe digital… ¿para cuando “Evohé oral”?

El resto es literatura

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Originally posted 2011-06-02 20:11:43.

La colina de los sueños de Arthur Machen

machen---la-colina-de-los-sueñosLucian es el nombre del protagonista de esta historia, que sería inútil intentar reproducir aquí. Me he identificado a menudo con Lucian, sobre todo en la primera parte del libro. Creo que la segunda parte es más floja y que deriva hacia diferentes terrenos de menor interés. Me afecta y me conmueve la intensidad de ciertas vivencias de Lucian, de alguien tan retraído como yo y, quizá por ello, tan aislado de los demás en su mundo interior.

“El iniciado podía convertir efectivamente a quienes eran nocivos para él en formas inocuas e insignificantes, no, como en los relatos antiguos, trasformando al enemigo, sino trasformándose él mismo”.

El narrador o Lucian, no lo recuerdo ahora, elogia tanto a Rabelais como a Cervantes:

“Cervantes había hecho algo aún más extraño. Uno leía cómo andaba Don Quijote apaleado, sucio y ridículo, tomando los molinos por gigantes y las ovejas por ejércitos, pero la impresión era de un bosque encantado, de Avalón, del Santo Grial “en la remota ciudad espiritual”. Y así lo creo yo, y que ésta es una faceta del relato de Cervantes que a menudo se olvida.”

Me resulta muy cercano esto:

“Y así continuó: leyéndolo todo, imitando lo que impresionaba su imaginación, ensayando el efecto de los metros clásicos en el verso inglés, probando su mano en una farsa, en una comedia estilo Restauración, elaborando esquemas imposibles para libros que rara vez llegaban a tener más de media docena de líneas en una hoja de papel, y asaltado por espléndidas fantasías que se negaban a subsistir ante su pluma. Pero el efímero gozo de la concepción no era vano del todo, porque proporcionaba cierta armadura a su corazón”.

También, claro está, me identifico con esto:

“Durante toda su vida había saboreado las delicias de la soledad, y había adquirido ese hábito mental que hace que un hombre halle rica compañía en una ladera pelada, y le inclina a retirarse al corazón del bosque para meditar allí, a la orilla de las charcas oscuras”.

Me identifiqué mucho con Lucian, el protagonista de la novela, pero lo que me diferencia de él es que yo supe curarme, al menos en parte, de la incapacidad de relacionarme con los demás y hasta he conseguido disfrutar mucho con esa compañía, aunque incluso ahora necesito muy a menudo estar a solas. Por otra parte, sé que apenas puedo establecer una verdadera comunicación realmente con los demás y por eso casi nunca lo intento siquiera.

La trayectoria de Lucian le lleva, me parece, a una especie de elitismo con el que paga el rencor que le produce su soledad, que no es voluntaria (como la mía) sino obligada. Elitismo que yo intento evitar: ni siquiera sé si los demás se hallan en mi misma situación, no podría asegurarlo.

___________

arthurmachenArthur MACHEN
La colina de los sueños
Siruela, Madrid: 1988

 

 

 

*****

[Escrito el 10 de agosto de 1988]

Visita todas la páginas de literatura en El resto es literatura

Algunas entradas sobre literatura

Originally posted 1988-08-10 10:43:40.

Murasaki Shikibu y Cervantes

Es sin duda curioso que la obra que, según el miope canón occidental, es la primera novela moderna, el Don Quijote de Cervantes, comience casi de la misma manera que la obra que merece, al menos desde el punto de vista cronológico, esa consideración de primera novela moderna, el Genji Monogatari, de Murasaki Shikibu.

La dama de corte Murasaki Shikibu escribió el Genji hacia el año 1000. Miguel de Cervantes escribió Don Quijote seiscientos años después.

El Quijote se inicia con aquella célebre indeterminación espacial:

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme.

El Genji con una indeterminación temporal:

En cierto reinado, ¿cuál pudo haber sido?


[Publicado en 2010]

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Detalles inútiles según Murasaki Shikibu

El Genji Monogatari (Historia de Genji) es una novela muy larga, tanto que ha habido que esperar mucho tiempo hasta que hemos podido disfrutar de una traducción íntegra (recientemente se han publicado dos al mismo tiempo ). Sin embargo, Murasaki Shikibu no gustaba de alargarse o detenerse en detalles innecesarios, como se puede comprobar por esta observación que deja caer cuando se dispone a contar una de las aventuras de Genji:

Koremitsu, para quien la idea de decepcionar a su señor era insoportable, organizó su amplia experiencia del cortejo para idear por fin una manera de introducirlo en la casa. Todo eso constituye un largo relato, por lo que, como de costumbre, lo he dejado al margen.

Para muchos autores, esa estratagema para colarse en el hogar de la amada habría sido la parte más importante del relato.


[Publicado en 2010]

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