Parientes cercanos

Existen muchas maneras de definir qué es la inteligencia. Una de las más interesantes y precisas es:

La inteligencia consiste en ser capaz de modificar la conducta al tener en cuenta la información que se recibe del medio circundante.

Esta definición es bastante convincente, pero tiene el problema de que su campo de aplicación es muy amplio. Muchos animales pueden ser considerados inteligentes, como las abejas de las que hablé en Lo que sí está en los genes, capaces de señalar a sus compañeras dónde encontrar un buen campo de margaritas. Ahora bien, quizá no nos parecen tan inteligentes aquellas otras abejas de la especie higiénica que son capaces de abrir celdillas infectadas pero que no tiran la larva enferma, a pesar de tenerla allí delante, ya que carecen de la instrucción genética para realizar esa segunda tarea, a primera vista tan obvia. El comportamiento instintivo no nos parece inteligente y tampoco creo que lo sea el intuitivo, que es una especie de instinto, pero adquirido durante la vida del individuo, como dije en Inteligencia intuitiva.

Volvamos a la definición de inteligencia.

Minsky y un amigo

El comportamiento inteligente podría incluir no solo animales como las abejas, los cuervos, los perros y los gatos, y quién sabe si las esponjas (que tardaron hasta 1765 en ser reconocidas como animales), sino también a los ordenadores personales e incluso a los termostatos. Eso último es lo que opinó hace muchos años Marvin Minsky, uno de los pioneros de la Inteligencia Artificial. Minsky opinaba que un termostato que mantiene estable la temperatura de una habitación es inteligente, puesto que recibe información del medio circundante, por ejemplo que la temperatura es de 12 grados, y a continuación modifica su conducta, dando salida a aire caliente hasta que la temperatura se eleva a 18 grados. Cuando vuelve a recibir la información de que esa temperatura ha sido alcanzada, vuelve a modificar su conducta e interrumpe o disminuye la salida de aire caliente. La provocación de Minsky tenía la intención de señalarnos lo difícil que resulta definir la inteligencia, a pesar de lo que creen los partidarios de los test de inteligencia, quienes acaban en la inevitable conclusión de que la inteligencia es esa cosa que miden sus test.

Elementos de la inteligencia del termostato

Aristóteles ya nos ofreció una brillante distinción entre las tres clases de alma o naturaleza: la de las plantas, con alma vegetativa; la de los animales, con alma vegetativa y sensitiva, y la de los seres humanos, con alma vegetativa, sensitiva e intelectiva. Pero también podríamos considerar que las plantas, los animales, los seres humanos e incluso los termostatos pertenecemos a una extraña especie o género, la de los “procesadores de información”. Nos distinguimos unos de otros según sea nuestra mayor o menor capacidad de procesamiento. Probablemente, un termostato sea en esta clasificación un pariente cercano de una esponja, mientras que los más avanzados ordenadores comienzan a compartir con nosotros un cierto aire de familia.

 


 

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Originally posted 2017-04-14 14:05:54.

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Alan Turing y el juego de imitación

TURING Y LAS MÁQUINAS PENSANTES /1

Turing se planteó el conocido interrogante “¿Puede pensar una máquina?”, y lo rechazó “porque carece de sentido”.

Creo que es cierto que este tipo de preguntas, que implican esencias, suelen llevar a callejones sin salida lingüísticos.

Se ha intentado a menudo definir qué es pensar o qué es la inteligencia y, como señala Allen Paulos, los que trabajan en la IA (Inteligencia Artificial) se quejan de que sus detractores acaban diciendo (aunque no siempre de manera explícita) que pensar es “aquello que no puede hacer un computador”. Eso me recuerda la también circularmente viciosa definición de quienes hacen tests para medir la inteligencia: “La inteligencia es aquello que miden los tests de inteligencia”.

Turing parece anticiparse y precaverse de tal actitud y lo que se pregunta es: “¿Hasta que punto es capaz de simular un ordenador que es un ser humano?” Dicho con sus propias palabras: “¿Qué sucede cuando una máquina sustituye al sujeto A (a la mujer) en el juego de imitación?”.

 

El juego de imitación

La propuesta de Turing es poner a prueba a las maquinas con el llamado “Juego de Imitación”.

En el Juego de Imitación participan tres personas:

A (un hombre)

B (una mujer)

C (un interrogador, que puede ser indistintamente hombre o mujer).

imitation game 1El interrogador, situado en otra habitación , debe hacer preguntas a los dos sujetos, que para él son tan solo A y B, y determinar a partir de sus respuestas quién es el hombre y quién es la mujer.

El interrogador en realidad solo debe ser capaz de decir quién de los dos es un hombre (y por tanto que el otro es una mujer).

Naturalmente, las respuestas de A y B deben llegar a través de un medio neutro: a través de un mensajero, mecanografiadas, por la pantalla de un ordenador, etc.

Pero además, A y B participan de distinta manera en el juego: el cometido de el hombre es intentar que el interrogador se equivoque y el de la mujer es ayudarle a acertar.

imitation game 2Pues bien, a partir de ese juego, que se practicaba en su época, Turing propone la siguiente pregunta: ¿Qué sucede cuando una máquina sustituye a la mujer en el juego?

La nueva pregunta establece una línea definida entre las aptitudes y características físicas de una persona y las intelectuales. (Así, si hubiese robots con piel humana indistinguibles de seres humanos auténticos, no sería necesario impedir que el interrogador viese y oyese a los interrogados).

Pero surge una objeción: “¿No serán las maquinas capaces de hacer cosas que puedan ser definidas como pensamiento pero que en realidad sea nalgo muy distinto a lo que hace una persona cuando piensa?”

Turing descarta por el momento tal pregunta, porque él sólo pretende averiguar si las máquinas pueden jugar bien al juego de imitación. Si pueden engañar al interrogador.

Para no caer de nuevo en controversias esencialistas acerca de lo que es una máquina, Turing limita la participación en el juego “a las computadoras o máquinas digitales”.

 

¿Qué es una máquina digital?

Según Turing, las máquinas digitales constan de tres partes:

a) almacenamiento,

b) unidad procesadora

c) control.

Turing describe la conocida analogía entre los computadores y el cerebro humano y hace notar que “el empleo de la electricidad no es teóricamente relevante” para definir las máquinas digitales.”.

La característica más importante de las máquinas digitales es que son “máquinas de estado discreto”; esto es, que “pasan de un estado bastante definido a otro” (todo/nada, abierto/cerrado, 0/1).

maquina de turing

La máquina de Turing es algo tan sencillo como esto: un cinta con ceros y unos, una cabeza lectora de esos ceros y unos, y un control.

Esta característica hace universales a las máquinas digitales: cualquier programa es tratado de igual modo por máquinas de capacidad semejante. Algo que suelen olvidar sus críticos, es que Turing no se pregunta si las máquinas actuales (para él, las de 1950) pueden pensar (aunque Turing no habla de “pensar, sino de  jugar al juego de imitación), sino si podrán hacerlo alguna vez (pensar/jugar al juego). No se está intentando averiguar si existen ahora computadoras capaces de jugar al Juego de Imitación, sino “si existen computadoras imaginables que actúasen bien en él”.

Tras esto, Turing regresa a la pregunta inicial y da su opinión personal:

“Dentro de unos cincuenta años se podrá programar computadoras con una capacidad de almacenamiento aproximada de 10 elevado a 9, para hacerlas jugar tan bien al juego de imitación que un interrogador corriente no dispondrá de más de un 70% de las posibilidades para efectuar una identificación correcta a los cinco minutos de plantear preguntas”.

Además, dice, “a finales de siglo se podrá hablar de máquinas pensantes sin levantar controversias”.

Plantea entonces Turing las posibles objeciones a su propuesta.

turing machine lego

Si quieres conocer a fondo la máquina de Turing, puedes consultar la Wikipedia o esta excelente página The Alan Turing Year, en la que, entre otros muchos contenidos fascinantes se explica cómo construir una máquina de Turing con las piezas de LEGO

Continuará…


Esto es un comentario al artículo de Alan Turing Maquinaria computadora e inteligencia en el que propone su célebre prueba para distinguir entre seres humanos y máquinas. Son notas para un trabajo universitario realizado en 1989, por lo que su lectura puede resultar difícil y no muy interesante. Las ilustraciones y pies de fotos han sido añadidos en 2013.


(Escrito en febrero de 1989)

***************

TURING Y LAS MÁQUINAS PENSANTES

Originally posted 2013-12-23 00:56:46.

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John Searle contra la inteligencia de las máquinas

|| SEMÁNTICA Y SINTAXIS EN INTELIGENCIA ARTIFICIAL /1

Este investigación pretende examinar y discutir los argumentos de tipo semántico relacionados con la Inteligencia Artificial, especialmente los desarrollados por John Searle en varias de sus obras.

Podríamos comenzar, quizá, definiendo el término semántica en oposición a sintaxis y en conjunción con otros conceptos como significado o contenido.

Esa era mi primera intención, pero diversas razones me han hecho considerar preferible comenzar con un resumen de los argumentos de John Searle, para continuar, en la segunda parte, discutiendo el alcance del concepto semántica. De esta manera se puede limitar la investigación a lo directamente relacionado con las opiniones de Searle, pues si no se fijan ciertos límites, la investigación acerca de la semántica y el significado se haría inagotable. Por eso, pretendo examinar los argumentos de John Searle en el contexto general de los argumentos semánticos en contra de la inteligencia de las máquinas, y también en relación con el test de Turing.

En la parte final regresaremos a los argumentos de John Searle, para desarrollarlos en mayor detalle y desde una perspectiva crítica, aunque eso signifique repetir algunas cosas ya dichas.

John Searle

 A lo largo de toda esta investigación se utiliza con cierta flexibilidad el concepto Inteligencia Artificial. Aclaro a continuación los diversos sentidos en que se puede entender este concepto son:

a) De un modo general, todo lo relacionado con la investigación en ordenadores.

b) En un sentido más restringido, una disciplina concreta, que a veces se opone a la Simulación, y en la que se distinguen dos versiones, la fuerte y la débil (así lo hace el propio Searle).

c) En un sentido más laxo, se puede decir: “John Searle niega la inteligencia artificial”, debiéndose entender con ello que Searle niega que las máquinas, los artefactos creados por el ser humano, puedan ser, o llegar a ser, inteligentes (o a tener mentes, como él prefiere decir).

Sea cual sea el sentido en que se emplee el término, con mayúsculas o minúsculas (“inteligencia artificial” frente a “Inteligencia Artificial”), el contexto permitirá identificarlo sin dificultad. En la bibliografía incluyo todos aquellos libros que he utilizado directamente. Todo aquello que no esté puntualmente referenciado puede considerarse opinión mía, al margen de que sea sostenida por otros autores que no he considerado necesario mencionar (o cuya coincidencia con mis opiniones ignoro). Cuando me he visto obligado a añadir notas de contenido las he puesto a pie de página, para facilitar su lectura.

Continuará…


Esta investigación es un trabajo universitario que hice para la asignatura “Mentes y Máquinas” en 1989 o 1990. He modificado algunas palabras, frases o puntuación para hacer su lectura más agradable.

Cuando he añadido algo nuevo, en 2018, lo he puesto en otro color.

 


 

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¿Somos cebras o termostatos?

CONTRA EL JUICIO INSTANTÁNEO /1

polaroidExisten situaciones en las que estamos obligados a ofrecer una respuesta rápida, momentos en los que no hay tiempo para reflexionar, porque es necesario manifestar nuestra opinión de manera inmediata. Sin embargo, lo cierto es que que podemos disfrutar de la mayoría de los días de nuestra vida sin vernos obligados a cada instante a decir lo que pensamos de cualqueir cosa imaginable.

A pesar de que nadie nos conmina a comportarnos de esa manera, la mayoría de nosotros nos creemos en la obligación de dar continuamente nuestra opinión, incluso antes de saber acerca de qué estamos opinando. Es posible que la razón de esta costumbre se encuentre en los largos milenios de evolución de nuestra especie y de las especies que la precedieron, quizá podríamos remontarnos a los reptiles, los anfibios y los moluscos. No cabe duda de que la capacidad de respuesta rápida puede ser un valor para la  supervivencia: la ostra no puede dudar acerca de si le conviene cerrarse cuando siente la presencia de un depredador, el cervatillo de una manada no debería quedarse quieto con la esperanza de que el lobo decida atacar a otro de sus compañeros: la ostra debe cerrarse y el cervatillo debe correr.

Las respuestas instintivas, producto del proceso evolutivo, son de una tremenda utilidad para la supervivencia. También son útiles las respuestas de ese otro instinto que se va formando a lo largo de la vida del individuo al que llamamos intuición. La intuición nos permite reaccionar en ciertas situaciones para las que no nos ha preparado el instinto, proporcionándonos pequeños indicios significativos, de los que a veces ni siquiera somos conscientes, que modifican nuestro comportamiento. A veces nos cambiamos de acera cuando vemos a un individuo que se acerca, casi siempre porque nuestra prejuiciosa intuición nos dice que quizá sea alguien peligroso, tal vez  porque es de un color diferente al nuestro o porque tiene un aspecto que asociamos al peligro. En algunas ocasiones no se trata de un prejuicio, sino que hemos logrado advertir de manera correcta algo revelador en la actitud de ese individuo, aunque no seamos del todo conscientes de qué es eso que hemos advertido y solo tengamos la sensación de peligro sin más. Nuestra respuesta intuitiva es el resultado de nuestras experiencias previas y, como ya he dicho, también de nuestros prejuicios, pero nos permite elaborar pre-juicios, juicios previos con lso que enfrentarnos a situaciones similares a las ya vividas.

Sapolsky cebrasEn ocasiones, la respuesta de la especie (el instinto) y la del individuo (la intuición) trabajan en común. Como explica Robert Sapolsky en Por qué las cebras no tienen úlcera,  La respuesta de terror que un defraudador puede sentir al abrir una carta de Hacienda, un niño al ver cómo sus padres reciben el sobre con las notas de su profesor, o un condenado a muerte al leer la respuesta a su petición de clemencia, activa los mismos mecanismos que se activaban en nuestros antepasados de las cavernas al ver a un tigre o un león, pero la respuesta a esa señal de alarma será diferente: no echaremos a correr ni nos subiremos a un árbol (excepto, quizá, el niño). Nuestra reacción instintiva al temor o terror será controlada, primero por nuestra respuesta intuitiva y después, al menos en algunos casos, por una respuesta racional. Una carta, en definitiva, puede provocar la misma reacción emocional que los colmillos afilados de un tigre, pero no debería provocar la misma respuesta intelectual.

instantEn consecuencia, aunque podamos admitir el valor del instinto, de la intuición y de la respuesta rápida en muchas situaciones de la vida, eso no nos obliga a aceptar la conclusión de que debemos dejarnos llevar por el instinto, la intuición y la respuesta rápida en todas las situaciones de la vida.

¿Y en qué situaciones no debemos dejarnos llevar por esos mecanismos automáticos o semiautomáticos que se disparan solos? En todas las situaciones en las que no nos jugamos la supervivencia sino en las que, de manera más modesta, buscamos la solución a una cuestión, o en aquellos momentos felices en los que deseamos comprender algo. Lo diré de manera breve: en todas las situaciones en las que lo que lo único que esté en juego sea la verdad.

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Los modernos termostatos han evolucionado mucho en las últimas décadas, haciendo cada vez más complejo su pensamiento.

Me atrevo a pensar que esas situaciones son las más frecuentes en la vida de un ser racional y que, además, son las que nos hacen plenamente humanos. Cualquier animal, incluida la ameba, la esponja o la hormiga, posee respuestas automáticas. Hasta un termostato es capaz de ejercer respuestas automáticas, regulando la salida de aire caliente o frío según la temperatura que detecta en el medio exterior. Si, como decía el gran teórico de la Inteligencia Artificial Marvin Minsky, la inteligencia se define como la capacidad de cambiar nuestra conducta en función de la información que nos proporciona el medio, entonces no cabe duda de que los termostatos piensan: si detectan que la habitación está fría, lanzan más calor al medio; si detectan que está caliente, dejan escapar aire frío. Admitamos que según la definición de Minsky los termostatos piensan y que nosotros, además de un primate evolucionado, somos un termostato mejorado por siglos de evolución. De acuerdo, pero los termostatos piensan de una manera que no es la que nos interesa como seres civilizados.

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El sencillo cerebro de un termostato

Heidegger - Cido Gonçalves

Ello pensando (Heidegger por Cido Gonçalves)

El filósofo alemán Heidegger se maravillaba ante aquello que también asombra a algunos seguidores del zen y otras filosofías emparentadas con la mística de la otredad: “Ello piensa”, decía Heidegger. Y es una gran verdad. Pero ello piensa en nosotros, en los cervatillos, en los tigres, en las amebas, en las ostras y hasta en los termostatos. Ello es la respuesta automática, la de nuestro instinto, la de nuestra intuición, la de nuestra mente trabajando en segundo plano. Ahora bien, lo importante no es que ello piense, sino que pensemos nosotros, que piense yo y que pienses tú, querido lector.

El “Pienso luego soy” de Descartes hay que expresarlo con el pronombre explícito, lo que está presente en la fórmula francesa (“Je pense, doncs je suis”), pero que se pierde en la formulación en español y en latín (“cogito, ergo sum”/”pienso, luego soy”)). Hay que decir: “Yo pienso, luego yo soy”, porque, al margen de que ello piense, también pienso yo. El yo es la conciencia, ese feliz hallazgo evolutivo todavía no entendido ni explicado: el yo es el pensar sobre el propio pensar, la constatación de que pensamos. Cuando nos damos cuenta de que pensamos, nos convertimos en personas en su pleno sentido, individuos únicos  con la capacidad de examinar el fluir de nuestro propio pensamiento, nuestras respuestas instintivas, intuitivas y automáticas. Nuestras respuestas rápidas. Nuestros juicios instantáneos.

Debido a todo  lo anterior, sostengo que la capacidad de no responder, y en especial de no juzgar, de forma instantánea es una de las mejores características de la naturaleza humana y una de las que más a menudo olvidamos, dejándonos llevar por la respuesta rápida, incluso cuando nadie nos obliga a ello ni hay ningún peligro o amenaza a la vista.

Si al lector no le han fatigado estas reflexiones de tono filosófico (la filosofía, o al menos la buena filosofía, atenta casi siempre contra la respuesta rápida y por eso puede producir fatiga), quizá le interese examinar conmigo algunos aspectos concretos en los que he detectado en los últimos años un aumento de la tendencia a la respuesta rápida, al juicio instantáneo. He elegido varios de esos aspectos o situaciones: la política, la economía, la ciencia (y la paraciencia), y la identidad. Quizá añada alguno más.

Continuará…

*************

[Escrito en la Escuela de cine de San Antonio de los baños, en febrero-marzo de 2015]

CONTRA EL JUICIO INSTANTÁNEO

CUADERNO DE POLÍTICA

Originally posted 2013-12-23 00:56:46.

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¿Podrán pensar las máquinas?
Turing y las máquinas pensantes /2

Hemos visto (Alan Turing y el juego de imitación) que Turing se preguntaba si las máquinas pueden o podrán pensar y que, para huir de las definiciones esencialistas acerca de qué es “pensar” , proponía someter a las máquinas a un juego de imitación: ¿podrá algún día una máquina hacer creer a un humano que ella también es un ser humano?

Antes de continuar con el test de Turing, conviene conocer las objeciones que se suelen oponer a la posibilidad de que las máquinas piensen. El propio Turing las clasificó en varias categorías.

1 . Objeción teológica: el pensamiento es una propiedad del alma que ha sido dada a los humanos por Dios.
diosymaquinaObviamente, tal tipo de objeción tiene muy poco interés y ni siquiera es sólida teológicamente hablando, como demuestra el mismo Turing, al decir que si Dios quisiera podría dar alma a una máquina, a un animal o a una piedra. Dudar de eso sería poner en cuestión la omnipotencia de Dios.

Precisamente, y esto no tiene que ver con Turing, la contemplación de la complejidad del universo y del ser humano es una de las razones que más improbable hace la existencia de un dios todopoderosos: parece innecesario que un ser que puede mantener la existencia o no existencia por su mera voluntad se tome tanto trabajo en diseñar artefactos tan extremadamente complejos y en ocasiones tan mal diseñados como los que nos mantienen vivos: con Dios, podríamos funcionar igual de bien aunque estuviéramos huecos.

 

avestruz

2. Objeción del avestruz: las consecuencias del hecho de que las máquinas pensaran serían tan horribles que no se puede aceptar esa posibilidad.

Creo que esta objeción, aunque casi nunca expresada de manera explícita,  como señala el propio Turing, suele impregnar la mayoría de los argumentos en contra de la IA (Inteligencia Artificial), argumentos que parecen fabricados ad hoc para superar el miedo a las máquinas. Por eso, creo que lo primero que hay que plantearse al discutir sobre IA es si nuestra investigación no está condicionada de antemano por el deseo de que las máquinas no piensen y por el deseo de evitar que se cumplan los versos de Goethe: “Al final acabamos dependiendo de aquellas criaturas que hemos hecho”.

Muchos de los que temen a las máquinas pensantes, por otra parte, aplican una especie de racismo anticipado y sufren por un futuro en el que las máquinas controlaran, dominaran, gobernaran y/o explotaran a los humanos. En cierto sentido, sus argumentos se parecen a los de aquellas personas que se dejan explotar por gentes de su misma nacionalidad o etnia pero que no pueden soportar la idea de que quienes les exploten sean de otra nación o de otra etnia. Ante una situación de injusticia social absoluta, por ejemplo, a mí me trae sin cuidado si quienes la causan son chinos, judíos, musulmanes o gentiles: me importaría el hecho en sí.

Dado el estado actual de la cuestión, a quienes temen a las máquinas se les podría recomendar lo mismo que a quienes temen a los fantasmas: “No es a los muertos a quienes has de temer, sino a los vivos”. Hasta ahora, las máquinas han hecho poco por su propia iniciativa contra los seres humanos, tan poco como los fantasmas, es decir, nada. La frase equivalente, por lo menos a día de hoy, sería: “No es a las máquinas a quienes has de temer, sino a los hombres que las utilizan”.

Para terminar con estas comparaciones e imágenes, que no pretenden introducir argumentos morales, sino mostrar precisamente que tales argumentos no pueden usarse para dilucidar la cuestión planteada por Turing, Alen Paulos vaticina:

“Es concebible que con el avance de la inteligencia artificial, los chistes étnicos sean sustituidos por chistes robóticos”(Pienso, luego río).

godel

Kurt Gödel

  3. La objeción matemática: ciertas conclusiones matemáticas, como el teorema de incompletitud de Gödel, muestran que existen limitaciones en cualquier lenguaje matemático, lo que afectaría inevitablemente a las máquinas.

Este argumento sí tiene importancia, pero, aunque puede justificarse teóricamente con bastante solidez, sólo podrá ser respondido definitivamente a través de la experimentación y la investigación. Si somos rigurosos, habría que decir que solo se podría demostrar su falsedad, nunca su certeza.

byron-maquina4. Argumento de la conciencia: se resume en la Oración de Lister (1949) del profesor Jefferson:

“Hasta que una máquina no sepa escribir un soneto o componer un concierto con base en los pensamientos y las emociones que siente, y no a consecuencia de la caída venturosa de símbolos, no podremos estar de acuerdo en que la máquina pueda ser igual que un cerebro, es decir, que no solamente sepa escribirlos, sino también que sepa que los ha escrito. Ningún mecanismo podría sentir (y no sólo señalar artificialmente, lo cual es una invención fácil) alegría por sus éxitos, tristeza cuando sus válvulas se fundieran, placer al ser adulado y sentirse desgraciado a consecuencia de sus errores, encantado por el sexo, enfadado o deprimido al no lograr lo que desea”.

Este es el argumento al que Turing presta más atención y para el que propone su célebre test. La prueba podría servir para determinar si la máquina es capaz o no de hacer frente a preguntas y situaciones imprevistas. Eso no probaría que la máquina pensara, pero mostraría que las máquinas, al menos, son capaces de fingir las cosas que hacen los humanos.

maquina-poetaBlueprint-Machine

En cuanto a lo que sentimos los humanos cuando hacemos algo, hay que tener en cuenta que durante décadas los psicólogos conductistas negaron o rechazar considerar en sus estudios la existencia de estados mentales internos. Del mismo modo, los solipsistas no creen que las otras personas piensen o sientan las cosas que dicen sentir, así que, como se ve, el sentimiento no parece tan fácil de demostrar o definir como prueba de pensamiento real. Decía Ortega: “Del dolor de muelas de otro ser humano, lo único que tenemos es su espectáculo”. Es decir, supongamos que una máquina compone un soneto y además dice que lo ha hecho porque sentía esas emociones: ¿cómo comprobamos que miente? ¿Cómo lo comprobamos en un poeta humano?

 

5. Argumentos basados en incapacidades diversas: estos argumentos son variantes del argumento de la conciencia, como señala Turing, y apuntan a las cosas que no pueden o nunca podrán hacer las máquinas.  Eso no quiere decir que quizá alguno de ellos sea muy digno de tomarse en cuenta, pese a que, como también destaca Turing, tales argumentos suelen ser inductivos, se basan en la observación de cosas que suelen presentarse asociadas o correlacionadas:

“Una persona ve raíles de maquinas y , por lo que ve de ellas, concluye que esas son las características de las máquinas en general”.

Si ya de por sí la justificación final de la inducción suele llevar a una regresión infinita, cuando se trata de construcciones humanas, la validez de los métodos inductivos a posteriori se hace tremendamente problematica. Lo cierto es que, a medida que pasan los años, la cantidad de cosas que se niega a las computadoras se va reduciendo.

El mismo Gunderson, un rival de las teorías de Turing, ya no incluye la originalidad ni la capacidad de sorprender entre las características específicas de la mente humana. Con buen criterio, ya que la sorpresa, la originalidad, el que algo sea o no una obra de arte, etc, no son propiedades intrínsecas de las cosas, sino que dependen de quien aplica los términos, es decir, no existe la Bondad, la Belleza, etc. como Ideas de un Cielo platónico, sino que existen cosas buenas o cosas bellas y, además, en función de quien las describe así. Algo original a menudo lo es simplemente porque es algo que se había dejado de hacer en los últimos tiempos.

ajedrez-maquina

Cuando escribí este texto acerca del test de Turing, una de las cosas que se decía que las máquinas jamás lograrían hacer era ganar al campeón mundial de ajedrez. Pues bien, pocos años después lo lograron y desde hace años sabemos que es muy improbable que nunca vuelva a haber un campeón mundo humano capaz de vencer a la mejor máquina.

tick-tock-of-ozDe seguir este abandono de parcelas ‘humanas’ en favor de los ordenadores, quizá acabemos describiendo a las máquinas como al robot Tik Tok de L.Frank Baum:

“Un robot que piensa, habla, actúa y hace todo, excepto vivir”

No obstante, en relación con los argumentos de incapacidades diversas, se me ocurren varias pruebas que plantearían grandes problemas a la máquina simuladora que propone Turing en su test.

Por ejemplo: un actor que había trabajado con Stanislavski contaba cómo él le hizo recitar cuarenta veces la frase “esta noche”, significando en cada ocasión una situación o emoción distinta.

Jacobson cuenta cómo ese mismo actor colaboró con él, repitiendo esa frase en ruso cincuenta veces para sus estudiantes, que lograron en su mayoría decodificar correctamente la situación que describía la frase en cada una de las cincuenta repeticiones (ver Roman Jacobson, Ensayos de Lingüística General, 355).

Se me ocurren otras pruebas difíciles para la maquina, pero las dejo para otro momento.

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6. El argumento de Lady Lovelace:  Ada Lovelace, pionera de los computadores, cuando describió la máquina de calcular de Babbage, dijo:

 “La máquina analítica no pretende crear nada. Puede hacer cualquier cosa que sepamos ordenarle que haga.”

 Tenía toda la razón Lovelace en ese momento, pero Turing dice que eso no impide pensar que algún día se construya una máquina que actúe por propia iniciativa.

Creo que es también una variante del argumento de la conciencia o de la sintaxis/semántica, aunque Turing parece considerarlo diferente.

neuronas

7. Argumento de la continuidad del sistema nervioso: el sistema nervioso no es una máquina de estado discreto. Un pequeño error en la información correspondiente a un impulso nervioso que llega a una neurona, puede representar una gran variación en el impulso de salida de esta neurona. Por consiguiente, se puede argumentar que, si esto así, no se puede esperar que podamos llegar a imitar el comportamiento del sistema nervioso con una máquina o sistema de estado discreto.

Para este argumento, que se basa en la dicotomía analógico/digital, obviamente es muy relevante la investigación centrada en el sistema nervioso humano (que llevan a cabo, creo, los neurólogos o los neurofisiólogos) que la que se ocupa del funcionamiento de los ordenadores. En todo caso, lo que se discute es si tales características internas podrían ser detectadas externamente, como recuerda el mismo Turing nuevamente.

Este argumento, combinado con el matemático es el que desarrolló Roger Penrose en La nueva mente del emperador, si  no me equivoco. Penrose sostenía que el caracter continuo (es decir no discreto o no digital) del cerebro humano hacía que no pudiera ser imitado por una máquina que se basa en ceros y unos, sí y no, abierto y cerrado, es decir, respuestas no ambiguas. 

caos8. El argumento de la informalidad del comportamiento: no es posible elaborar un conjunto de reglas que describa lo que una persona debería hacer en cualquier serie de circunstancias posibles.

Creo que es muy interesante en lo que se refiere a la pregunta de si será posible que los ordenadores sean capaces de hacer todo lo que podemos hacer los seres humanos, pero que adolece, en relación estrictamente con la tesis de Turing, del mismo defecto que el anterior: lo importante, en esta prueba de Turing, no es averiguar si las reglas de conducta son reducibles a leyes de comportamiento (en terminología de Turing), sino si eso podría llegar a ser detectado por un observador.

Tiene también cierta relación con la tesis de Penrose, si no me equivoco: no es posible reducir cualquier comportamiento imaginable a un algoritmo, y como las máquinas funcionan mediante algoritmos…

maquina-telepata9. El argumento de la percepción extrasensorial: Turing decía que un humano telepata contaría con ventaja frente a un ordenador.

Yo, al contrario que Turing, no creo que exista evidencia alguna, ni indicio de evidencia, de fenómenos de percepción extrasensorial (PES o ESP), así que no considero, como Turing, tan sólido este argumento. En caso de que existiesen tales fenómenos PES, cosa bastante difícil de comprobar experimentalmente debido al llamado “efecto timidez”, quizá tampoco servirían para ‘desenmascarar’ a la máquina, aunque cabe dudarlo seriamente en el caso de la clarividencia, la precognición y la psicocinesis (Turing rebate sólo el caso de la telepatía).

Pasados más de veinte años desde que escribí estos comentarios a Turing, la telepatía no ha sido detectada de manera experimentalmente fiable y seguimos esperando. No descarto que sea posible tal cosa, aunque más bien creo que no es que exista la telepatía, sino que quizá existirá: me parece más plausible que acabemos creándola, en vez de descubrirla. 

En cualquier caso, a la espera de novedades en tal sentido, la telepatía es el argumento menos a tener en cuenta al considerar el test de Turing.

Estos son, muy sintetizados, los argumentos que Turing recopiló de aquellos que no creen que las máquinas piensen o puedan pensar alguna vez.

Continuará…

 ***********

Esto es un comentario escrito en 1989 al artículo de Alan Turing en el que propone su célebre prueba para distinguir entre seres humanos y máquinas. Son notas para un trabajo universitaio, por lo que su lectura puede resultar difícil y no muy interesante.

El texto en azul ha sido añadido en 2014. Para hacer más comprensible mi comentario, he tomado en algunas ocasiones resúmenes de los argumentos contra la inteligencia de las máquinas de la página de Epistemowikia dedicada a la Prueba o test de Turing.


TURING Y LAS MÁQUINAS PENSANTES

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Test de Turing y solipsismo

turing-solipsismo

El test de Turing, combinado con el solipsismo, plantea un problema impresionante.

A todo lo ya sabido, añadir: qué pasa si con la máquina compite un aborigen australiano a-occidental, un niño, un neurótico, etc.

En 1989, en un trabajo que hice en la asignatura Mentes y Máquinas, planteé que esas preguntas (¿es humano, es máquina, es mujer?) se aplicasen a quien decide, no a quien es examinado.

 

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(post quem 89, ante quem 1994)

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Psicoanálisis e inteligencia artificial

El psicoanálisis hace lo mismo que el debate IA (inteligencia artificial): construye, sin advertirlo, un personaje imaginario formado por miles de casos de estudio. Pero ese personaje no existe.


[1989]

Originally posted 2013-12-23 00:56:46.

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