EL JUEGO DE LA AMBIGÜEDAD INTERNA, de Daniel Tubau

En el juego de la ambigüedad, las frases que se proponen son equívocas para el que las lee o las escucha, pero no para el que las dice o las escribe. Tomemos la frase:

  • “Hildegard quiere casarse con un culturista”

Esa frase es ambigua porque quien la lee no sabe si Hildegard quiere casarse un culturista en particular, digamos Arnold Schwarzenegger, o con cualquier culturista que se le ponga a tiro.

El famoso juego del rostro con dos lados izquierdos o dos lados derechos.

Sin embargo, aunque al lector la frase le resulte ambigua, nosotros, quienes hablamos de Hildegard, sí que sabemos si busca a un culturista o si ya tiene uno.

Es decir, si se tratara de una frase empleada en una conversación, y no tan sólo de frases hipotéticas que describen situaciones imaginarias, entonces quien las dice comete una ambigüedad, pero no por ello esa ambigüedad le afecta a él: él sabe cuál es la interpretación correcta de la frase.

La pregunta es: ¿podemos imaginar frases, ideas o temas en los que nosotros mismos, los que las usamos no sepamos su significado?

Parece imposible, o casi.

La verdad es que no estoy seguro de qué es lo que busco exactamente, aunque tengo la sensación de que si encontrase un ejemplo lo reconocería al instante.

Mientras tanto, mientras surge ese ejemplo mágico (si a alguien se le ocurre, que lo escriba en un comentario), el lector puede seguir jugando al juego de la ambiguedad de Chomsky y Pinker.

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[Publicado por primera vez el 6 de marzo de 2004 en Cibernia/Memex]

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EL JUEGO DE LA AMBIGÜEDAD, de Noam Chomsky y Steven Pinker

Steven Pinker

Es un juego que aparece mucho en los libros de lingüística.

Se trata de frases en las que algo no queda del todo claro, frases que resultan inevitablemente ambiguas.

Steven Pinker, que estudió con Noam Chomsky, se refiere en su libro Cómo funciona la mente a frases como:

“Hildegard quiere casarse con un culturista”

¿Hildegard quiere casarse con un culturista en particular o es que frecuenta los gimnasios buscando uno?

 “Cada 45 segundos un hombre sufre un golpe en la cabeza en España”

¡Pobre tipo!

El juego, como se ve, consiste en escribir frases ambiguas con componentes equívocos e indefinidos. Cuando decimos “un hombre”, podemos referirnos a un hombre en concreto, como nuestro amigo Márcos Méndez Filesi, a un hombre al que nosotros no conocemos o a todos los hombres que reciben un golpe en la cabeza en España.

¿Cómo podemos medir o calcular la ambigüedad de una frase?

Se podría decir que la ambigüedad de una frase se mide por el número de posibles interpretaciones a que da lugar. Mientras más interpretaciones, más ambigüedad. Si tenemos la frase:

“Un hombre besa a una mujer cada cinco segundos

Podríamos entender:

a) Un hombre (concreto) besa a una mujer (concreta)
b) Un hombre (cualquier hombre) besa a una mujer (concreta)
c) Un hombre (concreto) besa a una mujer (cualquier mujer)
d) Un hombre (cualquier hombre) besa a una mujer (cualquier mujer)

  Aquí hay cuatro interpretaciones posibles. Todas ellas se basan en la diferencia entre los entes particulares y los generales. Se puede jugar en la ambigüedad entre: uno, varios, algunos, todos, cualquiera, ninguno…

Algo parecido es la estupenda frase de Lincoln que también cita Pinker (y que, creo, aparece en El nacimiento de una nación, de Griffith):

 “Se puede engañar a todo el mundo durante un tiempo; se puede incluso engañar a algunas personas siempre, pero no se puede engañar a todo el mundo siempre”.

 No es que esta frase sea ambigua, al menos en español, pero juega de maravilla con las cantidades de personas y los tiempos.

Noam Chomsky

Quizá en este juego no debamos limitarnos a la cantidad y se puedan buscar frases absolutamente ambiguas, en las que no sepamos quien (uno, varios o todos) hizo qué, cuándo lo hizo, etcétera. Como en el clásico de los libros de lingüística de Noam Chomsky:

“Ayer vi a Juan mientras corría”

¿Quién corría, Juan o yo?

 

El juego comienza. Quien quiera participar puede enviar sus frases ambiguas enviando un comentario al final de esta página.

Un desafío interesante sería encontrar una frase con cinco interpretaciones posibles. Todas las interpretaciones tiene que ser razonables, por supuesto. Mientras más corta sea la frase, más mérito tiene, como en el ejemplo citado más arriba de cuatro interpretaciones posibles (“Un hombre besa a una mujer cada cinco segundos). En consecuencia la frase ideal sería aquella con una estructura mínima, como:

” X  (se relaciona de la manera M) con Y”

 

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[Publicado por primera vez el 6 de marzo de 2004 en Cibernia/Memex]

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La Doble Etimología, de Fritz Mauthner

mauthner
“Búsquese en un diccionario manual cualquiera una palabra, mientras más corriente mejor, y se podrá seguir, por ejemplo en la parte alemán-francés, la evolución etimológica enalemán, y en la parte francés-alemán la evolución en francés; y ver claramente después, con la comparación de ambas historias etimológicas, lo casual de este proceso”

(Fritz Mauthner, Contribuciones a una crítica del lenguaje, 143).

Es decir se escoge una palabra que exista en dos idiomas y se ve su evolución etimológica, lo que probablemente dará resultados sorprendentes.

Quien quiera jugar, será bien recibido en este juego que parece desmontar, me temo, las teorías de los filoetimólogos (los filósofos que buscan en la etimología la razón de las cosas).

Un ejemplo quizá ayude a entender mejor el juego de Mauthner.

 

DOBLE ETIMOLOGÍA

LLAVE y CLAVE (24/4/2004)

Origen: latín (clavis) Evolución: ESPAÑOL/ESPAÑOL

La palabra latina clavis pasó originalmente al castellano con el sentido de “llave”.

Siglos después, en el uso culto, la palabra clavis se convirtió en “clave”.

Eso explica que en el fondo una clave es una llave: es algo que sirve para abrir algo que está cerrado, ya sea una cerradura o un misterio oculto.

 

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[Este juego de la doble etimología comenzó en 2004]

Si te interesa saber qué es la filoetimología: Los filoetimólogos

 

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Los SWIFTIES de Stephen King

king

 

Los swifties es un  juego del que habla Stephen King en Mientras escribo, sus memorias .

Según parece, el juego se les ocurrió a King y sus amigos porque leían a un tal Victor Appleton II, que escribía novelas protagonizadas por un héroe llamado Tom Swift. Appleton siempre usaba adverbios explicativos en las acotaciones de los diálogos, del tipo:

_No seas tonto -dijo despectivamente Utterson.

_Mi padre me ayudó con las ecuaciones -dijo modestamente Tom.

_¡Haced conmigo lo que queráis -dijo valientemente Tom.

Estas acotaciones  como se ve, son casi siempre redundantes e innecesarias.

Así que King jugaba con sus compañeros a hacer swifties, cuanto más absurdos mejor, como:

_Salgamos del camarote -dijo encubiertamente.

(Yo creo que es mejor con una pequeña variación: “Vayamos al camarote -dijo encubiertamente”.)

-¡Maldito seas! -maldijo Tom.

Sin embargo, King reconoce que él mismo cometió ese error y por eso dice aquello de “Haced lo que digo, no lo que veis que hago” (dijo el cura).

En una ocasión, a Ana Aranda se le ocurrió un swiftie buenísimo a partir de la célebre paradoja de la espontaneidad de la que habla a menudo Paul Watzlawick (“¡Sé espontáneo!”):

SWIFTIE DE Ana:

–Sé espontáneo -ordenó él.

Es buenísimo.

Para participar en el juego de los swifties sólo tenéis que pulsar en enviar un comentario y escribir vuestro swiftie.

 

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[La caricatura de Stephen King es de Al Hirschfeld]

[Publicado por primera vez el 1 de abril de 2004 en Cibernia/Love at First Byte]

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El juego de Goethe

Karl Philipp Moritz

Karl Philipp Moritz

En su Viaje a Italia, Goethe explica un curioso juego, que llama “el juego etimológico” y que atribuye a su amigo Moritz:

“Moritz ha inventado un alfabeto del pensamiento y la sensibilidad para demostrar que las letras no son arbitrarias, sino que se fundan en la naturaleza humana… Ahora bien, a partir de este alfabeto es posible establecer un juicio sobre las lenguas, y encontramos entonces que todos los pueblos han intentado expresarse según su sensibilidad interior, pero que todos se han desviado del camino correcto debido a la arbitrariedad y el azar. A partir de ahí, buscamos en las diferentes lenguas las palabras que han sido formuladas de manera más afortunada: a veces las encontramos en una lengua, en ocasiones en otra. Después modificamos las palabras hasta que nos parecen correctas, creamos otras nuevas, etc. Cuando queremos jugar bien, creamos nombres para personas, investigamos si a éste o a aquél le cuadra su nombre. Muchos son los que se han aficionado a este juego etimológico que nos proporciona interminables horas de asueto. En cuanto nos reunimos, iniciamos una especie de juego de ajedrez en el que ensayamos cientos de combinaciones, de tal manera que quien nos oyera por casualidad nos tomaría por locos. La verdad es que sólo me atrevo a confiar esta afición a las amistades más cercanas. En definitiva, es el juego más divertido del mundo y permite ejercitar increíblemente el sentido para la lengua.”

La pena es que Goethe no da ningún ejemplo y es difícil saber la naturaleza exacta del juego.

A menudo he pasado muy buenos ratos jugando con la etimología con amigos, por ejemplo con Karina Pacheco, como si fuera el juego de las definiciones falsas, pero con etimología.

Se me ocurre ahora: “acuerdo”, “recordar”, etc.

1) Unir mediante un hilo o cuerda imaginaria el presente con el pasado, buscando en la memoria algo sucedido tiempo atrás, atándolo de este modo para que no se olvide.

2) En el caso de acuerdo , se refiere a un pacto o convenio razonable, cuerdo.

3) Del latín “cor, cordis”, corazón. Porque antiguamente se consideraba que la sede de la memoria estaba en el corazón, o que los acuerdos se establecían “de corazón.”.

¿Qué etimologías son verdaderas y cuales son falsas?

Volviendo a Goethe, he buscado en el libro de Marius Serra Verbalia, dedicado a todo tipo de juegos de palabras, pero lo único que he encontrado referido a Goethe es que él y su gran amigo Schiller eran aficionados a los enigmas, pero no se menciona el juego etimológico.

Es posible que se pueda conseguir más información en la página web de Verbalia , que recomiendo desde aquí a los aficionados  a los juegos de palabras.

Por cierto, también resulta curioso que Goethe se tome a risa la etimología, al contrario de lo que hicieron muchos filósofos alemanes posteriores a él, quienes se la tomaban muy en serio. Goethe, que a menudo se lamenta de la pobreza del alemán de su época, se habría reído si hubiese escuchado a aquellos que decían y todavía dicen que hay ciertas cuestiones profundas que sólo se pueden entender si se sabe alemán.

Y es posible que, efectivamente, se riera ya de ellos en su momento, puesto que el joven Hegel era un gran admirador de Goethe y visitante asiduo suyo. Hay que recordar que Goethe, al que los aficionados al Coeficiente de Inteligencia consideran el hombre más inteligente que ha existido, con un C.I. estimado de unos 216 (130 ya es superdotado) decía que no sabía si aquel joven tan extremado que era Hegel era un genio o un loco, y confesaba que nunca lograba entender nada de lo que decía, cosas que nos pasa a muchas personas, que no sólo no tenemos ese C.I., sino que, además, no sabemos alemán.

(30 de agosto de 2003)


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