El himno de batalla de la madre tigre

La inteligencia a menudo se ha comparado con capacidades medibles mediante pruebas y test de inteligencia y hoy en día casi todo el mundo acepta que si alguien tiene muchos puntos en su C.I. (IQ en inglés) eso significa que es inteligente. Sin embargo, la fiabilidad de los test de inteligencia ha sido puesta en duda a menudo, y de hecho han sido modificados una y otra vez para adaptarse a las nuevas nociones que tenemos de inteligencia. Al final resulta difícil evitar la tautología que ya mencioné en una ocasión anterior: los test de inteligencia miden la inteligencia y la inteligencia es esa cosa que miden los test de inteligencia.

El carácter discriminatorio de los test de inteligencia fue señalado de manera poderosa por el biólogo Stephen Jay Gould en su libro La falsa medida del hombre. Aunque algunos aspectos del libro son hoy discutibles a causa de posteriores investigaciones, destino al que están sometidas todas las teorías que se basan en la observación y la ciencia, me parece que la esencia de lo que dice Gould sigue siendo válida, lo que no implica negar la influencia de la genética en el ser humano, como sostienen algunos opositores de Gould.

En los primeros test de inteligencia empleados por el gobierno de Estados Unidos, los resultados para comunidades asiáticas, latinas y negras eran claramente inferiores a los de la comunidad blanca o puramente anglosajona (los llamados WASP, White Anglosaxon Protestant, blancos anglosajones y protestantes). Con el paso de los años, estos resultados han ido cambiando y los porcentajes se han ido equilibrando, a pesar de que es absurdo hablar de una mutación o evolución en los grupos estudiados que se haya producido en apenas unas cuantas décadas.

Según parece, en los últimos test de inteligencia los mejores resultados los obtienen personas procedentes de Asia Oriental (China, Japón y Corea del Sur), algo que parece tener mucha más relación con la cantidad de horas que las madres y padres obligan a estudiar a sus hijos que con una improbable mutación genética que se haya producido en las últimas tres décadas solo en esa parte del planeta.

Una prueba de ello fue el bestseller Battle Hymn of the Tiger Mother, publicado en 2011 por la editorial Bloomsbury, en el que una madre de origen chino, Amy Chua, contaba cómo había educado a sus hijas siguiendo criterios de exigencia que hoy en día en muchos países nos parecen inhumanos. Su libro dio origen a la expresión “Madre Tigre” (Mother Tiger o Tiger Mom), que se define en el diccionario MacMillan como: “Una madre verdaderamente estricta que hace trabajar a sus hijos de manera particularmente dura y que reduce de manera drástica su tiempo libre para que continuamente alcancen los más altos retos”.

Amy Chua, vestida de negro, con sus hijas y su marido (en el extremo derecho) en una presentación en Shanghai.

2018: Recientemente, Amy Chua ha publicado un nuevo libro, en esta ocasión junto a su marido, en el que sostiene que ciertas etnias o comunidades (en las noticias suelen escribir “razas” de manera absurda) desarrollan sus capacidades cognitivas mejor que otras. En concreto se refiere a ocho comunidades: judios, indios (de la India), chinos, persas o iraníes, libaneses, nigerianos, cubanos exiliados y mormones. La razón no sería genética, como es obvio al estar ahí los mormones incluidos, sino que se debería a un triple factor que comparten esas comunidades: un complejo o sentimiento de superioridad, inseguridad y capacidad de controlar los impulsos. Como no he leído el libro, no puedo juzgar si sus argumentos son sólidos o no. Sí que he oído hablar de estudios sociológicos en los que las personas con complejo de superioridad, con el sentimiento de que son mejores que los demás por alguna razón, suelen obtener mejores resultados que las otras, incluso en pruebas en las que se les imbuye de ese sentimiento de superioridad en el momento mismo de la prueba (por ejemplo, haciendo que acierten en cuestionarios preliminares trucados). También es obvio que los persas, los chinos, los mormones y los judíos se consideran pertenecientes a culturas superiores al resto o al menos a grandes culturas. Pero simpre es arriesgado establecer conclusiones tan decisivas a partir de ciertas coincidencias.

 


[Publicado el 20 de marzo de 2013. Revisado en 2018]

Creatividad y teorías bastante extravagantes

losgrandesinventosdetubau

Algunos de mis inventos

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El genio no nace, se hace

Que yo sepa, no se conoce ningún caso de genio que no haya necesitado hacerse, más allá de algún matemático, algún músico  o alguna persona dotada para ciertas operaciones mentales, que casi siempre combina su genialidad en ese terreno con el autismo o alguna otra característica mental que suele afectar a su vida cotidiana. Lo que antaño se llamaban idiots savants, idiotas sabios. Pero eso no es lo que suele considerarse un genio, sino tan solo “un genio… para el cálculo”, por ejemplo.

En realidad, yo estoy en contra de la definición de alguien como “genio”, pero podemos emplear la palabra para referirnos a esas personas que han destacado de manera notable en la historia de la ciencia, el arte, la invención o el pensamiento. No creo, por otra parte, que los genios que conocemos hayan sido las únicas personas que podían haber logrado lo que ellos lograron. Sería absurdo pensar que entre los miles de millones de individuos que han nacido en cientos de ciudades y en miles de pueblos perdidos ninguno de ellos pudiera haberse convertido en un genio.

Jorge Luis Borges

Tampoco es sin duda casualidad que casi todos los genios que han pasado a la historia procedan de lugares más o menos desarrollados, al menos desde el punto de vista cultural, y todos o casi todos han tenido a su alcance medios de los que no disponían muchos otros. El hecho de que apenas se mencionen dos o tres decenas de mujeres artistas o científicas antes del siglo XX, pero sí miles de hombres, no puede ser una simple casualidad. Aún teniendo en cuenta el machismo que ha ocultado muchos nombres de mujeres, la gran mayoría de las mujeres no tuvieron ni la más mínima oportunidad para desarrollar su talento a lo largo de casi toda la historia.

Es obvio también que Jorge Luis Borges no habría podido sentir la fascinación por la literatura inglesa que le permitió redefinir la escritura en español, si su abuela no le hubiera enseñado inglés casi como primera lengua.

Tampoco creo en la existencia de razas humanas, algo en lo que Borges sí creía (lo que es una muestra de que la educación también puede ser incompleta incluso en alguien como él), pero me permitiré usar la palabra negro, a pesar de que creo que no significa casi nada (ya he dicho que tampoco creo que signifique mucho la palabra “genio”): ¿crees el lector que Obama es el negro más inteligente de todos los que existen y han existido y que ninguno podría superarlo?

Sí, es cierto que parece muy inteligente, pero ¿no le puede haber dado una cierta ventaja el haber nacido en el territorio norteamericano de Hawai y haberse educado en Estados Unidos en los años 60 del siglo XX?

¿Cree el lector que es tan solo una asombrosa casualidad el que dos de los negros que figuran en todas las historias de la literatura universal nacieran en Europa? Me refiero, por supuesto, a Pushkin, símbolo de la poesía y la literatura rusa, y a Alejandro Dumas, gran patriarca de la literatura francesa. Por cierto, ¿cree el lector que también se debe a la casualidad que casi nadie sepa que eran negros?

Alejandro Dumas

Afortunado aquel que nace en una ciudad poderosa, decía Platón:

“Doy gracias a Dios por haber nacido griego y no bárbaro, hombre y no mujer, libre y no esclavo. Pero sobre todo agradezco el haber nacido en el siglo de Sócrates”.

No debe creer el lector que la preferencia de Platón por ser hombre y no mujer se deba a su misoginia o machismo, pues Platón es considerado, con razón, uno de los filósofos más cercanos al feminismo, al menos en comparación con su discípulo Aristóteles y otros pensadores de su época, con la excepción de Epicuro y Aristipo, quizá.

Alexander Pushkin

Esa preferencia de Platón se debe a que pudo observar las pocas oportunidades que tenían las mujeres en su época para desarrollar sus talentos intelectuales, políticos o creativos, del mismo modo que sabía perfectamente cuáles eran las ventajas de nacer libre y no esclavo, gracias a su propia experiencia, pues Platón fue vendido como esclavo por el tirano de Siracusa y pasó varios años en esta condición hasta que pudo ser rescatado.

Para defender que son los genes y no la educación los responsables de la existencia de los genios, se dice que los grandes maestros raramente tienen grandes discípulos. Es muy discutible que eso sea cierto.

Sócrates tuvo como discípulo a Platón, pero también a Antístenes, a Aristipo, a Euclides y a muchos más. Platón, a su vez, tuvo como discípulo a Aristóteles, quien tuvo como discípulo a Teofastro, que al parecer era también un filósofo de cuidado. En cualquier caso, los tres filósofos griegos más conocidos (Sócrates, Platón y Aristóteles) siguen una línea continua de maestro-discípulo. En el chan budista chino, la versión del budismo dhyana indio y el origen del zen japonés, sucede lo mismo: a cada maestro le sucede un nuevo maestro comparable a él, que no es su hijo, sino su discípulo, hasta tal punto que se producen escisiones continuas, porque los discípulos creen siempre hallar una verdad o una variante que supera la versión del maestro.

El medio griego den la antiguedad dio durante varios siglos decenas de filósofos, arquitectos y artistas. ¿Por qué dejó de darlos? ¿Cree el lector que se produjo una mutación genética que volvió estúpidos a los griegos? De hecho, el medio griego siguió dando pensadores en el lugar más desarrollado de la época, Bizancio, aunque la presencia cultural excesiva de la religión ortodoxa tal vez echó a perder parte de sus posibilidades, como lo hizo el catolicismo en Europa, consiguiendo que pensadores tan impresionantes como Escoto Erígena, Guillermo de Ockham o Nicolás de Cusa perdieran cientos de horas discutiendo acerca de esencias divinas, porque ese era el tema casi único del momento.

Confucio

En la Inglaterra Isabelina, Shakespeare no estaba solo: convivió con Christopher Marlowe, John Ford, John Donne y Ben Jonson, entre otros. En España, Cervantes, Lope de Vega, Quevedo y Góngora fueron contemporáneos. En la época de los Reinos Combatientes, antes de la unificación de China, se concentran las tres cuartas partes de los filósofos chinos; en la época Tang muchos de sus mejores poetas, en la Song los pintores y en la Yuan o mongola el mejor teatro.

A pesar de que los ejemplos se podrían multiplicar sin fin, se insiste una y otra vez en que los genes son más importantes que la educación y el medio circundante. Pero en la historia del arte, la filosofía y la ciencia hay pocos ejemplos de hijos que suceden a sus padres, excepto entre los artesanos, que aprendían el oficio porque era su mejor medio de vida. El problema es que, incluso en los casos en los que se da la sucesión padre-hijo, es difícil negar la importancia del ambiente, de la educación y de la enseñanza trasmitida. El hijo suele haber nosolo heredado los genes de sus padres, sino también los ha tenido como ejemplo.

Por otra parte, a veces se menosprecia la importancia del entorno para, de este modo, defender los propios méritos. Es como decir: “Me merezco mi fama, no por los privilegios de los que he gozado, sino porque soy genéticamente superior”. Es un planteamiento absurdo. Como si fuera más digno heredar que adquirir: aquello de lo que podemos presumir es lo que hemos alcanzado por nuestro esfuerzo (con la pequeña o gran ayuda del entorno), no aquello que nos vino ya de fábrica en los genes.

Sin embargo, las fábulas tradicionales, los cuentos de hadas o películas como La guerra de las Galaxias nos acostumbran a ese relato de la herencia genética. Es el relato de la pereza y la vagancia, en el que uno cree que le ha tocado la lotería genética, como quien espera que su décimo salga premiado en el próximo sorteo.

Padre e hijo, genios de la Fuerza


[Publicado por primera vez el 1 de enero de 2013 en Divertinajes. revisado en 2017]

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La Regla del 9 contra el perfeccionismo

Cuando estuve en 2015 en Sao Paulo en los Encontros de cinema, me hicieron una entrevista al terminar el coloquio, que ahora he dividido en dos o tres bloques. En esta primera parte, hablo de mis inicios como guionista y de lo malo que puede ser el perfeccionismo en las primeras etapas de la escritura. También cuento en qué consiste la regla del 9 de John Vorhaus.

[youtube]https://youtu.be/I2_SNtZ4nSc[/youtube]

Transcripción de la entrevista

“Yo soy Daniel Tubau, escritor, guionista, director de televisión, entre otras profesiones, profesor también sobre todo. También soy autor de varios libros de guión: Las paradojas del guionista, El guión del siglo 21… Uno que acabo de publicar recientemente, que se llama El espectador es el protagonista: manual y antimanual de guión… de roteiro, ¿no? Y bueno, tengo libros de ciencia ficción, de novela histórica china, tengo un poco de todo… muchas cosas.

Nací en Barcelona y mis padres siempre estuvieron relacionados con el mundo audiovisual. Mi madre es montadora, editora, pero editaba en el antiguo celuloide. Cuando era un niño, yo estaba siempre en las salas de edición y cogía los descartes de celuloide y me hacía mis propias peliculitas o films. Y mi padre es también crítico de cine, actor, profesor también de audiovisual y de periodismo, etcétera. Siempre he tenido mucha relación con el cine, pero los estudios, la carrera que hice, no son de guión o audiovisual, sino que estudié filosofía, es decir que tengo unos estudios completamente diferentes. No he estudiado guión en sí. Después, poco a poco empecé casi por casualidad, porque mi madre me dijo que buscaban un guionista en un programa de televisión, para hacer uan sección de cómic, de personajes de cómic como Superman, Batman, etcétera. Y empecé a trabajar a los 17 años en televisión y a escribir cuentos…. Lo primero que hice fue escribir cuentos de terror, con 17 años hice cuentos de terror y despuñes ya guión. Y a partir de ahí me fui dirigiendo hacia el mundo de la escritura de cine, dirección y televisión sobre todo.

John Vorhaus

John Vorhaus

El perfeccionismo y la regla del 9

Creo que uan de las cosas más importantes para escribir guión o cualquier otra cosa, es perder el juicio crítico demasiado estricto, el perfeccionismo. hay que abandonar el perfeccionismo, sobre todo en la primera fase. Hay que escribir cualquier cosa de principio a fin malísima. Hay un guionista de comedia que se llama John Vorhaus. Vorhaus tiene una regla, que se llama la Regla del 9. “Yo tengo la regla del 9, dice, y se preguntarán qué es la Regla del 9… Pues la regla del 9 es la que dice que de cada diez cosas que haces nueve son una mierda. No sirven para nada”. Entonces, cuando aceptas eso, ya te relajas mucho, porque estás escribiendo y piensas. “Uy, qué malo es esto… ¿cuántos intentos llevo?…. Cinco… Bueno, todavía me puedo equivocar otras cuatro veces. Puedo hacer otras cuatro veces mal las cosas y todavía puedo fallar”. Entonces, creo que hay que aprender a hacer las cosas mal, eso es lo primero.

Libro de John Vorhaus en español

Libro de John Vorhaus en español


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El espectador es el protagonista
Manual y antimanual de guión

espectadoreselprotagonista

El espectador es el protagonista es a la vez un manual y un antimanual. Su autor no se limita a examinar los errores difundidos por los gurús del guión, sino que también ofrece herramientas, como el método empático o el guión tachado, para hacer frente a los desafíos narrativos.

Un libro perspicaz en el diagnóstico, innovador en el aspecto teórico y muy estimulante en lo práctico que hará recuperar el placer de escribir no solo al guionista profesional sino a cualquier narrador inteligente.

Comprar en Casa del Libro

El espectador es el protagonista
Manual y antimanual de guión


Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión

Casa del Libro
Amazon

En este sitio web puedes encontrar todo tipo de contenidos relacionados con Las paradojas del guionista: entradas acerca del libro, noticias y presentaciones, críticas y comentarios… Sin embargo, casi todas las entradas presentan nuevos contenidos, a veces para matizar o enriquecer algo que se dice en el libro, en otras ocasiones para tratar asuntos que no pudieron desarrollarse a fondo en el libro. A continuación, se muestran las entradas, ordenadas en categorías o secciones.

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El guión del siglo 21

El futuro de la narrativa en el mundo digital

“Si en Las paradojas del guionista Daniel Tubau nos ponía en guardia contra las teorías dogmáticas, en El guión del siglo 21nos anuncia que el guión previsible de Hollywood y de la televisión convencional está en crisis. Los guionistas ya no quieren seguir esquemas simples o fórmulas mágicas. Frente al miedo instintivo hacia las nuevas narrativas, cada día surgen alternativas interesantes, gracias a este asombroso futuro que nos ofrecen las nuevas tecnologías, desde la narrativa hipertextual y la realidad aumentada a los videojuegos o Internet; desde las series de canales como HBO al crossmedia o el transmedia. Otras propuestas e ideas se encuentran en el pasado, en la historia audiovisual. Tubau demuestra que la profesión de guionista se está trasformando y que no se limita a la televisión o el cine, sino que puede y debe invadir todos los medios, o incluso la realidad misma.” (Contratapa del libro)

En este sitio web dedicado a El guión del siglo 21 amplío los contenidos del libro, corrijo errores, amplío cuestiones y muestro ejemplos en vídeo que, como es obvio, no podían estar presentes en un libro analógico. Los temas son casi inabarcables y para que el visitante de esta página pueda orientarse es muy recomendable que lea el libro.

Comprar en Casa del Libro  || Página web de El guión del siglo 21

ENTRADAS DE CINE 


 

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Nuevos lenguajes y creatividad

Santillana Lab Participantes

Hace unas semanas asistí como alumno y profesor a un taller, encuentro o clinic en , invitado por Fernando Herranz Mayoral y Juan Carlos Pérez.

santillanalabDanielEstuve allí como alumno porque compartí aquella sesión con personas de diversas profesiones, con las que aprendí muchas cosa verdaderamente interesantes; como profesor porque intenté aportar ideas relacionadas con mi trabajo como guionista o director o profesor de guión, dirección, creatividad o literatura. Es una manera de generar ideas que siempre me ha gustado, y que hizo célebre el MediaLab del MIT (Instituto de Tecnología de Massachussets), quizá el mayor centro de invención e innovación mundial.

La sesión tuvo lugar en un lugar llamado El Play, donde nos conocimos todos los participantes, charlamos un rato de manera distendida y después nos dividimos en dos grupos de trabajo, para compartir ideas y propuestas acerca de los nuevos lenguajes en la educación. Después los dos grupos volvimos a juntarnos y se hizo un resumen de los aspectos más interesantes.

#santillanalab

El viernes 13 de junio tendrá lugar la segunda sesión.

Pronto contaré más detalles, pero por ahora dejo aquí uno de los resultados de la sesión, una historieta en la que aparecemos los participantes.

[Puedes usar la barra lateral para leer el comic completo]


 

Creatividad y teorías bastante extravagantes

losgrandesinventosdetubau

Algunos de mis inventos

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Cómo descubrí cómo Teseo escapó del laberinto poco después de leer a Borges

Estaba el otro día, que en este caso es ayer, leyendo el cuento de Borges El jardín de senderos que se bifurcan, que trata de laberintos que se comparan con el universo, cuando, intentando describir un laberinto más complejo de lo habitual, escribí:

“Naturalmente, el laberinto propuesto por Borges no es un sencillo laberinto en dos dimensiones que sólo ofrece una, dos o cinco bifurcaciones al final de cada sendero, sino que se trata de algo mucho más complejo, que difícilmente puede ser reproducido, ni siquiera en tres dimensiones, porque también hay que añadir la dimensión temporal. Pensemos en varios laberintos de Creta superpuestos y en un sendero que no sólo nos ofrece caminos a derecha o izquierda, sino también hacia arriba o hacia abajo, y hacia el pasado y el futuro. Tal vez a eso se parecen las intrincadas conexiones de nuestras neuronas”.

 Recordé en ese momento una conversación que tuvimos mi amigo Marcos y yo acerca de laberintos y de cómo escapa una esfera de un laberinto bidimensional: simplemente, elevándose.

Lo cuenta Abbot en Planilandia.

Una esfera atraviesa Planilandia gracias a la tercera dimensión. Los habitantes de Planilandia solo ven una sucesión de círculos que van aumentando y después disminuyendo

Fue entonces cuando, en una de esas  iluminaciones súbitas que de vez en cuando nos alegran la vida, comprendí cómo había escapado Teseo del Laberinto.

BOrges en el laberinto (Knossos)

Borges en Knossos, probablemente muy cerca del Laberinto

He de decir, en primer lugar, que siempre me había extrañado la historia del ovillo de lana que Ariadna dio a Teseo para escapar del laberinto. Recordemos cómo lo cuenta Plutarco en su Teseo:

“Dédalo, antes de salir de Creta, había dado a Ariadna un ovillo de hilo mágico y le dio instrucciones sobre la manera de entrar y salir del Laberinto. Debía abrir la puerta de entrada y atar al dintel el extremo suelto del hilo; el ovillo iría desenredándose y disminuyendo a medida que avanzase, tortuosamente y dando muchas vueltas, hacia el recinto más recóndito donde se alojaba el Minotauro. Ariadna entregó ese ovillo a Teseo y le dijo que siguiera el hilo hasta que llegara donde dormía el monstruo, al que debía asir por el cabello y sacrificar a Posidón. Luego podría volver siguiendo el hilo, que iría enrollando y formando de nuevo el ovillo”.

TEseo en el laberinto

Eso es lo que le contaron los cretenses a Pausanias, claro, pero es una historia que resulta difícil de creer, especialmente si recordamos aquel dicho de Epiménides: “Todos los cretenses son mentirosos”. El problema es que, como Epiménides también era cretense, no sabemos si estaba mintiendo, por lo que cualquier testimonio cretense acerca de lo que hizo Ariadna (que también era cretense) no es muy fiable. ¿Y si Ariadna hubiese mentido a Teseo? No sigamos por este camino.

En cualquier caso, la historia que cuenta Pausanias nos obliga a imaginar a Teseo encerrado en el laberinto y a los guardianes dejando la puerta abierta para que, tras matar al monstruo, el héroe, una vez llegado al inicio del ovillo, saliera tranquilamente de la espantosa prisión. Eoo si que parece difícil de creer.

Es obvio que la puerta del Laberinto no podía permanecer abierta, porque si el Minotauro encontraba por casualidad la salida, también él escaparía del laberinto. Lo más razonable es pensar que los cautivos atenienses eran encerrados en el Laberinto y que después se cerraban las puertas a cal y canto.

Un ovillo de lana no parece tampoco una herramienta muy útil para escapar de un laberinto con las puertas cerradas. Ahora bien, si no se tratase exactamente de un ovillo de hilo o de lana, entonces quizá podríamos descubrir una mejor manera de escapar.

Eso es lo que entendí en aquél momento de iluminación: que no se trataba de un ovillo de hilo, sino de una soga.

Una soga bien enhebrada, una cuerda recia con la que descolgarse desde las ventanas o las terrazas del laberinto.

La solución es evidente, aunque sospecho que el lector no estará todavía convencido, así que le daré argumentos, procedentes de la leyenda, que parecen confirmar mi hipótesis:

“Cuando Teseo salió del Laberinto, salpicado con sangre, Ariadna le abrazó apasionadamente y condujo al puerto a todo el grupo ateniense”.

Es decir, que no sólo las puertas del laberinto estaban abiertas, sino que, además, no había guardias por allí y pudieron llegar hasta el puerto,  tanto el ensangrentado Teseo como todos los prisioneros que huían con él, sin que nadie los descubriera y detuviera en su camino.

¿No parece más razonable que la cuerda permitiese a Teseo y sus compañeros descender ya cerca del puerto, o incluso sobre la cubierta de un barco detenido junto al acantilado?

Laberinto medieval

Representación medieval del Laberinto que nos permite ver claramente que, aunque Teseo encontrase el camino a la puerta, de nada le serviría si estuviera cerrada, pero que si se descolgase con una cuerda eso le permitiría estar ya en el mar o en el puerto.

El segundo detalle de la leyenda que confirma mi teoría ya lo habrá adivinado cualquier aficionado a la mitología: Dédalo, es decir, la otra persona que logró escapar del laberinto (junto a su hijo Ícaro), ¿cómo lo hizo?

También por el aire, en efecto, con sus alas de cera.

Qué había terrazas o ventanas en el Laberinto es evidente, como nos confirma Marcos Méndez Filesi en su libro El laberinto, historia y mito, ya que esa  es la única manera de lanzarse a volar al aire libre.

No existía, en consecuencia, ninguna otra manera de escapar del laberinto que saliendo de él, de su trazado, pero no limitándose al plano en dos dimensiones, sino recurriendo a la altura. Un ovillo de lana que permita escapar de un enrevesado laberinto parece más propio de un cuento de hadas que de la fama de Dédalo como arquitecto y constructor del laberinto.

Dedalo e Ícaro

Dédalo e Ícaro en las alturas del laberinto

Por otra parte, podemos preguntarnos, si lo del ovillo de lana fuera cierto, por qué Dédalo no usó también un ovillo de lana para escapar. La respuesta parece evidente: Dédalo no necesitaba el ovillo porque ya sabía cómo salir del laberinto: el lo había construido y conocía el secreto de sus intrincados senderos. Pero de nada le servía ese conocimiento si las puertas estaban cerradas.

El lector también puede preguntarse ¿y por qué no usó una cuerda como Teseo?

Hay varias respuestas a esa pregunta.

La primera, porque Minos encerró a  Dédalo y a su hijo sin que pudieran hacerse antes con una cuerda como la de Teseo.

La segunda, que es compatible con la primera: porque Dédalo escapó del Laberinto después de que lo hiciera Teseo, así que ese truco ya se lo sabían sus captores y estaban prevenidos.

Es cierto que en muchas versiones se dice que primero escapó Dédalo y luego Teseo; por ejemplo, lo dice Robert Graves en Los mitos griegos. Pero eso es absurdo, puesto que el mito más aceptado, que cuenta el propio Graves, asegura que cuando Dédalo escapó del laberinto el rey Minos le persiguió hasta la corte del rey Cócalo , y que allí las hijas del rey mataron a Minos:

“Las hijas de Cócalo no querían perder a Dédalo, que les hacía tan bellos juguetes, y con ayuda de él trazaron un plan. Dédalo pasó un caño a través del techo del cuarto de baño y por él vertieron agua hirviendo o, según dicen algunos, pez sobre Minos cuando éste estaba disfrutando de un baño caliente”.

Si Minos murió allí, ¿cómo pudo recibir después a Teseo en Creta y encerrarlo en el laberinto? Sí Dédalo escapó antes, ¿cómo pudo darle el ovillo o la soga a Ariadna para que se la diera a Teseo?

Es obvio, por tanto, que cuando Teseo estuvo en Creta todavía estaba allí Dédalo, y que fue él quien contó a Ariadna cómo escapar del laberinto, pero no con un hilo, sino con una soga.

Existen otros detalles que completan y refuerzan mi teoría, pero los reservo para otro momento.

Minotauro

El Minotauro contempla el mar

[Publicado por primera vez el 12 de agosto de 2010 en El azar y la necesidad]. Revisado en 2014

El laberinto, historia y mito (Marcos Méndez Filesi)

La mejor historia del laberinto que conozco

Marcos Méndez Filesi

El laberinto, historia y mito


[No hace falta aclarar, supongo que en el título de esta entrada se da la paradoja chomnskyana de “Ayer vi a Juan mientras corría” (¿quién corría, Juan o yo?). En este caso, “Cómo descubrí cómo Teseo escapó del Laberinto mientras leía a Borges”, se ha  de entender de la sigueinte manera: era yo quien leía a Borges, no Teseo. Más sobre esta paradoja en: El juego de la ambigüedad de Chomsky y Pinker]

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Cómo vivir más tiempo

reloj

Muchas personas se preguntan cómo se puede vivir más tiempo, disfrutar de más años de vida. Aquí voy a ofrecer algunos consejos para ganar más años de vida, mas meses, más horas y más minutos.

Viajes en coche

Se suele considerar que un viaje en coche de una ciudad a otra ha de ser lo más rápido posible. Madrid-Barcelona en cinco horas. Se va por la autopista o la autovía, se pone el coche a toda pastilla y… se tiran cinco horas a la basura.

Porque cinco horas a toda velocidad, sin disfrutar del paisaje (¿qué paisaje hay en una autopista a no ser los encantadores molinos eólicos de Aragón?), sin detenerse excepto para tomar un café en un feo centro/bar//restaurante/kiosko de carretera. A una velocidad que impide, al menos al conductor, mantener una conversación sosegada y con todos los pasajeros  pendiente de que el conductor no se despiste o no se duerma. Tiempo perdido. Se cree ganar mucho tiempo, ahorrar horas, pero lo único que se hace es perder tiempo: las cinco horas del viaje.

Quien espera desespera

Esperamos a alguien. O esperamos un avión o un tren en el que vamos a viajar. Ese tiempo de espera lo catalogamos rápidamente como tiempo inútil. Un tiempo de transición en el que no puede suceder nada interesante porque no podemos iniciar nada en serio. Nos dejamos llevar por la desgana y tiramos minutos u horas a la basura. Si el amigo tarda en llegar a la cita, nos pasamos todo el tiempo pensando en cómo le regañaremos cuando llegue, y después, además, nos enfadamos.

Si cambiamos nuestra mentalidad de espera y en vez de pensar que nuestro amigo ya debía estar aquí, pensamos que es una suerte que todavía no  haya llegado, todo cambia de sentido. Ahora podemos observar lo que sucede a nuestro alrededor, mirar a aquellos tres que discuten en una mesa cercana, a esa muchacha que escribe al fondo del local, al ese camarero tan peculiar, enseguida encontraremos un nexo común entre todos ellos o un tema de reflexión adecuado para pasar los minutos de espera, que ya no serán minutos de espera, sino de vida vivida.

Salas de espera, aviones, trenes

En un viaje lleno de escalas uno cree perder valiosas horas de tiempo en las salas de los aeropuertos, en el interior de los aviones, en eso que Marc Augé llama no lugares. Yo he descubierto, sin embargo, que los no lugares son un lugar perfecto para pensar, escribir, iniciar investigaciones. Ya lo hice en Escrito en el cielo y en ningún lugar, cuando inicié dos investigaciones durante una serie de viajes con muchas escalas, una acerca de las máscaras y otra acerca de los no lugares. Recientemente, en un viaje a América, inicié una interesante investigación acerca de cierres, conectores y cerrojos. En todos mis viajes soy un ávido cazador de momentos e ideas, y muchos de ellos los obtengo no ante el paisaje fenomenal y ansiado, sino en el camino de un lugar a otro, o en el autobús que me lleva a la Ciudad de la imagen para dar mis clases. Los modernos medios electrónicos, como el programa para tomar notas Evernote, permiten no sólo escribir en el móvil estés donde estés, sino además tomar fotos del momento. Así voy llenando mi libreta electrónica de notas.

Trayectos

El tiempo que transcurre entre un lugar y otro, el recorrido que nos lleva de aquí a allá. Para muchas personas, ese tiempo no existe, es también un tiempo perdido, que se quiere que acabe, que no gusta. Muchas personas, en vez de caminar o pasear, trasladan sus cuerpos de un lugar a otro. Pero en cualquier traslado del propio cuerpo se lleva también ese extraordinario juguete que es la mente. Conviene usarla, no sólo para esquivar el tráfico o pensar en la prisa que se tiene y en el tiempo que se está tardando.

Si se suman todos los minutos ganados en estas y otras actividades que suelen ser consideradas tiempo perdido, se descubrirá que añadimos a nuestra existencia quizá entre cinco y diez años más de vida vivida.

 


 [Publicado por primera vez en Salón digital el 8 de mayo de 2010]

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Cómo salir de los círculos cerrados

San Isidoro

 

En la adolescencia adquirí la sana costumbre de anotar ideas o comentarios en los márgenes de los libros. En muchas ocasiones severos lectores me regañaban por «estropear así» los libros. Yo no sabía qué responder, pero seguía anotando en los márgenes porque me negaba a ser un lector pasivo que tiene que caminar en línea recta por la vía del libro, siempre mirando hacia delante, hacia la próxima página, como si llevara anteojeras. Para mí, el verdadero placer de leer un libro residía en conversar o discutir con el autor.

Por otra parte, también me di cuenta en algún momento de un problema: uno se mueve en círculos, que pueden ser muy amplios pero que están separados de otros círculos, como lo están dos galaxias por océanos de vacío o materia oscura. A veces se trata de disciplinas enteras: un lingüista puede no leer nunca un libro de sociología, y un psicólogo no consultar nunca el arte de la guerra de Clausewitz o de Sunzi, a pesar de que se trata de terrenos con nexos indudables. Tampoco los economistas suelen consultar los libros de las ciencias más cercanas a la suya, como la astrología, la quiromancia y otras artes de que se dedican a la adivinación mediante datos insuficientes y que abundan en predicciones no comprobadas.

Para salir del círculo de mis referencias inventé varios métodos. Uno consistía en no leer un libro de principio a fin y luego empezar otro, sino leer muchos y de muy diversos temas, mezclando novelas, teatro clásico, libros de mitología, de ciencia, de cualquier cosa. Un día conté los libros que estaba leyendo a la vez y resultaron ser más de ochenta. Como es obvio, a menudo me olvidaba de qué libro estaba leyendo y descubría años después que, por ejemplo, me había quedado a tres páginas del final del Martin Eden de Jack London. Al practicar este método me di cuenta de la riqueza del pensamiento asociativo porque, gracias a esa mezcla, mi mente establecía conexiones muy interesantes entre la física cuántica y la lucha de los olímpicos griegos contra los titanes y Tifón, o entre un pasaje de las memorias de Goethe y una poesía de Omar Jayyam. Lo importante es que esas conexiones se producían porque estaba leyendo a la vez un libro de Omar Jayyam y otro de Goethe: si no los hubiera leído al mismo tiempo, habría sido imposible dar con casi todas esas conexiones. Otro método era consultar y hojear muchos libros a la vez. Durante dos o tres años fui casi a diario a la Biblioteca Nacional y pedí entre cinco y diez libros cada día. Dos o tres los leía hasta el final, mientras que los otros los hojeaba.

Advertí también, es probable que a través de la lectura de Martin Gardner y Raymond Smullyan, lo insatisfactorio que resultaba el orden alfabético, como el de las fichas de los libros de la Biblioteca Nacional, que se usaban años antes de que llegaran los ordenadores. Como es obvio, a menudo pedía libros de los que había oído hablar a través de otros autores, pero también empleaba un método de búsqueda azarosa de mi invención:  entraba en el salón de ficheros de la Biblioteca Nacional, que eran cientos de cajas ordenadas siguiendo la famosa clasificación universal CDU (filosofía, y dentro de filosofía metafísica, y dentro de metafísica Heidegger, y dentro de Heidegger las ediciones disponibles de Ser y tiempo).  Y entonces, sin prestar atención a cómo estaban ordenados esos archivos  y ficheros, pensaba un número cualquiera e iba contando pasillo a pasillo hasta que me detenía en el que me había tocado. Caminaba cinco, cuatro o tres pasos y me acercaba a uno de los cajones, lo abría tanteando con los ojos cerrados y contaba, por ejemplo, 23 fichas. Entonces abría los ojos, anotaba las signaturas de los cinco primeros libros y los pedía, aunque trataran de cómo reparar la rueda de un autobús o fueran recetas para preparar limonada maltesa. Todavía no había leído lo que decía Borges: «Todo libro tiene una línea que lo salva», pero ya creía firmemente en ello. De este modo logré saltar fuera de mi círculo de referencia y hacer hallazgos muy interesantes, desde la Nueva Teoría de  la Naturaleza de Oliva Sabuco, a la Crítica del lenguaje de Mauthner o el Sefer Yetsirá  de los cabalistas.

Así que, en vista de todo lo anterior, ya puede suponer el lector el placer que me ha producido la expansión y desarrollo de los ordenadores y de Internet,  que hacen posible emplear métodos como los anteriores a diario, y que añaden la facilidad de archivar, copiar y guardar los hallazgos y encontrar  más cosas que en cualquiera de las bibliotecas del planeta, incluida la Biblioteca Nacional de Madrid y la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, que pasa por ser la mayor del mundo.

 

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Hipótesis y teorías bastante extravagantes