Espíritu de pez, de Pu Song Li: el amor y las convenciones

Al leer varios pasajes de un cuento de Pu Song Li, escribí en el margen del libro: “Esklepsis, Seres de papel, Smullyan: el gusto de ver a alguien como tú”.

Me refería a una sección que tenía en mi revista Esklepsis dedicada a seres de papel, es decir, a personajes que habitan en libros. También al gran lógico Raymond Smullyan y a un texto suyo en el que comenta un poema de Tachibana Akemi, en el que Akemi dice que es un palcer encontrar en los libros a personas que piensan como tú. Así que yo me alegraba de encontrar a alguien como Smullyan, que pensaba como yo que es un placer encontrar a alguien que piensa como tú, y que además se alegraba de encontrar a alguien como Akemi, que también pensaba en el placer de encontrar a alguien como tú en los libros. Y ahora, al leer el cuento de Pu Song Li “Espíritu de pez”, me sentía yo como el joven al que describe:

“En la aldea de Hebei vivía el joven Mu Changong, un devorador de libros. Poseía una habilidad especial para elegir los que más convenían a sus gustos y a sus necesidades, es decir, los que iban a entretenerle o le formarían.
Solía leer en un lugar junto al muelle, pues al levantar la cabeza repasando mentalmente un pasaje que le había llamado la atención, le encantaba poder contemplar ese escenario.

Sin embargo, el padre del muchacho quería que se ocupase de los negocios, así que Mu Changong tuvo que dirigir uno de sus almacenes, “cosa que el joven pudo hacer fácilmente, al ser muy despierto y tener una mente práctica o imaginativa, de acuerdo a la situación que se dispusiera a afrontar”.

Me gustó mucho esto de una mente capaz al mismo tiempo (o en distintos tiempos) de ser práctica o imaginativa, porque no creo que sean características incompatibles.

Cuando cumplió dieciséis años, su padre le llevó a Wuchang (Hubei) para celebrarlo. Allí el joven se dio cuenta de “lo importante que es poder contemplar en la realidad lo que se ha leído, porque se capta mejor lo que pretendió contar el autor, al mismo tiempo que se buscan lugares, momentos y emociones que de otra manera hubieran pasado desapercibidos”.

El caso es que el joven estaba recitando unos poemas a la ciudad junto al río cuando oyó unas risas y vio a una hermosa muchacha y su rostro “quedó en su mente como se retiene el deslumbramiento provocado por el sol cuando se mira hacia él mucho tiempo”.

Tiempo después, el joven recibe la visita de una mujer que le dice que viene en nombre de su hija Bai Qiulian, que también se había enamorado de él. Sin embargo, el padre del joven no consiente en esa boda y el joven no sabe cómo oponerse a su padre. La joven va enfermando y, tras diversas peripecias y superar la oposición del padre, los dos jóvenes se casan, pero un día se descubre  de manera terrible el secreto de Qiulian: es una mujer pez.

En el cuento queda claro que el amor está por encima de las convenciones y se ve que a pesar de que estamos acostumbrados a hablar del férreo tradicionalismo chino (los deberes familiares y todo lo que ello implica), también allí, como en el resto del mundo, a menudo esas convenciones eran vistas como una injusticia. Queda claro el público lector se solidarizaba con esos amantes que se oponían a las normas. Me recuerda en este sentido, a La mere coupable y La ecole des meres, de Marivaux. De hecho, también hay varias obras de teatro chinas que muestran que una cosa eran las leyes y las convenciones y otra lo que la gente pensaba en su fuero íntimo, cuando veía a dos amantes. Allá, como aquí, solían pensar que el amor estaba por encima de esas reglas y obligaciones. Otra cosa, por supuesto, es que, una vez que salían del teatro, después de soltar las riendas de sus emociones, se comportaran de la manera en la que las convenciones lo exigían.

Leyendo un pasaje pensé en un argumento similar al de este cuento, pero en el que el padre se enamoraría de la muchacha, y finalmente ella de él.

Algunos pasajes que me han gustado o me han llamado la atención:

¡Claro, como en los libros que lees! -estalló el hombre de negocios-. Juegas con sueños y los haces reales, pero la vida es muy distinta”. 

 

“La grácil muchacha, cuyos vestidos eran como el estuche que medio esconde las joyas más valiosas de un cuerpo sublime…”

 

– Pero el otro día te reíste de mis poemas, dulce Qiulian.
– ¡Oh, no… Nunca como una burla! -protestó ella, igual que una admiradora que no ha sido entendida-. Recordé mis primeros juegos con las amigas, yendo en una barca. Nos hacíamos cosquillas, sin agresividad, mientras hablábamos de los chicos que nos gustaban… Aquello era el despertar del amor, o mejor diré comenzar a abrir las puertas para asomarse al amor… Tú me trajiste estas evocaciones, y no pude contener mi risa de felicidad. debes comprenderlo.

 

“Porque eran unos amantes especiales, de los que creen en los sueños y saben cómo funciona la comunicación sin palabras: emoción junto a emoción, risas que alimentan otras risas, lágrimas que llaman a otras lágrimas, al saber que la felicidad les pertenecía en exclusiva”.

 

“Más radiante resultó la luna de miel, cuando los dos pudieron convertirse en uno, gracias a un encuentro pausado, al principio, y agitado después. Sin prisas, al pertenecerles todo el tiempo del mundo”.


[Escrito en 1998. El texto en otro color es de 2018]

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Originally posted 1998-03-04 12:12:29.

Detalles inútiles según Murasaki Shikibu

El Genji Monogatari (Historia de Genji) es una novela muy larga, tanto que ha habido que esperar mucho tiempo hasta que hemos podido disfrutar de una traducción íntegra (recientemente se han publicado dos al mismo tiempo ). Sin embargo, Murasaki Shikibu no gustaba de alargarse o detenerse en detalles innecesarios, como se puede comprobar por esta observación que deja caer cuando se dispone a contar una de las aventuras de Genji:

Koremitsu, para quien la idea de decepcionar a su señor era insoportable, organizó su amplia experiencia del cortejo para idear por fin una manera de introducirlo en la casa. Todo eso constituye un largo relato, por lo que, como de costumbre, lo he dejado al margen.

Para muchos autores, esa estratagema para colarse en el hogar de la amada habría sido la parte más importante del relato.


[Publicado en 2010]

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Originally posted 2018-08-19 14:20:54.

Einstein y las explicaciones demasiado convincentes

Dennis Overbye, Las pasiones de Einstein, la vida íntima de un genio. Editado por Lumen

Estoy leyendo estos días [septiembre de 2005] Las pasiones de Einstein, una biografía de Einstein tanto desde el punto de vista científico como el personal. Su autor, Dennis Overbye, escribió hace muchos años un libro que mi amigo Jordi Torrent me recomendó (“uno de esos libros que nos gustan a ti y a mí”): Corazones solitarios en el cosmos, pero no llegué a leerlo. Creo que no está traducido.

Al volver a las queridas teorías de la física relativista, he recuperado los placeres de la reflexión pura, que son, junto a hacer el amor y bailar, los mayores que conozco. Precisamente leí hace unos días una frase de Confucio en la que decía: “¿Verdad que es un placer aprender y volver aprender las cosas?”. Sin duda.

La traducción del libro de Overbye

El libro de Overbye sobre Einstein se ocupa de todos los aspectos de la personalidad de Einstein de manera muy interesante, tanto los científicos como los humanos, con excelente explicaciones de los problemas que preocupaban a Einstein y a otros científicos a principios del siglo XX, y de cómo los fueron resolviendo.

La otra parte, a lo que se alude en el subtítulo (“La vida íntima de un genio”) es también interesante, aunque a veces cae en los tópicos de las biografías que quieren tener una explicación para todo, incluso para aquello que no tiene explicación o que no hace falta explicar.

Creo que a este tipo de explicaciones innecesarias y fantasiosas pertenece la que se establece entre Poincaré, Lorentz y Einstein:

“En comparación con el apuesto geómetra francés Poincaré y con el sofisticado y amable holandés Lorentz, Einstein era un mecánico, un niñato electrotechnisher con un afán de economía muy machiano [de Ernst Mach], y en contraste, con una necesidad casi biológica de principios fundamentales: universalidad, ley, orden, Dios -llámenlo como quieran-, logos. Obligado a elegir entre dos de estos principios –la insistencia de Mach en que sólo los movimientos y posiciones relativos tiene relevancia física y el aparente axioma de Maxwell de que las ondas de luz se mueven a velocidad absoluta c-, Albert acabó decidiéndose por los dos”. (Las pasiones de Einstein, 219)

En el párrafo anterior, Overbye plantea la cuestión del desarrollo del pensamiento científico de Einstein como si se tratará de algo casi inevitable dada su extracción social. Suena convincente y sugerente, pero me temo que es sólo una hipótesis ingeniosa.

En general descreo de las explicaciones deslumbrantes en las que todas las piezas parecen encajar como en un mecanismo perfecto, al menos cuando se trata de biografías. Si hubiese sido Lorentz (o incluso Poincaré) el que se hubiese decidido a dar el paso decisivo que conducía a las teorías relativistas, habría sido sencillísimo darle la vuelta al argumento y atribuir al carácter sofisticado y afable de Lorentz la razón de que decidiese que lo mejor era no enfrentar espacio y tiempo, sino unirlos en un sofisticado dúo.

Todo se explica estupendamente con este tipo de recursos tan propios del psicoanálisis y otras teorías psicologistas o sociologistas basadas en el poder de la metáfora, del símil o en una relación causa-efecto fácil, por que el truco en realidad se establece desde el efecto a la causa y no a la inversa: conocemos lo que hizo Einstein (el efecto) y entonces creamos la causa. Sin embargo, como bien explicó Popper, cuando se puede explicar todo, es casi seguro que no se está explicando nada.

Se me podría decir, no obstante, que es sabido que Poincaré bordeó la teoría de la relatividad y que se alejó de ella asustado. Sí, es cierto, pero también le sucedió lo mismo a Einstein al principio, hasta que se decidió a caminar en esa dirección revolucionaria llevado por diversas razones, supongo que algunas personales, pero casi todas fruto de su trabajo intenso en el problema. Y sin embargo, frente al desarrollo de la física cuántica, este mismo Einstein tan revolucionario adoptó una postura considerada conservadora. ¿Lo atribuimos ahora a que se estaba haciendo mayor? Puede ser, aunque pocos científicos han mantenido el vigor especulativo que Einstein mantuvo en su madurez, pese a que sus esfuerzos no alcanzaran en este caso el éxito y no fuera capaz de ofrecer una alternativa no probabilista a la física cuántica.

Ahora bien, hay que recordar que las biografías son quizá el género ensayístico más cercano a la ficción.


(Publicado en septiembre de 2005 en Mundo flotante)

CUADERNO DE CIENCIA

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Originally posted 2014-05-11 23:32:44.

El olvidado William Cornwallis

william-cornwallisWilliam Cornwalis escribió unos Ensayos imitando los de Montaigne. En 1599. Un año en la vida de Shakespeare, Shapiro transcribe algunos fragmentos que recuerdan ideas expresadas por Shakespeare en sus obras. Son textos interesantes, así que me sorprendió que Shapiro dijera que Cornwallis está hoy en día olvidado. No parece razonable este olvido y desconfíe de que fuera así.

Busqué en una librería electrónica (Questia), así como en la completísima Biblioteca Digital  Project Gutenberg y en Luminarium English Anthology (dedicada a la época Tudor y con decenas de autores), y pude constatar que Shapiro no exagera: no hay en ellos ningún texto de Cornwallis.

Tal vez este silencio se deba a que Cornwallis escribió verdaderos ensayos, cvomo él mismo explica:

“I hold neither Plutarch’s, nor none of these ancient short manner of writings, nor Montaigne’s, nor such of this latter time to be rightly termed essays, for though they be short, yet they are strong, and able to endure the sharpest trial: but mine are essays, who am but newly bound prentice to the inquisition of knowledge, and use these papers as a painter’s boy a board, who is trying to bring his hand and his fancy acquainted.”

“Sostengo que ni Plutarco ni ninguno de esos escritos breves antiguos, ni tampoco los de Montaigne pueden ser considerados con propiedad ensayos, porque a pesar de su brevedad, son fuertes y capaces de superar la más dura prueba; pero los míos sí son ensayos, pues no soy sino un mero aprendiz en la búsqueda del conocimiento, y uso estos papeles como el hijo del pintor que usa una tabla e intenta sostener su pulso y hacer realidad su fantasía”

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EL RESTO ES LITERATURA

Originally posted 2007-12-21 16:06:31.

¿Dónde están los escritores soviéticos?

A menudo muchos nos hemos preguntado dónde están los escritores soviéticos que la Revolución de Octubre prometió. El que tan pocos de los partidarios del régimen comunista hayan pasado a la historia de la literatura es otra de las vergüenzas de las antigua Unión Soviética.

Nina Berberova anciana con su foto de joven

Sin embargo, si resulta posible encontrar a grandes escritores soviéticos: son precisamente los exiliados, los torturados, los fusilados, los traidores pequeñoburgueses, los enemigos de clase a los que no había que leer:

“Hoy, al pensar en aquella época, me doy cuenta de que el aniquilamiento de la intelligentsia no se produjo de manera inmediata y brutal. Fue, por el contrario, un proceso complejo, que incluyó un corto período de expansión durante el que disentir no resultaba fácil. Algunos triunfaban y caían a la vez, arrastrando a otros a su perdición. Al cabo de algún tiempo, las víctimas ya se contaban por cientos; después, por miles.”

Al principio, la persecución afectó a cualquiera que no estuviera de acuerdo con la cúspide de poder, ya fuera Lenin o Stalin, pero poco a poco afectó casi a cualquier escritor o intelectual, incluso a los que creían estar contribuyendo a ese nuevo régimen:

“Desde Trotski, pasando por Voronski, Pilniak, los formalistas y sus discípulos, hasta los futuristas y los jóvenes poetas surgidos del proletariado y del campesinado, cuyas obras no dejaron de despuntar hasta el final de los años veinte y que sirvieron al nuevo régimen con convicción y sinceridad. Desde los barbudos ancianos que habían participado en las reuniones de la Sociedad Filosófica y Religiosa de principios de siglo hasta los miembros de la V.A.P.P., la Asociación Panrusa de Escritores Proletarios, que habían lanzado —al parecer, en el momento oportuno— el eslogan que preconizaba la necesidad de poner la cultura al alcance de las masas, todos fueron barridos sin excepción”.

Berberova cuenta que la cultura fue barrida de manera sistemática, pero también cambiante, en función de quiénes ocuparan el poder o de las nevas directrices políticas aprobadas. Lo que ayer era revolucionario, hoy se convertía en reaccionario sin que se supiera muy bien por qué:

 

“No se eliminaba a las personas como individuos, pero sí como miembros de un grupo, de un movimiento o de una «clase». La represión estaba planificada igual que la producción en serie. Así suprimieron a Mandelstam y prohibieron a Zamiatin escribir. Hasta al final de los años treinta, la política cultural formaba parte integrante de la política general; de la de Lenin y Trotski, primero; de la de Zinóviev, de Kamenev y de Stalin, después, y, finalmente, de la de Stalin, Ejov y Zdánov. El resultado fue la desaparición de los nacidos hacia 1880; después, la de quienes lo hicieron alrededor de 1895 y, al final, la de la generación de 1910”.

Tres generaciones de escritores rusos fueron eliminadas por los dirigentes comunistas, pero ahora esos son precisamente los nombres a los que recurrimos cuando queremos hablar de la gran literatura rusa del siglo XX. De muchos de ellos ni siquiera conocemos su nombre, de otros sabemos que escribieron, aunque sus obras fueron destruidas o se perdieron, tal vez para siempre, basta con recordar el caso de Vida y destino de Vasili Grossman, que se creía definitivamente perdida, pero que pudo ser recuperada por disidentes y publicada por fin en 1980, dieciocho años después de la muerte del propio Grossman.

 

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[Publicado el 9 de marzo de 2010]

EL RESTO ES LITERATURA

POLÍTICA

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Originally posted 2010-03-09 13:28:17.

Kenneth Rexroth, una biografía

De Kenneth Rexroth yo conocía su interés por las culturas china y japonesa y que era una especie de budista de California (que suelen ser los mejores budistas). También sabía que tenía mucha relación con el movimiento beatnik, aunque no tanta como sugieren quienes lo consideran su fundador o su inspirador inicial. Él niega que sus vínculos con los beatniks fueran muy fuertes. Es también uno de los traductores que Eliot Weinberger enumera cuando habla de la traducción de un poema chino de Wang Wei y que aparece, por tanto, en mi juego poético Wang Wei, un experimento poético chino.

Hace poco leí algunos artículos suyos que me gustaron y también una biografía digital que me lo ha hecho muy simpático. Cuento algunas cosas de él que me gustan, sin ánimo de ser exhaustivo.

Rexroth nació en 1905 en Indiana “en en el seno de una familia de antiesclavistas, socialistas, anarquistas, feministas y librepensadores”.

“De formación casi por completo autodidacta (sólo fue al colegio durante cinco años), devoraba toda clase de libros, escribía poesía, pintaba cuadros abstractos, trabajaba en el teatro vanguardista y empezó a estudiar por su cuenta varios idiomas. Antes de haber cumplido los veinte años ya había recorrido el país en auto-stop, dedicándose a trabajar los veranos en el lejano oeste como mozo y cocinero para los cow-boys; también trabajó en granjas y en tareas forestales, y un día consiguió enrolarse en un barco para ir a París.”

En la biografía se cuentan muchas más cosas interesantes de Rexroth, que él mismo recuerda en Una novela autobiográfica.

De Rexroth me gusta que decía las cosas importantes sin darles importancia, como de pasada:“Rexroth lanzaba ideas perspicaces y originales como si fueran algo banal conocido por todos o atribuía a otros sus propios méritos”.

Y añade el autor de la biografía:

“Meses o años más tarde, cuando me venían a la memoria algunas de sus observaciones, aparentemente intrascendentes, se me aparecía de repente su verdadero sentido, y apreciaba aún más el tacto y la discreción con que las había hecho”.

También me gusta la manera en la que mezclaba las cosas:

bingen

Dibujo de Hildegarda de Bingen

“Rexroth conectaba generalmente bastante bien con los movimientos contraculturales del momento en los que la mayor parte de nosotros estábamos envueltos, pero atemperaba nuestro ingenuo entusiasmo con una saludable dosis de humor y escepticismo y nos hacía tomar conciencia de perspectivas más amplias: comparaba a Bob Dylan con los cantautores franceses de la “nouvelle chanson” de los cuales nosotros no habíamos oído hablar nunca; defendía que, dentro de los artistas psicodélicos, el más grande era precisamente una mística medieval que había pintado sus propias visiones; respaldaba con fuerza las acciones más radicales contra la guerra, a la vez que nos ponía en guardia contra la manipulación de los burócratas de izquierdas.

También me gusta de Rexroth que su inteligencia alerta le impedía caer en dogmas:

“En un momento dado de la narración afirma: “Lo único absoluto es la comunidad del amor que anula el tiempo”, pero en otro lugar dice algo distinto: “Lo absoluto como comunidad de amor (…), no estoy muy seguro de creer en ello, pero me parece que es una metáfora metafísica mucho más saludable que las demás.”

También me gusta su interés por los ensayos y cómo intentó recuperar el sentido original que les diera Montaigne:

“Una de sus colecciones se titula “Assays”, con la intención de recordarnos el sentido original de la palabra ensayo de Montaigne, como significado de: prueba, examen, experimento, esfuerzo por adherirse la realidad”

rexrothysuhijo

Rexroth y su hijo

Precisamente, en el blog en el que publiqué por primera vez esta entrada llamado Il saggiatore tenía que ver con esa idea y, curiosamente, al principio pensé algo idéntico l Essays /Assays de Rexroth. Mi intención era añadir a Il Saggiatore el subtítulo: “Ensallos digitales” o “Ensaios digitales”.

También me parece muy interesante que le gustaran tantas cosas diferentes:

“La variedad de sus lecturas es sencillamente asombrosa: obras de historia, libros de cocina, guías sobre la naturaleza, descripciones geológicas, estudios etnológicos, tratados teológicos, debates políticos, la Enciclopedia Británica entera… … La epopeya mesopotámica de Gilgamesh (“la primera obra que muestra la conciencia del ser”), La Historia de Herodoto, el Bhagavad-Gita, el Kalevala (“la epopeya más ecológica”), la poesía de Tu Fu, los ensayos de Montaigne (“el creador del yo empírico”), Don Quijote, La tempestad, las Memorias de Casanova (“el hombre natural viviendo al límite de sus posibilidades”) , Rojo y Negro de Stendhal (“la primera comedia negra”), Guerra y Paz y Huckleberry Finn, son simplemente algunos de esos otros “textos básicos de la historia de la imaginación” cuya relevancia destaca en sus cortos pero jugosos ensayos.”

Las coincidencias en esa enumeración con mis propios gustos son prácticamente exactas, aunque yo no he llegado a leer la Enciclopedia Británica entera (aunque sí lo intenté, como Borges). Pero lo que más me gusta de Rexroth es lo que hacía con todo ese conocimiento y lo que ese conocimiento hacía con él:

” Por no hablar de las reseñas de miles de libros que hizo en su etapa como colaborador de la radio independiente KPFA, actividad secundaria que realizó durante media hora semanal a lo largo de veinte años y sin ningún tipo de remuneración. Sin embargo, a pesar de haber leído tanto, no se muestra en absoluto pedante.”

Y creo que tiene bastante razón Rexroth cuando dice:

“El estilo no es simplemente una cuestión de estilo, sino un signo externo, la apariencia que presenta un estado espiritual interno”.

También me gustan, y con más razón en la época en que las escribió, críticas como esta:

“Estas cosas [literatura proletaria maoísta] son ridículas y parecen historias sacadas de una escuela dominical del siglo XIX en las que un muchacho romano ayudaba a su hermana a escapar de los leones, desafiaba a las legiones del emperador, hacía los recados de San Pablo y al final iba al cielo.”

El autor de la biografía de Rexroth, Ken Knabb, también desliza unas cuantas críticas a Rexroth, casi todas intrascendentes, porque las hace desde un punto de vista bastante mediocre: el de las ideas del situacionismo, que, en mi opinión, suelen expresar muchas simplezas y algunas agudezas como si fueran profecías de gran trascendencia.

Analizar la riqueza de Rexroth o de cualquier personalidad compleja desde esa estrechez de miras es una pena, pero la biografía respira fuerte cuando es la voz de Rexroth la que oímos, o al menos la de su oyente y amigo antes de pasar por el filtro situacionista. Es muy recomendable leerla.

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Biografía de Rexroth: “Erotismo, Misticismo y Revolución” de Ken Knabb

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EL RESTO ES LITERATURA

(Si quieres ver las páginas dedicadas a Shakespeare, Canetti, Borges y otros autores: Toda la literatura)

Originally posted 2013-11-11 16:58:02.

Arthur Schnitzler y su época

Hay años en los que uno descubre a un escritor y lo devora. Recuerdo con mucha claridad cuándo descubrí a Poe, en la adolescencia y cuándo descubrí a Henry James al leer Los papeles de Aspern (aunque ya conocía Otra vuelta de tuerca), que compré en la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Madrid. También recuerdo el año de Stanislaw Lem y el año de Primo Levi, y el de Sófocles, Esquilo y Eurípides. El año pasado y este 2005 serán, sin duda, los del descubrimiento o la lectura intensa de Musil.

En 1997 descubrí a Arthur Schnitzler. Creo que primero leí La Ronda, después Anatol y algunos ensayos y aforismos, en Madrid; poco después, en Buenos Aires, me encontré con La señorita Elsa, Hacia la nada y Casanova último acto.

Pero tal vez sucedió al revés y descubrí a Schnitzler durante el medio año que pasé en Buenos Aires, porque mis recuerdos más intensos están asociados a La señorita Elsa, que compré en una librería de viejo de Buenos Aires, y que leí en algún lugar del barrio de San Telmo. Por un azar feliz, poco después empezaron a traducirse al castellano todas las obras de Schnitzler, con más intensidad cuando se estrenó la última película de Stanley Kubrick, Eyes wide shut, basada en uno de sus relatos.

Desde que empecé a leer a Schnitzler, sus novelas y relatos me parecieron extraordinarios. Siempre creí que había sido un autor muy respetado en su época, aunque luego había caído en un largo olvido con la ascensión de los nazis en Alemania y la anexión de Austria (Schnitzler era austriaco y judío). Por eso me ha sorprendido, al leer un estupendo ensayo de Reich Ranicki, descubrir que aunque Schnitzler tuvo un momento de gloria, en el que Thomas Mann llegó a decir que era el escritor más importante de la lengua alemana (o de Austria, no recuerdo) junto a Gerhart Hauptman, después conoció un declive constante y pasó a ser considerado casi como una reliquia del pasado, alguien que pasaba su tiempo hablando y escribiendo acerca de cosas que ya no interesaban a nadie. ¿Cómo es posible que Schnitzler pasará entonces de moda y que hoy sea uno de los escritores de su época menos pasado de moda?

Marcel Reich-Ranicki

Reich Ranicki da algunas buenas razones para explicar esta paradoja. Todas ellas tienen que ver con lo que sucedió en Europa a partir de la primera guerra mundial.

En aquellos años, el mundo y Europa en particular se llenaron de demagogos, de fascistas, de revolucionarios y de violentos que querían establecer sociedades utópicas en la tierra, que querían purgar la humanidad de judíos, burgueses o comunistas. No quedaba ya espacio para el pensamiento independiente y sereno, había que unirse a los grupos, a cualquier grupo, para derribar y construir. Hoy en día, resulta que eso es todo lo que nos parece caduco, todo ese nacionalismo, todo ese racismo, esa búsqueda de la supervivencia y el dominio de los más fuertes, de líderes carismáticos a los que las masas siguen como ovejas al matadero (que es a donde, efectivamente, fueron).

Dice Reich Ranicki que Schnitzler estaba en contra del didactismo en literatura, al contrario que Bretch, y que decía: “Creo que mi oficio es crear personas, y lo único que debo demostrar es la multiplicidad del mundo”. Es obvio que con ideas como estas no se pueden fabricar proclamas fáciles ni lemas incendiarios como los que fabricaba Bertolt Bretch, quien en una ocasión se puso a gritar durante la representación de una obra de Schnitzler contra esa “morralla caduca”.

En fin, que en una época como aquella, en la que tu mejor amigo te podía denunciar en aras de la causa, en la que los tibios eran considerados traidores por unos y por otros y en los que todas las soluciones pasaban por el uso de la violencia, Schnitzler no tenía sitio. En 1927 escribió:

“Una cierta parte de la población está siempre dispuesta, en determinadas condiciones, a dejarse dominar por pasiones tales como la bestialidad, la rapiña y la sevicia y no hay que excluir en absoluto del panorama de posibilidades el que a pesar del relativo carácter apacible de los austriacos, estos no se dejen inducir, llegado el caso, a actos de brutalidad y crueldad”.

Diez años después, Austria era anexionada por la Alemania nazi en medio del entusiasmo de la mayoría de su población.

Reich Ranicki cuenta cosas muy interesantes acerca de Schnitzler, como que se sentía muy inseguro de todo lo que hacía y que se consideraba un escritor mediocre. Él mismo admitía: “Mi esencia en todo: el diletantismo”, que es más o menos lo que yo considero de mí mismo. La diferencia es que Schnitzler sufría mucho por eso y yo no sufro nada (pero, ¿quién sabe?, tal vez tenga una crisis espiritual en el futuro, que me lleve a lamentar esta dulce mediocridad en la que me complazco).

A Schnitzler le era imposible centrarse en un proyecto y solía estar ocupado en varias cosas a la vez: “Soy capaz de mirar al fondo, pero no de bajar a él”.

Los testimonios anteriores son sin duda una buena muestra de que la opinión de un escritor sobre sí mismo no es nada de fiar, porque a mí y a muchos más, incluido Ranicki, nos parece que Schnitzler es un escritor que a menudo ha bajado hasta el fondo, como en La señorita Elsa o El Teniente Gustl, y que siempre es profundo, a pesar de que, como dice Reich Ranicki, todo lo que dice se entiende: no es nunca un escritor oscuro y es siempre un escritor delicioso.

La señorita Elsa es un breve relato deslumbrante en un obsesivo e ininterrumpido monólogo interior, que fue elogiado por Freud porque reflejaba de la manera más clara el flujo de conciencia (Freud consideraba a Schnitzler su doble). El lector parece meterse en la mente de otra persona, de Elsa, con todas sus contradicciones, con todos los pensamientos triviales que se mezclan y asaltan la conciencia de la muchacha en medio de la peor de las angustias, con la atención que capta detalles insignificantes y el flujo casi paralelo de esas mil ideas mezcladas que acceden a la conciencia.

Se dice que una manera de entender cómo funciona la mente humana es imaginarla como algo parecido al comienzo de La pasión según San Mateo, de Bach, y parece cierto, pero en la obra de Schnitzler hay más verosimilitud, porque la conciencia bachiana, la suma de voces que se superponen en una respiración constante y creciente sigue un orden del que nuestra conciencia generalmente carece. A mí La Pasión según San Mateo me parece más semejante no al flujo habitual de la conciencia, sino más bien a los momentos de entusiasmo emocional e intelectual, a un entusiasmo que se mantiene y crece sin parar y en el que todo lo que sucede parece apoyarse en lo que acaba de suceder.

 


[Publicado el 3 de febrero de 2005 en MonadoLOG]

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Originally posted 2012-08-19 21:55:41.

EL RESTO ES LITERATURA

literatura

Que ton vers soit la bonne aventure
Eparse au vent crispé du matin
Qui va fleurant la menthe et le thym…
Et tout le reste est littérature.

(Que tu verso sea la buena aventura
esparcida al aire fresco de la mañana,
que hace florecer el tomillo y la menta…
Y todo lo demás es literatura)

                            Paul Verlaine, Art poétique

elrestoesliteratura-cabeceraEn  El resto es literatura están casi todas las entradas que he dedicado a asuntos literarios, escritores, novelas, crítica literaria, reseñas de lecturas. Algunas de las entradas están ordenadas por autores o temas, otras no.

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Originally posted 2019-01-01 07:07:10.

Lo mismo de siempre y las variaciones

846-05648069 © ClassicStock / Masterfile Model Release: Yes
Property Release: No 1970s MAN FATHER SITTING IN CHAIR WITH THREE CHILDREN READING BOOK

Mientras que los niños desean leer siempre el mismo cuento, los adultos suelen necesitar constantes novedades.

Incluso en la Edad Media y en los tiempos en los que se consideraba que no había que innovar, sí que se pasaba el tiempo, sin embargo, proponiendo nuevas variaciones sobre los temas de siempre.

2019: el título se refiere a la recomendación que se hace a quienes presentan nuevos formatos televisivos: “Tiene que ser algo nuevo pero, al mismo tiempo, lo mismo de siempre”.


[Publicado en 2007]

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Originally posted 2007-08-28 12:02:24.

Akutagawa y Montaña otoñal

Wang Shih-ku le cuenta a su amigo Yün Nan-t’ien la historia del cuadro Montaña Otoñal.

Este cuadro fue pintado por el pintor Ta Ch’ih, uno de los más importantes de la dinastía Yuan, de origen mongol (junto a Meitao-jen y Huang-hao-shan-ch’iao).

Ta Ch’ih era ya conocido por sus cuadros Costa Arenosa y Alegre Primavera, pero existe un tercer cuadro que, aparentemente, los supera a todos: Montaña Otoñal.
Así que Wang le cuenta a su amigo Yün la historia de ese cuadro.

akutagawaResulta que tiempo atrás el maestro Yüan Tsai discutía de pintura con Yen-k’o y le recomendó que viese el cuadro Montaña Otoñal, dándole, además una carta de recomendación para el señor Chang, el propietario del cuadro.
Yen-k’o va a ver el cuadro y queda conmovido. Intenta comprarle el cuadro a Chang, pero éste no lo vende.
Trascurridos cincuenta años del día en que Yen-k’o vio el cuadro, Wang (el que cuenta la historia) averigua el paradero de Montaña Otoñal, que ahora está en otras manos, y va a verlo. Es una obra maestra, como atestiguan además los críticos, pero él sabe que no es el cuadro único que vio Yen-k’o, quien, al llegar y ver también el cuadro, confirma esta opinión, aunque ambos esconden sus verdaderos sentimientos.
El relato parece la narración de un asunto relacionado con un cuadro, como una anécdota histórica (no sé si los pintores y críticos son personajes que existieron), pero tiene algo inquietante en su misma trasparencia. Por eso no es extraño ni erróneo que se incluya en la recopilación Las mejores historias siniestras (resulta más justificado teniendo en cuenta el título original: Stories Strange And Sinister)
Montaña Otoñal

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historias-siniestras_1Ryonosuke Akutagawa
Traducido al inglés (Autum Mountain) por Ivan Morris.
Traducción española: Irene Peypoch
Incluido en la selección de cuentos de varios autores: Las mejores historias siniestras. (Stories Strange And Sinister), por Laurette Naomi Pizer.

Editorial Bruguera 1972 (4ª edición) 1ª edición: 1968 (en inglés, al
parecer, y en español también)

 

Originally posted 1998-03-04 12:12:14.