El ingrediente secreto del imperio inmortal

GUERRA Y PAZ EN LA ANTIGUA CHINA /1

David L.Hall:  «Angus Graham es el único sinólogo anglosajón que conozco equipado filosóficamente para traducir los textos chinos por sí mismo. De hecho, Graham ha hecho un trabajo original y creativo como traductor y como filósofo».[1]Early China/Ancient Greece: Thinking Through Comparison (Steven Shankman y Stephen W.Durrant, editores)

Angus Graham era un profesor al que le gustaba dar sus clases en la Universidad de Hawai bajo un cocotero en la playa, compartiendo cervezas con sus alumnos, según cuenta su discípula Carine Defoort. Era alérgico a las conversaciones y discursos aburridos y siempre que se encontraba con un pesado se daba la vuelta y lo dejaba plantado sin dar ninguna explicación. Él mismo contaba que adoptó esta costumbre después de una curiosa experiencia durante la Segunda Guerra Mundial, cuando decidió separarse de un grupo de conocidos con los que caminaba por las calles de Londres, para acercarse a otro grupo que mantenía una conversación más interesante. En ese mismo instante sonaron las alarmas antiaéreas y una bomba cayó sobre el grupo que acababa de abandonar. La conclusión era obvia: “Alejarte de alguien aburrido te puede salvar la vida”.
Graham también era célebre por sus fiestas y su constante buen humor, además de por ser un consumado intérprete del gamelan, un instrumento musical que invita a pasar las horas en soledad. Pero el mundo académico no le recuerda por todas estas peculiaridades, sino por haber sido uno de los tres sinólogos más importantes del siglo XX, aunque él prefería considerarse filósofo, porque “lo bueno de ser filósofo es que los demás nunca saben cuándo estás trabajando”.
En su libro El Dao en disputa, Graham cambió el modo de acercarse a la filosofía china y reinterpretó muchos de los conceptos e ideas que se habían repetido de manera monótona durante siglos. Su manera de enfrentarse a los textos clásicos, a partir de una erudición y un conocimiento asombrosos, pero sin las rigideces habituales del academicismo, había sido influida por la lectura de un libro muy breve llamado Confucio, lo secular como sagrado, escrito por Herbert Fingarette. Lo curioso es que Fingarette no era sinólogo y ni siquiera sabía chino, pero se atrevió a internarse en un terreno que hasta entonces parecía reservado a los especialistas en la cultura y la lengua china.

La tumba de Angus Graham (1919-1991). Filósofo, sinólogo y poeta, con una cita de su querido Zhuangzi: “Vaya donde vaya, ¿acaso debo quejarme? Me dormiré en un sueño profundo y me despertaré descansado”.

Un libro de homenaje a Angus Graham, “25 años después de su inmortalidad”.

En Disputadores del Dao, Angus Graham se pregunta a qué se debe la asombrosa continuidad de la cultura china y ofrece “una receta condensada del secreto chino de un imperio inmortal que comprende casi una cuarta parte de la raza humana y que ha vencido al destino que dicta que todas las cosas nazcan y perezcan”.

Los ingredientes de la receta son los siguientes: el confucianismo, con su insistencia en mantener los vínculos sociales y familiares; el legismo o legalismo, una doctrina que ofrece un arte de gobernar racional y una técnica para organizar un imperio sin precedentes en tamaño y lograr homogeneizar sus costumbres; la escuela del Yin-Yang, una protociencia que encuentra un lugar para el ser humano en un cosmos modelado según la comunidad; el taoísmo y el budismo, que ofrecen al individuo una salida que le permite relacionarse con elementos inasimilables, que de otra manera podrían desestabilizar su vida en comunidad; y finalmente, diversas escuelas filosóficas en competencia, como el moísmo, que “ofrecen una racionalidad confinada a lo útil”.

En El arte del engaño se incluye una traducción íntegra de El arte de la guerra y Las 36 estratagemas chinas, realizada por Ana Aranda Vasserot.

En la receta de Graham falta un ingrediente fundamental: el arte de la guerra y la estrategia, las técnicas de la persuasión y de la política y la diplomacia. He dedicado El arte del engaño a ese aspecto fundamental en la formación y desarrollo del Imperio Chino.

Porque, a pesar de que Graham no incluye a los estrategas entre los creadores del imperio inmortal, no cabe ninguna duda de que sin ellos China nunca habría existido. En esta breve introducción a la historia de la guerra y la estrategia en la China antigua, que complementa El arte del engaño, intentaré mostrar que este último ingrediente, la estrategia y las artes militares, se descubre ya en los tiempos mitológicos, donde nos encontramos con guerras y  conflictos militares, así como con tratados de estrategia legendarios, precedentes lejanos, aunque posiblemente imaginarios, de El arte de la guerra de Sunzi.

 

Continuará…


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John Searle contra la inteligencia de las máquinas

|| SEMÁNTICA Y SINTAXIS EN INTELIGENCIA ARTIFICIAL /1

Este investigación pretende examinar y discutir los argumentos de tipo semántico relacionados con la Inteligencia Artificial, especialmente los desarrollados por John Searle en varias de sus obras.

Podríamos comenzar, quizá, definiendo el término semántica en oposición a sintaxis y en conjunción con otros conceptos como significado o contenido.

Esa era mi primera intención, pero diversas razones me han hecho considerar preferible comenzar con un resumen de los argumentos de John Searle, para continuar, en la segunda parte, discutiendo el alcance del concepto semántica. De esta manera se puede limitar la investigación a lo directamente relacionado con las opiniones de Searle, pues si no se fijan ciertos límites, la investigación acerca de la semántica y el significado se haría inagotable. Por eso, pretendo examinar los argumentos de John Searle en el contexto general de los argumentos semánticos en contra de la inteligencia de las máquinas, y también en relación con el test de Turing.

En la parte final regresaremos a los argumentos de John Searle, para desarrollarlos en mayor detalle y desde una perspectiva crítica, aunque eso signifique repetir algunas cosas ya dichas.

John Searle

 A lo largo de toda esta investigación se utiliza con cierta flexibilidad el concepto Inteligencia Artificial. Aclaro a continuación los diversos sentidos en que se puede entender este concepto son:

a) De un modo general, todo lo relacionado con la investigación en ordenadores.

b) En un sentido más restringido, una disciplina concreta, que a veces se opone a la Simulación, y en la que se distinguen dos versiones, la fuerte y la débil (así lo hace el propio Searle).

c) En un sentido más laxo, se puede decir: “John Searle niega la inteligencia artificial”, debiéndose entender con ello que Searle niega que las máquinas, los artefactos creados por el ser humano, puedan ser, o llegar a ser, inteligentes (o a tener mentes, como él prefiere decir).

Sea cual sea el sentido en que se emplee el término, con mayúsculas o minúsculas (“inteligencia artificial” frente a “Inteligencia Artificial”), el contexto permitirá identificarlo sin dificultad. En la bibliografía incluyo todos aquellos libros que he utilizado directamente. Todo aquello que no esté puntualmente referenciado puede considerarse opinión mía, al margen de que sea sostenida por otros autores que no he considerado necesario mencionar (o cuya coincidencia con mis opiniones ignoro). Cuando me he visto obligado a añadir notas de contenido las he puesto a pie de página, para facilitar su lectura.

Continuará…


Esta investigación es un trabajo universitario que hice para la asignatura “Mentes y Máquinas” en 1989 o 1990. He modificado algunas palabras, frases o puntuación para hacer su lectura más agradable.

Cuando he añadido algo nuevo, en 2018, lo he puesto en otro color.

 


 

SEMÁNTICA Y SINTAXIS EN INTELIGENCIA ARTIFICIAL

John Searle contra la inteligencia de las máquinas

|| SEMÁNTICA Y SINTAXIS EN INTELIGENCIA ARTIFICIAL /1


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La memoria de los ancianos

|| CASANOVA, SEGUNDO ACTO 1

Casanova empezó a escribir sus Memorias a los setenta y dos años, “cuando puedo decir Vixi a pesar de que todavía vivo”. Vixi era la fórmula que empleaban los romanos para anunciar que alguien había muerto. En vez de decir “Ha muerto”, decían: “Ha vivido”.

Ante una autobiografía escrita a los setenta y dos años, el lector puede preguntarse, con toda razón, si ese anciano que recuerda puede entender al joven cuyas aventuras cuenta, ese joven con el que comparte el mismo nombre, pero no los mismos sueños ni los mismos deseos. Ni siquiera, si somos estrictos, el mismo cuerpo, puesto que cada veinte años todas nuestras células se renuevan.

Una manera de evitar este problema es no esperar a ser viejo para contar la juventud. En Japón existe un género literario que se llama “memorias de juventud”: no había por qué esperar a la vejez para escribir las memorias, pues la edad ideal podía ser en torno a los veinte años. La más famosa de estas tempranas memorias, al menos para los lectores no japoneses, es Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima, quien a los diecinueve años llevó el libro al editor y le anunció que esa era su “primera autobiografía”.

Aunque se espere hasta los setenta y dos años para escribir las memorias, es posible que el memorialista haya pasado toda su vida pensando que cuando sea viejo las escribirá. Tampoco parece ser este el caso de Casanova, ya que él mismo asegura que la idea de escribir sus memorias nunca se le ocurrió antes de ser anciano:

“Digna o indigna, mi vida es mi materia. Como la he vivido sin pensar jamás que un día pudiese sentir el deseo de escribirla, tal vez tenga un carácter interesante, que no hubiera tenido, indudablemente, si hubiera vivido con la intención de escribirla en los años de mi vejez, y, más aún, de publicarla”.

Esta falta de propósito memorialístico de Casanova durante gran parte de su vida parece justificar la fama de poco confiable que le atribuye la posteridad. Casi todos los lectores han considerado al aventurero veneciano un farsante, alguien demasiado imaginativo o al menos un escritor exagerado y pretencioso. Durante mucho tiempo las Memorias fueron clasificadas como obra de pura ficción y se atribuyeron a diversos autores, entre otros a Stendhal, quien, sin embargo, siempre negó la autoría y mostró su admiración hacia la obra y el autor.

Los investigadores actuales no comparten el escepticismo de sus predecesores acerca de la fiabilidad de la memoria de Casanova. En lo que todavía se puede averiguar, el aventurero veneciano no miente casi nunca, y además, ofrece detalles de una asombrosa precisión. Así, dice que una mujer llamada “la Charpillon” vivía en Londres en la calle Dannemarck, en el Soho. Un investigador llamado Bleackley buscó en el siglo XX los registros de impuestos de esa calle , durante los años 1763 y 1764 y encontró el nombre “Decharpillon”.

Denmark street

La calle Denmark en el actual Londres (imagen de Google Maps)

Casanova, además, conservó a lo largo de su vida muchas cartas, billetes y anotaciones, que a menudo transcribe textualmente. Tal vez esta meticulosidad se debió a su profesión, a una de sus muchas profesiones, pues parece que fue espía y también miembro itinerante de la orden de los francmasones.

Ahora bien, los anteriores son tan solo recuerdos propios de una agenda o de un dietario y cualquiera puede tenerlos si se ha tomado la molestia de llevar un diario, de tomar notas, de guardar muchos recuerdos. Lo verdaderamente difícil no consiste en recordar lo que hizo aquél joven, sino cómo sintió aquel joven. Hay que recordar lo que decía Goethe: “No hay que ser como los griegos. Hay que ser griego”. Algo parecido se podría aconsejar a quienes en la vejez pretenden recordar los hechos de su juventud.

Pues bien, al leer la Historia de mi vida de Casanova, sorprenden muchas cosas, pero la que más llama la atención es advertir que ese viejo de setenta y dos años parece capaz de sentir y  ver el mundo como lo hacía aquel niño, aquél joven o aquél hombre maduro cuyas aventuras recuerda. Al leer los cientos de páginas de las memorias de Casanova, podemos advertir cómo su carácter, el del personaje, no el del biógrafo, va transformándose capítulo a capítulo.

Continuará…


[Escrito en 1997. Republicado en 2007, 2011 y 2017]


Escribí este texto en 1997. Lo publiqué en mi blog El arte malabar en 2007, con este aviso previo: “Hace diez años escribí un pequeño ensayo acerca de Casanova, que iba a ser el primero de una serie que pensaba dedicar al aventurero veneciano. Dejé el ensayo a un amigo y, tras leerlo, me dijo que era “lo peor que había escrito” en toda mi vida. Así que guardé el ensayo y me olvidé de él. Ahora, diez años después, he pensado iniciar de nuevo esos ensayos casanovistas, así que he recuperado ese viejo texto y le he añadido ilustraciones. Confío en que el juicio de mi amigo no fuera del todo acertado y que la lectura de esto valga al menos el tiempo empleado en ella.”


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Chomsky recupera lo innato

|| LA GRAMÁTICA INNATA DE CHOMSKY /1



Se puede pensar, y por lo tanto se ha pensado, que existen en ideas innatas, que no son adquiridas mediante el aprendizaje, sino que ya están en nosotros desde que nacemos, del mismo modo que lo están ciertos instintos trasmitidos a lo largo de la evolución. Entre los pensadores que han recurrido al innatismo, se encuentran los nombres de Descartes, Platón o Jung, además del de Noam Chomsky.
El innatismo de Chomsky no es exactamente igual al de Descartes. Descartes pensaba que tenemos ideas innatas, como la idea de Dios, porque, según él, de no ser así, no se podría explicar cómo podemos llegar a concebir un ser infinitamente perfecto. Por su parte, Jung pensó que existe una especie de inconsciente colectivo, también innato, por supuesto, ya que es común a toda la especie humana. En ese inconsciente hay diversas figuras arquetípicas, como el Padre, la Madre, el Trickster, y también Dios. Platón precedió a Descartes y a Jung y propuso que en nuestra mente conservamos el recuerdo de todo un mundo arquetípico, en el que están los originales perfectos de todas las cosas que vemos en el mundo. 

Carl Gustav Jung

De las tres propuestas de innatismo, quizá la de Descartes es la más decepcionante, pues no resulta en absoluto difícil explicar que si vemos una cosa imperfecta, por ejemplo una tabla de madera con irregularidades, podamos encontrar otra un poco menos impefecta, con menos irregularidades, y mediante este proceso podamos concebir que existe una tabla de madera sin ninguna irregularidad, es decir absolutamente perfecta. Y lo mismo sucede con un ser poderoso pero imperfecto, que acaba por convertirse en un abstracto Dios omnipotente y perfecto. 
El mundo ideal de Platón, tiene elementos propios de un ingenioso disparate religioso, como su afirmación de que antes de nacer nuestras almas han vivido en el Mundo de las Ideas y allí han contemplado todas las perfecciones, por lo que al nacer morimos; o que, debido a lo anterior, conocer consiste en recordar: recordar aquello que ya habíamos contemplamos en el mundo Ideal. Sin embargo, a pesar de estos rasgos de fantasía paradójica, la teoría de las ideas de Platón tienen inesperadas consecuencias prácticas si la aplicamos a terrenos como las mátemáticas. En cuanto a los arquetipos de Jung, son una modesta imitación de los mundos platónicos y se mueven en un terreno ambiguo, pues Jung nunca se decidió a afirmar o negar que esas figuras arquetípicas fueran o no producto de la evolución y del proceso de la selección natural.

El dios nórdico Loki, ejemplo de la figura del Trickster, tramposo o engañador

En cuanto al lingüista Noam Chomsky, su propuesta es que todos los seres humanos poseemos un lenguaje innato. O al menos una gramática innata. Chomsky pensaba, y supongo que sigue pensando, que no era posible explicar las capacidades lingüísticas del ser humano mediante un sencillo mecanismo de imitación.

Esa era la tesis del conductismo acerca del lenguaje: que imitamos el comportamiento de otros miembros de nuestra especie. Entre esos comportamientos está reír, camimar sobre dos piernas, en vez de a cuatro patas, o emitir sonidos por la boca que se asocian a ciertos objetos o actos: gritamos el nombre de un objeto y nos dan ese objeto (por ejemplo, un chupete), o incluso conseguimos que un objeto venga a nosotros, por ejemplo, si el objeto deseado es esa cosa que se mueve y que después llamaremos “padre”.

La teoría conductista puede parecer tentadora a primera vista, puesto que se puede lograr aprender muchas cosas simplemente imitando, pero Chomsky pensaba que no conseguía explicar el complejo funcionamiento del lenguaje humano y el de un hablante, que no se limita a imitar, sino que puede ser creador de nuevas formas, por ejemplo de frases que nunca ha escuchado. Así que Chomsky, para explicar estas complejidades, postuló, frente al conductismo, otra teoría: que poseemos una gramática innata.

Continuará


[Publicado en 2006 en Pasajero. Revisado en 2017 (en verde)]

 

LA GRAMÁTICA INNATA DE CHOMSKY

SIGNOS

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Perkins Gilman y lo humano

Perkins Gilman y lo humano /0

Perkins Gilman habla en Un mundo hecho a la medida del hombre de las características femeninas y las masculinas, pero ya dije que no cae en ese pseudobiologismo hoy tan extendido que dice una y otra vez que hombres y mujeres son diferentes. Al contrario.

En primer lugar Perkins Gilman señala esa curiosidad que conocen los etólogos o estudiosos del comportamiento animal: que en muchas especies el macho tiene un comportamiento que se parece al de la hembra humana. Se refiere a la exhibición y los adornos, a los elementos de seducción, comportamiento del que el ejemplo animal más llamativo es el macho pavo real, con sus impresionantes plumas que parece que sólo tienen la utilidad de deslumbrar a la hembra. Las plumas dice Perkins Gilman son masculinas, no femeninas, lo que hoy en día tiene un doble sentido, insospechado en la época de Gilman, supongo.

Esta es una de esas paradojas que ponen en entredicho las simplistas calificaciones de masculino y femenino. Ahora bien, no se trata de descubrir qué es realmente femenino y qué es realmente masculino haciendo una estadística de todos los animales conocidos. Creo que a día de hoy ese tipo de ejercicios son inútiles, sean cuales sean los resultados.

André Gide intentó en Corydon demostrar que la homosexualidad era la conducta dominante entre los animales. Recuerdo que cuando leí el libro me pareció bastante convincente, como suelen resultar todos los libros de biología que intentan mostrar la ventaja adaptativa de este o aquél comportamiento (como El Gen egoísta de Dawkins). Porque lo cierto es que entre los animales se da prácticamente todo tipo de comportamiento, así que es fácil demostrar casi cualquier cosa.

Pero sea cual sea el resultado de esas estadísticas entre lo masculino y lo femenino, insisto en que no tiene importancia. Perkins Gilman lo sabía, como lo sabía Aristóteles o Pico de la Mirándola. Lo masculino y lo femenino como tales quedan cancelados por algo superior en nuestra especie: lo humano.

En esta investigación junto a Perkins Gilman intentaré encontrar algún tipo de definición o al menos de comprensión de lo humano, más allá de lo masculino y lo femenino.

Continuará…


[Publicado en 2005]

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El efecto Shakespeare

DEFENSA DE SHAKESPEARE Y ATAQUE /1

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Se dice que Shakespeare es el autor acerca del que más se ha escrito y probablemente es cierto. Aunque he leído muchos libros dedicados a él, cada vez que veo uno nuevo, siento deseos de leerlo. No creo que me canse nunca.

Por lo general, fatiga dar vueltas y vueltas a un mismo asunto, pero Shakespeare siempre es nuevo, o al menos siempre es interesante. Además, es un autor que hace interesantes a quienes hablan de él. Shakespeare podría servir como ejemplo contrario al principio de incertidumbre de Heisenberg que asegura que el observador modifica lo observado, pues en su caso es lo observado (sus obras) lo que modifica al observador (el lector).

Este misterio del interés continuo inquieta a los expertos en Shakespeare, que buscan qué es lo que distingue a Shakespeare de sus contemporáneos, de Christopher Marlowe, Thomas Kyd, Ben Jonson, Thomas Midleton o John Ford y qué es lo que hace que los críticos siempre tengan algo interesante que decir cuando hablan de Shakespeare.

Ahora bien, no se debe suponer que basta con entregarse a Shakespeare sin más: lo cierto es que el efecto Shakespeare aumenta en proporción directa a lo que aporta cada lector: nos mejora si nosotros somos mejores. Cada vez que vuelvo a leer un libro de Shakespeare, o veo una película, o veo representada una de sus obras en el teatro, descubro detalles que no vi antes. Algunos no los vi por descuido, pero otros se me escaparon porque para percibirlos necesitaba saber cosas que todavía no sabía. Necesitaba ser más listo, más culto, haber experimentado más decepciones y alegrías.

Continuará…


prefacioashakespeare

Defensa de Shakespeare y ataque

Ver también: Escribir sobre Shakespeare

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WILLIAM SHAKESPEARE