La tierra prometida

Jollain_Moses_Views_the_Promised_LandEl filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz aseguró que Dios había creado el mejor de los mundos posibles, una teoría que causó hilaridad general en su época. Voltaire la ridiculizó en su Cándido, haciendo que el protagonista de su novela recorriera el mundo sufriendo una desgracia tras otra. Pero, como Cándido es discípulo del profesor Pangloss (es decir, de Leibniz), se niega a ver los horrores del mundo y todo le parece estupendo. Cándido es un moderno Job, que soporta todos los horrores del mundo no ya con resignación sino con verdadera alegría, cegado por una teoría, la de que vivimos en el mejor de los mundos posibles..

El argumento de Leibniz, sin embargo, está lejos de ser tan absurdo como parece a primera vista. Dios, en primer lugar, está sometido a lo que Leibniz llama el “principio de razón suficiente”, que dicho en profano significa: siempre debe haber una razón para que suceda cualquier cosa. Dios  debe someterse a las leyes de la naturaleza que él mismo ha creado, como lo hace un buen novelista al someterse a las leyes de verosimilitud que él mismo ha establecido en su relato: si no lo hace, el lector se sentirá estafado (ver la paradoja El guionista crea sus propias reglas, pero está sometido a ellas).

Para un filósofo racionalista y razonable como Leibniz, una vez que Dios ha definido las leyes de la naturaleza, estas deben funcionar siempre del mismo modo y ni siquiera Dios está autorizado a modificarlas a mitad del juego. ¿Por qué iba un Dios perfecto a crear leyes imperfectas que necesitasen ser revisadas y modificadas?

Un descubrimiento inesperado nos ha ofrecido recientemente una pista inesperada acerca del origen de la teoría de los mundos posibles de Leibniz. En 1992, al derribar la pared de una casa del pueblo de Barcarrota, en la provincia de Badajoz, aparecieron varios libros que algún judío había escondido allí, tal vez antes de emigrar a Portugal para escapar a las persecuciones promovidas por los Reyes Católicos. Uno de esos libros es el llamado “Lazarillo de Barcarrota”, versión del célebre Lazarillo de Tormes. Pero aquí me interesa otro texto, que fue encontrado en otra casa de la misma localidad unos años después, en 2008.

Se trata de una crónica del siglo XV que cuenta la historia de un piadoso rabino de Toledo llamado Eliezer, quien, al morir, preguntó a Yahveh, con una osadía que sólo se recuerda en personajes como Abraham o Jacob, por qué había creado un mundo tan defectuoso, en el que los cuatro elementos, agua, aire, fuego y tierra, sólo parecían existir para causar desgracias: maremotos y terremotos, incendios y volcanes, tornados y huracanes.

Yahveh le responde que, antes de crear este mundo, imaginó otros muchos, en los que combinó los cuatro elementos de mil y una maneras. Dios permite entonces a Eliezer que contemple esos mundos y el rabino descubre que en todos ellos sólo hay desolación y muerte, que están, como diría Shakespeare, llenos tan sólo de ruido y furia. En los mundos en los que apenas hay agua, es cierto que no hay tormentas, pero tampoco hay peces en los ríos o en el mar. En los mundos en los que no hay fuego, nadie puede protegerse del frío y la tierra es un desierto helado. En aquellos en los que apenas sopla el viento, las epidemias se extienden sin freno en un aire fétido e inmóvil. Por fin, Yahveh muestra a Eliezer que en los mundos en los que la tierra es blanda e inofensiva no se puede caminar, ni construir casas, ni sembrar, la triste vida de esos mundos se arrastra por el fango. Finalmente, Dios permite al rabino contemplar nuestro planeta desde las alturas, como hizo Elías en su carro de fuego. Cito aquí el manuscrito en su reciente traducción al castellano:

“Y Eliezer descubrió que desde las alturas la Tierra era un planeta hermoso, que las plantas, las flores y los frutos crecían como no había visto en ningún otro mundo, que las montañas contenían minerales y metales que estaban a disposición de los hombres y las mujeres, que los mares albergaban miles de criaturas, y que la fértil tierra ofrecía cada año cosechas de cereales, plantas y frutos a quienes la supieran cuidar”.

Nada más nos dice la crónica acerca de Eliezer y no sabemos si quedó convencido o no, aunque es evidente que el cronista opina que Yahveh ha logrado disipar las dudas del piadoso rabino, pues su relato concluye con Yahveh mostrando un puñado de tierra a Eliezer: “Esta y no otra es la verdadera tierra que os prometí, la tierra misma”.

Una última pregunta que quizá ya se ha hecho el lector: ¿se puede probar que este relato fue conocido por Leibniz? La única respuesta posible, en mi opinión, es que pudo llegar a él a través de los círculos relacionados con el judío Baruch Spinoza, cuya filosofía, aunque casi en secreto, Leibniz admiraba.


[Publicado por primera vez en Alquimia de la tierra, en 2012]ensayosdeteologia-cabecera

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Originally posted 2015-11-13 00:47:46.

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Ensayos de teología

En Ensayos de Teología puedes encontrar las entradas dedicadas a la religión, la teología, la teodicea (o justificación de las razones de dios), y otras creencias y disciplinas de lo que podríamos llamar mitología organizada. Aunque hablar de Jesucristo es lo mismo que hablar de Apolo, aquí están también  casi todas las entradas dedicadas a los ritos y mitos judiós y cristianos.

Cuando uno piensa por primera vez en el asunto, resulta fácil distinguir entre religión, mitología y teología. Pero si se piensa un poco más, los límites dejan de verse tan claros y aparece de nuevo la confusión. Me arriesgaré aquí a separar los ensayos religiosos y teológicos de lo dedicados a la mitología, pero teniendo en cuenta esa subjetividad inevitable.

Entradas de Ensayos de teología

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Una interpretación del taoísmo

Dice Giuseppe Tucci en su interesante  Apología del taoísmo:

“Nadie dejará de reconocer las innegables ventajas que una concepción semejante [dominar la naturaleza]  ha traído. A ella se deben las conquistas de la ciencia, el mejoramiento de las condiciones de la vida. Pero por todo esto que hemos ganado, ¿cuánto no hemos perdido? Y los progresos técnicos o científicos ¿representan verdaderos progresos cuando no van acompañados de una refinada sensibilidad ética, un mejoramiento de costumbres, un reavivamiento del sentido religioso?”

Este es un planteamiento que quizá podemos aceptar sin demasiadas dificultades: el progreso científico puede tener consecuencias negativas si no es empleado de una manera sensata y ética. No se entiende, sin embargo, qué tendría de bueno ese “reavivamiento religioso” que Tucci parece echar de menos. Sigamos leyendo:

“En el fondo, hay más que temer de la viquiana [por Giambattista Vico] barbarie de la reflexión que del plácido ascetismo del monje budista o taoísta. La cruel última guerra mundial demuestra cuán distintos son los caminos de la inteligencia y del corazón y cómo la ciencia, puesta al servicio de las malas causas, merece que se la desprecie antes que se la celebre. Es bien cierto que hoy se va de Roma a Pekín en un tiempo por lo menos diez veces menor que en el pasado; pero ¿han mejorado por esto las almas? Por mi parte, lo dudo mucho”.

Aquí ya la cosa empieza a moverse en terrenos que nos resultan familiares, más que nada por la distorsion a través de dicotomías imposibles: ¿es que alguien va a decir que hay que alabar a la ciencia “puesta al servicio de las malas causas”? Supongo que no lo dirá nadie, como nadie dirá que haya debamos alabar al primitivismo “puesto al servicio de las malas causas” o al taoísmo “puesto al servicio de las malas causas”. Nadie en su sano juicio o que no sea un inmoral elogiará ninguna cosa “puesta al servicio de las malas causas”. Pero con esa proposición absurda ya ha teñido de negatividad la ciencia.

También empiezan las asimilaciones caprichosas, como pensar que la Primera Guerra Mundial es un ejemplo de los “caminos de la inteligencia”, es decir de ese mundo de la razón que detesta, cuando muchos pensamos que esa guerra fue un reflejo del poder de los instintos, de los impulsos, del sentimiento intuitivo e irracional que impulsa a los nacionalismos, es decir, de lo que Tucci llama, con esa metáfora de casquería a la que tantos son devotos, “los caminos del corazón”. Continuémos: 

“Este correr, este afanarse, este anhelar, no tiene, en el fondo, otro objeto que hacer la cartera más pingüe y la vida más cómoda y bajo el hálito de ese craso materialismo que parece amenazar con ahogar los impulsos de toda noble y desinteresada idealidad, de la que el grupo de los poderosos está siempre dispuesto a reírse, pierde valor todo cuanto no tenga una utilidad práctica e inmediata”.

Como ya he dicho, el de Tucci es un discurso típico y mil veces repetido en el que se mezclan mentiras, verdades y medias verdades. Pero podemos preguntarnos: ¿en qué han empeorado las almas?, ¿respecto a qué? ¿Respecto a la barbarie de los siglos pasados, cuando las mujeres no eran siquiera seres humanos o ciudadanos de pleno derecho, ni tampoco lo eran los negros, ni tampoco los esclavos, ni siquiera los trabajadores? ¿Se puede refinar mucho el alma cuando el cuerpo es maltratado?

Sería fácil seguir, pero no lo haré, para no dejar que mi pensamiento también se desboque en frases grandielocuentes.

Convendría decir quizá y podríamos aceptarlo: “A nuestras almas todavía les queda un largo camino por recorrer” o algo parecido. Pero decir que hemos perdido algo, decírnoslo a nosotros, que como Tucci, espero, sabemos cuál ha sido la historia del mundo en los últimos siglos, la historia del mundo antes de esa contaminación de la inteligencia y la ciencia, resulta casi impúdico.

Más adelante dice:

“Las mismas leyes, que se han hecho tan casuísticas y minuciosas, atestiguan, en sustancia, que ha aumentado en nosotros la voluntad y la capacidad de pecar, las estadísticas de la delincuencia prosiguen en un crescendo aterrorizador su ascensión, y no hay casi otro campo en donde los hombres den muestra de su codicia y de su refinada astucia como en el arte de engañar al prójimo”.

Ahora bien, si alguien señala a Tucci algún acto bondadoso (seguramente alguien debió hacerlo), él tiene una respuesta rápida: “todo es hipocresia”. Veámoslo:

“Nuestra sociedad, con todos sus filantropismos y sus humanitarismos, etc., es, en el fondo, profundamente egoísta, y las vestiduras que asume son de pura hipocresía. Cuando tanto preocupan los problemas morales es que la moral falta; cuando preocupa la forma, falta la sustancia. Con la rectitud se gobierna un estado – dice Lao-tze (cap. 57) -; con las estratagemas se combate; con refrenar toda actividad se obtiene el dominio sobre el mundo entero”.

Y aquí el pensamiento de Tucci, que quiere ser taoísta, se desboca definitivamente. Es perfectamente razonable entender la desconfianza de Lao zi o de Zhuangzi acerca de la leyes, porque vieron para lo que esas leyes servían en su época, pero creo que se alegrarían de que ahora haya leyes que, por ejemplo, prohíben la pena de muerte. Pero dicho esto hoy, es no ver y, además mentir: “Las estadísticas de la delincuencia prosiguen en un crescendo aterrorizador su ascensión”, dice Tucci, y repitan tantos. Pero, si hablamos de Europa, de Estados Unidos, incluso de China,  nunca en toda la historia ha habido menos delincuencia y crímenes que ahora. Basta informarse para descubrirlo. Otra cosa (quizá) es si hablamos de América Latina, por ejemplo, de gran parte de Asia, de gran parte de África, pero Tucci está criticando esa supuesta degradación producida en los lugares en los que imperan las leyes y, se supone, el estado de derecho.

A mí siempre me ha parecido simplista esa interpretación del taoísmo, especialmente de Zhuangzi (si es que Zhuangzi era taoísta), porque creo que Zhuangzi nunca se habría dejado atrapar por sus propias opiniones cuando las circunstancias le mostrasen una realidad diferente.

Al revisar este artículo en 2018 y escribir lo que aparece en color verde, decidí investigar un poco acerca de Giuseppe Tucci y descubrí, y debo decir que eso no me sorprende en absoluto, que se acusa a Tucci de adherirse al Manifiesto de la Raza de los fascistas italianos. Al parecer, se trata de una cuestión debatida, pero su adhesión al fascismo esta fuera de toda duda, si tenemos en cuenta que fue nombrado representante del gobierno italiano con rango de ministro en una misión cultural en Japón entre 1936 y 1937, donde ofreció discursos radiofónicos en apoyo al Duce.

Si digo que no me sorprende descubrir esto, que confirma mis recelos ante los cantos encendidos a la naturaleza y contra la corrupta civilización moderna, es porque este tipo de discursos son frecuentes entre los fascistas y nazis, ya sean italianos, españoles, alemanes, ingleses o rumanos. Y también entre los izquierdistas más radicales, a qué negarlo (los extremos se tocan, ya se sabe).

Por otra parte, su Apología del taoísmo la escribió en 1924, por lo que no tiene sentido lo que dije acerca de las estadísticas actuales. Los crímenes e hipocresía a los que se refiere, sin embargo, no son sin duda los del fascismo, el nazismo o cualquier otra doctrina totalitaria, sino los de las sociedades democráticas de la época, que esos movimientos hacia los que unió o alabó Tucci se habían propuesto “regenerar y limpiar”. Fracasaron, afortunadamente.


[Publicado en 2004. Revisado en 2018]

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Originally posted 2015-11-13 00:47:46.

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Ateísmo y optimismo

En Lo uno y lo plural dije que son pocos los ateos optimistas, aunque habría que recordar a todos los marxistas ateos y sin embargo optimistas en su anhelo de trasformar radicalmente la sociedad. Se podría decir, por supuesto, con algo de malignidad tal vez, que los ateos marxistas son creyentes en el dios de la Revolución.
Por otra parte, todo eso se refiere a la esencia moral del universo, no a cuestiones de ética personal o actividad práctica: se puede ser pesimista en lo que respecta al cosmos tomado en su conjunto, pero optimista al considerar la propia existencia.


Acerca del comunismo como religión: El santoral revolucionario

Ver también: Investigación acerca del optimismo y el pesimismo

[Publicado en 1998]

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Originally posted 2015-11-13 00:47:46.

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La trágica historia del Doctor Faustus, de Marlowe

PACTOS CON EL DIABLO /2

El argumento de esta obra se puede resumir diciendo que trata de un hombre llamado Fausto de Witemberg, doctor en teología, que convoca al diablo y acepta firmar un pacto con él a cambio de poseer poder para hacer cuanto desee durante veinticinco año s. Ayudado por el diablo Mefistófeles, Fausto se burla del Papa, asombra en la corte del emperador y convoca las imágenes de Alejandro el macedonio y de Helena de Troya. Finalmente, no podrá escapar a la condena.

El encuentro entre el Doctor Fausto y el diablo 
Credit: Wellcome Library, London. Wellcome Images images@wellcome.ac.uk http://wellcomeimages.org The Devil and Dr. Faustus meet. ca. 1825 The life and horrible adventures of the celebrated Dr. Faustus; relating his first introduction to Lucifer, and connection with infernal spirits; his method of raising the Devil, and his final dismissal to the tremendous abyss of Hell. Published: -Copyrighted work available under Creative Commons Attribution only licence CC BY 4.0 http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

El Fausto de Marlowe es una obra extraordinaria. Me parece que en la primera parte supera al Fausto de Goethe, exceptuando el motivo que sella el pacto con el diablo, porque el célebre “Detente instante” de Goethe es muy superior a la mera ansia de poder en Marlowe. La insaciable ansia de conocimiento y el impulso y la voluntad de vida, que podríamos equiparar con la filosofía de Schopenhauer, frente a la voluntad de epoder de Nietzsche.

Un momento excelente, entre otros muchos, es aquel en el que la sangre de Fausto se hiela o coagula cuando se dispone a firmar el pacto, y también el diálogo entre Wagner y el payaso. La obra reúne casi todos los motivos del Fausto goetheano, más de los que yo suponía, ya que incluso se anuncia el combate entre lo griego y lo cristiano.

También la manera en la que Mefistófeles le explica por qué ha acudido a su llamada:

FAUSTO: ¿No te atrajeron mis conjuros?

MEFISTÓFELES: Esa fue la causa, pero per accidens, pues si alguien escarnece el nombre de Dios, de las escrituras y de Cristo abjura, acudimos por si obtenemos un alma: no venimos si no usa medios tales que con la eterna condena peligre. Así que el más breve de los conjuros cabe en que de la Trinidad se abjure y se rece al príncipe del Infierno.”

Y estas palabras que pronuncia la Ira:

“LA IRA: Nací en el infierno, y tened cuidado, porque alguno de vosotros va a ser mi padre”.

Aunque todo el Fausto de Marlowe es excelente, quizá la segunda parte se resiente, más que nada al compararla con la de Goethe. La calidad de la obra hace lamentar doblemente la prematura muerte de Marlowe, que, a tenor de este Fausto, podría competir con Shakespeare.

No faltan tampoco, junto a la fuerza del argumento y las escenas, frases, ideas y conceptos interesantes, como cuando dice: “Un mago experto es un dios poderoso”, que hoy podríamos convertir en “Un científico es un dios poderoso”, recordando aquella sentencia de Arthur C.Clarke: “La tecnología avanzada es indistinguible de la magia”.

También esta frase que recuerda aquella célebre canción de Jorge Cafrune (“Fule mandinga”) que decía que la gente divertida estaba en el infierno:

“Pues confundo el Infierno y el Elíseo; !Que mi fantasma esté con los filósofos!”.

Y más adelante

FAUSTO: ¿En infierno estás? Si esto es infierno a gusto soy maldito. ¿Cómo, paseando, discutiendo, etcétera? 

Y también esta estupenda observación acerca del infierno como sensación y no como lugar, que compartía alguno de los últimos Papas:

FAUSTO: “Pues, ¿cómo es que estás fuera del Infierno?

MEFISTÓFELES: “Cómo, si aquí lo es, no estoy fuera de él. ¿Crees que yo que contemplé la faz de Dios y caté el gozo infinito del cielo no soy atormentado con mil infiernos estando privado de la beatitud?”.


[Escrito en 1995. Revisado en 2018]

 

 

Originally posted 2015-11-13 00:47:46.

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La Biblia atea de Buñuel

Buñuel dice en sus memorias, Mi último suspiro, que su libro favorito de la Biblia es el Eclesiastés o Libro de la Sabiduría. Es también mi favorito, con cierta ventaja sobre el Libro de Job, el Cantar de los Cantares y el Apocalípsis . Pongo aquí el fragmento del Libro de la sabiduría que un anciano lee a un niño en la película Él, tal como lo cita el propio Buñuel:

“En una escena de la película, un anciano leía a un niño un pasaje que, para mí, es el más bello de la Biblia, muy por encima del Cantar de los Cantares. Se encuentra en el Libro de la Sabiduría (2, 1-7), libro que no figura, ni mucho menos, en todas las ediciones. El autor de estas líneas admirables las pone en boca de los impíos. Basta con poner entre paréntesis las primeras palabras y leer: 

 

“(Pues neciamente se dijeron a sí mismos los que no razonan): Corta y triste es nuestra vida, y no hay remedio cuando llega el fin del hombre, ni se sabe que nadie haya escapado del hades.

  Por acaso hemos venido a la existencia, y después de esta vida seremos como si no hubiéramos sido: porque humo es nuestro aliento, y el pensamiento una centella del latido de nuestro corazón.
  Extinguido éste, el cuerpo se vuelve ceniza, y el espíritu se disipa como tenue aire.
  Nuestro nombre caerá en el olvido con el tiempo, y nadie tendrá memoria de nuestras obras, y pasará nuestra vida como rastro de nube, y se disipará como niebla herida por los rayos del sol que a su calor se desvanece.
  Pues el paso de una sombra es nuestra vida, y sin retorno es nuestro fin, porque se pone el sello y ya no hay quien salga.
  Venid, pues, y gocemos de los bienes presentes, démonos prisa a disfrutar de todos en nuestra juventud.
  Hartémonos de ricos, generosos vinos, y no se nos escape ninguna flor primaveral.
  Coronémonos de rosas antes de que se marchiten, no haya prado que no huelle nuestra voluptuosidad.
 Ninguno de nosotros falte a nuestras orgías, quede por doquier rastro de nuestras liviandades, porque esta es nuestra porción y nuestra suerte”.

Ni una sola palabra -dice Buñuel- que cambiar en esta lejana profesión de ateísmo. Creería uno estar leyendo la más hermosa página del Divino Marqués.”

El Divino Marqués es, por supuesto, el marqués de Sade. Quizá a algún lector el “rastro de nube” que seremos le haya recodado las lágrimas en la lluvia de Blade Runner.


[Publicado en Monadolog el 22 de febrero de 2005. Revisado en 2017]

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