. Punto

PUNTO.

Esto es un punto.

No lo es.

Es sólo una mancha de tinta o un destello de fósforo en la pantalla de un ordenador.

Yo no puedo crear un punto.

Dependo de ti para que el punto exista. Todas estas letras no existen. Sólo existen porque existes tú. Son como el árbol de Berkeley, y tú eres Dios.

Si nadie lo mira, este weblog no existe.

Date la vuelta.

¿Lo has hecho?

Cierra los ojos.

El weblog desapareció.

Tú lo has vuelto a crear al mirar de nuevo.

Pero el weblog no está en la pantalla del ordenador, ni en las líneas telefónicas, ni siquiera en ese papel que tal vez hayas impreso para duplicar, en vano, su existencia inexistente.

Sólo existe en ti.

Dentro de tu cerebro en el momento en que lo miras.

Todo el sentido del universo es sólo software. Y el software no existe.

El hardware tampoco existe para el conocimiento.

Los modernos físicos cuánticos nos dicen que el observador modifica lo observado.

¿Y quién observa al observador?

El observador se observa a sí mismo y a sí mismo se crea a través de su propia observación.

Si no observara, tampoco existiría.

El observador sólo existe en tanto que observa.

Tú sólo existes cuando observas.

Si no observas, si no percibes, eres sólo vacío.

Pero puedes existir si observas que no observas, si percibes que no percibes. En tu tatami zen observando el vacío sigues existiendo.

La observación te crea.

Existes porque existe este punto.


[Escrito en 2005 o antes]

Comentarios en 2017. La historia de Punto: al revisar un antiguo blog llamado Monadolog, me encontré una entrada llamada “Punto”, escrita el 28 de febrero de 2005. Allí decía lo siguiente:

“Tengo por la red algunas páginas y weblogs aparte de este que ahora lees. Algunos son semisecretos y otras tan secretos que ni yo sé dónde están.

Algunos son weblogs heterónimos, como los poetas paralelos de Pessoa. Al revisar una vieja libreta me he encontrado con un texto que me ha recordado una página web de la que no me habría acordado nunca si no hubiese sido por esta casualidad. En esa página web sólo hay una cosa que se llama PUNTO.

Tenía otras cosas pensadas, pero como hace al menos un año que me olvidé del asunto, hago pública ahora esa web, que se llamaba Seingalt (pero que no hay que confundir con el Diario Secreto de Seingalt), porque la verdad es que ni siquiera sé cómo entrar en ella para modificarla”.

 

A continuación, facilitaba un enlace a esa web, alojada en Wanadoo. Lo curioso es que el enlace todavía funciona, pero ya no puedo acceder al blog de wanadoo ni al correo, que supongo ha desaparecido para siempre. Este es el enlace: Seingalt Punto

La verdad es que me había olvidado por completo del enlace, de la página y del texto, que no sé con qué intención escribí ni cómo clasificarlo: ficción, ensayo o ensayo ficción.

Eso sí, tiene cierta relación con mi historieta La eternidad en 24 horas. Y también con ¿Qué hace falta para que exista algo?


 

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La eternidad en 24 horas

comic24_000

Gracias a mi amigo Andrés, descubrí hace poco [2003] a Scott MacCloud, un autor de comics y teórico que ha publicado dos libros acerca del arte del comic que son una delicia: Cómo se hace un comic y La revolución de los comics.

McCloud tiene también una página web llena de cosas interesantes. Una de ellas es el Comic de 24 horas. MacCloud cuenta que, aparte de su amigo Steve Bissete, no conoce a nadie más lento que él para hacer un comic. Bissete siempre tenía dificultades para cumplir con los plazos de los encargos, pero un día McCloud descubrió que cuando un fan le pedía un autógrafo a Bissete, él hacía un excelente dibujo en apenas unos segundos. Eso demostraba que Bissete podía ser más rápido de lo que él mismo creía. Así que le propuso un desafío: hacer un comic en 24 horas, ni una más. Dibujar y dialogar 24 páginas en 24 horas.

MacCloud empezó haciendo un comic y luego lo hizo también Bissette y muchos otros autores, cuyos comics de 24 horas se pueden ver en la página de McCloud.

1

La primera página de Un día de trabajo, por Scott McCloud

 

Yo también he recogido el guante y he hecho un comic en 24 horas. Y no sólo eso, también hice el borrador en…. 24 minutos. Exactos.  Ponerse un plazo tan breve e improrrogable es un método buenísimo, así que os animo a hacer lo mismo. Como podéis suponer, la brevedad del plazo (yo no tardé más de seis horas con pausas largas en hacer el mío) obliga a una crítica benevolente. Además hay que recordar la idea de Chesterton que presidí el blog en el que publiqué el cómic: “Las cosas que vale la pena hacer, vale la pena hacerlas mal”.

 La eternidad en 24 horas.

Si ve

***************

[Publicado en 2003 en Erewhom digital]

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TODO ES

Variaciones ontológicas 1

TODO ES

Lo que ha sido es en tanto que ha sido.

Lo que será es en tanto que será.

Lo que es es en su ser.

Si lo que es no hubiese sido, no podría ser ahora, pues habría nacido de lo que no era, del no ser.

Lo que es contiene el será, porque, de no ser así, algo podría llegar a ser desde la nada.

Convergence (1952) de Jackson Pollock

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¿Qué hace falta para que exista algo?

Nada.

Según algunas de las teorías físicas actuales, para que exista algo no hace falta nada.

Hace tiempo, los teólogos tenían un argumento con el que intentaban refutar a los materialistas:

“Los científicos dicen que el origen del universo se halla en el Big Bang inicial, la explosión de la que surgió todo lo que existe. Pero, ¿qué había antes de esa explosión inicial?

Puesto que el Big Bang dio origen al universo, antes del Big Bang no había nada. De eso se concluye, dicen algunos teólogos, que Dios existe, puesto que algo o alguien tuvo que hacer posible esa creación de materia de la nada. Ese algo, concluyen, es Dios.

Este argumento teológico del Dios que crea ex nihilo, a partir de la nada, el universo, es propio del judeocristianismo, aunque hay otras religiones que tienen ideas semejantes. La respuesta clásica de los materialistas a este argumento teológico es: “¿Y quien ha creado a Dios?” Pregunta que conduce a otra respuesta previsible: “A Dios no lo ha creado nadie, pues existe desde la eternidad. Y en la eternidad no hay antes ni después.”

El siguiente paso inevitable para quienes no creen en ese Dios creador es: “Pues si Dios puede existir siempre, entonces el universo también.”

Y así se puede seguir un buen rato con argumentos y contra-argumentos, por ejemplo:

“De acuerdo, Dios está en la eternidad [es un decir, porque Dios tampoco está], pero, si ha creado el mundo, entonces existe un antes y un después de la creación del mundo. Eso significa que Dios ha tenido que actuar, hacer algo, para crear el mundo, con lo cual no se mantiene inmutable en la eternidad, que es lo que deben hacer los seres perfectos, pues sólo lo imperfecto cambia. Para que haya algo, Dios tiene que cambiar. Incluso aunque Dios no cambie, sí cambia el universo, lo que afecta a Dios mismo inevitablemente y saca a Dios de la Eternidad y la nada indiferenciada”

La más extendida de las cosmogonías de la antigua Grecia consideraba que no hacía falta un Dios creador, porque el universo existe desde siempre: “Ante todo fue el Caos…”, dice la Teogonía de Hesíodo.

Aunque el caos a menudo se toma por un Dios, parece claro que significa algo así como lo indeterminado, lo que no tiene forma. A partir de ese caos de formas., o informal si se prefiere, se crea el cosmos, el orden. La creación del universo a partir de la nada no es que no se les ocurriese a los griegos, es que la juzgaban absurda. Como explicaba el poeta Lucrecio en Sobre la naturaleza:

“Jamás obra alguna se engendró de la nada, por obra divina… Pues si las cosas salieran de la nada, cualquiera podría nacer de cualquiera, nada necesitaría semilla; del mar podrían surgir de repente los hombres, de la tierra la familia escamosa, y las aves brotarían del cielo; el ganado y demás animales, bestias salvajes de toda especie, ocuparían, naciendo al azar, desiertos y cultivos; ni los frutos en los árboles se mantendrían en su forma, sino que cambiarían: todo podría producirlo todo.”

Ahora bien, los cosmólogos actuales parecen querer refutar a la vez a los teólogos y a los materialistas como Lucrecio, porque consideran que antes de que existiera la materia no había (o mejor dicho había) nada.

Y resulta que esa nada fluctuó en su misma nadería, o algo parecido, y ahí se originó la materia.

Yo confieso que soy más bien partidario de que el universo siempre ha existido que de la idea de que hay un momento en el que no existió.  Pero lo cierto es que con las dos opciones llegamos a paradojas irresolubles (creo que esta era una de las antinomias de la razón de Kant), pero a mí me resulta un poco más sencillo pensar en algo que se extiende infinitamente hacia atrás en el tiempo que en la posibilidad de que haya un comienzo lleno de nada del que surja algo. Pero mi opinión no tiene ningún peso dados mis pobres conocimientos físico-matemáticos.

Hubo un tiempo en el que no hacía falta saber tanto para opinar sobre el origen del universo. En el caso de los griegos, los chinos y los indios ese tiempo fue aproximadamente hacia el año -700, donde abundaron los cosmólogos. En mi caso, ese tiempo se remonta a mi adolescencia, cuando me pasaba las horas intentando hallar la explicación del universo, convencido de que lo conseguiría. Ahora también me pregunto por esa explicación, pero estoy un poco menos convencido de mis posibilidades de encontrarla y sé que si la encuentro será porque alguien me la comunicará cuando la encuentre él o ella.

Escribí en aquellos años de osadía varios ensayitos sobre el asunto, que no solían pasar de las tres páginas. Recuerdo que uno de ellos se llamaba Demostración de que el universo sólo puede existir si hay al menos tres cosas. Con cosas   me refería seguramente a algo semejante a lo que en filosofía se llama sustancia. El ensayo era interesante porque pretendía mostrar que con sólo dos cosas (o con una sola cosa) no puede existir nada, ni siquiera esa cosa. Después, satisfecho con mi demostración, fui un poco más lejos y escribí otro texto llamado Demostración de que para que algo pueda ser percibido tienen que existir al menos cuatro cosas (ahora dudo de si eran cuatro o cinco, tendré que pensarlo, o buscar el ensayo).

Sin embargo, después me enteré de que existía una teoría, también sostenida por algún científico reputado, pues los científicos (como los filósofos de los que hablaba Aristóteles o los guionistas de cine y televisión), han pensado ya cualquier teoría por extravagante que sea. Esa teoría sostenía que el universo entero no es otra cosa que una única partícula moviéndose a supervelocidad. Eso parecía refutar aquel ensayo mío, pero era una teoría tan interesante, que me pareció estupendo ser refutado de forma tan hermosa.

Hace unos años, cuando empecé a hacer animaciones con el programa Flash, me planteé la idea de mostrar de manera virtual que esa hipótesis era perfectamente plausible. No lo hice, porque se me olvidó o porque me pareció un poco complicado, pero tal vez lo haga un día de estos. Sin embargo, hace unos días, Roser Amill puso en su página algo que permite ver ese universo creado por una partícula. Bueno, en realidad por cuatro partículas, pero se podría hacer con sólo una.

Si visitas la página, podrás ver que las partículas dejan un rastro. Ese rastro nos podría hacer pensar en una imagen congelada, que se trata de muchas partículas, pero son sólo cuatro (de hecho, sospecho que el programador ha creado el programa con una sola partícula que ha cuadruplicado en forma especular).

Es algo parecido a lo que pasa cuando hacemos una fotografía en alta velocidad y se ve el rastro de los coches que pasan, como en estas fotos que hicimos en un reciente viaje a Granada Luis, Rafa, Marcos y yo.

Al ver los haces luminosos, uno pensaría que, efectivamente, ha existido una luz continua lanzada desde no se sabe dónde, como una cuerda que se extiende en el espacio. Pero, en realidad, se trata de las luces de un coche en diferentes momentos (la cámara ni siquiera capta todos los espacios por los que atraviesa el coche, del mismo modo que en una película sólo se ven 24 imágenes por segundo).

Todo esto es muy compatible con las teorías de la física, como he dicho antes, y también con el budismo, que dice que somos sólo algo que fluye, sin estabilidad (de ahí el título de mi página Mundo flotante); o con Heráclito y su panta rei (todo fluye). También H.G.Wells plantea de manera muy hermosa cómo la velocidad a la que percibimos modifica nuestra percepción, cosa que se puede ver en la película Koyanitqasi.

Así que, para que exista algo, puede necesitarse nada, como dicen algunos cosmólogos actuales, lo que no me acaba de convencer, o puede que haga falta una cosa o dos, porque hay que suponer que necesitamos al menos una partícula y el espacio en el que se mueve. Otra cuestión es si ese espacio es a pesar de no ser. Si existen sólo átomos y vacío, como decía Demócrito, o si el espacio para que la partícula se mueva tiene que tener también partes diferenciadas (como si fuera una red o retícula), pero esa es otra cuestión que también tiene argumentos y contrargumentos, en especial después del experimento de Michelson-Morley para medir el éter (que no lo midió, refrendando quizá la teoría de la nada) y la posterior teoría de la relatividad de Einstein.

Mientras los científicos trabajan en la solución, o al menos en una explicación inmediatamente más intuitiva, puedes ver cómo sólo cuatro partículas crean un universo en la animación que encabeza esta entrada o con este enlace: Line to experimental.


Esta entrada fue publicada en 2006, probablemente en abril

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Mi metafísica

metafisica flammarion

No me gusta la palabra metafísica. No me gustan los planteamientos metafísicos ni los sistemas filosóficos metafísicos.

Las filosofías de corte metafísico siempre -o casi siempre- me han parecido casi indistinguibles de las filosofías místicas.

Existe en mí una fuerte tendencia a identificar los términos metafísica-mística-mítico, quizá por la proximidad de su sonido.

Pero se me dice que el rechazo de la metafísica es un planteamiento metafísico y que detrás de toda física hay una metafísica. Yo acato esta opinión tan extendida, aunque no la comparto, o la comparto de un modo trivial.

Me explicó: sé que la palabra ‘metafísica’ procede de un célebre accidente: cuando Andrónico de Rodas ordenó las obras de Aristóteles, incluyó varios tratados de contenido diverso en un sólo volumen. Este volumen lo situó a continuación de la Física, así que acabó siendo llamado Metafísica (meta= después, a continuación).

A causa, pues, de este afortunado error, se ha denominado ‘metafísica’ al estudio de aquello que está más allá de la física. Dicho de otro modo: la metafísica se ocupa de lo que realmente existe, mientras que la ontología estudia lo que meramente hay (lo aparente).
He aquí el motivo de mi rechazo a la metafísica. Yo creo que es una falacia distinguir entre lo que realmente existe y lo que existe aparentemente, puesto que, aunque creo que pueden existir cosas que no conocemos o que no percibimos (pero que quizá llegaremos a percibir), esas cosas existen tan realmente como existen las cosas aparentes.

Pero de eso hablaré más adelante.

Así pues, mi metafísica no postula una realidad trascendente.

Luego, creo yo, es impropio incluso considerarla metafísica.

Pero, como está establecido, como ya dije antes, que el rechazo de la metafísica es una elección metafísica, acepto considerar lo que viene a continuación como mi metafísica.

(1) NO EXISTE UN MUNDO REAL Y UN MUNDO APARENTE
El mundo que percibimos es considerado mera apariencia por los esencialistas y por los místicos. Yo creo que el mundo que percibimos es resultado de la interacción entre nuestros sentidos y el mundo exterior. Ed Witten dice que existen unas partículas diminutas llamadas ‘supercuerdas’. Una de estas partículas es respecto a un átomo como un átomo es respecto al planeta Tierra. Nuestras dimensiones no nos permiten percibir las supercuerdas y posiblemente nunca podremos percibirlas, ni siquiera indirectamente.

Pero Witten ha imaginado modos de contrastar su teoría. Por ello, su teoría no es una teoría metafísica.

Pero imaginemos que todo nuestro universo fuese una simple supercuerda en un superuniverso inimaginablemente grande. En ese superuniverso podrían existir seres parecidos a nosotros, pero a una escala increiblemente mayor a la nuestra. Desde un punto de vista metafísico, ese universo sería lo que realmente existe, siendo nuestro universo mera apariencia.

Desde otro punto de vista, igualmente metafísico, la verdadera realidad -el soporte de todo lo aparente- sería la constituida por las diminutas supercuerdas de nuestro propio universo. Pero, en mi opinión, esto es solo un problema de escala.

El superuniverso es un superuniverso para nosotros, pero para sus habitantes sería un universo hecho a su propia escala. Ellos no podrían percibir la supercuerda que es nuestro universo, e incluso podrían pensar que la verdadera realidad es la constituida por supercuerdas como la que constituye nuestro universo (pese a que no pudieran percibirlas).

Con todo este esfuerzo de imaginación, lo único que quiero decir es que, existan o no microuniversos y macrouniversos, nuestro propio universo tiene el mismo derecho a ser considerado real. Si existe una cadena interminable de universos, eso no significa que no sean todos ellos igual de reales.

Cuando los místicos dicen que el mundo material, el mundo que percibimos, es sólo apariencia, y que en realidad sólo existe Dios y nosotros -nuestras almas-, o únicamente Dios, no dicen nada.

Me explico: sea o no éste un mundo aparente, muestra una asombrosa coherencia y obedece más o menos a leyes concretas, así que, sea o no el mundo real, para habitar en él hemos de comportarnos como si lo fuera.

Dicho de otro modo, que puede parecer algo paradójico: lo aparente existe, al menos en cuanto aparente. Así, existe esta pluma y este papel, y la mesa en la que escribo, aunque sólo existan aparentemente, y no existe, ni siquiera aparentemente, una paloma en vez de la pluma y una naranja en vez del papel, y un puñal en vez de la mesa.

M… me dijo algo muy interesante respecto a este tema de lo real y lo aparente: “lo numénico (lo real) es numénico en tanto en cuanto no es percibido, convirtiéndose en fenoménico al ser percibido”. Cuando me lo dijo no estuve muy seguro de que sea lo mismo que yo opino, pero ahora me parece que sí lo es.

Si lo interpreto bien, significa que algo es numénico para nosotros a causa de nuestras limitaciones sensoriales, perceptivas o racionales, es decir, no es fenómeno. Pero esta categoría de numénico es, en cierto modo, un accidente: para un ser del macrouniverso, su propio universo sería fenoménico, y el nuestro numénico. Pero, en definitiva, ambos universos existirían.

Creo, en efecto, que esta es una manera distinta de decir algo que coincide con mi opinión de que sólo existe lo fenoménico, no en tanto que es percibido, sino en tanto que hipotéticamente perceptible (las supercuerdas podrían existir y no ser percibidas jamás, pero hipotéticamente podrían ser percibidas por seres más diminutos que ellas).

Aunque quizá convendría matizar esa frase de que sólo existe lo fenoménico: a mí, más que decidir si esto o lo otro o aquello existe, lo que me interesa es destacar que lo aparente existe. Así que la frase debería ser: “Lo fenoménico existe”, o “lo aparente es tan real como las supuestas esencias incognoscibles”.

Voy a explicar brevemente la modificación de la frase en el siguiente apartado.

(2) LA EXPLICACIÓN DE CÓMO ES UNA COSA NO ES LA EXPLICACIÓN DE LO QUE UNA COSA ES (O AL REVES)
Leyendo un texto acerca de los escépticos, encontré que Demócrito es citado entre sus predecesores -de los escépticos-; a pesar, se añadía, de que proponía un programa dogmático o esencialista:

“En apariencia lo dulce, en apariencia lo salado, en realidad, átomos y vacío”.

No voy a emprender aquí una nueva defensa de Demócrito e incluso admito que es muy posible que tenga razón el crítico, pero a la conocida frase de Demócrito es perfecta para explicar este segundo punto.

Yo creo, en efecto, que lo dulce y lo salado son producto de una determinada composición molecular. En eso estoy de acuerdo con Demócrito. Creo también que las cualidades sensibles dulce y salado dependen del ser percipiente y de la comparación, como decía..(?)
En lo anterior también estoy de acuerdo con Demócrito y con Berkeley.

Ahora bien, en lo que no estoy de acuerdo es en que lo dulce y lo salado sólo sean aparentes. Creo que son producto de la interacción entre una estructura molecular o material y un ser percipiente, pero en cuanto que son percibidos, existen. Y además, la estructura molecular que provoca en un hombre la sensación de lo salado sigue existiendo aunque no siempre haya de provocar la misma sensación (por ejemplo, para un hombre con el paladar quemado, no resultará salado lo que es para mí), incluso, la misma cosa puede parecerle a alguien salada y a alguien dulce.

Pues bien, lo que yo rechazo es el planteamiento esencialista que sostiene que una cosa es aquello por lo que ha llegado a ser o aquello de lo que está compuesta.

Si descomponemos una naranja en moléculas, podremos decir que está compuesta de moléculas, pero no que la naranja es las moléculas, que la naranja no existe y que sólo existen las moléculas. Si dijéramos tal cosa, también podríamos decir que no existen las moléculas, sino sólo los electrones, o las supercuerdas, etc.

Dicho de otro modo: un gajo de naranja no es una naranja. La piel de la naranja no es la naranja. Ahora bien, esto no significa que la naranja sea una entidad mágica.

En definitiva, descendiendo a la manera de una metafísica fisicalista, a través de partículas cada vez más pequeñas no explicaremos qué es una naranja, a lo sumo explicaremos cómo es una naranja. Y aún en el caso de que explicásemos qué es una naranja (aún admitiendo esta concesión lingüística) ello no hará menos real a la naranja.

Al final del punto (1) dije que explicaría por qué es mejor decir “lo aparente es tan real como las supuestas esencias incognoscibles”, que decir “sólo existe lo fenoménico”.

Creo que ya está bastante explicado. Sólo añadiré una cosa: si cogemos una naranja y le quitamos la piel, la pulpa, el jugo, etcétera, nos quedaremos sin naranja. ¿Dónde está la naranja? Alguien dirá: la naranja son los átomos. Pero los átomos no son de color naranja, ni saben a naranja. Otro dirá: la naranja está contenida en la semilla, en el ADN del naranjo, que es distinto al de un almendro. Aún admitiendo eso -que no lo admito-, el ADN de un naranjo, o la semilla, no es esta naranja concreta, así que si la naranja fuese la semilla, ¿qué es todo eso que tiene la naranja y que no tiene la semilla? ¿Acaso no existen todas esas cosas?

Así que no creo que explicar cómo están hechas las cosas sea explicar qué son en esencia las cosas. Relacionado con esto -aunque no directamente con estos comentarios-, diré que no comparto la opinión de que descubrir las causas últimas, por ejemplo las leyes de la naturaleza, sirva para resolver los problemas morales, éticos o políticos del hombre. Hay pensadores que parecen creer que una perfecta explicación del mundo tendrá un efecto redentor sobre la sociedad humana. Yo creo que como mucho -y no es poco- nos servirá para rechazar dogmatismos religiosos o de otro tipo, pero no para indicarnos cómo debemos vivir.

Es no sólo una ingenuidad, sino un absurdo indeseable, pensar que conocer la estructura de la materia nos va a servir para comunicarnos mejor unos con otros. Que un zapato esté o no compuesto de átomos le es absolutamente indiferente a un zapatero (como mucho le servirá indirectamente para adquirir mejores productos, como pegamentos obtenidos en laboratorio).  Como escribí hace años: (???)

Con esto no quiero decir que haya que despreciar los conocimientos científicos, ni mucho menos. No hay nada que me interese más que las cuestiones científicas, excepto la mitología, creo.

Pero si queremos conocer la pintura de Miguel Angel, de nada nos servirá una descripción de los átomos que componen cada uno de sus frescos de la Capilla Sixtina.

Para lo que sí nos servirán los métodos científicos será para limpiar esos frescos y poder conocerlos tal como eran cuando Miguel Angel los pintó.

Con esto termino por ahora con este segundo punto.

(3) NO EXISTEN FUERZAS O PODERES OCULTOS SITUADOS MÁS ALLÁ DEL TIEMPO

Es decir: no existe Dios.

Por supuesto, esto, como todo, es una opinión que puede ser equivocada, pero, ¿para qué fingirse un pudoroso agnóstico? Sinceramente, creo que no existe Dios.

He escrito: “Situados más allá del tiempo”, porque es la única característica que en este momento se me ocurre para distinguir las ideas más o menos místicas de la divinidad de la posibilidad de que existan poderes o fuerzas ocultas para nosotros, pero no por ello trascendentes o misteriosas.

La fuerza gravitatoria era algo así como una fuerza oculta hace doscientos o trescientos años. La luz infrarroja, ultravioleta, los rayos laser o gamma, permanecían también ocultos a nuestros sentidos y a nuestro entendimiento, pero, una vez descubiertos, su estatus ontológico no es distinto del del continente americano cuando fue descubierto por los europeos. Ahora bien, todas las religiones o místicas sitúan a Dios más allá del tiempo, y ninguna de las cosas antes enumeradas se halla en un trastiempo, en una especie de eternidad, etcétera.

 

(4) EL UNIVERSO, LA NATURALEZA O LA REALIDAD NO SE DIRIGE A UN FIN, A UN OBJETIVO DETERMINADO
Es decir, no creo que todos los sucesos del universo tengan carácter teleológico. No creo tampoco en el Eterno Retorno. Por Eterno Retorno entiendo la repetición cíclica exacta del universo, pues el hecho de que el universo se cree y se destruya para volver a crearse no me parece que pueda considerarse eterno retorno, a no ser de manera trivial.

(5) NO CREO QUE EL UNIVERSO CON TODOS SUS HECHOS ESTUVIESE YA PREDETERMINADO DESDE SU NACIMIENTO
Es decir, suponiendo cierta, por ejemplo, la teoría del Big-Bang, no creo que en la remota singularidad inicial estuviese contenido todo el universo actual. Creo, como Martin Gardner, que hay creación auténtica.

(6) NO CREO QUE EN CUALQUIER PARTÍCULA DEL UNIVERSO ESTÉ CONTENIDO TODO EL UNIVERSO
No comparto la idea de Hegel, creo, que dice que conociendo una partícula se podría conocer todo el universo. Tampoco creo en la idea, también de Hegel, que dice que para conocer una partícula hay que conocer todo el universo. Como estas dos ideas parecen contradictorias, supongo que la primera no es de Hegel (a no ser que encajen en la unión de los opuestos hegeliana).

(7) CREO QUE LO QUE SE LLAMA ALMA O MENTE ES RESULTADO DE LA ESTRUCTURA CEREBRAL Y PRODUCTO DE LA EVOLUCIÓN. NO CREO QUE NADA ESPIRITUAL (PENSANTE) SOBREVIVA A LA MENTE DEL CUERPO

(8) En cuanto a la materia, no sé lo que es. Supongo que decir que todo es material es tan cierto y tan inútil como decir que todo es de color o que todo lo que es, es.

Ya he discutido un poco de esto en el comentario a los escépticos. Ahora sólo añadiré algo que grabé en cinta magnetofónica:

“Siempre me ha parecido que las tesis materialistas eran más honestas que las espiritualistas. Y que los filósofos más proclives a un cierto materialismo, que se llamaban a sí mismos o eran acusados de materialistas, eran más honestos, filosóficamente hablando al menos, que los espiritualistas. Naturalmente, esta es una apreciación muy subjetiva y muy discutible, pero casi puedo admitir que sigo opinando del mismo modo y que además hay motivos para opinar de esa manera. El espiritualismo siempre ha estado asociado a argumentos de autoridad y a no querer, negarse a ver, la realidad. Pues bien, a pesar de mi simpatía por el materialismo, ya hace algún tiempo, pero especialmente desde los últimos meses del año pasado, me he referido despectivamente a un cierto materialismo que he calificado como ‘grosero’. Ejemplos de ello son quienes dicen que el único conocimiento válido es el expresado mediante fórmulas lógicas o físicas (fisicalismo), etcétera. Este tipo de tesis me parecen bastante absurdas.


[Escrito en 1990 o antes]
Este texto es una sección al comentario dedicado a Sexto Empírico y los escépticos, y precede a la lectura de La Polémica del materialismo. Es una anotación apresurada en un cuaderno de estudio y por eso su expresión es a menudo cortante o falta de matiz. Además, faltan algunas citas que no sé si podré localizar ahora.

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