CÓMO PENSAR MEJOR

|| Cómo leer a los filósofos

Koninck, Filósofo meditando en su lectura

Koninck, Filósofo meditando en su lectura

1. Leer a los filósofos directamente, en sus obras originales.

2. No anteponer prejuicios de ningún tipo, ya se refieran al aspecto físico del filósofo, a la utilización de su filosofía por uno u otro grupo, a la raza o a la nacionalidad o las preferencias sexuales, a su pertenecia a una u otra escuela o a su enfrentamiento con ésta o aquélla otra, a que esté de moda o no lo esté, a quienes le defiendan o a quienes le ataquen actualmente.

3. Una vez comenzada la lectura, no es correcto descalificar al filósofo a partir de un pequeño detalle erróneo que encontremos en sus obras. Incluso los filósofos más rigurosos no han podido evitar ciertos errores de bulto: machismo, nacionalismo y racismo. Sólo mediante una lectura serena y a fondo será posible decidir si ese o esos pequeños detalles son parte importante o fundamental de las concepciones filosóficas del filósofo estudiado. Es decir: si ese pequeño detalle se deduce necesariamente de la filosofía elaborada por nuetsro pensador, haciendo imposible tal filosofía sin dichos detalles.

4. No dejarse tampoco deslumbrar por aciertos ocasionales para proclamar nuestra adhesión total al filósofo. Muchos filósofos han escrito páginas magistrales y, sin embrago, sus intenciones han sido deleznables (su concepción política y religiosa, etcétera).

Aunque hay gente -sobre todo hegelianos- que dicen que si tomas una opinión de un filósofo determinado, entonces has de tomar todo su sistema (pues si no actuarías frívolamente), mi opinión personal es que es perfectamente lícito tomar o citar argumentos de un filósofo al que no se acepta de forma general, e incluso utilizar tales argumentos para defender ideas opuestas, siempre y cuando no se pretenda que aquel filósofo defendía tales ideas.

[Esto puede parecer una aberración a algunos, pero, para que se vea que no se trata de tal cosa, pondré un ejemplo en el que se verá claramente… ]

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Uno o dos años después, amplié este texto: Reglas para leer textos de filosofía


 

 

Originally posted 1989-04-24 12:01:11.

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LA CIENCIA CONTRA LA MAGIA

La ciencia de la magia /1

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John Dee realizando un experimento ante la reina Elizabeth I de Inglaterra

 

Toda tecnología lo suficientemente
avanzada es indistinguible de la magia.

Tercera Ley de Clarke

Arthur C.Clarke, autor de
2001, una odisea del espacio

 

Hoy en día tendemos a pensar en la magia, la alquimia y la astrología como lo opuesto a la ciencia, pero, en cierto modo, son expresiones de una misma manera de ver la realidad. James Frazer decía que la magia era la hermana bastarda de la ciencia, y no le faltaba razón, aunque quizá sea necesario aclarar que la hermana mayor es la magia, que se remonta al menos 4000 años en el pasado (tal vez a 10.000 o 30.000), mientras que la ciencia como tal apenas ha cumplido 300 o 400.

La principal similitud entre la magia y la ciencia es que ambas son materialistas o mecanicistas; ambas creen en las relaciones de causa y efecto: las cosas no suceden porque sí, por puro azar, pero tampoco por el designio de un Dios caprichoso. En ciertos aspectos, la magia y la astrología son más materialistas que la ciencia moderna, pues no se conforman con decir que la luna produce las mareas, sino que aseguran que alguien que nazca bajo su influjo será ciclotímico, desordenado, poético, protector, perezoso, soñador, disperso, tierno, sensible, sentimental e indolente, o incluso que se convertirá en hombre lobo los días de luna llena.

Existen dos tipos fundamentales de magia, la magia imitativa u homeopática y la magia contaminante o por contacto.

Louvrevoodoo

Estatuilla egipcia (siglos II aI III) para practicar lo que hoy llamamos vudú

La magia homeopática o imitativa dice que lo semejante produce lo semejante (homo significa “igual”, “lo mismo”). Si fabricamos una figura de cera que representa a la persona a la que queremos perjudicar y luego la arrojamos al fuego, del mismo modo que arde la figura, así arderá de fiebre la persona: “No es cera esto que estoy quemando;
Es el hígado, el corazón y el bazo de fulano de tal lo que quemo”.

En cuanto a la magia contaminante o por contacto, afirma que las cosas que han estado juntas mantienen una conexión aunque ahora estén separadas. Si se tiene algo que ha pertenecido a una persona, cabellos, restos de uñas, secreciones de cualquier tipo, se puede influir en ella a distancia.

Frazer cuenta el caso de una criada inglesa del siglo XIX que impidió que se tirara el diente de leche de un niño, porque si lo encontraba algún animal y lo roía los dientes del niño serían como los del animal. Eso le pasó, explicaba la criada al señor Simmons, que tenía un diente largo y enorme porque su madre había tirado uno de sus dientes de leche a una pocilga.

Un método mágico, que se halla en la difusa frontera entre la magia imitativa y la contaminante consiste en influir sobre alguien empleando tan sólo su nombre. Es por eso que el nombre del dios hebreo YHVH era secreto, pues sólo así se puede conseguir que el dios de los hebreos siga siendo su propiedad y no pueda ser atraído por otro pueblo. Los romanos, por ejemplo, tenían la costumbre de robar los dioses extranjeros, para lo cual primero tenían que descubrir el nombre secreto de ese Dios.

La explicación de la efectividad de la magia, en definitiva, se resume en una de las ideas básicas del hermetismo y de la astrología: “Como es arriba, así es abajo”. El muñeco no sólo representa a la persona, sino que es la persona. Las uñas, los cabellos contienen la esencia de la persona, algo con lo que estaría de acuerdo cualquier experto de la serie policíaca CSI, que a través del examen de un simple cabello puede conocer el ADN de un sospechoso, y también si ha bebido o se ha drogado en los últimos seis días.

Continuará….


la verdadera historia de las sociedades secretasEste texto es un fragmento de la introducción a los capítulos dedicados a las sociedades secretas relacionadas con la magia en mi libro La verdadera historia de las sociedades secretas

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El versión digital: La verdadera historia de las sociedades secretas


CIENCIA Y MAGIA

Originally posted 1989-04-24 12:01:11.

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La relatividad del relativismo

nube-palabra-abstracta-para-relativismo-con-etiquetas-y-terminos-relacionadosAlgunos pensadores tienen la curiosa costumbre de defender una idea con ardor hasta lograr que signifique lo contrario de lo que siempre ha significado. Uno de los éxitos más recientes en este sentido el de esa corriente antropológica, luego filosófica, luego política y luego popular y cotidiana que se conoce como “relativismo”. Naturalmente, no me estoy refiriendo a la teoría de la relatividad de Einstein, ni siquiera al relativismo epistemológico sino tan sólo al relativismo cultural.

El relativismo cultural nació de una idea muy sana y razonable, la del respeto a otras personas y a otras culturas, la idea de la tolerancia, la amplitud de miras y el rechazo al dogmatismo y el etnocentrismo. Pero esa idea sana y muy recomendable acabó enfermando hasta convertirse en lo que es hoy: una justificación del abuso, la crueldad, la discriminación y cualquier otra cosa… que haga una cultura ajena.

Todo queda justificado y tolerado siempre que proceda de una cultura que no es la nuestra, porque cualquier barbaridad que alguien pueda cometer ya no puede ser juzgada si pertenece a otra cultura. De este modo, el relativismo cultural se ha convertido en el mejor ejemplo de aquello que decía Chesterton: “El error es una verdad que se ha vuelto loca”. Es una de esas verdades que eran válidas en ciertos contextos, en cierto campo de acción, pero que se vuelven locas al querer aplicarlas de manera absoluta e indiscriminada a todo lo existente.

Es obvio que Freud hizo muy bien al descubrir o redescubrir el gran papel que la sexualidad tiene en la infancia, lo que causó el mayor de los escándalos en su época, pero que hoy aceptamos con bastante naturalidad aunque todavía no con toda la naturalidad deseable. Pero cuando Freud convirtió su descubrimiento en una explicación para todo lo que existe, entonces esa verdad se volvió loca y se convirtió en un error. Lo mismo le sucedió a su discípulo heterodoxo Adler, que descubrió la importancia del ansia de poder y que entonces decidió explicar ahora por el poder todo lo que antes Freud explicaba por el sexo.

El relativismo también tiene entre sus precursores a muchas personas justamente célebres. A todos los que se separaron ya hace varios siglos del etnocentrismo, un vicio habitual en casi cualquier cultura, porque el etnocentrismo no es sólo eurocentrismo, sino también africanocentrismo, cristianocentrismo, incacentrismo, aymaracentrismo o sinocentrismo (no en vano los chinos llaman a su país Zhong Guo o País del Centro). En Europa, hace varios siglos, algunos pensadores se opusieron a esa obsesión por la superioridad de las normas de la propia cultura. Lo hizo Montaigne, lo hicieron muchos de los ilustrados franceses y lo hizo Goethe, que se atrevieron a mirar más allá de sus fronteras nacionales o étnicas. No sólo sintieron una curiosidad enorme hacia otras culturas, sino que también intentaron escuchar lo que decían otras gentes, aplicando lo que entonces se llamaba tolerancia, una palabra que quizá suena demasiado paternalista pero que sigue siendo válida, como intentaré demostrar más adelante.
MontaigneMontaigne, en su ensayo De los caníbales (que inspiró a Shakespeare La tempestad y su personaje Caliban), se preguntó si no tendrían razón algunas de esas personas “primitivas” que los europeos se habían encontrado en América. Se aventuró a sugerir que algunas de sus prácticas serían beneficiosas y aplicables en Europa, incluso el canibalismo, y que muchas de las nuestras eran más bárbaras que las suyas. Sin embargo, eso no le hizo justificar  las prácticas crueles o sanguinarias. Diderot, en su Suplemento al viaje de Bouganville, se hizo preguntas semejantes y se mostró partidario de lo que se suponía que practicaban los habitantes de Tahití: una especie de amor libre en el que el concepto de fidelidad era considerado absurdo.

Emperador Ming-Muchos otros, como Leibniz o Voltaire admiraron algunas formas de organización del Imperio Chino, pero no cayeron en una idealización de lo chino exagerada, como han supuesto algunos historiadores, puesto que la China de la que les llegaban noticias era la de la dinastía Ming, en ese momento probablemente más avanzada en muchos sentidos que Europa. Tras la caída de los Ming a manos de una dinastía extranjera, la de los manchúes, la Qing, China perdió esa ventaja y todavía no la ha recuperado, aunque es posible que lo haga en las próximas décadas. Pero la admiración hacia la dinastía Ming estoy seguro de que no les haría justificar (si lo hubieran conocido, cosa de la que no estoy seguro) prácticas abominables como el vendado de pies de las mujeres.

Goethe, Diván de Oriente y Occidente

Goethe, Diván de Oriente y Occidente

Por su parte, Goethe, se interesó por el Lejano Oriente, pero también por la gran cultura del Islam, y con su Diván de Oriente y Occidente buscó lo mejor de los dos mundos e incluso se consideró a sí mismo musulmán, entre otras muchas cosas que Goethe se consideraba, como panteísta, siempre a su manera única, moderada y extravagante al mismo tiempo.

Todos estos escritores y filósofos no es que fueran tolerantes de una manera paternalista, sino que estaban realmente interesados en aprender lo que otras culturas y  gentes educadas de distinta manera pudieran enseñarles. Su investigación y comparación con lo diferente les llevaba a proponer mejoras para su cultura, pero también para la ajena.

Por el contrario, los relativistas culturales, a pesar de proclamar ardientemente su respeto a las otras culturas, adoptan una actitud peor que cualquier paternalismo, porque son quienes más desprecian a las culturas ajenas, al no considerar ni siquiera posible discutir con ellas. Porque, en efecto, sucede que en una conversación franca y equilibrada uno debe estar dispuesto no sólo a cambiar de opinión sino también a intentar que el otro cambie de opinión dándole buenos argumentos, precisamente porque lo respeta y lo considera un interlocutor que es capaz de escuchar y que acepta llegar a ser convencido. El buen relativista cultural, por el contrario, está dispuesto a escuchar y entender el punto de vista ajeno, pero por alguna extraña razón, tan solo de la misma manera que un psicoanalista escucha pacientemente a su paciente o un cura a su pecador. Convierten cualquier diálogo en un monólogo de una única dirección. La diferencia es que el psicoanalista y el cura se reservan el veredicto final. Los antropólogos relativistas, puesto que no quieren juzgar, han concluido que tampoco deben dialogar.

Otro defecto más grave de los relativistas culturales es que cuando dicen respetar a una cultura, en realidad lo que hacen es respetar a los poderosos de esa cultura, a aquellos que, escudándose en tradiciones culturales, abusan de sus ciudadanos, que a la mayoría de las veces ni siquiera son ciudadanos, sino tan sólo súbditos, siervos o esclavos.

Las culturas, sin embargo, no son entes homogéneos, sino una mezcolanza de tradiciones, costumbres, obras literarias y orales, discusiones y debates, que son llevadas a cabo por personas de carne y hueso, cada una con sus propias opiniones acerca de lo que esa cultura es o debe ser. Hay personas que aunque pertenecen a una cultura no se sienten identificadas con ella, y también, por supuesto, hay variedades culturales muy diversas en una misma cultura, con valores a veces opuestos. A todas esas personas, a todas esas posibilidades, los relativistas las olvidan y las subsumen en una construcción teórica llamada “Cultura”, en cuyo nombre todo es justificable.

Hace poco pudimos escuchar a uno de estos relativistas culturales decirlo claramente: “Su ideología fue el desencadenante de sus acciones, que deben ser consideradas desde el punto de vista de la cultura a la que pertenece”. Y no, por tanto, desde la nuestra.

¿Qué quería justificar este relativista cultural con esa apelación a una cultura diferente?

El asesinato de 77 personas en Noruega a manos de un tal Breivik. A continuación, ofrezco las palabras del abogado de Breivik, y espero que el lector esté de acuerdo en que no he manipulado su sentido al parafrasearlas hace un momento:

“La violencia no fue el factor desencadenante de sus acciones, sino su ideología política radical. Sus acciones deben ser consideradas desde el punto de vista de la cultura de la extrema derecha”.

MussoliniLa defensa es coherente con la que hacen los relativistas culturales, aunque ellos suelen aplicar sus argumentos a los sacrificios humanos, la ablación del clítoris, el uso del velo, es decir, a cualquier cultura que no sea “occidental”.

Mucho tiempo antes, otras personas dijeron cosas semejantes a lo que dijo el abogado de Breivik, como Mussolini, cuando dijo que los sabios de Europa pensaban que no se podían discutir o juzgar culturas ajenas. Eso le hizo llegar a la conclusión de que, puesto que no se pue­den com­pa­rar de manera racio­nal ideas pro­ce­den­tes de diver­sas cul­tu­ras para intentar encontrar una verdad más o menos objetiva, lo único que queda es la fuerza:

 “Si el relativismo significa desprecio por las categorías fijas y por los hombres que aseguran poseer una verdad objetiva externa…, entonces no hay nada más relativista que las actitudes y la actividad fascistas” (Mussolini en 1923).

Este discurso de Mussolini, en el que una y otra vez se declara relativista, es una elocuente muestra de que el relativismo cultural es el camino más breve para justificar lo que parece  (pero solo lo parece) su opuesto: el etnocentrismo, es decir, la creencia que afirma que la propia cultura es superior a las demás, que, como dije más arriba, es lo que han sostenido y sostienen casi todas las tradiciones culturales. El relativismo cultural, por lo tanto, no es otra cosa que la generalización universal de la creencia en la superioridad de la propia cultura, que ahora se aplica, de un solo golpe, a todas las culturas posibles: si alguna cultura opina X, entonces X es bueno.

Por mi parte, frente a ese falso respeto de los relativistas culturales por “los otros”, prefiero a los antiguos defensores de la tolerancia y el diálogo, capaces de escuchar y también, por supuesto, de discutir y de cambiar sus propias ideas, algo que no se puede hacer si uno ha renunciado a tener ideas.


[Publicado el 27 de junio de 2012]


RELATIVISMO

Originally posted 1989-04-24 12:01:11.

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DUDA RAZONABLE

Prejuicios e intuiciones

Una de las principales razones por las que nos equivocamos una y otra vez se debe a que tenemos demasiada confianza en nuestras intuiciones. Creemos saber enseguida la respuesta para muchas cosas casi sin pensar, y eso nos llena de confianza. Es cierto que a menudo nuestras intuiciones dan en el blanco, no se puede negar. Pero el problema es que nuestra mente apenas registra nuestros errores intuitivos. Esa desproporción entre los aciertos observados y los errores que pasan desapercibidos es lo que nos hace tan propensos a razonar mal, a pensar llevados por prejuicios, a establecer leyes absurdas a partir de fenomenos puramente casuales.

He dedicado muchos libros y muchas páginas a este asunto, que atraviesa varios mundos: desde la psicología a la sociología, desde la semiótica a la estrategia, desde el pensamiento de Sherlock Holmes al de Sunzi.

En DUDA RAZONABLE reúno las entradas dedicadas de manera específica a asuntos como el descubrimiento de los prejuicios o el control y la puesta a prueba de la intuición, pero también a conocer y evitar los principales sesgos cognitivos y descubrir las virtudes del pensamiento paradójico y no dogmático.

 

 

OTRAS PÁGINAS ACERCA DE SESGOS COGNITIVOS Y PREJUICIOS

Todas las páginas dedicadas a mi libro No tan elemental: como ser Sherlock Holmes

Casi todas las páginas dedicadas a Las paradojas del guionista

CONTRA EL JUICIO INSTANTÁNEO

lapaginanoaltEn La página noALT traté hace años algunas cuestiones relacionadas
con la polarización política, ideológica e idealógica. Y en especial el uso de ideas como armas arrojadizas aquí: “La evolución de las piedras

PÁGINAS ACERCA DE CRETIVIDAD Y PARADOJAS

Creatividad y teorías bastante extravagantes

losgrandesinventosdetubau

Algunos de mis inventos

DUDA RAZONABLE

Originally posted 1989-04-24 12:01:11.

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UNA CITA CON LAS MUSAS

|| Es bueno hacer las cosas mal

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”…

Aquí puedes escuchar y ver algunas imágenes relacionadas con el primer programa de Una cita con las musas, en el que explicamos “Cómo hacer las cosas mal”. También puedes leer, bajo el vídeo, la transcripción.

José Luis Casado: Daniel va a visitarnos todas las semanas en esta sección llamada “Una cita con las musas”, para hablarnos de las musas y de la creatividad. Pero primero voy a presentarle. En uno de tus libros se lee en la contraportada: “Daniel Tubau estudió filosofía pero no es filósofo, tampoco es guionista ni director, aunque haya ejercido estas profesiones durante más de veinte años…” Entonces, ¿quién es Daniel Tubau? ¿Cómo debemos presentarte?

Dos lados izquierdos, dos lados derechos y uno de cada en Daniel Tubau

Daniel Tubau: Bueno, eso es el texto de la contraportada, y como sabes los textos de las contraportadas los escribimos los propios autores en un ejercicio de egocentrismo, así que nos ponemos todo lo bien que podemos… Y bueno, ahí quería decir que he hecho muchas cosas, que he sido guionista, director, escritor, pero que no me identifico de manera absoluta con ninguna de ellas. Que ser ser, pues soy Daniel Tubau. No me puedo definir simplemente por las cosas que he hecho. El libro se llama Nada es lo que es, así que ya se puede imaginar que si nada es lo que es, pues el autor tampoco es, ¿no?

JLC: No sé si es o no es, pero lo cierto es que el autor ha escrito libros de ciencia ficción como Recuerdos de la era analógica, o dedicados también a Sherlock Holmes, como No tan elemental. Tiene también varios de guión como Las paradojas del guionista, pero, además, y por eso te tenemos en “Una cita con las musas”, a ti te interesa de manera especial la creatividad.

 

DT: Sí, así es, me interesa la creatividad… Y este interés empezó de manera casual cuando yo estaba dando clase de guión. Doy clases en la ECAM, la Escuela de Cine de Madrid… y entonces en una ocasión comenté a los alumnos algunas técnicas creativas, algunas técnicas para superar los bloqueos, para despertar la imaginación… Y me dijeron que les interesaba mucho eso… porque, me decían: “Sabemos las técnicas del guión, coocemos las herramientas, sabemos que hay cosas que hay que hacer y cosas que no hay que hacer, pero cuando nos ponemos a escribir, cuando nos sentamos a la mesa y tienen que venir las ideas… entonces nos quedamos bloqueados… así que cuéntanos más”. Así que les conté más y poco  a poco lo he ido ampliando, hasta el punto de que ya doy cursos que solo son de creatividad. Doy literatura, guión, dirección y creatividad.

JLC: Y gracias a eso te tenemos aquí, haciendo uan sección de creatividad. ¿La creatividad está al alcance de todos, Daniel? ¿Todo el mundo puede ser creativo?

DT: Yo creo que sí. Tradicionalmente se ha creído que no, que se podía enseñar todo tipo de cosas, pero que la creatividad, el ingenio, el talento, ese tipo de cosas no se podían enseñar, que nacías con ello. Que tenías, precisamente, talento o que venía por los genes o era el destino, o que te visitaban, como nos visitarán aquí, las musas. Venían, te visitaban, venía la inspiración y entonces ya te venían las ideas. Pero en el siglo XX se empezó a investigar la creatividad en serio. Se llevó a la musa al laboratorio, digamos, y se empezó a ver cuál era el proceso creativo, cómo se podía estimular. Y se descubrió que sí, que se puede estimular, que se puede enseñar a los demás, que las personas pueden aprender cómo superar los bloqueos, cómo desarrollar ideas, y que eso está al alcance  de todos, incluso que hay unas fases del proceso creativo, que en alguno de los programas descubriremos y las contaremos.

JLC: O sea, que en “Una cita con las musas” aprenderemos a estimular la creatividad. Pero también vas a traer invitados, ¿no?

DT: Sí, voy a atraer invitados de varios tipos. Voy a traer invitados que no van a estar aquí, algunos por que están muertos… Einstein, por ejemplo, Mozart… A ellos sería complicado traerlos hasta aquí… y Steve Jobs también. Digamos, todos estos personajes o personas a las que se ha considerado genios tradicionalmente y que se ha dicho que destacaban porque no podían hacer lo que hacen los demás. Veremos que en muchos casos, o quizá en todos los casos, en realidad hay explicación para muchas de sus cualidades, su talento, su ingenio, etcétera. Además, traeré a algunos que nunca han existido, como “el hombre que nunca vivió y que nunca morirá”, es decir, Sherlock Holmes, como decían en una reciente exposición… A Sherlock Holmes lo traeré porque lo considero uno de los precursores de la creatividad y porque seguía el proceso creativo en sus investigaciones.

JLC: Lo traerás a colación, ¿no? No se va a venir un actor aquí…

DT: Pues mira, me acabas de dar una idea… estando en un programa de creatividad no sería mala idea… podríamos invitar a Sherlock Holmes en persona de actor y que nos lo cuente.

Esos serán dos tipos de invitados y luego habrá un tercer tipo de invitados que serán personas de carne y hueso haciendo su propio papel, por ejemplo guionistas de series, de las más vistas en España, que nos contarán cómo trabajan los guionistas, cómo crear una serie de televisión, cómo despertar la creatividad… Todos estos asuntos.

JLC: Fantástico. Pues todas las semanas una cita con las musas en “Madrid con los cinco sentidos”. Ya hemos presentado la sección, vamos a dar ahora unas pinceladas. Al parecer, una de las cosas que te parece más importante en el proceso creativo es aceptar hacer las cosas mal. Es bueno hacer las cosas mal.

DT: Así es, es bueno hacer las cosas mal. Suena un poco paradójico. Muchas de las ideas de la creatividad suenan paradójicas a primera vista, pero luego a medida que se explican se va viendo que son perfectamente lógicas y razonables. Esta es una de ellas: hay que hacer las cosas mal para poder hacerlas bien. Hablaremos mucho de esto, de hacer las cosas mal. Aprenderemos a hacerlo lo peor posible… Una de las personas que recomienda esto es un hombre que se llama Jack Mattson, desde Estados Unidos, en la Universidad de Michigan. Él hacía un curso de escuela de negocios, de ingenieros, y entonces se dio cuenta de que sus alumnos no eran muy creativos. Les proponía hacer el diseño de un nuevo producto para venderlo, y lo que hacían era muy tópico, incluso era muy cobarde en cuanto a imaginación. Y entonces decidió hacer un curso que se llamase “Fracaso 101”. En Estados Unidos, 101 significa algo así como “curso introductorio”. Geografía 101 sería introducción a la geografía. Y entonces hizo Fracaso 101, un curso en el que los alumnos tenían que fracasar, diseñar un producto horrible, que no se pudiese vender, que tuviese el peor gusto del mundo, que no pensasen en Apple como referencia, en Macintosh, sino que pensasen en lo más cutre que se les ocurriese… y a partir de ahí se disparó la creatividad de manera asombrosa en las clases de Mattson.

Jack Mattson en una charla TED. A pesar de que al principio tuvo problemas en la Universidad por su curso para aprender a fracasar, Mattson acabó por recibir el premio nacional de Estados Unidos al mejor educador.

JLC: Entonces, ¿que debemos pensar de eso? Que es más fácil ser creativo haciendo las cosas mal, no de tanto nivel, o que simplemente la creatividad depende de los objetivos y de cómo nos planteamos un problema?

DL: Efectivamente, es en parte un asunto psicológico. Si tenemos ese afán de perfección, ese deseo de hacerlo pulido y perfecto…

JLC: Nos bloqueamos.

DT: Nos bloqueamos. La perfección es muchas veces un mecanismo para no hacer las cosas. Queremos hacerlo muy bien, muy bien, lo vamos postergando, lo vamos dejando y dejando y cuando no tenemos más remedio que hacerlo lo hacemos de cualquier manera, y entonces ya no tenemos tiempo para rectificar…

JLC: Claro, pero hacer las cosas mal a propósito parece complicado…

John Vorhaus

DT: Sí, parece complcado, pero hay algunos métodos. Te voy a contar rápidamente dos métodos en este primer programa. Los dos son de un comediante, de un guionista de comedia llamado John Vorhaus. Uno de esos métodos es la regla del 9.

JLC: A ver…

DT: La regla del 9 consiste en que de cada diez cosas que escribes, 9 son una auténtica basura, no valen para nada, solo para tirar a la papelera. Claro, parece absurdo a primera vista, pero esto lo que hace es eliminar a tu juez interior, a ese bicho que tenemos dentro que siempre te está diciendo: “Qué mal lo estoy haciendo”, “Este chiste lo he visto en algún lado”, “Esto ya lo hizo Billy Wilder en el 54″… Y entonces eliminas al juez interior, te permites hacerlo mal y dices: “Bueno, esto que estoy haciendo es malísimo, pero llevo tres veces , todavía puedo hacerlo otras seis veces mal hasta cumplir la regla del 9, me queda mucho todavía”.

JLC: Vale. Nos da rienda suelta

DT: Exactamente. Nos libera de ese juez.

JLC: ¿Y la segunda?

DT: La segunda técnica de Vorhaus son los chistoides. Un chistoide, dice Vorhaus, es una cosa que parece un chiste, huele como un chiste, tiene la apariencia de un chiste, pero no tiene ninguna gracia. Ni la más mínima gracia. Vorhaus dice: “Yo uso mucho los chistoides. Cuando estoy escribiendo un sketch y no se me ocurre nada gracioso, lo que hago, en vez de bloquearme o pararme y dejar de trabajar, es poner un chistoide y continuar escribiendo. ¿Me encuentro otro chiste? Pongo otro chistoide. Y cuando lo tengo completo (ya veremos la importancia de tener las cosas completas), reviso otra vez todo el sketch y voy cambiando los chistoides por chistes”.

JLC: Me parece fantástico. Te esperamos la semana que viene para que nos sigas enseñando cómo fracasar.

Continuará


Originally posted 1989-04-24 12:01:11.

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EN LAS FRONTERAS DE LA CIENCIA

|| 1.Homeopatía y frenología

En los últimos años el debate acerca del carácter científico de diversas creencias, teorías o hipótesis ha ocupado el primer plano de la actualidad: la homeopatía, las flores de Bach y las diversas filosofías o técnicas orientales, como el reiki, el yoga, la acupuntura o el ayurveda. Al mismo tiempo, y a menudo asociado con de lo anterior, se propagan teorías conspirativas, como la que dice de que las vacunas no sirven para nada o que trasmiten peligrosos virus para dominar o exterminar a la humanidad.

Es improbable que estas creencias sean aceptadas algún día por la comunidad científica y me temo que la mayoría serán descartadas como mera palabrería. Quizá alguna sea validada mediante pruebas fiables, pero casi todas seguirán, quizá para siempre, en el limbo de lo dudoso, de lo falso o de la simple estafa.

Podemos tener la certeza de que una de las que serán descartadas, al menos en su formulación actual, es la homeopatía, que en nuestros días ocupa un lugar en el imaginario colectivo semejante a lo que fue el mesmerismo en el XVIII y la frenología en el siglo XIX.

El mesmerismo, propuesto por Franz Mesmer, hablaba de un flujo eléctrico que nos recorría y que podía ser restablecido, y con él la salud, mediante el magnetismo animal. El propio Mesmer descubrió que poseía grandes cantidades de ese magnetismo animal, que podía trasmitir a los demás mediante métodos parecidos al reyki, con imposición de manos, e incluso a distancia, pues cuando empezó a tener muchos pacientes se vio obligado a construir una vasija para condensar y distribuir a precios económicos su magnetismo animal. El mesmerismo fue puesto a prueba y descartado por un equipo de sabios organizado por el rey Luis XVI y compuesto por el gran químico Lavoisser, por Joseph Ignace Guillotin, el físico que tuvo la mala suerte de pasar a la historia por un invento que lleva su nombre (él era contrario a la pena de muerte y el artilugio fue inventado por el médico Antoine Louis), por el astrónomo Jean Silvayn Bailly y por el inventor Benjamin Franklin.

La frenología consideraba que la forma del cráneo revelaba la personalidad y que se podía distinguir a los criminales, a los líderes o a los artistas observando  el tamaño y la forma de su cráneo. La frenología tuvo más suerte que el mesmerismo y durante mucho tiempo fue considerada por muchos expertos como una ciencia, e incluso hubo médicos que la aplicaban de modo oficial, como hoy sucede con la homeopatía, y se estudiaba en algunas universidades.

“La Sociedad Británica de Frenología se fundó en 1881. Para entonces, era común ver en los consultorios médicos unos peculiares modelos de cabezas diseñados por el americano Lorenzo Fowler. Dichos modelos ilustraban los diversos órganos de las facultades. Las parejas jóvenes a menudo se sometían a lecturas prematrimoniales para determinar su compatibilidad, y los científicos de la aptitud coleccionaban cráneos con “bultos” que delatasen los rasgos de sus dueños originales, como quien colecciona curiosidades”.    [1] E.J.Wagner, La ciencia de Sherlock Holmes

Moriarty, el temible enemigo de Sherlock Holmes, era un creyente en la frenología, aunque el cráneo del célebre detective le decepcionó: “Tiene usted un desarrollo
frontal menor al que habría esperado”. Tal vez debemos atribuir a esta creencia en una seudociencia, la razón por la que Moriarty subestimó a Holmes, lo que a su vez hizo que fuera vencido por el detective en el combate final en las cataratas de Reichenbach.

Con el tiempo, sin embargo, la frenología acabó siendo arrojada al desván de las supersticiones.

Reverso de una camiseta diseñada por TXStyle en homenaje al dulo Moriarty-Holmes

¿Y qué quedó de la frenología y el mesmerismo?

Continuará…

♠♠♠♠

Originally posted 1989-04-24 12:01:11.

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CREATIVIDAD

Desde hace bastantes años la idea de que no se puede enseñar la creatividad esta cambiando y se va abriendo paso la convicción de que la creatividad sí que se puede enseñar. Hace tiempo, las organizaciones de ayuda a países pobres repetían un lema muy razonable: mejor que dar un pescado al que tiene hambre es enseñarle a pescar. Pero hay algo mejor que enseñarle a pescar: enseñarle a pensar. Porque los peces se pueden acabar y entonces será mejor que sean capaces de pensar en otra manera de conseguir alimento, por ejemplo con la caza o con la agricultura.

Yo estoy entre quienes piensan que la creatividad se puede enseñar.

grahamwallasguyer-photography-graham-wallasEl estudio del proceso creativo comenzó a caminar con paso firme en el siglo XX, primero con las propuestas del matemático Henri Poincaré y después con los primeros estudiosos, como Charles Webb Young o Graham Wallas. Se inició entonces una disciplina que recogía algunas intuiciones de los románticos e inspirados, pero sometiéndolas al escrutinio de la razón y la contrastación. Se ha mostrado que la creatividad no depende de las musas, ni del destino ni de una genialidad innata. El resultado ha sido una mezcla curiosa entre ideas como “inspiración” , “revelación” o “intuición” y la observación y la experimentación, que ha logrado, en cierto modo convertir lo etéreo en materia sólida.

En esta sección de mi sitio web, reúno enlaces a secciones o entradas que tratan de una manera más o menos directa con la creatividad, la invención o el estudio del proceso creativo.


Creatividad y teorías bastante extravagantes