Semen de Iván

Iván Tubau, mi padre, acaba de publicar un nuevo libro de poesía, Semen, que recibió el premio Ausias March el año pasado. Está en catalán, que no sé si lo hablan muchos de los lectores de este weblog, pero tampoco me atrevería a traducir un poema de Iván. Así que pongo aquí un poema, aunque no el que quizá me gusta más, La densitat i el grau, porque ese muy largo para ponerlo aquí. Pero este es extraordinario no sólo en cuanto que poema, sino por las cosas que menciona, como esa canción que es una de las más hermosas que existen: Coucher avec elle, cantada por Montand.

Així donc, el meu segle
fou sobretot Coucher
avec elle de Desnos
cantada per Montand
i quand Margot dégrafait
son corsage pour donner
la gougoutte à son chatt
i Moustaki i Brassens
Avec ma gueule de
métèque Souriez-moi
Milord parce que je suis
Piaf je suis Barbara
une ombre de la rue
i el cony de l’amant d’Aute
mullant-ho tot, Sabina,
quand les llunes d’abril
eren del mel al Chiado,
Chavela, y cada noche
una noche de bodas.


Nota en 2017: tiempo después, Iván publicó una vdersión en castellano, así que buscaré este poema.


Iván Tubau

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Originally posted 2004-04-20 12:00:10.

El robot 3,14 conoce a su Creador

La historieta de 3,14 creada hace 40 años por Pastecca ha sido la entrada más visitada desde que tengo esa página en WordPress, así que supongo que muchos lectores estarán esperando la continuación.

Si no has leído la historieta anterior, hazlo antes de leer esta:

El robot de Google y 3,14 de Pastecca

En la última viñeta veíamos cómo el brazo del robot 3,14, completamente desmontado, llamaba a la puerta de su creador, el dibujante Pastecca, seudónimo de Iván Tubau. En estas dos últimas tiras,  el robot y su autor se encuentran por primera vez.

 

Pronto más aventuras de 3,14 rescatadas de los formatos analógicos…

***************

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Originally posted 2016-09-08 14:03:38.

El día de los trífidos, por Iván Tubau (y John Wyndham)

En 1970, mi padre, Iván Tubau, comenzó una adaptación al comic de El día de los Trífidos, la legendaria novela de John Wyndham.  La historieta está firmada con su seudónimo “Pastecca”.

La adaptación a color quedó incompleta, aunque Iván hizo una versión más larga a tinta en blanco y negro, que también quedó incompleta, precisamente en el momento en el que la novela se adentraba en el mundo de los ciegos, que es el argumento de John Wyndham que José Saramago copió en su célebre novela Ensayo sobre la ceguera. Al parecer, Saramago era aficionado a tomar argumentos de obras de ciencia ficción, añadiéndoles un trasfondo político explícito que raramente las mejoraba, al contrario que Borges, quien siempre mejoraba lo que robaba.

En este estreno mundial con 50 años de retraso, he combinado las dos versiones: las dos primeras páginas y media son a color y el resto en blanco y negro. La cabecera con el título pertenece a la versión en blanco y negro. En alguna viñeta he añadido un texto que no se podía leer bien, debido a la saturación del color.

Creo que algunos de los pasajes de esta aventura nos resultan muy actuales, en especial en estos tiempos de coronavirus.

 

 

 

Continuará…


 

 

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Originally posted 2011-06-02 21:25:23.

¡Un Moët del 53!

¡Feliz 2017… de Pastecca!

Mi padre dibujó este chiste en 1964. No estoy seguro de si llegó a publicarlo entonces. Lo he escaneado a partir del original, dibujado a tinta y plumilla, con un trazo fino y un color negro intenso, 42 años después, que aquí no se aprecia igual bien. Ya entonces un Moët&Chandon del 53 era muy apreciado. Hoy en día, veo que se vende a 725 euros la botella.


Al principio pensé que el chiste era del 74, pero después me dí cuenta de que ese “74” era el número del chiste, no la fecha. He deducido, por otros chistes similares también numerados, que es de 1964.

Pastecca (Iván Tubau)

PASTECCA… ataca de nuevo

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El robot de Google y 3,14 de Pastecca

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La duda de Gutenberg

por Pastecca (Iván Tubau)


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PASTECCA

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¡Un Moët del 53!

¡Feliz 2017… de Pastecca!


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El día de los trífidos, por Iván Tubau (y John Wyndham)

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Asomarse al interior

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Originally posted 2016-12-31 12:56:15.

PASTECCA

Iván Tubau, dibujante

Pastecca, alias Iván Tubau

Aquí inicio o reinicio la página de Pastecca, en la que iré subiendo los dibujos de mi padre, agrupándolos a veces en temas, como en este caso sucede con el arte moderno.

ARTE MODERNO Y ARQUITECTURA

Varios dibujos de Pastecca tienen como tema el arte y la arquitectura modernos. Ese era un tema acerca del que hablábamos mucho Iván y yo. Nos gustó mucho los dos libros que Tom Wolfe dedicó al asunto La palabra pintada (sobre las vanguardias pictóricas) y ¿Quién teme al Bauhaus feroz? (acerca de la arquitectura de la Bauhaus, pero también de Le Corbusier).

Nos hacía gracia el papanatismo (como el decía) de los críticos y los artistas contemporáneos, y todas aquellas casas inhabitables en las que los arquitectos modernos hacían vivir a sus clientes.

Mucho tiempo después, disfrutó mucho con la lectura de Las aventuras de la vanguardia, de Juan José Sebreli, un gran pensador argentino, siempre polémico, más allí que aquí, por separarse de todos los tópicos y pasiones favoritas de su tierra, al que llegó a conocer y a entrevistar largamente (pronto subiré esa entrevista).

Sin embargo, los dibujos que se pueden ver a continuación son de comienzos de los años setenta (1970 y 1972), por lo que es obvio que no están pensados bajo la influencia de Wolfe, que publicó sus libros en 1975 (La palabra pintada) y 1981 (¿Quién teme al Bauhaus feroz?).

Pero se podría pensar en otras influencias, como Mi tío (1958) y Playtime (1967), de Jacques Tati.

Los títulos de los dibujos los he puesto yo ahora, intentando ser lo más neutro posible y no anticipar el chiste.

ARQUITECTURA AUDAZ

Dos años después, en lo que no sé si se debe entender como una continuación de la historia…

CAMBIOS

Y después de la arquitectura, la pintura…

EL TRIUNFO DEL ARTE MODERNO

EN EL MUSEO

pronto más…

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Cosas que aprendí de mi padre

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De mi padre aprendí a dibujar en los manteles de papel de los restaurantes, costumbre que todavía mantengo, pero que me da la impresión que abandonó hace bastantes años. Aprendí también a poner en duda todas mis creencias, en especial las más queridas, y a buscar y reconocer mis juicios erróneos casi con orgullo. A experimentar y a probar lo ajeno y lo diferente.

daniel-dibujo-mantel

Dibujo que hice en un mantel mientras escribía este texto

Aprendí a apreciar el sabor de la verdad, no de la verdad absoluta, sino de las pequeñas verdades siempre puestas a prueba y siempre transitorias. Gracias a él sé que esa certeza siempre puesta bajo examen es lo que distingue a una persona inteligente y honesta, porque hay pocas cosas más mediocres que mentirse a uno mismo a sabiendas.

Aprendí a no justificar ninguna injusticia o crueldad mediante argumentos ingeniosos o ideologías inflexibles y dogmáticas, y a saber que existen ciertos actos que son injustificables en cualquier circunstancia. Aprendí a no confundir los deseos con la realidad, por fuerte que a veces sea la tentación, y a moderar la ceguera del que sólo ve lo que quiere ver.

daniel-ivan-rescate

ivan-arbol-

Aprendí a disfrutar del viaje, en aquellos largos trayectos de Madrid a Barcelona junto a él y mi hermana Natalia en un Doscaballos, viajes, que fueron una preparación a la antigua metáfora que Kavafis volvió a hacer célebre en Ítaca: el retorno de Ulises a su tierra. De muchos de esos viajes no recuerdo otra cosa que el camino, aquellos momentos en los que nos deteníamos en la carretera para robar frutas en los campos, y en los que escuchábamos música que todavía recuerdo. En aquellos largos viajes en coche también empecé a desarrollar mi afición hacia el pensamiento estadístico, de tanto tiempo que tenía para observar los coches que nos adelantaban (los más) o los que dejábamos atrás (los menos).

ivan-islaAprendí de mi padre a disfrutar de la poesía beatnik y de los taoístas y budistas de California, de Ginsberg, de Whitman, de Omar Jayyam y de muchísima poesía, aunque no siempre coincidamos en los poetas que nos gustan o en las razones que explican la emoción poética. Y por supuesto, he disfrutado de la precisa emoción de muchos de sus  poemas.

ivan-barba-jovenGracias a él llegué a entender la importancia del periodismo para una sociedad libre, a apreciar los placeres de la semiótica y del lenguaje, las bellezas de la complejidad de un McLuhan o un Proust, y a comprender que algunos cómics pueden compararse a la mejor literatura. A no creer en los papanatas y farsantes intelectuales o artísticos y a respetar y admirar a pensadores como Albert Camus o Bertrand Russell.

A través de mi padre llegué a  Montaigne y a su dulce amigo La Boetie, a Thoreau y otros anarquistas tempranos, y a él sin duda debo cierta preferencia temprana por el anarquismo, que me salvó de algunos dogmas de la época, una preferencia de la que aún, como él, conservo algunas querencias, las que me acercan a Kropotkin pero que me alejan de Bakunin. El anarquismo del amor y el apoyo mutuo y no el del odio y la venganza. El de la organización que lleva a la justicia y no el del desorden y el caos injusto.

viki-ivan

Mi padre (Iván Tubau) y mi madre (Victoria García Laborda) ensayan en el Instituto del Teatro de Barcelona

 

Aprendí gracias a mi padre a conocer todas las farsas y mentiras de la religión, pero también a apreciar el dulce taoísmo, el chan y algunos detalles del zen;  el sufismo y también el encanto de algunos cristianos.

Aprendí de mi padre a amar los placeres sencillos pero también los complejos, a disfrutar muy pronto de los placeres sexuales con toda intensidad y ningún prejuicio; a amar la cultura sin idolatrarla, a apreciar el razonamiento lógico y complejo, la sutileza y la expresión sencilla, el ingenio y la erudición. A disfrutar con el razonamiento riguroso y la agudeza y la honestidad intelectual.

 

ivan-natalia-daniel

Iván Tubau

17 de agosto de 1937 / 13 de noviembre de 2016

 

**********

[Escrito antes de 2014. El día 14 de noviembre de 2016, un día después de la muerte de Iván, cambié ligeramente el título]

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Originally posted 2016-11-14 12:17:46.

Prohibid los placeres (John Milton/Iván Tubau)

De John Milton se suele decir que era ciego, puritano y que escribió El paraíso perdido. Es un resumen muy útil para ignorar quién era Milton.

Es cierto que era ciego, pero no siempre lo fue; es cierto que era puritano y partidario de Cromwell, pero no un fanático como lo fue el Lord Protector, y es cierto que escribió El paraíso perdido, pero también El paraíso recobrado, y otros muchos poemas y ensayos. Hoy imaginamos a Milton como a un ciego que nos mira a través de sus cuencas vacías, pero quienes fueron con él a la escuela le llamaban “la damisela del College” a causa de sus largos cabellos rubios y, según él mismo cuenta, a pesar de ser ciego, sus ojos azules parecían perfectamente sanos. También era republicano y escribió una de las primeras defensas del divorcio, que inició cuando su joven esposa de 17 años le abandonó. También es autor de un libro extraordinario en defensa de la libertad de imprenta y de prensa, Areopagitica, que ha sido razonablemente comparado con otro delicioso y poderoso ensayo inglés, Sobre la libertad, de John Stuart Mill.

La breve síntesis de la vida de Milton que nos ofrecen las enciclopedias nos oculta, como suele suceder, la personalidad del autor al que creemos definir. Milton es sin duda uno de los personajes más complejos e interesantes de la literatura clásica inglesa, que muchos, y yo me incluyo entre ellos, sólo conocen de una manera superficial, como una suma de resúmenes y síntesis.

Un pasaje interesante de la Areopagítica de  Milton es cuadno dice a quienes quieren prohibirlo todo:

“Si pensamos en regular las prensas, para con ello enderezar los modales, deberemos regular toda casta de solaces y pasatiempos, todo aquello en que los hombres hallaren su deleite. No habría que oír música, ni debería ir canción al pentagrama o ser entonada, como no fueran dóricas y graves. Ni sin permiso debería espaciarse la danza, para guardar a nuestra mocedad de ademán, movimiento o porte de los que vuestro permiso no estimara honestos…”

Es un párrafo que me recuerda un hermoso poema de mi padre, Iván Tubau:

WALKMAN
Un barco, el mar
cuando anochece
– ¿cómo
decir cuando anochece que anochece

sin decir que anochece?-
y el saxo de John Coltrane estallando
directamente en tu cerebro:
¿Queréis droga más dura?
¿Cómo es posible
que aún sean legales
el mar, la muerte lenta
del sol,
los barcos
grandes como el mundo,
Miles Davis
y la cinta magnética, los Aiwa
portátiles baratos, las pilas
de todos los timbres que vos apretás
y sobre todo
los demoniácos auriculares?
Prohibid
la música y el mar y los atardeceres:
dan placer.

*********

[Publicado por primera vez el 8 de diciembre de 2008]

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Originally posted 2012-04-10 01:15:04.

Iván Tubau en Un viernes santo

Gracias a José Luis Guerín, que me lo contó en un reciente viaje a Barcelona y que después me puso sobre la pista, he descubierto Un viernes santo, un cortometraje en el que aparece mi padre muy joven, con 23 o 24 años.

Sorprende que Juan-Gabriel Tharrats rodase esta historia en 1960 y no sorprende nada que tuviera problemas con la censura franquista. Para mí, el cortometraje es obvio que tiene un valor sentimental que se sobrepone a todo lo demás, pero también me ha gustado la historia de esa muchacha que el viernes santo se escapa de la procesión y se entrega a un rito mucho más págano.

 Gracias a José Luis Guerín por avisarme de la existencia de Un viernes santo y a Enric H.March por haberlo subido a internet (Enric H.March: Un viernes santo)

IVÁN TUBAU (PASTECCA)

 

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Círculos en el agua

Una de esas hermosas casualidades o carambolas que a veces se producen me ha hecho moverme estos días alrededor de las ondas en el agua y el recuerdo de mi padre.

El detonante fue un vídeo de Benjamin Biolay que no había visto y en el que aparece fugazmente Françoise Hardy y dice “Todos hemos pasado por eso”.

Al mismo tiempo, tenía programada para publicar hoy una entrada relacionada con mi Filosofía de la física cuántica, pero al releerla vi que era demasiado confusa y empecé a corregirla. Al revisar mis otras entradas acerca del experimento cuántico de la doble rendija encontré al final de una de ellas un enlace a una canción, que puse  más como una broma que como otra cosa, puesto que estaba hablando del experimento de Young de las ondas que forma el agua al lanzar una piedra. Me refiero a un vídeo de la hermosa canción de Françoise Hardy Des ronds dans l’eau (l”los círculos en el agua”):

Siempre me llamó la atención en esta canción la estrofa final, en la que habla de aquel tonto del pueblo que se quedó allí, lanzando piedras al agua y mirando los círculos que se formaban, como una metáfora de la futilidad de tantos de los esfuerzos que hacemos en la vida, un sentimiento que a veces me asalta, en especial cuando sufro un dolor tan grande como un cólico en el riñón, que padecí hace dos días, y durante el que, en un sueño febril, vi por un instante a mi padre como si estuviera a mi lado, con tanta claridad que me desperté asustado:

“S’il y a tous ces témoins
Que tu veux dans ton dos
Dis-toi qu’ils pourraient bien
Devant tes ronds dans l’eau
Te prendre pour l’idiot
L’idiot de ton village
Qui lui est resté là
Pour faire des ronds dans l’eau
Pour faire des ronds dans l’eau”.

Pero, como  estos días estoy en Barcelona, en la vieja casa del barrio gótico en la que pasé tantos días de mi juventud junto a mi padre, escribiendo varios de mis cuentos en una de aquellas máquinas de escribir, tal vez una Olivetti Lettera 32, y puesto que tengo alrededor muchas de sus fotografías, la conexión con Françoise Hardy se hizo obvia, ya que en su libro de memorias Matar a Víctor Hugo, mi padre eligió para la portada una fotografía en la que aparece con ella en el Festival de San Remo de 1964.

Así que busqué en Matar a Víctor Hugo el pasaje en el que habla de su encuentro con Hardy:

“Conozco a la cantante Françoise Hardy, Tous les garçons et les filles de mon âge, me enamoro de ella, me invita a cenar: “Soy yo la que paga, si no, no vamos”. Hablamos mucho -en 2000 los dos tendremos gris el pelo, no nos lo teñiremos-, pero…”

Y para terminar con la carambola de conexiones más o menos previsibles, al escribir esto no puedo evitar recordar el epitafio de Keats que él mismo decidió en un viaje a Roma: “Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua”, lo que me lleva a mi antigua página Escrito en el agua.

En fin, una suma de recuerdos que se extiende como las ondas alrededor de una piedra lanzada al agua.

 


MEMORABILIA

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Iván Tubau en “Vámonos, Bárbara”

Una escena de la película Vámonos Bárbara, dirigida por Celilia Bartolomé en 1978.

Con Amparo Soler Leal, Julieta Serrano y Cristina Álvarez. Además de mi padre, Iván Tubau.

 

La película puede verse completa en la página de TVE: Vámonos, Bárbara


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