La infidelidad del guionista

En todos mis libros, aunque me ocupe de temas muy diferentes, existen muchos nexos, como supongo que le pasa a cualquier escritor que no se limita a repetir lo que ha leído en otra parte. La mayoría de estos nexos son casi inadvertidos, secretos, subterráneos, algunos solo parecen evidentes para quien lo ha escrito, es decir, para mí. Muchas de estas conexiones surgen de forma espontánea, pero reconozco que también me gusta conectar a propósito los diversos textos y hacer que todos ellos sean finalmente una especie de hipertexto lleno de relaciones múltiples. Si algún día perdiera la memoria de los días pasados, pero conservara la capacidad de añadir nuevos recuerdos, tal vez mediante la lectura de esos libros podría reconstruir o al menos entender al hombre que fui. Supongo que esos lbros, incluso los que menos parecen tener que ver con mi biografía, contribuyen a trazar ese retrato del que hablaba Borges, que va quedando en las páginas. Aunque, quién sabe, tal vez sea también un retrato distorsionado.

En ocasiones, en un texto amplío una idea que en otro lugar he mencionado de pasada, a veces repito la misma historia en diferentes lugares aunque con diferente propósito, pero siempre intento reescribirla, ampliarla, reducirla, matizarla, buscar una nueva manera de ver el asunto. La pereza me lleva en algunas ocasiones a citarme, o quizá sea aquello del plagiario Shakespeare: si Montaigne lo ha dicho de manera insuperable, ¿para qué voy a decirlo de otra manera?

Una de las cosas que más repito es sin duda la admiración que siento hacia el astrónomo Johannes Kepler y su método de descubrimiento, que ya me he prohibido volver a contar en nuevos lbros, aunque no estoy seguro de si lograré contenerme. Otro tema recurrente, casi un juego o una manía parecida al “austrohúngaro” que Berlanga hacía pronunciar en todas sus películas, consiste en mencionar de alguna manera La epopeya de Gilgamesh, el poema mesopotámico que es también la primera novela de la humanidad y en el que, en mi opinión, se contiene casi todo, o al menos mucho, de lo que se ha dicho después.

Pienso, por otra parte, que en Recuerdos de la era analógica están contenidos de una manera u otra no sólo casi todos los libros que he escrito, sino incluso los que todavía no he escrito. Algunos de esos libros futuros, ahora, cuando releo esto en 2017, ya los he escrito o los estoy escribiendo.

En ocasiones, introduzco referencias cruzadas entre mis libros en los títulos de los capítulos o los apartados, que siempre intento que sean muy informativos, pero que también esconden casi siempre algún tipo de juego. He dedicado un apartado a estos pequeños bombones ocultos, o huevos de Pascua, en No tan elemental.

Aquí voy a comentar tan solo una de esas referencias cruzadas entre libros, que se encuentra en la página 311 de Las paradojas del guionista:

Como se ve, el apartado que comienza al final de la página tiene el título de otro libro mío: Elogio de la infidelidad. Lo curioso, sin embargo, es que el Elogio lo publiqué en 2011 y Las paradojas en 2006, es decir, que cité un libro que todavía no había escrito. Se podría pensar que ese apartado hizo que se me ocurriera escribir ese libro futuro, pero no fue eso lo que sucedió. En realidad, el Elogio de la infidelidad ya existía cuando lo cite, aunque era un poco más ligero, más breve que el libro publicado. En efecto, a los dieciséis años escribí un primer elogio de la infidelidad, un breve artículo de apenas tres o cuatro páginas, que titulé “Sobre el sexo y su relación con la infidelidad”. Por eso, en Elogio de la infidelidad reproduje un breve pasaje de aquel texto de adolescencia, que ofrecí como una cita sin autor.

En cualquier caso, aunque pertenezca a otro libro, ese capítulo de Las paradojas del guionista llamado “Elogio de la infidelidad” lo podría haber añadido a Elogio de la Infidelidad, para mostrar otro curioso aspecto en el que la infidelidad también es muy recomendable, además de en el sexo, la amistad, el amor o la política. Me refiero a la infidelidad del guionista, algo que en mis clases de guión siempre recomiendo a mis alumnos: “Debéis ser infieles… a vuestro guión”. Para entender por qué, reproduzco aquí íntegro ese elogio de la infidelidad publicado en Las paradojas del guionista:

«Entre las dificultades para corregir un guión, una de ellas es la excesiva fidelidad a las ideas iniciales. El guionista quiere mantenerse fiel al proyecto original y le cuesta mucho deshacerse de él y adoptar nuevas soluciones. Pero es casi inevitable que un guión terminado no tenga casi nada que ver con la idea inicial. En primer lugar, porque, como ya se dijo antes, la idea inicial es sólo una abstracción. Los primeros en rebelarse suelen ser los personajes. Hemos visto que a Hitchcock no le gustaba desarrollar los caracteres de los personajes por razones de defensa propia: acababan rebelándose contra él y se negaban a hacer lo que él les había preparado en la trama. También los novelistas y los guionistas se quejan de que los personajes se rebelan, aunque hay quien piensa, como Javier Marías, que si un autor no es capaz de controlar el carácter de sus personajes es que es él quien no tiene carácter. Pero otros, como Ibsen, creen que es necesario acercarse a los personajes como a unos desconocidos:

Cuando me dispongo por primera vez a elaborar mi material, me siento como si tuviera que conocer a mis personajes en un viaje en tren. El primer encuentro ya ha tenido lugar y hemos charlado de esto y aquello. Cuando vuelvo a escribirlo, ya lo tengo todo mucho más claro y conozco a esas personas como si lleváramos viviendo un mes en el mismo hotel. He captado los principales aspectos de su personalidad y sus pequeñas particularidades.

No hay por qué pensar que los personajes van a ser como nosotros queríamos que fueran al principio: es mucho más útil conocerlos a la manera de Ibsen: a medida que avancemos en el guión. Y, por supuesto, no hay que preocuparse por ser fieles a las ideas originales: hay que darse cuenta de que a lo mejor servían en el momento inicial, pero ya no sirven ahora. La fidelidad a menudo impide que miremos realmente lo que tenemos delante, y para escribir un guión hay que estar siempre mirando lo que tenemos, no lo que teníamos.

Walter Murch cuenta que en el proceso de montaje de Julia, de Fred Zinnemann, sugirió eliminar una escena del inicio de la película, «porque si decidíamos quitarla, haría que las escenas que quedaban se ordenasen por sí solas en una sucesión más comprensible». Zinnemann aceptó la propuesta, pero dijo: «Sabe, cuando leí esta primera escena en el guión, supe que podría hacer esta película». Murch, con un nudo en la garganta, prosiguió con su trabajo, pero dudó si estaba cortando el corazón o tan sólo el cordón umbilical de la película:

«Retrospectivamente, creo que era un cordón umbilical y que teníamos razón al quitarlo: la escena tenía una función esencial, que era conectar a Fred Zinnemann con el proyecto en un momento dado, pero una vez que esa conexión había sido hecha, y la sensibilidad de Zinnemann había fluido a través de esa escena a todas las otras escenas en la película, podía quitarse finalmente sin ningún daño.»

Hasta aquí la cita.

Por otra parte, en el resumen final de Las 38 paradojas del libro, mencioné algunas más, y también señalé como paradoja esto de la infidelidad:

Otras paradojas relacionadas con el trabajo del guionista son que el principio es la mitad del todo («Comenzar a escribir») y que lo mejor para escribir un guión es no tener que empezarlo («Cómo no empezar», «Los comienzos siempre son difíciles» y «Hay que caminar aunque no se sepa hacia dónde»). Que la escritura de un guión comienza cuando se termina (en «La corrección del guión»), que para orientarse en la escritura de un guión hay que seguir un mapa de un territorio que no existe porque lo tenemos que crear al mismo tiempo que dibujamos el mapa («Los comienzos siempre son difíciles»), que «El peor sitio para escribir un guión es una productora», «El peor enemigo del guionista es él mismo» o «Hay que caminar aunque no se sepa hacia dónde». Y que la mejor manera de ser fiel a un guión es serle infiel («Elogio de la infidelidad»). 


[Escrito el 14 de septiembre de 2011. Revisado en 2017]


Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión
390 páginas
 Con esta obra Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación. Todas se relacionan con la naturaleza de la redacción de guiones y el trabajo del guionista. (en Casa del Libro)




Elogio de la infidelidad
Comprar ebook o libro
Editorial EVOHÉ

Elogio de la infidelidad se podría haber llamado Contra de la fidelidad, pero Daniel Tubau ha preferido un elogio a una diatriba. Aunque es una crítica de la fidelidad desde la razón, este libro no pretende destruir ningún valor, sino construirlos desde un análisis sensible y preciso.

Además de un ensayo, la obra es un elogio a la libertad bien entendida y a la honestidad, a la inteligencia y a la razón. A buen seguro provocará al lector y le hará pensar de otra manera sobre un asunto en el que abundan los prejuicios.”


ELOGIO DE LA INFIDELIDAD

Helena de Troya y su doble

Leer Más
Fidelidad e infidelidad en la China caballeresca

Leer Más
Entrevista en Gleeden

Leer Más
Helena, Penélope y la infiel Afrodita
Entrevista en Radio 4 /2

Leer Más
La fiel Penélope

Leer Más
La infiel Helena

Leer Más
Mosca y la infidelidad

Leer Más
Tres poemas infieles de Roser Amills

Leer Más
William James y lo nuevo viejo

Leer Más
La falsa virtud de la fidelidad
Entrevista en Radio 4 /1

Leer Más
Más infidelidad en la red

Leer Más
La cabra y la infidelidad

Leer Más
¿Qué es Elogio de la infidelidad?

Leer Más
Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Leer Más
La fidelidad como falsa virtud

Leer Más
La infidelidad del guionista

Leer Más

Las 38 paradojas del libro y algunas más

Las 38 paradojas del guionista (y algunas más)

Leer Más
Decir que no se deben dar normas es dar una norma
Paradoja nº1

Leer Más
El medio es y no es el mensaje

Paradoja nº2


Leer Más
Causas sin efecto y efectos sin causa
Paradoja nº3

Leer Más
El guionista debe trabajar para que su trabajo no se note
Paradoja nº4

Leer Más
Se debe proporcionar información sin que parezca información
Paradoja nº5

Leer Más
La mejor manera de mostrar algo es no mostrarlo nunca del todo
Paradoja nº6

Leer Más
Promete pero no cumplas
Paradoja nº10

Leer Más
Todos los métodos son buenos, incluso los malos

Paradoja nº27


Leer Más

Reglas y excepciones (Las paradojas del guionista)

Manera de leer Principios de filosofía y otros libros

Leer Más
Cambiar de tema para aprender mejor

Leer Más
Hana y la verdad verosímil

Leer Más
El viaje del héroe

Leer Más
Excalibur , entre las leyes del mito y las del guión

Leer Más
Las paradojas del guionista (y de cualquier otra persona)

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Will Eisner y Orson Welles

Leer Más
Las formas narrativas… no narrativas

Leer Más
Macbeth y las tres brujas

Leer Más
El autor y sus personajes

Leer Más
Las reglas del juego en Shakespeare

Leer Más
La infidelidad del guionista

Leer Más


Share

Las reglas del juego en Shakespeare

A William Shakespeare los críticos de su época le acusaban de inverosimilitud porque no respetaba la regla de las tres unidades. La regla de las tres unidades exigía que una obra debía desarrollarse en el mismo lugar, en un espacio de tiempo limitado, un día como máximo, y con una única acción fundamental.

Aunque los humanistas italianos creyeron encontrar estas reglas en la Poética de Aristóteles, lo cierto es que Aristóteles habla sólo de la unidad de acción de manera extensa y se refiere brevemente a la unidad de tiempo, diciendo que no hay por qué poner límites temporales a las comedias, pero que para las tragedias conviene que su duración se aproxime a «un ciclo solar», es decir, un día.

A. M. Faulkner. Antony and Cleopatra. Drawing, 1906. Folger Shakespeare Library.

A. M. Faulkner. Antony and Cleopatra. Drawing, 1906. Folger Shakespeare Library.

Sin embargo, en contra de las opiniones de los preceptistas italianos y de los clasicistas franceses, Shakespeare hace transcurrir sus obras en distintos lugares y en espacios de tiempo muy dilatados: la acción salta de un lugar y de un momento a otro, a medida que se suceden los actos, e incluso dentro de los actos mismos.

En Antonio y Cleopatra, la trama se inicia en Alejandría, pero enseguida se traslada a Roma, para regresar a Alejandría una escena después y saltar a Mesina, Roma, Alejandría de nuevo, un campamento romano, una galera en el mar, una llanura en Siria, Roma, Alejandría, Atenas, Accio y, finalmente, en la última escena del quinto acto, de nuevo Alejandría. Nada que envidiar a una superproducción de Hollywood como Cleopatra, de Mankiewicz.

Todos estos cambios les parecían inverosímiles a quienes defendían la regla de las tres unidades:

“Si el espectador advierte que el primer acto se desarrolla en Alejandría, no podrá creer que el segundo suceda en Roma, pues sabe con certeza que él no ha cambiado de lugar y que ese lugar no puede haber cambiado por sí solo; que lo que era una casa no puede convertirse en una pradera, y que lo que fue Tebas jamás podrá ser Persépolis”.

cleopatra017-joseph-l-mankiewicz-theredlist

Cleopatra habla con Joseph Louis Mankiewicz

teatro-isabelino-espectadoresSamuel Johnson dio una respuesta que se ha hecho célebre a los partidarios de la verosimilitud y de la regla de las tres unidades: los espectadores no pierden nunca el buen juicio y saben, desde el primer acto hasta el último, que el escenario es sólo un escenario y que los actores son sólo actores… ¿Por qué es absurdo admitir que un espacio pueda ser primero Atenas y luego Sicilia si siempre se ha sido consciente de que no es ni Sicilia ni Atenas sino un teatro moderno?». En la vida real sabemos que no podemos trasladarnos de un país a otro con sólo abrir y cerrar una cortina, pero también sabemos que el teatro o la sala de cine son precisamente los lugares en los que esas cosas son posibles. El público lo entendió antes que los expertos, incluso el público de las obras clásicas italianas y francesas, puesto que siempre supo no sólo que aquella divertida historia que estaba viendo no transcurría en la casa de un enfermo, sino que, además, ese enfermo imaginario ni siquiera era un enfermo imaginario, sino Jean-Baptiste Poquelin, apodado Molière, protagonista y autor de la obra.

El propio Shakespeare, en el prólogo a Enrique V, admite que cualquier obra de teatro es en su misma esencia inverosímil:

“Pero todos vosotros, nobles espectadores, perdonad al genio sin llama que ha osado llevar a estos indignos tablados un tema tan grande. ¿Este circo de gallos, puede contener los vastos campos de Francia? ¿O podríamos en esta O de madera hacer entrar solamente los cascos que asustaron al cielo en Agincourt?”

Por fortuna, esa inverosimilitud esencial puede ser olvidada si el público pone algo de su parte y acepta jugar al juego que se le propone:

“Suplid mi insuficiencia con vuestros pensamientos. Multiplicad un hombre por mil y cread un ejército imaginario. Cuando os hablemos de caballos, pensad que los veis hollando con sus soberbios cascos la blandura del suelo, porque es vuestra imaginación la que debe hoy vestir a los reyes, transportarlos de aquí para allá, cabalgar sobre las épocas, amontonar en una hora los acontecimientos de numerosos años”.

La O de madera por la que podrían entrar los caballos que participaron en la batalla de Agincourt era probablemente el escenario del teatro, aunque aquí tenemos otra O, también de madera al fin y al cabo, en el restaurado teatro The Globe, en el que Shakespeare representó algunas de sus obras.

La O de madera por la que podrían entrar los caballos que participaron en la batalla de Agincourt era probablemente el escenario del teatro, aunque aquí tenemos otra O, también de madera al fin y al cabo, que enmarca el cielo, en el restaurado teatro The Globe, en el que Shakespeare representó algunas de sus obras.

El cine no exige tanto de la imaginación del espectador como lo hace el teatro y Shakespeare no habría tenido necesidad de escribir el prólogo de Enrique V si hubiese rodado una película, en la que habría podido mostrar a miles de hombres, un ejército entero de extras, el estrépito causado por los cascos de cientos de caballos al galope y reyes vestidos como tales en salas del trono idénticas a las que pisaron los reyes de Inglaterra.

El cine puede mostrar casi todo, pero, paradójicamente, eso hace que el espectador, acostumbrado a no tener que usar apenas su imaginación, sea más exigente que el del teatro cuando advierte cualquier pequeño detalle que no coincide con la idea que él tiene de cómo es eso en el mundo real.

El teatro The Globe en 2013. (Foto de Daniel Tubau)

El teatro The Globe en 2013. (Foto de Daniel Tubau)


 

lasparadojasEsta entrada es un fragmento, que he modificado en algunos detalles, de mi libro Las paradojas del guionista, reglas y excepciones en la práctica del guión.
Página web: Las paradojas del guionista
Comprar en Amazon



WILLIAM SHAKESPEARE

Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Las reglas del juego en Shakespeare

Leer Más
¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?

Leer Más
Shakespeare y los guionistas

…y un artículo de Lucía Burbano


Leer Más
Shakespeare entre showrunners

Leer Más
Hamlet, detective

Leer Más
El rey Lear en tres dimensiones

Leer Más
El autor y sus personajes

Leer Más
Shakespeare y la imperfección

Leer Más
Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Leer Más
Macbeth y las tres brujas

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Proteo el cambiante

Leer Más
Todo Shakespeare

Leer Más
Los libros que queremos leer y el Cardenio
Shakespeare y Cervantes /3

Leer Más
El Shakespeare cervantino
Shakespeare y Cervantes /2

Leer Más
Cardenio, la obra perdida de Shakespeare
Shakespeare y Cervantes /1

Leer Más
El guionista a la búsqueda del espectador

Leer Más
Shakespeare y su época

Leer Más
El Gran Mecanismo

Leer Más
McLuhan y Shakespeare en un balcón de Verona

Leer Más
Shakespeare y los androides

Leer Más
La vida y la obra en Shakespeare y Catulo

Leer Más
Hamlet, el primer romántico

Leer Más
La invención humana

Leer Más
Escribir sobre Shakespeare

Leer Más
Diatriba contra la virginidad

Leer Más
Un curioso epílogo de Shakespeare

Leer Más
La opinión de Shakespeare sobre sus obras

Leer Más


prefacioashakespeare

Defensa de Shakespeare

El efecto Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 1


Leer Más
Los tópicos de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 2


Leer Más
Prefacio al Prefacio

|| Defensa de Shakespeare y ataque 3


Leer Más
Johnson y su Vida

|| Defensa de Shakespeare y ataque 4


Leer Más
Voltaire contra Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 5


Leer Más
Algunas destrezas de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 6


Leer Más
Los defectos de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 7


Leer Más
Shakespeare y la novela histórica

|| Defensa de Shakespeare y ataque 8


Leer Más
Shakespeare, el vulgar

|| Defensa de Shakespeare y ataque 9


Leer Más
La improbable verosimilitud de Shakespeare

|| Defensa de Shakespeare y ataque 10


Leer Más
La muerte aplazada

|| Defensa de Shakespeare y ataque 11


Leer Más

Ver también: Escribir sobre Shakespeare

Todas las entradas de literatura en: El resto es literatura

Share

El autor y sus personajes

Shakespeare -personajes

Hablé con Karina Pacheco acerca de los personajes de su novela La voluntad del molle y llegamos a la conclusión de que la percepción que tiene ella de sus propios personajes no es exactamente la misma que tengo yo. Esa es una excelente prueba de que sus personajes no son estereotipos, sino seres complejos, ambígüos, contradictorios, como los somos las personas. Intenté expresar esto en Las paradojas del guionista, en relación con los personajes de Shakespeare:

“Los comentadores y expertos confiesan que no es fácil saber de qué lado estaba Shakespeare: ¿era católico o anglicano?, ¿monárquico o republicano?, ¿homosexual o heterosexual?, ¿escéptico o creyente? Una de sus mayores ambigüedades se refiere al tratamiento que hace de los malos en sus obras. Los discursos de Ricardo, Othelo, Shylock o Macbeth a veces suenan tan razonables que uno llega a preguntarse si Shakespeare está de acuerdo con ellos”.

Cualquiera que lee a Shakespeare acaba por encontrarse a sí mismo en cierto modo. Algunos de sus personajes femeninos, como Viola (Noche de reyes) o Rosalinda (Como gustéis), le han ganado el aplauso del feminismo, compensado por el machismo detectado en obras como Los dos hidalgos de Verona o La doma de la bravía. Su Caliban de La tempestad ha sido usado para defender la lucha de los pueblos colonizados, pero también para lo contrario. El personaje de Shylock de El mercader de Venecia es una de las peores aportaciones al antijudaísmo, pero, al mismo tiempo, de su boca salen las más elocuentes palabras a favor de los judíos y de cualquier minoría perseguida y maltratada:

“Soy un judío. ¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no está nutrido de los mismos alimentos, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos cosquilleáis, ¿no nos reímos? Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos? Si nos parecemos en todo lo demás, nos pareceremos también en eso”.

En To be or not to be, Ernst Lubitsch hace que uno de los actores polacos (y judío) recite ese parlamento refiriéndose a la reciente invasión del país por los nazis, y consigue uno de los momentos más emotivos que se recuerdan en una película cómica.

Los personajes de Shakespeare, en definitiva, no pueden ser limitados por una definición unívoca, son variables, escurridizos, “una vez que creemos que hemos empezado a comprenderlos, nos damos cuenta de que no es así”, que es como definía Robert McKee a las personas. El guionista puede crear arquetipos, como el Rick de Casablanca, o estereotipos como James Bond, pero también puede arriesgarse y crear de vez en cuando personajes realmente complejos, casi personas.

**********

[Este texto es un fragmento de Las paradojas del guionista

 

La voluntad del molle

La voluntad del molle

Karina Pacheco Medrano

Comprar en Casa del libro

 

**************


lasparadojasLas paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión
390 páginas
 
 
Con esta obra Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación. Todas se relacionan con la naturaleza de la redacción de guiones y el trabajo del guionista.
(en Casa del Libro)
 
 Pagina de Las paradojas del guionista

OTRAS ENTRADAS SHAKESPERIANAS

La opinión de Shakespeare sobre sus obras

Leer Más
Un curioso epílogo de Shakespeare

Leer Más
Diatriba contra la virginidad

Leer Más
Escribir sobre Shakespeare

Leer Más
La invención humana

Leer Más
Hamlet, el primer romántico

Leer Más
La vida y la obra en Shakespeare y Catulo

Leer Más
Shakespeare y los androides

Leer Más
McLuhan y Shakespeare en un balcón de Verona

Leer Más
El Gran Mecanismo

Leer Más
Shakespeare y su época

Leer Más
El guionista a la búsqueda del espectador

Leer Más
Cardenio, la obra perdida de Shakespeare
Shakespeare y Cervantes /1

Leer Más
El Shakespeare cervantino
Shakespeare y Cervantes /2

Leer Más
Los libros que queremos leer y el Cardenio
Shakespeare y Cervantes /3

Leer Más
Todo Shakespeare

Leer Más
Proteo el cambiante

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Macbeth y las tres brujas

Leer Más
Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Leer Más
Shakespeare y la imperfección

Leer Más
El autor y sus personajes

Leer Más
El rey Lear en tres dimensiones

Leer Más
Hamlet, detective

Leer Más
Shakespeare entre showrunners

Leer Más
Shakespeare y los guionistas

…y un artículo de Lucía Burbano


Leer Más
¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?

Leer Más
Las reglas del juego en Shakespeare

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más

*********

Share

Macbeth y las tres brujas

Macbeth-and-the-Witches-xx-Henry-Fuseli Un viejo dicho de Hollywood afirmaba que la información fundamental de la trama de una película se tiene que repetir siete veces, aunque hay que intentar hacerlo cada vez de una manera distinta, excepto cuando la situación sea tan propicia para fijar un nombre en la mente del espectador como en el encuentro entre Macbeth y las brujas en la obra de Shakespeare:

MACBETH
Hablad, si es que podéis. ¿Quiénes sois?

BRUJA PRIMERA
¡Salve, Macbeth! ¡Señor de Glamis, salve!

BRUJA SEGUNDA
¡Salve, Macbeth! ¡Señor de Cawdor, salve!

BRUJA TERCERA
¡Salve, Macbeth! ¡Salve a ti, que serás rey!

Después de esta triple presentación, ¿qué espectador no sabrá ya que ese personaje se llama Macbeth? Pero es que, además, en este simple saludo se esconde también la esencia de la trama, pues cuando Macbeth se encuentra con las brujas, acaba de  convertirse en señor de Glamis. Pocos minutos después de este encuentro, un emisario comunica a Macbeth que el señor de Cawdor va a ser ajusticiado y que él hereda su título. Macbeth y el espectador se preguntan ahora si se cumplirá el tercer saludo de las brujas: si Macbeth se convertirá en rey.

Macbeth consulta la visión de la cabeza armada, por Henry Fuseli

Macbeth consulta la visión de la cabeza armada, por Henry Fuseli

 **********

[La ilustración que encabeza esta entrada es el cuadro de Henry Fuseli “Macbeth y las brujas”]

lasparadojas

[Este texto es un fragmento de Las paradojas del guionista]

Las paradojas del guionista
Reglas y excepciones en la práctica del guión
390 páginas
Con esta obra Daniel Tubau desmonta muchos de los tópicos que rodean el mundo del guión. Y lo hace rehuyendo las fórmulas magistrales y buscando más las excepciones que las normas.Y qué mejor manera de enfrentarse a ello que mediante paradojas propias de la creación. Todas se relacionan con la naturaleza de la redacción de guiones y el trabajo del guionista.
(en Casa del Libro)

OTRAS ENTRADAS SHAKESPERIANAS

La opinión de Shakespeare sobre sus obras

Leer Más
Un curioso epílogo de Shakespeare

Leer Más
Diatriba contra la virginidad

Leer Más
Escribir sobre Shakespeare

Leer Más
La invención humana

Leer Más
Hamlet, el primer romántico

Leer Más
La vida y la obra en Shakespeare y Catulo

Leer Más
Shakespeare y los androides

Leer Más
McLuhan y Shakespeare en un balcón de Verona

Leer Más
El Gran Mecanismo

Leer Más
Shakespeare y su época

Leer Más
El guionista a la búsqueda del espectador

Leer Más
Cardenio, la obra perdida de Shakespeare
Shakespeare y Cervantes /1

Leer Más
El Shakespeare cervantino
Shakespeare y Cervantes /2

Leer Más
Los libros que queremos leer y el Cardenio
Shakespeare y Cervantes /3

Leer Más
Todo Shakespeare

Leer Más
Proteo el cambiante

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más
Macbeth y las tres brujas

Leer Más
Los celos en Shakespeare y Calderón de la Barca

Leer Más
Shakespeare y la imperfección

Leer Más
El autor y sus personajes

Leer Más
El rey Lear en tres dimensiones

Leer Más
Hamlet, detective

Leer Más
Shakespeare entre showrunners

Leer Más
Shakespeare y los guionistas

…y un artículo de Lucía Burbano


Leer Más
¿Dónde suceden las cosas en Shakespeare?

Leer Más
Las reglas del juego en Shakespeare

Leer Más
Potencia y acto en Shakespeare

Leer Más

*********

 Pagina de Las paradojas del guionista

 

 

 

 

 

 

Share

Las formas narrativas… no narrativas

La herencia inesperada

Si yo tuviera un millón

El cine de Lubitsch


Leer Más
Opinar no es lo mismo que entender

Beginners de Mike Mills


Leer Más
Los escépticos no son escépticos

Leer Más
The Host y la verosimilitud

Leer Más
El cine antes del cine: Muybridge

Leer Más
El almanaque de Taniguchi

Leer Más
El cine del futuro

Leer Más
El ruido y la furia
Eli eli lema sabachtani, de Shinji Aoyama

Leer Más
Invisible Waves , de Pen-ek Ratanaruang

Leer Más
Joni’s promise [Janji Joni] , de Joko Anwar

Leer Más
Cuando no se muestra todo Tres tiempos [Zui Hao De Shi Guang], de Hou Hsiao-hsien

Leer Más
Calistofel Doyle y el error en el cine

Leer Más
Mundo audiovisual: cine, series y guión

Leer Más
Syriana y la teoría conspirativa

Leer Más
Hirokazu Kore Eda

Leer Más
After life [Wandafuru Raifu], de Hirokazu Kode-Eda

Leer Más