La tierra prometida

Jollain_Moses_Views_the_Promised_LandEl filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz asegura que Dios ha creado el mejor de los mundos posibles, una teoría que causó hilaridad general en su época. Voltaire la ridiculizó en su Cándido, haciendo que el protagonista de su novela recorra el mundo sufriendo una desgracia tras otra. Pero, como es discípulo del profesor Pangloss (es decir, de Leibniz), Cándido se niega a ver los horrores del mundo y todo le parece estupendo. Cándido es un moderno Job, que soporta todos los horrores del mundo no ya con resignación, sino con verdadera alegría, cegado por una teoría.

El argumento de Leibniz de que este es el mejor de los mundos posibles, sin embargo, está lejos de ser tan absurdo como parece a primera vista. Dios, en primer lugar, está sometido a lo que Leibniz llama el “principio de razón suficiente”, que dicho en profano significa: siempre debe haber una razón para que suceda cualquier cosa. Dios  debe someterse a las leyes de la naturaleza que él mismo ha creado, como lo hace un buen novelista al someterse a las leyes de verosimilitud que él mismo ha establecido en su relato: si no lo hace, el lector se sentirá estafado.

Para un filósofo racionalista y razonable como Leibniz, una vez definidas las leyes de la naturaleza, deben funcionar siempre del mismo modo y ni siquiera Dios está autorizado a modificarlas a mitad del juego.

Un descubrimiento inesperado quizá nos ofrece una pista inesperada acerca del origen de la teoría de los mundos posibles de Leibniz. En 1992, al derribar la pared de una casa del pueblo de Barcarrota, en la provincia de Badajoz, aparecieron varios libros que algún judío había escondido allí, tal vez antes de emigrar a Portugal, temiendo las persecuciones promovidas por los Reyes Católicos. Uno de esos libros es el llamado “Lazarillo de Barcarrota”, versión del célebre Lazarillo de Tormes. Pero aquí me interesa otro texto, que fue encontrado en otra casa de la misma localidad unos años después, en 2008.

Se trata de una crónica del siglo XV que cuenta la historia de un piadoso rabino de Toledo llamado Eliezer, quien, al morir, preguntó a Yahveh, con una osadía que sólo se recuerda en personajes como Abraham o Jacob, por qué había hecho un mundo tan defectuoso, en el que los cuatro elementos, agua, aire, fuego y tierra, sólo parecían existir para causar desgracias: maremotos, terremotos, incendios y volcanes, tornados y huracanes.

Yahveh le responde que, antes de crear este mundo, imaginó otros muchos, en los que combinó los cuatro elementos de mil y una maneras. Dios permite entonces a Eliezer que contemple esos mundos y el rabino descubre que en todos ellos sólo hay desolación y muerte, que están, como diría Shakespeare, llenos tan sólo de ruido y furia. En los mundos en los que apenas hay agua, es cierto que no hay tormentas, pero tampoco peces en los ríos o en el mar. En los mundos en los que no hay fuego, nadie puede protegerse del frío y la tierra es un desierto helado. En aquellos en los que apenas sopla el viento, las epidemias se extienden sin freno en un aire fétido e inmóvil. Por fin, Yahveh muestra a Eliezer que en los mundos en los que la tierra es blanda e inofensiva no se puede caminar, ni construir casas, ni sembrar. Finalmente, Dios permite al rabino contemplar nuestro planeta desde las alturas, como hizo Elías en su carro de fuego. Cito aquí el manuscrito en su reciente traducción al castellano:

“Y Eliezer descubrió que desde las alturas la Tierra era un planeta hermoso, que las plantas, las flores y los frutos crecían con una vitalidad que no había visto en ningún otro mundo, que las montañas contenían minerales y metales que estaban a disposición de los hombres y las mujeres, que los mares albergaban miles de criaturas, y que la fértil tierra ofrecía cada año cosechas de cereales, plantas y frutos a quienes la supieran cuidar”.

Nada más nos dice la crónica acerca de Eliezer y no sabemos si quedó convencido o no, aunque es evidente que el cronista opina que Yahveh ha logrado disipar las dudas del piadoso rabino, pues su relato concluye con Yahveh mostrando un puñado de tierra a Eliezer: “Esta y no otra es la verdadera tierra que os prometí, la tierra misma”.

Una última pregunta que quizá se ha hecho ya el lector: ¿se puede probar que este relato fue conocido por Leibniz? La única respuesta posible, en mi opinión, es que pudo llegar a él a través de los círculos relacionados con el judío Baruch Spinoza, cuya filosofía, aunque casi en secreto, Leibniz admiraba.


[Publicado por primera vez en Alquimia de la tierra, en 2012]

 

ensayosdeteologia-cabecera

La tierra prometida

Leer Más
Dios o Demiurgo a la luz de Wittgenstein

Leer Más
Más sobre ética y metafísica

Leer Más
La Nueva Teología, deconstruyendo al Autor

Leer Más
Los libros de Dios

Leer Más
Impíos mexicanos

Leer Más
…Jesucristo y los cristianos

Leer Más
Si yo fuera cristiano

Leer Más
Lo uno y lo plural

Leer Más
Dios en la cruz

Leer Más
¿Dios en la cruz?

Leer Más
¿Por qué Benedicto no escucha a Dios?

Leer Más
Dios no puede demostrar que es Dios
Imposibilidades de Dios /1

Leer Más
Ser cristiano y, además, católico

Leer Más
Por qué no participo en los actos de la JMJ (obvio) y tampoco en la protesta contra los actos de la JMJ (no tan obvio)

Leer Más
La filosofía perenne

Leer Más
¿Dios ha muerto?

Leer Más
La metafísica de la ética

Leer Más
El arte y la visión mística

Leer Más
La regla de oro de Lichtenberg

Leer Más
El salmo de Lichtenberg

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Dios en la red

Leer Más
Nozick y la justificación del mal

Leer Más
Níveles y metaniveles: autores y dioses

Leer Más
Los honestos materialistas

Leer Más
Cristo

Leer Más
Ensayos de teología

Leer Más

Share

Dios o Demiurgo a la luz de Wittgenstein

wittgensteinSi aceptamos la teoría de Wittgenstein que sostiene que no puede existir un lenguaje privado, entonces el Dios de cristianos, judíos y musulmanes no es un dios creador, sino un demiurgo. Es decir,  Dios no creó el mundo a partir de la nada, sino a partir de algo que existía previamente. Intentaré justificar esta opinión que ha tenido cierta fortuna en teologías heterodoxas.

En primer lugar, tenemos que observar que en el Génesis, libro sagrado que es aceptado por las tres religiones del Libro (judíos, musulmanes y cristianos), Dios recurre al  lenguaje para crear el mundo:

«Entonces Dios dijo: “Hágase la luz”. Y la luz se hizo».
(Génesis I, 3)

Si fuera cierto que no puede existir un lenguaje privado, entonces un dios wittgenstiano no podría poner en marcha la creación, ya que no tendría con quien compartir esas palabras (“Hágase la luz”). En consecuencia, ese Dios carecería de lenguaje y no habría logos creador. La palabra no podría haber creado el mundo.

La conclusión lógica es que, si Wittgenstein tiene razón, el Dios de las religiones del Libro queda refutado. O bien, la conclusión opuesta: si las religiones del Libro tienen razón, entonces la teoría de Wittgenstein acerca del lenguaje privado queda refutada. Se podrían extraer otras consecuencias lógicas, pero ahora voy a examinar un asunto relacionado con Wittgenstein y los libros sagrados.

 

El logos creador

Algunas tendencias judías y gnósticas, pero que también podemos encontrar en la mística musulmana y el sufismo, afirman la preexistencia del logos o la palabra y sostienen que los textos sagrados, y en especial el Corán, son anteriores a Dios mismo.

En este caso nos encontramos con una refutación radical de la idea wittgenstiana: si el Libro es anterior a Dios, entonces no solo deberíamos aceptar que existe un lenguaje privado, sino también una literatura sin hablantes o lectores, sin ni siquiera un único hablante. Se trataría de un libro sin autor, que permanece en la eternidad sin tiempo a la espera de un lector.

Podríamos decir, como parece hacer Ludwig von Hertz en “La Nueva Teología”, que Dios encuentra el libro y que crea el mundo cuando lo lee. O podríamos ir más lejos, como se hace en “Una conversación en la isla de Patmos” y afirmar Dios es el Libro que se lee a sí mismo. Esa idea de apariencia extravagante la encontramos, sin embrago, en la mística musulmana: “Yo era un tesoro escondido. Quise conocerme y creé el mundo”.

El libro crea a sus lectores.

En términos de programación digital, diríamos que no se trata del logos creador, sino el código creador.¿Un código que se autoescribe?

Ahora bien, un teólogo sensato podría decirnos que un verdadero Dios creador no habría pronunciado la frase “Hágase la luz”, sino que se habría limitado a pensarla. Esa era la opinión del padre Nicolás Malebranche. La pregunta que os hacemos ahora es si para pensar “Hágase la luz” es necesario un lenguaje, aunque se trate de un lenguaje interior.

AncientOfDays

“El anciano de los días”, de William Blake. ¿Dios o Demiurgo?

Por otra parte, al examinar los textos bíblicos con atención, y si nos olvidamos por un momento de la tesis wittgenstiana, tenemos que aceptar otra curiosa conclusión.

Si el Dios del Génesis crea a partir de la nada, lo primero que crea no es la tierra, los cielos, la luz o el universo, sino el lenguaje, ese lenguaje que le servirá para crear el mundo: primero debe crear las palabras que pronuncia y, solo después, el mundo.

Lo que en la Teogonía de Hesiodo es: “Ante todo fue el caos, luego Gaia…”, para el dios del Génesis debería ser: “Ante todo fue el logos, luego la luz…”

Queda por resolver el problema que nos plantea esa oscuridad que es iluminada por la acción del verbo divino al crear la luz (“Hágase la luz”). ¿Existía esa oscuridad en algún sentido?

Si esa oscuridad existía, entonces tendríamos que decir algo como “Ante todo fue la oscuridad, y el verbo divino se extendió (como el espíritu sobre las aguas) y la luz se hizo”, que es una metáfora fácil de traducir a las teorías cosmológicas del Big Bang, y un consuelo sin duda para aquellos creyentes a los que les inquieta la conciliación de la religión con la ciencia. La oscuridad sería entonces la nada, lo que no es, y el verbo divino sería la singularidad inicial. La luz sería el estallido del universo fecundado por esa palabra divina, y su entrada en la existencia.

Así que, aunque descartemos la idea de Wittgenstein de que no puede existir un lenguaje privado, y aceptemos que sí puede existir un lenguaje con un solo Usuario, nos veríamos obligados a añadir algún versículo al Génesis, para dejar constancia de ese Logos creador que precede a todo:

[-1. Antes del principio, nada había y Dios creó el lenguaje].

1. Al principio Dios creó el cielo y la tierra.

2. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios aleteaba sobre las aguas.

3. Entonces Dios dijo: “Hágase la luz”. Y la luz se hizo.

En el relato del Génesis, el Cielo y la Tierra existen antes de que exista el propio Sol, es decir, la luz. Se supone que, antes de crear la luz, Dios ha creado el cielo, la tierra y las tinieblas de alguna manera. ¿Cómo lo ha hecho? ¿También mediante el lenguaje? Solucionar estos nuevos interrogantes resulta demasiado complejo para este pobre hermeneuta.


 

[10 de marzo de 2010. Revisado en junio de 2014 y en mayo de 2015]

ensayosdeteologia-cabecera

Ensayos de teología


la-nueva-teologia-menu

LA NUEVA TEOLOGÍA
(Recuerdos de la era analógica)

A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

Que nada se crea

|| Recuerdos de la era analógica


Leer Más
Rudimentos de Prognóstica Aplicada

Leer Más
Comentario de los antólogos del siglo 25 al Manifiesto contra los mundos posibles

Leer Más
Manifiesto contra los mundos posibles

Leer Más
Recuerdos de la era analógica

Leer Más
Dios o Demiurgo a la luz de Wittgenstein

Leer Más
El menardismo de Recuerdos de la era analógica

Leer Más
El verdadero libro digital

Leer Más
Vidas vicarias y Avatar

Leer Más
Manifiesto, aullidos y caballos sin nombre

Leer Más
El enigmático William Smullyan

Leer Más
Un mundo distinto pero igual

Leer Más
Los siglos indios

Leer Más
Cómo escuchar libros

Leer Más
Marshall McLuhan, antes y después de su tiempo

Leer Más
Influencias precisas e inesperadas

Leer Más
Ficción especulativa costumbrista

Leer Más
El registro universal

Leer Más
Trivial Language

Leer Más
Acerca de “Picasso y los indiscernibles”

Leer Más
Los griegos y Gore Vidal

Leer Más
El índice onomástico

Leer Más
Juan José Millás y la percepción malebranchiana

Leer Más
La inmortalidad y los libros

Leer Más
Greguerías analógicas y digitales

Leer Más
Antólogos, prólogos y errores

Leer Más
Marshall McLuhan

Cómo se inventó el futuro / 4


Leer Más

Vida de Daniel Tubau contada por Tonino

Share

Más sobre ética y metafísica

Moises-y-las-Tablas-de-la-Ley

En La metafísica de la ética hable del problema de subordinar la ética a la metafísica. Aquí intento aclarar y ampliar la cuestión.

Hay diversas maneras de justificar nuestras normas éticas, consejos o reglas acerca de cómo debemos comportarnos, qué es bueno y qué es malo, etcétera.

Una manera es recurrir al examen de la realidad conocida, examen que puede ser más o menos preciso o equilibrado, pero que busca en lo observable, en lo que se puede compartir y experimentar, las razones para comportarnos de esta o de la otra manera: hay quienes quieren basarse en la biología, los genes, o en el estudio de la historia, o en la psicología, o en ninguna disciplina concreta, sino en el examen del comportamiento ético como tal.

Otro modo muy distinto de justificar la ética es recurriendo a una instancia superior, como un Dios, un destino o una teoría incomprobable o in-discutible (no discutible) acerca de la esencia de la realidad (una metafísica).

Las religiones suelen justificar la ética recurriendo a una instancia superior: Moisés, por ejemplo, aparece con las tablas de la ley que le da un dios desconocido, que ni siquiera se identifica claramente (“Yo soy el que soy”). Moisés con esas tablas va a los judíos y les dice: “Hay que cumplir estos preceptos”. “Por qué?” – preguntan ellos. “Porque esa es la voluntad de Dios: quien los cumpla estará a bien con él, quien no los cumpla a mal”.

Es decir, no es que los preceptos estén bien o mal en sí y se pueda discutir su validez: es que Dios lo ha decidido así.

Una propuesta semejante a esta es la que se ve en la Baghavad Gita india: cuando el héroe Arjuna se estremece ante la posibilidad de masacrar a sus enemigos, que en parte son sus propios parientes, el dios Krishna le muestra que en el orden global del universo esas muertes no significan nada y le anima a la masacre: le muestra, en definitiva, una metafísica capaz de justificar ese crimen, que ahora, desde un plano superior, resulta ser sólo aparente.

Ese es el camino normal de las religiones: inventan una explicación de la realidad y a partir de ella justifican las normas éticas: Dios lo quiere, la lucha entre el Bien y el Mal cósmicos lo hace necesario,  el tejido de la realidad exige sacrificios periódicos (digamos, sacrificar cautivos al Sol o quemar herejes en la hoguera).

Pero de vez en cuando surgen diversos personajes reformadores, como Buda, Jesucristo, Zaratustra, Mahavira y quizá hasta Francisco de Asís, que aunque suelen asociarse a la religión organizada, actúan de distinta manera.

Estos personajes defienden ciertas normas éticas, como el Óctuple Sendero de Buda, que indican lo qué es bueno y lo qué es malo, o al menos cómo encontrar un remedio al dolor y el sufrimiento (tema del que se ocupan las Cuatro Nobles Verdades); o Jesucristo con sus consejos, como: “Por sus actos los conoceréis”, “El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”, etcétera.

Este tipo de personajes no justifican sus normas éticas en la metafísica, al menos no de una manera tan absoluta como lo hacen profetas como Moisés o Mahoma; algunos de estos reformadores probablemente ni siquiera creían en las divinidades (como es el caso casi seguro de Buda), o no parecían tener un gran interés en asentarlo todo en la divinidad, algo que se puede pensar incluso de Jesucristo, en el que a veces parece que la metáfora religiosa es una más de sus parábolas y que lo que le importa son difundir esas normas éticas más que el hecho de que eso es lo que quiera o no quiera Dios: “No se hizo el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre”, “Haz a los demás lo que desearías que ellos te hicieran a ti”, en vez de: “Haz a los demás lo que Dios quiere que les hagas”.

Sin embargo, no se puede negar, al menos en el Jesucristo trasmitido por la posteridad, un cierto recurso a la verdad revelada, a la metafísica como justificación de la ética, pero no es ni mucho menos tan fuerte como en otros profetas. Podemos dudar también si el Jesús histórico (de cuya existencia no hay certeza) consideraba tan claramente que sus ideas eran buenas porque eran las ideas de Dios o más bien porque lo eran en sí mismas… aunque Dios también las quisiera, una tesis que recuperaría Leibniz: “Dios está en cierto modo obligado a querer lo que es bueno” (principio de razón suficiente).

Ahora bien, este tipo de personajes suelen acabar convertidos en dioses, ya lo desearan ellos o no, y su sistema ético entonces se eleva a las alturas metafísicas y lo que antes se justificaba mediante la razón, el sentimiento, la compasión o el sentido común ahora se sostiene en una compleja metafísica (incluyo en la metafísica a cualquier religión) que es lo que a partir de ese momento explica qué es lo que se debe o no se debe hacer: no porque sea bueno hacerlo, sino porque lo quiere Dios, el Destino o lo que sea.

Con esta transformación o divinización, esas ideas pierden casi todo su fundamento y la intención de personas como Buda queda, en mi opinión, terriblemente deformada y convertida en una especie de batiburrillo de dioses, reencarnaciones o renacimientos, mística barata y superstición. Creo que a Buda no le preocupaba demasiado la esencia de la realidad, al menos para justificar sus normas éticas, e incluso creo recordar que hay algún testimonio suyo en este sentido, algo así como. “Sea como sea la esencia de la realidad, mis consejos acerca del dolor valen lo mismo”

Por eso considero que la ética no se puede subordinar a la metafísica, que era precisamente el reproche que le hacía Aristóteles a su maestro: Platón justificaba la bondad como imitación de la Idea del Bien. Esas Ideas están en algún lugar en el que nuestras almas han vivido antes de morir (es decir, nacer) y nosotros debemos imitarlas. De este modo, cualquier discusión ética empieza a carecer de sentido, porque todo depende de revelaciones y creencias indemostrables e indiscutibles: “Yo sé lo que quiere Dios”, “el Avalokitesvara se ha reencarnado en el próximo Dalai Lama”, “el Papa es la voz de Dios en la tierra”, etcétera.

En definitiva, uno de los personajes de Dostoievsky, creo que Iván Karamazov, decía que “Si Dios no existe todo vale”, pero yo creo más bien lo contrario: “Si Dios existe, cualquier cosa vale”, porque todo depende de su capricho, de su voluntad y nos resulta imposible saber, con nuestros limitados medios, qué hacer o qué no hacer, ya que tal vez no coincida con lo que él ha determinado en su divina omnipotencia, como le pasa al pobre Arjuna, que no quiere matar, pero que descubre que las leyes del cosmos le indican que debe hacerlo, así que alegremente se lanza a la masacre.

El escritor Saramago tampoco creía en la frase del personaje de Dostoievsky y decía a la manera de los estoicos: «No, no es cierto eso, tienes una conciencia que sustituye a Dios y tienes que hacer las cosas bien».

***********

Esta entrada es un intento de respuesta apresurado a la perplejidad de Paloma Jiménez Arellano, quien en un comentario en Facebook acerca de mi entrada “La metafísica de la ética” decía: “Pues la verdad es que, a pesar de haber leído tu articulo con atención , no entiendo que tiene que ver una cosa con la otra…” Espero que ahora haya quedado más explicado, aunque es un asunto de cierta complejidad que quizá requiera más explicaciones.

2015: al releer ahora la metafísica de la ética, no entiendo qué es lo que no entendía Paloma: es evidente a qué me refiero y cuál es la relación entre la metafísica y la ética en todas las doctrinas, ideologías o religiones que subordinan la ética a la metafísica.

 

CUADERNO DE FILOSOFÍA

Charlotte Perkins Gilman

Leer Más
Filósofos – De Aristóteles a Zenón

Leer Más
La fidelidad de la tradición

Leer Más
Wittgenstein, Neurath y los memes

Leer Más
La metafísica de la ética

Leer Más
Cornwallis y Demócrito

Leer Más
El contagio por los adversarios

Leer Más
Mímesis y símbolos

Leer Más
SUSAN SONTAG

Leer Más
Por qué un caballo blanco no es un caballo

Leer Más
Taoísmo y tai chi

Leer Más
La escuela negativa del taoísmo

Leer Más
Yang Zhu, el sabio escondido que llenó el mundo de palabras

Leer Más
Relativismo cultural y malos tratos

Leer Más
Leibniz y el sonido

Leer Más
Nozick y la justificación del mal

Leer Más
Test de Turing y solipsismo

Leer Más
La autonomía de los personajes y Nozick

Leer Más
Níveles y metaniveles: autores y dioses

Leer Más
Teología o mística materialista

Leer Más
La relación entre teoría y observación… [y Sherlock Holmes]

Leer Más
Los honestos materialistas

Leer Más
Razón y sentidos en Demócrito

Leer Más
TODA LA FILOSOFÍA

Leer Más

 

 Ensayos de teología

La tierra prometida

Leer Más
Dios o Demiurgo a la luz de Wittgenstein

Leer Más
Más sobre ética y metafísica

Leer Más
La Nueva Teología, deconstruyendo al Autor

Leer Más
Los libros de Dios

Leer Más
Impíos mexicanos

Leer Más
…Jesucristo y los cristianos

Leer Más
Si yo fuera cristiano

Leer Más
Lo uno y lo plural

Leer Más
Dios en la cruz

Leer Más
¿Dios en la cruz?

Leer Más
¿Por qué Benedicto no escucha a Dios?

Leer Más
Dios no puede demostrar que es Dios
Imposibilidades de Dios /1

Leer Más
Ser cristiano y, además, católico

Leer Más
Por qué no participo en los actos de la JMJ (obvio) y tampoco en la protesta contra los actos de la JMJ (no tan obvio)

Leer Más
La filosofía perenne

Leer Más
¿Dios ha muerto?

Leer Más
La metafísica de la ética

Leer Más
El arte y la visión mística

Leer Más
La regla de oro de Lichtenberg

Leer Más
El salmo de Lichtenberg

Leer Más
El diablo y la maledicencia

Leer Más
Dios en la red

Leer Más
Nozick y la justificación del mal

Leer Más
Níveles y metaniveles: autores y dioses

Leer Más
Los honestos materialistas

Leer Más
Cristo

Leer Más
Ensayos de teología

Leer Más
Share

La Nueva Teología, deconstruyendo al Autor

Corán mameluco - Egipto 1346

En Los libros de Dios, he hablado del Corán, de los Diez Mandamientos y de todos los libros que Dios, Alah o Yavhé han inspirado a los profetas. Los libros sagrados, los libros revelados.

Como es sabido, la revelación divina plantea ciertos problemas que han inquietado a los teólogos a lo largo de los siglos. El primero es que si creemos en una revelación religiosa, eso nos obliga a creer no en las palabras reveladas por Dios sino en las de algún intermediario, como Mahoma, Moisés, Mateo o Marcos. Moisés asegura que el dedo del Autor escribió las Tablas de la Ley, pero Moisés estaba solo cuando aquello sucedió. En el caso de Mahoma, no solo tenemos al profeta como intermediario, sino también al arcángel Gabriel, que aseguraba que era Alá quien le dictaba sus palabras. Además, los textos de Mahoma no se conservaron tal como habían sido revelados, sino que fueron recopilados después de su muerte por nuevos intermediarios, que los seleccionaron entre textos breves escritos en hojas de palmera, trozos de cuero o, sencillamente, recuerdos trasmitidos oralmente. Tenemos que creer, en consecuencia, en quienes recordaron las palabras de Mahoma, en que Mahoma recordara las palabras de Gabriel, en que Gabriel recordara y trasmitiera las palabras de Dios, en que Dios fuera Dios…  O bien tenemos que creer en quienes trascribieron las palabras de Moisés a lo largo de varios siglos y a quienes nos contaron que Moisés recibió las Tablas de la Ley,, tenemos que creer a Moisés cuando contó que había recibido las Tablas de la Ley, tenemos que creer que ese Dios que tan solo  dijo: “Soy el que soy” fuera el mismo Dios que habló a otros profetas. Demasiados grados de separación entre la Revelación y nosotros.

Las anteriores son dificultades bastante inquietantes en loq ue se refiere a autoría de los libros sagrados, pero existe otra quizá más grave. Por decirlo con sencillez: ¿por qué Dios demuestra ser tan inculto en sus libros?

No quiero decir que se puedan encontrar faltas de ortografía en sus textos revelados, que también, o contradicciones constantes, sino a graves errores en su explicación del universo, del origen de la tierra o nociones básicas de biología y astronomía. El Dios del Génesis dice que la Tierra fue creada en seis días, algo que no puede ser aceptado por ningún geólogo competente. También nos cuenta que ha creado en el Paraíso al primer hombre y a la primera mujer, pero páginas después, cuando el hijo de Adán y Eva, Caín, mata a su hermano y es desterrado de ese lugar cercano al paraíso en el que se supone que habitan, encuentra una ciudad llena de seres humanos. Cualquier editor un poco atento habría corregido estos despistes.

San Agustín escribe bajo la inspiración del Autor
San Agustín escribe inspirado por el Autor

Hay tantas inexactitudes en los textos revelados, tantas incongruencias, tantos absurdos, que Agustín de Hipona tuvo que exclamar aquello de que los textos bíblicos interpretados a la letra le mataban. Eso le hizo buscar y encontrar una solución, porque quien busca encuentra: los textos revelados no deben leerse literalmente, sino que hay que interpretarlos, descifrarlos, decodificarlos, deconstruirlos. Todo texto sagrado, en definitiva, es alegórico y puede significar, bueno, ya saben, cualquier cosa.

Hoy en día continuamos empleando la interpretación alegórica, que tiene la virtud de adaptarse a las circunstancias y necesidades del momento. Si leemos que “Dios creó el mundo en seis días” (Génesis 1, 31), hay que entender que se trata de una metáfora adaptada al conocimiento de la época y que seis días significa seis períodos astronómicos indeterminados. Del mismo modo, ¿cómo iba a explicar el Autor del Génesis que Sodoma y Gomorra fueron destruidas por una explosión atómica, como parece indicar que la mujer de Lot se convirtiera en estatua de sal, si los lectores de aquella época ni siquiera conocían la pólvora? Dios, para hacerse entender, se vio obligado a traducir “explosión atómica” por “lluvia de azufre y fuego” (Génesis 19, 24).

El camino de los mitos II

“La Nueva Teología” en “El camino de los Mitos II”

Como es sabido, los cabalistas fueron más lejos que los intérpretes y los hermeneutas al uso y no se limitaron a la lectura alegórica, sino que reordenaron las letras del libro siguiendo diversos métodos. De ello se habla en algunos lugares de mi Biblioteca imposible, pero ahora quiero mencionar a un autor, no judío sino protestante, que ha llevado a cabo una relectura y deconstrucción de la Biblia que supera todo lo intentado hasta ahora.

Me estoy refiriendo a Ludwig Hertzen, teólogo austriaco, y a su libro La Nueva Teología. Confieso que no he podido leer todavía La Nueva Teología, no ya a causa de su extensión (¡más de 3.000 páginas!), sino porque hasta ahora sólo se ha publicado en alemán por la editorial Bruckner de Colonia. Pero sí he leído una recensión bastante completa en el segundo volumen de la colección El camino de los mitos, que intentaré resumir aquí.

Eva, el eterno femenino

Eva, el eterno femenino

En su decodificación de los textos bíblicos, Hertzen no aplica los métodos de transcripción de los cabalistas, ni utiliza ordenadores para rastrear patrones combinatorios, sino que se limita a buscar similitudes fonéticas en cualquier idioma existente. Así, lee ADÁN como ADN, puesto que a partir de él se inicia la especie humana, pero también, si se lee al revés y en español, es NADA, pues como es obvio, antes de él no había nada, nada dotado de inteligencia y de alma. En  este caso, la interpretación de Hertzen confirma lo que la etimología tradicional ya nos había revelado: Adán, en sánscrito Adyma, significa el primero, el origen. En otros casos, la interpretación de Hertzen es ingeniosa y enrevesada: en “Eva” lee everlasting, eterna, como lo es el eterno femenino, como lo es la vida a través de sus transformaciones incesantes. De Noé, dice que hay que entender Neo, pues con el se inicia una nueva humanidad: Noé no es otra cosa que la intervención de Dios en los mecanismos de la evolución mediante la selección forzada de unos cuantos especímenes humanos (la familia de Noé) y de varias decenas de parejas de animales. En cuanto a Job, es el trabajo, porque eso significa “job” en inglés. Hertzen dice que  se trata de un juego de palabras del Autor, pues Job es conocido por su resignación, por su no hacer nada ante la adversidad.

Job en su ociosidad

Job, en medio de su laboriosa ociosidad

Como habrá observado el lector, lo más llamativo del método de Hertzen es que descifra y utiliza textos milenarios no en su idioma original (como hacen los cabalistas) sino en su traducción al francés, al italiano, al alemán o a cualquier lengua antigua o moderna. Sorprenderse por este método, dice Hertzen, es menospreciar el poder de Dios: en el momento de inspirar los textos sagrados, el Autor conocía no sólo las lenguas que existían y que habían existido, sino también las que nacerían milenios después, incluidas las nuestras y las que hablarán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Hay que admitir que éste es un poderoso argumento, o al menos  es un razonamiento que no tiene nada que envidiar a la interpretación alegórica de San Agustín.


 

Adan y Eva y la serpiente

ADN

El comienzo de la vida humana según el Génesis y según la ciencia: Adán y ADN. Obsérvese, en ambos casos, la espiral serpentina.


Jacques Derrida

Jacques Derrida

En definitiva, Dios, como un personaje creado por un guionista avezado, casi nunca quiere decir lo que dice: siempre hay un subtexto bajo lo aparente. Los libros, como bien sabe Jacques Derrida y los deconstructivistas, tampoco son nunca lo que parecen, sino que contienen otros libros y, sin excepción, significan otra cosa que lo que el autor creía que significaban. Se confirma así aquella frase de la mística islámica, cuando Dios, el Autor, dice: “Yo era un tesoro escondido, quise conocerme y creé el mundo”. Nosotros, los seres humanos somos letras, frases y párrafos de ese libro, pero, al mismo tiempo, somos los lectores quienes lo deconstruimos para que el Autor entienda lo que ha querido decir, o al menos para que conozca los infinitos libros que habitan en el interior de cada uno de sus libros revelados.


 

LA BIBLIOTECA IMPOSIBLE

Los libros improbables de la biblioteca imposible

Leer Más
A Juliana , de Jeffrey Aspern

Leer Más
Falsarios anónimos

Leer Más
Literatura mortal y otros libros que matan

Leer Más
La vida es una obra de teatro

Leer Más
El libro múltiple y sus hiperlectores

Leer Más
El revés y la trama

Leer Más
Multi-funcionalismo , de Karin Öpfel

Leer Más
Pierre Menard, autor de Ficciones

Leer Más
El Mahabharata y otras obras del tiempo

Leer Más
El libro en blanco

Leer Más
LA HISTORIA NEMINE Y OTROS LIBROS DE NADIE

Leer Más
Instantes de “Jorge Luis Borges”

Leer Más
Los libros que escriben los lectores

Leer Más
Ossian de Macpherson

Leer Más
La Nueva Teología, deconstruyendo al Autor

Leer Más
Los libros de Dios

Leer Más
Los Cuatro Libros del Emperador Amarillo

Leer Más
La ciencia fuera de la ley

Leer Más
Los libros que queremos leer y el Cardenio
Shakespeare y Cervantes /3

Leer Más
El Shakespeare cervantino
Shakespeare y Cervantes /2

Leer Más
Cardenio, la obra perdida de Shakespeare
Shakespeare y Cervantes /1

Leer Más
Metalenguaje y otros libros que no has escrito

Leer Más
Tritogenia , de Demócrito, y otros libros recuperados

Leer Más
De nasis y el género nasal

Leer Más
El primer libro contiene todos los libros

Leer Más
El Talmud y otros libros que contienen todos los libros

Leer Más
Libros que hablan

Leer Más



la-nueva-teologia-menu

LA NUEVA TEOLOGÍA
(Recuerdos de la era analógica)

Que nada se crea

|| Recuerdos de la era analógica


Leer Más
Comentario de los antólogos del siglo 25 al Manifiesto contra los mundos posibles

Leer Más
Manifiesto contra los mundos posibles

Leer Más
La Nueva Teología

Leer Más
Recuerdos de la era analógica

Leer Más
Un regalo de navidad: “La nueva teología”

Leer Más
Dios o Demiurgo a la luz de Wittgenstein

Leer Más
La Nueva Teología, deconstruyendo al Autor

Leer Más
Los libros de Dios

Leer Más
La Revelación

Leer Más
“La Nueva Teología” en El camino de los mitos II

Leer Más

A continuación, puedes ver entradas dedicadas a Recuerdos de la era analógica encontradas en la Arqueo Red (que nosotros llamamos Internet)

Que nada se crea

|| Recuerdos de la era analógica


Leer Más
Rudimentos de Prognóstica Aplicada

Leer Más
Comentario de los antólogos del siglo 25 al Manifiesto contra los mundos posibles

Leer Más
Manifiesto contra los mundos posibles

Leer Más
Recuerdos de la era analógica

Leer Más
Dios o Demiurgo a la luz de Wittgenstein

Leer Más
El menardismo de Recuerdos de la era analógica

Leer Más
El verdadero libro digital

Leer Más
Vidas vicarias y Avatar

Leer Más
Manifiesto, aullidos y caballos sin nombre

Leer Más
El enigmático William Smullyan

Leer Más
Un mundo distinto pero igual

Leer Más
Los siglos indios

Leer Más
Cómo escuchar libros

Leer Más
Marshall McLuhan, antes y después de su tiempo

Leer Más
Influencias precisas e inesperadas

Leer Más
Ficción especulativa costumbrista

Leer Más
El registro universal

Leer Más
Trivial Language

Leer Más
Acerca de “Picasso y los indiscernibles”

Leer Más
Los griegos y Gore Vidal

Leer Más
El índice onomástico

Leer Más
Juan José Millás y la percepción malebranchiana

Leer Más
La inmortalidad y los libros

Leer Más
Greguerías analógicas y digitales

Leer Más
Antólogos, prólogos y errores

Leer Más
Marshall McLuhan

Cómo se inventó el futuro / 4


Leer Más

Vida de Daniel Tubau contada por Tonino

Acrósticos, nombres y anagramas

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /1


Leer Más
Una personalidad misteriosa

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /2


Leer Más
La filofísica de Tubau

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /3


Leer Más
Andanzas en China y relación con Cortazar

Semblanza de Daniel Tubau, por Tonino /4


Leer Más

Reseñas de Recuerdos de la era analógica

El verdadero libro digital

Leer Más
Aguirre en La2Revelación

Leer Más
Agatha en El blog de Arlequini

Leer Más
Reseña en OcioZero

Leer Más

Share

Los libros de Dios

Que nada se crea

|| Recuerdos de la era analógica


Leer Más
Comentario de los antólogos del siglo 25 al Manifiesto contra los mundos posibles

Leer Más
Manifiesto contra los mundos posibles

Leer Más