Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA

En 1587 se publicó en Madrid Nueva filosofía de la Naturaleza del hombre. Su autora, Oliva Sabuco de Nantes Barrera, dedica la obra al rey Felipe II y explica que el libro se ocupa:

“Del conocimiento de sí mismo y da doctrina para conocerse y entenderse el hombre a sí mismo y a su naturaleza, y para saber las causas naturales, por qué vive y por qué muere o enferma”.

Oliva Sabuco nació el 2 de diciembre de 1562 en Alcaraz, hija de Miguel Sabuco y Francisca de Cózar. A los 18 años, Oliva se casó con Acacio de Buedo. Cuando se publicó su libro tenía 25 años. Aquí la partida de nacimiento:

“Diciembre. En dos días de diciembre de este baticé a Oliva, hija del bachiller Miguel Sabuco y de Francisca de Cózar su mujer; padrinos el Dr. Alonso de Heredia de pila y Catalina Cebrián de Vizcaya y esta cuia como de pila, mujer del licenciado Juan Velázquez, y Bárbara Barrera, mujer de Rodrigo de Padilla y Bernardina de Nantes, mujer de Juan Rodríguez M. López Licenciado”.

Tanto La Nueva Filosofía como su autora recibieron encendidos elogios de sus lectores, que apreciaron tanto el contenido filosófico y científico del libro como su estilo, que llegó a ser comparado con el de Cervantes. Lope de Vega la llamó “la décima musa”.

“Entre las asperezas de Sierra Morena fertilizó esta Oliva el orbe de las letras… En aquellos felices tiempos en que los Vegas y los Valles ilustraban el mundo con sus obras, Oliva tuvo aliento para decirle a Felipe II, su soberano, que Aristóteles y los demás filósofos no habían entendido la naturaleza del hombre”.  (Martín Martínez)

En siglos posteriores, médicos ilustres señalaron el valor de un libro que anticipaba “doctrinas y descubrimientos que comúnmente se atribuyen a autores extranjeros”:

“Los ingleses, y particularmente Encio, han construido sobre el libro de Oliva el famoso sistema del suco nervioso, aunque no la nombran”. (Martín Martínez).

 

“En el orden médico, tendríamos que decir que la obra se sitúa en lo que hoy constituye la corriente de la medicina psicosomática”. (Rivas Navarro)

 

“Adelanta los experimentos de Miller con las ratas acerca de la tendencia adquirida del miedo… Anticipa las experiencias dialógicas o la estructura de los encuentros de Martin Buber, como única salida del hombre para su autodescubrimiento.”(Domingo Henares)

Por si esto fuera poco, La Nueva Filosofía demostraba, de nuevo en contra de la opinión extranjera, que en España sí había habido Renacimiento, puesto que incluso las mujeres eran capaces de escribir tratados científicos innovadores y de primer orden.

“Esta obra recomendable de Alibert [Fisiología de las pasiones] tiene, sin embargo, un precedente en la de Oliva, impresa en 1587, con lo que 238 años antes que Alibert… una española literata descubrió, con bastante precisión y con el método que proporcionaban los conocimientos de aquella época, la filosofía de los afectos, o fisiología de las pasiones”. (Mosacula)

Es cierto que algunos opinaron que una obra tan erudita y compleja no podía ser obra de una mano femenina, pero los defensores de Oliva, adelantándose a las reivindicaciones feministas, no admitían tales razones. Uno de ellos, José Marco Hidalgo, biógrafo y ardiente defensor de Oliva, añade interés al curioso caso de La nueva filosofía.

Continuará


 [Este artículo fue publicado en el número 5 de Esklepsis en 1999]

La caligrafía forense en favor de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 5


Leer Más
Nueva defensa de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 4


Leer Más
Defensa de Oliva Sabuco

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 2


Leer Más
Padre e hija luchan por La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 3


Leer Más
Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA


Leer Más
¿Dónde y cómo?
[Kamo no Choomei]

Leer Más
Un intento filosófico
[CUADERMOS EGÓLATRAS]

Leer Más
Consideración intempestiva de Kierkegaard

Leer Más
La historia del joven de piedra
LA VIDA PÉTREA

Leer Más
El caso de la escuela de idiomas
EL LABORATORIO

Leer Más
El misterioso caso de Sherlock Holmes
SHERLOCK HOLMES

Leer Más
Ingraham
MISTERIOS

Leer Más
La danza de la muerte

Leer Más
Fórmulas escépticas
[ESCEPTICISMO / ECLECTICISMO]

Leer Más
Eclécticos
[ESCEPTICISMO * ECLECTICISMO]

Leer Más
El origen de Esklepsis
PÓRTICO

Leer Más


LA MITAD OCULTA

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /1

|| La mitad oculta


Leer Más
La mitad oculta

Leer Más
Un poema de Louise Labé

Leer Más
Lais de Roser

Leer Más
SUSAN SONTAG

Leer Más
Sexo en Nueva York, y también en la televisión

Leer Más
Frances Yates y la tradición hermética

Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
La infiel Helena

Leer Más
Tres poemas infieles de Roser Amills

Leer Más
Xue T’ao, poeta y cortesana

Leer Más
Une petite cantate, de Barbara

Leer Más
Ágora, de Alejandro Amenábar

Leer Más
Ono no Komachi, una poeta japonesa

Leer Más
Logomanía y el libro de la almohada

Leer Más
Vínculos del pasado en el Genji Monogatari

Leer Más
Marjane Satrapi y Persépolis

Leer Más
Hedvige y Casanova, sexo y teología

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /2
LA MITAD OCULTA


Leer Más
Madame Du Deffand

Leer Más
Dellas , la utopía de Charlotte Perkins Gilman

Leer Más
Ovejas y tigres

Perkins Gilman y lo humano /1


Leer Más
Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA


Leer Más
Padre e hija luchan por La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 3


Leer Más
Defensa de Oliva Sabuco

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 2


Leer Más
Nueva defensa de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 4


Leer Más
La caligrafía forense en favor de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 5


Leer Más
Ursula K. Le Guin y la confianza del escritor

|| Una cita con las musas /14


Leer Más

compartir:
Share

Ovejas y tigres

Perkins Gilman y lo humano /1

He hablado en otro artículo de Charlotte Perkins Gilman y de su novela utópica Dellas (Herland). Dije entonces que aunque es lógico considerarla una escritora feminista, sin embargo ella tenía razones para no aceptar esa calificación. Esas razones no las ofrece en Dellas, sino en su ensayo A manmade world, our androcentric culture (Un mundo hecho a la medida del hombre, nuestra cultura androcéntrica).

El ensayo empieza de manera deslumbrante contándonos cosas acerca de las ovejas. No se considera razonable que nos comportemos como ovejas, es decir que sigamos fielmente a nuestros líderes. Como decía Séneca: “El hombre sabio ha de ir a donde hay que ir no a dónde se va, como hacen las ovejas”. Pero Perkins Gilman nos explica que las ovejas no piensan por sí mismas porque ha desarrollado un instinto gregario debido a ciertas circunstancias:

“Este instinto, se nos dice, fue desarrollado a lo largo de años de vida en laderas escarpadas, barrancos, estrechos balcones sobre precipicios, con inesperadas esquinas y obstáculos, de tal modo que sólo el líder [la oveja que iba delante] sabía dónde y cómo pisar. Si las que iban detrás hacían exactamente lo mismo, sobrevivían. Si se paraban a ejercitar su pensamiento independiente, caían y perecían, ellas y su pensamiento con ellas”. [1]”This instinct, we are told, has been developed by ages of wild crowded racing on narrow ledges, along precipices, chasms, around sudden spurs and corners, only the leader seeing when, where and how to jump. If those behind jumped exactly as he did, they lived. If they stopped toexercise independent judgment, they were pushed off and perished; they and their judgment with them”.

Después habla Perkins Gilman de otros animales, como los carneros, las cabras, los búfalos y los antílopes, y de los vocablos que se emplean en inglés para describirlos: curiosamente, cuando tienen cuernos es un sustantivo masculino. En castellano creo que no se da una correspondencia tan exacta, o tal vez sí. Pero lo más interesante no es eso, sino que esos cuernos suelen ir unidos a unos instintos beligerantes, agresivos y violentos. No es que se trate de una relación de causa efecto ni de un chiste fácil acerca de los cuernos, sino que da la impresión de que la agresividad se da más en los machos, mientras que en las hembras se observa casi siempre lo que se llama instinto maternal.

Hasta aquí Perkins Gilman parece encaminarse hacia las ideas sexistas basadas en la biología tan de moda hoy en día, o anticiparse a ellas, pues escribió su ensayo a principios del siglo XX. Sin embargo, enseguida aclara: “En nuestra especie todo esto cambia”. Se insiste tanto, dice, en las diferencias entre los hombres y las mujeres, que se piensa poco en qué consiste ser “humano”.

La pregunta entonces es: ¿hay algo que caracterice a los hombres y a las mujeres en tanto que humanos, del mismo modo que se puede decir que existe algo que caracteriza a las ovejas en tanto que ovejas y no en tanto que ovejas machos y hembras?

Continuará…


[Publicado el 6 de febrero de 2004. Revisado en 2017]


Charlotte Perkins Gilman

Dellas , la utopía de Charlotte Perkins Gilman

Leer Más
Charlotte Perkins Gilman

Leer Más
Ovejas y tigres

Perkins Gilman y lo humano /1


Leer Más
El dios de los tigres

Perkins Gilman y lo humano /2


Leer Más
Lo masculino y lo femenino

Perkins Gilman y lo humano /3


Leer Más
La naturaleza humana y las estadísticas

|| Perkins Gilman y lo humano /4


Leer Más
El animal humano

|| Perkins Gilman y lo humano /5


Leer Más
Estrés, placer y supervivencia

||Perkins Gilman y lo humano /6


Leer Más
Metáforas del cerebro y gramáticas innatas

Perkins Gilman y lo humano /7


Leer Más

compartir:
Share

Dellas , la utopía de Charlotte Perkins Gilman

Charlotte Perkins Gilman nació el 3 de julio de 1860 en Hartford, Connecticut.

1

Charlotte Perkins Gilman tiene cierto parecido con mi madre, Victoria (y también conmigo)

Es considerada una escritora feminista, aunque ella rechazaba esa etiqueta. Las razones de Perkins Gilman para no considerarse feminista eran muy razonables, pero también hay buenas razones para considerar que sí lo era, del mismo modo, por ejemplo, que podemos considerar a Mark Twain un escritor abolicionista, puesto que estaba en contra de la esclavitud. Perkins Gilman también estaba en contra de la esclavitud o servidumbre de la mujer, así que es razonable que aparezca en la lista de aquellos que finales del siglo XIX y principios del XX lucharon por los derechos de las mujeres. Otros feministas de la época fueron Bertrand Russell y John Stuart Mill. Cualquier persona razonable debería haberlo sido, pero la verdad es que muchas personas inteligentes y razonables no sólo no se unieron a una de las mayores y más justas revoluciones sociales que han tenido lugar, sino que se alinearon en su contra. Esa es una buena muestra de cómo los prejuicios de nuestra época y nuestra sociedad (lo que Francis Bacon llamaba “los prejuicios de la tribu”) pueden afectarnos sin que ni siquiera seamos conscientes de que se trata de prejuicios, pues hoy en día nadie en su sano juicio se mostraría contrario a la igualdad entre hombre y mujeres, aunque todavía hay muchos que dan poca importancia al cambio colosal que se produjo en el siglo XX en la relación entre hombres y mujeres (y que todavía está pendiente en el mundo musulmán). Perkins Gilman escribió una novela utópica llamada Dellas (Herland). Es curioso, porque mi madre, que creo que no conoce a Perkins Gilman, hace muchos años se propuso escribir una novela o un guión cinematográfico acerca de una sociedad utópica en la que sólo existían mujeres: los hombres se habían extinguido por alguna razón y las mujeres se reproducían por partenogénesis, es decir, sin participación del varón. Hoy en día eso ya no es una teoría utópica, sino que es posible que a partir de un óvulo pueda nacer un ser humano, sin necesidad de semen. No estoy seguro de que se haya conseguido hacer lo mismo sólo con semen, creo que no.

Las mujeres de Dellas o Herland, como sucedía en la utopía de mi madre, se reproducen por partenogénesis. No hay hombres allí desde que fueron exterminados 2000 años antes (no por las mujeres, sino a causa de una guerra). Es una sociedad aislada y protegida del mundo, que recuerda un poco el Erewhon de Samuel Butler.

Además, las mujeres tiene sólo hijas por alguna extraña razón genética. Han prescindido de casi todos los animales domésticos, como los perros, ya que atacan a las niñas, pero tienen gatos (tanto hembras como machos), a los que han educado para que no cacen a los pájaros. Además, practican un cierto control de la población debido a la escasez de alimento y han desarrollado una agricultura intensiva y repoblado los bosques con sólo árboles frutales.

Las mujeres de Dellas son vegetarianas, practican la incineración, no creen en divinidades castigadoras patriarcales, sino en una difusa Diosa madre, e insisten más en la educación que en la genética, una educación flexible y tolerante, fundada sobre todo en juegos y diversiones y no en el esfuerzo o el castigo.

Existe en Dellas una cierta organización social, pero no parece demasiado rígida: hay unas guardianas, robustas y que han pasado ya de los cuarenta, están también las niñas, que son, no literalmente pero si psicológicamente, hijas de todas las habitantes de Dellas (“cada niña tiene dos millones de madres”) y están las jóvenes. Estudian durante  toda la vida y no una sola cosa, sino todo tipo de cuestiones, evitando la especialización.

Yo comparto o siento simpatía hacia casi con todas estas características, así que parece una buena sociedad utópica, incluso para alguien como yo, que soy contrario a las utopías. Dellas es una de las pocas utopías que no se mantiene con el recurso a la fuerza o la violencia, característica casi obligada en todas las sociedades utópicas, no sólo las del mundo real, sino incluso las de la ficción, como la Utopía de Tomas Moro o la República de Platón.

Un aspecto curioso de Dellas es que allí no existe el sexo, la atracción y el acto sexual. Perkins Gilman lo dice explícitamente y también deja claro que las habitantes de Dellas no son lesbianas.

Tampoco existen sentimientos como los celos y es curioso que en un momento de la obra se diga que a las mujeres de Dellas no les interesan las historias del mundo exterior (que les cuentan tres hombres que llegan allí), esas historias en las que los celos son el argumento principal. A mí me sucedió lo mismo cuando vi hace poco la película Closer: no entendía el absurdo comportamiento de los personajes (motivado por los celos), por lo que me resultaba muy difícil identificarme o preocuparme por sus problemas. Es algo semejante a lo que sucede al leer las obras de Calderón que tienen que ver con el concepto del honor, que hoy a todo el mundo le parece tan absolutamente ridículo como a mí me lo parecen las historias que se basan únicamente en la idea de los celos y que presentan las infidelidades como si fuesen algo tremendo, o como si la fidelidad tuviera que ver con el amor.

En Dellas hay amor, pero no hay sexo y tampoco celos. Perkins Gilman sugiere que el sentimiento de los celos tiene mucha relación con el sexo, pero ninguna con el amor, lo que es hasta cierto punto razonable. Pero quizá los celos tampoco tengan que ver con el sexo, sino con el sentido de posesión, que es un rasgo muy masculino, pero que también comparten bastantes mujeres. Otro día hablaré de la interesantísima y lúcida distinción que hace Perkins Gilman entre lo femenino, lo masculino y lo humano.

La ausencia de sexo es, en mi opinión, casi el único rasgo negativo de Dellas, pero tal vez sea ese un prejuicio del que yo no he sabido librarme, y que por el momento no siento ninguna necesidad de abandonar, pues en el sexo sólo veo placer y maravilla.

Perkins Gillman en un mitín feminista

En el estupendo prólogo a Dellas escrito por Elizabeth Rusell, se añaden algunos defectos más de la obra, como cierto racismo, común en la época. Es cierto, pero ese racismo se muestra muy atenuado en comparación con otras opiniones vergonzosas de autores de la misma época, porque en general las feministas también eran antiesclavistas. En cuanto a opiniones cercanas a las teorías eugenésicas o de la lucha por la vida en el sentido de Spencer o de Galton, yo no lo he visto tan claro en la novela: aunque es cierto que se habla de “supermadres” (a semejanza de los superhombres nietzchianos), también hay una pasaje en el que se dice de manera explícita que  sin duda es más importante la educación que la genética.

En cualquier caso, se trata de una novela de ciencia ficción o utópica, no de un ensayo propiamente dicho, que plantea una situación insólita, por lo que tampoco se puede atribuir a la autora todas las opiniones o situaciones en las que se encuentran sus personajes, supongo.


[Publi­cado el 2 de febrero de 2005  Monadolog]

Charlotte Perkins Gilman

Dellas , la utopía de Charlotte Perkins Gilman

Leer Más
Charlotte Perkins Gilman

Leer Más
Ovejas y tigres

Perkins Gilman y lo humano /1


Leer Más
El dios de los tigres

Perkins Gilman y lo humano /2


Leer Más
Lo masculino y lo femenino

Perkins Gilman y lo humano /3


Leer Más
La naturaleza humana y las estadísticas

|| Perkins Gilman y lo humano /4


Leer Más
El animal humano

|| Perkins Gilman y lo humano /5


Leer Más
Estrés, placer y supervivencia

||Perkins Gilman y lo humano /6


Leer Más
Metáforas del cerebro y gramáticas innatas

Perkins Gilman y lo humano /7


Leer Más

elrestoesliteratura-cabecera

EL RESTO ES LITERATURA

El resto es literatura

Leer Más
La colina de los sueños de Arthur Machen

Leer Más
La autonomía de los personajes y Nozick

Leer Más
Coincidencias con Proust

Leer Más
Un par de ojos azules, de Thomas Hardy

Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Acerca de las descripciones

Leer Más
La materia intelectual

Leer Más
Los escritos póstumos de Musil

Leer Más
El olvidado William Cornwallis

Leer Más
Verso y prosa en Ovidio y Moliere

Leer Más
El subrayado es suyo (de Nina Berberova)

Leer Más
¿Dónde están los escritores soviéticos?

Leer Más
Rabelais, precursor de la Ilustración

Leer Más
Fuerza y debilidad de Chesterton

Leer Más
Arthur Schnitzler y su época

Leer Más
Demócrito, precursor de la Biblioteca Total de Borges… y Woody Allen

Leer Más
La confianza lamentable de Dionisio de Halicarnaso

Leer Más
El mundo de Oz

Leer Más
Ántal Szerb: el viajero bajo la luz de la luna

Leer Más
Kenneth Rexroth, una biografía

Leer Más
El regreso de Ulises y la traducción

Leer Más
La ética de la estética

Leer Más
Johnson y el espectador ingenuo

Leer Más
Samuel Johnson, el perezoso

Leer Más
La caja de herramientas

|| Mientras escribo , de Stephen King /1


Leer Más
Debe ser evitada la voz pasiva

|| Mientras escribo , de Stephen King /2


Leer Más
Dijo King regiamente

|| Mientras escribo , de Stephen King /3


Leer Más
El párrafo

|| Mientras escribo , de Stephen King /4


Leer Más
Escribir

|| Mientras escribo , de Stephen King /5


Leer Más

Primera afición al teatro

Leer Más
Leer 18.000 libros

Leer Más
Los espejos de Gardner y Dickson Carr

Leer Más
Nozick y la justificación del mal

Leer Más
Akutagawa y Montaña otoñal

Leer Más
Kipling, el imperialismo y el relativismo

Leer Más
Amores de un vividor

Leer Más
Significado, intención y doble lectura en Cole Porter y Barbara

Leer Más
SUSAN SONTAG

Leer Más
Don Quijote y los pedantes

Leer Más
Tres niveles teóricos

Leer Más
La teoría de la relatividad de Urashima

Leer Más
El tiempo de la fábula en El gobernador del Sur

Leer Más
Kungzi según Gore Vidal

Leer Más
Poseído por Dostoievsky (Kim Chun-Su)

Leer Más
Viaje al Oeste

Leer Más
Gao Xingjian en la Alianza Francesa

Leer Más
Otras ventanas indiscretas

Leer Más
El montaje transparente de Georges Simenon

Leer Más
Ventanas que hablan

Leer Más
Madame Du Deffand

Leer Más
La Biblia atea de Buñuel

Leer Más

 

compartir:
Share

Madame Du Deffand

En el siglo XVIII uno de los géneros literarios más interesantes era el epistolar. Todo el mundo escribía cartas y ¡qué cartas! Sobre todo las de las mujeres.

Creo que la obra literaria favorita de Marcel Proust son las cartas de Madame de Sevigne, que son realmente maravillosas. Yo ahora recuerdo una observación que hacía Sevigne a su hija: “La obsesión por usar una palabra distinta para referirse a la misma cosa es una vulgaridad”. Me parece una observación excelente. Ahora todos estamos obsesionados por no repetir la misma palabra dos veces en un párrafo, y buscamos sinónimos para evitarlo, cuando lo más razonable, casi siempre, es, sencillamente, usar la palabra adecuada, aunque esté repetida. Por ejemplo, en el párrafo anterior repito “palabra”. Podía haberlo evitado escribiendo en una de las ocasiones “vocablo”, pero, ¿no sería una tontería? También uso dos veces el verbo “repetir”.

En unas notas que acabo de encontrar,  que escribí después de leer Vidas contadas de Javier Marías, un libro muy estimulante, encuentro algunas citas de Madame du Deffand. Por cierto, ¿no es un poco feo esto de “Señora de Deffand”? Quizá podríamos llamarla por su nombre o simplemente por su apellido, aunque resultaría confuso quizá: Marie de Vichy-Chamrond. O nos resignamos a llamarla Deffand como nom de plume, del mismo modo que a Henri Beyle le llamamos Stendhal Pues bien, cuenta Deffand que la Mariscala de Luxemburgo, tras echarle una ojeada a la Biblia exclamó:

“¡Qué tono, qué tono horroroso! ¡Ah, que lástima que el Espíritu Santo tuviera tan poco gusto!”

Hay una cita de Deffand que aparece en todas partes: “La distancia no es lo que cuesta, es sólo el primer paso”. Está bien, es algo parecido a aquel adagio chino: “Para dar mil pasos antes hay que dar un paso”. Pero está mucho mejor en su contexto, que es como lo cuenta Javier Marías:

“Un cardenal se asombraba de que San Dionisio Aeropagita, tras su martirio, hubiera caminado con su cabeza cortada bajo el brazo desde la Iglesia de Montmartre hasta la iglesia de su nombre , una distancia de nueve kilómetros, que dejaba sin habla al cardenal. “Ah, señor, le interrumpió Madame Du Deffand, en esa situación, sólo el primer paso cuesta.”

En otro momento, dice Deffand:

“Ayer tuve doce personas, y admiré la diferencia de clases y matices de la imbecilidad: éramos todos perfectamente imbéciles, pero cada uno a su modo.”

Madame Du Deffand se anticipó a Cioran en su queja constante por la existencia y siempre decía que “lo peor de la vida es haber nacido”, aunque se resignó a vivir 84 años llenos de “aburrimiento”. Sin embargo, entre la Madame Du Deffand joven y la ya anciana y solitaria existen grandes diferencias, como se puede ver en estos dos retratos literarios.

El primero la muestra en la treintena, en 1728, cuando triunfaba en los salones de la corte:

“Parece difícil definir a la marquesa du Deffand; la gran naturalidad que constituye el fondo de su carácter la presenta tan distinta de un día a otro que, cuando se cree haberla entendido tal y como es, al instante siguiente aparece de forma diferente. Con todos los hombres pasaría lo mismo si se mostraran como son; pero, para granjearse consideración, se dedican a representar, por así decirlo, ciertos papeles, a los cuales a menudo sacrifican sus placeres y opiniones, y que interpretan siempre, aun a costa de la verdad.
La marquesa du Deffand es enemiga de toda falsedad y afectación, sus palabras y su rostro son siempre fieles intérpretes de los sentimientos de su alma; su aspecto no es ni bueno ni malo, su actitud es sencilla y constante, tiene ingenio; éste habría sido más amplio y sólido si hubiera contado con personas capaces de formarla e instruirla; tiene un ingenio razonable y un gusto seguro, y si a veces la vivacidad la extravía, pronto la verdad la devuelve al buen camino; su imaginación es viva, aunque necesita que la estimulen. A menudo cae en un hastío que apaga todas las luces de su espíritu; este estado le resulta tan insoportable y la hace tan desgraciada que abraza ciegamente cuanto se presente para librarla de él; de ahí la ligereza de sus conversaciones y la imprudencia de su conducta, difíciles de conciliar con la idea que da de su finura de juicio cuando se encuentra en situación más serena. Su corazón es generoso, tierno y compasivo, y ella es de una sinceridad que desborda los límites de la prudencia; le cuesta más cometer una falta que confesarla; ve con claridad sus propios defectos y deduce muy rápidamente los de los otros; y la severidad con que se juzga la hace no ser muy indulgente con las ridiculeces que percibe; de ahí su reputación de mala, vicio del cual está muy alejada, pues no es ni maligna ni celosa, ni tiene ninguno de los bajos sentimientos que producen ese defecto”.

El segundo retrato nos la muestra ya pasados los ochenta, ciega, solitaria y alejada del mundo, con el único consuelo de las cartas de su amado (pero no amador ni amante) Horace Walpole. La imagen que ahora se nos trasmite es casi cruel:

“Se atribuye más ingenio a madame du Deffand del que posee, se la alaba, se la teme, no merece ni lo uno ni lo otro, en materia de ingenio es lo que fue en materia de aspecto y lo que es en materia de nacimiento y fortuna, nada extraordinario, nada sobresaliente: no tuvo, por así decirlo, educación, y todo lo adquirió por la experiencia: esa experiencia fue tardía y fruto de muchas desgracias. Lo que yo diría de su carácter es que la justicia y la verdad, que le son naturales, son las virtudes que mayormente aprecia.
Es de delicada complexión, y todas sus cualidades reciben esa impronta. Nacida sin talento, incapaz de gran aplicación, es sumamente susceptible al aburrimiento y, no hallando recursos en sí misma, los busca en lo que la rodea y esa búsqueda es a menudo infructuosa. Esa misma debilidad hace que las impresiones que recibe, aunque muy vivas, sean raramente profundas; las que causa son muy semejantes: puede agradar, pero inspira pocos sentimientos.
Se sospecha, sin motivo, que es celosa, no lo es jamás del mérito y de las preferencias otorgadas a quienes son dignos de ellas, pero soporta con impaciencia las que el charlatanismo y las pretensiones injustas imponen. Tiene siempre la tentación de arrancar las máscaras que ve. y eso, como he dicho, es lo que la hace temida por unos y alabada por otros.”

La mejor demostración del cambio producido en esos cincuenta años es que la autora de esos dos retratos es la propia Madame Du Deffand; la mejor demostración de la persistencia de su carácter es que los dos retratos mencionan ese aburrimiento insoportable del que Madame Du Deffand se pasó toda la vida intentando escapar.


[Publicado por primera vez el 13 de junio de 2005]

compartir:
Share

Hedvige y Casanova, sexo y teología

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /2
LA MITAD OCULTA

Christ and the Woman of Samaria 1828 George Richmond 1809-1896 Presented by the artist's family 1897 http://www.tate.org.uk/art/work/N01492

Christ and the Woman of Samaria 1828 George Richmond 1809-1896 Presented by the artist’s family 1897 http://www.tate.org.uk/art/work/N01492

Tras las discusiones teológicas de los útimos días, Casanova aunque atraído por Helena, la hermana de la bella teóloga, cada vez se siente más seducido por Hedvige:

“La asombrosa muchacha conversaba de teología con tanta suavidad y daba a la razón un atractivo tan poderoso, que era imposible no sentirse seducido, cuando no convencido. Nunca he visto a un teólogo capaz de discutir espontáneamente los puntos más abstractos de esa ciencia con tanta facilidad, abundancia y auténtica dignidad como aquella persona joven y bella, que durante la comida acabó de inflamarme”.

Tras la comida, Casanova va a pasear con las dos hermanas. Hedvidge le dice que, tras la conversación acerca de Jesucristo y la samaritana, un teólogo “tonto y fanático” se escandalizó y le dijo que Jesucristo no habría podido fecundar a la samaritana y que, si fuera hombre, le explicaría el motivo. “¿A qué se refería?”, pregunta, y enseguida confiesa que, en cuanto a la conformación del hombre, sólo está informada por la teoría, las lecturas y la contemplación de estatuas, y que no tiene ninguna práctica. Casanova dice que está dispuesto a explicárselo, pero que tendrá que permitirle que le hable claramente.

– Vuestro teólogo quería deciros que Jesús no era susceptible de erección.

– ¿Qué es eso?

– Dadme la mano.

– Lo noto, y ya me lo imaginaba, pues de no ser por este fenómeno de la naturaleza, el hombre no podría fecundar a su compañera. !Y el tonto del teólogo pretendía que eso era una imperfección!

– Sí, pues este fenómeno se deriva del deseo -explica Casanova.

El veneciano inicia entonces una conversación seductora, que va ilustrando con la práctica: el fenómeno se ha operado en él, explica, al imaginar, al ver la belleza de Hedvige, otras belleezas ocultas.

– ¿Al sentir esta dureza -pregunta-, no experimentáis un prurito agradable?

– Sí, dice ella, y precisamente en el lugar que estáis apretando.

Sin perder el tono filosófico, la joven teóloga pregunta a su prima Helena si no siente lo mismo “al escuchar el justísimo discurso que nos hace el caballero”.

– Por supuesto, dice Helena, pero es algo que noto a menudo sin necesidad de discurso alguno.

– ¿Y no sentís la necesidad de aplacarlo de esta manera? -pregunta Casanova aludiendo a aquello que está haciendo su mano quizá ya bajo las faldas de Helena.

Helena dice que no, pero Hedvige confiesa que “incluso dormida, se me va la mano en esa dirección, como por instinto; y he leído que si no tuviéramos ese alivio, sufriríamos las más espantosas enfermedades”.

Siguiendo con su entretenida charla, llegan a una caleta, y Casanova propone a las dos jóvenes meter los pies en el agua. Les quita los zapatos y ellas entran en el agua subiéndose las faldas. Cuando salen, él las seca con sus pañuelos y les pone las medias y los zapatos. De nuevo ellas comprueban el fenómeno de la naturaleza que se produce en Casanova.

Poco después, se refugian en un pabellón donde se produce otro fenómeno: “Una abundante emisión de licor”. “Es el verbo -dice Casanova- el gran creador de los hombres”. A Helena le parece delicioso y Hedvige afirma que también ella tiene el verbo y puede demostrarlo “si esperáis un momento”. Tras diversos juegos, el asunto no va a mayores, pero ellas prometen a Casanova pensar en la posibilidad de un encuentro más íntimo, una vez que Casanova les asegura que no hay riesgo gracias a los saquitos ingleses que siempre lleva consigo.

condom-newsweek

Saquito inglés, primitivo condón

Volvamos a la teología.

Casanova y las dos hermanas regresan junto a los comensales y Hedvige responde a la pregunta de si Eva engañó a su marido haciéndole comer la manzana. No le engañó, dice ella, sino que se limitó a seducirle con la esperanza de darle una perfección más. Además, Eva no había recibido la prohibición del propio Dios, sino de Adán. Se levantan murmullos y el tío de Hedvige se ve obligado a decir que su sobrina no es infalible. “Lo soy tanto como las Sagradas Escrituras cuando a ellas me refiero”, afirma ella. Van a comprobarlo y, efectivamente, constatan que la prohibición precedió a la creación de la mujer.

La siguiente pregunta es si la manzana ha de entenderse como un símbolo (de la seducción sexual, claro). Hedvige responde que no, pues no hubo ayuntamiento entre Adán y Eva en el jardín del Edén. La prueba es una nueva cita bíblica.

La curiosidad me ha llevado a comprobar por mí mismo las afirmaciones de Hedvidge.

En Génesis 2.16, Yahvé, en efecto, prohíbe a Adán comer del árbol de la ciencia del bien y del mal y no es hasta el versículo 18 que decide crear a Eva. Parece, pues, que la prohibición no fue hecha por Dios a Eva aunque, cuando la serpiente pregunta a Eva si Dios les ha prohibido comer del árbol, ella dice que así es, lo que tal vez puede entenderse como que hubo una segunda prohibición de Dios, pero lo cierto es que eso no está escrito. En cuanto al segundo asunto, es cierto que sólo después de la expulsión del Paraíso, Adán conoció a su mujer (Gen. 4.1).

El siguiente en intervenir en esta  interesante reunión es el dueño de la casa, el señor Tronchin, que quiere saber si basta con la lectura del Antiguo Testamento para establecer la inmortalidad del alma. Hedvige responde que el Antiguo Testamento no enseña ese dogma, pero que se puede establecer por la razón:

– Lo que existe ha de ser necesariamente inmortal, ya que la destrucción de una sustancia real es algo que repugna a la Naturaleza y al pensamiento.

– ¿Y se establece en la Biblia la existencia del alma? -pregunta Tronchin.

– La idea salta a la vista: el humo siempre revela un fuego que lo produce.

– ¿Y puede pensar la materia?

Aquí Hedvige sabe que se mueve en terrenos peligrosos, así que responde con cautela:

-Eso no os lo diré, pues no me corresponde a mí; pero sí os diré que, como creo que Dios es todopoderoso, no puedo ver razón suficiente para inferir que no sea capaz de dar a la materia la facultad de pensar.

Una excelente respuesta, me parece.

Cuando se insiste en que Hedvidge dé su opinión, la bella teóloga dice:

– Creo que tengo un alma mediante la cual pienso; pero ignoro si, después de mi muerte, mi alma recordará que hoy he tenido el honor de comer en vuestra casa.

-Pero, si podéis creer en que vuestra memoria no pertenezca a vuestra alma, en tal caso ya no serías teóloga, dice Tronchin.

Ante esto, Hedvige parece hacer profesión de escepticismo al estilo de Montaigne:

– Se puede ser teóloga y filósofa, pues la filosofía no hace daño a nada, y el decir ignoro no quiere decir .

Arrecian los aplausos y el pastor pide a Casanova que haga una pregunta a su hija. “Sí”, dice ella, pero que sea algo nuevo.

Decidme si para comprender una cosa es necesario comenzar por el principio.

– Es indispensable; y por eso, como Dios no tiene principio, es incomprensible.

– Dios sea loado, señorita: esa es la respuesta que yo quería. Decidme, entonces, si Dios puede conocer su existencia.

– ¡Bien! Hasta aquí no llega mi ciencia; no sé que responder. Caballero, eso no es muy cortés.”

En efecto, dice Casanova, pero ella le pidió algo nuevo, y algo nuevo es ponerla en un aprieto.

Este aprieto en el que Casanova pone a Hedvidge tiene que ver de nuevo con lo que se llaman las imposibilidades de Dios: si para conocer uan cosa hay que empezar desde el principio y Dios no tiene principio, entonces Dios no puede conocerse a sí mismo. Ya en la primera parte vimos otra imposibilidad de Dios referida a si Dios podía vountariamente ignorar lo que iba a suceder.

Finalmente, Hedvige aventura que Dios, como es omnisciente, conocerá su propia existencia, pero que no puede decir más. Los comensales se quedan con la sensación de que Casanova es un ateo galante, “pues está demasiado extendida por la buena sociedad la costumbre de verlo todo superficialmente; pero poco me importaba a mí parecerles ateo o creyente”.

El turno pasa ahora al señor de Ximénès, que pregunta si la materia ha sido creada. Hedvige responde (y en esto Hedvidge, en mi opinión, se aparta de las Sagradas Escrituras) y argumenta, de manera semejante a Lucrecio, lo siguiente:

– No conozco la palabra creada. Preguntadme si la materia ha sido formada, y mi respuesta será afirmativa. La palabra creada no puede haber existido, pues la existencia de la cosa ha de preceder a la formación de la palabra que la designa.

Crear, dice la joven, significa sacar de la nada y ya se ve el absurdo, pues entonces “hay que suponer la nada precedente… ¿creéis que la nada es algo creable?”.

Cuando preguntan quien ha sido el preceptor de Hedvige ella dice que su tío, pero él asegura que no. En su opinión, su sobrina “lee, piensa y razona quizá con excesivo atrevimiento, pero me gusta porque siempre acaba por decir que no sabe nada”.

Una dama pregunta cómo se puede concebir que el espíritu actúe sobre la materia y ello da ocasión a Hedvige de mostrar sus conocimientos filosóficos:

– No se puede construir sólidamente sobre una idea abstracta [del espíritu]. Hobbes las llama ideas vacías; se puede tenerlas, pero hay que dejarlas en reposo, pues cuando se quiere profundizar sobre ellas, se cae en la sinrazón… según nuestras percepciones nos vemos obligados a admitir que no se puede hacer nada sin órganos; ahora bien, como Dios no puede tener órganos, ya que le concebimos como espíritu puro filosóficamente hablando, Dios no puede vernos, igual que nosotros no podemos verle. Pero Moisés y otros le vieron, y lo creo sin meterme a examinar la idea.

Hobbes

Thomas Hobbes

Casanova dice que hace bien, pero que, si lee a Hobbes corre el peligro de hacerse atea, a lo que ella responde que no tiene miedo de eso, pues ni siquiera concibe la posibilidad del ateísmo.

En fin, después de esta filosófica comida, Casanova consigue ver a las dos primas, tras permanecer escondido durante cuatro horas en un lugar que ellas le indican. El juego amoroso se inicia sin dejar de lado la filosofía: cuando llega el momento de desnudarse, Hedvige vence su rubor citando a Clemente de Alejandría, que dice que la vergüenza no está sino en la camisa.

En posteriores encuentros con Helena y Hedvige, cada vez más atrevidas, la joven teóloga aprovechará para filosofar sobre el placer. Algún necio pensará que esa no es una buena manera de entregarse al placer, pero yo no comparto esa opinión, y Casanova, está claro, tampoco.

Llega la despedida y ellas se muestran muy tristes. Casanova promete volver a verlas antes de dos años: “y no tuvieron que esperar tanto”. Sin embargo, no he encontrado en las Memorias ese nuevo encuentro, lo que es una verdadera lástima.

 

 

*********

esklepsis-portada4

[Publicado en 1995]

CONTENIDO DE ESKLEPSIS 1

Los escépticos ingenuos

Leer Más
Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /1

|| La mitad oculta


Leer Más
Un tímido patológico

CONVERSACIÓN CON DAVID LABORDA


Leer Más
De Montaigne al lector

PÓRTICO


Leer Más
El Desiderata de Baltimore
[MISTERIOS]

Leer Más
Fontenelle

Leer Más
El sueño real

Leer Más
Hedvige y Casanova, sexo y teología

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /2
LA MITAD OCULTA


Leer Más


GIACOMO CASANOVA

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /1

|| La mitad oculta


Leer Más
Hardy, Casanova y el ideal

Leer Más
Venecia y las coincidencias

Leer Más
Casanova y los vividores

Leer Más
Hedvige y Casanova, sexo y teología

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /2
LA MITAD OCULTA


Leer Más
La memoria de los ancianos

|| Casanova, segundo acto 1


Leer Más
Los recuerdos de un melancólico

|| Casanova, segundo acto 2


Leer Más
La línea descendente de la vida

|| Casanova, segundo acto /3


Leer Más
El fin del primer acto

|| Casanova, segundo acto /4


Leer Más


LA MITAD OCULTA

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /1

|| La mitad oculta


Leer Más
La mitad oculta

Leer Más
Un poema de Louise Labé

Leer Más
Lais de Roser

Leer Más
SUSAN SONTAG

Leer Más
Sexo en Nueva York, y también en la televisión

Leer Más
Frances Yates y la tradición hermética

Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
La infiel Helena

Leer Más
Tres poemas infieles de Roser Amills

Leer Más
Xue T’ao, poeta y cortesana

Leer Más
Une petite cantate, de Barbara

Leer Más
Ágora, de Alejandro Amenábar

Leer Más
Ono no Komachi, una poeta japonesa

Leer Más
Logomanía y el libro de la almohada

Leer Más
Vínculos del pasado en el Genji Monogatari

Leer Más
Marjane Satrapi y Persépolis

Leer Más
Hedvige y Casanova, sexo y teología

Hedvige de Sulzbach, la bella teóloga /2
LA MITAD OCULTA


Leer Más
Madame Du Deffand

Leer Más
Dellas , la utopía de Charlotte Perkins Gilman

Leer Más
Ovejas y tigres

Perkins Gilman y lo humano /1


Leer Más
Oliva Sabuco, autora de La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA


Leer Más
Padre e hija luchan por La nueva filosofía

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 3


Leer Más
Defensa de Oliva Sabuco

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 2


Leer Más
Nueva defensa de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 4


Leer Más
La caligrafía forense en favor de Oliva

LA MITAD OCULTA – Oliva Sabuco 5


Leer Más
Ursula K. Le Guin y la confianza del escritor

|| Una cita con las musas /14


Leer Más

compartir:
Share