La muerte de Denis Diderot

Poco antes de la muerte de Diderot, se le llevó a un lecho más cómodo. Dijo: “Os molestáis por un mueble que no durará ni cuatro días”. Murió, en efecto, cuatro días después, pronunciando estas palabras famosas: “El primer paso hacia la filosofía es la incredulidad”. El 1 de julio de 1784, Diderot, en la mesa, se inclina para servirse una compota de cerezas; su mujer le hace una pregunta, a la que ya no responde.

 

“Se utiliza a los muertos para deprimir y entristecer a los vivientes.”

mortal

“Cuando sobre mi sarcófago una gran Palas desolada muestre a los viandantes con el dedo las grabadas palabras: Aquí yace un sabio, no vayáis con una risa indiscreta a desmentir a la Minerva llorosa y ajar mi memoria honrada, diciendo: Aquí yace un loco… Guardadme el secreto.”

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Originally posted 2012-03-25 18:50:36.

La danza de la muerte

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La primera danza de los muertos o danza macabra o macabea que se conoce tal vez sea el Respit de la Mort escrito por Jean Le Fèvre en 1376 que llama a su poema “danse macabré”. En España hay una Dança general del 1400.

El origen de la palabra “macabro” no está claro. Se ha puesto en relación con los macabeos de la Biblia, y en concreto con Judas Macabeo. Pero el origen más probable es árabe: maqbara significa cementerio (plural maqabir) que dio en español la palabra almacabra (cementerio moro). En Almería hasta el siglo XIX se llama macabas a los cementerios.

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 [El número 5 de Esklepsis fue publicado en 1999]

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Originally posted 2012-08-19 01:06:54.

La muerte de Francisco de Quevedo

Ya muy enfermo, Quevedo preguntó al médico que le dijera cuánto tiempo le quedaba por vivir; el médico le dijo que tres días, a lo que el escritor replicó: “ni tres horas”. Y así fue. Dictó sus últimas disposiciones y no pudo dejar de ser quien era cuando a la propuesta de un amigo de que dejara dinero para pagar los músicos que habían de acompañar su entierro, soltó: “La música páguela quien la oyere”.


Quevedo murió el 8 de septiembre de 1645 en un cuarto del Convento de los Dominicos de Villanueva de los Infantes. Allí se conserva todavía la cama, y en la pared un soneto escrito por Quevedo cuando ya presentía su fin:

Ya formidable y espantoso suena
dentro del corazón el postrer día;
y la última hora, negra y fría,
se acerca, de temor y sombras llena.

Si agradable descanso, paz serena
la muerte en traje de dolor envía,
señas da su desdén de cortesía:
más tiene de caricia que de pena.

¿Qué pretende el temor desacordado
de la que a rescatar piadosa viene
espíritu en miserias anudado?
Llegue rogada, pues mi bien previene;
hálleme agradecido, no asustado;
mi vida acabe, y mi vivir ordene.

Quevedo escribió decenas de poemas y ensayos acerca de la muerte, entre ellos uno de sus sonetos más célebres:

AMOR CONSTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.

 

A imitación de Séneca, Quevedo también escribió un “Morirás”, que es realmente brillante:

MORIRÁS

“Fuera verdad entera si dijeras has muerto y mueres; lo que pasó lo tiene la muerte, lo que pasa lo va llevando. Morirás. Desde que nací lo sé, por eso lo espero y no lo temo. Morirás. No dices bien: di que acabaré de morir y acertarás, pues con la vida empecé la muerte. Morirás. Me dices lo que sé y callas lo que no sé, que es el cuándo. Morirás. Con todos hablas y todos te sacarán verdadero y tu vida a ti propio. Morirás. Si he vivido bien, empezaré a vivir; si mal, empezaré a morir. Morirás. No me alborotará hacer lo que todos han hecho y lo que todos harán. Morirás. Primero me lo dijo la Naturaleza. Morirás. Es vana amenaza, pues ninguno es tan necio que rehúse lo que hace; no hay hora que no muera. ¿Por qué he de temer lo que hago? ¿Por qué he de rehusar llegar adonde me llevo? Morirás. No viviré con esperanza de descansar, sino esperaré morir. Morirás. Con el propio contento que quien navega llega al puerto y quien peregrina a su patria. Morirás. Y los apetitos y vicios, si muero mozo, y las enfermedades y miserias, si muero viejo. Morirás. y si muero dichoso, la envidia que me tienen, y si desdichado la que yo tengo. Morirás. Y los cuidados y los desvelos si soy rico, y el desprecio y las calamidades si soy pobre. Morirás. Si hablas con el cuerpo, no lo puedo excusar por la naturaleza; si con el alma, te pueden desmentir las virtudes y las gracias. Morirás. Si hubiera alguno a quien no lo pudieras decir, me entristecieras. Morirás. No podré de otra manera seguir a muchos y ser seguido de todos. Morirás. No hay otro camino para pasar a vida sin muerte. Mientras lo dijeres a todos no podrás mentir, y no hay en todos uno en quien no puedas mentir, si le dijeres que vivirá”.

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[Publicado por primera vez en Esklepsis 3 (1997) y en la red en 2004]

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La muerte de Séneca

“Séneca, porque siendo ya muy viejo y teniendo el cuerpo muy enflaquecido con la larga abstinencia despedía muy lentamente la sangre, se hizo cortar también las venas de piernas y tobillos… Y sirviéndose de su elocuencia hasta en aquel último momento de su vida… dictó muchas cosas”.

La muerte de Séneca

“…Durándole todavía el espacio y dilación de la muerte, rogó… que le trajesen el veneno ya de antes prevenido, que era el que solían dar por público juicio los atenienses a sus condenados… Y lo tomó, aunque sin ningún efecto, por habérsele ya resfriado los miembros, y cerrado las vías por donde pudiese entrar la violencia en él. A lo último, haciéndose meter en el aposento donde había un baño de agua caliente, y rociando con ella a sus criados que le estaban más cerca, añadió: “Este licor consagro a Júpiter liberador”. Metido de allí en el baño, y rindiendo el espíritu con aquel vapor, fue quemado su cuerpo sin pompa o solemnidad alguna, como antes lo había ordenado en su codicilo”

 

MORIRÁS

“MORIRÁS. Esto es la naturaleza del hombre, no pena. Morirás. Con esta condición entré; de salir. Morirás. Derecho es de gentes devolver lo que recibiste. Morirás. Peregrinación es la vida; cuando has caminado mucho, forzoso es volver. Morirás. Entendí decías alguna cosa nueva. A esto vine, esto hago, a esto me llevan todos los días. La Naturaleza al nacer me puso este término, ¿de qué me puedo quejar? A esto me obligué. Morirás. Necedad es temer lo que no puede impedirse. Esto no lo evita quien lo dilata. Morirás. Ni el primero ni el último. Muchos murieron antes de mí. Todos después. Morirás. Este es el fin del oficio humano. ¿Qué soldado viejo se enojó de que le licenciasen? Adonde va el mundo voy yo. ¿Pues ignoro yo que soy animal racional mortal? Con esta condición se engendra todo. Lo que empezó se acaba. Morirás. ¿Por qué es molesto lo que se hace una vez? Conozco el caudal por ajeno, no por mío. Finalmente yo hice este concierto con el acreedor de que no puedo quejarme. Morirás. Mejor lo hicieron los dioses, pues nadie me puede decir que moriré que no sea mortal”.

La muerte de Demócrito de Abdera

“Se cuenta que Demócrito de Abdera, debido a su vejez, había decidido quitarse la vida y para lograrlo disminuía día a día la cantidad de alimento. Pero al llegar los días de la fiesta de las Tesmoforias, las mujeres de la casa le suplicaron que no muriera durante la celebración para que ellas pudieran participar en los ritos sagrados. Él consintió, ordenándoles que colocaran a su lado un recipiente con miel, y se mantuvo así con vida los días necesarios, bastándose sólo con el aroma exhalado por la miel. Pasados los días de la fiesta, al apartar de sí la miel, murió” (La muerte de Demócrito de Abdera contada por Ateneo).

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Demócrito meditando acerca del lugar en el que se encuentra el alma, por Léon-Alexandre Delhomme

 

SOBRE LAS CAUSAS DE LA MUERTE SEGÚN DEMÓCRITO

“Pues cuando domina la fuerza circundante y ya no puede rechazarse la presión que viene de afuera, al no poder respirar, sobreviene la muerte para los seres vivos, pues la muerte es la salida del cuerpo de estas figuras, por la presión de lo circundante”. (fragmento 484)

 

“Un hombre justamente célebre, como Demócrito, afirmó que no hay signos seguros de la cesación de la vida, en los cuales puedan confiar los médicos. Con más razón aún negó que pueda haber signos seguros de la proximidad de la muerte” (fr.485)

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QUÉ HACER CON LOS CADÁVERES

“Por lo cual es más sabio Heráclides del Ponto, cuando prescribe incinerar los cadáveres, que Demócrito, quien quiere conservarlos en miel. Si el pueblo hubiese seguido a éste, ¡que me muera si hoy pudiera comprar un vaso de vino con miel por menos de cien denarios.” (Varrón)

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[Publicado por primera vez en Esklepsis nº3 en 1997]

Más sobre Demócrito en Cosas que he aprendido de… Demócrito

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2.4 Acceso del hombre a la felicidad

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2.1 La ética de Demócrito

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1.9 La felicidad en la adversidad

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1.2 El bien supremo es la felicidad

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ÍNDICE

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