Menos humos

Los viciosos estamos condenados a fumar. No podemos drogarnos tranquilamente, beber alcohol, bailar, ligar y todo lo demás sin fumar.

Si nos quejamos del humo, somos unos represores: no dejamos que los demás disfruten. Que disfruten ellos sí, pero ¿por qué nosotros no podemos disfrutar también?

No se sabe. No hay respuesta.

Es evidente que quien fuma abusa de los que no fuman: les quita el aire, les obliga a respirar humo, pero eso, parece, no es represión, no es abuso.

Los fumadores no se plantean dudar de lo establecido. Ni siquiera se dan cuenta de que están forzando a los demás, perjudicando el placer ajeno. Es algo que salta a la vista, pero los fumadores no piensan en las personas, sino en tópicos: fumar es rebelde, fumar es libertad, prohibir fumar es represor, es yanki, americano. Olvidan que en el país de la libertad y la tolerancia, Holanda, se ha prohibido fumar en las discotecas.

¿Por qué? ¿Un intolerable ataque a la libertad?

No, una defensa de la libertad. De la libertad de los que no fuman.

Esta es una de esas cosas en las que muchas personas progresistas (“de izquierdas”) se comportan como los peores reaccionarios: imponen sus humos a los demás y además dicen que son ellos los perseguidos. Es como aquel policía que dijo que él no pegó al manifestante, sino que el manifestante puso su cabeza debajo de su porra.

 


(Publicado en Seingalt, diario secreto el lunes 5 de julio de 2004)


Comentario en 2015
En los comentarios publicado en 2004 se puede ver que entonces todavía se discutían cosas que hoy ya nos parecen evidentes e indiscutibles. Se trata sin duda de un efecto de lo que el filósofo cubano llamaba “la suavidad de las costumbres”. Espero que en el futuro lo que ahora se aplica al tabaco se aplique también al humo de los automóviles.


Originally posted 2004-07-01 18:06:29.

NO SMOKING (decía Varona)

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Inicié este diario secreto (Seingalt, en 2004) con una entrada dedicada al tabaco.

Ahora he encontrado un texto del filósofo cubano Varona que coincide con mi planteamiento, o yo con el suyo, pues él lo escribió en 1896. En mi caso no tiene mucho mérito, pero en el suyo, en un época en la que no se hacía ninguna campaña contra el humo, sino todo lo contrario, resulta asombrosa su claridad de ideas y la sencillez de sus argumentos, que considero irrebatiles. No es casual que este hombre fuera también feminista, evolucionista, (pero que rechazara el darwinismo social de su época), que tuviese como lema la frase de Buffon: “Recojamos hechos para adquirir ideas” y que dijera: “Respeta tu pensamiento; no lo prostituyas; no te hagas traición a ti mismo” (ver Semblanza de Enrique José Varona).

Aquí está su texto acerca del NO SMOKING, con una breve introducción de Luis Aguilar León.

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(sempliok.deviantart.com)

Cuando su amigo Enrique Hernandez Miyares se indigna al encontrarse en no se qué remoto rincón de Nueva York el aviso “No smoking”, Varona escribe unas aladas reflexiones sobre nuestro carácter [de los cubanos en particular] y el sentido social de la prohibición:

“Comprendo que nuestro viajero se haya indignado contra ese imperioso consejo, que recuerda tan inoportunamente que no vive uno solo en el mundo, y que no se puede inficionar a saciedad el aire que otro respira. Y me explico que, si alguna vez sorprendió en el claustro de su conciencia tal veleidad de anexionismo [de Cuba por EE.UU], haya abjurado de ellas con horror en el “smoking room”, entre las aromáticas espiras de humo de su habano. Quizás le parecería que un misterioso dedo iba trazando con ellas jeroglíficos que desarrollaban un dogma singular, refractario a nuestros usos, a nuestras ideas, a nuestra sangre, a nuestro criollismo bonachón y egoísta, que gusta salirse con la suya, aunque se apeste el prójimo.

“No smoking. Es decir, recuerda que todos te respetan y que debes respetar a todos. Recuerda que tu vecino del momento tiene los mismos derechos a tu consideración que tu vecino permanente. Recuerda que tus gustos no deben convertirse en el disgusto del que te acompaña. Recuerda que la máxima primera del código de la buena sociedad es: no molestes. Y recuerda que el hombre bien educado debe considerarse siempre en buena sociedad.

“No smoking. Es decir, para el buen concierto de los individuos en comunidad no hay nada insignificante. La lesión del derecho más pequeño resulta enorme. No prives a nadie de su aire puro. Respeta su olfato. No le irrites los ojos. Te indignas porque un desconocido te ha pisado un pie. Pues piensa que con idéntica razón se indigna él porque le arrojas a la cara una bocanada de humo. A ti te parece aromático, a el puede parecerle nauseabundo. Te molestas si te salpican de lodo. Otro puede molestarse porque le impregnas la ropa de olor a tabaco. Te exasperas porque esa buena señora sube al ómnibus con su falderillo. Pues a la buena señora tu cigarro le produce mareo. Lo conveniente para todos es, ni perro, ni cigarro, ni lodo, ni humo. Piensa siempre que la presencia de otro limita tus antojos, en la misma proporción que tu compañía limita los suyos. No se ha inventado, ni se inventara otra formula para andar en paz y sosiego por el mundo.”


(Publicado en Seingalt, diario secreto, el sábado 10 de julio de 2004)

Ver también: Menos humos



Cuaderno de Cuba

Cuba-edificio

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Originally posted 2004-07-10 18:34:18.

El diablo y la maledicencia

Para sacar la contraria y mostrar cierta imparcialidad en estos momentos de felicidad tras unos días horribles, me permitiré citar a un Papa, a Juan Pablo I.

albinoLucianiAlbino Luciani (Juan Pablo I) era un hombre excelente que no tuvo tiempo para mostrar si habría sido un buen Papa, si estaría a la altura de los dos que le dieron nombre (Juan XXIII y Pablo VI), puesto que fue Papa solo durante 33 días.

Antes de ser Papa, Luciani escribió una deliciosas cartas dirigidas a todo tipo de destinatarios, como Mark Twain, Chesterton o el propio Jesucristo. Me gustan muchísimo y estoy de acuerdo en muchas cosas. En algunas no estoy de acuerdo, porque sería pedir un imposible que las ideas de un Papa coincidiese con todas mis ideas: si así sucediera, la Iglesia católica ya no existiría. En consecuencia, si no presto mucha atención a algunos detalles de los argumentos y paso de largo ciertas cuestiones, las cartas de Albino Luciani son una maravilla.

Boileau santerre_nicolas.boileau.despreaux

En la carta que Luciani dirige a Pavel Ivánovic Cicikov, el pérfido protagonista de Las almas muertas de Gogol, cita a una Hermana de la Caridad del siglo XVII, Magdalena de Lamoignon.

“Al leer las sátiras de Boileau, Magdalena de Lamoignon le dijo que las encontraba hirientes. Boileau le respondió que intentaría no serlo tanto pero que al menos se le diese la oportunidad de atacar en sus sátiras al Turco, “enemigo acérrimo de la Iglesia”. Ni siquiera eso le pareció bien a Magdalena.
__Me dejaréis al menos hacer una sátira contra el diablo -sonrió Boileau-, no negaréis que se la merece.
__El diablo ya está bastante castigado. Tratemos de no hablar mal de nadie, para no correr el riesgo de acabar como él.

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[Publicado en 2004]

Comentario en 2013

Curiosamente, poco después de que el brevísimo (33 días) Papa Luciani obtuviera el cargo confesó a su amigo Germano Pattaro que estaba viviendo «un mes de infierno», un vía crucis:

«Comienzo a entender ahora cosas que no había comprendido antes. Aquí cada uno habla mal del otro. Si pudieran, hablarían mal hasta de Jesucristo».

Supongo que entonces se acordaría de aquella conversación entre Boileau y Lamoignon.


Aunque tal vez sin llegar al extremo de Magdalena de Lamoignon, hablé de algo parecido hablé en  La maledicencia.


He hablado de la dependencia y el contagio al que se exponen los maledicentes en:

El contagio por los adversarios

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ENTRADAS DE FILOSOFÍA

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Originally posted 2004-03-16 12:00:10.

Casanova y los vividores

He escrito en El placer y la salud que Casanova es uno de mis pensadores favoritos. Tal vez habría sido preferible escribir, en vez de pensador, “vividor”, siempre y cuando se entendiese vividor como aquél que sabe vivir, que sabe utilizar bien la vida. Sin embargo, vividor suele emplearse de una manera más restringida para aquellos o aquellas que pasan por la vida como quien pasa por una fiesta; una fuiesta que suele tener, además, las características de una orgía.

Muchos vividores en este último sentido son un desastre en cuanto a saber vivir, del mismo modo que hay vividores en el primer sentido que viven una vida tranquila, moderada y muy alejada de las aventuras de Casanova. Así que, como se trata de un término confuso, he preferido no emplearlo y reservar la confusión para esta entrada que ahora lees.

Me parece, en definitiva, que dada las connotaciones del término “vividor” no existe ninguna palabra adecuada para definir a esa persona que sabe vivir la vida, sea cuál sea la manera en que la vive, agitada o moderada, de modo expansivo o introvertido. La más aproximada es “sabio”. Casanova era un vividor en los dos sentidos o, si se prefiere, un sabio.

Pero, quizá tú, lector, me dirás (y si no lo dices tú, ya lo digo yo): “No es tan fácil definir qué es saber vivir la vida”. Y yo te respondo: “No se puede definir, pero mi opinión es la misma que la de Casanova: si alguien al que no le falta salud ni le está sucediendo una notable desgracia no consigue disfrutar de la vida casi a cada instante, entonces podrá ser inteligente, listo, o cualquier otra cosa, pero no será un verdadero sabio”.

No es que haya que ser un sabio, por supuesto, se trata sólo de palabras de referencia que hay que tomar cum grano salis (no como un dogma), pero ser un amargado sin motivo o un cenizo o un triste, es una de las cosas más tontas que se puede ser.

¿Te parece que soy demasiado intolerante? Quizá, pero ten en cuenta que es sólo una opinión, no intento dar lecciones ni establecer dogmas de fe. Una mejor manera de mostrar todo esto quizá sea el clásico “Sabio”, que me habría gustado ofrecer en la versión de Gato Pérez, pero que aquí está interpretada por el no menos grande Héctor Lavoe.

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[Publicado el 1 de marzo de 2005 en Intruso]

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Originally posted 2012-09-20 13:46:42.

El feísmo y hacerlo mal demasiado bien

moma identity

En La imperfecta perfección mencioné la tendencia del diseño actual de hacer las cosas mal a propósito. Ejemplos de este tipo se pueden encontrar en las tipografías cortadas, que impiden que se vean las letras enteras y que se han convertido ya en un estándar de cualquier exposición de arte.

Diseño de portada de un libro de los años 60 del siglo XX que ya recorta letras

Diseño de portada de un libro de los años 60 del siglo XX que ya recorta letras

Otro ejemplo son los libros con apenas márgenes a los lados del texto, sin sangrado en los inicios de párrafo o, lo que es todavía más frecuente, con las fotografías en el borde mismo de la hoja. Esto, que en sus inicios era hecho con voluntad feísta, ahora ha sido casi aceptado como un estándar del diseño).

Otro ejemplo son los anuncios en los que se imita la mala calidad de un vídeo casero, en el que los actores actúan mal a propósito, como si fueran aficionados, se oye hablar a los técnicos, la película tiene grano, la imagen se desenfoca, etcétera.

Es un ejercicio complicado el del feísmo, porque consiste en decir: “Lo estoy haciendo feo adrede, no es que yo carezca de gusto estético, al contrario”. El diseñador feísta tiene que dejar ciertas pistas que permitan al espectador o degustador selecto darse cuenta de que no está ante algo de ínfima calidad, sino todo lo contrario: en algunos casos se trata de una perfecta imitación de la basura.

En la red, muchas páginas imitan los diseños más feístas por dos razones: porque así siguen la moda actual de hacer un diseño anti-diseño y porque, según parecen revelar algunas investigaciones, las páginas peor diseñadas atraen más visitantes.

Pero tampoco caeré en el simplismo de considerar que no hay extraordinarias obras feístas, porque las hay, o en la simpleza de pensar que nunca se deben cambiar los estándares aceptados. Habló sólo de la tendencia feísta actual y el esforzado empeño de tantos diseñadores en hacer las cosas “como no se deben hacer”.

A menudo, trabajar sobre algo que se considera feo puede acabar haciéndonos descubrir posibilidades insospechadas. Se dice que el arte es aquello que es mirado con atención, pero no sólo por parte del espectador, también por parte del artífice, creador, artista, artesano o como se quiera llamar a quien hace esas cosas que llamamos arte. Porque cualquier cosa, si se le presta la suficiente atención puede acabar revelando bellezas ocultas. Un ejemplo muy interesante son los errores creativos de los que habla el director de fotografía Christopher Doyle y que comenté en Al este del este: Calistofel Doyle y el error en el cine.

1

El dibujo de José Muñoz en Alack Sinner has ido considerado
feísta, pero es una obra maestra del comic. Hace poco fue imitado
en uno de los cortometrajes de Matrix producidos por los
hermanos Wachowski en Japón.

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[Publicado en 2006 en Escrito en el agua]

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COMENTARIO A “LOS PRINCIPIOS DE LA FILOSOFÍA”, DE DESCARTES

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La maledicencia

maledicencia-cristo-con-la-cruz-a-cuestas

Aunque ahora apenas se usa la palabra maledicencia, su existencia parece probar que se creó porque aquello a lo que se refiere era bastante frecuente, tanto como para merecer una palabra propia. Maledicencia: hablar mal de los demás.

Sería agradable pensar que la palabra que describe el vicio de hablar mal ya no se emplea debido a que ha desaparecido el vicio, pero me temo que la verdadera razón de su poco uso es que “hablar de los demás” es casi equivalente a “hablar mal de los demás”. Del mismo modo que la crítica parece identificarse siempre con crítica negativa, sólo se habla de los otros para hacerlo mal. Conozco a algunas personas que incluso cuando elogian algo en realidad están criticando lo que no es como esa cosa que elogian.

Si fuese cierto aquello de que cuando hablan mal de ti se oye un zumbido, el mundo entero se hallaría hora tras hora y minuto tras minuto sumergido en un continuo zumbar, de tal modo que las orejas comenzarían a vibrar como alas de pájaro y con tanto movimiento acabarían desprendiéndose y cayendo al suelo.

Hablar mal de los que hablan mal de los demás, como hago yo aquí, supone tal vez una paradoja, puesto que estoy haciendo lo que repruebo. Cierto.

maledicencia2

Uno de los problemas de los maledicentes es que son en gran medida rehenes de aquellos a los que critican, pues sus vidas están demasiado pendientes de los errores ajenos, y sus mentes demasiado obsesionadas por buscar una nueva grieta en la que hundir la piqueta y pasarse unas cuantas horas demoliendo el terreno ajeno, en vez de edificar uno propio.

Y claro, eso mismo me sucede a mí al hablar de los maledicentes. Así que, para no ser rehén de ellos, para no ser vencido al vencer a mis enemigos, seré muy breve, pues ya se sabe que el veneno puede curar siempre y cuando se inocule sólo una dosis diminuta: una muestra del bacilo de la gripe te inmuniza contra la gripe, pero demasiado veneno te mata, o al menos te contagia.

Si hablo de los maledicentes es sólo como legítima defensa. Su manera de ser y de comportarse está tan extendida y es tan universalmente aceptada que quienes no gustamos de sus hábitos somos vistos como hipócritas.  Al parecer, sólo hay dos opciones:

1) Hablar mal de los demás

2) No hablar mal de los demás… y por tanto ser un hipócrita.

  Yo creo que existen más posibilidades, al menos una más: no hablar mal de los demás y no ser un hipócrita. Y tampoco un santo, ni un aspirante al paraíso de los bobos, al trono de los ingénuos o a la legión de los que no tienen sangre en las venas.

Por supuesto que yo también hablo a veces mal de los demás, pero la diferencia es que lo hago sólo a veces.  Cuando se es maledicente sin descanso, en realidad ya no se dice nada. Si uno está todo el día calificando a sus compañeros de trabajo, a los políticos o a los otros conductores de idiotas, estúpidos, descerebrados, hijos de puta, indeseables, tontos, inútiles, etcétera, entonces es como si ya no dijera nada. Mi opinión es que hay reservar los insultos para las grandes ocasiones.maledicencia

En definitiva, lo que yo pido es un cierto sentido de la proporción. Describir a alguien como hijodeputa no significa nada si aplicamos esa descripción a varias personas a lo largo del día. Se convierte en algo completamente plano y carente de significado.  Es una cuestión de grado, de medida, y, como le dije a un amigo hace un tiempo, hablar mal de los demás, insultar, denigrar y detestar a todo y a todos sin descanso expresa más cosas acerca de quien lo hace que acerca de aquellos a quienes se dirige el insulto.

Una mente que se ocupa tanto de los demás, de lo malo de los demás, está diciendo mucho acerca de sí misma, de su manera de moverse por el mundo, de su tolerancia y flexibilidad, de su soberbia y de su egocentrismo en el peor de los sentidos. De lo que busca y, por tanto, de lo que encuentra. Porque uno suele encontrar lo que busca.

En descargo de los maledicentes, hay que admitir que su actitud no siempre nace de su propio fondo moral, emocional o intelectual, sino que está fuertemente condicionada por un hábito que,  al menos en España, está tan extendido que es ya una moda, por no decir que es sencillamente una tradición.

Una moda o una tradición que ejerce una presión indudable sobre todos nosotros, puesto que en muchos lugares y situaciones parece exigirse hablar mal de los otros para socializar bien. En ocasiones, si no lo haces, incluso te miran mal: “No tienes opiniones, eres un hipócrita, no observas la realidad o quieres edulcorarla, te las das de santo, te falta carácter”, etcétera.

Al parecer, en otros países, al menos en el trato cotidiano, se da menos maledicencia y menos mala leche. No sé si es cierto o no. Y no sé si detrás de ello habrá hipocresía o no. Pero quizá sea necesario recordarles a los partidarios de la autenticidad que la hipocresía y el fingimiento son a menudo virtudes sociales tan importantes como la cortesía. Supongo que lo mejor es no ver la vida como un maledicente, pero, en caso de que suceda así, me parece recomendable un poquito de hipocresía, al menos para disminuir el estrés, la simpleza y la fatiga de oír siempre las mismas cosas y el mismo tono en tantas conversaciones.

Y de pronto me detengo. No estoy siendo breve. Debo terminar ya. ¿Me habré contagiado?

 

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Algo más sobre la maledicencia: El diablo y la maledicencia.

He hablado de la dependencia y el contagio al que se exponen los maledicentes en: El contagio por los adversarios

[Escrito el 9 de diciembre de 2003.
Publicado el 9 de diciembre de 2004 en Angkor Byt]

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El placer y la salud

Epicuro decía que la ausencia de dolor ya era placer, incluso consideraba que era el mayor de los placeres. No es extraño, si tenemos en cuenta que, según parece, Epicuro soportó mucho dolor físico a lo largo de su vida.

Eso pensaba mientras iba caminando feliz por la calle y preguntándome por qué tanta gente se queja cuando no está enferma. Y en estas sanas reflexiones, recordé una cita de uno de mis filósofos favoritos, que ya incluí en Esklepsis 2 y en el blog Wordls, y que aquí repetiré de nuevo:

“Hay gente que dice que la vida no es más que un tejido de desgracias; lo cual viene a decir que la existencia es una desgracia; mas si la vida es una desgracia, la muerte es todo lo contrario: la felicidad, puesto que es lo opuesto a la vida. Esta consecuencia puede parecer indiscutible. Pero los que así hablan son sin duda pobres o enfermos, porque si gozaran de buena salud, si tuvieran el bolsillo bien repleto, alegría en el corazón, Cecilias, Marianas y la esperanza de algo mejor todavía, ¡oh!, seguro que cambiaban de parecer. Yo los considero una raza de pesimistas que no puede haber existido más que entre filósofos indigentes y teólogos mauleros o atrabiliarios. Si existe el placer y sólo se puede gozar de él estando vivo, la vida es dicha. Existen desgracias, yo sé algo de eso; pero la existencia misma de esas desgracias prueba que la suma de la felicidad es mayor. Entonces, porque en medio de un montón de rosas se encuentren algunas espinas, ¿hay que ignorar la existencia de tan hermosas flores? No; es una calumnia contra la vida el negar que son un bien. Cuando estoy en una habitación oscura, me agrada infinitamente ver, a través de una ventana, un horizonte inmenso frente a mí.”     (Giacomo Casanova)

Y lo más asombroso es que cuando Casanova escribió este pasaje y la frase final, vivía amargado, enfermo, débil, olvidado y anciano en el Castillo del Dux de Bohemia, donde era objeto de burlas y desprecios. Tan sólo de tanto en tanto se le exhibía como mono de feria para que recordara sus pasadas hazañas amorosas y el resto de sus aventuras, como la fuga de los Plomos, sus viajes a España, Inglaterra, Turquía o Rusia, o su época de embustero místico.

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[1 de marzo de 2005]

 

La suavidad de las costumbres

Enrique José Varona, un filósofo cubano que vivió entre 1849 y 1933, decía:

  “El hombre no se moraliza con mandatos; suavícese el medio natural y social en que se desenvuelve y se suavizarán sus costumbres, y su inteligencia será el reflejo de esos sentimientos más humanos y por consiguiente más morales”.

Esto es tan cierto, creo yo, que hay que evitar siempre que se pueda el ejemplo brutal y asocial: la guerra, la disputa enconada y sangrante, la descalificación del adversario como persona o como ser humano, no sólo por lo que de malo tienen en sí tales cosas, sino por el peligro de que sean imitadas.

La primera Guerra Mundial, aquella guerra que iba a acabar con todas las guerras, rompió todos los tabúes que la sociedad europea había ido adquiriendo con gran esfuerzo, y volvió a poner la violencia en primer plano político. Seguramente fue la influencia determinante que hizo que el movimiento obrero se inclinase de una manera lamentable hacia la violencia y la revolución violenta. Y también fue el ejemplo que permitió el surgimiento del fascismo y del nazismo. En vez de apartarse horrorizados del infierno de esa guerra, los seres humanos parecieron quedar fascinados. La violencia llama a la violencia.

Tenemos ejemplos más recientes: el terrorismo islámico despertó la violencia imperial de Estados Unidos, que a su vez alentó de nuevo el terrorismo. Las guerras y el terrorismo contra Israel provocan la represión bárbara israelí, que a su vez realimenta el criminal terrorismo palestino, que a su vez realimenta los métodos brutales y asesinos de Israel. Al final ya nadie se acuerda de cuál es la causa y cuál el efecto y lo más probable es que sea imposible saberlo con precisión, pero la violencia continúa sin fin.

Vuelvo a Varona.

Creo que, como él dice, hay muchos aspectos brutales en la cultura que se van corrigiendo a medida que se suavizan las costumbres. Un ejemplo es el de cómo la gente del campo trataba a los animales. Frente a la idealización de la sensibilidad del hombre primitivo, del “buen salvaje” y del hombre de campo, la realidad suele ser muy diferente y la insensibilidad que muestran hacia los animales puede llegar a resultarnos incomprensible y bárbara: les importa o importaba bien poco el sufrimiento de los animales, porque para ellos eran tan solo instrumentos.

Del mismo modo, poco a poco se van abandonando costumbres bárbaras en las sociedades desarrolladas. Espero que la próxima sea la de la fiesta de los toros. Cualquiera que esté en contra de esta ceremonia cruel sabe que es muy difícil convencer a sus partidarios, pues esgrimen mil y una razones cuidadosamente elaboradas a lo largo de decenios de dialéctica: tradición, supervivencia del toro de lidia, arte… Razones similares se utilizaron para justificar el esclavismo, las luchas de gladiadores o los castrati.

Los castrati eran muchachos a los que se castraba para que en la adolescencia no cambiaran la voz y unieran a la clara voz infantil el dominio de la técnica de un adulto y su control. Ahora, con toda razón, nos parece que esta práctica es una barbarie que no se puede permitir. Existe una grabación del último castrato, Alessandro Moreschi, al que encontraron unos periodistas de la BBC en el Vaticano cuando iban a entrevistar a Pio X, creo. Era un hombre ya mayor, pero conservaba algo de aquella extraña voz que fue considerada la más excelsa, por encima de la de contratenor y la de tenor.

Los castrati habían sido por lo general chicos pobres del sur de Italia, que estaban condenados a una vida miserable, de la que escapaban gracias a ser castrados. Se consideraban a sí mismos unos privilegiados, como puede verse en las Memorias de Casanova (que se enamoró de uno de ellos) y en la película Farinelli. La castración, por tanto, sacaba a estos niños, de la pobreza y se sabe, además, que si la operación se hacía con atención podían conservar la virilidad, aunque no la capacidad de procrear. A pesar de ello, con horror y con razón, nos alejamos siquiera de plantear ahora esa posibilidad. Sin embargo, todavía muchos aceptan argumentos a favor de la fiesta de los toros, razones que ocultan el horror que significa que allí, en la plaza, haya un animal al que están martirizando, mientras que nosotros, en vez de reaccionar o vomitar, contemplamos ese espectáculo e incluso somos capaces de disfrutar de ello.

Goya mostró que no sólo los toros sufrían la fiesta, sino también los caballos

La fiesta de los toros, que antes se practicaba en muchos países de Europa, como Inglaterra, fue prohibida a medida que las costumbres se fueron suavizando. Tal vez el aislamiento de España impidió que aquí también fuesen prohibidas, pues durante la República las ideas antitaurinas avanzaban rápidamente. Lamentablemente, también en los toros, todavía somos hijos de la dictadura franquista y de su rancia brutalidad, que hizo de este rito una de sus señas de identidad.


[Escrito el 9 de julio de 2004]


ÉTICA, SOCIEDAD Y COSTUMBRES

[Se incluyen temas como “optimismo y pesimismo”, virtudes y defectos”, etc]

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Ética y política en Aristóteles

eticanicomacoPara entender muchas de las consideraciones políticas de Aristóteles es necesario, más que leer su Política, consultar sus Éticas (Ética a Eudemo, Ética a Nicómaco y Magna Ética).

Es allí donde Aristóteles dice que la ética es “una cierta disciplina política” (Ética a Nicómaco, 1094b,10).

Añade que aunque la ética estudia el carácter y los fines del individuo en cuanto tal, no hay que  olvidar que el hombre es en última instancia un zoon politikón (un animal político) y que el bien de la comunidad está por encima del bien del individuo:

“Pues aunque sea el mismo el bien del individuo y el de la ciudad, es evidente que es mucho más grande y más perfecto alcanzar y salvaguardar el de la ciudad; porque procurar el bien de una persona es algo deseable, pero es más hermoso y divino conseguirlo para un pueblo y ciudades” (1094b,5-10).

eticaeudemiaEs obvio que en la discusión, tan frecuente en China, entre taoísmo y confucianismo (individuo o sociedad), Aristóteles coincide con la postura confuciana (el individuo vive para la sociedad).

Desde un punto de vista se puede considerar que Aristóteles anticipa ideas como las de Hegel, que llevaron  a la divinización del Estado; pero, por otro lado, tampoco conviene exagerar, porque las palabras de Aristóteles se pueden leer de un modo más moderado, como una expresión de sentido común: no es que exija el sacrificio del individuo, sino que rechaza la posibilidad de que la ciudad sea sacrificada a favor de un individuo.

eticamagnamoraliaAristóteles en su Magna Ética a menudo emplea como sinónimos ética y política, pero recalca también una importante distinción: “el fin de la política no es el conocimiento, sino la acción”. El conocimiento político, en consecuencia, resulta inútil si no es llevado a la práctica.


 

Comentario 2015: esa distinción entre el bien teórico de la ética y el bien práctico de la política es sin duda muy importante. Por eso, es adecuada esa definición de la política como el arte de lo posible, mientras que la ética, supongo, se podría definir como el arte de lo deseable. No siempre coinciden lo deseable y lo posible, y por eso los moralistas siempre salen airosos de cualquier compromiso, mientras que los políticos pocas veces lo logran. Pero tan o más importante es en ocasiones la acción política que la propuesta ética, aunque esté condenada al fracaso ético y a la crítica inmisericorde.


[Publicado en 2007]

POLÍTICA

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CUADERNO DE FILOSOFÍA

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Somos lo que comemos

 

“Has de saber que tus perfecciones futuras guardarán relación con los cuidados que prodigues aquí para alcanzarlas”

Leibniz, Un sueño

comer

Leibniz se refiere en la cita anterior al otro mundo cristiano, como lugar en el que obtendrás esas perfecciones futuras, pero la idea se podría aplicar también a la reencarnación budista: tus futuras vidas dependen de tu comportamiento en esta vida.

Pero yo prefiero aplicarlo a esta vida terrenal.

Aristóteles decía que somos lo que hacemos: también se podría decir que seremos lo que hacemos.

Nos fabricamos a nosotros mismos día a día, así que, si queremos gustarnos en el futuro, deberíamos ir proporcionándonos cosas interesantes ahora, para disfrutarlas después. Muchas personas que dicen aburrirse hora tras hora tal vez lo hacen porque no pueden encontrar nada en sí mismas que les entretenga: nunca lo pusieron ahí dentro.

También se podría aplicar el dicho “Somos lo que comemos” no ya a la comida material, sino también a la intelectual y espiritual: dependiendo de los estímulos que nos proporcionemos obtendremos unos u otros resultados, creceremos de manera más equilibrada y mantendremos mayor vigor y belleza intelectual.

Creo que deberíamos ser no sólo sujetos pasivos en un laboratorio conductista, a la espera de que lancen estímulos sobre nosotros, sino sujetos activos cognitivos, que buscamos los estímulos y que, a menudo, incluso los creamos.

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[Publicado el 20 de enero de 2005]

LEIBNIZ

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cuadernodefilosofia

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