Casualidades

Tal vez algún lector de estos weblogs se haya dado cuenta por casualidad de que a menudo digo frases como: “Quiso el destino que al día siguiente…” o “Un azar caprichoso ha querido…”, o, en fin: “La casualidad ha querido…”

Me gustan mucho estas suposiciones acerca del orden o desorden hipotético del cosmos que se esconde tras nuestros actos y quiero aclarar hoy de qué manera contemplo las casualidades.

Yo cometo la vulgaridad inexcusable de ver las casualidades como casualidades.

Si digo que una amiga de mi madre suscitó en mí la imagen de la serpiente y que un día después la casualidad quiso regalarme un sobre de azucar con el signo chino de la serpiente; y que un día más tarde, al consultar unas páginas de astrología, recordé que mi signo en el nuevo cielo astrológico ya no es Sagitario, sino Ophiochus, la serpiente… si aludo a estas tres casualidades sucesivas y a continuación concluyo que voy a  adoptar la imagen de la serpiente para mis ensayos polémicos, no lo hago porque crea que tras esas casualidades sucesivas se esconde un orden o un propósito oculto que dirige mi vida.

No creo tal cosa porque, como ya dije, me tomo las casualidades como verdaderas casualidades: ese es para mí su verdadero encanto y su interés real.

Si tras esas serpientes sucesivas se esconde un mecanismo determinista (espiritual o material), entonces dejan de ser casualidades y se convierten en piezas triviales de una maquinaria vulgar y de una Inteligencia cósmica más bien simplona.

Por ello, para un creyente en las casualidades como soy yo, no hay nada más pernicioso que creer que las casualidades tienen un motivo, porque entonces ya no son casualidades.

Y sigo en este mi cerebro supletorio que es mi página web con un tema relacionado: Creer en todo.


[Publicado el 24 de diciembre de 2003]

EL AZAR Y LA NECESIDAD

Lo causal y lo casual

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SUPERSTICIONES ANTIGUAS Y MODERNAS

Creer en todo

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La influencia de los planetas

||Lo dudo \1


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Casualidades causales

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La ciencia astrológica

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El oro alquímico

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Dutronc de nuevo

jacques-dutroncMientras escribo, escucho el último disco de Dutronc, Madame L’existence.

En el disco, Dutronc interpreta Un jour tu verras una canción que hizo célebre Mouloudji y que es una de mis favoritas desde hace mucho tiempo, pero Dutronc ofrece una versión que mejora tal vez el original, como hizo con su histérica y deliciosa versión del suave y melodioso Le temps de l’amour, popularizado por François Hardy.

UN JOUR TU VERRAS

Hace poco se votó como mejor canción francesa de la segunda parte del siglo XX una de las más célebres de Dutronc: Il est cinq heures Paris s’eveille, esa arrebatadora canción que cuenta como los noctámbulos y los madrugadores se cruzan a las cinco de la madrugada. En este vídeo podéis disfrutar del simpático y bromista Dutronc interpretando esa canción.

Il est cinq heures, Paris s’éveille
(Jacques Dutronc)
(letra de Jacques Lanzmann)

Je suis l’dauphin d’la place Dauphine
Et la place Blanche a mauvaise mine
Les camions sont pleins de lait
Les balayeurs sont pleins d’balais

Il est cinq heures
Paris s’éveille
Paris s’éveille

Les travestis vont se raser
Les stripteaseuses sont rhabillées
Les traversins sont écrasés
Les amoureux sont fatigués

Il est cinq heures
Paris s’éveille
Paris s’éveille

Le café est dans les tasses
Les cafés nettoient leurs glaces
Et sur le boulevard Montparnasse
La gare n’est plus qu’une carcasse

Il est cinq heures
Paris s’éveille
Paris s’éveille

Les banlieusards sont dans les gares
A la Villette on tranche le lard
Paris by night, regagne les cars
Les boulangers font des bâtards

Il est cinq heures
Paris s’éveille
Paris s’éveille

La tour Eiffel a froid aux pieds
L’Arc de Triomphe est ranimé
Et l’Obélisque est bien dressé
Entre la nuit et la journée

Il est cinq heures
Paris s’éveille
Paris s’éveille

Les journaux sont imprimés
Les ouvriers sont déprimés
Les gens se lèvent, ils sont brimés
C’est l’heure où je vais me coucher

Il est cinq heures
Paris se lève
Il est cinq heures
Je n’ai pas sommeil

Finalmente, ¿cómo no escuchar J’aime les filles (“Me gustan las chicas”)?, una canción que sonaba en mi contestador automático cuando vivía en la calle Sambara de Madrid hace ya muchos años.

*********

En Días tranquilos en París puedes escuchar otra vez a Dutronc y ver antiguas fotografías mías en París.

[Publicado el 6 de diciembre de 2004 en Libertalia]

****

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LA DISCOTECA MORTAL

Canción para mi muerte, de Sui Generis

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Albergo a ore y Les amants d’un jour

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Une petite cantate, de Barbara

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Vecchio frak, de Domenico Modugno

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El señor de las sombras

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Súplica para ser enterrado en la playa de Sète, de Georges Brassens

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Freud renace

Acaba de morir por segunda vez y ya está aquí de nuevo. Freud había sido tirado a la basura en los últimos años, por culpa de los avances médicos, de las nuevas terapias y del tesón y persistencia en el disparate de sus discípulos.

No es extraño, porque decir “Freud” se había convertido en sinónimo de “irracional”, “ridículo” o “absurdo”. El caso de Freud muestra que lo peor que puede hacer un pensador es tener discípulos.

A mí me gusta mucho Freud, aunque no me gusten los freudianos ni las teorías freudianas al uso. Gracias a mi padre aprendí a apreciarlo como un gran escritor, pero también lo admiro por muchas de sus ideas. Sus libros son todo lo contrario de la imagen que se tiene de él. Suele ser moderado, duda casi siempre, adelanta una hipótesis con prudencia exquisita y siempre mantiene una última reserva que le impide afirmar de manera dogmática una teoría.

Me estoy refiriendo a los libros que he leído de Freud, que son quizás los que no integran el corpus del psicoanalisis (en los que quizá, no lo sé, se mostrará más dogmático): El malestar en la cultura, Moisés y el monoteísmo, Lo siniestro, etcétera.

Sé también, gracias a Martin Gardner y a Paul Roazen (Freud y sus discípulos, Hermano animal), que la vida de Freud tampoco fue muy ejemplar, pero eso no impide que me parezca uno de los pensadores más inteligentes que conozco. Ya dije antes que sus seguidores no están a su altura he incluso han reducido a su maestro a una estatura y aspecto de bufón maniático.

Los críticos del psicoanálisis, a los que les sobran razones, han tirado al niño con el agua de la bañera y no quieren saber nada de Freud, pero una cosa es decir que hay mejores maneras de solucionar los problemas de un paciente que pasarse veinte años escarbando en sus recuerdos de infancia, y otra cosa dictaminar que eso implica que el pasado no influye en nuestro comportamiento presente.

Sin duda sí que influye y no cabe duda de que somos hijos de nosotros mismos, pero es dudoso que el hecho de detectar el origen de un problema sea suficiente o incluso necesario para solucionarlo. Cuando alguien se rompe la cabeza suele ser innecesario conocer cómo se la ha roto: basta con saber dónde está la herida y qué métodos existen para curarla y de este modo evitar que los sesos se caigan al parqué.

Sin embargo, la influencia del pasado en nuestra vida presente y en nuestra forma de ser es un asunto fascinante y parece que ahora algunos científicos están recuperando ideas de Freud, como la de la represión, pero contrastándolas experimentalmente.

Dibujo de Freud que muestra las células nerviosas de la médula espinal de la lamprea y que se ha considerado un precursor de la teoría neuronal.


cuaderno-de-psicología-escher_bond

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¿Qué diría Mathew hoy? y Brasil

en Soñadores, de Bernardo Bertolucci

Estos días he discutido con dos personas acerca del mismo tema: las medidas adoptadas en Brasil contra los turistas estadounidenses, en reciprocidad o represalia por las medidas que los estadounidenses adoptan con los turistas brasileños (o con todos los turistas).

Con las dos personas con las que he discutido, el fondo de la cuestión ha sido el mismo: a ellos les parecía estupendo lo que hacía Brasil y a mí me parecía un sin sentido. Antes de ver Soñadores, yo mismo dije a una de esas personas que responder a la humillación con la humillación, a lo policial con lo policial y al fascismo con el fascismo no es mi ideal de la lucha contra la humillación, lo policial y el fascismo. Me parece que Matthew dice lo mismo al final de la película, así que me sorprende que quienes elogian lo que dice Matthew no vean la semejanza entre ambas situaciones.

Es fácil darse cuenta de cuál era la postura correcta hace 35 años (en 1968), pero creo que no es tan difícil ver el paralelismo con lo que sucede en Brasil. Si Estados Unidos adopta una postura que consideramos denigratoria y abusiva, difícilmente me puede parecer que esté bien que Brasil adopte esa misma política denigratoria y abusiva.

Otras personas se han mostrado inmediatamente indignadas por la supuesta reciprocidad brasileña y han imaginado, como yo, a turistas de carne y hueso humillados en una aduana, y no en leyes y símbolos. Algunas personas se han dado cuenta del error y han rectificado fácilmente.

Si no menciono ningún nombre aquí es porque hacerlo sería abusar de una posición de poder, la de alguien que tiene a su disposición una página web. Así que si alguno de ellos quiere responder, anónimamente o no, puede hacerlo, porque aquí es posible que yo haya simplificado, tergiversado o, sencillamente, no expresado sus argumentos en defensa de la reciprocidad brasileña.


[Ver también Soñadores y La polémica acerca de Soñadores]

Para ver todas las entradas dedicadas al guión y al cine:

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Eliot Weinberger: ¿Qué está sucediendo en Estados Unidos?

Este texto es un duplicado del que aparece en la página de BARATARIA VIRTUAL.

La razón de que haya duplicado el texto en mi servidor es que a menudo los vínculos dejande funcionar porque cambian o porque desaparece la página web que los alberga, para evitar que el texto se pierda, lo duplico. Puedes leer el texto tal como aparece en BARATARIA VIRTUAL y consultar otros textos interesantes de esta página en: BARATARIA VIRTUAL– Revista de prensa: sobre la guerra (12 de Septiembre. 2003)

Me refiero a este texto en: Eliot Weinberger y el antiamericanismo.

¿Qué está sucediendo en Estados Unidos?
Eliot Weinberger
La Jornada
En las democracias occidentales de los últimos 50 años nos hemos habituado a gobiernos cuyas políticas sobre asuntos específicos podrán ser buenas o malas, pero en esencia instituyen cambios que mejoran el status quo. Las excepciones más importantes han sido Thatcher y Reagan, pero incluso sus programas de desmantelamiento de los sistemas de asistencia social parecen, en retrospectiva, moderados comparados con lo que está ocurriendo en Estados Unidos con George Bush o, mejor dicho, con la junta gobernante que le indica qué decir y hacer a Bush. Sin duda alguna es el gobierno más radical de la historia moderna del país, un gobierno cuya ideología y acciones se han vuelto tan omnipresentes, y que aquí los medios de comunicación reflejan de modo tan acrítico, que la población parece haber olvidado lo que es ”normal”.

George Bush es el primer presidente no electo de Estados Unidos, e instaurado por un Tribunal Supremo de derechas en una suerte de golpe de Estado judicial. Es el primero en subvertir activamente una de las bases de la democracia estadunidense: la separación de la Iglesia y el Estado. En la actualidad hay reuniones diarias para orar y grupos de estudio bíblico en cada rama del gobierno, y a las organizaciones religiosas se les han dado medios para que se apropien de los programas educativos y asistenciales, los cuales siempre habían sido competencia del Estado. Bush es el primer presidente en invocar específicamente a ”Jesucristo” en lugar de a un ”Dios” ecuménico, y se ha rodeado de evangelistas cristianos, entre ellos, el fiscal general, el cual asiste a una iglesia donde habla en lenguas.

Es el primer gobierno que ha declarado una política de agresión unilateral, una pax americana en la que la presencia de aliados (sea Inglaterra o Bulgaria) es grata pero insignificante; en la que los tratados internacionales han dejado de aplicarse a Estados Unidos; en la que -por primera vez en la historia- el país se reserva el derecho de lanzar ataques ”preventivos”, no defensivos, contra cualquier nación de la Tierra, por cualquier motivo que le apetezca; en la que el presidente declara sin ambages que ”exportaremos la muerte y la violencia a todos los rincones de la Tierra en defensa de nuestra gran nación”.

Es el primero -desde el confinamiento de los estadunidenses de origen japonés en la Segunda Guerra Mundial- en promulgar leyes especiales destinadas a un grupo étnico específico. En la actualidad los jóvenes inmigrantes musulmanes deben registrarse y ser sujetos a interrogatorio. Muchos cientos han sido arrestados y detenidos sin juicio o posibilidad de asistencia legal, lo cual socava otra base de la democracia estadunidense: el habeas corpus. Muchos han sido apartados de sus familias y deportados por faltas técnicas a los reglamentos de inmigración: el paradero de muchos otros es aún desconocido. Y en la bahía de Guantánamo, donde se afirma que se construyen cámaras de ejecución, cientos de ciudadanos extranjeros – entre ellos uno de 13 años y otro que dice tener cien- permanecen en una suerte de limbo desde hace casi dos años, lo que contraviene manifiestamente la Convención de Ginebra.
Es un gobierno parecido al del periodo de Reagan, y su palmaria dedicación a ayudar a los ricos e ignorar a los pobres ha convertido el superávit de los años de Clinton en un enorme déficit provocado por la combinación de enormes reducciones de impuestos a los acaudalados (sobre todo a los que perciben más de un millón de dólares al año) e incrementos del presupuesto militar. (Y si bien los republicanos siempre ofrecen en campaña ”menos gobierno”, han creado la mayor burocracia de un nuevo gobierno en la historia: el Departamento de Seguridad de la Patria.) El Financial Times de Inglaterra, insospechable de izquierdismo, ha descrito esta política económica como ”locos que se han apoderado del manicomio”.

Pero la mayor parte de la legislación de Bush, aún más que la de Reagan -cuyas políticas tendían a favorecer a los ricos en general-, enriquece específicamente a su círculo íntimo, procedente de la industria petrolera, minera, maderera, farmacéutica y de la construcción. En el estrato medio de la burocracia, donde se pueden promulgar leyes sin aprobación del Congreso, cientos de reglamentos han sufrido modificaciones para reducir las normas de contaminación o seguridad laboral, para permitir la explotación de áreas silvestres o eliminar las pruebas de nuevos medicamentos. Se han adjudicado miles de millones de dólares en contratos, al margen de los concursos públicos, a corporaciones antaño dirigidas por funcionarios del gobierno. Mientras, este verano, muchos colegios públicos tuvieron que cerrar un mes antes de lo previsto porque se habían quedado sin dinero.

En un país en el que los cambios sociales más trascendentes se instauran mediante decisiones de los tribunales, en lugar de mediante legislación, el gobierno de Bush ha estado llenando cada estrato del complejo sistema judicial con ideólogos de extrema derecha, sobre todo los que han protegido a las corporaciones de los litigios de individuos y grupos ecologistas, y los que se oponen a los derechos de reproducción de las mujeres. Aún queda por ver lo lejos que pueden ejercer sus antipatías contra la anticoncepción y el aborto. Ya han prohibido un infrecuente tipo de aborto tardío que sólo se autoriza cuando la salud de la madre está en riesgo o el feto está gravemente deformado, y la mayor parte de los proclamados miles de millones de dólares para combatir el sida en Africa se destinarán a la denominada educación en la ”abstinencia”.

Pero sobre todo Estados Unidos ya no parece Estados Unidos. Un ambiente de militarismo y temor, parecido al de cualquier Estado totalitario, todo lo invade. Bush es el primer presidente estadunidense que se recuerde pavoneándose en uniforme militar, aunque él mismo -al igual que todos sus asesores más militantes- evadió la guerra de Vietnam. (Incluso Eisenhower, general y héroe de guerra, nunca vistió el uniforme mientras fue presidente.) En los aeropuertos de las ciudades de provincia se emiten a menudo anuncios en esa serena voz incorpórea de las películas de ciencia ficción: ”El Departamento de Seguridad de la Patria advierte que la clave de Alerta Terrorista es en este momento… Anaranjada”. Cada tres o cuatro semanas se anuncia de nuevo otro inminente atentado terrorista y los ciudadanos son instados a adoptar medidas irrisorias, como sellar sus ventanas contra ataques químicos y biológicos y denunciar las actividades sospechosas de sus vecinos. El Pentágono adopta el programa ”Vigilancia de Información Total” para recoger datos de las actividades cotidianas de los ciudadanos comunes (cargos a las tarjetas de crédito, préstamos en las bibliotecas, inscripciones en cursos universitarios), pero cuando se percibe que esto ha ido demasiado lejos, cambian el nombre a ”Vigilancia de Información Terrorista” y siguen haciendo lo mismo. Millones de personas están registradas en las computadoras de seguridad de los aeropuertos como posibles terroristas, entre ellos manifestantes antibelicistas y pacifistas. Se advierte a los críticos que ”cuiden lo que dicen” y hay listas de ”traidores” colgadas en Internet.

La guerra en Irak ha sido la manifestación más extrema de este nuevo Estados Unidos y casi un caso de estudio en el historial de las técnicas totalitarias. Primero se crea un enemigo repitiendo sin cesar mentiras flagrantes hasta que la población se lo cree: en este caso, que Irak estaba vinculado a los atentados contra el World Trade Center y posee ”armas de destrucción masiva” que amenazan al mundo entero. Luego, una Guerra de Liberación, unánimemente presentada a los medios masivos desde el punto de vista de nuestros Heroicos Soldados, con escasas o ninguna imagen de las bajas y la devastación, y con escenas destinadas a enaltecer el ánimo – como el derribo de la estatua de Saddam y el heroico ”rescate” de la soldado Lynch- propias del cine soviético. Finalmente, como sucedió en Afganistán, se suprime durante muchos meses toda noticia sobre el caos que ha sobrevenido tras la Gran Victoria y se intenta, en lugar de dar noticias, trasladar a un nuevo enemigo la maquinaria de propaganda, en esta ocasión, a Corea del Norte o Irán.

La guerra civil está apenas comenzando en Irak y, como en la Guerra Civil española, los simpatizantes extranjeros se están sumando masivamente a la causa. El retiro de las tropas estadunidenses -incluso si Mahatma Gandhi fuera presidente- se ha vuelto imposible. Estados Unidos no puede perder la guerra, como sucedió en Vietnam, pues no hay nadie ante quien perderla. Sin embargo, como siguen muriendo todos los días ciudadanos estadunidenses en Irak, y las reservas de agua y las mezquitas y las oficinas de la ONU estallan, la Junta de Bush insiste, y los medios lo repiten, en que la democracia está a la vuelta de la esquina y en que el terrorismo internacional ha sufrido una gran derrota y en que la paz en Medio Oriente está al alcance de la mano.

Es muy difícil referirse a lo que está sucediendo en Estados Unidos sin recurrir a los hiperbólicos lugares comunes del antiamericanismo, los cuales ya han perdido todo sentido después de muchísimos decenios, aunque a la postre han resultado ciertos. Tal vez sólo podamos limitarnos a enumerar los hechos: aquí he mencionado sólo unos cuantos. Este es, para decirlo sin rodeos, el gobierno estadunidense más aterrador de los tiempos modernos, un gobierno atroz tanto para la izquierda como para los conservadores tradicionales. Es una junta descarada en sus ambiciones imperialistas; ha decretado un estado orwelliano de Guerra Perpetua; está desmantelando, o intenta desmantelar, algunos de los principios más fundamentales de la democracia estadunidense; actúa sin restricciones en el seno del gobierno y está operando con tanta celeridad y en tantos frentes que una oposición popular no sabe por dónde empezar. Quizá no se le pueda detener, pero el primer paso para moderar su marcha sea el reconocimiento de que es un gobierno estadunidense sin parangón en toda la historia de este país, para el cual la democracia es un obstáculo.


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