La reencarnación en la India

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Las doctrinas de la reencarnación, metempsicosis, transmigración o renacimiento han existido en todas las culturas, pero en ningún lugar como en la India ha existido tanta unanimidad entre las diversas religiones y filosofías, desde los hinduistas a los jainas, desde los sijs a los budistas.

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Aquí puedes ver todas las historietas de Mosca y Caja: Mosca y Caja, el cómic más sencillo del mundo. Si buscas otras páginas de cómic alojadas en danieltubau.com (CravenFilocomic o artículos acerca del cómic) , aquí las tienes todas: El Noveno Cielo.

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ENCICLOPEDIA DE BOLSILLO MOSCA Y CAJA

El cómic más sencillo del mundo presenta…
Enciclopedia de Filosofía de Bolsillo Mosca y Caja

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“Mosca y Caja conocen a Berkeley” (1ªparte)

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George Berkeley (1685-1753)
Las inquietudes de Mosca (2ª parte)

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Erwin Schrödinger (1887/1961)

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Ludwig Wittgenstein (1889-1951)

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David Hume

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Buda (-543/-478)

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La reencarnación en la India

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Buda (-543/-478)

Siddharta Gautama, conocido también como Buda (o Buddha), es decir, “el Despierto” o “el Iluminado”, y también como Sakyamuni o “el sabio de los Sakyas”, nació en una familia de la casta noble. Su padre había sido advertido de que su hijo le abandonaría si conocía el mundo exterior, así que lo mantenía encerrado en el palacio entre fiestas, placeres y todo tipo de lujos. Pero un día o una noche Buda salió del palacio, quizá con la ayuda de un auriga, y vio a un hombre enfermo, a un anciano y un cadáver. Descubrió así la enfermedad, la vejez y la muerte y abandonó su palacio, buscando una respuesta a esos males.

Buda probó a practicar el ascetismo extremo, pero acabó dándose cuenta de que no se podía alcanzar ningún tipo de salvación martirizando el cuerpo. Finalmente, tal vez sentado bajo un árbol, comprendió la verdadera naturaleza del dolor (las Cuatro Nobles Verdades) y descubrió también el camino que lleva a la liberación del dolor (el Noble Óctuple Sendero).

El camino de Buda fue llamado por él mismo yana (barca, balsa o vehículo), por lo que las tres principales interpretaciones del pensamiento de Buda han sido llamadas Hinayana o Pequeño Camino o Vehículo, Mahayana o Gran Vehícul,o y Vajrayana o Vehículo de Diamante. Es muy probable que todas los caminos budistas malinterpreten a Buda. Su verdadero pensamiento debió coincidir con alguna de las doctrinas del Hinayana, hoy minoritario.

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 La tradición dice que Buda vivió entre el -543 ( o bien -566) y el -478, aproximadamente. Dataciones recientes sitúan la fecha de su muerte entre el -420 y el -368. Pero ninguna de estas fechas es segura.

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David Hume

David Hume (1711-1776)

Se suele pensar que los filósofos británicos representan la sensatez o al menos el pragmatismo y la moderación frente a la afición a construir castillos de palabras y elaborar alambicadas y sonoras teorías filosóficas de sus colegas del Continente. No es una opinión que podamos rechazar, porque los filósofos británicos han logrado construir filosofías capaces de convivir con los avances de la ciencia mejor que las de sus colegas, e incluso contribuyeron de manera decisiva a la construcción de esas ciencias: Newton, Faraday, Darwin, Crick y Watson, además del impulso contante de la Royal Society….

Pero no se puede olvidar que el empirismo y el pragmatismo anglosajón, al mismo tiempo que ha dado cuenta del mundo exterior, también ha cuestionado todas las certezas del sentido común. Berkeley propuso que las cosas no existen si no son percibidas. David Hume invirtió el problema al poner en duda que ese ente que percibe sea otra cosa que la colección de sus percepciones: “El yo es un haz de percepciones unidas por la imaginación”. ¿Debemos pensar entonces que alguien que no existe llega  a existir al experimentar percepciones que tampoco existen y a las que él mismo da existencia?

Pero si nos preguntamos por la relación lógica entre percepciones y perceptor, por qué causa qué, Hume enseguida nos responde que es una pregunta inútil, pues también niega la noción de causa, o al menos afirma que no es demostrable. No es extraño que se sintiera un poco perdido en ese mundo que él mismo había creado:

“Me siento asustado y confundido por la desamparada soledad en que me encuentro con mi filosofía; me figuro ser algún extraño monstruo salvaje que, incapaz de mezclarse con los demás y unirse a la sociedad, ha sido expulsado de todo contacto con los hombres, y dejado en absoluto abandono y desconsuelo.”

Como buen pragmático británico, el escocés David Hume, logró sin embargo combinar su escepticismo con la sociabilidad y el sentido común y se repitió a sí mismo: “Sé filósofo; pero, en medio de toda tu filosofía, sé hombre». Los antiguos escépticos griegos y romanos habían llegado a conclusiones parecidas y siempre fueron capaces, como Sexto Empírico,de caminar con paso firme sobre un mundo inexistente.

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

YO Haz o colección de diferentes percepciones que se suceden unas a otras con una rapidez inconcebible y que están en perpetuo flujo o movimiento

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Ludwig Wittgenstein (1889-1951)

En este capítulo de la Enciclopedia de Filosofía de bolsillo Mosca y caja, llegamos al siglo 20, al atomismo lógico y a las célebres palabras con las que Ludwig Wittgenstein cierra su Tractatus Logico-Philosophicus, que han impresionado a Caja…

 

¡Haz clic en las flechas para ver la aventura!

Pronto volveremos a encontrarnos con Wittgenstein, porque Mosca tiene una especial deuda de gratitud con el atormentado filósofo austríaco.

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Erwin Schrödinger (1887/1961)

 

Los físicos y científicos no sólo hacen experimentos en el laboratorio, sino también en el interior de sus propias mentes. Uno de los experimentos mentales más famosos es el conocido como “El gato de Schrödinger”. Erwin Schrödinger  fue un físico austríaco que en las primeras décadas del siglo XX contribuyó de manera decisiva a establecer, junto a otros físicos como Niels Bohr o Werner Heisenberg, la física cuántica.

En el siglo XX se produjeron dos grandes revoluciones en la física, la teoría de la relatividad de Einstein y la física o mecánica cuántica. Mientras que la teoría de Einstein se ocupa, entre otras cosas, de qué sucede cuando los objetos o la luz se desplazan a altísimas velocidades, la cuántica se preocupa por lo que les sucede a las partículas subatómicas, es decir el mundo indescriptiblemente pequeño. A los cuánticos les interesa saber, por ejemplo, cómo se comportan los fotones, la partícula mínima de luz.

El problema era que, según algunas observaciones, los fotones o unidades mínimas de luz (en realidad de cualquier radiación electromagnética, desde los rayos X a la luz ultravioleta, las microondas o las ondas de radio) se comportaban de una extraña manera. Por un lado parecían comportarse como una partícula o corpúsculo; digamos, por poner un ejemplo, como una bala, que deja un impacto en el lugar en el que golpea. Pero en otros experimentos parecía que los fotones se comportaban como una onda, digamos como una ola, que produce un patrón de impacto difuso y extendido.

Dicho de otra manera: una partícula ocupa un lugar en el espacio y tiene masa, pero una onda se extiende en el espacio, no tiene masa y sí tiene una velocidad definida. El problema, simplificando de manera brutal, era que, al hacer experimentos lanzando fotones individuales (partículas) que atravesaban rendijas, el patrón de impacto que aparecía al otro lado era el propio de las ondas, no el de las partículas.

Que sucedieran ambas cosas era en principio imposible: o bien los fotones eran partículas o bien eran ondas. Pero los resultados de los experimentos eran claros, por lo que se acabó llegando a la conclusión de que cosas como los fotones o los electrones tienen una doble naturaleza onda-partícula.

La consecuencia más importante de la paradoja onda-partícula es que la interpretación clásica de la física, en la que se puede predecir con exactitud qué va a suceder en un experimento, se vino abajo: si el experimentador quiere conocer la posición del fotón en un momento concreto, entonces no puede conocer su momento (combinación de velocidad y masa).

Él célebre dilema del gato de Schrödinger sirve para ilustrar una de las más llamativas consecuencias paradójicas de la física o mecánica cuántica, el principio de incertidumbre de Heisenberg, que nos dice, explicado de manera apresurada, que el observador modifica lo observado. Sería muy largo explicar en qué sentido podemos o debemos entender esta consideración y en otra ocasión me detendré en ello, pero por ahora me limitaré a aclarar que no se está diciendo que el observador modifique lo observado debido a una intervención directa, sino a que el mero hecho de la observación cambia lo que es observado, al menos en el mundo cuántico, es decir subatómico.

Cuando se habla del “gato de Schrödinger” se está haciendo referencia a una paradoja que surge de un célebre experimento imaginario propuesto por Erwin Schrödinger en el año 1937 para ilustrar las diferencias entre interacción y medida en el campo de la mecánica cuántica.

Copio a partir de aquí la explicación que ofrece M.A.Gómez en El rincón de la ciencia, aunque en otro momento espero explicarlo con mis propias palabras.

El experimento mental consiste en imaginar a un gato metido dentro de una caja que también contiene un curioso y peligroso dispositivo. Este dispositivo está formado por una ampolla de vidrio que contiene un veneno muy volátil y por un martillo sujeto sobre la ampolla de forma que si cae sobre ella la rompe y se escapa el veneno con lo que el gato moriría. El martillo está conectado a un mecanismo detector de partículas alfa; si llega una partícula alfa el martillo cae rompiendo la ampolla con lo que el gato muere, por el contrario, si no llega no ocurre nada y el gato continua vivo. Cuando todo el dispositivo está preparado, se realiza el experimento. Al lado del detector se sitúa un átomo radiactivo con unas determinadas características: tiene un 50% de probabilidades de emitir una partícula alfa en una hora. Evidentemente, al cabo de una hora habrá ocurrido uno de los dos sucesos posibles: el átomo ha emitido una partícula alfa o no la ha emitido (la probabilidad de que ocurra una cosa o la otra es la misma). Como resultado de la interacción, en el interior de la caja, el gato está vivo o está muerto. Pero no podemos saberlo si no la abrimos para comprobarlo.

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Si lo que ocurre en el interior de la caja lo intentamos describir aplicando las leyes de la mecánica cuántica, llegamos a una conclusión muy extraña. El gato vendrá descrito por una función de onda extremadamente compleja resultado de la superposición de dos estados combinados al cincuenta por ciento: “gato vivo” y “gato muerto”. Es decir, aplicando el formalismo cuántico, el gato estaría a la vez vivo y muerto; se trataría de dos estados indistinguibles.

La única forma de averiguar qué ha ocurrido con el gato es realizar una medida: abrir la caja y mirar dentro. En unos casos nos encontraremos al gato vivo y en otros muerto. Pero, ¿qué ha ocurrido? Al realizar la medida, el observador interactúa con el sistema y lo altera, rompe la superposición de estados y el sistema se decanta por uno de sus dos estados posibles.

El sentido común nos indica que el gato no puede estar vivo y muerto a la vez. Pero la mecánica cuántica dice que mientras nadie mire en el interior de la caja el gato se encuentra en una superposición de los dos estados: vivo y muerto.

[Escrito por M.A.Gómez en El rincón de la ciencia]

Si quieres provocar un colapso cuántico, participa en esta aventura de Mosca y Caja, pero ten en cuenta que tú observación decidirá si el gato vive o muere. Para observar el interior de Caja, haz clic en Caja… a tu propio riesgo.


 

Si quieres repetir el experimento, tendrás que recargar el universo, es decir, cargar de nuevo la página.

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Una excelente y comprensible explicación de la cuántica, sencilla sin ser simplista, en Cuántica sin fórmulas.

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