Tres poemas infieles de Roser Amills

 

En 2010 Roser Amills Bibiloni publicó su delicioso libro de poesía erótica Morbo, que tuve la suerte de leer antes de su publicación, no sólo en catalán sino también en una versión castellana, no menos estupenda, hecha por la propia autora, pero que , creo, permanece inédita.

Roser Amills Bibiloni

He leído muchas veces Morbo y cada vez que lo hago me asombro de la claridad y la belleza de las palabras asociadas al sexo cuando se emplean con la precisión y la claridad con que lo hace Amills, a quien  llamaré a partir de ahora Roser, puesto que somos amigos y me resulta extraño referirme a ella de manera tan formal. Como dice Luis Racionero en el prólogo de Morbo, hay mucha metafísica de la buena en el libro de Roser. Yo, que reconozco no ser muy exhuberante en el uso del lenguaje sexual debido a que no consigo manejarlo con naturalidad, envidio el arte de Roser como envidio también el del deslenguado Rabelais. Pero, al mismo tiempo, reconozco en ella la encantadora travesura y hondura ligera que nos trasmiten los fragmentos de Safo, o más modernamente de Pierre Louys. No hago estas comparaciones (a las que se podría añadir Catulo, por supuesto) para reducir a Roser a una fácil definición, puesto que Roser es ante todo Roser Amills, como el lector de sus poemas podrá comprobar.

A continuación tres poemas de Morbo que tienen relación con la infidelidad y con no someterse a las convenciones sociales. Con ellos doy inicio a mi Gran antología infiel:

 

El miratge

 

I bec en la teva saliva les meves sals

i la teva aroma,

t’aboques amb cobdícia i em desafines,

curulla de semen em faràs passar pel simaler

em menjaràs la figa amb cullera,

em faràs llepar-te els peus que tant

han de recórrer encara sense mi,

aprenc de les teves mans ma resplendor

mentre refaig els contorns dels teus ulls,

de la teva boca, de les teves natges

 

mentre espero que la teva imatge es dissolgui

per materialitzar-se novament un embat

rera l’altre.

 

 

El nom

 

I quan un amant ja t’ha deixat mil regueronsblancs als llençols,

quan nua ja t’has fregat la seva veu

contra els malucs

i la teva contra les seves natges,

en haver-ne tingut tot el cos entre les mans

i haver-lo mossegat arreu sense pausa

arriba el moment de mirar-li de fit a fit

l’eròtica nuesa del forat del cul

i començar amb gosadia a preguntar-li

com es diu, de quin peu calça

o com vol prendre el cafè

i sobre tot

quin és el seu super-heroi preferit.

Mai abans, això seria una manca

de delicadesa

imperdonable.

 

Perills

Si et poses a parlar molt sensual

per mostrar les variacions emotives

i sensibles de tot el fàstic i el morbo

que portes a dins, atenció,

tot d’una corres el risc de semblar

una mala vedette de revista.

 

Si les teves fantasies sexuals

són inevitables i excèntriques

i decideixes confessar-les

tot just haver començat, vigila,

l’altre podria sortir corrent.

 

Parlar del temps i de cop

ficar-li la llengua a la boca per callar

també dóna un cert no sé què

que diuen que no convé gaire.

 

Però si no dius si no fas res,

potser per evitar

els anteriors inconvenients,

és pitjor encara: t’avorriràs

 

tota la vida per ser massa delicada

i no te la bescanviarà ningú

per una altra.

 

 

 


La primera edición de Morbo se agotó pero está a punto de publicarse una segunda que ha sido posible gracias a un sistema de crowfunding (financiación mediante donaciones) a través de Internet, en el que todavía puedes participar, si no me equivoco. Es una iniciativa fantástica y una muestra de las posibilidades que Internet ofrece a los autores. Probablemente parte del futuro literario estará ahí: Morbo en Verkami

Originally posted 2011-10-22 16:40:49.

La infidelidad del guionista

En todos mis libros, aunque traten de temas muy diferentes, existen muchos nexos, como supongo que le pasa a cualquier escritor que no se limita a repetir lo que ha leído en otra parte. La mayoría de estos nexos son secretos, subterráneos, y algunos solo parecen evidentes para quien lo ha escrito, es decir, para mí. Muchas de estas conexiones surgen de forma espontánea, pero reconozco que también me gusta conectar a propósito textos diferentes, de tal manera que todos ellos acaban por ser  una especie de hipertexto lleno de relaciones múltiples.

Si algún día perdiera de repente el recuerdo de los días vividos pero todavía conservara la capacidad de añadir nuevos recuerdos, entonces, mediante la lectura de esos libros podría reconstruir o al menos entender al hombre que fui. Supongo que esos libros, incluso los que menos parecen tener que ver con mi biografía, contribuyen a trazar ese retrato del que hablaba Borges, que va quedando en las páginas que escribimos a lo largo de la vida. Aunque, ¿quién sabe?, tal vez sea también un retrato distorsionado.

En ocasiones, en un escrito desarrollo o amplío una idea que en otro lugar he mencionado de pasada; otras veces repito la misma historia en diferentes lugares aunque con distinto propósito. Pero siempre que recurro a un mismo ejemplo o historia intento reescribirla, ampliarla, reducirla, matizarla, buscar una nueva manera de ver el asunto.

La pereza me lleva en algunas ocasiones a citarme, o quizá aplico aquello que parecía pensar Shakespeare cuando plagiaba: “Si Montaigne lo ha dicho de manera insuperable, ¿para qué voy a decirlo de otra manera?”.

Una de las cosas que más repito es la admiración que siento hacia el astrónomo Johannes Kepler y su método de descubrimiento, que me he prohibido volver a contar en nuevos libros, aunque no estoy seguro de si lograré contenerme. Otro tema recurrente, casi un juego o manía parecida a aquella de Berlanga de hacer que en todas sus películas se pronunciara la palabra “austrohúngaro”, consiste en mencionar de alguna manera La epopeya de Gilgamesh, el poema mesopotámico que es también la primera novela de la humanidad y en el que se contiene casi todo lo que se ha dicho después.

Pienso, por otra parte, que en Recuerdos de la era analógica están contenidos de una manera u otra no sólo casi todos los libros que he escrito, sino también los que todavía no he escrito. Algunos de esos libros futuros (ahora, cuando releo esto en 2017) ya los he escrito o los estoy escribiendo.

En ocasiones también introduzco referencias cruzadas entre mis libros en los títulos de los capítulos o los apartados, que siempre intento que sean muy informativos, pero que también escondan casi siempre algún tipo de juego. He dedicado un apartado a estos pequeños bombones ocultos, o huevos de Pascua, en No tan elemental.

Aquí voy a comentar tan solo una de esas referencias cruzadas entre libros, que se encuentra en la página 311 de Las paradojas del guionista:

Como se ve, el apartado que comienza al final de la página tiene el título de otro libro mío: Elogio de la infidelidad.

Lo curioso, sin embargo, es que el Elogio lo publiqué en 2011 y Las paradojas en 2006, es decir, que cité un libro que todavía no había escrito. Se podría pensar que ese apartado hizo que se me ocurriera escribir ese libro futuro, pero no fue eso lo que sucedió. En realidad, el Elogio de la infidelidad ya existía cuando lo cite, aunque era un poco más ligero, más breve que el libro publicado. En efecto, a los dieciséis años escribí un breve artículo de apenas tres o cuatro páginas, que titulé “Sobre el sexo y su relación con la infidelidad” en el que combatía la idea de fidelidad. Por eso, en mi libro Elogio de la infidelidad reproduje un breve pasaje de aquel texto de adolescencia, aunque no revelé que yo mismo era el autor.

Otra infidelidad más

Pues bien, aunque pertenezca a otro libro, ese capítulo de Las paradojas del guionista llamado “Elogio de la infidelidad” podría incluirse en Elogio de la Infidelidad para mostrar otro aspecto en el que la infidelidad también es muy recomendable, además de en el sexo, la amistad, el amor o la política. Me refiero a la infidelidad del guionista, que es algo que en mis clases de guión siempre recomiendo a mis alumnos: “Debéis ser infieles… a vuestro guión”.

Para entender por qué dije eso, copio aquí íntegro ese elogio de la infidelidad publicado en Las paradojas del guionista:

«Entre las dificultades para corregir un guión, una de ellas es la excesiva fidelidad a las ideas iniciales. El guionista quiere mantenerse fiel al proyecto original y le cuesta mucho deshacerse de él y adoptar nuevas soluciones. Pero es casi inevitable que un guión terminado no tenga casi nada que ver con la idea inicial. En primer lugar, porque, como ya se dijo antes, la idea inicial es sólo una abstracción. Los primeros en rebelarse suelen ser los personajes. Hemos visto que a Hitchcock no le gustaba desarrollar los caracteres de los personajes por razones de defensa propia: acababan rebelándose contra él y se negaban a hacer lo que él les había preparado en la trama. También los novelistas y los guionistas se quejan de que los personajes se rebelan, aunque hay quien piensa, como Javier Marías, que si un autor no es capaz de controlar el carácter de sus personajes es que es él quien no tiene carácter. Pero otros, como Ibsen, creen que es necesario acercarse a los personajes como a unos desconocidos:

Cuando me dispongo por primera vez a elaborar mi material, me siento como si tuviera que conocer a mis personajes en un viaje en tren. El primer encuentro ya ha tenido lugar y hemos charlado de esto y aquello. Cuando vuelvo a escribirlo, ya lo tengo todo mucho más claro y conozco a esas personas como si lleváramos viviendo un mes en el mismo hotel. He captado los principales aspectos de su personalidad y sus pequeñas particularidades.

No hay por qué pensar que los personajes van a ser como nosotros queríamos que fueran al principio: es mucho más útil conocerlos a la manera de Ibsen: a medida que avancemos en el guión. Y, por supuesto, no hay que preocuparse por ser fieles a las ideas originales: hay que darse cuenta de que a lo mejor servían en el momento inicial, pero ya no sirven ahora. La fidelidad a menudo impide que miremos realmente lo que tenemos delante, y para escribir un guión hay que estar siempre mirando lo que tenemos, no lo que teníamos.

Walter Murch cuenta que en el proceso de montaje de Julia, de Fred Zinnemann, sugirió eliminar una escena del inicio de la película, «porque si decidíamos quitarla, haría que las escenas que quedaban se ordenasen por sí solas en una sucesión más comprensible». Zinnemann aceptó la propuesta, pero dijo: «Sabe, cuando leí esta primera escena en el guión, supe que podría hacer esta película». Murch, con un nudo en la garganta, prosiguió con su trabajo, pero dudó si estaba cortando el corazón o tan sólo el cordón umbilical de la película:

«Retrospectivamente, creo que era un cordón umbilical y que teníamos razón al quitarlo: la escena tenía una función esencial, que era conectar a Fred Zinnemann con el proyecto en un momento dado, pero una vez que esa conexión había sido hecha, y la sensibilidad de Zinnemann había fluido a través de esa escena a todas las otras escenas en la película, podía quitarse finalmente sin ningún daño.»


Hasta aquí la cita.

En el resumen final del libro mencioné algunas más, y también señalé como paradoja el asunto de la infidelidad:

Otras paradojas relacionadas con el trabajo del guionista son que el principio es la mitad del todo («Comenzar a escribir») y que lo mejor para escribir un guión es no tener que empezarlo («Cómo no empezar», «Los comienzos siempre son difíciles» y «Hay que caminar aunque no se sepa hacia dónde»). Que la escritura de un guión comienza cuando se termina (en «La corrección del guión»), que para orientarse en la escritura de un guión hay que seguir un mapa de un territorio que no existe porque lo tenemos que crear al mismo tiempo que dibujamos el mapa («Los comienzos siempre son difíciles»), que «El peor sitio para escribir un guión es una productora», «El peor enemigo del guionista es él mismo» o «Hay que caminar aunque no se sepa hacia dónde». Y que la mejor manera de ser fiel a un guión es serle infiel («Elogio de la infidelidad»)


[Escrito el 14 de septiembre de 2011. Revisado en 2017 y 2019]


Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión
390 páginas
 Con esta obra Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación. Todas se relacionan con la naturaleza de la redacción de guiones y el trabajo del guionista. (en Casa del Libro)




Elogio de la infidelidad
Comprar ebook o libro
Editorial EVOHÉ

“Elogio de la infidelidad se podría haber llamado Contra de la fidelidad, pero Daniel Tubau ha preferido un elogio a una diatriba. Aunque es una crítica de la fidelidad desde la razón, este libro no pretende destruir ningún valor, sino construirlos desde un análisis sensible y preciso.

Además de un ensayo, la obra es un elogio a la libertad bien entendida y a la honestidad, a la inteligencia y a la razón. A buen seguro provocará al lector y le hará pensar de otra manera sobre un asunto en el que abundan los prejuicios.”



Originally posted 2017-09-14 11:45:54.

La fiel Penélope

Para continuar nuestra indagación como si fuera un paseo, usaremos otro método que también practicaba Aristóteles: lo mejor que se puede hacer si se quiere averiguar qué es la prudencia es observar cómo son aquellas personas a las que llamamos prudentes. Decimos que Pericles es prudente, así que si observamos a Pericles, tal vez lograremos descubrir qué es la prudencia.

El mismo método que empleaba Aristóteles con la prudencia podemos aplicarlo nosotros para averiguar qué es la fidelidad. ¿A quiénes llamamos fieles?

Por ejemplo, a Romeo y Julieta o a Penélope, ejemplos de fidelidad amorosa y marital.

En cuanto a Penélope, estaba casada con el héroe Ulises. Cuando su marido partió hacia Troya para rescatar a la infiel Helena, ella lo esperó durante los diez años que duró la guerra y a lo largo de los otros diez que Ulises tardó en regresar. Durante esos veinte años, Penélope aguantó el asedio de decenas de pretendientes, tejiendo y destejiendo la tela que era el símbolo de su fidelidad. Así pudo mantenerse fiel a su marido, al que todos daban por muerto.

Sin embargo, en este caso, no hubo reciprocidad: Ulises fue infiel a Penélope varias veces a lo largo de sus aventuras, por ejemplo con Circe y con Calipso, y volvió a Ítaca, como dice Kavafis, «cargado de experiencias». Ya sabemos que la diosa de la seducción, Peitho, recompensa a los hombres cuando son infieles pero castiga a las mujeres que lo son. Penélope no cedió nunca a las muchísimas tentaciones de los pretendientes a lo largo de casi veinte años de ausencia de Ulises, y por ello fue recompensada con el regreso de su marido, a no ser que podamos dudar, como Yannis Ritsos de que aquello fuera una verdadera recompensa:

¿Por él había gastado veinte años,

veinte años de espera y de sueños,

por este desdichado, salpicado de sangre, de barba ya blanca?

Se echó sin habla en una silla,

miró lentamente a los pretendientes muertos en el suelo,

como si mirase muertos sus propios deseos.

Romeo y Julieta y Penélope son quizá los ejemplos más famosos de fidelidad, aunque, en honor a la verdad, hay que decir que Romeo y Julieta, aparte del hecho de matarse por fidelidad a la memoria del otro, apenas tuvieron tiempo para demostrarse esa fidelidad jurada. Representan más bien el amor pasional extremo. En cuanto a Penélope, sí es con justicia un ejemplo de la fidelidad, y en concreto de la fidelidad marital y sexual. Un perfecto ejemplo de fidelidad, admirado e imitado durante siglos por las perfectas esposas.

Eso sí, también sabemos que las mujeres tenían que aceptar, como Penélope y la Desdémona de Ulises, que la cosa no era recíproca: ellas sí podían ser traicionadas por los hombres.

(Fragmentos de Elogio de la infidelidad)

Incluyo aquí el poema completo de Ritsos:

No era que lo le hubiera conocido a la luz del hogar, no eran sus

andrajos de mendigo, su transfiguración –no, había claros indicios:

la cicatriz de su rodilla, su robustez, la astucia de su mirada. Asustada,

apoyando la espalda en la pared, buscaba una excusa,

una prórroga de un poco de tiempo, para no contestar

para no traicionarse. ¿Por él había gastado veinte

años, veinte años de espera y de sueños, por este desdichado,

salpicado de sangre, de barba ya blanca? Se echó sin habla

en una silla, miró lentamente a los pretendientes muertos en el suelo, como si mirase

muertos sus propios deseos. Y: «bienvenido», le dijo,

escuchando extraña, lejana, su propia voz. En el rincón, su telar

llenaba el techo de zigzagueantes sombras, y todos los pájaros

que había tejido con brillantes hilos rojos en un follaje verde,

de repente, esta noche del regreso, se volvieron de color ceniza y

negro, volando por el cielo llano de su última espera.

(Yannis Ritssos. Antología. Plaza y Janés, Barcelona 1979.
Versión de Dimitri Papageorgiou)

 

Otro ejemplo de este mitema o tema mitológico que es la espera de Penélope, tratado de una manera semejante a la de Ritsos, con gran melancolía y dulzura, es la canción de Georges Brassens que puedes escuchar aquí con subtítulos en español:

 [tube]http://www.youtube.com/watch?v=wqLV13wsc4U[/tube]

Aquí está la letra en francés. hace años mi padre me hizo una traducción al español, que intentaré encontrar.

 Toi l’épouse modèle

Le grillon du foyer

Toi qui n’a point d’accrocs

Dans ta robe de mariée

Toi l’intraitable Pénélope

En suivant ton petit

Bonhomme de bonheur

Ne berces-tu jamais

En tout bien tout honneur

De jolies pensées interlopes

De jolies pensées interlopes…

Derrière tes rideaux

Dans ton juste milieu

En attendant l’retour

D’un Ulysse de banlieue

Penchée sur tes travaux de toile

Les soirs de vague à l’âme

Et de mélancolie

N’as tu jamais en rêve

Au ciel d’un autre lit

Compté de nouvelles étoiles

Compté de nouvelles étoiles…

N’as-tu jamais encore

Appelé de tes vœux

[Más Letras en http://es.mp3lyrics.org/SxYK]

L’amourette qui passe

Qui vous prend aux cheveux

Qui vous compte des bagatelles

Qui met la marguerite

Au jardin potager

La pomme défendue

Aux branches du verger

Et le désordre à vos dentelles

Et le désordre à vos dentelles…

N’as-tu jamais souhaité

De revoir en chemin

Cet ange, ce démon

Qui son arc à la main

Décoche des flèches malignes

Qui rend leur chair de femme

Aux plus froides statues

Les bascul’ de leur socle

Bouscule leur vertu

Arrache leur feuille de vigne

Arrache leur feuille de vigne…

N’aie crainte que le ciel

Ne t’en tienne rigueur

Il n’y a vraiment pas là

De quoi fouetter un cœur

Qui bat la campagne et galope

C’est la faute commune

Et le péché véniel

C’est la face cachée

De la lune de miel

Et la rançon de Pénélope

Et la rançon de Pénélope…

(Georges Brassens, Pénélope)

Otra versión de Brassens muy anterior, con más ritmo, pero quizá más triste:

[tube]http://www.youtube.com/watch?v=wSNt1tdiJOg[/tube]


 

Eros, Afrodita y Peitho

Peitho es la diosa de la seducción (“que no conoce rechazo” pero, según parece, puede hacer felices a los hombres si no se oponen a ella pero infelices a las mujeres, si ceden a su tentación. Es una diosa que hizo olvidar a la bruja Medea los deberes contraídos por sus padres a cambio de un amor obsesivo y que, al conocer la infidelidad de su amado Jasón asesinó, llevada por los celos a su rival Glauca y tal vez también, según nos cuenta Eurípides, a sus propios hijos.

 


No sé si todos los lectores de mi libro habrán advertido la pequeña broma cuando digo: “Para continuar nuestra indagación como si fuera un paseo….”  y enseguida hablar de Aristóteles, el fiósofo peripatético, ambulante o paseante, porque daba sus clases paseando.

El contrapunto de Penélope es, por supuesto, La infiel Helena


Esta entrada pertenece no sólo a la página de Elogio de la infidelidad, sino también a Numen (mitología comparada) y a Nostoi, los regresos, que reúne poesías dedicadas a los regresos de los héroes griegos tras la guerra de Troya. Esos regresos también incluen las esperas de sus esposas, hijos y todo los que se relacionan con ellos. Por eso en la barra lateral aparecen enlaces a las tres páginas.

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ELOGIO DE LA INFIDELIDAD

LA CAJA DE MÚSICA

 NOSTOI

Originally posted 2011-10-04 20:59:08.

Mosca y la infidelidad

Mi amigo Rafael Aguilar, conocido internacionalmente como Leafar, dibujó esta deliciosa viñeta cuando se publicó mi Elogio de la infidelidad.

 





 

Puedes ver la viñeta original en la página de Leafar: Filosofía barata


Esta entrada pertenece tanto a Mosca y Caja como a Elogio de la infidelidad

Originally posted 2011-10-10 22:03:28.

Helena, Penélope y la infiel Afrodita
Entrevista en Radio 4 /2

En esta segunda parte de la entrevista en Radio 4 con  Roser Amills y Toni Marin hablé de dos de los personajes que aparecen en Elogio de la infidelidad y que representan a la esposa fiel y a la mujer infiel: Penélope y Helena. Pero también conté, de manera bastante deslavazada, es cierto, la historia de la infidelidad de Venus, la diosa del amor, que intentaré explicar con más claridad y precisión en una entrada que escribiré dentro de poco, porque en la entrevista la idea salió sobre la marcha.

[vimeo]http://vimeo.com/28930437[/vimeo]

ELOGIO DE LA INFIDELIDAD

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Originally posted 2011-09-14 14:33:50.

La fidelidad como falsa virtud

Marcos Méndez Filesi, Daniel Tubau y Javier Baonza

Marcos Méndez Filesi, Daniel Tubau y Javier Baonza

A veces, cuando he defendido la infidelidad, o cuando alguien descubre que he escrito un Elogio de la infidelidad, me he sentido como si fuera algo así como un satanista que adora al diablo. Para muchas personas, parece imposible que se pueda defender la infidelidad sin ser un sinverguenza, un hipócrita o una mala persona que engaña a los demás.

Sin embargo, en mi opinión, sucede precisamente lo contrario: las legiones de engañadores las encontramos entre los que se declaran partidarios de la fidelidad, que son capaces de convivir décadas enteras sobre una mentira, a veces engañándose a sí mismos, a veces engañando a los demás, a veces, las dos cosas. Quienes no creemos en la fidelidad, y además lo decimos, no engañamos a nadie. Como explique al final de la presentación que compartí con Javier Baonza y Marcos Méndez Filesi de Elogio de la infidelidad, y como digo también al comienzo del libro, mi intención en Elogio de la infidelidad es mostrar (y si es posible demostrar) que la fidelidad es una falsa virtud y que el concepto en sí no contiene ningún valor positivo.

Puede sonar radical decir algo semejante, pero lo creo sinceramente. La fidelidad es una falsa virtud, cuya utilidad es justificar la obediencia, impedir la disensión y reprimir los deseos, la libertad de elección y el cambio de opinión o silenciar las pulsiones más naturales y espontáneas.

No soy, en todo caso, un extremista, ni en esto ni en ninguna otra cosa, por lo que estoy dispuesto a llegar a entendimientos en terrenos comunes y encontrar algo de cierto valor en el concepto si entendemos fidelidad como algo parecido a lealtad, a ser leal… pero incluso en ese terreno dudo: ¿ser leal a la palabra dada? Como explico en el libro, dudo también de eso: ¿ser leal a esa palabra dada sea cual sea la circunstancia? Ahí comienzan los problemas, como explico en los capítulos del libro dedicados a la fidelidad en la política.

Fragmento de la presentación en El Caldito

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Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Otelo

Dice Francisco Ruíz Ramón a propósito de varios dramas de Calderón de la Barca acerca de celos (como A secreto agravio, secreta venganza, El médico de su honra y El pintor de su deshonra):

“A nosotros nos parece imposible que nuestra imaginación y nuestra sensibilidad acepten como válidas tales premisas, y en el caso de que tal hubiera que hacer, no tendríamos más remedio que reconocer honradamente que los dramas de honor pertenecen a ese inmenso territorio de teatro muerto de que está llena la historia del teatro universal.”

Y continúa diciendo que esto no sucede con los dramas griegos ni con la mayoría de las obras de Shakespeare. Creo que es cierto, pues si pensamos por ejemplo en la obra más célebre acerca de los celos, el Otelo de Shakespeare, enseguida nos damos cuenta de que el verdadero conflicto no son los celos sin más, sino el engaño al que Yago somete a Otelo. Desde este punto de vista es como contemplamos los actos de Otelo y como juzgamos a Desdémona: es inocente porque sabemos que su supuesta infidelidad es mentira. Si el problema real fueran los celos, al menos en mi caso, empezaríamos a hacer funcionar nuestra mente de otra manera y nos negaríamos siquiera a aceptar que una Desdémona infiel mereciera la muerte. Pero no hace falta que pongamos en marcha ese mecanismo, puesto que sabemos que Desdémona ni siquiera es infiel a Otelo.

Pero en A secreto agravio, secreta venganza, El médico de su honra y El pintor de su deshonra, las tres de Calderón, se plantea un conflicto basado en el concepto del honor (mezclado también con celos) que hoy nos resulta caduco y casi ininteligible.

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[Este texto es un fragmento de una entrada dedicada a la obra de teatro La cabra, publicada en el Blog Mazda (20 de junio de 2004)]

 

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¿Qué es Elogio de la infidelidad?

“Elogio de la infidelidad se podría haber llamado En contra de la fidelidad, pero Daniel Tubau ha preferido un elogio a una diatriba. Aunque es una crítica de la fidelidad desde la razón, este libro no pretende destruir ningún valor, sino construirlos desde un análisis sensible y preciso.

Además de un ensayo, la obra es un elogio a la libertad bien entendida y a la honestidad, a la inteligencia y a la razón. A buen seguro provocará al lector y le hará pensar de otra manera sobre un asunto en el que abundan los prejuicios.”

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En este sitio web dedicado a Elogio de la infidelidad puedes encontrar todo tipo de contenidos relacionados con el libro, desde fragmentos a comentarios, discusiones, una discoteca infiel o una antología de la infidelidad.

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La cabra y la infidelidad

Ayer (20 de junio de 2004) vi una obra de teatro dirigida por mi profesor de Acting English, Skyler, e interpretada por tres personajes. Todo en inglés. La obra se titula The Goat (La Cabra) y trata de un matrimonio con un hijo que entra en una tremenda crisis cuando se descubre que el marido tiene una relación con una tal Silvia. “Who is Silvia?”, dicen varios personajes, en homenaje sin duda al hermosísimo poema de Shakespeare. La respuesta: “Silvia es una cabra”.

A partir de ese descubrimiento se inicia un terrible drama, puesto que la mujer se queda absolutamente trastornada al saber que su marido, al que ama sinceramente, está enamorado y ha hecho el amor con una cabra.

Al ver la obra, no pude evitar pensar que el conflicto no me preocupaba en absoluto. La obra estaba muy bien y resultaba muy entretenida, pero yo no veía qué problema había en que el marido amase a Silvia o se acostase con ella. En cualquier caso, si a la mujer no le gustaba la perspectiva de compartir a su marido con una cabra, la solución era separarse. Entiendo el dolor por tener que separarte de alguien a quien amas, pero el planteamiento del conflicto causado por la “aberración” del marido me resultaba completamente ajeno. No sé si es recomendable o no, correcto o incorrecto, pero así, a primera vista, no considero tan espantoso que hombres y mujeres tengan relaciones sexuales con animales. Ahora quizá nos resulte extraño, perverso, inconcebible, pero hace 20 o 30 años en muchas obras de teatro, cine o televisión se planteaban dramas tan o más desgarrados (porque La cabra es más o menos una comedia, creo) en torno a la homosexualidad de un personaje, cosa que ahora nos parece un asunto casi nulo desde el punto de vista del conflicto. No es que quiera comparar el bestialismo con la homosexualidad, sólo comparo dos cosas que la sociedad y las diferentes religiones e ideologías han considerado aberrantes durante siglos y que daban mucho juego para conflictos narrativos. pero también hace 50 0 60 años, un conflicto frecuente era descubrir que tu padre no es tu padre o tu hijo no es tu hijo, como en El padre de Strindberg.

En cualquier caso, desde hace un tiempo vengo pensando que un alto porcentaje de los argumentos de ficción tienen relación con  asuntos que no me resultan conflictivos. Muchísimas obras tienen que ver con los celos, los cuernos,  con la idea de que los hombres no entienden a las mujeres o las mujeres a los hombres… En todos estos casos, tengo que hacer un cierto esfuerzo de empatía para entender las razones de los personajes y sus terribles angustias. Decía Menéndez Pidal a propósito de El castigo sin venganza de Lope de Vega:

“Para apreciar y disfrutar un drama de honor es preciso contar con las premisas que al autor imponían las arcaicas leyes de la venganza, es preciso que nuestra imaginación acepte esas premisas como válidas.”

Quizá sea cierto, del mismo modo que al leer la Ilíada tenemos que hacer un esfuerzo para disfrutar de una matanza sin sentido y no pensar como el Tersites shakesperiano:

“¡Vaya marrulería, vaya trampa, vaya granujería! Todo el conflicto por una puta y un cornudo. Buen pleito para enfrentar a facciones envidiosas y morir desangrado. Que se pudra la cuestión, y la guerra y la lujuria los arrasen!”

Sin embargo, a las palabras de Menéndez Pidal, que tienen algo de cierto, responde Francisco Ruíz Ramón quizá con más sensatez y acierto, acerca de los dramas de honor (o de honra, como matiza mi editor Javier Baonza):

“A nosotros nos parece imposible que nuestra imaginación y nuestra sensibilidad acepten como válidas tales premisas, y en el caso de que tal hubiera que hacer, no tendríamos más remedio que reconocer honradamente que los dramas de honor pertenecen a ese inmenso territorio de teatro muerto de que está llena la historia del teatro universal.”

Y continúa diciendo Ruíz Ramón que eso no sucede con los dramas griegos ni con la mayoría de las obras de Shakespeare. Creo que tiene razón, pues si pensamos por ejemplo en la obra más célebre acerca de los celos, el Otelo de Shakespeare, enseguida nos damos cuenta de que el verdadero conflicto no son los celos sin más, sino el engaño al que Yago somete a Otelo. Desde este punto de vista es como contemplamos los actos de Otelo y como juzgamos a Desdémona: inocente porque sabemos que su supuesta infidelidad es mentira. Si el problema real fueran los celos, al menos en mi caso, empezaríamos a hacer funcionar nuestra mente de otra manera y nos negaríamos siquiera a aceptar que una Desdémona infiel mereciera la muerte. Pero no hace falta que pongamos en marcha ese mecanismo, puesto que sabemos que Desdémona ni siquiera es infiel a Otelo.

Pero en A secreto agravio, secreta venganza, El médico de su honra y El pintor de su deshonra, las tres de Calderón, se plantea un conflicto basado en el concepto del honor (mezclado también con celos) que hoy nos resulta caduco y casi ininteligible.

En los tres dramas los maridos matan a sus mujeres como si nada (incluso aunque sean inocentes como en El pintor de su deshonra) y se supone que el público lo aceptaba sin rechistar. A nosotros nos parece ahora una barbaridad con la que no podemos identificarnos.

Sospecho que llegará un momento en que los planteamientos de conflictos basados en celos e infidelidades nos resultaran tan pintorescos y ridículos como nos parecen ahora las obras de algunos autores antiguos centradas en el asunto del honor. A mí me lo parecen ya y también a Ana, que vio la obra conmigo, pero creo que las personas con las que hablamos no opinaban lo mismo.

 

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ENTRADAS PUBLICADAS

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LA DISCOTECA INFIEL

Champagne, de Peppino Di Capri

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Anche se, de Gino Paoli

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Pénélope (Brassens) por Barbara

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La fiel Penélope

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Una carezza in un pugno, de Adriano Celentano

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[Entrada publicada el 20 de junio de 2004]

Más infidelidad en la red

He descubierto navegando por la red otra página dedicada enteramente a la infidelidad. Se llama INFIELES cc (“cc” supongo que porque los contenidos están sujetos a licencias de derechos de Creative Commons). Es una especie de antología de textos y críticas de películas, algo que yo también tengo previsto hacer en la Filmoteca infiel y que ya hago con canciones en mi Discoteca infiel.

La página, creada por Laia Ordóñez y editada por Joan Carlos Martorell es muy interesante. La selección de películas y las críticas son estupendas y van más allá de los lugares comunes. Todo el proyecto parece basarse en el libro de Helen Fisher Anatomía del amor, en el que la autora, bióloga, dice que las mujeres son o pueden ser tan infieles como los hombres, pero que lo son o lo han sido generalmente por otras razones que los hombres. Como todas las explicaciones biologistas, las de Fisher son ingeniosas y parecen encajar con las observaciones, pero muchos de sus rivales pueden presumir de lo mismo. Como he dicho en alguna ocasión, hay que tomarse con mucho cuidado, cum grano salis (como un grano de sal), las interpretaciones del comportamiento humano a partir de la biología, que siempre están contaminadas por lo que queremos pensar. De las teorías biológicas a favor y en contra de la monogamia hablaré en una entrada que llevo prometiendo hace meses , dedicada a un nuevo libro en el que se sostiene, en contra de la tendencia más extendida entre los biólogos, que lo más “biológico” es la poligamia.

 

 

Henri Pierre Roché

 

Voy a recomendar ahora dos de las entradas de Infieles cc, aunque vale la pena leerlas todas, la dedicada a Jules et Jim, la hermosa película de François Truffaut, basada en el no menos o quizá más delicioso libro de Henri Pierre Roche, de quien también recomiendo sus Diarios. En la recensión de la película, como es obvio, se muestra la perspectiva elegida por Truffaut, que no es enteramente coincidente con la de Roché, que era más avanzado, tanto para su tiempo como para el del propio Truffaut; los dos tuvieron ocasión de conocerse, pero Roché murió pocos años antes del estreno de Jules et Jim. Parece como si una maldición persiguiera a Truffaut: tampoco su maestro André Bazin pudo ver Los 400 golpes.De todo esto y otras cosas hablaré en la entrada que dedicaré a Jules en Jim en La Filmoteca infiel.

La otra entrada también tiene que ver con algo que amo, se trata de una selección de fragmentos pertenecientes al libro de Goethe Las afinidades electivas , uno de los libros que más me ha gustado. A ese libro dediqué en 2005 uno de mis blogs, del que he rescatado esta animación inicial, a la espera de rescatar el blog entero.

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