Máscaras tangenciales
NO LUGAR 30

Ensayo sobre las máscaras /13

Avión Ciudad de Barranquilla en la pista del Aeropuerto de Lima

[Domingo 28 de diciembre de 1997]

Una libreta que compré en el aeropuerto de Lima

 

Acabo de hablar de máscaras que persisten más allá de la vida, pero ahora puedo hablar de una máscara que puede salvar la vida de su propietario. Dice la azafata o aeromoza: “En caso de despresurización del avión colóquese la máscara sobre el rostro y respire…”

Naturalmente, son máscaras de una manera tangencial: no esconden ni simulan o disfrazan, quizá su única función de máscaras es que se colocan sobre el rostro.

Máscaras sobre personajes que arderán en representación del año viejo

Originally posted 1997-12-28 23:32:04.

Muchas máscaras
NO LUGAR ~19

Ensayo sobre las máscaras /8

Avión en la pista del Aeropuerto de Quito

[Viernes 12 de diciembre]

 

Escribí sobre el Atlántico aquello de la necesidad de llevar una máscara si queremos aplicar las ideas del “Vive oculto” y “Esconde tu juego”.

Ahora bien, podemos preguntarnos: ¿por qué seguir esas ideas de ocultamiento?, ¿por qué no mostrar nuestro juego y que así sepan los demás a qué atenerse?, ¿por qué aceptar la estética del ocultamiento en vez de la ética de la manifestación?

Sería largo explicar la conveniencia de esas ideas, pero, se podría decir, de una forma simplista, que, a causa de muchas experiencias repetidas, uno acaba llegando a la conclusión de que cuando ha mostrado su juego se han producido ciertas consecuencias indeseables.

Pero, bueno, todo esto es muy vago: ¿de qué juego se trata?, ¿y qué malvadas, o al menos sospechosas, intenciones se esconden tras alguien que cree que debe esconder sus intenciones?

Ninguna.

De todos modos, aunque aceptemos en cierto modo lo de vivir ocultos, todavía nos quedan muchas máscaras donde elegir.

Una de ellas es la del camaleón: mimetizarse con el ambiente para pasar desapercibido. No es mala máscara, pero acaba obligándote a compartir estupideces y tolerar bajezas; es peligrosa para tu propia integridad moral y psicológica. El mayor peligro de la máscara del camaleón es que acaba por fundirse con tu propio rostro y termina por resultar imposible arrancarla: de pronto te das cuenta de que te has convertido en lo que fingías haberte convertido. He visto a muchos amigos y conocidos sufrir esta tremenda transformación.

Otra máscara es la del hombre invisible: ser tan insípido que nadie advierta tu presencia, o que, aunque la advierta, no considere necesario convertirte en su aliado ni en su enemigo. Durante mucho tiempo quise ser el hombre invisible. Más tarde pensé que sería mejor ser Metamorfo, el hombre cambiante, un personaje de los tebeos de la editorial Novaro, que leía de niño. Esta sería una máscara interesante, sin duda, la del hombre cambiante, que tiene diferentes personalidades en diferentes circunstancias, que se adapta a diferentes ambientes y personas, no por mimetismo, sino por simpatía o empatía, o quizás por simple sentido común.

El colmo de la perfección sería poseer varias máscaras para los diferentes ambientes, pero que todas ellas fueran verdaderas, es decir, coherentes con tu carácter, que no te obligasen a envilecerte ni a violentarte. Algo así, creo, he conseguido en los últimos años, desde la enfermedad: muestro diversos juegos que son bastante reales, pero nunca todo mi juego.

¿Y quién conoce todo mi juego?

Nadie, excepto, tal vez, yo… y Dios, si existiera.

En ocasiones, sin embargo, se me escapa algún detalle de otra máscara, como cuando bailo delante de la gente del trabajo o cuando la noche en que, tras la grabación en Disneylandia, fui a bailar y me puse pendientes, lo que sorprendió a los que me conocen con mi máscara de trabajador formal y responsable.

Estos excesos, estos deslices en el ocultamiento, son inevitables de vez en cuando y está bien que Raúl me rebautizara como “Doctor Jekylll y Mister Hyde”, como ya lo hicieron antes Ana e Inés con lo de “Doctor Jekyll y Mister Tubi”. Esta doble personalidad me proporciona cierta libertad e impunidad: lo que ellos ignoran es que yo no soy el que conocen habitualmente (el doctor, el trabajador formal), sino el otro, el ‘mister Jekyll/Tubi’, el que se trasforma, el que baila enloquecido en las discotecas.

Originally posted 1997-12-12 23:57:59.

El cielo en un no lugar
NO LUGAR 25//ESCRITO EN EL CIELO 13

Autocar subiendo de Aguascalientes a Machu Pichu

[Miércoles 17 de diciembre]

 

Escribo, por fin, en un no lugar y, al mismo tiempo, en el cielo, aunque no en un avión: entre las nubes mismas, que atravesamos en nuestro ascenso a Machu Pichu.

Originally posted 1997-12-17 22:00:00.

El lugar de los demás
NO LUGAR ~2

Cafetería en la sala de espera del Puente Aéreo del Aeropuerto de Barajas (Madrid)

Lunes 1 de diciembre de 1997

En la mesa de al lado hay tres señores sentados. Llega otro, que habla con un teléfono móvil. Sin dejar de hablar, saluda a los tres. Después les dice que la lengua le mide tres metros y que ha adelgazado quince quilos por los cambios del Aeropuerto. Es todo el rato muy gracioso, esforzadamente gracioso. Se va, de nuevo hablando por el móvil, pero aparece al poco rato, y entonces comenta a uno de sus tres amigos que ha cambiado mucho de aspecto:

__¿Qué? ¿Estás soltero otra vez? ¿Habéis visto que melenita se ha dejado? Si parece un play-boy…

El otro, que además de atractivo parece un buen tipo, intenta sonreír a las gracias insulsas del gracioso.

Del mismo modo que los taxistas que despotrican a diestro y siniestro y ponen al mismo tiempo la radio o la  conexión con la central de reparto (o ambas cosas) a todo trapo, sin que eso les impida dejar de hablar con el cliente somnoliento, los graciosos se imponen a los demás, adaptan el medio circundante a sí mismos y obligan a los que les rodean a vivir en ese ecosistema trasformado.

Poco antes de embarcar veo al nuevo productor inglés, que controlará nuestro trabajo a partir de ahora en el programa de televisión que dirijo. Es un tipo interesante. No le saludo; él parece no advertir mi presencia, pero es casi seguro que me ha visto mientras escribía en este cuaderno antes de que los dos nos colocásemos en la cola. Supongo que él respeta mi intimidad del mismo modo que yo respeto la suya, una costumbre que en España no es frecuente. Aunque algunos consideran fría esta actitud, la suya y la mía, creo que el respeto a la soledad del otro se debe aplicar, en especial en los no lugares, donde las conversaciones con los conocidos suelen ser o incómodas o estúpidas. Mi demonio de la moderación me susurra al oído: “No siempre, no siempre”. Cierto. Tampoco en esto deben establecerse reglas estrictas.

 

La primera libreta

 


2011

El productor era Mark, con quien hace pocos años reanudé el contacto de una manera muy amistosa.

Originally posted 1997-12-01 10:00:45.

La máscara de Arlequín
NO LUGAR 20

Ensayo sobre las máscaras /9

Zona de espera del Aeropuerto de Lima, esperando el vuelo 419 a Lima

[Sábado 13 de diciembre de 1997]

Estoy a punto de terminar con este asunto de los no lugares y los escritos en el cielo (que tal vez llame Escrito en el cielo y en ninguna parte), porque en cuanto llegue a Cuzco, comenzaré mi cuaderno de viaje de Perú (tal vez de Tahuantinsuyu, nombre quechua de la región) y olvidaré este experimento hasta el regreso.

Han sido muchos días, once o doce, que me parecen ahora meses, debido precisamente a estos escritos que lo llenan de densidad y de intensidad.

Pensé en pasar, durante mi estancia en Cuzco, todas estas notas al cuaderno que compré en Argentina, pero no lo haré, por dos razones:

1) Me quitaría tiempo para el cuaderno de viaje

2) Es mejor pasarlas directamente al ordenador, añadiendo los dibujos y fotos que he pensado o que ya llevo conmigo.

He pensado también hacer figuras de aviones y trenes con las letras de los textos, como aquellos caligramas de Apollinaire, y algunos otros detalles.

En cuanto a las máscaras, ayer tomé una chicha en un café: en mi mesa había un retrato de Arlequín.

Entré en una librería y vi un anuncio de “Arlequín servidor de dos señores”, de Goldoni, pero ya no se representaba (si no, probablemente habría ido a verla, a pesar de mi cansancio). En otra librería vi un libro titulado “Máscaras del Perú”

 

Y en cuanto a los no lugares, en la zona de espera de Bogotá me sorprendió ver un restaurante mongol (“Mongolian”).

Creo  que también entonces, mientras esperaba el avión a Lima, pensé que sería una buena idea ir a un no lugar como la estación de Atocha, la de Chamartín, el Aeropuerto de Barajas, a escribir. Ya alguna vez me he dado cuenta, creo que fue en el Café Comercial de Madrid, de que no es difícil escribir, y mucho, en un lugar lleno de gente, siempre que esas personas sean desconocidos para ti.

 

Una cabina de teléfono, que tal vez sea en sí misma un no lugar, puede a la vez estar en un no lugar, como una sala de espera de un aeropuerto. Eso significaría que hay no lugares que contienen no lugares.

Originally posted 1997-12-13 12:00:52.

Definición de los no lugares
NO LUGAR ~5

Andén de la estación de Sant Joan (mientras espero el tren a Plaza de Catalunya)

Lunes 1 de diciembre de 1997

 

Se podría intentar una definición de los no lugares. Lo cierto es que no estoy seguro si he leído algo, y dónde, acerca de los no lugares. Tal vez se habla de ellos en el cuadernillo de Guy Debord que editó Enrique, Teoría de la deriva. ¿Es una teoría de Guy Debord o es un asunto sociológico que él trata? Sé que lo he comentado al menos dos veces con Marcos, que también leyó aquel cuadernillo.

Portada/Sobre de la edición de Teoría de la deriva,
de Guy Debord, editado por Enrique Zacanini
en sus Ediciones Texticulares

 

En fin, como hacía Aristóteles al examinar la prudencia mediante la observación de las personas consideradas prudentes, habrá que iniciar la definición de los no lugares examinando las cosas que tienen en común esos lugares que llamamos “no lugares”.

Una apresurada enumeración de no lugares: un taxi, un autobús, el metro, un tranvía, ¿un coche particular?, el vestíbulo de una consulta, de una oficina, un aeropuerto, una estación de tren, un avión, ¿la sala de reuniones de una empresa?, ¿un cine?, el vestíbulo de un cine, ¿la calle?…

¿Y qué tienen en común?

1. No están habitados de manera permanente por nadie

2. No pertenecen a nadie[DT1] .

3. Son usados por gente a la que no les pertenecen.

4. Te llevan de un lugar a otro, o su uso fundamental es permitirte esperar en ellos el medio que te llevará a otro lugar.

5. Hay que pagar para utilizarlos.

6. Son siempre lugares de paso, en los que:

a) Raramente se duerme.

b) Es difícil pasar más de 24 horas seguidas.

c) Se comparte el espacio con desconocidos.

d) Son siempre etapas de un viaje, nunca la meta o el destino.

Con todas estas características, ya se podría empezar a dilucidar si un sitio es un lugar o un no lugar. Hay que recordar, sin embargo, a Huizinga y su intento fallido de definir lo que es un juego: siempre existe algo que consideramos juego que escapa a cualquier definición propuesta.

Algunos sí pertenecen a quien los usa: el conductor de un taxi o un coche.

A veces se utilizan en soledad: una sala de espera, una escalera, un pasillo.

En raras ocasiones puedes pasar más de veinticuatro horas seguidas en ellos: la sala de espera de un aeropuerto durante una huelga de pilotos.

Así que no podemos exigir a los no-lugares que cumplan todas las condiciones. Basta con que cumplan varias, o la mayoría.

 


 [DT1] Nadie (esto es dudoso en casos como los de los taxis o un coche particular)

 


 

Originally posted 1997-12-01 18:00:33.

La persona tras la máscara

ESCRITO EN EL CIELO ~1

Ensayo sobre las máscaras /1

 Avión volando entre Madrid y Barcelona

Lunes 1 de diciembre de 1997

Original del primer “Escrito en el cielo”

 

En la revista del avión veo un anuncio que me llama la atención:

 

Al principio pensé que se trataba de una farsa, pues advertí que muchos de los signos son números:

 

 Pero después he pensado que sí puede tratarse de un menú chino: los caracteres de arriba serían los nombres de los platos y los de abajo su precio. Por eso son números. Está claro que todavía tengo que aprender mucho para ser capaz de leer un menú en chino.

Sin embargo, en mis estudios de chino, me he dado cuenta de algo curioso. En la última clase también lo comentó la profesora. Al salir, lo comenté yo con mi amigo Marcos. Se trata de lo siguiente: en chino “él” (la tercera persona del singular) se escribe:

El primer carácter es el radical, la forma simplificada del carácter de “persona”:

 

Lo curioso del asunto es que el segundo signo del carácter:

significa “también”.

De este modo, en chino, “él”, es decir “el otro, el que no soy yo pero tampoco eres tú”, se puede traducir, carácter a carácter, como “persona también”:

   

Así que, haciendo un poco de filoetimología (o filosofía etimológica), algo a lo que el chino se presta incluso más que el latín o el alemán, se podría decir que el carácter que significa “él” es el testimonio del descubrimiento de que los demás, los otros, también son como yo, que esos entes que son semejantes a mí en su exterior también lo son en su interior. Es una refutación del solipsismo, de la curiosa teoría que dice que sólo existo yo, o que sólo yo pienso.

Un descubrimiento parecido se hizo en Occidente, si es cierta la explicación etimológica de la palabra “persona”, según la cual  los estoicos utilizaron el nombre de la máscara de los actores, (per sonna, suena a través) para definir a los individuos, incluso desde el punto de vista jurídico. Allí, tras la máscara, está la persona, aunque sólo podamos escuchar su voz.

Es una etimología muy adecuada para indicar que la vida humana es como representar un papel, la metáfora tan repetida desde entonces, por ejemplo por Shakespeare y Calderón, porque los personajes del teatro eran precisamente los que llevaban la máscara, que servía para que los demás supieran a quién estaban representando.

En antropología también es un tema recurrente aquello de que quien lleva máscara puede ocultarse y, de este modo, comportarse como es en realidad.

 De todas estas cosas hablé con Marcos, ejercitándonos en este nuevo arte de la filo-etimología comparada. También recordamos aquel cuento de Stanislaw Lem en el que el héroe Ijon Tichy se disfraza de robot para organizar la resistencia humana a la dictadura que los robots ejercen en un lejano planeta.

En el cuento de Lem no resulta fácil encontrar a los humanos, porque los robots quieren exterminarlos a todos, pero tras buscar durante mucho tiempo, siempre bajo su disfraz de robot, un día el protagonista encuentra a otro humano que también se ha disfrazado de robot. Poco a poco los dos van encontrando más humanos disfrazados. Finalmente, descubren que todos los robots son humanos disfrazados y que no hay ningún robot en todo el planeta.

Según parece, Lem, que era polaco, deslizaba aquí una metáfora de la ocupación soviética de su país, cuando todos fingían aceptar el dominio ruso, pero todos lo detestaban.

A mí me gusta utilizar está fábula de los robots en mis clases de guión. Explico a los alumnos que muchas veces cuando eres contratado por una empresa te das cuenta de que se emplean métodos de trabajo que no tienen ningún sentido. Sin embargo, como eres nuevo, no te atreves a decir nada. Cuando comienzas a tener confianza con algún compañero, descubres que, a pesar de las apariencias, a él tampoco le gusta ese absurdo método de trabajo. Es probable, y yo lo he vivido más de una vez, que este cuento de la vida real acabe como el de Stanislaw Lem: descubres que a nadie le gusta el dichoso método de trabajo .

 

Eso sí, nadie se atreve a reconocerlo de manera pública: siguen escondidos bajo la máscara de trabajador convencido de lo que está haciendo.

Ejercicios de chino que llevé durante el viaje.
Se trata de un folio en forma de persiana que se despliega o pliega y
así permite ocultar los caracteres transliterados (pinyin) o la traducción,
para comprobar si se han aprendido los caracteres.

 


NOTA UN TIEMPO DESPUÉS (¿1998?):  Si decides averiguar por qué se emplea en una empresa ese método que manifiestamente no funciona, quizá recibas la siguiente respuesta: “Pues no lo sé, pero siempre se ha hecho así”. Una respuesta que recuerda otra anécdota, no sé si basada en un experimento real o no: el célebre experimento de los monos en un centro de investigación de Chicago. Se dice que en ese centro de investigación hicieron un experimento con cuatro monos que vivían juntos en una celda: colgaron un plátano y esperaron a que los monos intentarán cogerlo. Pero entonces, cuando se disponen a coger el plátano, los investigadores entran y enchufan a los monos con potentes mangueras de agua. Continúan día tras día con lo mismo hasta que los monos se cansan de intentar agarrar el plátano e incluso atacan al que se atreve a ir al plátano, pues saben que eso provocará la entrada de las mangueras de agua. Finalmente, ya los cuatro monos ni siquiera miran el plátano. Entonces los investigadores sacan a un mono de la celda y ponen otro nuevo. El nuevo, que no sabe nada, ve el plátano y se dispone a atraparlo, pero los otros tres monos se abalanzan sobre él y se lo impiden. Cuando este mono desiste de ir a por el plátano, cambian a otro de los primeros monos. Así hasta que cambian a los cuatro primeros monos. Llega un momento en el que ya no queda ningún mono que haya visto la manguera, pero siguen sin ir a por el plátano y golpean al que lo intenta. Si pudieran responder a por qué lo hacen, dirían lo mismo que se hace en las productoras de televisión o en muchas empresas: “Porque siempre se ha hecho así”.

Aunque busco de vez en cuando el experimento de los monos, no he conseguido averiguar si es real o imaginario. En Internet aparece en muchas páginas, incluso con animaciones como esta:

[tube]http://www.youtube.com/watch?v=ecY9NQNPBDE[/tube]

 

2011

Cuando hablo de filoetimología, “filo” debe entenderse como filosofía, no como filología. Es decir, el arte, la ciencia o la manía de hacer filosofía a partir de la etimología de las palabras.

Desde este momento, elegí como tema de Escrito en el cielo las máscaras, obligándome a mí mismo a escribir sobre este asunto siempre que estuviera en un avión.

2019: Ahora me parece obvio que los caracteres mezclan kanji chinos y japonés (hiragana, creo), así que es un menú japonés casi seguro.


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Busca “Escrito en el cielo”

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Originally posted 1997-12-01 12:00:10.

11
NO LUGAR ~11

Taxi al Aeropuerto de Madrid-Barajas

[ Jueves 11 de diciembre, a las 11 de la noche]

No lugar 11, escrito el día 11, que, puesto que estamos en diciembre, es el de mi cumpleaños. Bonita coincidencia numérica: el 11 es mi número preferido desde hace muchos años, tal vez desde un 11 de diciembre en que cumplí once años y tuve once años durante 11 meses y 11 días, del año 1974, cuyas últimas dos cifras suman 11 (coincidencia que, creo, entonces no advertí).

Miro el billete para ver si hay más coincidencias numéricas: hay una sorprendente: es el vuelo Avianca 011. ¿Qué más se puede pedir? Que el vuelo dure 11 horas y que salga a las 11, pero no, porque está previsto  para las 12.

 

 

 


2011

Ahora subo a Internet estas anotaciones en el año 11 del siglo 21. No está mal. La pena es que después de los atentados de las torres gemelas en Nueva York y en Madrid, el número 11 ha quedado contaminado de resonancias terribles que no me gustan nada y que pueden hacer suponer que mi predilección por él tenga alguna relación con el fanatismo y la muerte. Pero no hay relación, pues era mi número favorito, como cuento aquí en 1997, mucho antes.

Originally posted 1997-12-11 12:00:10.

No tiempo
NO LUGAR 24

Tren de Santa Teresa a Machu Pichu

[Miércoles 17 de diciembre de 1997]

También se puede encontrar una extensión del concepto de los no lugares aplicándolo a “no personas”, “no tiempo”, “no mente”.

Es decir, una de las características de los no lugares es que a tu alrededor no tienes personas propiamente dichas: la relación con los otros es formal y funcional. Hablas con el taquillero para conseguir un billete, y con un desconocido para saber quién es el último de la cola, pero no esperas más de ellos, no te planteas una relación personal, son lugares comunes, pero en los que no se crean comunidades.

Al menos en apariencia, porque, precisamente, los no lugares, por esa falta de obligaciones, por no ser propiamente terreno de nadie en particular, son los lugares más propicios para entablar amistades con desconocidos, con más razón si la relación se prolonga en el vehículo que usualmente se espera en los no lugares: el avión, el tren. Marc Augé dice que los no lugares son espacios para la aventura:

Itinerarios individuales en los que subsistía algo del incierto encanto de los solares, de los terrenos baldíos y de las obras en construcción, de los andenes y de las salas de espera en donde los pasos se pierden, el encanto de todos los lugares de la casualidad y del encuentro en donde se puede experimentar furtivamente la posibilidad sostenida de la aventura, el sentimiento de que no queda más que “ver venir”.

En cuanto al no tiempo, resulta todavía más evidente, puesto que el tiempo que se pasa en los no lugares es un tiempo con el que no se cuenta, tiempo perdido, tiempo entregado al no hacer nada, porque es un tiempo de transición, de espera y, tal vez por ello, de nuevo, y por contradictorio que parezca, es un tiempo propicio al hacer, por ejemplo para escribir o, para los ejecutivos que viajan con móvil y ordenador, para poner en orden los asuntos, la agenda, el control del tiempo, control que siempre solemos posponer cuando contamos con tiempo y cuando, además, contamos el tiempo.

Originally posted 1997-12-17 12:00:02.

Caretas, antifaces y embozos
NO LUGAR 31

Ensayo sobre las máscaras /14

Sala de espera del Aeropuerto Santa Fe de Bogotá (Colombia)

[Lunes 29 de diciembre de 1997]

En un periódico colombiano vi esta curiosa noticia, en la que se cuenta cómo en el pueblo llamado Girón la gente se pinta de negro como muestra de convivencia entre negros y blancos. La idea fue de un cura llamado Gaspar Rodriguez, que en 1562, al ver que “entre los hijos de Cristo existía un odio mutuo entre blancos y negros”, decidió traer de España una efigie de un santo negro, San Benito de Palermo. Para conmemorar la reconciliación (que todavía tardó un siglo, según parece), los blancos se ponen la máscara de negros por un día, pintándose la cara.

—————–

Puedo seguir un poco con la filoetimología, recordando un asunto que anoté al margen en Escrito en el cielo 6.

Además de “persona” y “máscara”, y del significado de los caracteres chinos que expresan ‘él’ o ‘ella’, existen otras palabras cercanas desde el punto de vista semántico: “embozado”, “antifaz” y “careta”.

No veo, por el momento, mucho interés en embozado. El embozo puede ser una capa y un sombrero de ala ancha, como en la España de hace dos siglos, cuya función fundamental parece ser ocultar.

(Seguiré luego: vamos a embarcar)

Sigo, y sin embarcar.

En cuanto a ‘antifaz’, parece derivar de ‘Ante-faz’, es decir, delante de la faz, delante del rostro, pero el cambio de ‘e’ en ‘i’ es muy interesante, pues ahora puede leerse como quien lee anti-fascista, anti-comunista, es decir: “contra-faz”, “opuesto a la faz, al rostro”, lo que expresa de manera simple pero rotunda la función de la máscara como no rostro, como simulación.

En cuanto a “careta”, parece arriesgado suponer que se ha producido el proceso inverso a antifaz, es decir, que se ha pasado de “carita” a “careta”. Si así hubiera sido, el diminutivo podría expresar la fracasada pretensión de la máscara de ser un verdadero rostro, una cara auténtica. Pero tal vez esta no sea la derivación correcta. Intento encontrar un caso similar: ala > aleta> alita. ¿Es la aleta un ala falsa?

 


Originally posted 1997-12-29 23:15:18.