Los ordenadores y el ajedrez

AJEDREZ

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Richard Dawkins, en su libro El gen egoísta, vaticina que un programa de ajedrez llegará a batir al campeón del mundo y que ello será un necesario baño de humildad para la humanidad. Yo creo que sí, que el campeón humano acabará siendo vencido por el autómata, lo que tal vez obligue a complicar las reglas de ajedrez.

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[Escrito antes de 1994, probablemente antes de 1991, cuando todavía se pensaba de manera mayoritaria que los ordenadores nunca ganarían al campeón mundial de ajedrez]


 

Originally posted 1991-01-21 12:01:36.

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Los SWIFTIES de Stephen King CIBERNIA, JUEGOS CON PALABRAS

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Los swifties es un  juego del que habla Stephen King en Mientras escribo, sus memorias .

Según parece, el juego se les ocurrió a King y sus amigos porque leían a un tal Victor Appleton II, que escribía novelas protagonizadas por un héroe llamado Tom Swift. Appleton siempre usaba adverbios explicativos en las acotaciones de los diálogos, del tipo:

_No seas tonto -dijo despectivamente Utterson.

_Mi padre me ayudó con las ecuaciones -dijo modestamente Tom.

_¡Haced conmigo lo que queráis -dijo valientemente Tom.

Estas acotaciones  como se ve, son casi siempre redundantes e innecesarias.

Así que King jugaba con sus compañeros a hacer swifties, cuanto más absurdos mejor, como:

_Salgamos del camarote -dijo encubiertamente.

(Yo creo que es mejor con una pequeña variación: “Vayamos al camarote -dijo encubiertamente”.)

-¡Maldito seas! -maldijo Tom.

Sin embargo, King reconoce que él mismo cometió ese error y por eso dice aquello de “Haced lo que digo, no lo que veis que hago” (dijo el cura).

En una ocasión, a Ana Aranda se le ocurrió un swiftie buenísimo a partir de la célebre paradoja de la espontaneidad de la que habla a menudo Paul Watzlawick (“¡Sé espontáneo!”):

SWIFTIE DE Ana:

–Sé espontáneo -ordenó él.

Es buenísimo.

Para participar en el juego de los swifties sólo tenéis que pulsar en enviar un comentario y escribir vuestro swiftie.

 

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[La caricatura de Stephen King es de Al Hirschfeld]

[Publicado por primera vez el 1 de abril de 2004 en Cibernia/Love at First Byte]

cibernia

 

Originally posted 1991-01-21 12:01:36.

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CRIPTOGRAFÍA: Sherlock Holmes y el córnico

Cómo descifrar códigos y lenguajes /1

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Elogio o panegírico al rey Fernando III escrito por Athanasius Kircher, supuestamente en egipcio

Durante siglos se pensó que los jeroglíficos egipcios eran tan solo dibujos o, como creía Athanasius Kircher y otros seguidores de la tradición hermética, misteriosos símbolos que escondían significados arcanos.

Todo cambió cuando, durante la expedición napoleónica en Egipto, se encontró la piedra de Rosetta, en la que un mismo texto aparecía escrito en tres idiomas diferentes, griego, copto y aquellos indescifrables jeroglíficos que durante siglos habían traído de cabeza a los estudiosos. Gracias a la piedra de Rosetta, el francés Champollion pudo intentar descifrar los extraños dibujos y al mismo tiempo demostrar que no se trataba de un lenguaje simbólico.

La piedra de Rosetta, escrita en jeroglíficos, en demótico y en griego

Después, observando las letras que parecían repetirse en los dos cartuchos, dedujo que aquellos jeroglíficos representaban dichas letras. A partir de esta primera certeza, el desciframiento de la milenaria lengua egipcia inició un camino seguro que acabó revelando los significados de aquel milenario lenguaje, que no eran tan arcanos como suponían los filósofos herméticos.

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Fragmento de la piedra de Rosetta en el que se puede ver el cartucho que contiene el nombre del rey Tolomeo.

Lo que Kircher había traducido en su Obeliscus Pamphilius como: «el que origina toda fecundidad y vegetación es Osiris, cuyo poder generador lleva del cielo a su reino el Sagrado Mophtha», Champollion lo tradujo como “Autócrata, emperador, hijo del sol y soberano de las coronas [César Domiciano Augusto]». Del mismo modo la figura del león que supuestamente representa al misterioso Mophtha, al que Kircher “dedica páginas y páginas de exégesis mística», para Champollion es simplemente la letra L1.

Champollion tuvo la inmensa fortuna de contar con ese diccionario trilingüe que era la piedra de Rosseta, pero en otras circunstancias el desciframiento resulta casi imposible si no se conoce la lengua que se corresponde con los caracteres desconocidos. Sherlock Holmes intentó, según parece, descifrar una lengua misteriosa, el córnico, la lengua hablada en Cornualles, como nos cuentaWatson, en “El pie del diablo”:

«El antiguo idioma de Cornualles había despertado su interés, y recuerdo que se le metió en la cabeza la idea de que estaba emparentado con el caldeo y que derivaba en gran parte del lenguaje de los traficantes de estaño fenicios. Había recibido un cargamento de libros de filología, y ya se disponía a la tarea de desarrollar su tesis cuando, de pronto…»

Lamentablemente, Holmes es interrumpido por otra aventura, lo que le impide revolucionar los estudios de filología céltica, aunque, ¿quién sabe?, tal vez algún día se encuentren en los archivos perdidos de Sherlock Holmes sus conclusiones acerca de la lengua de Cornualles, o al menos eso nos hace suponer el final de la aventura:

«Y ahora, querido Watson, creo que podemos borrar el asunto de la mente y regresar, con la conciencia tranquila, al estudio de las raíces caldeas que se advierten sin lugar a dudas en la rama córnica del gran idioma celta”.

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Sherlock Holmes en Cornualles, caminando entre piedras córnicas

El lenguaje córnico dejó de emplearse en el siglo XVIII. Se cuenta que la última hablante murió en 1777, que se llamaba Dolly Pentreath y que sus últimas palabras fueron “Me ne vidn cewsel sawznek! (“¡No quiero hablar inglés!”). Se supone, por tanto, que Holmes se interesaba tan solo por los testimonios escritos, aunque no se puede descartar que encontrara a algún hablante del córnico posterior a Dolly, pues existen testimonios y rumores de que siguió hablándose el córnico en algunos hogares rurales de Cornualles.

Al lector quizá le interese saber que los expertos consideran que el córnico estaba emparentado con las otras lenguas británicas, el bretón y el galés, todavía en uso. Tenía, en consecuencia, raíces celtas, con posibles influencias de otras lenguas indoeuropeas como el latín, el griego, el ruso, e incluso el sánscrito.

 


[Esta entrada está escrita a parir de capítulos escritos para No tan elemental: cómo ser Sherlock Holmes, que al final no incluí en el libro]

Notanelemental-portada

No tan elemental
Cómo ser Sherlock Holmes.
Daniel Tubau
A la venta en todo el mundo
Amazon, La FugitivaRafael Alberti,Laie…)


carlos-garcc3ada-gualCarlos García Gual ha dicho de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes:
Es una mis mejores lecturas  de ensayos literarios en mucho tiempo, tanto por su originalidad como por su estilo. Y sobre un tema  para mí fascinante ya que me trae recuerdos de lecturas juveniles… Me tiene admirado su manejo de todos esos registros tan bien usados en esta trama tan erudita y esa disección tan inteligente, de fina “filología” (en el buen sentido de la palabra)… Creo que el resultado final es espléndido y muy divertido”.


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No tan elemental, de Daniel Tubau

Si ya estás leyendo No tan elemental, cómo ser Sherlock Holmes, haz clic en esta imagen.


 

Originally posted 1991-01-21 12:01:36.

  1. Umberto Eco, La búsqueda de la lengua perfecta []
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Una improvisación sobre… “Los libros de autoayuda”

SPEAKERCORNERWEB

Darling me envío una propuesta de improvisación…

“Los libros de autoayuda”

Y me ofreció otra opción:

“¿Estamos a salvo de nuestras propias críticas?”

Escribo esta improvisación en el café Zurich de Barcelona el 27 de septiembre de 2006 entre las seis y las seis y media de la tarde.

LOS LIBROS DE AUTOAYUDA

Los libros de autoayuda son ahora el género de moda, lo que nos puede hacer sospechar que empezamos a parecernos más a los romanos que a los griegos.

En la época romana, casi todos los filósofos escribían libros de autoayuda, desde Cicerón a Plutarco y Séneca, desde un esclavo como Epícteto a un emperador como Marco Aurelio. Tan sólo algún despistado como Lucrecio intentaba entender el universo, aunque lo cierto es que su libro Sobre la naturaleza empezaba con la física atomista, pero acababa en la autoayuda epícurea, lo que no le ayudó a evitar el suicidio (por propia voluntad, no como Séneca).

Para algunos, esto de volcarse en uno mismo, este contemplar el propio ombligo, es un signo de decadencia. Para otros, es una prueba de sensatez intentar resolver lo más cercano en vez de obsesionarse por lo más lejano.

En casi todas las civilizaciones desarrolladas, los libros de autoayuda han sido el género dominante, como en China e India: Confucio, Lao Zi, Zhuang Zi, Buda, Mahavira. De hecho, los libros de autoayuda actuales, al menos los que yo he leído u hojeado, suelen ser una imitación o reescritura de los clásicos, ya sea su inspiración el taoísmo, el zen, el sufismo, el estoicismo o Baltasar Gracián. Por eso suelen estar llenos de cosas estupendas, aunque su brillo proceda de plumas ajenas.

Pero les falta pensamiento propio y les sobra cierto tono de santón agnóstico, que demuestra que la autoayuda fundamental que proporcionan estos libros es la que recibe el propio autor por las ventas millonarias.

Otro defecto, tal vez debido a esta impostación de la voz, en autores como Paulo Coelho, es que sus lectores no aprenden grandes verdades, sino tan sólo a repetir grandes frases, algunas sin ningún sentido, como: “lo que tiene que pasar, pasará” (legendaria en tradiciones fatalistas como la musulmana) o: “Cuando deseas verdaderamente algo, el universo entero conspira para que lo consigas”, que tiene cierta gracia, siepre y cuando uno no se la tome como la llave para la felicidad. Así que los autores y los lectores de los libros de autoayuda conspiran para reducir a lugares comunes y frases huecas algunas buenas ideas tomadas de aquí y allá (El Alquimista de Las Mil y una noches, por ejemplo). Casi siempre es preferible el original.

Pero me doy cuenta, casi al llegar al final de esta improvisación, que falta algo. Me da la sensación de que estas improvisaciones consistían en mezclar dos o más temas, así que, como Darling añadía un tema opcional: “¿Estamos a salvo de nuestras propias críticas?”, que yo interpreto en el sentido: “¿Se nos puede achacar lo que criticamos en los demás?”, puedo decir ahora que yo tampoco estoy a salvo de lo que critico, puesto que suelo vulgarizar y hacer triviales con estas improvisaciones ideas complejas que merecen una reflexión más pausada.

Una muestra de esta simpleza mía es el haber aventurado tan rápidamente que nos parecemos a los romanos y a los griegos decadentes. Por dos razones: nunca antes como ahora, ni siquiera en la Grecia de los presocráticos, ni en la India de los Upanisads, ni en la China de las Cien Escuelas, se han buscado y se han encontrado tantas respuestas acerca del universo entero (incluido el cerebro del ser humano).

Simple es también dar a entender que este antropocentrismo al que contribuyeron los griegos desde Sócrates (o Demócrito), los romanos, los chinos, los indios y los libros de autoayuda, que se opone al Teocentrismo de los mitos y las religiones, sea sinónimo de decadencia.

Además, se puede considerar que los llamados períodos de decadencia son los mejores que ha conocido la humanidad. En uno de ellos vivieron y trasmitieron sus ideas Confucio, Lao Zi y Zhuang Zi; en otro, Buda y Mahavira; en otro se inició la filosofía griega, en otro se inventó la democracia y, en uno de los más recientes, el antropocentrismo fue origen de la Ilustración y se plasmó en la Declaración de los Derechos Humanos. Porque suele suceder que cuando te olvidas de Dios y otras divinidades, como la patria o la raza, empiezas a ocuparte de ayudar y autoayudar al ser humano. ¡Bendita decadencia!

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Nota:
Terminada la improvisación, me di cuenta de que no había por qué mezclar dos temas

Pronto otras improvisaciones en…

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[Publicado por primera vez el 27 de septiembre de 2006 en Ubicuo]


Originally posted 1991-01-21 12:01:36.

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