La caligrafía forense en favor de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 5

EN CAPÍTULOS ANTERIORES….

En Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía, presenté a Oliva Sabuco, una filósofa de la época de Felipe II. En Defensa de Oliva Sabuco recordé el encendido elogio que el estudioso José Marco Hidalgo hizo de ella, pero en Ataque a Oliva Sabuco revelé que Marco Hidalgo cambió de opinión y acabó convenciendo al mundo entero de que Oliva no era la autora de La nueva filosofía, sino que el verdadero autor era su padre, Miguel Sabuco. Sin embargo, ya dije que ciertos detalles me resultaban sospechosos y los enumeré en Nueva defensa de Oliva.


Cuando me disponía a poner punto final a este artículo, que empecé hace muchos años, pues quise incluirlo en el primer número de Esklepsis desde que concebí la idea de la revista, encontré en Internet un nuevo dato en favor de Oliva. Se encuentra en una página feminista en la que se denuncian los intentos de arrebatar a las mujeres la autoría de sus obras.

Allí se cuenta que en 1987 los expertos del Instituto de Estudios Albacetenses sustituyeron a Oliva por su padre como autor de La Nueva Filosofía, basándose en el testamento de Miguel Sabuco. Pues bien, parece que una investigadora, Mary Ellen Waithe, ha examinado el testamento de Miguel Sabuco y señala el curioso hecho de que no finaliza como solían y suelen hacerlo todos los testamentos, es decir, con una revocación de todos los testamentos anteriores y la firma del notario y de los testigos. En el caso del testamento de Miguel Sabuco, se añade la reivindicación del libro y la maldición a Oliva. Pero, además, esa reivindicación y maldición está escrita con una letra más firme, que procede claramente de una pluma más pequeña. Waithe sugiere que ese párrafo fue añadido por Miguel Sabuco posteriormente a la firma del testamento.

La interesantísima Historia de las mujeres filósofas (en español diríamos simplemente “filósofas”)

A los que defienden la autoría de Miguel Sabuco argumentando que un hombre no miente cuando sabe que va a morir (Domingo Henares: “ante las puertas de la eternidad la verdad resplandece como nunca para un creyente”), Waithe responde que, en contra de lo que se solía suponer, Miguel Sabuco no murió en el mismo año en el que redactó y firmó el testamento, sino que vivió al menos catorce años más.

Quizá (esta es una última suposición mía), en este deseo de Miguel Sabuco de venganza póstuma contra su hija tuvo que ver el pleito que tuvo con ella y con su esposo a propósito de la dote, pues se sabe que él debía entregar un dinero que luego considero excesivo.

Waithe también se pregunta por qué el marido de Oliva firmó un pagaré a Miguel para reembolsarle los gastos que su hijo Alonso había tenido en su viaje a Portugal con la intención de publicar La nueva naturaleza bajo el nombre de Miguel Sabuco. Si era Miguel quien quería publicar el libro en portugués, ¿por qué debía pagar los gastos el esposo de Oliva? A mí este hecho me hace sospechar que Oliva quería publicar el libro en Portugal, pero que era más prudente decir que lo había escrito un hombre y no una mujer. 

Así que, como se ve, el asunto no está nada claro y hay razones para atribuir la autoría a uno o a otra, y cada lector debe elegir, con el riesgo de ser injusto con Miguel o con Oliva.

Mi opinión es que la obra debe seguir atribuyéndose a Oliva. No afirmo que la escribiera ella, ¿quién sabe?, pero hay tantas o más razones para pensarlo como las que inclinan la balanza a favor del padre. Si el padre de Descartes o el de Leibniz (o el de un autor menor) hubiese reivindicado en su testamento la autoría de la obra de su hijo, creo que nadie se lo tomaría en serio. Ese es un buen argumento en favor de Oliva, pero no es demostrativo, pues el hecho de que una injusticia se cometa frecuentemente y que las mujeres hayan sido discriminadas y silenciadas durante casi toda la historia que conocemos, no demuestra que Oliva sea una de ellas. Más poderoso me parece el argumento de que en vida de Oliva nadie parece haber hecho caso a las reclamaciones de su padre y que ambos murieron sin que la atribución se cambiara, pues aquí precisamente la discriminación podría haberse impuesto sin dificultad si en un juicio se hubieran enfrentado un padre y una hija.

Naturalmente, existen otras posibilidades de explicación y no sé si alguien propuso o si lo pensé yo en algún momento que quizá Miguel no estaba intentando reclamar la autoría, sino proteger a su hija. No recuerdo la razón exacta, pero podría tener relación con la sospecha de que la familia Sabuco tuviera orígenes judíos, aunque también se sabe que un pariente pidió la prueba de limpieza de sangre (no tener antepasados judíos) y que al parecer se la concedieron. Y también podríamos sospechar, por supuesto, que las reclamaciones no procedieran del padre, sino de otro pariente.

En fin, quizá algún día alguien demuestre definitivamente quien fue el autor de La nueva filosofía. Tal vez el tiempo me reserva ese placer.


[He hablado del caso “Oliva” pero no he dicho casi nada del libro de Oliva. Lo haré en el próximo número de Esklepsis. NOTA EN 2017: no hubo siguiente número de Esklepsis]


[Publicado en 1998 en Esklepsis nº5]

NOTA EN 2012: Al revisar este artículo de Esklepsis e investigar acerca del asunto, veo que en los casi quince años trascurridos la tesis en favor de Oliva ha ganado quizá más adeptos que la contraria. Existe una organización llamada Sociedad Oliva Sabuco que reivindica la autoría de Oliva, y ofrece buenos argumentos, como esta comparación de las firmas del padre y la hija:

Las firmas de Oliva Sabuco y de Miguel Sabuco y el apellido Sabuco tal como aparece en La nueva flosofía. Si observamos la “S”, vemos claramente que se parece mucho a la de Oliva y nada a la de Miguel, lo que parece también otro fuerte indicio en favor de Oliva. ¿Por qué iba a firmar Oliva un libro que no había escrito?


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Nueva defensa de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 4

En Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía, presenté a Oliva Sabuco, una filósofa de la época de Felipe II. En Defensa de Oliva Sabuco recordé el encendido elogio que el estudioso José Marco Hidalgo hizo de ella, pero en Ataque a Oliva Sabuco revelé que Marco Hidalgo cambió de opinión y acabó convenciendo al mundo entero de que Oliva no era la autora de La nueva filosofía, sino que el verdadero autor era su padre, Miguel Sabuco. Sin embargo, ciertos detalles me resultaban sospechosos.

Antes de examinar esos detalles sospechosos, propondré la siguiente situación imaginaria:

Situación imaginaria

Oliva Sabuco escribe La Nueva Filosofía. La obra es elogiada en todas partes. Miguel Sabuco siente envidia por la fama de su hija y decide apropiarse de la autoría. Hay que admitir que no debía resultarle difícil a un varón del siglo XVI conseguir que sus reivindicaciones fueran más respetadas que las de una mujer. Sin embargo, Oliva no acepta ceder su autoría y se rebela, todo lo cual desemboca en la maldición del padre.

Esta es una posibilidad, sobre la cual construiré la defensa de Oliva, pero más adelante se mencionarán otras. Veamos ahora los indicios que hacen dudar de que La Nueva Filosofía fuera escrita por Miguel Sabuco.

Primero: Miguel Sabuco dice en su testamento que ha dejado pruebas de su autoría en manos del escribano Villareal.

Estas pruebas no se han encontrado, como admite el propio Jose Marco Hidalgo.

Segundo: la edición original de la obra viene precedida por dos sonetos de elogio a Oliva.

Oliva de virtud y de belleza
Con ingenio y saber hermoseada,
Oliva do la ciencia está cifrada
Con gracia de la suma eterna alteza:

Oliva de los pies a la cabeza
De mil divinos dones adornada,
Oliva para siempre eternizada
Has dexado tu fama y tu grandeza.

La Oliva en la ceniza convertida
y puesta en la cabeza nos predice
Que de ceniza somos y seremos:
Mas otra Oliva bella esclarecida

En su libro nos muestra y significa
Secretos que los hombres no sabemos.

Los antiguos filósofos buscaron
Y con mucho cuidado han inquirido
Los sabios que después dellos han avido
la ciencia y con estudio la hallaron,

Y cuando ya muy doctos se miraron
Conocerse a sí propios han querido,
Mas fue trabajo vano y muy perdido
Que deste enigma el fin nunca alcanzaron.

Pero pues ya esta Oliva generosa
Da luz y claridad y fin perfecto
Con este nuevo fruto y grave historia,
Tan alto que natura está envidiosa

En ver ya descubierto su secreto,
Razón será tener del gran memoria.

Pues bien, los dos sonetos fueron escritos por el licenciado Juan de Sotomayor, que vivía en Alcaraz y, por tanto, era vecino de Oliva y de su padre. Como se ve, Juan de Sotomayor no pone en duda la autoría de Oliva en sus sonetos. Por cierto, he intentado buscar en los dos sonetos alguna clave oculta, como el nombre “Miguel”, pero no he encontrado nada.

Tercero: otro contemporáneo de Oliva, el doctor Martín Martínez elogia a la escritora “por haber tenido el valor para escribir un nuevo sistema de Medicina”

(Sin embargo, por otra documentación, no me queda muy claro si este Martín Martínez era realmente contemporáneo de Oliva).

Cuarto: Dice uno de los defensores de Oliva que ella pudo adquirir sus grandes conocimientos “a través de los estudios que llevó a cabo con el bachiller Gutiérrez, con Simón Abril, mediante el contacto asiduo del doctor Heredia, su padrino de bautizo, y a través de las predicaciones de los religiosos del lugar”. Y, ¿por qué no?, junto a su padre Miguel Sabuco. Si Miguel Sabuco, pudo obtener esos conocimientos, ¿por qué no iba a poder adquirirlos su hija? ¿Dudaríamos de la misma manera si se tratara de un hijo varón?

Quinto:  es posible que la propia Oliva temiese al publicar su libro que su padre intentase arrebatarle la autoría, pues en la primera edición de La nueva Filosofía se añade una significativa carta dirigida a Francisco de Zapata, conde de Barajas, Presidente de Castilla y del Consejo de Estado de su Majestad:

“CARTA EN QUE DOÑA OLIVA Pide favor, y amparo contra los émulos de este Libro (…) Si el Rey nuestro señor, y vuestra señoría ilustrísima en su nombre, fuese servido de concederme su favor y mandar juntar hombres sabios… yo les probaré y daré evidencias….(de que) la verdadera medicina y la verdadera filosofía es la contenida en este libro, que yo indigna ofrezco, y encomiendo a V.S.I (que representa a la Persona Real) y pongo debajo de sus alas, y amparo, y a mí con él…”

La carta termina con la frase: “Omnia vincit veritas”. Es decir: “La verdad vence a todo”, lo que quizá no sólo se refiere a la verdad de sus teorías, sino que anuncia el resultado de la temida batalla por la autoría.

Sexto: el dato que a mí me parece más importante, y que me hizo dudar de cualquier intento de no atribuir la obra a Oliva es tanto la carta anterior como la dedicatoria de La Nueva Filosofía, en la que el autor habla de sí mismo como si se tratara de una mujer: “Una humilde sierva y vasalla, hincadas las rodillas en ausencia, pues no puede en presencia, osa hablar…”

Parece muy extraño que alguien mienta en una dedicatoria al rey y que se exponga a que su mentira sea descubierta, puesto que Oliva incluso solicita que se reúna con ella una comisión real de médicos.

Quienes dicen que Miguel Sabuco es el autor de La Nueva Filosofía, o quienes sostienen que es un libro colectivo, en fin, quienes niegan que la autora sea Oliva, ¿creen que el rey Felipe II se habría tomado con humor el engaño de alguien que se finge mujer? Si el rey hubiese decidido seguir el consejo de esta carta y hubiese convocado a sus doctores, ¿se habría presentado Miguel Sabuco para demostrarles la verdad de su autoría al mismo tiempo que la falsedad de la atribución del libro?

También Martín Martínez opina que “el soberano a quien se dedicó [la Nueva Filosofía] fue demasiado grave y circunspecto para que, en materia tan importante y seria, nadie se atreviese a hablarle disfrazado”

Séptimo: la actitud del padre en su testamento, la maldición con que amenaza a su hija, no coincide en nada con los consejos que el autor o autora de La Nueva Filosofía da continuamente en su obra, aunque, como ya dije en otro número de Esklepsis (Los libros perdidos: Tritogenia) que un autor o un filósofo siga sus propios consejos es una cosa bastante rara. Así que tampoco en este caso es un argumento definitivo.

Pero hay más razones, que descubrí tiempo después y que contaré en la siguiente entrega.

Continuará…


*********

[Publicado en 1998]


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Defensa de Oliva Sabuco

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 2

En Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía, presenté a Oliva Sabuco, una filósofa de la época de Felipe II y me referí a quienes poníanen duda que la obra hubiese sido escrita por una mujer.

En 1900, José Marco Hidalgo se presentó a unos juegos florales de Albacete que proponían el tema “Biografía de un hijo ilustre de Albacete”.

El premio quedó desierto porque todos los trabajos presentados trataban de Oliva Sabuco, incluido el de José Marco Hidalgo.

En su trabajo, que recibió un accésit al que renunció, Jose Marco Hidalgo muestra hacia Oliva una admiración absoluta, y defiende la autoría de sus obras adoptando posturas progresistas en lo que a la capacidad intelectual de las mujeres se refiere, lo que resulta muy meritorio para un país en el que las mujeres ni siquiera tenían derecho a votar. Así, tras recomendar varias obras acerca de la inteligencia de la mujer, Jose Marco Hidalgo dice: “Os convenceréis (tras leerlas) de que la mujer es igual, si no superior, al varón en inteligencia”. Y acerca de la autoría de Oliva, añade:

“No cabe admitir, ni aun como discutible, la duda apuntada por un escritor que se ha ocupado de Doña Oliva, de que algún enamorado de esta señora desease hacer célebre su nombre poniéndolo al frente de sus escritos. Aparte de lo pueril de la invención, que pocos o nadie admitirán como factible, resulta que a Doña Oliva no se le puede negar la gloria de la originalidad de sus obras, por el sólo hecho de haber alcanzado éstas un mérito científico y literario de mucho valer; pues discurriendo de esta equivocada manera, lo mismo podríamos afirmar, que el sistema planetario de Galileo se lo reveló a éste una vecina suya, y el descubrimiento de América se debe a las confesiones que a Colón hizo su mujer antes de morir, para hacer célebres los nombres de estos dos insignes personajes, y que por tanto sus descubrimientos nunca pudieran ser debidos a sus estudios y desvelos.”                                  [Defensa de Oliva, por José Marco Hidalgo]

Además de defender a Oliva, José Marco Hidalgo intenta resolver en ese primer trabajo algunos misterios y equívocos. Niega que Oliva, como sostenía Sánchez Ruano, pudiera ser de origen morisco, pues existe una petición de información de nobleza de sangre a nombre de Catalina Sabuco, hermana de Oliva. En lo que se refiere a la boda, pese a no hallarse tampoco el registro de la misma, Marco Hidalgo puede asegurar que se celebró el 18 de diciembre de 1580. Y en cuanto a la muerte, nada es seguro, aunque le parece dudosa la fecha dada en ocasiones: 1622.

Tras la defensa de José Marco Hidalgo, el asunto de la autoría de La Nueva Filosofía parece resuelto. Sin embargo, en 1903, aparece un artículo en la Revista de Archivos titulado: “Doña Oliva de Sabuco no fue escritora”. En este artículo se afirma que se puede demostrar que La Nueva Filosofía no fue escrita por Oliva, sino por su padre, Miguel Sabuco. El hombre que firma ese artículo y que derriba de su pedestal a Oliva no es otro que el que tres años antes la defendiera a capa y espada: José Marco Hidalgo.

Continuará…

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[Publicado en 1999 en Esklepsis. En 2012 en internet]


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Padre e hija luchan por La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 3

En Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía, presenté a Oliva Sabuco, una filósofa de la época de Felipe II. En Defensa de Oliva Sabuco recordé el encendido elogio que el estudioso José Marco Hidalgo hizo de la “ilustre alcacereña” y la defensa de su autoría frente a quienes ponían en duda que una mujer de 23 años pudiera haber escrito una obra tan importante, pero acabé revelando que el propio Marco Hidalgo cambió de opinión y llegó a la conclusión de que ella no era la autora del libro.

Actualmente (1998) suele atribuirse la Nueva Filosofía a Miguel Sabuco, el padre de Oliva, debido precisamente a los argumentos de José Marco Hidalgo, el antes defensor de Oliva.

Portada de un libro dedicado a La nueva filosofía en el que se atribuye la obra a Miguel Sabuco y no a su hija Oliva

Ahora bien, ¿qué pruebas presentó José Marco Hidalgo para lograr que los expertos e incluso la Biblioteca Nacional de España cambiaran la atribución y editaran o catalogaran el libro como escrito por Miguel y no por Oliva?

Son de muy diverso tipo

1) La carta de autorización que Miguel Sabuco dio en 1587 a uno de sus hijos para publicar la obra en Portugal:

“Sepan cuantos esta carta de poder vieren como yo el bachiller Miguel Sabuco, vecino desta ciudad de Alcaraz, autor del libro intitulado Nueva filosofía, padre que soy de Doña Oliva mi hija, a quien puse como autor sólo para darle honra, y no el provecho ni interés, otorgo y conozco todo mi poder complido.”

Según parece, este documentro logró que la Biblioteca Nacional de España decidiese  cambiar la atribución de la obra. Parece una decisión impulsiva en exceso, sea quien sea el autor de la La nueva naturaleza.

2) El testamento de Miguel Sabuco, con fecha de 20 de febrero de 1588:

“In dei nomine Amen. Sepan cuantos esta carta de testamento e última voluntad vieren como yo el bachiller Miguel Sabuco, vecino desta ciudad de Alcaraz, estando en salud y en my seguro entendimiento e memoria natural la que Dios nuestro señor fue servido de me dar, temyendome de la muerte ques cosa natural, creyendo como creo el misterio de la santísima trynidad y todos aquellos que tiene creer e confiesa la santa madre yglesia católica romana y en esta católica creencia, me confieso de haber vivido y protesto de vivir y morir, tomando como tomo por intercesora y abogada a la bienaventurada señora santa María nuestra señora, a la cual suplico ruegue a su preciosisimo hijo nuestro señor Jesuchristo perdone mi anima y la lleve a su santa gloria a gozar con sus santos quando El sea servido, hago e ordeno este mi testamento e ultima voluntad en la forma e manera siguiente…”

Etcétera, etétera… hasta que asegura:

“Item, aclaro que yo compuse un libro yntitulado Nueva Filosofía e una norma y otro libro que se ymprimiran, en los cuales todos puse e pongo por autora a la dicha Luisa de Oliva my hija, sólo por darle el nombre e la onra, y reservo el fruto e probecho que resultare de los dichos libros para my, y mando a la dicha my hija Luisa de Oliva no se entremeta en el dicho privilegio, so pena de mi maldición, atento lo dicho, demás que tengo fecha ynformación de cómo soy el autor y no ella. La qual ynformación está en una scriptura que paso ante Villarreal scribano.”

Como se ve, tanto en el poder entregado a su hijo para editar el libro en Portugal, como en su testamento, Miguel Sabuco se proclama a sí mismo autor de La Nueva Filosofía y amenaza a su hija con su maldición si se atreve a discutirlo.

A la vista de estos datos, y con la misma firmeza con que antes defendiera la autoría de Oliva, Jose Marco Hidalgo pasó a defender entonces la autoría del padre, que le parece fuera de toda duda. Marco Hidalgo termina su artículo con una disculpa dirigida a Oliva:

“Perdóname, ilustre alcacereña, si al examinar los archivos de esta ciudad, en los que me prometía encontrar importantes documentos que hubiesen contribuido a enaltecer más y más tus gloriosos méritos, haya dado con el engaño fraguado por tu mismo padre y por él descubierto y confesado en su testamento, bajo el peso tremendo de una maldición tal vez inmerecida. Hubo un tiempo en que creí que, si tus mortales restos reposaban en la modesta y hoy arruinada parroquia de San Pedro, de esta ciudad, el universo entero era demasiado pequeño para contener la gloria que supiste alcanzar con tus escritos. Mas confieso con el mayor sentimiento que me he equivocado, puesto que el sepulcro de tu gloria es mucho más reducido que el de tu cuerpo. Este continuará su eterno sueño en la parroquia de San Pedro; el de aquélla se halla entre las empolvadas y amarillentas hojas de los protocolos de Alonso Romero y Francisco Gonzalez de Villarreal.”
(Jose Marco Hidalgo en Oliva de Sabuco no fue escritora, en Revista de archivos y museos, julio de 1903)

El libro de Benjamín Marcos

Años después, otro estudioso, Benjamín Marcos escribió un libro acerca de Miguel Sabuco que tituló significativamente: “Miguel Sabuco (antes doña Oliva)”. Aunque también él asegura que hubiera preferido que el autor de La Nueva Filosofía fuera autora, admite que los argumentos de Jose Marco Hidalgo le han convencido y añade que no era razonable pensar que una mujer de veintitrés años pudiera escribir una obra tan notable.

Así quedó sentenciado el asunto de Oliva Sabuco y su padre. En la actualidad, casi todos los expertos atribuyen La Nueva Filosofía a Miguel Sabuco. Sin embargo hay algunas detalles que me hacen dudar.

Continuará…

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[Publicado en 1998 en Esklepsis. Revisado en 2012 y en 2017]


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Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA

En 1587 se publicó en Madrid Nueva filosofía de la Naturaleza del hombre. Su autora, Oliva Sabuco de Nantes Barrera, dedica la obra al rey Felipe II y explica que el libro se ocupa:

“Del conocimiento de sí mismo y da doctrina para conocerse y entenderse el hombre a sí mismo y a su naturaleza, y para saber las causas naturales, por qué vive y por qué muere o enferma”.

Oliva Sabuco nació el 2 de diciembre de 1562 en Alcaraz, hija de Miguel Sabuco y Francisca de Cózar. A los 18 años, Oliva se casó con Acacio de Buedo. Cuando se publicó su libro tenía 25 años. Aquí la partida de nacimiento:

“Diciembre. En dos días de diciembre de este baticé a Oliva, hija del bachiller Miguel Sabuco y de Francisca de Cózar su mujer; padrinos el Dr. Alonso de Heredia de pila y Catalina Cebrián de Vizcaya y esta cuia como de pila, mujer del licenciado Juan Velázquez, y Bárbara Barrera, mujer de Rodrigo de Padilla y Bernardina de Nantes, mujer de Juan Rodríguez M. López Licenciado”.

Tanto La Nueva Filosofía como su autora recibieron encendidos elogios de sus lectores, que apreciaron tanto el contenido filosófico y científico del libro como su estilo, que llegó a ser comparado con el de Cervantes. Lope de Vega la llamó “la décima musa”.

“Entre las asperezas de Sierra Morena fertilizó esta Oliva el orbe de las letras… En aquellos felices tiempos en que los Vegas y los Valles ilustraban el mundo con sus obras, Oliva tuvo aliento para decirle a Felipe II, su soberano, que Aristóteles y los demás filósofos no habían entendido la naturaleza del hombre”.  (Martín Martínez)

En siglos posteriores, médicos ilustres señalaron el valor de un libro que anticipaba “doctrinas y descubrimientos que comúnmente se atribuyen a autores extranjeros”:

“Los ingleses, y particularmente Encio, han construido sobre el libro de Oliva el famoso sistema del suco nervioso, aunque no la nombran”. (Martín Martínez).

 

“En el orden médico, tendríamos que decir que la obra se sitúa en lo que hoy constituye la corriente de la medicina psicosomática”. (Rivas Navarro)

 

“Adelanta los experimentos de Miller con las ratas acerca de la tendencia adquirida del miedo… Anticipa las experiencias dialógicas o la estructura de los encuentros de Martin Buber, como única salida del hombre para su autodescubrimiento.”(Domingo Henares)

Por si esto fuera poco, La Nueva Filosofía demostraba, de nuevo en contra de la opinión extranjera, que en España sí había habido Renacimiento, puesto que incluso las mujeres eran capaces de escribir tratados científicos innovadores y de primer orden.

“Esta obra recomendable de Alibert [Fisiología de las pasiones] tiene, sin embargo, un precedente en la de Oliva, impresa en 1587, con lo que 238 años antes que Alibert… una española literata descubrió, con bastante precisión y con el método que proporcionaban los conocimientos de aquella época, la filosofía de los afectos, o fisiología de las pasiones”. (Mosacula)

Es cierto que algunos opinaron que una obra tan erudita y compleja no podía ser obra de una mano femenina, pero los defensores de Oliva, adelantándose a las reivindicaciones feministas, no admitían tales razones. Uno de ellos, José Marco Hidalgo, biógrafo y ardiente defensor de Oliva, añade interés al curioso caso de La nueva filosofía.

Continuará


 [Este artículo fue publicado en el número 5 de Esklepsis en 1999]

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¿Dónde y cómo?
[Kamo no Choomei]

Kamo_no_Chomei por Kiluchi Yosai

Si dependes de alguien, acabas por pertenecerle. Si te haces cargo de otros, serás esclavo de tu propio afecto y devoción. Si te adaptas al mundo, se sufre mucho. Si no, te vuelves loco. Y viene entonces la pregunta: ¿dónde y cómo podría vivir?, ¿dónde encontrar un lugar para descansar un poco, ¿y cómo dar paz pasajera a nuestros corazones?
(Kamo No Choomei)

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 [El número 5 de Esklepsis fue publicado en 1999]

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Un intento filosófico
[CUADERMOS EGÓLATRAS]

AVISO
Tres años antes de matricularme en la facultad de Filosofía, hice un intento de explicar mis ideas filosóficas. Tenía veintidós años y no era la primera vez que lo intentaba. Quizá en otra ocasión ponga en esta sección ejemplos anteriores. Lo titulé Intento filosófico, sin duda pensando en imitar los Ensayos (intentos) de Montaigne, que no había leído todavía.

El intento quedó en eso, en un intento.

 

INTENTO FILOSÓFICO

Daniel Tubau -Infantas

Introducción y declaración de intenciones

Contando veintidós años el autor, comienza, como hiciera Descartes, a edificar su propio pensamiento filosófico, sin despreciar a los pensadores que le precedieron, pero sin dejarse encadenar por ellos; buscando la verdad allí donde se encuentre y venga de quien venga; reconociendo de antemano su ignorancia en casi todas las materias y deseando hacerse, si no más sabio, si más filósofo, porque (palabras de Platón) los sabios no necesitan buscar ni proclamar la verdad, siendo ambas cosas tareas de los filósofos, aquellos que, en un término medio, no son ni sabios ni ignorantes.

Ignoro el camino que seguirán estos escritos y no me fijo meta alguna excepto la de clarificar mi pensamiento a través de la reflexión. Siguiendo el ejemplo de los buenos físicos, partiré de algunas seguridades, algunas ideas que considero verdaderas, y, trazando un círculo no vicioso, no descarto que mis últimas conclusiones (que ahora ni siquiera puedo intuir) refuten esas primeras seguridades.
Esto es, por llamarlo de alguna manera, un viaje iniciático: la venda de la confusión y de la duda cubre mis ojos y mediante la reflexión y el raciocinio, pretendo apartarla de mí, deshacerme de ella.
Muchos errores, sin duda, se deslizarán en estos escritos que ahora inicio: mis conocimientos son escasos y dispersos, no he pasado por universidades y no he tenido maestros que me ayudaran a saltar obstáculos. Camino solo, sin ayuda, llevado por el único impulso de mi pasión y, por ello, frecuentemente me hundiré en cenagales que otros, aquellos que se han educado de una manera adecuada, sortearían con facilidad. Una ventaja, sin embargo, tengo sobre ellos: yo no tengo nada ‘superado’ (como suelen repetir tantos hoy en día); ni a los filósofos griegos ni a Descartes ni a Hegel (Martensen proponía pasar por encima de Descartes y Hegel, pues ya estaban ‘superados’). Sobre este tema existe un interesante comentario de Kierkegaard.

 

Un año después
Transcurrido un año desde la redacción de las lineas anteriores (que quedaron incompletas y que yo no soy quien para continuar), hallándome sin duda ahora en el peor momento de mi vida, al descubrir que la muerte no es sólo un fantasma que se pueda exorcizar diciendo que cuando estamos ella no está y cuando ella está nosotros no estamos, sino, antes al contrario, que es algo casi tangible, pesado y agobiante; hallándome, digo, en tal situación y viendo ante mí esta libreta en blanco, que a tan alto fin parecía destinada, lo único que puedo sentir es indiferencia.

Proponerse ser un segundo Descartes es lo mismo que querer ser reencarnación de Pico de la Mirandola (ambición que al parecer he compartido con Bioy Casares o, mejor dicho, con el joven que fue Bioy Casares), es pretender tener dos cuando no se ha tenido uno.
Bastante fatigosa es ya de por sí la tarea ineludible, pues nos viene impuesta, de ser, para desear, además, ser otro.

Una vez alcanzadas las conclusiones anteriores, ¿qué se puede hacer con esta libreta? Supongo que convertirla en un simple cuaderno de notas.

Una libreta usada, mancillada (pues para otro fin había sido destinada) no invita, sin embargo, a ser llenada de nuevas frases: siempre resulta más apetecible y menos comprometedor, estrenar otra libreta, para no verse en la obligación de tener que escribir pequeñeces en una libreta que a tanto aspiraba.

Pues pequeñeces son lo que yo deseo escribir, tal vez debido a que mi mente es incapaz de concebir ‘grandeces’. Quede, pues, esta libreta destinada a albergar todas mis ideas antaño diseminadas por libros, hojas, trozos de cartón, pequeños billetes y libretas; ideas que, piense lo que yo piense ahora, cuando fueron concebidas no me parecieron pequeñas, no las vi como molinos, sino como gigantes. Para ellas, esta libreta.

Jesús-Arauzo

Jesús Arauzo

NOTA 1996: Acababa de morir mi amigo Jesús Arauzo. Hoy, precisamente, antes siquiera de releer este texto y escribirlo en el ordenador, he estado pensando intensamente en Jesús. Una casualidad. Pensaba en su enfermedad y en la manera inesperada en que murió. Inesperada porque yo no pensaba que su vida estuviese en peligro. Mi macabro temperamento me ha llevado a comparar su caso con el mío.

[1999: Cuando escribí lo anterior, yo estaba muy enfermo, pero no estaba claro qué me pasaba, así que me pasó por la imaginación que me sorprendiese una muerte prematura.]

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 [El número 5 de Esklepsis fue publicado en 1999]

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Consideración intempestiva de Kierkegaard

Dice Kierkegaard:

Kierkegaard“Cualquier apuntador especulativo (acostumbrado a señalar concienzudamente las etapas más significativas de la evolución filosófica de nuestro tiempo) cualquier profesor auxiliar, simple repetidor o estudiante, cualquier filósofo, tanto los que lo son por título académico como los que lo son por mera afición, pisan hoy terreno firme y no se paran ya para nada en la duda radical y absoluta, sino que “van más lejos”. Seguramente que sería una impertinencia intempestiva preguntarles cuál es en realidad el fin que persiguen con un paso tan firme y ligero: Pero hemos de pensar, haciendo gala de la más delicada cortesía, que alguna vez dudaron realmente de todo porque, de lo contrario, resultaría muy extraña, por no decir contradictoria, esa afirmación suya de que van más lejos. Todos, en definitiva, han hecho ese movimiento previo, pero al parecer con una facilidad tan admirable que juzgan de todo punto innecesario explicar la manera en que lo hicieron. En este sentido es completamente inútil cualquier intento que hagamos por nuestra parte, por mucha que sea la delicadeza que pongamos en ello, para sonsacarles el menor detalle esclarecedor, un leve indicio o la más pequeña prescripción dietética sobre la conducta que se debe adoptar al realizar esa tarea tan enorme”.

 

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 [El número 5 de Esklepsis fue publicado en 1999]

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La historia del joven de piedra
LA VIDA PÉTREA

Estaba con mi amiga Ana. en la ducha y el agua caía sobre nosotros. Me pareció una ninfa acuática y también una estatua-fuente que había cobrado vida, una estatua que trasformaba su pétrea materia en carne viva cuando algún paseante besaba cierta parte de su anatomía. Esto me hizo recordar La Venus de Ille, de Merimé y la versión de Henry James: El último de los Valerios.

Pensé entonces en hacer una nueva sección en Esklepsis: estatuas que cobran vida. Pero también seres que, a la inversa, se convierten en estatuas. Cada vez acuden más ejemplos a mi mente de este tópico fantástico que al principio creí poco poblado:

1. La venus de Ille

2. El último de los Valerios

3. Un cuento de las 1001 noches

4. La mujer de Lot

5. La estatua del jardín botánico, de Radio Futura

6. La bella durmiente del bosque

7. Trasgos de Tolkien

Así que he decidido abrir esa sección pétrea. Comienzo con una historia de las Mil y Una Noches que me gustó muchísimo cuando la leí con Cathy hace muchos años (durante varios meses nos leímos el uno al otro cuentos de este libro cada noche).

Por cierto, mi padrino me dijo que existía una maldición relacionada con Las Mil y Una Noches: leer el libro entero causaba la muerte. Yo lo he empezado varias veces. Ahora voy por la noche 120.

La historia del joven de piedra se cuenta entre la noche séptima y novena. En Las Mil y una noches, los relatos se enlazan unos con otros casi sin interrupción: surgen afluentes de los afluentes y al final ya no sabes cuál es el origen de la aventura que estás leyendo: era la historia de dos jóvenes amantes, pero entonces uno de los jóvenes cuenta algo que le pasó hace unos años, cuando conoció a una vieja y a tres comerciantes, y entonces nos enteramos de las historias de los tres comerciantes y la vieja, pero en cada una de esas historias hay alguien que cuenta otra historia, así que pasan las páginas, transcurren las noches, y de pronto descubrimos que por fin continúa la historia de aquellos dos jóvenes amantes.

1001noches-reyylibroenvenenadoLa historia del joven de piedra comienza en realidad en la noche tercera, con la historia de un pescador que encuentra un jarro de cobre dorado. Lo abre y de él sale un genio como el de la lámpara. El genio quiere matarlo, pero el pescador se las ingenia para que el genio vuelva a meterse en el jarro y lo encierra de nuevo. Cuando el genio se da cuenta le promete al pescador darle todo lo que quiera, pero el pescador le responde que no será tan tonto como para liberarle de nuevo, porque lo que les ha pasado es lo mismo que le pasó al ministro del rey Yunán y al sabio Ruyán.

Esto sirve como excusa para contar esa historia, de la que yo creo que Umberto Eco tomóuna idea para su libro El nombre de la rosa: la del libro con las hojas envenenadas. En cualquier caso, en un momento de esta nueva historia, el rey dice que no quiere matar al sabio Ruyán porque entonces le pasaría lo mismo que le pasó al rey Sindabad después de haber matado a su halcón. Así que el rey Ruyán cuenta ahora “La historia del rey Sindabad”.

Pero cuando el rey termina su historia, el visir le dice que debe seguir su consejo, o si no perecerá como pereció el visir que engañó al hijo del rey. Cuenta entonces el visir “La historia del príncipe y la rusalca”. A continuación, asistimos al desenlace de la historia del sabio Yunán y el rey Ruyán y, tras esto, volvemos con el pescador y el genio.

1001noches-pescadosFinalmente, el genio logra convencer al pescador para que le libere. Sorprendentemente, el genio cumple su palabra y a partir de ese momento al pescador las cosas empiezan a irle muy bien. Pesca cuatro peces de colores diferentes (blanco, rojo, azul y amarillo) y se los lleva al sultán. El sultán se los da a su cocinera rum (cristiana) para que se los fría. La cocinera los limpia y los echa en la sartén, pero entonces se abre una pared y entra en la cocina una joven hermosísima, que mete una vara de bambú en la sartén y pregunta a los peces: “¡Peces! ¡Peces! ¿Mantenéis la vieja promesa?” Los peces responden “Sí, sí” y añaden: “Si regresas, regresaremos; si cumples, cumpliremos, y si huyes, obraremos de idéntico modo”. En fin, no voy a contar toda esta historia. El caso es que el sultán decide ir a la alberca donde se hallan los peces. Allí encuentra un castillo de piedras negras con chapas de hierro. El lugar está deshabitado pero lleno de pájaros, que no pueden escapar porque una red cubre todo el palacio. Oye un gemido y llega hasta un salón en el que se halla sentado en un trono un hermoso joven. El sultán le pregunta por qué llora y entonces el joven levanta su túnica y descubre que de cintura para abajo todo su cuerpo es de piedra. Comienza entonces la historia de este joven.

HISTORIA DEL JOVEN DE PIEDRA

1001noches-jovenpiedra

“¡Mi Señor! Mi padre era rey de esta ciudad, y se llamaba Mahmud; era dueño de las Islas Negras, y poseía estos cuatro montes. Gobernó durante setenta años y luego murió. Le sucedí en el poder y me casé con una prima que me amaba mucho, tanto que, cuando estaba lejos de ella, ni comía ni bebía hasta que volvía a verme. Permaneció bajo mi protección durante cinco años, hasta que cierto día fue al baño y mandó al cocinero que nos preparase la cena. Llegué a este salón y me adormecí en el lugar en que ahora estoy. Mandé a dos esclavas que me abanicasen. Una se sentó junto a mí cabeza y la otra, a mis pies. Estaba intranquilo por la ausencia de mi esposa y no acababa de dormirme; antes bien, tenía los ojos entornados, pero mi espíritu estaba despierto. Oí que la esclava que estaba junto a mi cabeza le decía a la que estaba a mis pies: “¡Masuda! ¡Qué desgraciado es nuestro dueño en plena juventud! ¡Qué tristeza la suya al tener por esposa a nuestra señora que es pérfida y pecadora! ¡Maldiga Dios a las mujeres adulteras. Nuestro señor y su buen carácter no convienen a esa prostituta que pasa todas las noches en una casa que no es la suya”. La que estaba junto a mi cabeza, dijo: “Esto no debe preocuparle a nuestro dueño, ya que nunca le ha pedido cuentas”. “¡Ay de ti! ¿Es que nuestro señor sabe lo que ella hace? Le ha privado de su voluntad, pues le pone en la copa una mezcla que le da a beber todas las noches, antes de acostarse, y en ella pone banch. Así duerme profundamente y no se entera de lo que ocurre ni sabe adónde va ni qué hace. Ella, después de haberle escanciado le bebida, se pone sus ropas y dejándole solo en el lecho, se ausenta hasta la llegada de la aurora, en que regresa a su lado; entonces le hace oler algo que le despierta de su sueño.””Cuando oí las palabras de las esclavas, mi semblante pasó de risueño a sombrío; sólo deseaba que llegase la noche. Regresó por fin mi prima del baño, extendió el mantel, cenamos y estuvimos sentados durante un rato, de sobremesa, como era nuestra costumbre. Después, pedí la bebida que tomaba antes de acostarme, y ella me entregó el vaso. Me abstuve de beber, pero, aparentando que lo hacía según era mi costumbre, lo vertí por el escote de mi vestido y, en el acto, fingí caer dormido. Entonces ella exclamó: “¡Duerme! ¡Ojalá no despertaras más! ¡Te odio! ¡Odio tu figura! ¡Estoy harta de tu trato!” Se levantó, se vistió sus mejores trajes, se perfumó, ciñó una espada y, abriendo la puerta del palacio, salió. Me incorporé y la seguí: cruzó la puerta del alcázar y atravesó los zocos.»Así llegó a las puertas de la ciudad, a las que dirigió unas palabras que no entendí: los cerrojos cayeron, las puertas se abrieron y yo salí tras ella, sin que se diese cuenta. Llegó, por fin, a unas colinas y entró en un torreón recubierto por una cúpula de barro: cruzó la puerta, y yo subí a la azotea de la cúpula, desde donde podía ver lo que ocurría. Ella se presentó ante un esclavo negro, ardiente, cuyo labio superior parecía una tapadera y el inferior, un pote, tan colgantes, que podían recoger el polvo del suelo; estaba cubierto de pústulas y se recostaba encima de unas cañas de azúcar. La reina besó la tierra delante dé él y el esclavo levantó la cabeza y, mirándola, dijo: “¡Ay de ti! ¿Qué te ha hecho llegar tan tarde? He invitado a los negros, han bebido y todos se han abrazado a sus respectivas amantes. Sólo yo me he abstenido de beber, pues te esperaba”. “¡Señor! ¡Amado de mi corazón! ¿No sabes que estoy casada con mi primo, al que me repugna ver, cuya compañía odio con toda mi alma? Si no fuese porque temo por ti, hace ya tiempo que habría transformado la ciudad en ruinas; en ella sólo cantarían el búho y el cuervo, y habría transportado sus restos al monte Qaf.” “¡Mientes, desvergonzada! ¡Por la virilidad de los negros aunque nuestra hombría fuese como la hombría de los blancos, juro que si vuelves a llegar a esta hora, a partir de hoy dejaré de ser tu amante y no colocaré más mi cuerpo sobre el tuyo! ¡Ah! ¡Traidora ! Has saltado únicamente a causa de tu voluptuosidad, impúdica, la más vil de las blancas!»Refirió el rey: «Cuando hube oído sus palabras y hube visto con mis propios ojos lo que ocurría entre ambos, perdí el mundo de vista y no supe ni en dónde me encontraba. Mi prima permanecía en pie, llorando, humillándose, y le decía: “Amor mío! ¡Fruto de mi corazón! No tengo a nadie más que a ti. Si me abandonas, ¡ay de mí, amor mío! ¡Luz de mis ojos!”. No dejó de llorar y de humillarse ante él hasta que la perdonó. Entonces se tranquilizó, se quitó el traje y la ropa interior y le dijo: “¡Señor mío! ¿Tienes algo que darle de comer a tu esclava?” “Destapa la olla: encontrarás huesos de ratón cocidos. Cómelos y mastícalos. En ese tazón encontrarás buza: bebe.” Comió, bebió, se lavó las manos y, regresando a su lado, se tendió junto al esclavo, encima del montón de cañas: desnuda, se metió debajo de la colcha y los harapos. Cuando vi lo que hacía mi prima, perdí el conocimiento: descendí de lo alto de la cúpula, entré, cogí su espada y quise matar a los dos. Primero golpeé el cuello del esclavo y le corté la cabeza, el cuello, la piel y la carne; creí que lo había matado, pues exhaló un suspiro muy fuerte. Mi prima se movió e incorporó, pero yo ya me había ido. Cogió la espada, la enfundó en la vaina, volvió a la ciudad, entró en el palacio y se tendió a dormir en mi lecho hasta la mañana. Al día siguiente se cortó el cabello, vistió de luto y me dijo: “¡Primo! No me censures por lo que hago, pero es que me he enterado de que mi madre ha muerto, de que han matado a mi padre en la guerra santa y de que uno de mis hermanos ha perecido víctima de la picadura de un animal venenoso, y el otro sepultado en la caída de un edificio. Es justo que llore y me entristezca”. Cuando oí sus palabras, le dije: “Has lo que bien te parezca, pues no he de contrariarte”.»Permaneció triste y llorosa durante un año entero, desde el principio hasta el fin. Después de transcurrido este año, me dijo: “Quisiera construir en tu palacio un mausoleo que parezca una cúpula. Así me aislaría con mi pena. La llamaría la ‘Casa de los duelos”‘. “Haz lo que te parezca bien.” Se construyó la “Casa de los duelos” y colocó en su centro una cúpula y una tumba parecida a un sepulcro, a la que transportó y en la que depositó al negro. Éste no había muerto, pero estaba muy débil y no podía servir de nada a mi prima: bebía vino continuamente, y desde el momento en que lo herí, no podía hablar, pero aún no le había llegado su hora. Ella lo visitaba todos los días, mañana y tarde, en la cúpula; lloraba a su lado, loaba sus virtudes y le daba a beber vino y caldo.»Así continuaron las cosas, mañana y tarde, hasta el segundo año. Yo tuve paciencia, hasta el día en que entré, de improviso, en su habitación y la encontré llorando, abofeteándose el rostro y recitando estos versos:Después de que os habéis alejado, he perdido la razón de vivir entre les humanos; mi corazón sólo a vosotros ama.Coged mi cuerpo. por favor, y llevadlo doquiera que vayáis; doquiera que os detengáis, enterradme a vuestro lado.Si mencionáis mi nombre al pie de mi tumba, el gemido de mis huesos contestará a vuestra invocación.»Cuando terminó de recitar estos versos, le dije, desenvainando la espada: “¡Éstas son las palabras de las traidoras que reniegan del tálamo y no respetan la amistad !” Quise matarla y levanté mi mano en el aire. Ella se volvió y, dándose cuenta de que había sido yo quien había herido al negro, se puso en pie, pronunció unas palabras que no entendí y dijo: “¡Transfórmete Dios, en virtud de mis conjuros, en mitad piedra y mitad hombre!” Y quedé metamorfoseado en la figura que ahora estás contemplando: vivo sin poder levantarme ni sentarme; ni vivo ni muero. Cuando estuve así, encantó la ciudad y todo lo que ella contenía: zocos y jardines. En nuestra capital había cuatro clases de habitantes: musulmanes, cristianos, judíos y parsis; a todos los transformó en peces: los blancos son los musulmanes; los encarnados, los parsis; los azules, los cristianos, y los amarillos, los judíos. Metamorfoseó las cuatro islas de mi reino y las transformó en montes, a los que dispuso alrededor del estanque. Cada día me visita y me da cien latigazos con un azote de piel, hasta que salta mi sangre, después de lo cual me pone debajo de estas ropas, en la mitad superior de mi cuerpo, una camisa de crin». El muchacho rompió a llorar y recitó:Paciencia, !oh Dios!, con lo que Tú has dispuesto y ordenado. Tengo paciencia, si es que en ella está tu satisfacción.He probado la desgracia que me ha afligido.  Mi único intercesor es la familia del Profeta bendito.Al oír esto, el rey se volvió al joven y le dijo: “Has añadido una pena a mis penas. ¿Dónde está esa mujer?” “En la tumba en que reposa el esclavo, debajo de la cúpula. La visita una vez al día y, cuando va, se me acerca, me desnuda y me da cien latigazos; lloro y grito, pero no puedo hacer ni un movimiento para defenderme. Después de haberme atormentado mañana y tarde, lleva al esclavo bebidas y caldos.” “¡Por Dios, que he de hacerte un favor por el cual se me reconocerá un beneficio que, después de mi muerte, quedará en los anales de la Historia!”El rey se sentó y se quedó hablando con él hasta que llegó la noche. Entonces se levantó y esperó la llegada del alba. Se desnudó, ciñó la espada y se dirigió al lugar en que estaba el esclavo. Vio allí velas y candiles, incienso y pomadas. Se le acercó, le dio un golpe y lo mató. Lo colocó sobre su espalda y lo echó en un pozo que había en el palacio. Volvió a bajar, se vistió con la ropa del negro y se quedó debajo de la cúpula, con la espada desenvainada en toda su longitud.Al cabo de un rato llegó la bruja, la libertina, y en cuanto entró, desnudó a su primo, cogió el látigo y le azotó. Él gritó: “¡Ay! ¡Me basta la inmovilidad en que estoy! ¡Ten piedad!” “¿Tuviste tú piedad de mí? ¿Dejaste en paz a mi amante?” Finalmente le puso la camisa de crin y encima la otra ropa. Bajó junto al negro, llevándole una copa de bebida y una taza de caldo; entró en la cúpula y rompió a llorar y a gemir diciendo: “Señor mío, háblame! Señor mío, dime algo!» Y recitó:¿Hasta cuándo durará este desvío y esta crueldad? Ya basta lo que ha hecho la pasión. ¿Hasta cuándo seguirás huyendo de mí intencionadamente?Si te has propuesto castigar a quien me deseaba, ése ya tiene bastante.
Llorando añadió: «¡Señor mío, habla y dime algo!» Entonces el rey, bajando la voz y desfigurando las palabras, se expresó en la jerga de los negros: «¡Ah, ah! -dijo-. No hay fuerza ni poder sino en Dios!» Cuando ella oyó sus palabras, dio un grito de alegría y cayó desmayada. Cuando se repuso, preguntó: «¿Es que mi señor está curado?» El rey bajó la voz y dijo débilmente: «¡Libertina! No eres digna de que te hable!» «¿Por qué?» «Todo el día estás atormentando a tu esposo y él grita, y eso me enoja hasta tal punto que no puedo dormir desde el atardecer hasta la mañana, ya que tu marido no cesa ni un momento de suplicarte y de implorarte clemencia: esa voz me desvela. Si no hubiese sido por eso, ya me habría curado. Eso es lo que me impide contestarte.» «Con tu permiso, lo libraré del estado en que se encuentra.» «Desencántalo y nos dejará en paz.» «En el acto.»La mujer se levantó, salió de la cúpula y se dirigió al palacio. Tomó un tazón, lo llenó de agua, pronunció sobre ella unas palabras y el agua empezó a hervir como hierve en un recipiente puesto al fuego. Después roció con ella a su esposo y dijo: «Por el poder de lo que salmodio, !abandona esta forma y vuelve a tu primitiva figura¡» El joven se sacudió, se irguió sobre los pies y se regocijo por su liberación. Dijo: «¡Atestiguo que no hay más dios que Dios, y que Mahoma es el enviado de Dios! ¡Dios le bendiga y le salve!» «¡Vete y no vuelvas por aquí, pues de lo contrario te mataré!», le gritó ella a la cara.El joven salió de su presencia y ella volvió a la cúpula, descendió y dijo: «¡Señor mío! ¡Sal para que te vea!» Él contestó con palabras muy tenues: «¿Qué has hecho? ¡Me has quitado las ramas, pero no el tronco!» «¡Amado mío! ¿Cuál es el tronco?» «Las gentes de ciudad y de las cuatro islas. Todas las noches, cuando reinan las tinieblas, los peces sacan la cabeza fuera del agua y nos maldicen a ambos, a ti y a mí. Ésta es la causa que mantiene apartado de mi cuerpo el vigor de antaño. ¡Ponlos en libertad y regresa, coge mi mano y hazme levantar, pues habré recuperado la salud!»

Cuando oyó las palabras del rey, la mujer, que creía que era el esclavo, respondió loca de alegría: «¡Señor mío, lo que tú quieras! ¡Por el nombre de Dios!…» Muy contenta, salió corriendo, se dirigió a la alberca y, tomando un poco de agua pronunció unas palabras ininteligibles. Los peces se agitaron, sacaron la cabeza y se transformaron, en el acto, en hombres, pues el embrujo había cesado. La ciudad recobró su vida, los mercados volvieron a funcionar, cada habitante volvió a sus quehaceres habituales y los montes se convirtieron en islas.La apasionada bruja, en cuanto hubo terminado, regresó junto al rey, al que ella tomaba por el esclavo, y le dijo: «¡Amado mío! ¡Dame tu mano generosa para que la bese!» El rey le dijo en voz baja: «¡Acércate más!» Ella se acercó, él cogió su cimitarra y se la clavó en el pecho, hasta que la punta le salió por la espalda. Después, de un mandoble, la partió en dos mitades.Hecho esto, salió de la cúpula y encontró al joven embrujado esperándole de pie, le felicitó por su liberación y el joven besó la mano de su salvador, dándole las gracias. El rey le preguntó: «¿Permanecerás en tu ciudad o me acompañarás a mis estados?» «¡Oh, rey del tiempo! ¿Sabes cuál es la distancia que te separa de tu ciudad?» «Dos días y medio.» «¡Oh, rey! Si estás durmiendo, despierta: tu ciudad está a un año de marcha, andando rápido. Si llegaste aquí en dos días y medio, fue debido a que mi ciudad estaba embrujada. Pero yo, rey, no apartaré de tu lado la mirada de mis ojos.» El soberano se alegró al oír estas palabras, y respondió: «¡Loado sea Dios, que me ha favorecido al ponerte en mi camino! Serás mi hijo, ya que en toda mi vida jamás me los ha concedido». Se abrazaron y se alegraron en extremo.

 

 

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 [El número 5 de Esklepsis fue publicado en 1999]

PÁGINAS DE ESKLEPSIS 5

 

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El caso de la escuela de idiomas
EL LABORATORIO

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PREVIO 

Se trata de una estudiante de idiomas llamada Anaranda. La muchacha se había matriculado en un curso intensivo para aprender inglés.

INFORME 119-1

________________________________________

Fuente: comunicación personal
Fecha: abril 1999
Informador: DDR
Sujeto: Anaranda
________________________________________

 

PLANTEAMIENTO

En la Academia de Idiomas, el secretario asignó a Anaranda el nivel 2. Ello supuso una irregularidad, pues no se sometió a la estudiante a un examen previo que determinase el auténtico nivel de conocimiento que Anaranda tenía de la lengua inglesa.
Causas de la irregularidad
Según parece, Anaranda había pedido dar las clases entre las 2 y las 5 de la tarde. En ese horario todos los profesores del Nivel 1 tenían completo su cupo de alumnos.
Esta irregularidad, sin duda lamentable, no guarda relación directa con el asunto central que se trata en este expediente.

ELEMENTOS DEL CASO
La Academia practicaba el método de inmersión lingüística, de modo que en las clases sólo se hablaba en inglés. Las normas en este sentido eran tan estrictas que los profesores tenían prohibido expresarse en otra lengua que no fuera el inglés durante el horario lectivo, bajo amenaza de expulsión inmediata.

EL PROBLEMA
Anaranda asistió durante tres días seguidos a las clases en el Nivel 2, en total, seis horas. No sintiéndose capaz de decir una sola frase a lo largo de esas seis horas, consideró que no estaba capacitada para el nivel que le había sido asignado (el Nivel 2).

 

SUGERENCIA DE SOLUCIÓN

En su cuarto día de clase, Anaranda pidió al profesor que le autorizase a cambiar de nivel y descender al Nivel 1, es decir, el más básico.

El profesor escuchó la petición de Anaranda, reflexionó un instante y, finalmente, decidió que Anaranda debía continuar en el Nivel 2.

Al terminar la clase, Anaranda fue a ver al secretario de la Academia y protestó por la negativa del profesor a su solicitud de cambio de nivel. El secretario revisó sus tablas de inscripción y dijo a Anaranda que podría cambiar al Nivel 1 siempre y cuando pudiese asistir a clase de seis a ocho. Anaranda aceptó.

Cuando el problema ya parecía resuelto, pasó por allí la profesora del Nivel 1 en el horario de 6 a 8. El secretario aprovechó para presentar a la profesora y a su nueva alumna. Al conocer los detalles del caso, la profesora del Nivel 1 dijo que el profesor del Nivel 2 tenía razón al rechazar la petición de Anaranda.

Quiso la fortuna, algo tan ajeno a nuestros estudios, y que aquí sólo usamos como fórmula literaria, que en ese momento pasara por la Secretaría precisamente el profesor del Nivel 2.

Puesto que se hallaban allí todas las partes implicadas en el caso “Anaranda”, comenzaron a discutir el asunto. Anaranda, que además de ser una mujer atractiva a primera vista, era también amigable e inteligente, y que por primera vez podía hablar con su profesor en castellano, comprendió que la unanimidad de los dos profesores no se debía a factores ajenos a su problema, como la solidaridad profesional o el corporativismo.

Sin embargo, Anaranda insistió en que se consideraba absolutamente incapaz de aprender nada en el Nivel 2 y preguntó a su profesor:

-¿Bajo qué criterio considera usted que yo debo permanecer en el Nivel 2?

El profesor respondió:

-Es usted misma quien ha determinado que pertenece inequívocamente al Nivel 2.

Dijo Anaranda:

-No sé a qué se refiere, puesto que ni siquiera hice examen previo para determinar mi nivel de inglés.

DILEMA: ¿Por qué cree usted, querido lector, que el profesor estaba tan convencido de que Anaranda debía permanecer en el nivel 2?

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RESPUESTA AL DILEMA

Y el profesor volvió a hablar y dijo a Anaranda:

-Cuando usted explicó durante la clase que no se consideraba capacitada para mantenerse en el Nivel 2, lo hizo, como exigen las normas de esta Academia, en inglés. Yo entendí lo que usted quería decirme. Pues bien: ser capaz de expresar en inglés el deseo de cambiar del Nivel 2 al Nivel 1 define a quien lo hace como digno del Nivel 2.

Ante la mirada de asombro de Anaranda, la profesora del Nivel 1 tomó la palabra:

-Como dice mi colega, usted ha demostrado que ha de continuar en el Nivel 2. Usted dijo en inglés que no era capaz de decir frases de la complejidad de las escuchadas en el Nivel 2, pero esa frase precisamente era tan compleja como las del Nivel 2. Para que su petición de cambio de nivel hubiese sido aceptada, no tenía que haber sido entendida.

-Y de este modo -dijo el profesor del Nivel 2- usted habría pasado al Nivel 1.

-¡Pero eso es una paradoja! -exclamó Anaranda.
FIN DE LA COMUNICACIÓN PERSONAL
(Existen documentos que avalan la veracidad del relato)

 

EXPOSICIÓN DE LA PARADOJA
Si la estudiante logra que el profesor entienda que desea cambiar a un nivel inferior, ello prueba que no ha de bajar de nivel.

Si la estudiante no logra que el profesor entienda que debe cambiar de nivel, entonces ello prueba que la estudiante sí debe cambiar de nivel.

 

DESVIACIÓN Y CONCLUSIÓN

La paradoja debe ser refinada de detalles innecesarios. Si el profesor no entiende que lo que la alumna dice es que quiere cambiar de nivel, ¿cómo puede decidir que ha de bajar de nivel? En este caso, la respuesta es fácil: la misma incapacidad para hacerse entender, mostraría que la alumna no ha de estar en ese nivel. Sin embargo, en este caso esto sucede porque se trata de una escuela de idiomas, pero no es aplicable a otras versiones de la paradoja.

 

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 [El número 5 de Esklepsis fue publicado en 1999]

PÁGINAS DE ESKLEPSIS 5

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