Krazy Kat y el pato de Pekín

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Una historieta de Krazy Kat creada por George Herriman, en esta ocasión con el pato chino Mr. Mock Duck.

(Pasa el ratón por encima de los diálogos
para leer la traducción al español)

Es interesante observar que el chiste, como suele suceder en las historietas de Herriman, ofrece varias lecturas. Por una parte, esta el equívoco clásico que se produce cuando se pregunta qué es lo que pone en un cartel en otro idioma. En realidad, lo que se quiere saber es cuál es la traducción. Pero Mister Mock Duck, el pato, lo que le dice a Krazy es lo que pone en chino. Krazy se queda como si nada, mientras que alguien más sensato que Krazy esperaría obtener la traducción.

Por otra parte, es también absurdo que Krazy Kat pueda saber si lo que dice Mock Duck es lo que pone en el cartel, puesto que no sabe qué es lo que pone en el cartel.

Además, como el lector atento habrá observado, lo que dice el pato NO es lo que pone en el cartel. No se trata de los mismos carctaeres.

Alguien que conociera las particularidades del idioma chino, sin embargo, sabría que no es absurdo que las palabras del pato no se correspondan con las del cartel y sin embargo sí signifiquen lo mismo. ¿Por qué?

Porque los caracteres del idioma chino se escriben del mismo modo en toda China (excepto Taiwan) pero no se pronuncian igual. En tiempos de Herriman, además, se escribían igual en toda China. Una persona de Pekín y otra de Cantón pueden leer el mismo periódico y sin embargo ser incapaces de entenderse entre sí. En consecuencia Mister Mock Duck podría ser un pato chino, pero no un pato de Pekín, sino de Shanghai o de Cantón. En tal caso, Herriman podría estar indicandonos de algún modo que el cartel está escrito en chino mandarín, pero que Mo Duck es un pato que lee chino, pero que lo lee en mandarín pero lo pronuncia cantonés. Esto nos llevaría a un tema muy complejo, porque para hablar en cantonés Mock Duck estaría empleando también caracteres chinos como los del mandarín (pero no exactamente los mismos caracteres que aparecen en el cartel), y sin embargo lo pronunciaría de otra manera, algo que, curiosamente, no sería imposible desde un punto de vista teórico, porque los caracteres chinos también pueden servir para indicar un sonido, no un significado.

En cualquier, caso, algunas de estas interpretaciones sin duda no fueron buscadas por Herriman, pues hay que señalar que los signos empleados, tanto los del cartel como los del diálogo de Mock Duck, no son caractereres chinos, al menos que yo conozca, sino que parecen más bien una escritura imaginaria que pretende ser china. A no ser que se trate de caracteres nuevos del cantonés (en cantonés a veces se crean nuevos caracteres escritos distintos de los comunes con el mandarín) o de otra lengua sinítica, como el hokkien, lengua hablada en Taiwan y otros lugares, que también tiene algunos caracteres escritos propios, o tal vez una lengua viet o thai o similar.


Puedes ver más tiras de Krazy kat en Coconino World

[Publi­cado el 27 de sep­tiem­bre de 2005 en Mundo Flotante]

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El mandato del cielo

En la antigua China se consideraba que los emperadores obtenían su legitimidad del Cielo, de manera bastante semejante a como en la Europa cristiana la obtenían de aquel Dios  que estaba “en los cielos”. Como dice Ana Aranda en “La modularidad china”:

“La permanencia de una dinastía está refrendada por el ‘Mandato del cielo’ (Tianming). El cielo (Tian) permite a los emperadores gobernar, sólo si administran de forma acertada el poder. Si el gobierno entra en decadencia, los emperadores pierden el mandato del cielo”.

De todos modos, la idea china del “Mandato del Cielo” era un poco más compleja que la simple afirmación de que el Cielo decidía qué dinastía o emperador debía reinar. Porque, para seguir gozando del mandato del cielo, un emperador también debía cumplir ciertos requisitos. No se trataba, en definitiva, de algo tan caprichoso como la voluntad de un Dios inescrutable o de la predestinación.

El mandato del cielo tenía entre uno de sus aspectos más importantes la justicia y el bienestar del pueblo. Por ello, Kung Zi (Confucio) y su discípulo Meng Zi (Mencio) justificaron en sus escritos la rebelión contra aquellos monarcas que se separasen del mandato del cielo. Meng Zi justificó incluso el tiranicidio:

“Si los diferentes príncipes reinantes, por la tiranía que ejercen sobre el pueblo, ponen en peligro los altares de los espíritus de la Tierra y de los frutos de la tierra, entonces el Hijo del Cielo los despoja de su dignidad y los reemplaza por príncipes sabios.” (Meng Zi)

La cosa no es tan extraña si pensamos que en el pensamiento cristiano medieval también se admitía esa posibilidad, la del tiranicidio de un rey injusto. Así lo hace, por ejemplo, Juan de Salisbury en su Policraticus:

“De todo lo cual resultará fácil ver que siempre fue permitido adular y embaucar a los tiranos, y que siempre fue honesto quitarles la vida, si no se les podía poner coto de otro modo”

Por eso era tradicional en la historiografía china describir al último emperador de una dinastía como desastroso, porque, de este modo, se podía justificar el cambio de dinastía a causa de la pérdida del mandato del cielo. Por el contrario, el primer emperador de una nueva dinastía siempre era estupendo. Todas las dinastías empiezan bien porque tienen el mandato del cielo, y todas acaban mal, porque lo han perdido, esa es la tautología más célebre de la historiografía china.

Wu Zetian

La única emperatriz china, Wu Zetian, es la primera y última de su dinastía, la Zhou, por lo que se la podía considerar enviada por el cielo y, también, rechazada por el cielo. Los historiadores chinos tradicionalmente se han decantado por la segunda posibilidad y la han presentado con los más oscuros colores, aunque actualmente esta opinión es muy discutida.

¿Y cómo se sabía si un emperador había perdido el mandato del cielo?

Generalmente gracias a los desastres naturales, que eran las señales que enviaba el cielo.

Cuando se sucedían los desastres naturales, eso significaba que había que cambiar de dinastía o de soberanos.

El más terrible terremoto del siglo XX tuvo lugar en China en 1976, pocos meses antes de la muerte de Mao Zedong, por lo que muchos consideraron que había anunciado el gran cambio que se produjo en China a la muerte del Gran Timonel, que culminó con la elección como líder supremo del Pequeño Timonel, Deng Xiaoping, al que cada vez más historiadores consideran el verdadero artífice de la modernización china y de su previsible conversión en primera potencia mundial tras los desastres de la época maoísta. No negaré que que yo comparto esa opinión.

Deng Xiaoping

Deng Xiao Ping era uno de los enemigos de Mao Zedong, pero fue también uno de los pocos que logró sobrevivir a sus purgas, porque todos en el Partido Comunista, incluido Mao, sabían que era el único capaz de arreglar los sucesivos desastres económicos causados por los caprichos y políticas insensatas de Mao.

Los desastres naturales en Myanmar (antigua Birmania), un país gobernado por una Junta Militar que sólo tiene el apoyo decidido de China, y los más recientes en la propia China, poco después de la represión en Tibet, han hecho a muchos pensar que los actuales dirigentes han perdido el Mandato del Cielo y que se avecinan cambios importantes.

Es perfectamente previsible que se produzcan cambios en China, porque lo cierto es que se están produciendo constantemente (ahora mismo, cuando escribo este artículo en 2005, por causa de los Juegos Olímpicos, por ejemplo),  pero hay que señalar que no parece nada razonable la manera en la que el Cielo avisa al pueblo chino y a los emperadores de la necesidad de un cambio. Porque, si el Cielo desautoriza a los dirigentes que no gobiernan bien a su pueblo, ¿por qué lo hace maltratando aún más al pueblo mediante desastres como un terremoto?

Lo razonable sería que castigase tan sólo al dirigente, como hizo durante la dinastía Ming, el 9 de mayo de 1421, cuando un gran incendio destruyó la Ciudad Prohibida:

“Esa noche…cayó un relámpago en lo alto del palacio que había sido construido recientemente por el emperador. El fuego que se inició en el edificio lo envolvió de tal manera que parecía como si dentro se hubieran encendido cien mil antorchas cargadas de aceite y mecha.”

El propio trono imperial quedó reducido a cenizas y el emperador Zhu Di se fue al templo a rezar y lamentarse:

“El Dios del Cielo está enfadado conmigo, y, por tanto, ha quemado mi palacio, aunque yo no he cometido ninguna mala acción… Quizá se ha cometido alguna trasgresión de la ley ancestral, o alguna perversión de los asuntos de gobierno… Quizá los castigos y los encarcelamientos han sido excesiva o injustamente aplicados a los inocentes… En mi confusión no puedo encontrar la razón.”

Zheng He

El almirante Zheng He, que navegó en gigantescos barcos a tierras lejanas (se discute si descubrió América en 1421). Cuando regresó a China, cargado de tesoros y novedades, descubrió que la política de apertura y descubrimiento había acabado y que China iniciaba un período autárquico y aislacionista, de espaldas al mar. De este modo, China, que entonces estaba tal vez a punto de convertirse en la primera potencia mundial, comenzó su larga decadencia.

El emperador fue a partir de entonces de mal en peor, hasta que murió en medio de una desastrosa expedición militar. Su hijo, nada más acceder al trono, proclamó un decreto mediante el cual señalaba la causa del enfado del Cielo: las expediciones navales alrededor del mundo del almirante Zhen He.

Sin embargo, bajo los truenos celestes, a mí me parece escuchar el rumor de las pisadas de los mandarines, que se oponían a una China abierta al exterior y cosmopolita. Por eso, yo creo que hay que entender la metáfora que los historiadores emplearon para describir el incendio de la Ciudad Prohibida, no como una metáfora, sino como una descripción literal de lo que realmente sucedió:

“De tal manera que parecía como si dentro se hubieran encendido cien mil antorchas cargadas de aceite y mecha.”

¿Quién encendió esas cien mil antorchas?

*******

[Publi­cado el 27 de sep­tiem­bre de 2005 en Mundo Flotante]


Un ejemplo reciente de cómo en la Iglesia católica también se recurre al Cielo para justificarse, pero cómo, sin embargo, después se hacen oídos sordos a sus avisos, lo tuvimos recientemente con la visita de Benedicto XVI a Madrid: ¿Por qué Benedicto no escucha a Dios?

*****

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Huang Qi y Xu Wei

Xu Wei es un disidente político que lleva tres años en prisión sin siquiera sentencia: está acusado de subversión por haber publicado cosas contra la línea oficial en Internet.

Los que vivimos en Europa deberíamos pensar de vez en cuando en lo que tenemos y no tirar todas nuestras piedras dialécticas contra nuestro propio tejado, porque hay otros lugares donde hay que lanzarlas con más urgencia: aquellos en los que la gente es encerrada durante diez años, como Xu Wei, simplemente por expresar sus opiniones.

Así sucede en China, donde hay personas que están perdiendo su vida en la cárcel sólo por hablar. O en Corea, en Afganistán, Pakistán, Irak, Irán; en Cuba, cuya censura y encarcelamiento de disidentes tantos vergonzosamente silencian e incluso alaban; en Filipinas, donde son más de 50 periodistas asesinados, Uzbekistan, Maldivas, Costa de Marfil, Nepal y casi todos los países musulmanes, en los que la libertad de expresión es la excepción, no la norma.

Kenneth Rexroth, el gran poeta americano, se preguntaba hace más de veinte años, ante la afición de tantos por la alienación: “¿Alienado quién respecto a qué?”. Mucha de la verborrea supuestamente antiburguesa que ahora vuelve a oírse es una falta de respeto con aquellos que no sólo están alienados, sino enmudecidos.

Además, por supuesto, debemos criticar lo malo que existe entre nosotros y los intentos de limitar nuestra libertad de expresión (como ahora sucede en Estados Unidos y otros países de Occidente), pero distribuyamos con un poco más de ecuanimidad nuestra indignación, porque hay muchísima gente que la merece mucho más.

Junto a Xu Wei fueron encerrados sus amigos Jin Haike, Yang Zili y Zhang Honghai. Todos condenados a ocho o diez años de cárcel por expresar sus ideas. Ideas que, además, no consistían ni en apologías del genocidio, del racismo, del terrorismo ni nada parecido, sino sólo en pedir un cambio político por medios pacíficos y publicar cosas como el testimonio de una madre a cuyo hijo mató a golpes la policía en una protesta.

Otro periodista encarcelado es Huang Qi, quien escribió en su página web, poco antes de ser detenido:

Aún queda mucho camino por recorrer. Les doy las gracias. Gracias a todos los que se han esforzado por la democracia en China. Han llegado. Hasta pronto”.

A mí leer esto me recuerda de inmediato cosas semejantes durante la dictadura franquista, cuando en casa de mi madre se refugiaba gente perseguida por la policía y nosotros mismos estábamos expuestos, con plena conciencia, a que nos pasara lo mismo que a Xu Wei o Huang Qi, a que en cualquier momento llegara la policía y acabáramos en la cárcel.

huangqi

Huang Qi

Afortunadamente, hay muchas páginas en Internet dedicadas a la libertad de expresión. Algunos enlaces:

Amnistía Internacional: puedes ver su página dedicada a China

Reporteros sin fronteras, donde se ofrece una guía para la ciberdisidencia, no la ciberdisencia de salón que tanto abunda (¿disencia respecto a qué?) sino para mantener el anonimato en los países en los que puedes acabar en la cárcel por expresar tus opiniones: Guía práctica del blogger y el ciberdisidente

IFEX ( Intercambio Internacional por la libertad de expresión)

 

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[Publi­cado en octubre de 2005 en Mundo Flotante]

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Mi nombre en chino

china

DANIEL en chino

 

Me preguntan en un comentario anónimo (aunque yo sé quién es su autor) qué significa mi nombre en chino.

china Teng Dao Ning

Pues bien, no sé muy bien que significa Teng (se supone que representa”Daniel”), pues en los diccionarios se indica que esta palabra es simplemente un apellido, o el nombre de un principado de una época histórica.

En cuanto a Dao, es el célebre Tao, el camino, la vía, que es el concepto más importante del taoísmo y de la filosofía china en general. Pero es muy difícil traducirlo. En realidad ni los propios chinos son capaces, como muestra este célebre pasaje del Lao Zi o Dao De Jing (El libro del tao):

“El dao que puede expresarse con palabras,
no es el dao permanente”

Por cierto, aunque ahora se escriba Dao, se debe seguir pronunciando Tao. No es tan absurdo como parece a primera vista: hablo un poco de la transcripción china a las lenguas occidentales (el pinyin) en la entrada ¿Pekín o Beijing?.

Ning, la última parte del nombre, significa “paz, sosiego, tranquilo, apacible”.

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Si quieres saber cómo se escribe tu nombre en chino, puedes consultar las siguientes páginas:
XIBANYA (sipanya significa “España”), se habla de los nombres chinos en: Nombres chinos y Más nombres en chino
E-ching: nombres chinos
Si prefieres construir tu propio nombre chino, puedes hacerlo fácilmente en esta página: mandarin tools

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¿Un país, dos sistemas?

Cuando se viaja a China, es fácil sorprenderse al ver la mezcla de capitalismo y comunismo. En la revista del avión, los anuncios de coches y hoteles de un lujo casi inconcebible se mezclan con artículos acerca de Mao Ze Dong y las ideas comunistas. En toda China parece haberse aplicado aquella frase que el Pequeño Timonel (Den Xiao Ping) inventó para Hong Kong: “Un país dos sistemas”. O su variante popularizada en España por Felipe González: “Gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones.”

Sin embargo, el asombro ante este contraste tiene su origen en diversos equívocos.

El primero consiste en pensar que en algún momento de la historia de China ha existido una sociedad comunista: es más probable que esa sociedad comunista haya existido en los legendarios tiempos mitológicos que en el siglo XX. Para calibrar lo absurdo de esa pretensión bastará con recordar que no hay ninguna prueba concluyente de que haya existido algún tipo de comunismo primitivo, a pesar de ser tantos quienes hablan de ella: Platón, Rousseau, Marx, los taoístas, algunos modernos antropólogos… Si la existencia del comunismo primitivo es improbable, la del comunismo chino del siglo XX es simplemente un absurdo, al menos si entendemos “comunismo” como comunidad de bienes, gobierno del pueblo o cosas semejantes.

Lo que existió en la segunda parte del siglo XX en China y que todavía se mantiene, aunque ahora muy suavizado, es un estado totalitario que administraba la sociedad como lo hicieron los emperadores, es decir, a su antojo. La diferencia es que los dirigentes comunistas chinos han sido más sanguinarios que cualquier emperador de los últimos 500 años.

Esa es la primera parte del equívoco: la absurda idea de que en China existió en el siglo XX una sociedad comunista, entendiendo por comunismo su definición teórica original. Si por comunismo entendemos la aplicación práctica de las ideas comunistas por estados totalitarios creados en el siglo XX, a imagen y semejanza de la Rusia Soviética de Lenin, entonces sí, en China ha existido y sigue existiendo comunismo.

Los dirigentes chinos comunistas han sido más sanguinarios que los emperadores de los últimos 500 años Clic para tuitearLa segunda razón de que nos sorprenda el contraste capitalismo/comunismo se debe a la imagen que tenemos del comunismo según Mao Ze Dong. En esa imagen vemos a todo el mundo vestido de la misma manera, con trajes azules (incluidos los propios dirigentes comunistas) o el hecho de que hasta hace no mucho no existiera en China ningún tipo de lujo, excepto tras los muros de las casas de los dirigentes comunistas: ni coches, ni mesas suntuosas, ni nada de nada. Como es obvio, se trata de nuevo de una imagen de la propaganda, pues Mao vivía a todo lujo en el antiguo palacio de los emperadores: la Ciudad Prohibida.

Así que en nuestro torpe imaginario, y debido a lo maleables que somos a la propaganda, nos hemos imaginado que China era una sociedad comunista en la que todos eran como hormigas iguales vestidas con trajes azules.

Eso probablemente sucedía hace 30 años (lo de los trajes azules), pero desde la muerte de Mao las cosas han cambiado mucho, excepto que la dictadura continúa, ahora suavizada en represión, tortura sistemática y la ejecución de más de tres mil personas cada año. Nada comparable, claro está, a los heroicos tiempos del Gran Timonel Mao Zedong, en los que los muertos se contaban por decenas o centenares de miles cada año, o incluso por millones en períodos como la Revolución Cultural o el Gran Salto Adelante.


Acerca de las ejecuciones en China hay mucha información, pero puedes consultar este informe de Amnistía Internacional, donde se explica que, según el cálculo de un importante legislador chino, quizá haya 10.000 ejecuciones al año, una cifra que convierte en ridículas todas las del resto del mundo.


[Publicado el 13 de septiembre de 2005 en Mundo Flotante]


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