Canetti y los libros para especialistas

 

En el prólogo a Masa y Poder escrito por Juan José del Solar Bardelli, se comenta la ausencia de Marx y Freud (y Levi-Strauss) en el libro de Canetti:

“La omisión de toda referencia a estos y otros autores fue considerada herética, así como la ausencia de metodología”.

Canetti contó, tiempo después, que a Levi-Strauss no lo había leído al publicar su libro, y que no recurrió a Marx y Freud porque “no quería escribir un libro basado en la investigación científica actual, sino más bien que fuera el producto de una reflexión nueva sobre el tema”. También respondió a quienes le reprocharon que en el libro no apareciera la palabra “fascismo” que “las seiscientas páginas del libro no tratan de otra cosa”. Por último, explicó que escribió su libro de una manera tan particular con el propósito de que pudiera ser leído con provecho al cabo de cien años, y que “no quedara marcado por los estigmas de la actualidad ni por sus connotaciones retóricas”.

Razones parecidas son las que me hicieron escribir Nada es lo que es sin recurrir a la bibliografía especializada y evitando aspectos de la cuestión que llenan cientos de páginas en otros libros. Siempre intento que mis libros que no se dirijan a un público especializado, o al menos que puedan ser leídos tanto por un público especializado como por cualquier lector con cierta inquietud intelectual. Incluso mis libros de guión, como Las paradojas del guionista o El guión del siglo 21, creo que pueden ser una lectura interesante para personas que no estén interesadas en el mundo del guión.

Precisamente, en la presentación del libro, Marina Pino comentó que Las paradojas del guionista le había ayudado en la escritura de sus libros (que no tenían nada que ver con el cine o el guión). También Marcos Méndez me comentó, acerca del mismo libro (quizá con algo de exageración) que no era sólo un libro de guión, sino que también era acerca de la vida e incluso de ética y filosofía (que no se asusten los guionistas: también es fundamentalmente un libro de guión). Me alegran esas opiniones.

En cualquier caso, no descarto escribir un libro para especialistas en algún momento, y existen muchos libros para especialistas que me interesan mucho, pero no es lo que me mueve a escribir. Ahora bien, incluso los libros para especialistas deben estar bien escritos.

 Imagen de previsualización de YouTube

*************

La grabación de la presentación corrió a cargo de Bruno Tubau.

Todos muertos
Una investigación sobre la manía de escribir /3

 

En los dos artículos anteriores (La obra oculta de CanettiLas intenciones de Canetti) de esta informal e improvisada investigación acerca de la manía de escribir, me preguntaba por qué Canetti había prohíbido que sus escritos inéditos se publicaran hasta treinta años después de su muerte.
Parece bastante razonable suponer que lo hizo con la intención de que todos los personajes mencionados en sus memorias y recuerdos estuviesen muertos, o al menos todos lo que conoció hasta los cuarenta o cincuenta años.
Pero no me convencía la explicación de que Canetti quisiera evitarles, de esta manera, pasar por el duro trago de leer sus implacables críticas. Ese fue mi primer pensamiento: que quedase un resto de piedad o compasión en un hombre que se vanagloriaba de detestar la piedad. Es una hipótesis no tan descabellada, porque es frecuente que personas que durante toda su vida han sido despiadadas cambien de conducta en la vejez, cuando se siente débiles y necesitan la ayuda, a veces la piedad, de los demás. Yo conozco algún caso de personas de extrema derecha que en la vejez se hicieron socialistas y encendidos partidarios de la ayuda del estado a los débiles, a aquellos a los que unas décadas antes habrían considerado sujetos indeseables a eliminar.

Tal vez ese podría haber sido el caso de Canetti. La debilidad.

No lo puedo asegurar, porque no soy tan atrevido como él para juzgar de manera firme acerca de las intenciones de personas a las que no conozco, y este tipo de disquisiciones psicologistas son siempre muy arriesgadas. Sin embargo, me parece también plausible, y quizá más coherente con las rasgos predominantes de su carácter (tal como me han sido contados por otros), que no tomara esa disposición testamentaria para evitar un disgusto a quienes pudieran sentirse ofendidos por la publicación de sus recuerdos, sino para evitar que pudieran replicarle. Al asegurarse de que todos estuvieran muertos se aseguraba también de que no hubiera réplica posible a lo que cuenta. Que su versión quedara como la verdadera.
En los tres primeros tomos de sus memorias (publicados en vida de Canetti), que son los que yo he leído, aparecen muchos personajes, pero creo que casi todos ellos estaban ya muertos. Muertos estaban Alma Mahler y sus hijas, muerto Bertolt Bretch, Karl Kraus, Robert Musil, muerta su primera esposa, Veza. Alguno todavía estaba vivo, como su hermano, que es  Jacques Canetti, el célebre productor de la chanson francesa, de quien también serían interesantes unas memorias (tal vez las ha escrito).

 

Los hermanos Canetti con su madre Mathilde: Elias, Nissim(Jacques) y George

En el cuarto tomo de las memorias de Elias Canetti, Fiesta bajo las bombas, los personajes principales, como Bertrand Russell (que sale bien parado al parecer) e Iris Murdoch, que es la víctima principal de sus críticas, también están muertos. Tal vez no sea casualidad que este cuarto tomo se haya publicado no mucho después de la muerte de Murdoch: quizá haya en el testamento de Canetti una disposición adicional que permita ir haciendo públicos nuevos materiales a medida que vayan muriendo quienes los protagonizan.
Existe otra hipótesis que explicaría la disposición testamentaria de Canetti, que explicaré en el siguiente capítulo de esta investigación, en la que tal vez se ha desviado demasiado de su intención inicial, aunque estaba entre mis intenciones iniciales no tener un camino marcado de antemano demasiado férreamente: voy escribiendo esto, como decía Canetti, en uno de sus aforismos: como quien respira, aunque mi intención sigue siendo investigar, no por qué Canetti escribía, sino por qué escribo yo.

Continuará….

 



Jacques Canetti, supongo que cuando todavía trabajaba en Phillips, antes de craer su propia compañía.

Ahora sé que, efectivamente, el hermano de Elias Canetti, Jacques, escribió sus memorias: On cherche jeune homme aimant la musique (Se busca jovencito que ame la música). Puedes visitar la página web de las producciones Canetti con este enlace: Jacques Canetti. Allí se podía leer hasta hace poco, en francés, un extracto de esas memorias, en el que Jacques Canetti cuenta los inicios de Jacques Brel, pero al visitar la página recientemente no he encontrado ese texto.

Canetti con Brassens y Gainsbourg

Precisamente en pocos días se inaugurará en París una exposición dedicada a Jacques Canetti, que intentaré visitar.

Share

Las intenciones de Canetti
Una investigación sobre la manía de escribir /2

En La obra oculta de Elias Canetti me preguntaba por qué Canetti ordenó que no se empezaran a publicar sus textos inéditos hasta treinta años después de su muerte.

La primera respuesta que se me ocurrió fue que lo hizo por la sencilla razón de que no quería que las personas que aparecen en sus escritos autobiográficos se sintiesen ofendidas o lo pasaran mal al descubrir lo que realmente opinaba de ellas.

En los tres primeros tomos de sus memorias, Canetti es a menudo muy duro con sus amigos y conocidos. No he leído todavía el cuarto tomo, Fiesta bajo las bombas, que al parecer se publicó desobedeciendo sus disposiciones testamentarias, es decir, antes de tiempo. Ya el título parece demostrar que no es un libro que Canetti tuviese listo para su publicación, pues los otros tres tomos de sus memorias tienen títulos que aluden explícitamente a los sentidos: La lengua salvada, La antorcha al oído, El juego de ojos, por lo que era previsible que el cuarto y el quinto tomo tuvieran que ver con el tacto y el olfato. Pero no conozco los pormenores de la edición de Fiesta bajo las bombas, y quizá me equivoco. En cualquier caso, en este cuarto libro de memorias parece que Canetti es todavía más implacable que en los libros anteriores, en especial con Iris Murdoch.

El juego de ojos

Así que todo hace suponer que Canetti no quiso que sus libros inéditos se publicaran hasta treinta años después de su muerte para evitar un dolor innecesario a quienes ataca despiadadamente. Porque Canetti pertenece a esa clase de escritores que en sus textos biográficos muestran que han detestado y detestan a casi todas las personas que han conocido. En alguna ocasión he dicho que al leer las autobiografías de escritores americanos como Truman Capote o Gore Vidal uno no sabe si asombrarse más de lo mal que hablan de todos sus amigos o de que pudieran haber sido amigos suyos alguna vez. ¿Cómo pudieron mantener durante tanto tiempo una amistad personas que se apreciaban tan poco? El caso de Canetti quizá no llega a igualar los de Capote o Vidal, porque él hace un verdadero esfuerzo para dotar de vida y verdad a los personajes que aparecen en sus memorias. Cada uno de los retratos que hace, Kraus, Musil, Georg, Wotruba, Broch o Alban Berg es extraordinario y cumple lo que el propio Canetti se recomendó a sí mismo en un apunte de 1980 citado por Ignacio Echevarría:

“Saca a la palestra a cada uno, verdaderamente a cada uno. Insúflale aliento. Dale sus palabras”

Aunque les da sus palabras, y aunque uno se queda conmocionado ante la intensidad de penetración psicológica y de observación empírica que despliega Canetti, por mencionar un ejemplo, al contar lo que fue Kraus en Viena, también es cierto lo que dice Echevarría, Canetti aisla algunos elementos de cada persona para destilar un carácter puro:

“La técnica de Canetti como retratista consiste siempre en la acentuación de unos pocos rasgos sobresalientes, ya se trate de la respiración de Broch y sus andares de pájaro; de la soberbiaa de Musil y su infinita susceptibilidad; de la cordialidad de Alban Berg y su naturaleza tan amable; de la impetuosidad de Scherchen y su afán de dominio”.

El resultado son pequeñas obras maestras, decenas de figuras y caracteres diferenciados, pero también, de manera casi inevitable, una cierta simplificación y bastante injusticia a costa de la claridad, como puede adivinarse al leer su reacción ante el físico Wolfgang Pauli, por quién dice sentir un gran respeto pero a quién deja literalmente de escuchar a causa de un detalle bien curioso:

“La razón de que mis oídos se hubieran cerrado  a sus palabras era una razón que él jamás habría sospechado: me recordaba a Franz Werfel -claro está que sólo en su aspecto exterior-, y ya esto tenía que preocuparme, tras mis experiencias con este último un año antes”

Aquí Canetti parece, más que un  observador preciso de la realidad, un discípulo de Lombroso, el hombre que creía que la forma del cráneo o de ciertos rasgos faciales permitía distinguir a los criminales, algo que mucha gente piensa todavía. Momentos como el citado, que al menos Canetti tiene el candor o el desparpajo de relatar sin disimulo, nos hacen estar alerta ante otros retratos en los que sin duda las antipatías o simpatías de Canetti han contribuido a acentuar ciertos rasgos.

Sin embargo, hay algo que no acaba de resultar satisfactorio en esta explicación apresurada del pudor final de Canetti. Un hombre capaz de destilar un odio tan feroz contra tanta gente, ¿se preocuparía del dolor que pueda causar a sus víctimas una vez muerto? Todo es posible, porque la complejidad, ambigüedad y contradicciones de los sentimientos de las personas son a menudo asombrosos, y lo es tal vez mucho más si se trata de un escritor, capaz de llevar una vida pública y otra privada que pueden coincidir en muy pocos detalles. Como escribió Borges en una ocasión: “Borges es el otro”.

Sin embargo, hay algo que no me acaba de convencer en esta explicación acerca de los motivos de Canetti.

 


Elías Canetti

Canetti y los libros para especialistas

Leer Más
Todos muertos
Una investigación sobre la manía de escribir /3

Leer Más
Las intenciones de Canetti
Una investigación sobre la manía de escribir /2

Leer Más
La obra oculta de Elias Canetti
Una investigación sobre la manía de escribir /1

Leer Más
Gilgamesh y Canetti

Leer Más

Share

La obra oculta de Elias Canetti
Una investigación sobre la manía de escribir /1

Elias Canetti

Elias Canetti publicó una obra breve, apenas doce tomos. Pero escribió mucho más, cartas, diarios, novelas y todo tipo de textos inéditos :

“Se hallan celosamente custodiados en la Biblioteca Central de Zurich, en un búnker situado a quince metros de profundidad, donde se encuentra en la actualidad el “legado Canetti”, parte del cual no podrá ver la luz, por voluntad expresa del escritor, hasta el año 2024″

Me pregunté,  tras leer estas cosas en el prólogo de El Juego de ojos, por qué Canetti había decidido que no se publicase todo lo que había escrito hasta mucho tiempo después de que hubiera muerto: tres décadas más tarde. Cuando murió, en 1994, Canetti tenía ochenta y nueve años.

Canetti

El juego de ojos, de Elias Canetti

Existen otras historias de escritores que pidieron que su obra fuera destruida o que no se publicara hasta cierto tiempo después de su muerte. A la traición de un amigo, debemos  muchas de las páginas de Kafka, salvadas por Max Brood.

También Casanova amenaza alguna vez en sus Memorias con echarlas al fuego en cuanto presienta que está a punto de morir. Es obvio que cambió de idea, o que le faltaron las fuerzas, cosa que suele suceder cuando agonizas.

Kleist, si no recuerdo mal, quemó su primera novela. Chatterton se suicidó a los diecisiete años y antes de hacerlo quemó todos los escritos inéditos que tenía a mano.

En la relación de las personas con las cosas que escriben, se pueden distinguir dos extremos: los destructores y los conservadores. Algunos se deshacen de cualquier borrador, de todas las páginas que muestran las fases que llevaron a la obra definitiva.

Freud, que detestaba a los biógrafos, no quiso dejarles nada y destruyó todo lo que pudo. Incluso intentó hacerse con las cartas que había enviado a otras personas, para quemarlas. Su discípula Marie Bonaparte consiguió en un librero de viejo las cartas que Freud le había mandado a Wilhem Fliess. Aunque Freud insistió en que se las devolviera, ella se negó. Gracias a esas cartas, los biógrafos han podido escribir las más oscuras pero también las más precisas páginas de la vida de Freud.

Stefan Zweig cuenta que Rainer Maria Rilke nunca corregía nada, porque todo lo escribía perfecto desde el principio. En sus manuscritos, asegura Zweig, no hay nunca una tachadura ni una corrección. Pero podemos sospechar que Rilke destruyera los manuscritos previos y sólo conservara la última versión. En tal caso, Rilke actuaría de manera parecida a los científicos según la anécdota contada por Jesús Mosterín:

–¿En que se diferencia un científico de un filósofo?
–En que el filósofo usa papel y lápiz, y el científico papel y lápiz y papelera.

Y el filósofo Leibniz parece confirmar el chiste, porque lo guardaba absolutamente todo: sus biógrafos llevan decenas de años ordenando y publicando poco a poco sus papeles.

Yo, en este caso, no me muevo en el dorado término medio y moderación que tanto me gusta elogiar, y que sin duda es el más razonable (ni guardarlo todo ni destruirlo todo), sino que estoy decididamente en el lado leibniciano. Lo guardo todo, incluso notas tomadas en billetes de metro, algo que, según parece, también hizo Casanova, no en billetes de metro, pero sí en lo que entonces se llamaba precisamente billetes, pequeños papelitos. Eso explicaría la prodigiosa exactitud de su memoria, que los estudiosos han podido certificar, en contra de la común opinión que le toma por un escritor imaginativo y mentiroso.

Canetti, no sé si llegaba a los extremos de Leibniz, Casanova o yo mismo, pero la descripción de su legado oculto así parece indicarlo:

“Allí, en un área cerrada al público, se conservan, junto a los diarios, ocho metros seguidos de manuscritos, borradores, cuadernos de notas y cartas del escritor. Una vida completa en ciento cuatro cajas.”

A pesar de haber escrito tanto, Canetti apenas publicó en vida, como dije antes, doce volúmenes. Pero no destruyó el resto, aunque prohibió que se publicará hasta treinta años después de su muerte. ¿Por qué?

 

Continúa en Las intenciones de canetti….


Elías Canetti

Canetti y los libros para especialistas

Leer Más
Todos muertos
Una investigación sobre la manía de escribir /3

Leer Más
Las intenciones de Canetti
Una investigación sobre la manía de escribir /2

Leer Más
La obra oculta de Elias Canetti
Una investigación sobre la manía de escribir /1

Leer Más
Gilgamesh y Canetti

Leer Más

Share

Gilgamesh y Canetti

En el último viaje con tres amigos al sur, me llevé de nuevo el libro del primer viaje literario: la Epopeya de Gilgamesh.

En otro viaje  a Lisboa encontré al cuervo de Gilgamesh, que es también el primer cuervo literario conocido y antepasado directo del cuervo de Noé.

Siempre encuentro algo en Gilgamesh, porque casi todo empieza con él: el primer viaje, el primer cuervo, la primera amistad, la primera aventura de amor homosexual, la primera dicotomía entre naturaleza y civilización, la primera interpretación de sueños, la primera tentativa de escapar a la muerte, y tantas otras cosas que se hallan en Gilgamesh por la sencilla razón de que es también la primera narración conocida y, en cierto sentido, aunque esté escrito en verso, la primera novela. Ya dije todo esto en El primer libro contiene todos los libros.

Esta vez he leído pocas páginas de la nueva versión, editada por Trotta, pero nada más regresar a Madrid he encontrado una (para mí) asombrosa coincidencia en la segunda parte de la biografía de Elías Canetti, La antorcha al oído:

canettiElias Canetti

“Descubrí el poema de Gilgamesh, obra que como ninguna otra ha influido en mi vida, en su sentido más íntimo, su fe, su energía y sus expectativas. El lamento de Gilgamesh por la muerte de su amigo Enkidu me conmovió profundamente:

“Por él he llorado día y noche,
No consentí que lo sepultaran,
por si mi amor despertaba a mi amigo.

Lo he llorado siete días con sus noches
Hasta que el gusano invadió su cara,
Desde que murió, no he vuelto a encontrar vida,
Y errante voy por la estepa, como un salteador”

Luego viene su expedición contra la muerte, su peregrinación por las tinieblas de la Montaña Celestial y por las Aguas de la Muerte hasta que encuentra a su antepasado Utnapishtim, salvado del diluvio, a quien los dioses concedieron la inmortalidad. Por él quiere saber cómo se llega a la vida eterna. Es cierto que Gilgamesh fracasa y muere. Pero esto no hace más que corroborar en nosotros la necesidad de su expedición.
De este modo he podido sentir la incidencia de un mito en mi propia persona; como algo que durante el medio siglo transcurrido desde entonces he pensado y repensado de muchas maneras, dándole vueltas de un lado a otro en mi interior, pero que ni una vez he puesto en duda. Capté como unidad algo que en mí ha continuado siéndolo. Me es imposible criticarlo. La cuestión de si creo o no en semejante historia, no me afecta; ¿cómo podría decidir frente a la sustancia más específica de la que estoy compuesto, si creo en ella? Pues no se trata de repetir como un loro que, hasta la fecha todos los hombres han muerto, sino sólo de decidir si uno se resigna a aceptar la muerte o se rebela contra ella. Rebelándome contra la muerte he adquirido un derecho al brillo, riqueza, miseria y desesperación de cualquier experiencia. He vivido inmerso en esta rebelión infinita. Y si bien el dolor de los seres queridos que con el tiempo he ido perdiendo no es inferior al de Gilgamesh por su amigo Enkidu, tengo una ventaja única sobre el hombre-león: que me importa la vida de cada ser humano y no sólo la de mis seres más próximos.”

De esto que comparto con Canetti da fe mi página Utanapishti (ahora llamada Nostoi, los regresos) y también una frase de Joseph Glanwill que encontré en Ligeia de Poe y que he llevado conmigo desde hace años:

“El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad”.

 


Por cierto, en una de mis antiguas páginas web, había un mapa con los enlaces situados junto a unos extraños trazos serpenteantes:

mapa

Esas rayas temblonas son el mapa dos ríos,  el Tigris y el Eúfrates, que es por donde vivió Gilgamesh, en concreto en la ciudad de Uruk “la de los cercados”, que, dicen, ha sido descubierta hace poco. Pero el mapa está colocado del revés y por eso no resulta tan reconocible.

El Tigris y el Eúfrates y las ciudades de Ur, Eridú y Uruk


(Publicado por primera vez en Il Saggiatore el 13 de diciembre 2005)

Share