El diabolus ex machina

La expresión diabolus ex machina es la contraparte del conocido deus ex machina, del que he hablado a menudo tanto en Las paradojas del guionista como en la página dedicada al libro (Defensa del deus ex machina).

El deus ex machina consiste en la intervención inesperada de algo o alguien que no tiene nada que ver con lo que se ha contado hasta ese momento, algo que aparece de improviso, como un conejo de la chistera de un mago, para solucionar la vida a los personajes, y también al guionista o narrador, que no sabe cómo resolver el enredo de las tramas que ha planteado.

Como es evidente, lo que hace el diabolus ex machina es lo contrario: cuando ya todo parece solucionado, cuando estamos ya casi en el final feliz y el enemigo ha sido vencido, entonces una circunstancia inesperada, imprevisible y fortuita, viene a estropearlo todo.

El primer ejemplo de diabolus ex machina se encuentra en la primera obra literaria de la humanidad, La epopeya de Gilgamesh, un relato conservado en muchos idiomas, entre otros el sumerio, el acadio y el arameo.

La epopeya cuenta el fracaso del rey de Uruk, Gilgamesh en su búsqueda de la inmortalidad. Ya casi en el desenlace de la historia, cuando Gilgamesh se dispone a regresar frustrado a Uruk, el barquero Utanapishti, un extraño personaje que recuerda a Noé (más bien habría que decirlo a la inversa, pues el mito del bíblico copió el de Utanapishti), le dice:

“Gilgamesh, tu viniste hasta aquí
con gran dolor y fatiga:
¿Qué te voy a dar cuando regreses a tu país?
Voy a revelarte un misterio
A comunicarte un secreto de los dioses

Se trata de una planta con la raíz semejante

a la del Falso-Jazmín,
Y cuyas espinas son como las de la zarza
listas para pincharte las manos.
Si consigues hacerte con ella,
habrás encontrado la vida prolongada”.

No es lo mismo que la eternidad que acaba de perder, pero al menos Gilgamesh sí podrá prolongar su vida y recuperar también la vitalidad de la juventud. De este modo, quizá, ¿quién sabe?, podrá intentar de nuevo alcanzar aquella inmortalidad perdida. Gilgamesh no lo duda un instante y se sumerge hasta el fondo del mar:

“Donde encontró la planta.
Se apoderó de ella pese a los pinchazos.”

Entonces, el héroe, feliz y satisfecho tras todas las penurias que ha sufrido, le dice a su acompañante UrShanabi:

“UrShanabi, ésta es la planta
Contra el miedo a la muerte:
Con ella se puede recobrar la vitalidad.
Voy a llevarla a Uruk, de los cercados,
donde para probar su eficacia
haré que la tome un viejo:
Porque su nombre es:
“El viejo rejuvenece”
Luego la tomaré yo mismo,
para recuperar mi juventud”.

El regreso a Uruk es ahora feliz, gracias a este inesperado regalo de Utanapishti, que podríamos considerar un deus ex machina, pues se trata de un personaje que hasta entonces no había aparecido en la obra, aunque también podemos considerar que el deus ex machina es ese recurso, cuando ya todo parecía perdido, a una planta  milagrosa.

Después de recorrer trescientos kilómetros, Gilgamesh y UrShanabi acampan:

“Al ver Gilgamesh un pozo de agua fresca,
Entró en él para bañarse
Pero al olor de la planta
una serpiente salió furtivamente

de su madriguera y se la llevó
De regreso, se quitó una piel”.

La serpiente roba a Gilgamesh la planta de la juventud

La serpiente que roba a Gilgamesh la planta de la juventud, cuando ya todo parecía conducir a un desenlace feliz, es probablemente el primer diabolus ex machina literario conocido. El final feliz se ha convertido en trágico de manera imprevista:

“Gilgamesh, entonces se sentó
y lloró
Y las lágrimas resbalaban por sus mejillas.
Tomó la mano de UrShanabi el Barquero
y le dijo:
“¿Para quién se agotaron mis brazos?
¿Para quién la sangre de mi corazón
se ha derramado?”

El robo de la planta de la juventud también sirve para explicar por qué las serpientes cambian de piel y, de este modo, rejuvenecen.

Así que, fracasado, el gran rey Gilgamesh regresa a su ciudad de Uruk.


El deus ex machina y el diabolus ex machina

LA EPOPEYA DE GILGAMESH

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Originally posted 2011-06-07 20:14:09.

Gilgamesh y Canetti

En mi último viaje con tres amigos al sur, me llevé de nuevo el libro del primer viaje literario: la Epopeya de Gilgamesh.

En otro viaje  a Lisboa encontré al cuervo de Gilgamesh, que es también el primer cuervo literario conocido, además de antepasado directo del cuervo de Noé.

canetti

Elias Canetti

Siempre encuentro algo en Gilgamesh, porque casi todo empieza con él. Allí está el primer viaje, el primer cuervo, la primera amistad, la primera aventura de amor homosexual, la primera dicotomía entre naturaleza y civilización, la primera interpretación de sueños, la primera tentativa de escapar a la muerte, y tantas otras cosas que se encuentran en Gilgamesh por la sencilla razón de que es también la primera narración conocida y porque, en cierto sentido, aunque esté escrito en verso, es también la primera novela y la primera película. Ya conté todo esto en El primer libro contiene todos los libos.

En este viaje al sur leí pocas páginas de la nueva versión, editada por Trotta, pero, nada más regresar a Madrid, he encontrado lo que, para mí al menos, es una asombrosa coincidencia en la segunda parte de la biografía de Elias Canetti, La antorcha al oído:

“Descubrí el poema de Gilgamesh, obra que como ninguna otra ha influido en mi vida, en su sentido más íntimo, su fe, su energía y sus expectativas. El lamento de Gilgamesh por la muerte de su amigo Enkidu me conmovió profundamente:

“Por él he llorado día y noche,
No consentí que lo sepultaran,
por si mi amor despertaba a mi amigo.

Lo he llorado siete días con sus noches
Hasta que el gusano invadió su cara,
Desde que murió, no he vuelto a encontrar vida,
Y errante voy por la estepa, como un salteador”.

 

Luego viene su expedición contra la muerte, su peregrinación por las tinieblas de la Montaña Celestial y por las Aguas de la Muerte hasta que encuentra a su antepasado Utnapishtim, salvado del diluvio, a quien los dioses concedieron la inmortalidad. Por él quiere saber cómo se llega a la vida eterna. Es cierto que Gilgamesh fracasa y muere. Pero esto no hace más que corroborar en nosotros la necesidad de su expedición.

  De este modo he podido sentir la incidencia de un mito en mi propia persona; como algo que durante el medio siglo transcurrido desde entonces he pensado y repensado de muchas maneras, dándole vueltas de un lado a otro en mi interior, pero que ni una vez he puesto en duda. Capté como unidad algo que en mí ha continuado siéndolo. Me es imposible criticarlo. La cuestión de si creo o no en semejante historia, no me afecta; ¿cómo podría decidir frente a la sustancia más específica de la que estoy compuesto, si creo en ella? Pues no se trata de repetir como un loro que, hasta la fecha todos los hombres han muerto, sino sólo de decidir si uno se resigna a aceptar la muerte o se rebela contra ella. Rebelándome contra la muerte he adquirido un derecho al brillo, riqueza, miseria y desesperación de cualquier experiencia. He vivido inmerso en esta rebelión infinita. Y si bien el dolor de los seres queridos que con el tiempo he ido perdiendo no es inferior al de Gilgamesh por su amigo Enkidu, tengo una ventaja única sobre el hombre-león: que me importa la vida de cada ser humano y no sólo la de mis seres más próximos.”

De esto que comparto con Canetti da fe mi página Utanapishti (ahora llamada Nostoi, los regresos) y también una frase de Joseph Glanwill que encontré en Ligeia de Poe y que he llevado conmigo desde hace años:

“El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad”.

 


En una de mis antiguas páginas web, los enlaces estaban situados junto a unos extraños trazos serpenteantes:

mapa

Esas rayas temblonas son el mapa de dos ríos, el Tigris y el Eúfrates, que es por donde vivió Gilgamesh, en concreto en la ciudad de Uruk “la de los cercados”, que, dicen, ha sido descubierta hace poco. Pero el mapa está colocado del revés y por eso no resulta tan reconocible.

El Tigris y el Eúfrates y las ciudades de Ur, Eridú y Uruk


(Publicado por primera vez en Il Saggiatore el 13 de diciembre 2005)

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Originally posted 2009-06-23 20:07:18.

Sinleke Unumi, uno de los primeros escritores

 

La Epopeya de Gilgamesh es una de las primeras muestras de escritura que puede recibir el nombre de literatura, porque es la primera con una ambición narrativa obvia. No se limita a contar las hazañas de los dioses con un propósito religioso, ni las batallas de los reyes para elogiar su gloria, sino que parece esconder también un propósito artístico. No sabemos quién escribió este relato por primera vez, pero sí conocemos los nombres de algunos de los que la copiaron siglo tras siglo en diversas lenguas, como Sinleke Unumi, autor de la versión ninivita, la más apreciada. Nínive era una ciudad de Asiria y, por lo tanto, Sinleke Unumi, el primer autor literario conocido, era asirio.

Al leer las aventuras de Gilgamesh, rey de la ciudad de Uruk,  y de su compañero, el hombre bestia Enkidu, podemos preguntarnos las mismas cosas que  nos preguntamos al leer la Ilíada y la Odisea, las dos obras atribuidas a Homero. Del mismo modo que nos preguntamos si Homero conoció la escritura, podemos preguntarnos ¿conocía Sinleke Unumi la escritura?

La respuesta a la primera pregunta es difícil. Muchos expertos opinan que Homero era analfabeto, un poeta ciego, cuyos cantos alguien transcribió. En el caso de Sinleke Unumi, sin embargo, hay que suponer que conocía muy bien la escritura, a pesar de haber vivido probablemente 2000 años antes que Homero. ¿Y por qué lo digo con tanta seguridad? Porque es en la propia Epopeya de Gilgamesh donde se menciona la escritura de manera explícita en sus primeros versos:

“Voy a presentar al mundo
a Aquel que todo lo ha visto
que ha conocido la tierra entera
comprendido todas las cosas
y explorado alrededor
de todo lo que está oculto.

 

Excelente en sabiduría
todo lo abarcó con la mirada
contempló los secretos
descubrió los misterios
y nos ha contado incluso
el tiempo antes del Diluvio.

 

De vuelta de su lejano viaje
agotado pero apaciguado
grabó sobre una estela
todos sus trabajos.

Como se ve, quien nos transmite el poema no se atribuye el mérito de haberlo escrito, sino que afirma que el verdadero autor es el  protagonista de las aventuras, el rey Gilgamesh de Uruk. Para confirmar que se dispone a transcribir los textos escritos por el legendario rey sabio (2el que todo lo ha visto”), el escriba nos dice un poco más adelante:

“Ve ahora a buscar
el cofrecillo de cobre
manipula en él
el anillo de bronce
Abre en él
el pomo del secreto
y extrae la tablilla de lazulita
para descifrar
cómo Gilgamesh
superó tantas pruebas.”

Esta manera de iniciar el relato es la misma que emplea Cervantes cuando dice en el Quijote que las aventuras del caballero manchego fueron escritas no por Alonso Quijano en persona pero sí por Cide Hamete Benengelí. Algunos han intentado identificar este nombre con Cide Hamete Bejarano, y también se sabe que había ciertos personajes en La Mancha que se vestían con viejas armaduras y se lanzaban a aventuras a la usanza de la antigua caballería. Tal vez Cervantes se inspiró en crónicas y atestados de la época como lo hizo Stendhal con sus deliciosas Crónicas italianas.

Regresemos a la Epopeya de Gigamesh.

Parece claro, como hemos visto, que existía un antiguo relato escrito en ese mineral de nombre tan hermoso como su color, lapislázuli o lazulita. Persiste, sin embargo, la duda acerca de si esa tablilla contenía todo el relato o si se trataba tan sólo de la clave que permitía descifrar el lenguaje de otras tablillas. Al parecer, el antiguo sumerio ya no se hablaba en esa época, pero ciertos escribas acadios, asirios o babilonios conservaban el secreto de su lectura.

Son dudas que se deben, sin duda, a mi ignorancia de la lengua del poema, que en este caso era el acadio, o a la ambigüedad del traductor, en este caso Jean Bottéro, al escribir “Extrae la tablilla de lazulita para descifrar…” Conviene, pues, consultar otras traducciones, como la de Joaquín Sanmartín,  realizada a partir de los textos acadios recopilados por Andrew George. Combino aquí la traducción de Sanmartín con la del propio George, para resolver algún pasaje dudoso:

“Encuentra el cofre de cobre,
descorre sus cerrojos de bronce,
levanta la tapa misteriosa
alza la tablilla de lapislázuli
y lee en voz alta
los trabajos de Gilgamesh
y como él los superó.”

Aquí la idea de que la tablilla de lapislázuli es una especie de contraclave que serviría para descifrar otro texto se disuelve, y con ella la sugerente posibilidad de que nos encontremos ante el primer lenguaje secreto de la humanidad. Sin embargo, no hay que olvidar que el lenguaje cuneiforme precisaba siempre de un cierto desciframiento, al componerse de 600 signos diferentes, cada uno de ellos con muy diversas interpretaciones, como señala Julian Jaynes:

“Muchos de esos signos eran ideográficos, pero el mismo signo podía representar una sílaba, una idea, un nombre o una palabra con diversos significados según la clase a la que perteneciera, clase que solía ser señalada por una marca. Sólo por el contexto se podía entender el significado”.

Jaynes pone el ejemplo del signo, que cuando se pronuncia como samsu significa sol, pero que cuando se pronuncia como ūmu es día, y cuando pisu es blanco, pero que también sirve para las sílabas ud, tu, tam, pir, lah, y his, por lo que las dificultades para interpretarlo “eran incluso grandes en su momento”. A quienes conozcan un poco la lengua china, les sonará esta característica del sumerio, con la diferencia de que en chino hay más de 50.000 caracteres, aunque basta con 2000 para hablarlo y escribirlo. Por otra parte, si recordamos que los bibliotecarios del año -600 leían los textos del -2700, es inevitable pensar que ellos también descifraban lo que habían escrito sus antepasados, incluso aunque estuviera escrito en el mismo idioma.

Escriba

En cualquier caso, es a partir del momento en el que se extrae del cofre y se lee la tablilla de lapislázuli cuando Sinleke Unumi trascribe el relato del propio rey Gilgamesh. A partir de ese momento el relato coincide con lo que se conoce  como la versión antigua del poema, aunque de tanto en tanto se encontrarán muchas interpolaciones que hacen diferente y único el relato de Sinleke.

Pero, ¿por qué hablo de un autor, de Sinleke Unumi, con tanta seguridad? ¿Por qué atribuirle, no el poema de Gilgamesh pero sí al menos su versión más elogiada, no ya por nosotros, sino por los bibliotecarios de la Biblioteca de Asurbanipal, que los arqueólogos encontraron en Nínive?

Lo hago porque en un catálogo encontrado en esa asombrosa biblioteca se atribuye la serie de Gilgamesh (las doce tablillas que comprende el poema) a Sinleke Unumi. Los bibliotecarios escriben el catálogo hacia  el año -600 y sitúan a Sinleke hacia el -2700, así que las sospechas acerca de su fiabilidad con muchas, pues son tantos años los que les separan de Sinleke como los que nos separan  a nosotros de ellos, de Asurbanipal o de Homero. Los bibliotecarios dicen que Sinleke era un exorcista y lo sitúan en la época posterior al Diluvio, por lo que sería contemporáneo del propio Gilgamesh.

Como se ve, en la Epopeya de Gilgamesh la escritura está siempre presente. Se habla de un relato escrito y de una transcripción de ese relato, más que de un canto, como parece suceder en los textos considerados homéricos, en los que apenas hay alguna mención a la escritura y además es dudosa (ver ¿Conocía Homero la escritura?).


[Escrito en 2014. Revisado en 2019]

En cuanto a si Sinleke es el primer autor de la humanidad o si Homero habla de sí mismo en sus obras, esas son otras historias, que cuento en ¿Habla Homero de sí mismo en sus obras? y en El primer autor de la historia es una mujer.

Toda la mitología

LA EPOPEYA DE GILGAMESH

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Originally posted 2014-12-16 12:55:06.

La epopeya de Gilgamesh

Gilgamesh, por Ana Aranda Vasserot

La epopeya de Gilgamesh es mi libro favorito, creo. He dicho alguna vez que lo mejor que tiene este libro tan antiguo es que siempre es nuevo, porque poco a poco se van descifrando nuevos fragmentos arqueológicos y el relato se va completando. No sé si algún día estará del todo completo, ya que todavía quedan bastantes lagunas.

Cada lectura de la Epopeya de Gilgamesh me reserva nuevas sorpresas, no sólo porque el texto se va completando, sino porque lo leo de distinta manera o en un nuevo lugar. En 1999 leí la versión de Jean Bottero, cuando viajé con mis amigos Luis y Marcos a Lisboa, donde me pareció encontrar a los cuervos de la epopeya mesopotámica. En 2005 inicié otro viaje con rumbo y destino desconocido con Marcos, Luis, Rafael, Bacti… y Gilgamesh en la versión de Joaquín Sanmartín, que me permitió descubrir detalles hasta entonces inadvertidos  en ese primer viaje de los dos amigos Gilgamesh y Enkidu.

Aquí, en las entradas de La epopeya de Gilgamesh, intentaré descifrar algunos de los secretos y riquezas de este poema inagotable.

Si quieres conocer de qué trata la Epopeya del Gilgamesh, puedes leer esta entrada.

Entradas de La epopeya de Gilgamesh

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(1 de diciembre de 2005)

 

Originally posted 2005-12-01 03:14:01.

La pausa valorativa en Babilonia

babilonia

“A la orilla del Leman me senté y lloré…”
(La tierra baldía, T.S.Eliot)

“Sôbolos rios que vão
por Babilónia, me achei,
Onde sentado chorei
as lembranças de Sião
e quanto nela passei.”

“Sobre los ríos que van
por Babilonia me hallé
Donde sentado lloré
los recuerdos de Sión
y cuanto en ella pasé”.
 (Luís Vaz de Camões)

“Junto a los ríos de Babilonia, 
nos sentábamos a llorar, 
acordándonos de Sión.”
 (Salmo 137)

“Gilgamesh, entonces se sentó
y lloró.
Y las lágrimas resbalaban por sus mejillas.”
  (La epopeya de Gilgamesh)

En el poema mesopotámico la Epopeya de Gilgamesh se pueden encontrar muchos motivos literarios y mitológicos que reaparecerán en diversas culturas. El más comentado es sin duda el de la búsqueda de la inmortalidad.

Tras ver morir a su amigo EnkiduGilgamesh intenta alcanzar la inmortalidad y casi la consigue, pero en el último instante cae vencido por el sueño y la pierde, del mismo modo que la perderá Tideo en la guerra de los Siete contra Tebas, cuando Atenea va a entregársela pero se retira asqueada en el último momento, al ver cómo el héroe moribundo devora el cerebro de un enemigo. Es un motivo o mitema mitológico, el de la búsqueda de la inmortalidad que también aparece en los pactos con el diablo. 

Aurora-y-Titono-ya-anciano

Aurora y Titono, ya anciano

Los dioses suelen ofrecer la inmortalidad a los humanos desdichados, pero siempre con alguna trampa inesperada, como en el mito de Titonos y Eos, la Aurora, en el que el amante mortal logra la inmortalidad, pero olvida pedir también la eterna juventud y acaba convertido en un bulto arrugado. Da la impresión de que este mito nació a partir de un chiste que quizá se contaba en las tabernas.

En el mito de Gilgamesh también aparece, como en el de Adán y Eva, una serpiente, que es la que le arrebata la flor que devuelve la juventud. El  héroe pierde así, después de la inmortalidad, un premio menor pero no despreciable, a causa de un descuido un poco tonto, al no vigilar la flor milagrosa, por lo que no puede hacer otra cosa que lamentarse:

“Gilgamesh entonces se sentó
y lloró.”

Ya he dicho en alguna ocasión que resulta bastante asombroso que el héroe se detenga por un instante para sentarse y que sólo entonces llore, pero quizá sea más asombroso que se detenga el narrador del relato, y también, de manera inevitable, el lector. Es quizá uno de esos momentos que nos dejan percibir el instante real a través de los artificios de la ficción, porque da la impresión de que el narrador no se limita a escribir las escenas que imagina, sino que parece como si en realidad estuviera describiendo algo que tiene delante, un momento sencillo pero real.

Podemos imaginar que antes de que la serpiente se lleve la planta de la juventud, Gilgamesh estaba refrescándose en el pozo, o quizá descansaba tumbado sobre la hierba. Suponemos también que, al darse cuenta del robo, intenta atrapar a la serpiente, corre tras ella y no logra darle alcance. Comprende entonces que lo ha perdido todo, se detiene, embargado por una emoción incontenible, tal vez se tambalea, se sienta en el suelo y, sólo entonces, se pone a llorar. La imagen que aparece ante nosotros es, gracias a este detalle innecesario, más conmovedora que la de Gilgamesh llorando sin más. Hay aquí una pausa valorativa: Gilgamesh ya no corre, no da vueltas furioso, ha comprendido que todo es inútil, así que se sienta y, al hacerlo, acepta que ha perdido la última oportunidad de burlar a la muerte, y llora, quizá durante un  tiempo interminable.

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Ya me referí en un artículo de La biblioteca imposible (El primer libro contiene todos los libros) a la influencia de ese verso de La epopeya de Gilgamesh en la Biblia judía, en concreto en el Salmo 137.

Allí mencioné también los títulos de dos libros, de Elizabeth Smart y de Paulo Coelho, que imitan ese mismo motivo. Otros ejemplos que repiten esa bella pausa valorativa son el verso de Eliot en La tierra baldía y la asombrosa redondilla del portugués Camões, a quien Saramago describió como “poeta absoluto” que puedes leer y escuchar íntegra en la voz de Leni Ribeiro aquí.

En cuanto al Salmo 137, hermoso y terrible, es sin duda uno de los textos bíblicos más conocidos, porque ha sido cantado desde hace siglos y fue popularizado hace no muchos años por el grupo Boney M en Rivers of Babylon. Aquí puedes disfrutar de la simpática coreografía greco-jamaicana-mongola de Boney M y leer el salmo íntegro: Junto a los ríos de Babilonia.

 

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[Publicado el 24 de febrero de 2011 en Divertinajes ]

Sobre el Salmo 137

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Originally posted 2014-08-02 22:09:27.

Las aventuras de Gilgamesh y Enkidu

gilgamesh

El Poema de Gilgamesh, también conocido como la Epopeya de Gilgamesh, es la primera obra plenamente literaria de la historia. Cuenta las hazañas de un rey de Uruk, una ciudad sumeria que quizá dio nombre al actual Irak. Su argumento se divide en doce tablillas, que podemos considerar capítulos de una misma historia.

He hablado acerca de su origen y sus características precursoras en El primer libro contiene todos los libros, aquí me limitaré a contar las aventuras de Gilgamesh y su amigo Enkidu y señalar algunos asuntos intrigantes y llamativos.

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Uruk, reconstrucción a partir de la imagen de las ruinas en la actual Warka, mediante datos recogidos por satélite.

 

Argumento de la Epopeya de Gilgamesh

La historia nos la cuenta alguien, tal vez un sacerdote de la diosa Ishtar, que muestra su admiración hacia al antiguo rey que construyó las impresionantes murallas de Uruk. El narrador se dirige a sus interlocutores de manera general (“Voy a presentar al mundo”) pero a veces parece hablar con una persona que camina a su lado:

 “Voy a presentar al mundo
A aquel que todo lo ha visto,
Ha conocido la tierra entera,
Penetrado todas las cosas,
Y alrededor explorado
todo lo que está oculto”.

Este personaje parece haber destacado en todo, además de haber sido capaz de desentrañar antiguos misterios:

“Excelente en sabiduría,
todo lo abarcó con la mirada:
contempló los Secretos,
descubrió los Misterios
Incluso nos ha contado
sobre antes del Diluvio”.

Curiosamente, el narrador aquí parece ceder la narración al propio protagonista, o al menos basarse en un relato que aquel personaje escribió:

“De vuelta de su lejano viaje,
agotado, pero apaciguado,
grabó  sobre una estela
todos sus trabajos
hizo edificar los muros
de Uruk la de los cercados.

A continuación, el narrador parece dirigirse a alguien que está junto a él, tal vez un ayudante, quizá un escriba al que quiere trasmitir aquella historia legendaria. Le dice que contemple la muralla de Uruk, que admire sus zócalos inimitables, que inspeccione los muros de ladrillo cocido. Después le pide que vaya a buscar el relato secreto que nos dejó el rey Gilgamesh:

“Ve ahora a buscar
el cofrecillo de cobre
Manipula en él el anillo de bronce
Abre en él el pomo secreto
y extrae la tablilla de lapizlázuli.
Para descifrar cómo Gilgamesh
Superó tantas pruebas.”

Lapis Lazuli 1

Fragmento del bello mineral llamado lapizlázuli (lapis, piedra, lazuli, azul)

Tras extraer de este misterioso cofre la tablilla de lapislázuli, que contiene un antiguo texto que al parecer hay que descifrar, quizá porque está en sumerio y el narrador es semita,o tal vez porque está codificado como un mensaje secreto, comienza la historia.

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Lugalbanda, rey de Uruk

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La diosa Ninsun, la Gran Diosa o la Sagrada Vaca o la Vaca Salvaje de los Cercados. Madre de Gilgamesh

Gilgamesh es rey de Uruk. Hijo del rey Lugalbanda y la diosa Ninsun. Cruel y despiadado, aplica el derecho de pernada sobre las novias, es decir, se acuesta con ellas antes que el propio novio; no respeta a los ancianos y maltrata a los jóvenes con los que se enfrenta en combates mortales. Es odiado y aborrecido por su propio pueblo, que eleva sus quejas a los dioses. Los dioses deciden crear a un enemigo que le ponga freno y la diosa Aruru da vida a una criatura salvaje llamada Enkidu, el hombre bestia.

Enkidu vive en los bosques con los animales, como una fiera más, aunque tenga forma humana. Los cazadores y los agricultores temen a la extraña fiera y el rumor llega hasta el rey Gilgamesh.

Gilgamesh decide enviar a una prostituta o una sacerdotisa, o tal vez una hieródula o sacerdotisa sagrada, a seducir a la bestia. Enkidu y la mujer, Samhat, se acuestan y a partir de ese día los animales ya no quieren saber nada de su antiguo amigo y lo rehúyen. A cambio, gracias a la mujer, Enkidu se ha convertido en un ser humano y ha alcanzado el conocimiento:

“Las bestias del monte
rehuyeron su contacto.

Mermado estaba Enkidu,
no trotaba ya como antes
pero ya tenía juicio
Y era vasto su saber”

Samhat le habla de la ciudad de Uruk y Enkidu arde en deseos de conocer ese nuevo mundo. Llega a la ciudad y se enfrenta al rey Gilgamesh, cumpliendo así el designio de los dioses.

No se sabe con exactitud el resultado del combate, que no se ha podido reconstruir por completo en los textos conservados. Se suele considerar que el vencedor fue Enkidu, pero no es del todo seguro.  Lo que sí se sabe es que tras el combate los dos enemigos se reconcilian y se convierten en grandes amigos.

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Combate entre Gilgamesh y Enkidu según la interpretación moderna de Neil Dalrymple

En busca de aventuras, Enkidu y Gilgamesh deciden enfrentarse al temible monstruo de los bosques llamado Huwawa. Comienza así la que se puede considerar la primera road movie de la historia, cuando los dos amigos se lanzan a la carretera o a los caminos de Mesopotamia, probablemente en dirección al actual Líbano, donde Huwawa reina en los bosques de cedros. También es, claro, la primera historia de colegas (buddies) aventureros, y por eso la he comparado con una película moderna como Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and Sundance Kyd) en Dos hombres y un destino: Gilgamesh y Enkidu.

Los dos amigos llegan hasta el bosque de los cedros y se enfrentan al monstruo, logran vencerlo, pero eso despiertan la ira de los dioses, porque el bosque y el monstruo estaban bajo su protección.

Gilgamesh vence al Toro Celeste

Gilgamesh vence al Toro Celeste

Después la diosa Innana/Ishtar/Astarté quiere seducir a Gilgamesh, pero él la rechaza, porque sabe que todos los amantes de la diosa acaban mal. Ella, furiosa, arroja contra Uruk al terrible Toro Celeste, pero los dos héroes lo matan. Ahora es cuando los dioses deciden vengarse y castigar a los imprudentes héroes. El problema es que la madre de Gilgamesh es una diosa, por lo que se conforman con matar a Enkidu.

Es en ese momento cuando Gilgamesh descubre que existe la muerte, viendo pudrirse ante él el cuerpo de su amigo. Es el primer relato, por tanto, en el que se describe la muerte en todo su fatalismo y en concreto la muerte de un amigo o amante, lo que será un tema recurrente en la literatura universal, por ejemplo en aquel relato de Malcom Lowry titulado Oscuro como la tumba en que yace mi amigo muerto, que casi parece una frase pronunciada por Gilgamesh:

“¡Una suerte cruel de un solo golpe
te ha arrancado de mí!
Ahora, ¿qué es este sueño
que se ha apoderado de ti?
¡De pronto, te has vuelto sombra
y ya no me escuchas!”

Este momento, que puede compararse con aquel en el el que el prícncipe indio Sidharta Gautama escapa del palacio de su padre y tras una vida de lujo y desidia descubre la enfermedad, la vejez y la muerte, inicia la primera gran búsqueda de la inmortalidad. Gilgamesh, aterrorizado por la perspectiva de enfrentarse al mismo destino que su amigo muerto, decide ir en busca de Utnapishtim, el hombre que sobrevivió al diluvio y ahora es inmortal.

Utanapishtim

Utnapishtim en su arca durante el diluvio. Representación original mesopotámica.

Tras diversas peripecias, Gilgamesh encuentra al mítico Utnapishtim, quien le cuenta la historia del diluvio y cómo el dios Enki le avisó de que los dioses querían aniquilar a toda la humanidad en un diluvio universal. Utnapishtim construyó una nave en la que embarcó a toda su familia y logró sobrevivir cuando, tras muchos días de lluvia, al arrojar un cuervo a la inmensidad del océano no regresó, lo que significaba que había tierra firme en la que desembarcar.

Cuando se descubrió este relato, los investigadores se quedaron asombrados por su semejanza con el relato bíblico del diluvio de Noé. Hoy ya nadie duda de que Utnapishtim (llamado Ziusudra en sumerio y Atrahasis en acadio) es la inspiración del Noé bíblico. Además del relato contenido en la Epopeya de Gilgamesh, en otro relato mesopotámico, el Atrahasis, se cuentan las razones que llevaron a los dioses a desear aniquilar a los seres humanos.

Tras contarle la historia del diluvio, Utnapishtim le cuenta a Gilgamesh cómo puede lograr la inmortalidad. Se sabe que uno de los requisitos es permanecer despierto durante siete días con sus noches. Gilgamesh no lo consigue y la inmortalidad se le escapa.

Cuando todo parece perdido, la esposa de Utnapishtim le pide que ayude a Gilgamesh y que al menos le revele el secreto que le permitirá recuperar la juventud. Utnapishtim cede finalmente a sus ruegos y cuenta a Gilgamesh que existe una planta en lo más profundo del océano que devuelve la juventud perdida. Gilgamesh se sumerge en el océano y regresa con la planta.

En vez de disfrutar él solo de la planta de la juventud, Gilgamesh demuestra que ya no es el rey cruel y egoísta que era antes de conocer a Enkidu y decide llevarla a Uruk, se supone que para que los ancianos del consejo también recuperen la juventud:

«La llevaré a la amurallada Uruk,
Haré a todos comer la planta.
Su nombre será
“El Hombre se hace Joven en la Senectud”.
Yo mismo la comeré
Y así volveré al estado de mi juventud».

En el camino se detiene junto a una poza de agua fresca y dormita un momento. Es entonces cuando una serpiente sale del agua y le roba la flor de la juventud.

Gilgamesh, desesperado, regresa a Uruk.

El poema acaba como empezó, describiendo la grandeza de la ciudad de Uruk construida por el rey Gilgamesh.

Es bastante llamativo que el primer relato de la historia reserve un triste final a su héroe, aunque al menos le queda el consuelo de ser más sabio.

Existen muchos más detalles en la historia, e incluso en la Tablilla XII, cuya relación con el relato principal es muy controvertida, Gilgamesh desciende al infierno y allí se reencuentra con Enkidu.

 

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El video de la exposición Uruk: 5000 años de una Megaciudad , del Museo de Pérgamo de Berlín puedes verlo aquí: Uruk. . La exposición ahora está en el Museo del Estado de Berlín.

La epopeya de Gilgamesh/ Babilónicas

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El Salmo 137 y la influencia babilonia

He escrito varias veces acerca del Salmo 137, y lo he comparado con un pasaje de la Epopeya de Gilgamesh:

 Junto a los ríos de Babilonia,

allí nos sentábamos, y aun llorábamos,

acordándonos de Sión.”

(Salmo 137)

“Gilgamesh, entonces se sentó
y lloró.
Y las lágrimas resbalaban por sus mejillas.”
(Epopeya de Gilgamesh)

Me llamaba la atención que en ese pasaje se emplease la misma figura literaria cuando el  narrador primero se sienta y, sólo después de hacerlo, llora. El recurso, que es uno de esos momentos en los que nos parece estar viendo la vida misma y no una ficción literaria, aquello que Stendhal llamaba “ilusión perfecta”, ha sido empleado también, y no cabe duda de que lo hizo imitando el Salmo 137, por Elizabeth Smart en el título de uan de sus novelas: En Grand Central Station me senté y lloré, y más recientemente por Paulo Coelho: A orillas del río Piedra me senté y lloré.

Antes de continuar, no debo ocultar que algunos hebraístas explican lo de sentarse antes de llorar como una referencia a que los protagonistas adoptan una actitud religiosa que consiste en sentarse y elevar los brazos en plegaria al Señor, gritando y lamentándose en ocasiones. Pero yo seguiré con la otra interpretación, que considero de mayor interés literario.

Como es obvio, al comparar los dos textos, podría parecer que yo estaba sugiriendo de manera implícita que los judíos autores del himno (atribuido al rey David) habían copiado el recurso literario de sentarse y sólo después llorar, del poema de Gilgamesh o de algún texto similar de la cultura mesopotámica. En efecto, esa era mi intención. Creo que el motivo literario mencionado, e incluso otras partes del salmo, fue tomado de fuentes mesopotámicas.

Con esta hipótesis en mente, he investigado un poco y he averiguado algunas cosas interesantes. Pero antes conviene recordar el salmo:

 SALMO 137
Junto a los ríos de Babilonia

Junto a los ríos de Babilonia,
nos sentábamos a llorar,
acordándonos de Sión.
En los sauces de las orillas
teníamos colgadas nuestras cítaras.
Allí nuestros carceleros
nos pedían cantos,
y nuestros opresores, alegría:
“¡Canten para nosotros un canto de Sión!”
¿Cómo podríamos cantar un canto del Señor
en tierra extranjera?

Si me olvidara de ti, Jerusalén,
que se paralice mi mano derecha;
que la lengua se me pegue al paladar
si no me acordara de ti,
si no pusiera a Jerusalén
por encima de todas mis alegrías.

Recuerda, Señor, contra los edomitas,
el día de Jerusalén,
cuando ellos decían: “¡Arrásenla!
¡Arrasen hasta sus cimientos!”
¡Ciudad de Babilonia, la devastadora,
feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste!
¡Feliz el que tome a tus hijos
y los estrelle contra las rocas!

Naturalmente, el hecho de que en el salmo se mencione dos ciudades mesopotámicas como Babilonia y Edom ya nos hace pensar que mi hipótesis no es tan insólita. Se supone que el salmo fue escrito durante la cautividad de los judíos en Babilonia, cuando Jerusalen fue invadido por los babilonios de Nabucodonosor II y el rey Jeconías fue deportado a Babilonia. Ya antes, su padre, el rey Joaquím de Judá, se había entregado a los invasores y había sido deportado a Babilonia, junto con diez mil judíos. Hay que recordar que los asirios habían destruido poco tiempo antes el otro reino judío, el de Israel, haciendo emigrar a sus pobladores, las famosas diez tribus perdidas de Israel. Por fin, como ya he dicho, hacia el -586 los babilonios invadieron nuevamente Jerusalén y en esta ocasión incendiaron la ciudad y destruyeron el templo, deportando a su población. De este modo se puso fin a los dos reinos judíos, aunque todavía se produjo una nueva deportación en -582. Pocos judíos permanecieron en Palestina y, de los que no fueron deportados, muchos acabaron emigrando a Egipto.

La primera y la segunda deportación judía a Asiria y a Babilonia

La primera y la segunda deportación judía a Asiria y a Babilonia

El Salmo 137, aunque se atribuye al rey David por convención, fue probablemente escrito varios siglos después de su reinado, por exiliados judíos en Babilonia, como parece demostrar el propio texto: “Junto a los ríos de Babilonia”.  Los  “ríos” de los que se habla parece que son los canales de agua de aquella ciudad asombrosa que fue Babilonia.

Los judíos exiliados tuvieron la suerte o la desgracia de vivir en Babilonia poco antes de su caída definitiva como gran potencia y ya cerca del final de las culturas mesopotámicas como tales, que se remontaban a tiempos de los sumerios, allá por el tercer milenio antes de nuestra era.

Vivieron en el reino Neo-Babilonio de Nabucodonosor, que había derrotado al reino asirio de Nínive, y que acabó a su vez conquistado por los persas de Ciro, y ,más tarde por Alejandro Magno, quien quiso restaurar el esplendor perdido de Babilonia, pero murió envenenado aates de lograrlo. Ciro, el rey persa, permitió a los judíos regresar a Palestina, así que es muy posible que el judaísmo deba su pervivencia a quien hoy Israel considera su gran enemigo: Irán, es decir, la antigua Persia.

Mural de la sinagoga Hurva de Israel, que representa el pasaje del Salmo 137

Mural de la sinagoga Hurva de Israel, que representa el pasaje del Salmo 137

Parece que los judíos no fueron esclavizados en Babilonia, o al menos no sufrieron tortura y grandes castigos. Por ello, aunque hay discusión entre los estudiosos, en la traducción del salmo se deberían emplear palabras como “captores” y “opresores” y no, como se hace en ciertas ocasiones “torturadores” o incluso “carceleros”, pero no me atrevería a meterme en cuestiones filológicas hebraicas:

“En los sauces de las orillas
teníamos colgadas nuestras cítaras.
Allí nuestros carceleros
nos pedían cantos,
y nuestros opresores, alegría”

La misma situación que parece transmitirnos el poema está lejos de parecer una cárcel: los judíos tienen colgadas sus cítaras en los sauces y sus captores les piden que entonen alguno de los cantos de Sión. Sin embargo, los judíos no quieren entonar ese canto. ¿Por qué?

La primera razón es obvia: su país ha sido arrasado, el templo de su dios destruido y ellos han sido forzados a emigrar a Babilonia.

La segunda razón es más interesante. Aunque Sión se suele identificar con Jerusalén o con Israel o con la Ciudad de David, en ciertos contextos se entiende también como una referencia al monte Sión o incluso al Templo del monte Sión. Su origen es una fortaleza jebusea llamada así, que fue conquistada por el rey David. Los jebuseos eran un pueblo semita al que no convendrá perder de vista en futuras investigaciones. Al parecer, aquel lugar, la colina de Sión, ya fue tomado por un lugar sagrado quizá desde el tercer milenio antes de nuestra era, con lo que los judíos, como después los cristianos y después los musulmanes, adoptaron Jerusalén como ciudad sagrada siguiendo el ejemplo de un pueblo anterior. Como es sabido, el honor de ser una ciudad sagrada para tres religiones ha supuesto para Jerusalén continuas guerras y conflictos, que continúan en la actualidad. Más una maldición eterna que una bendición.

En cualquier caso, Sión no se debe identificar, o al menos no siempre, con Jerusalén sin más, sino como Jerusalén entendida como símbolo de la religiosidad judía. En la clasificación de salmos y cantos incluso se distingue entre dos asuntos, los cantos de Sión y los de Jerusalén. El Salmo 137 pertenece a ambos géneros. Si no me equivoco es el único en el que se mencionan a la vez tanto Sión como Jerusalén. En consecuencia, en este contexto, al hablar de Sión en muchas ocasiones debemos entender cantos de alabanza a Yahveh, a Dios, mientras que al hablar de Jerusalén se alude a la ciudad perdida y que se añora desde el exilio.

La razón por la que los cautivos no quieren entonar un canto de Sión, como les piden sus opresores, se ofrece en el propio texto: esos cantos sólo se pueden entonar en el Templo, en el templo destruido de Jerusalén :

¿Cómo podríamos cantar un canto del Señor
en tierra extranjera?

Los expertos interpretan el pasaje anterior como si significara que entonar himnos de alabanza al señor en tierra extraña y lejos de la propia casa del señor es casi una impiedad. Creo que esa interpretación es correcta, pero cabe una remota posibilidad de que también aluda al rencor y a las dudas que al parecer sintieron muchos judíos durante su cautiverio en Babilonia acerca de un dios que, de nuevo, no había sabido protegerlos. Los judíos empezaban a preguntarse en los jardines de Babilonia aquello que se habían preguntado el ateo griego Diágoras de Melos, o aquel otro ateo indio que aparece en las Upanisads: “Si Dios no puede proteger su propio templo, poco podrá protegerme a mí”. Sin embargo, a pesar de lo tentador de esta última interpretación, creo que la interpretación correcta es la aceptada por los expertos: no está bien alabar al señor en tierra extranjera, o al menos entonar cierto tipo de cantos que están destinados al templo de Jerusalén.

Así que los narradores del salmo, que quizá sean un grupo de músicos, como parece revelar el que hayan dejado sus cítaras o harpas colgadas en los sauces, no pudiendo entonar un canto de Sión o de alabanza al Señor, ¿qué hicieron?

Probablemente decidieron entonar un canto de lamentación, como es el mismo Salmo 137, por lo que la composición, en cierto sentido, podría tomarse como un ejemplo de metalenguaje: “Me pides un canto de Sión y yo entono este canto de lamentación, porque no puedo entonar los cantos que me pides”. Lo cierto es que la clasificación del Salmo 137 resulta muy complicada, porque no tiene las características de otros salmos. Carece, por ejemplo, de la usual invocación inicial y no es un canto de ruego, imprecación, sermón o exhortación. Así que se ha definido como canto de lamentación, con elementos de nostalgia o saudade, y se ha comparado con mucho acierto con el fado portugués. También se sabe que la estancia de los judíos en Babilonia influyó mucho en la cultura y la música de los judíos.

Tal vez, esa sería mi aventurada hipótesis, los cautivos tomaron un aire musical, y tal vez una estructura e incluso algunas frases de cantos babilonios, y todo ello lo adaptaron a sus propios sentimientos, conservando frases como aquella en la que se sientan y lloran, que se encuentra al final de la Epopeya de Gilgamesh, cuando la serpiente roba a Gilgamesh la planta de la juventud y él se sienta y llora, quizá lamentándose, como harían siglos después aquellos judíos en Babilonia, y entonando un canto de saudade y tristeza antes de regresar, derrotado, viejo y cansado, a Uruk.

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Toda la mitología en MITOLOGÍA

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Junto a los ríos de Babilonia

Ríos de Babilonia

Hace tiempo escribí acerca de un pasaje de La epopeya de Gilgamesh, refiriéndome a la versión ninivita del poema, escrita o transcrita por Sinleke Ununni. En ese pasaje, Gilgamesh se lamenta después de haber perdido la flor que rejuvenece (El diabolus ex machina). En un artículo de mi Biblioteca Imposible (El primer libro contiene todos los libros) también mencioné un párrafo, aludiendo a su influencia en el judaísmo:

Gilgamesh, entonces se sentó
y lloró.
Y las lágrimas resbalaban por sus      mejillas.”

Mencioné después dos novelas modernas que emplean el mismo recurso, la de Elizabeth Smart: En Grand Central Station me senté y lloré, y la de Paulo Coelho: A orillas del río Piedra me senté y lloré:

Smart y Coelho tal vez no supieran que sus títulos procedían de Gilgamesh y creyeran que el origen es el Salmo 137:

“Junto a los ríos de Babilonia,
allí nos sentábamos, y aun llorábamos,
acordándonos de Sion.”

Traigo aquí todo esto, simplemente para añadir que ese Salmo 137, hermoso y terrible, es uno de los más conocidos por todo tipo de público, porque lo popularizó el grupo Boney M con su adaptación en Rivers of Babylon.

Al parecer, el autor del salmo no se refería a los ríos de Tigris y Eúfrates, que están  a más sesenta kilómetros de distancia, sino a los canales que había en Mesopotamia.

Babilonia

Aquí puedes disfrutar de la simpática coreografía greco-jamaicana de Boney M.

 http://www.youtube.com/watch?v=bNk05WAsygQ

SALMO 137
Junto a los ríos de Babilonia

Junto a los ríos de Babilonia,
nos sentábamos a llorar,
acordándonos de Sión.
En los sauces de las orillas
teníamos colgadas nuestras cítaras.
Allí nuestros carceleros
nos pedían cantos,
y nuestros opresores, alegría:
“¡Canten para nosotros un canto de Sión!”
¿Cómo podíamos cantar un canto del Señor
en tierra extranjera?
Si me olvidara de ti, Jerusalén,
que se paralice mi mano derecha;
que la lengua se me pegue al paladar
si no me acordara de ti,
si no pusiera a Jerusalén
por encima de todas mis alegrías.

Recuerda, Señor, contra los edomitas,
el día de Jerusalén,
cuando ellos decían: “¡Arrásenla!
¡Arrasen hasta sus cimientos!”
¡Ciudad de Babilonia, la devastadora,
feliz el que te devuelva el mal que nos hiciste!
¡Feliz el que tome a tus hijos
y los estrelle contra las rocas!

Si prefieres una versión más cercana al ska-regage de Jamaica, aquí tienes a The Melodians:

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[Publicado el 10 de enero de 2011 en Material sensible]

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Sobre el Salmo 137

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Un poco de evemerismo mesopotámico

Evémero, que nació tal vez en Sicilia y vivió entre -330 y -250, fue un pensador griego que avanzó la hipótesis según la cual detrás de los mitos se escondía la historia. Fue uno de los pensadores de ese período que dura varios siglos durante el que los griegos empezaron a dudar de todo y a cuestionar la superstición, buscando causas naturales y explicaciones razonables y razonadas a los mitos. Hoy que muchas personas educadas e inteligentes parecen querer precipitarse de nuevo en el pensamiento místico, mágico y antirracional, vale la pena recordar a quienes, en una época menos educada y con menos recursos, fueron capaces de ir un poco más allá del pensamiento simplista y crédulo.

Lo curioso es que la teoría de Evémero se expresó mediante una novela, más en concreto mediante una utopía, llamada Inscripción Sagrada (Ἱερὰ ἀναγραφή, Hierà anagraphé), que no se conserva, pero cuyo argumento sí se conoce. El narrador llegaba a unas misteriosas islas en el Océano Índico y allí describía con todo detalle una sociedad utópica. En un momento dado, descubría las tumbas de Urano, Cronos y el mismísimo Zeus. Entonces le explicaban que los dioses griegos habían sido reyes de aquella isla, es decir personajes históricos que con el tiempo se habían convertido en leyendas mitológicas. La idea no era tan original ni extravagante para su época como puede parecer a primera vista, no sólo porque había precedentes, como el historiador Heródoto y varios sofistas, o las ingeniosas explicaciones de Paléfato de muchos mitos, sino porque desde tiempos inmemoriales se había mostrado en Creta la tumba de Zeus, al que muchos consideraban un antiguo rey de aquel imperio marítimo.

Aplicaré ahora un evemerismo rápido a la Epopeya de Gilgamesh, suponiendo que tras el nombre de Gilgamesh se esconde o bien un rey que gobernó en Uruk, algo que la mayoría de los estudiosos admiten hoy y que el propio mito afirma, o bien una dinastía o un período histórico que tuvo lugar en la ciudad de Uruk. Ahora bien, aunque los historiadores y arqueólogos admitan que probablemente hubo un rey llamado Gilgamesh en Uruk, sin embargo, ello no hace que crean que ese rey se enfrentó a un gigante que habitaba en el bosque de los cedros, o que conoció al hombre que sobrevivió al Diluvio (Utanapishti), o cualquiera de las otras aventuras de tono fantástico que aparecen en el relato. Por su parte, los que crearon el mito si creían en esas historias fantásticas y no les preocupaba tanto la justificación racional e histórica de las acciones de su antiguo rey. Un investigador evemerista elige lo mejor de cada casa, de los creadores y trasmisores de mitos y de los arqueólogos e historiadores, e intenta descubrir el trasfondo histórico de ciertas leyendas.

A pesar de que Evémero fue claramente un sabio que se anticipó a muchas de las ideas modernas, el evemerismo no está bien visto entre los mitógrafos. Los mitógrafos, o muchos de ellos, consideran que las explicaciones evemeristas que descubren acontecimientos históricos en los mitos son simplistas, que los mitos pueden ser creados sin que haya detrás una razón histórica y que no son simples crónicas encubiertas. Seguramente tienen bastante razón, porque hay que admitir que la formación de un mito es muy compleja y puede surgir por muy diversas razones. Algunos, por ejemplo, opinan que los mitos proceden de los ritos: existía un ritual cuyo sentido no se entendía y entonces se creaba un mito para darle algún sentido. Otros consideran que sucede justo lo contrario y que primero se crean los mitos y solo luego los ritos a partir de ellos. Robert Graves asegura que hay ocasiones en las que un mito nace no sólo para explicar un rito, sino incluso para dar sentido a una imagen no entendida conservada en una vasija o en una escultura. Algunos piensan que los mitos son creados por los poetas, por los profetas, por los sacerdotes o por la tradición, a través de relatos que se crean más o menos espontáneamente y se van trasmitiendo. ¿Quién tiene razón?

Lo más probable es que, como sucede casi siempre que los expertos no consiguen ponerse de acuerdo, es que tengan razón todos. Los mitos pueden surgir por todos esos motivos enumerados y por muchos más, y además se podrían dar pruebas concluyentes que demuestran cada una de las posibilidades aplicada a mitos cuyo origen sí se conoce. Quizá me ocupe de buscar un ejemplo de cada caso un día de estos. Por ahora, me dedicaré a lo que he prometido, una rápida visión evemerista de la Epopeya de Gilgamesh.

Pues bien, comienzo con un resumen rápido de la Epopeya de Gilgamesh.

Gilgamesh entre dos toros que sostienen un símbolo solar

ARGUMENTO MÍTICO DE LA EPOPEYA DE GILGAMESH

 Gilgamesh es el rey de la ciudad de Uruk. Como se porta muy mal con su pueblo, los dioses crean a un hombre-bestia llamado Enkidu para que se enfrente con él y le baje los humos. Los dos se enfrentan en un combate en el que no está del todo claro quién vence. Después se hacen amigos y juntos deciden atacar al monstruo llamado Humbaba, que vive en el bosque de los cedros. Aunque el monstruo cuenta con la protección del poderoso dios Shamash, Gilgamesh y Enkidu logran vencerlo. Tras esta hazaña, regresan a Uruk, aunque parece que antes pasan por Nippur para mostrar la cabeza del monstruoso Humbaba. En Uruk la diosa Ishtar se enamora de Gilgamesh y quiere casarse con él, pero él la rechaza recordándole el desgraciado final que tuvieron todos sus amantes. Ishtar se queja ante el gran dios Anu, que se burla de ella, pero consiente en mandar años de hambre sobre Uruk y el castigo de un toro celeste que arrasa Uruk. Gilgamesh y Enkidu se enfrentan al toro divino y lo vencen. Poco después Enkidu tiene horribles sueños, enferma y muere. Durante los funerales de Enkidu Gilgamesh descubre la inevitabilidad de la muerte y, aterrado ante la idea de que le suceda lo mismo, busca la vida eterna. Emprende el camino para ver al sabio Utanapishti y recibe las indicaciones del Hombre Escorpión. Llega a unos jardines de joyas increíbles y finalmente al borde del mar encuentra a la tabernera Siduri, quien le aconseja que  busque al barquero UrShanabi y “Los de piedra”. Gilgamesh destruye a Los de piedra y atrapa a UrShanabi. Finalmente encuentra a Utanapishti, quien le cuenta que él procede de la ciudad de Shurupak y que el sobrevivió al diluvio. Después de contarle el diluvio, le explica cómo alcanzó la vida eterna, y le dice que si también él quiere lograrla debe antes permanecer despierto seis días y siete noches. Pero Gilgamesh cae dormido enseguida y duerme durante siete días, perdiendo la posibilidad de que los dioses le den la inmortalidad. Sin embargo, Utanapishti, convencido por su esposa, le revela un último secreto: puede recuperar la eterna juventud si consigue una planta. Gilgamesh encuentra la planta, pero en un descuido una serpiente se la roba y se ve obligado a regresar con las manos vacías a Uruk. Allí, construye una muralla enorme y se convierte en un rey sabio.

 

PRIMERA INTERPRETACIÓN EVEMERISTA (visión general del poema)

Si aplicamos un evemerismo histórico extremo podríamos plantearnos que Gilgamesh representa a una ciudad, en este caso parece claro que Uruk, de la que la propia leyenda dice que es rey. Enkidu, su enemigo salvaje, podría interpretarse como un alusión a un pueblo bárbaro, llegado recientemente a las inmediaciones de Uruk. El encuentro entre las dos culturas habría sido en un primer momento conflictivo, con algunas batallas o guerras. Al parecer, los primeros ataques fueron llevados a cabo por el pueblo bárbaro (las historias de Enkidu atacando a los cazadores y pastores) contra poblaciones fronterizas. En cuanto al episodio de la prostituta que se envía desde Uruk para suavizar las costumbres de Enkidu, podemos interpretarlo de muy diversas maneras: como un primer ataque de Uruk contra las tribus bárbaras o como la alianza con la tribu bárbara de uno de los tradicionales aliados de Uruk. O como la oferta de alianza de la propia ciudad de Uruk con esos bárbaros, quizá pagándoles un tributo a cambio de la paz. Ello no habría evitado que los bárbaros, tal vez al conocer la riqueza de Uruk decidiesen atacar la propia ciudad, como parece revelar el combate singular entre Enkidu y Gilgamesh en las propias calles de Uruk. Tras el combate, que se supone quedó en tablas, y una vez hermanadas o aliadas las dos culturas, parten contra un enemigo que se encuentra a una distancia bastante importante: en el relato se habla de más de dos mil kilómetros. Ese enemigo cuenta con la protección de otro imperio poderoso (como parece significar el hecho de que lo protegen ciertos dioses, en especial Shamash), pero Uruk y las tribus bárbaras aprovechan que el imperio anda ocupado en otros asuntos o que no espera ese ataque sorpresa contra su aliado (en el relato se insiste en que Gilgamesh y Enkidu llegan al bosque en unos días, haciendo un camino que llevaría normalmente varios meses) y vencen al reino de Humbaba en una batalla terrible.

La anterior sería una interpretación evemerista apresurada de las primeras aventuras de Gilgamesh y Enkidu. Aplicaré el método con más atención al detalle y analizando toda la epopeya. Insisto en que ni afirmo ni niego que se deba interpretar este mito o cualquier otro mito de esta manera, buscado el trasfondo histórico oculto, pero me parece, dentro de lo que yo llamo el método kepleriano de investigación, una excelente máquina inventiva que a veces, ¿quien sabe?, puede incluso acertar.

 

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Explico el método kepleriano en Hipótesis mitológicas

Religión, mitos y teología en Toda la mitología

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Un jardín, un hombre, una mujer y una serpiente

Los arqueólogos o los historiadores tal vez logren algún día descubrir el origen de esa extraña religión que se conservó en varias decenas de relatos que los hebreos llaman Tanaj y los cristianos Antiguo Testamento.

Página de la Tanaj hebrea

Tal vez la respuesta se encuentre ya bajo tierra, pero no en una excavación todavía por hacer, sino en los sótanos de algún museo, en alguna de las miles de cajas que contienen textos sumerios, asirios o hititas que todavía esperan ser traducidos.

Mientras llega ese momento, aunque es posible que no llegue nunca, a no ser que Google se decida a escanear todas las piedras escritas, sólo podemos especular acerca de cuál era la religión de Noé, cuál la de Abraham, cuál la de José, cuál la de Moisés, cuál la de David y Salomón y cuál la de Jesús de Nazaret, porque ni siquiera sabemos si todos ellos adoraban al mismo dios o a los mismos dioses. Algunos, como Noé o Abraham, parecen seguir una religión mesopotámica; José quizá sufriera la influencia del faraón hereje Ajnatón y el culto al dios único Atón, mientras que Moisés, cuyo nombre expresa una semejanza innegable con el de faraones como Tutmoses, parece,  sin embargo, haber sufrido, camino de Palestina, una revelación, que tal vez le mostró al dios del profeta Zaratustra.

Si pensamos en el relato del Jardín del Edén, que se incluye en el Génesis, parecen evidentes las influencias  sumerias y asirio-babilónicas. Como ejercicio más o menos improvisado, intentaré descomponer el mito en sus elementos fundamentales.

Hay que recordar, sin embargo, que el relato de la creación se cuenta dos veces, con ciertas variaciones, lo que se llama Génesis I y Génesis II, o relato sacerdotal (S) y relato yavista (J). En la primera versión se habla de un dios al que se llama Elohim, que es una denominación plural: “los dioses”, sin duda un resto del politeísmo original del que sin duda procede el relato. En el relato yavista los autores se refieren al dios protagonista como Jehová o Yahvé.

 

Un jardín al oeste

En el mito del Jardín del Edén encontramos a un hombre llamado Adán, al que un dios llamado Yahvé o Jehová (o Elohim), ha creado a su imagen y semejanza:

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.
Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado. (Gén.2:7-8)”

Adán vive en el jardín junto a los animales, como uno más, aunque Yahvé le ha dado el poder sobre ellos:

 “Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él (Gén.2:19-20)”.

Decide entonces Yahvé crear una compañera para el hombre, a la que crea a partir de una costilla de Adán:

“Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar.
Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. (Gén.2:21-22)”.

Adán y Eva viven juntos en ese jardín, que se ha considerado un Edén o Paraíso, sin sentir vergüenza por su desnudez:

 “Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.(Gén.2:25)”

En el Jardín hay dos árboles que el narrador considera necesario mencionar. Uno es el árbol de la vida y el otro el del conocimiento, que permite distinguir entre el bien y el mal. Yahvé les prohíbe que prueben la fruta del árbol del bien y del mal, porque, si lo hacen, dice, “morirán”.

Sin embargo, en el jardín hay una serpiente, que entonces no tenía la apariencia del animal que hoy conocemos, porque ese será el castigo que le impondrá Yahvé después. La futura serpiente dice a Eva que Yahvé les ha mentido:

“Entonces la serpiente dijo a la mujer: “No moriréis,  sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal”. (Gén.3:4-5)”.

Adán y Eva prueban la fruta del árbol del conocimiento, que se ha considerado de modo tradicional que era un manzano, pero que algunos eruditos consideran que era un membrillo. Parece que fue Eva quien primero mordió la manzana o membrillo, para después ofrecérselo, para tentar (de ahí que la mujer sea “la gran tentadora”) a Adán.

La iconografía tradicional representa el momento posterior como el de la ira de Yahvé, quien, furioso, expulsa a Eva y Adán del Jardín del Edén.

¿Por qué expulsa Yahvé a Adán y Eva del jardín del Edén?

No se debe a que hayan probado la fruta del árbol del bien y del mal, porque la serpiente tenía razón y probar ese manjar no ha provocado la muerte de Adán y Eva, como decía Yavhé que sucedería; tampoco es porque, como han dicho algunos, Adán y Eva fueran inmortales antes de probar la manzana. La verdadera razón de su expulsión es que ahora que Adán y Eva han accedido al conocimiento, se han igualado a Yahvé y a los dioses, como se puede comprobar en uno de esos momentos en los que Yahvé se refiere a sí mismo como a un dios más entre otros:

“Y dijo Jehová Dios: “He aquí que el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre”. (Gén. 3:22)”

Es decir, ahora que los seres humanos son como los dioses, lo siguiente que harán será comer del árbol de la vida, con lo que se igualarán completamente a los dioses: se supone que serán inmortales. Así que Yahvé expulsa a Adán y Eva del jardín y pone en la puerta una espada flamígera para impedir que puedan volver a entrar y alcanzar la inmortalidad.

Por otra parte, debido a que han probado la fruta prohibida, Adán y Eva pierden la inocencia:

“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. (Gén.3:7-8)”

Adán y Eva vagarán a partir de entonces por el mundo, que está habitado, como enseguida descubriremos al ver el pacto de Yahvé con Caín, al que promete que nadie le matará, lo que prueba también que el Jardín de Edén es un lugar concreto y que Adán y Eva no son el origen de la humanidad, o al menos que no lo eran en el mito original: Caín, en su destierro, incluso encontrará ciudades.

Este es el mito tal como es contado por uno o varios narradores. Los expertos creen que el yavista, el autor del texto más preciso,  escribió su relato durante la cautividad de los judíos en Babilonia. Eso explica sin duda  que la comparación de este mito con algunos mitos babilónicos sea tan inmediata y reveladora. La mayor semejanza es tal vez la que existe entre el jardín de Adán y Eva y el mito de Enkidu.

 

El salvaje Enkidu

La historia de Enkidu se cuenta en La epopeya de Gilgamesh, un relato cuyas primeras versiones se remontan a más de dos milenios antes de nuestra era.

Enkidu es un hombre salvaje que ha sido creado también por los dioses, en este caso por la diosa Aruru, creadora tiempo atrás de la humanidad, para enfrentarse al rey Gilgamesh de Uruk:

“¡Que convoquen a Aruru, la Gran Señora! Fue ella quien creó a la humanidad. Que sea ella entonces la que cree a un rival para Gilgamesh, alguien de fuerza enorme, que compitan los dos entre sí y de este modo vuelva la calma a Uruk.”

La diosa Aruru crea a Enkidu del mismo modo que Yahvé creó a Adán según el narrador yavista :

“Aruru escuchó las palabras y se dispuso a cumplir las órdenes de Anu. Aruru se lavó las manos, cogió un poco de barro y lo lanzo a un erial. Allí, con el barro hizo al valiente Enkidu, la criatura del silencio.”

Enkidu vive en algo parecido a un bosque o selva con el resto de los animales:

“Greñas encrespadas eran su cabello y el pelo le crecía por todo el cuerpo. Llevaba largas melenas como una mujer y sus mechones eran recios como la cebada. Enkidu no conoce a los hombres, no sabe que existen personas, no tiene ninguna patria. Viste con trapos como el mismo Sakkan [dios de las bestias] y junto a las gacelas come las hierbas del campo, junto a las bestias se apretuja en el talud de la balsa  y junto a los bichos se deleita en las aguas.”

Enkidu entre los animales

Aunque aquí se dice que Enkidu se viste con trapos, en otros momentos parece quedar claro que va desnudo como cualquier otro de los animales que le rodean y con los que convive, del mismo modo que lo hace Adán, hasta que llega allí una mujer, Samhat. Se trata de una prostituta que ha sido enviada a Enkidu por el rey Gilgamesh, aunque la idea ya se le ocurrió antes al padre de un cazador que descubrió al salvaje Enkidu:

Ve a encontrarte con Gilgamesh y descríbele el vigor de esa bestia. Él te entregará a la cortesana Samhat. Te la llevarás contigo de caza y le explicarás cuán robusto es esa bestia humana. Cuando su manada llegue a la aguada, ella se quitará sus vestidos y mostrará sus encantos. Y cuando él la vea así, se abalanzará sobre ella. Entonces su manada, que se había criado con él, le será hostil .”

La mujer seduce al hombre salvaje y le revela el conocimiento, y en concreto el lenguaje hablado.

“Samhat apartó sus velos y descubrió su sexo para que Enkidu tomase su voluptuosidad, sin temor a agotarlo. Cuando ella dejó caer su vestido, él se acostó sobre ella y ella hizo con aquel salvaje su trabajo de mujer mientras él la acariciaba. Seis días y  siete noches Enkidu excitado hizo el amor con Samhat.”

Tras estos días sin tregua de sexo, Enkidu accede a un conocimiento superior:

“Enkidu estaba débil y era incapaz de correr como antes. Pero había madurado. ¡Se había vuelto inteligente! Regresó para sentarse a los pies de la cortesana. Con los ojos clavados en su rostro comprendía todo lo que ella le decía.”

Samhat, además, antes de llevar a Enkidu a la ciudad, alejándole del bosque en el que vive, decide vestirlo, dándole la mitad de sus ropas:

“Ella le vistió a él con parte de sus vestidos y ella se vistió con la otra parte.”

 

Semejanzas cercanas y lejanas

Enkidu y Samhat

Encontramos en los dos mitos muchos elementos comunes, algunos de ellos muy llamativos: un hombre y una mujer en un jardín o bosque, el conocimiento que llega al hombre a través de la mujer, la presencia en el jardín primero del hombre junto a los animales: en el Génesis, antes de que llegue Eva se dice “El hombre (Adán) dio nombre a los animales”. Después de la mujer, que le es entregada a Adán/Enkidu por la acción de alguien exterior (Yahvé/Gilgamesh o, el padre del cazador), también hay una fuerte relación entre la mujer y el camino al conocimiento…

Además, Adán llama a Eva en el Génesis “la madre de todos los vivivientes”, que es precisamente el título que se daba a Aruru o Ishtar, la diosa de la que era sacerdotisa Samhat, la amante de Enlidu.

Lo que no encontramos en el mito de Enkidu es la manzana ni la serpiente, al menos a primera vista.

Para encontrar a la serpiente tenemos que esperar hasta casi el final de la Epopeya de Gilgamesh: es entonces cuando aparece una serpiente que le roba a los hombres, en este caso a Gilgamesh, el amigo de Enkidu el secreto de la vida eterna, o al menos el de la juventud recobrada. Gilgamesh fracasa, a pesar de que logra encontrar la planta de la juventud, por culpa de una serpiente que le roba la planta.

Hay otros elementos del mito bíblico que también se encuentran descolocados en otros lugares del mito sumerio. Enkidu duerme siete dias con sus noches y también lo hará Gilgamesh antes de encontrarse con la serpiente, como cuando a Adán le extrae Yahvé la costilla. No me puedo detener ahora en este asunto, que es más significativo de lo que parece a simple vista, pero lo haré en próximas Babilónicas.

Por otra parte, a pesar de que el mito bíblico se suele presentar como el del origen del mundo, ya he dicho antes que existen otras personas fuera de Edén, como vemos cuando Caín, tras matar a Abel, parte al destierro. Del mismo modo, Enkidu, rechazado ahora por los animales del bosque, se encamina con Samhat hacia Uruk, la ciudad del rey Gilgamesh.

 

Las diferencias

Hemos visto las semejanzas, algunas de las cuales parecen probar la dependencia entre el escritor yavista y sus fuentes mesopotámicas. Hay todavía mucho que investigar para reconstruir el mito original, el urmyth, que se esconde tras el jardín del edén, pues, como hemos visto, algunos elementos se han desplazado de lugar, como la serpiente.

También habrá que recurrir a otro relato mesopotámico de gran importancia, el Atraharsis o El Gran Sabio, que cuenta la historia del hombre que sobrevivió al diluvio: Utanapishti. Sin embargo, también existen algunas diferencias. Una de las más llamativas es que no hay ni manzana ni membrillo en el mito de Enkidu. Pero la más interesante es que la interpretación bíblica del mito nos asegura que existió un paraíso original del que la humanidad fue expulsada por sus pecados, por lo que es uno de los ejemplos más notables de lo que se ha llamado “mito del paraíso primitivo” o del “buen salvaje” por Rousseau. Sin embargo, en el relato de Enkidu, aunque podemos considerar a Enkidu el primer “buen salvaje” que vive en el estado natural junto a los animales, también ofrece un insólito ejemplo de lo contrario y parece más bien un mito antiprimitivista, que propugna la civilización como humanizadora de la bestia humana, algo que se ha comparado con Ovidio, como veremos en otra Babilónica. A pesar de todo, en el relato bíblico se pueden detectar trazos de una intención que en su origen podía ser semejante a la del mito sumerio, como el hecho de que comer la fruta del árbol del conocimiento permite a los humanos distinguir entre el bien y el mal, algo que no pueden hacer las bestias salvajes.

En otro momento hablaré también de la presencia en ese Edén sumerio y asirio babilónico, pero también en el hebreo, de Lilith, la primera mujer.

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La epopeya de Gilgamesh/ Babilónicas

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