La mitad oculta

El artículo que se dedica a Hipatia en Tio Petros me ha hecho recordar la sección que tenía en Esklepsis dedicada a mujeres que me interesan especialmente en la historia. Una de ellas iba a ser Hipatia precisamente, otra era Aristipa, la hija de Aristipo de Cirene, filósofa también), Safo, Lou Andreas Salomé.

Pronto subiré los cinco números de Esklepsis a mi página, pero de todos modos abriré una sección dedicada a mujeres. Aquello se llamaba La mitad oculta, no porque la mujer sea la mitad del hombre, la otra costilla, sino porque era hasta hace poco, y lo sigue siendo en muchísimos lugares, como todo el Islam, la mitad oculta de la humanidad. Eso hace que alguien como yo, nada dado a separaciones sexistas dedique una sección específicamente a mujeres. Llegará un tiempo en que esto será visto como ridículo, al menos eso espero, y no se distinguirá entre hombres y mujeres. Pero no soy tan adelantado a mis tiempos como para fingir ignorar que ese tiempo no ha llegado todavía y que ello hace necesario a veces lo que se llama discriminación positiva. Supongo.


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Originally posted 2003-12-06 12:00:02.

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Ono no Komachi, una poeta japonesa

En la literatura japonesa, especialmente en sus orígenes, hay muchas escritoras. No es extraño, porque la lengua japonesa común, escrita en caracteres hiragana, se considera una invención femenina. Sucedió porque las mujeres no tenían permitido usar los caracteres kanji, importados de China, y utilizaban una lengua simplificada, el hiragana, mientras que los hombres empleaban ese lenguaje, pero solo en su correspondencia amorosa con las mujeres. Con el tiempo, esa lengua casi secreta se convirtió en el japonés actual, en el más importante de sus cuatro silabarios, el hiragana. Los otros son el kanji, el katakana (creado por los bonzos o monjes) y el roomaji (caracteres occidentales).

historia_de_genji_1Las obras maestras de la época clásica están escritas por mujeres, como El libro de la almohada, de Sei Shonagon (del que ya he hablado en esta página) y El romance de Genji, de Murasaki Shikibu, que al parecer se está traduciendo íntegro por primera vez al español y que espero con impaciencia.

[Tras la publicación de esta entrada, en 2004, se han publicado  (escribo este comentario en 2015) al menos dos traducciones íntegras de El romance de Genji o Genji Monogatari, una en Atalanta y otra en Destino].

En un bellísimo libro que me regalaron recientemente, Cien poetas, cien poemas (Hyakunin Isshu), de la editorial Hiperión, descubrí a otra escritora japonesa muy interesante.

Se llama Ono no Komachi:

“Una mujer bellísima que vivió a mediados del siglo IX y que encarna todo el refinamiento y toda la melancolía de la época Heian. El poeta Ki no Tsurayuki la incluyó entre los seis mejores poetas de waka, es decir, como uno de los “seis genios” (rokkasen) de la antología Kokinshü, que contiene 18 poemas suyos”.

La historia de esta poeta extraordinaria es al mismo tiempo alegre y triste, o al menos así lo cuentan los cronistas, algo que también parece admitir la propia Ono no Komachi en algunos de sus poemas:

“Según la leyenda, Ono no Komachi, hija de un oficial, había nacido en la región de Akita y fue enviada a Kioto a la edad de 13 años. Allí destacó por su belleza y por su inteligencia, llegando a ser gran dama de la Corte, quizá sirviendo al emperador Nimmei, y fue requerida por numerosos pretendientes, a los que rechazó. Se cree que al final de su vida regresó a su tierra natal, donde murió, sola, pobre e ignorada, aferrada al orgullo de su belleza juvenil, “viendo caer las largas lluvias”, como dice en el maravilloso poema que la representa en esta antología… “

ono no komachi anciana

El poema de Ono no Komachi recogido en la antología precisamente trata de esa parte solitaria y triste de su vida:

“El color de las flores
se va desvaneciendo:
Así pasa mi vida, vanamente,
envuelta en tristes pensamientos
viendo caer las largas lluvias”.

En otra entrada tuve ocasión de hablar de los haikus (o haikai) con motivo de El haiku de Cuervo. El poema de Ono no Komachi no es haiku, sino tanka, que comparte con los haikus los tres primeros versos de cinco, siete y cinco sílabas, pero añade otros dos.

José María Bermejo y Teresa Herrero, los autores de la antología, explican que Ono no Komachi es un personaje especialmente reverenciado en la cultura japonesa:

“Ono no Komachi inspiró también algunas obras del teatro Nô, cinco de las cuales son atribuidas a Kan’ami o a Zeami. La más conocida, Sotoba Komachi, de Kan’ami, narra una historia estremecedora que tiene como fondo la supuesta crueldad de Ono con sus enamorados y amantes: a uno de ellos, el capitán Shii no Shoso, conocido también como Fukakusa, le impuso como condición, para acceder a sus deseos, que pasara cien noches ante su puerta; pero el capitán, que había acudido fielmente a cada cita, murió la última noche…”

OnonoKomashi y su amante

Ono no Komashi y su amante Shi no Shosho bajo las nieves de  Fukakusa

Existe quizá, dicen los antólogos una cierta relación, algo parecido a la ironía dramática, entre la actitud de Ono no Komachi y el desenlace de su historia:

“El triste final de Ono no Komachi, como una anciana pordiosera y vagabunda, parece marcado por ese amor frustrado, por esa historia absolutamente “romántica”. Su poesía, intensa y emotiva, rica en metáforas e impregnada de un fuerte erotismo, es, tal vez, el mejor retrato de esa misteriosa mujer que, según la tradición, adoptó al final de su vida, en el templo de Onosan Myoshoji, en Hazako, el nombre budista de “Myosho”.

 

1

Se conservan muchos retratos de Ono no Komachi:

“Varios siglos después, Eishi, el artista más aristocrático de ukiyo-e (tipo de grabado o ilustración japonesa), ilustró ese poema que aún nos sigue conmoviendo. Otro genio del grabado, Harunobu (1725-1770) recreó, en una bellísima “estampa de brocado” (nishikie) la figura legendaria de Ono no Komachi”.

En esta maravilla que es Internet, he encontrado unos cuantos poemas más de Ono no Komachi, aunque sólo están traducidos al inglés. Me gusta mucho este:

“Those gifts you left
have become my enemies:
without them
there might have been
a moment’s forgetting”.
         (Tr. Hirshfield & Aratani)

Intento ahora, en 2015, una apresurada traducción de este poema:

“Esos regalos que dejaste
son ahora mis enemigos
Sin ellos
podría tal vez tener 
un instante de olvido”.


Aquí puedes consultar dos páginas para leer más poemas de Ono no Komachi: Other Women Voices, Gotterdamerung, y una página muy interesante en la que se estudia la belleza fatal de Ono no Komachi como estándar de la belleza femenina en Japón.

 

[Publicado el 14 de diciembre de 2004. Revisado en 2015]

CUADERNO DE JAPÓN

Originally posted 2012-06-21 01:00:15.

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Defensa de Oliva Sabuco

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 2

En Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía, presenté a Oliva Sabuco, una filósofa de la época de Felipe II y me referí a quienes poníanen duda que la obra hubiese sido escrita por una mujer.

En 1900, José Marco Hidalgo se presentó a unos juegos florales de Albacete que proponían el tema “Biografía de un hijo ilustre de Albacete”.

El premio quedó desierto porque todos los trabajos presentados trataban de Oliva Sabuco, incluido el de José Marco Hidalgo.

En su trabajo, que recibió un accésit al que renunció, Jose Marco Hidalgo muestra hacia Oliva una admiración absoluta, y defiende la autoría de sus obras adoptando posturas progresistas en lo que a la capacidad intelectual de las mujeres se refiere, lo que resulta muy meritorio para un país en el que las mujeres ni siquiera tenían derecho a votar. Así, tras recomendar varias obras acerca de la inteligencia de la mujer, Jose Marco Hidalgo dice: “Os convenceréis (tras leerlas) de que la mujer es igual, si no superior, al varón en inteligencia”. Y acerca de la autoría de Oliva, añade:

“No cabe admitir, ni aun como discutible, la duda apuntada por un escritor que se ha ocupado de Doña Oliva, de que algún enamorado de esta señora desease hacer célebre su nombre poniéndolo al frente de sus escritos. Aparte de lo pueril de la invención, que pocos o nadie admitirán como factible, resulta que a Doña Oliva no se le puede negar la gloria de la originalidad de sus obras, por el sólo hecho de haber alcanzado éstas un mérito científico y literario de mucho valer; pues discurriendo de esta equivocada manera, lo mismo podríamos afirmar, que el sistema planetario de Galileo se lo reveló a éste una vecina suya, y el descubrimiento de América se debe a las confesiones que a Colón hizo su mujer antes de morir, para hacer célebres los nombres de estos dos insignes personajes, y que por tanto sus descubrimientos nunca pudieran ser debidos a sus estudios y desvelos.”                                  [Defensa de Oliva, por José Marco Hidalgo]

Además de defender a Oliva, José Marco Hidalgo intenta resolver en ese primer trabajo algunos misterios y equívocos. Niega que Oliva, como sostenía Sánchez Ruano, pudiera ser de origen morisco, pues existe una petición de información de nobleza de sangre a nombre de Catalina Sabuco, hermana de Oliva. En lo que se refiere a la boda, pese a no hallarse tampoco el registro de la misma, Marco Hidalgo puede asegurar que se celebró el 18 de diciembre de 1580. Y en cuanto a la muerte, nada es seguro, aunque le parece dudosa la fecha dada en ocasiones: 1622.

Tras la defensa de José Marco Hidalgo, el asunto de la autoría de La Nueva Filosofía parece resuelto. Sin embargo, en 1903, aparece un artículo en la Revista de Archivos titulado: “Doña Oliva de Sabuco no fue escritora”. En este artículo se afirma que se puede demostrar que La Nueva Filosofía no fue escrita por Oliva, sino por su padre, Miguel Sabuco. El hombre que firma ese artículo y que derriba de su pedestal a Oliva no es otro que el que tres años antes la defendiera a capa y espada: José Marco Hidalgo.

Continuará…

******************

*********

[Publicado en 1999 en Esklepsis. En 2012 en internet]


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Originally posted 2017-11-16 16:07:09.

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Tres poemas infieles de Roser Amills

 

En 2010 Roser Amills Bibiloni publicó su delicioso libro de poesía erótica Morbo, que tuve la suerte de leer antes de su publicación, no sólo en catalán sino también en una versión castellana, no menos estupenda, hecha por la propia autora, pero que , creo, permanece inédita.

Roser Amills Bibiloni

He leído muchas veces Morbo y cada vez que lo hago me asombro de la claridad y la belleza de las palabras asociadas al sexo cuando se emplean con la precisión y la claridad con que lo hace Amills, a quien  llamaré a partir de ahora Roser, puesto que somos amigos y me resulta extraño referirme a ella de manera tan formal. Como dice Luis Racionero en el prólogo de Morbo, hay mucha metafísica de la buena en el libro de Roser. Yo, que reconozco no ser muy exhuberante en el uso del lenguaje sexual debido a que no consigo manejarlo con naturalidad, envidio el arte de Roser como envidio también el del deslenguado Rabelais. Pero, al mismo tiempo, reconozco en ella la encantadora travesura y hondura ligera que nos trasmiten los fragmentos de Safo, o más modernamente de Pierre Louys. No hago estas comparaciones (a las que se podría añadir Catulo, por supuesto) para reducir a Roser a una fácil definición, puesto que Roser es ante todo Roser Amills, como el lector de sus poemas podrá comprobar.

A continuación tres poemas de Morbo que tienen relación con la infidelidad y con no someterse a las convenciones sociales. Con ellos doy inicio a mi Gran antología infiel:

 

El miratge

 

I bec en la teva saliva les meves sals

i la teva aroma,

t’aboques amb cobdícia i em desafines,

curulla de semen em faràs passar pel simaler

em menjaràs la figa amb cullera,

em faràs llepar-te els peus que tant

han de recórrer encara sense mi,

aprenc de les teves mans ma resplendor

mentre refaig els contorns dels teus ulls,

de la teva boca, de les teves natges

 

mentre espero que la teva imatge es dissolgui

per materialitzar-se novament un embat

rera l’altre.

 

 

El nom

 

I quan un amant ja t’ha deixat mil regueronsblancs als llençols,

quan nua ja t’has fregat la seva veu

contra els malucs

i la teva contra les seves natges,

en haver-ne tingut tot el cos entre les mans

i haver-lo mossegat arreu sense pausa

arriba el moment de mirar-li de fit a fit

l’eròtica nuesa del forat del cul

i començar amb gosadia a preguntar-li

com es diu, de quin peu calça

o com vol prendre el cafè

i sobre tot

quin és el seu super-heroi preferit.

Mai abans, això seria una manca

de delicadesa

imperdonable.

 

Perills

Si et poses a parlar molt sensual

per mostrar les variacions emotives

i sensibles de tot el fàstic i el morbo

que portes a dins, atenció,

tot d’una corres el risc de semblar

una mala vedette de revista.

 

Si les teves fantasies sexuals

són inevitables i excèntriques

i decideixes confessar-les

tot just haver començat, vigila,

l’altre podria sortir corrent.

 

Parlar del temps i de cop

ficar-li la llengua a la boca per callar

també dóna un cert no sé què

que diuen que no convé gaire.

 

Però si no dius si no fas res,

potser per evitar

els anteriors inconvenients,

és pitjor encara: t’avorriràs

 

tota la vida per ser massa delicada

i no te la bescanviarà ningú

per una altra.

 

 

 


La primera edición de Morbo se agotó pero está a punto de publicarse una segunda que ha sido posible gracias a un sistema de crowfunding (financiación mediante donaciones) a través de Internet, en el que todavía puedes participar, si no me equivoco. Es una iniciativa fantástica y una muestra de las posibilidades que Internet ofrece a los autores. Probablemente parte del futuro literario estará ahí: Morbo en Verkami

Originally posted 2011-10-22 16:40:49.

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Ovejas y tigres

Perkins Gilman y lo humano /1

He hablado en otro artículo de Charlotte Perkins Gilman y de su novela utópica Dellas (Herland). Dije entonces que aunque es lógico considerarla una escritora feminista,  ella tenía razones para no aceptar esa calificación. Esas razones no las ofrece en Dellas, sino en su ensayo A manmade world, our androcentric culture (Un mundo hecho a la medida del hombre, nuestra cultura androcéntrica).

El ensayo empieza de manera deslumbrante contándonos cosas acerca de las ovejas. No suele considerarse razonable, dice Gilman, que nos comportemos como ovejas, es decir que sigamos fielmente a nuestros líderes hasta el abism, pues, como decía Séneca: “El hombre sabio ha de ir a donde hay que ir no a dónde se va, como hacen las ovejas”. Pero Perkins Gilman nos explica que las ovejas no piensan por sí mismas porque han desarrollado un instinto gregario debido a ciertas circunstancias:

“Este instinto, se nos dice, fue desarrollado a lo largo de años de vida en laderas escarpadas, barrancos, estrechos balcones sobre precipicios, con inesperadas esquinas y obstáculos, de tal modo que sólo el líder [la oveja que iba delante] sabía dónde y cómo pisar. Si las que iban detrás hacían exactamente lo mismo, sobrevivían. Si se paraban a ejercitar su pensamiento independiente, caían y perecían, ellas y su pensamiento con ellas”. [1]”This instinct, we are told, has been developed by ages of wild crowded racing on narrow ledges, along precipices, chasms, around sudden spurs and corners, only the leader seeing when, where and how to jump. If those behind jumped exactly as he did, they lived. If they stopped toexercise independent judgment, they were pushed off and perished; they and their judgment with them”.

Después habla Perkins Gilman de otros animales, como los carneros, las cabras, los búfalos y los antílopes, y de los vocablos que se emplean en inglés para describirlos: curiosamente, cuando tienen cuernos es un sustantivo masculino. En castellano me parece que no se da una correspondencia tan exacta, o tal vez sí. Pero lo más interesante no es eso, sino que esos cuernos suelen ir unidos a instintos beligerantes, agresivos y violentos. No es que se trate de una relación de causa efecto ni de un chiste fácil acerca de los cuernos y la infidelidad, sino que da la impresión de que la agresividad se da más en los machos, mientras que en las hembras se observa casi siempre lo que se conoce como instinto maternal.

Hasta aquí Perkins Gilman parece encaminarse hacia las ideas sexistas basadas en la biología tan de moda hoy en día, o anticiparse a ellas, pues escribió su ensayo a principios del siglo XX. Sin embargo, enseguida aclara: “En nuestra especie todo esto cambia”. Se insiste tanto, dice, en las diferencias entre los hombres y las mujeres, que se piensa poco en qué consiste ser “humano”.

La pregunta entonces es: ¿hay algo que caracterice a los hombres y a las mujeres en tanto que seres humanos, del mismo modo que se puede decir que existe algo que caracteriza a las ovejas en tanto que ovejas, y no en tanto que ovejas machos y hembras?

Continuará…


[Publicado el 6 de febrero de 2004. Revisado en 2017]


Charlotte Perkins Gilman

Originally posted 2012-06-21 01:00:15.

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Marjane Satrapi y Persépolis

Persepolis

Persépolis es la novela gráfica en cuatro tomos de Marjane Satrapi en la que cuenta su propia vida. Como muchas personas, Satrapi vivió bajo una dictadura, la del sha Reza Pahlevi, y tuvo la suerte de que al comienzo de su adolescencia el régimen fue derribado. Yo viví lo mismo en otra época, en la España de Franco: tuve el tiempo justo de conocer la dictadura pero la suerte de disfrutar casi toda mi vida de la democracia.

En el comic (y en la adaptación al cine), el padre y el tío le cuentan a Marjane, cuando todavía es una niña, cómo obtuvieron el trono los Pahlevi, apoyados por los ingleses que querían hacerse con el petróleo de la zona; recuerdan al primer sha y lo comparan con el actual Reza, que es todavía peor y exclaman: “¡Nada peor nos puede pasar ya!”. Pero sí les pasó, porque esa segunda parte buena de mi vida y de los que eran niños o jóvenes cuando murió Franco no se produjo en la vida de los iraníes, que pronto descubrieron que una dictadura sangrienta podía ser sustituida por otra aún peor.

Persépolis Starapi

Monjas o integristas del Islam, que recuerdan a las monjas franquistas

El libro de Satrapi es una delicia, y también lo es la película. Aunque está llena de cuestiones políticas, la dictadura, el fanatismo religioso, la represión, la guerra entre Irán e Irak, es en realidad la biografía de una niña que, en el terrible mundo que se le viene encima, tiene la oportunidad de escapar y viajar, primero a Austria y después a Francia.

Persépolis

Marjane recuerda su llegada a Austria

En la actualidad, Marjane vive en París, la misma ciudad en la que se refugió durante años Jomeini, el hombre que provocó su exilio de Irán. Es seguro que sueña con regresar algún día a su país, pero ella misma dice que no puede quejarse, por respeto a todos aquellos que viven allí, bajo una infame dictadura religiosa y militar y que no han tenido la posibilidad de escapar como ella (entre ellos sus propios padres).

Marjane Satrapi

Es muy recomendable volver a leer los libros de Satrapi y ver la película para recordar que fueron los fanáticos religiosos los que impusieron el velo a las mujeres, algo que olvidan muchos que ahora aseguran que el velo es una opción libre de las mujeres en el Islam.

Persépolis SatrapiHace poco me sorprendió leer unas declaraciones de Fatima Mernissi es las que hablaba del uso del velo como si fuera un acto libre. La misma Mernissi que escribió en 1993 un prólogo a su libro El poder oculto en el que hacía un penetrante análisis del asunto del velo:

“Quiero proponer aquí que tanto las campañas a favor del velo en los ochenta como el terrorismo en los noventa forman parte de una estrategia infame para silenciar a los ciudadanos y frenar el proceso democrático. La extensión del terrorismo justificado por la religión en los años noventa es una respuesta atormentada de una sociedad musulmana mutilada, cuyas fuerzas progresistas fueron reprimidas salvajemente, en parte precisamente por esas campañas sistemáticas que pretendían esconder la mitad de la población detrás de un velo”.

Y más adelante lo dice todavía más claramente:

“Las campañas que se llevaron a cabo en los años ochenta para reforzar la obligatoriedad del velo tuvieron muchos efectos trascendentales. En primer lugar constituían un ata­que a la democracia: obligada a ponerse el velo, la mitad femenina de la población se hizo invisible como por arte de magia, volvió a la esfera doméstica y dejó de participar en la vida pública. Fue una manera de advertir a las mujeres que no había lugar para ellas en la esfera pública, que de hecho también estaba vedada a la otra mitad de la población”.

Cualquier persona es libre, por supuesto, de vestir como quiera, pero el problema, y eso es algo que Mernissi parecía saber entonces y que ahora parece no recordar, es que las mujeres bajo el Islam no son libres de vestir ni de actuar como quieran. Y no se trata sólo de las leyes de los gobiernos más o menos islámicos o de la tolerancia oficial, sino de la dictadura y la presión y represión familiar: el estado moderno, la defensa de los derechos humanos y de la democracia nacieron en gran parte para luchar contra la represión familiar y grupal. Contra el control y el abuso ejercidos por los más cercanos.

Como bien muestra Satrapi, en Irán no ir cubierta de la cabeza a los pies con una horrible manta negra no es que fuera una opción de libertad, es que era lo único posible y permitido. A mujeres que se negaban a vestir así las detenían, las pegaban o incluso las echaban ácido en la cara

El problema de las dictaduras o de cualquier pensamiento represivo es que poco a poco se va instalando en nuestra conciencia y redefiniendo incluso lo más evidente e indiscutible, y acabamos hablando como nuestros guardianes. Por eso es especialmente agradable ver que tal cosa no le ha sucedido a Satrapi, como pudimos comprobar hace poco cuando dio una conferencia en contra del reciente (2010) golpe de estado del líder supremo Jamenei y el presidente Amadineyah y la impugnación de unas elecciones en las que con toda probabilidad ganaron los partidarios del cambio.

****

[Publicado el 8 de noviembre de 2010]

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Originally posted 2014-11-22 21:26:58.

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Ursula K. Le Guin y la confianza del escritor

|| Una cita con las musas /14

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que Chus Natera y Daniel Tubau hablan de Ursula K. Le Guin y sus métodos para escribir.


 

TRANSCRIPCIÓN

Ursula K. Le Guin y la confianza del escritor

 

CHUS: Buenas tardes, Daniel. ¿Qué nos espera hoy en una cita con las musas?  

DT: Nos espera una gran escritora y una de mis favoritas, y cuando digo favoritas aquí me refiero tanto a hombres como a mujeres, a escritores y escritoras. Se trata de Ursula K.Le Guin.

 

CHUS: Ah, es una gran escritora de ciencia ficción, y creo que murió hace poco.

DT: En efecto, murió el mes pasado. Es verdad que escribía novelas de ciencia ficción, aunque a ella no le gustaba mucho el término, y prefería algo así como ficción especulativa o simplemente decía que era escritora. Escribió muchos libros extraordinarios, como La mano izquierda de la humanidad, El nombre de este mundo es bosque, que muchos consideran la inspiración de Avatar, o Un mago de Terramar, que también muchos consideran la inspiración de la saga de Harry Potter, o Los desposeídos, que es una utopía anarquista.

CHUS: Ah, sí, porque ella también se declaraba anarquista.

DT: Así es, anarquista del sector Kropotkin no del de Bakunin, es decir no violenta.  Y también decía que era taoísta. Pero ella siempre fue todo de manera muy inteligente, nunca fue una fanática ni simplificó las cosas y en Los desposeídos muestra que el anarquismo también tiene sus problemas, incluso en esa sociedad utópica.

CHUS: ¿Y qué nos puede contar Ursula K. Le Guin de la creatividad?

DT: Muchas cosas, porque ella decía que la imaginación es la herramienta más útil que posee la humanidad y dio talleres literarios y aconsejó a otros escritores, aunque decía que enseñar a escribir no se puede realmente. Cosa que es bastante cierta. En este tipo de asuntos, los profesores lo único que podemos hacer es señalar, como decía Agustín de Hipona. Pero aprender solo puede aprender la persona que decide hacerlo, quizá estimulada por buenos consejos.

 CHUS: Pero no vamos a hablar de la ciencia ficción de Ursula K. Le Guin, ¿verdad?, sino de su proceso creativo.

DT: Claro. A ella le interesaba mucho este tema. En uno de sus ensayos breves que se llama “Una cuestión de confianza”, Le Guin cuenta un poco su proceso creativo y dice que un escritor debe confiar en sí mismo, en la historia y en el lector para escribir algo que valga la pena. Confiar en uno mismo, dice, es algo que se adquiere con la práctica, aunque es cierto que cuando estás empezando tienes que confiar en ti un poco a ciegas y fingir, y lo curioso es que si finges bien, al final te lo crees y funciona. Es como eso de ponerse un lápiz en la boca para mover los músculos de la sonrisa y así animarnos un poco.

CHUS: Ah, muy interesante. Un poco de fingimiento puede llevar a algo bueno… ¿Y lo de confiar en la historia?

DT: Con eso se refiere a que en un cierto momento te tienes que dejar llevar por la historia, renunciar a  tener el control, pero solo en un cierto momento

 

CHUS: Bien. ¿Y en qué momento sucede eso?

DT: Ella lo cuenta de una manera que coincide mucho con los estudios acerca del proceso creativo, de los que ya hablamos en una ocasión al tratar de las fases de la creatividad propuestas por el pionero en la investigación creativa Graham Wallas. Se trata, dice Le Guin en primer lugar de planificar, leer mucho, escribir muchos borradores, hacer planes de todo tipo. Pero llega un momento en el que cuando eso empieza a funcionar, te dejas en cierto modo arrastrar por la historia.

 

CHUS: Pierdes el control.

DT: Eso es. Le Guin dice que puede sonar muy místico eso de que la historia te lleve, pero que no lo es. En realidad, dice, podemos ceder el control porque la práctica y la planificación nos ha permitido automatizar la mayoría de los aspectos de la escritura. Ella insiste mucho en que esto no tiene nada que ver con todas esas teorías que dicen que hay que cerrar el intelecto y pensar con el lado derecho creativo del cerebro. 

CHUS: Ah, eso es una cosa de la que se habla a menudo, lo del cerebro creativo…

DT: Sí, pero la teoría de los dos hemisferios cerebrales, uno creativo y otro lógico y racional, fue descartada hace ya muchos años, aunque todavía hay personas que la repiten y elaboran teorías absurdas acerca de ese supuesto hemisferio creativo, que no existe. Para escribir, dice Le Guin, hay un trabajo constante, previo, muy importante, muchas veces subconsciente.

CHUS: como esa segunda fase del proceso creativo de la que habla Graham Wallas que se llama incubación.

DT: Exactamente. Y Le Guin dice que so en su caso a veces dura años. Hace planes, anota ideas, piensa en situaciones durante mucho tiempo. Después se olvida a lo mejor d esa novela y de pronto siente un impulso, eso que Wallas llamaba la inspiración o revelación, donde entiende cómo tiene que escribirlo y se pone a hacerlo como una posesa.

 CHUS: Y es ahí  donde cede el control y deja que la historia la lleve a cualquier lado.

DT: Así es, por supuesto no se trata de perder por completo el control, pues hay que seguir sosteniendo el bolígrafo o tecleando en el ordenador, pero es cierto que a veces sientes como si te estuvieran dictando la historia, mientras que otras veces avanzas con mucha dificultad. Esos momentos en los que escribes casi sin pensar son estupendos.

CHUS: Pero sospecho que ahí no acaba la cosa.

DT: Pues no, porque ella misma dice que cuando terminas la historia se termina y está calentita te quedas encantada, pero que después se va enfriando y vas viendo los errores, las inconsistencias, las parte más flojas, y entonces tienes que volver a tomar el control y revisarla.

 

CHUS: Pero Ursula K.Le guin decía que había una tercera cosa en la que confiar, además de confiar en ti misma y en la historia, que había que confiar en el lector.

DT: Sí, porque decía que nunca debemos olvidar que al otro lado de esa historia que escribes está el lector, es a él a quien te diriges y por eso recomienda varias cosas en este sentido. Primero, que una vez revisada la historia, es bueno recibir el juicio de otras personas, que te digan lo que han sentido, lo que han pensado, qué partes les gustan más y menos. Pero también recomienda no subestimar al lector y no tratarle despectivamente, confiar en que sea un buen lector y sepa hacer su trabajo.

 

CHUS: Claro, que no sea un lector pasivo sin más

DT: Pues sí, porque, al menos en su caso, a ella no le interesaban lo lectores pasivos que quieren que el escritor se lo dé todo hecho, los devoradores de bestsellers. Y es precisamente en la fase de la corrección donde tienes que pensar en el lector. Porque una cosa es la historia que has escrito para ti, que sabes muchas cosas por todo lo que has trabajado al escribirla y sabes muchas cosas que no están ahí en eso que has escrito. 

CHUS: Porque todas esas cosas las sabes tú pero no las sabe el lector…

DT: Así es. Tienes que darte cuenta de eso y modificar muchas cosas que  a lo mejor a ti te parecen estupendas porque conoces esa historia oculta pero que el lector no conocerá.

 

CHUS: Claro. Y es obvio que tú estás de acuerdo con Ursula K. Le Guin porque tienes un libro que se llama El espectador es el protagonista.

DT: Así es, porque resulta que lo mismo que le puede suceder a un novelista le puede pasar a un guionista o aun cineasta: olvidarse del espectador. De eso es posible que hablemos en alguna cita futura con nuestras queridas musas.

 

Recomendación Creativa

 

CHUS: Supongo que la recomendación creativa será un libro de Ursula K. Le Guin.

DT: Claro. Hay que decir que podríamos recomendar cualquiera de sus mejores libros, como Los desposeídos, El nombre de este mundo es bosque o La mano izquierda de la oscuridad, pero vamos a recomendar uno que no es de ciencia ficción, sino de ensayo.

 

CHUS: Ah, perfecto, ¿y qué libro es ese?

DT: ES una colección de ensayos que se ha publicado recientemente y que se llama Contar es escuchar, y tiene el subtítulo “Sobre la escritura, la lectura y la imaginación”.

 

CHUS: Y, claro, los ensayos son acerca de esos temas.

DT: Sí, pero también acerca de muchos más. Hay algunos textos biográficos o casi biográficos, como el primero, que es muy divertido y muy incisivo, cuando comienza diciendo: “Soy un hombre. Pensarán que he cometido un error de género sin querer, o que intento engañarlos, porque mi nombre de pila acaba en a, y soy dueña de tres sujetadores, y he estado embarazada cinco veces…”

 

CHUS: Ah, pues sí que parece interesante. Tengo que leerlo y ver por qué dice que es un hombre.

DT: Sí , es un ensayo muy bueno. Porque Le Guin, además de anarquista y taoísta era feminista y ha escrito muy buenas páginas acerca del feminismo. Pero también hay textos muy interesantes sobre los pies, los perros, los gatos, la belleza, Borges, al que admiraba por encima de todas las cosas, el determinismo genético y los talleres literarios.

CHUS: Y también el ensayo del que nos has hablado hoy…

DT: Sí, este de la confianza en uno mismo, en la historia y en el lector, que se llama “Una cuestión de confianza”.

CHUS: Pues no cabe duda de que tiene que ser un libro muy interesante. Dinos los datos.

DT: El libro es de Ursula K. Le Guin y se llama Contar es escuchar y lo publicó el año pasado la editorial Círculo de tiza.

 

 

 


José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau “Una cita con las musas”… En el enlace también puedes escuchar los podcast de los programas.



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EN CAPÍTULOS ANTERIORES….

En Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía, presenté a Oliva Sabuco, una filósofa de la época de Felipe II. En Defensa de Oliva Sabuco recordé el encendido elogio que el estudioso José Marco Hidalgo hizo de ella, pero en Ataque a Oliva Sabuco revelé que Marco Hidalgo cambió de opinión y acabó convenciendo al mundo entero de que Oliva no era la autora de La nueva filosofía, sino que el verdadero autor era su padre, Miguel Sabuco. Sin embargo, ya dije que ciertos detalles me resultaban sospechosos y los enumeré en Nueva defensa de Oliva.


Cuando me disponía a poner punto final a este artículo, que empecé hace muchos años, pues quise incluirlo en el primer número de Esklepsis desde que concebí la idea de la revista, encontré en Internet un nuevo dato en favor de Oliva. Se encuentra en una página feminista en la que se denuncian los intentos de arrebatar a las mujeres la autoría de sus obras.

Allí se cuenta que en 1987 los expertos del Instituto de Estudios Albacetenses sustituyeron a Oliva por su padre como autor de La Nueva Filosofía, basándose en el testamento de Miguel Sabuco. Pues bien, parece que una investigadora, Mary Ellen Waithe, ha examinado el testamento de Miguel Sabuco y señala el curioso hecho de que no finaliza como solían y suelen hacerlo todos los testamentos, es decir, con una revocación de todos los testamentos anteriores y la firma del notario y de los testigos. En el caso del testamento de Miguel Sabuco, se añade la reivindicación del libro y la maldición a Oliva. Pero, además, esa reivindicación y maldición está escrita con una letra más firme, que procede claramente de una pluma más pequeña. Waithe sugiere que ese párrafo fue añadido por Miguel Sabuco posteriormente a la firma del testamento.

La interesantísima Historia de las mujeres filósofas (en español diríamos simplemente “filósofas”)

A los que defienden la autoría de Miguel Sabuco argumentando que un hombre no miente cuando sabe que va a morir (Domingo Henares: “ante las puertas de la eternidad la verdad resplandece como nunca para un creyente”), Waithe responde que, en contra de lo que se solía suponer, Miguel Sabuco no murió en el mismo año en el que redactó y firmó el testamento, sino que vivió al menos catorce años más.

Quizá (esta es una última suposición mía), en este deseo de Miguel Sabuco de venganza póstuma contra su hija tuvo que ver el pleito que tuvo con ella y con su esposo a propósito de la dote, pues se sabe que él debía entregar un dinero que luego considero excesivo.

Waithe también se pregunta por qué el marido de Oliva firmó un pagaré a Miguel para reembolsarle los gastos que su hijo Alonso había tenido en su viaje a Portugal con la intención de publicar La nueva naturaleza bajo el nombre de Miguel Sabuco. Si era Miguel quien quería publicar el libro en portugués, ¿por qué debía pagar los gastos el esposo de Oliva? A mí este hecho me hace sospechar que Oliva quería publicar el libro en Portugal, pero que era más prudente decir que lo había escrito un hombre y no una mujer. 

Así que, como se ve, el asunto no está nada claro y hay razones para atribuir la autoría a uno o a otra, y cada lector debe elegir, con el riesgo de ser injusto con Miguel o con Oliva.

Mi opinión es que la obra debe seguir atribuyéndose a Oliva. No afirmo que la escribiera ella, ¿quién sabe?, pero hay tantas o más razones para pensarlo como las que inclinan la balanza a favor del padre. Si el padre de Descartes o el de Leibniz (o el de un autor menor) hubiese reivindicado en su testamento la autoría de la obra de su hijo, creo que nadie se lo tomaría en serio. Ese es un buen argumento en favor de Oliva, pero no es demostrativo, pues el hecho de que una injusticia se cometa frecuentemente y que las mujeres hayan sido discriminadas y silenciadas durante casi toda la historia que conocemos, no demuestra que Oliva sea una de ellas. Más poderoso me parece el argumento de que en vida de Oliva nadie parece haber hecho caso a las reclamaciones de su padre y que ambos murieron sin que la atribución se cambiara, pues aquí precisamente la discriminación podría haberse impuesto sin dificultad si en un juicio se hubieran enfrentado un padre y una hija.

Naturalmente, existen otras posibilidades de explicación y no sé si alguien propuso o si lo pensé yo en algún momento que quizá Miguel no estaba intentando reclamar la autoría, sino proteger a su hija. No recuerdo la razón exacta, pero podría tener relación con la sospecha de que la familia Sabuco tuviera orígenes judíos, aunque también se sabe que un pariente pidió la prueba de limpieza de sangre (no tener antepasados judíos) y que al parecer se la concedieron. Y también podríamos sospechar, por supuesto, que las reclamaciones no procedieran del padre, sino de otro pariente.

En fin, quizá algún día alguien demuestre definitivamente quien fue el autor de La nueva filosofía. Tal vez el tiempo me reserva ese placer.


[He hablado del caso “Oliva” pero no he dicho casi nada del libro de Oliva. Lo haré en el próximo número de Esklepsis. NOTA EN 2017: no hubo siguiente número de Esklepsis]


[Publicado en 1998 en Esklepsis nº5]

NOTA EN 2012: Al revisar este artículo de Esklepsis e investigar acerca del asunto, veo que en los casi quince años trascurridos la tesis en favor de Oliva ha ganado quizá más adeptos que la contraria. Existe una organización llamada Sociedad Oliva Sabuco que reivindica la autoría de Oliva, y ofrece buenos argumentos, como esta comparación de las firmas del padre y la hija:

Las firmas de Oliva Sabuco y de Miguel Sabuco y el apellido Sabuco tal como aparece en La nueva flosofía. Si observamos la “S”, vemos claramente que se parece mucho a la de Oliva y nada a la de Miguel, lo que parece también otro fuerte indicio en favor de Oliva. ¿Por qué iba a firmar Oliva un libro que no había escrito?


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Nueva defensa de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 4

En Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía, presenté a Oliva Sabuco, una filósofa de la época de Felipe II. En Defensa de Oliva Sabuco recordé el encendido elogio que el estudioso José Marco Hidalgo hizo de ella, pero en Ataque a Oliva Sabuco revelé que Marco Hidalgo cambió de opinión y acabó convenciendo al mundo entero de que Oliva no era la autora de La nueva filosofía, sino que el verdadero autor era su padre, Miguel Sabuco. Sin embargo, ciertos detalles me resultaban sospechosos.

Antes de examinar esos detalles sospechosos, propondré la siguiente situación imaginaria:

Situación imaginaria

Oliva Sabuco escribe La Nueva Filosofía. La obra es elogiada en todas partes. Miguel Sabuco siente envidia por la fama de su hija y decide apropiarse de la autoría. Hay que admitir que no debía resultarle difícil a un varón del siglo XVI conseguir que sus reivindicaciones fueran más respetadas que las de una mujer. Sin embargo, Oliva no acepta ceder su autoría y se rebela, todo lo cual desemboca en la maldición del padre.

Esta es una posibilidad, sobre la cual construiré la defensa de Oliva, pero más adelante se mencionarán otras. Veamos ahora los indicios que hacen dudar de que La Nueva Filosofía fuera escrita por Miguel Sabuco.

Primero: Miguel Sabuco dice en su testamento que ha dejado pruebas de su autoría en manos del escribano Villareal.

Estas pruebas no se han encontrado, como admite el propio Jose Marco Hidalgo.

Segundo: la edición original de la obra viene precedida por dos sonetos de elogio a Oliva.

Oliva de virtud y de belleza
Con ingenio y saber hermoseada,
Oliva do la ciencia está cifrada
Con gracia de la suma eterna alteza:

Oliva de los pies a la cabeza
De mil divinos dones adornada,
Oliva para siempre eternizada
Has dexado tu fama y tu grandeza.

La Oliva en la ceniza convertida
y puesta en la cabeza nos predice
Que de ceniza somos y seremos:
Mas otra Oliva bella esclarecida

En su libro nos muestra y significa
Secretos que los hombres no sabemos.

Los antiguos filósofos buscaron
Y con mucho cuidado han inquirido
Los sabios que después dellos han avido
la ciencia y con estudio la hallaron,

Y cuando ya muy doctos se miraron
Conocerse a sí propios han querido,
Mas fue trabajo vano y muy perdido
Que deste enigma el fin nunca alcanzaron.

Pero pues ya esta Oliva generosa
Da luz y claridad y fin perfecto
Con este nuevo fruto y grave historia,
Tan alto que natura está envidiosa

En ver ya descubierto su secreto,
Razón será tener del gran memoria.

Pues bien, los dos sonetos fueron escritos por el licenciado Juan de Sotomayor, que vivía en Alcaraz y, por tanto, era vecino de Oliva y de su padre. Como se ve, Juan de Sotomayor no pone en duda la autoría de Oliva en sus sonetos. Por cierto, he intentado buscar en los dos sonetos alguna clave oculta, como el nombre “Miguel”, pero no he encontrado nada.

Tercero: otro contemporáneo de Oliva, el doctor Martín Martínez elogia a la escritora “por haber tenido el valor para escribir un nuevo sistema de Medicina”

(Sin embargo, por otra documentación, no me queda muy claro si este Martín Martínez era realmente contemporáneo de Oliva).

Cuarto: Dice uno de los defensores de Oliva que ella pudo adquirir sus grandes conocimientos “a través de los estudios que llevó a cabo con el bachiller Gutiérrez, con Simón Abril, mediante el contacto asiduo del doctor Heredia, su padrino de bautizo, y a través de las predicaciones de los religiosos del lugar”. Y, ¿por qué no?, junto a su padre Miguel Sabuco. Si Miguel Sabuco, pudo obtener esos conocimientos, ¿por qué no iba a poder adquirirlos su hija? ¿Dudaríamos de la misma manera si se tratara de un hijo varón?

Quinto:  es posible que la propia Oliva temiese al publicar su libro que su padre intentase arrebatarle la autoría, pues en la primera edición de La nueva Filosofía se añade una significativa carta dirigida a Francisco de Zapata, conde de Barajas, Presidente de Castilla y del Consejo de Estado de su Majestad:

“CARTA EN QUE DOÑA OLIVA Pide favor, y amparo contra los émulos de este Libro (…) Si el Rey nuestro señor, y vuestra señoría ilustrísima en su nombre, fuese servido de concederme su favor y mandar juntar hombres sabios… yo les probaré y daré evidencias….(de que) la verdadera medicina y la verdadera filosofía es la contenida en este libro, que yo indigna ofrezco, y encomiendo a V.S.I (que representa a la Persona Real) y pongo debajo de sus alas, y amparo, y a mí con él…”

La carta termina con la frase: “Omnia vincit veritas”. Es decir: “La verdad vence a todo”, lo que quizá no sólo se refiere a la verdad de sus teorías, sino que anuncia el resultado de la temida batalla por la autoría.

Sexto: el dato que a mí me parece más importante, y que me hizo dudar de cualquier intento de no atribuir la obra a Oliva es tanto la carta anterior como la dedicatoria de La Nueva Filosofía, en la que el autor habla de sí mismo como si se tratara de una mujer: “Una humilde sierva y vasalla, hincadas las rodillas en ausencia, pues no puede en presencia, osa hablar…”

Parece muy extraño que alguien mienta en una dedicatoria al rey y que se exponga a que su mentira sea descubierta, puesto que Oliva incluso solicita que se reúna con ella una comisión real de médicos.

Quienes dicen que Miguel Sabuco es el autor de La Nueva Filosofía, o quienes sostienen que es un libro colectivo, en fin, quienes niegan que la autora sea Oliva, ¿creen que el rey Felipe II se habría tomado con humor el engaño de alguien que se finge mujer? Si el rey hubiese decidido seguir el consejo de esta carta y hubiese convocado a sus doctores, ¿se habría presentado Miguel Sabuco para demostrarles la verdad de su autoría al mismo tiempo que la falsedad de la atribución del libro?

También Martín Martínez opina que “el soberano a quien se dedicó [la Nueva Filosofía] fue demasiado grave y circunspecto para que, en materia tan importante y seria, nadie se atreviese a hablarle disfrazado”

Séptimo: la actitud del padre en su testamento, la maldición con que amenaza a su hija, no coincide en nada con los consejos que el autor o autora de La Nueva Filosofía da continuamente en su obra, aunque, como ya dije en otro número de Esklepsis (Los libros perdidos: Tritogenia) que un autor o un filósofo siga sus propios consejos es una cosa bastante rara. Así que tampoco en este caso es un argumento definitivo.

Pero hay más razones, que descubrí tiempo después y que contaré en la siguiente entrega.

Continuará…


*********

[Publicado en 1998]


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Padre e hija luchan por La nueva filosofía

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En Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía, presenté a Oliva Sabuco, una filósofa de la época de Felipe II. En Defensa de Oliva Sabuco recordé el encendido elogio que el estudioso José Marco Hidalgo hizo de la “ilustre alcacereña” y la defensa de su autoría frente a quienes ponían en duda que una mujer de 23 años pudiera haber escrito una obra tan importante, pero acabé revelando que el propio Marco Hidalgo cambió de opinión y llegó a la conclusión de que ella no era la autora del libro.

Actualmente (1998) suele atribuirse la Nueva Filosofía a Miguel Sabuco, el padre de Oliva, debido precisamente a los argumentos de José Marco Hidalgo, el antes defensor de Oliva.

Portada de un libro dedicado a La nueva filosofía en el que se atribuye la obra a Miguel Sabuco y no a su hija Oliva

Ahora bien, ¿qué pruebas presentó José Marco Hidalgo para lograr que los expertos e incluso la Biblioteca Nacional de España cambiaran la atribución y editaran o catalogaran el libro como escrito por Miguel y no por Oliva?

Son de muy diverso tipo

1) La carta de autorización que Miguel Sabuco dio en 1587 a uno de sus hijos para publicar la obra en Portugal:

“Sepan cuantos esta carta de poder vieren como yo el bachiller Miguel Sabuco, vecino desta ciudad de Alcaraz, autor del libro intitulado Nueva filosofía, padre que soy de Doña Oliva mi hija, a quien puse como autor sólo para darle honra, y no el provecho ni interés, otorgo y conozco todo mi poder complido.”

Según parece, este documentro logró que la Biblioteca Nacional de España decidiese  cambiar la atribución de la obra. Parece una decisión impulsiva en exceso, sea quien sea el autor de la La nueva naturaleza.

2) El testamento de Miguel Sabuco, con fecha de 20 de febrero de 1588:

“In dei nomine Amen. Sepan cuantos esta carta de testamento e última voluntad vieren como yo el bachiller Miguel Sabuco, vecino desta ciudad de Alcaraz, estando en salud y en my seguro entendimiento e memoria natural la que Dios nuestro señor fue servido de me dar, temyendome de la muerte ques cosa natural, creyendo como creo el misterio de la santísima trynidad y todos aquellos que tiene creer e confiesa la santa madre yglesia católica romana y en esta católica creencia, me confieso de haber vivido y protesto de vivir y morir, tomando como tomo por intercesora y abogada a la bienaventurada señora santa María nuestra señora, a la cual suplico ruegue a su preciosisimo hijo nuestro señor Jesuchristo perdone mi anima y la lleve a su santa gloria a gozar con sus santos quando El sea servido, hago e ordeno este mi testamento e ultima voluntad en la forma e manera siguiente…”

Etcétera, etétera… hasta que asegura:

“Item, aclaro que yo compuse un libro yntitulado Nueva Filosofía e una norma y otro libro que se ymprimiran, en los cuales todos puse e pongo por autora a la dicha Luisa de Oliva my hija, sólo por darle el nombre e la onra, y reservo el fruto e probecho que resultare de los dichos libros para my, y mando a la dicha my hija Luisa de Oliva no se entremeta en el dicho privilegio, so pena de mi maldición, atento lo dicho, demás que tengo fecha ynformación de cómo soy el autor y no ella. La qual ynformación está en una scriptura que paso ante Villarreal scribano.”

Como se ve, tanto en el poder entregado a su hijo para editar el libro en Portugal, como en su testamento, Miguel Sabuco se proclama a sí mismo autor de La Nueva Filosofía y amenaza a su hija con su maldición si se atreve a discutirlo.

A la vista de estos datos, y con la misma firmeza con que antes defendiera la autoría de Oliva, Jose Marco Hidalgo pasó a defender entonces la autoría del padre, que le parece fuera de toda duda. Marco Hidalgo termina su artículo con una disculpa dirigida a Oliva:

“Perdóname, ilustre alcacereña, si al examinar los archivos de esta ciudad, en los que me prometía encontrar importantes documentos que hubiesen contribuido a enaltecer más y más tus gloriosos méritos, haya dado con el engaño fraguado por tu mismo padre y por él descubierto y confesado en su testamento, bajo el peso tremendo de una maldición tal vez inmerecida. Hubo un tiempo en que creí que, si tus mortales restos reposaban en la modesta y hoy arruinada parroquia de San Pedro, de esta ciudad, el universo entero era demasiado pequeño para contener la gloria que supiste alcanzar con tus escritos. Mas confieso con el mayor sentimiento que me he equivocado, puesto que el sepulcro de tu gloria es mucho más reducido que el de tu cuerpo. Este continuará su eterno sueño en la parroquia de San Pedro; el de aquélla se halla entre las empolvadas y amarillentas hojas de los protocolos de Alonso Romero y Francisco Gonzalez de Villarreal.”
(Jose Marco Hidalgo en Oliva de Sabuco no fue escritora, en Revista de archivos y museos, julio de 1903)

El libro de Benjamín Marcos

Años después, otro estudioso, Benjamín Marcos escribió un libro acerca de Miguel Sabuco que tituló significativamente: “Miguel Sabuco (antes doña Oliva)”. Aunque también él asegura que hubiera preferido que el autor de La Nueva Filosofía fuera autora, admite que los argumentos de Jose Marco Hidalgo le han convencido y añade que no era razonable pensar que una mujer de veintitrés años pudiera escribir una obra tan notable.

Así quedó sentenciado el asunto de Oliva Sabuco y su padre. En la actualidad, casi todos los expertos atribuyen La Nueva Filosofía a Miguel Sabuco. Sin embargo hay algunas detalles que me hacen dudar.

Continuará…

*********

[Publicado en 1998 en Esklepsis. Revisado en 2012 y en 2017]


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